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sábado, 30 de enero de 2021

Sábado 6 marzo 2021, Sábado de la II semana de Cuaresma.

CALENDARIO

6 SÁBADO. Hasta la hora nona:
SÁBADO DE LA II SEMANA DE CUARESMA

Misa
de sábado (morado).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. Cuaresma.
LECC.: vol. II.
La Cuaresma: Levantarse y volver al Padre.
- Miq 7, 14-15. 18-20. Arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.
- Sal 102. R. El Señor es compasivo y misericordioso.
- Lc 15, 1-3. 11-32. Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido.

Liturgia de las Horas: oficio de sábado.

Martirologio: elogs. del 7 de marzo, pág. 195.
CALENDARIOS: Barcelona, Sant Feliu de Llobregat, Terrassa, Tarragona y Canónigos Regulares de Letrán: San Olegario, obispo (conm.).
Cartagena: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. José Manuel Lorca Planes, obispo (2004).

6 SÁBADO. Después de la hora nona:
TERCERA SEMANA DE CUARESMA
Tercera semana del salterio
Misa
vespertina del III Domingo de Cuaresma (morado).
Liturgia de las Horas: I Vísp. del oficio dominical. Comp. Dom. I.

TEXTOS MISA

Sábado de la II Semana de Cuaresma.

Antífona de entrada Sal 144, 8-9
El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.
Miserátor et miséricors Dóminus, pátiens et multum miséricors. Suávis Dóminus univérsis, et miseratiónes eius super ómnia ópera eius.

Oración colecta
Señor, Dios nuestro, que, por medio de los sacramentos, nos permites, ya en la tierra, participar de los bienes del cielo, dirígenos tú mismo en esta la vida, para que nos lleves hacia esa luz en la que habitas. Por nuestro Señor Jesucristo.
Deus, qui nos gloriósis remédiis in terris adhuc pósitos iam caeléstium rerum facis esse consórtes, tu, quaesumus, in ista qua vívimus nos vita gubérna, ut ad illam, in qua ipse es, lucem perdúcas. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la II semana de Cuaresma (Lec. II)

PRIMERA LECTURA Miq 7, 14-15. 18-20
Arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar

Lectura de la profecía de Miqueas.

Pastorea a tu pueblo, Señor, con tu cayado,
al rebaño de tu heredad,
que anda solo en la espesura,
en medio del bosque;
que se apaciente como antes
en Basán y Galaad.
Como cuando saliste de Egipto,
les haré ver prodigios.
¿Qué Dios hay como tú,
capaz de perdonar el pecado,
de pasar por alto la falta
del resto de tu heredad?
No conserva para siempre su cólera,
pues le gusta la misericordia.
Volverá a compadecerse de nosotros,
destrozará nuestras culpas,
arrojará nuestros pecados
a lo hondo del mar.
Concederás a Jacob tu fidelidad
y a Abrahán tu bondad,
como antaño prometiste a nuestros padres.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 102, 1bc-2. 3-4. 9-10. 11-12 (R.: 8a)
R.
El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.

V. Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.

V. Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. 
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.

V. No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.

V. Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Miserátor et miséricors Dóminus.

Versículo antes del Evangelio Lc 15, 18
Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
Surgam et ibo ad patrem meum et dicam ei: «Pater, peccávi in caelum et coram te».

EVANGELIO Lc 15, 1-3. 11-32
Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
“Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo:
“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.
Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedie un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado e! ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.
Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.
El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Papa Francisco, Ángelus 15-septiembre-2019
¿Cómo podemos derrotar el mal? Aceptando el perdón de Dios y el perdón de nuestros hermanos. Pasa cada vez que nos confesamos: allí recibimos el amor del Padre que vence nuestro pecado: desaparece, Dios se olvida de él. Dios, cuando perdona, pierde la memoria, olvida nuestros pecados, olvida. ¡Dios es tan bueno con nosotros! No como nosotros, que después de decir "no pasa nada", a la primera oportunidad recordamos con intereses el mal que nos han hecho. No, Dios borra el mal, nos renueva en nosotros y así renace en nosotros la alegría, no la tristeza, no la oscuridad en el corazón, no la sospecha, sino la alegría.

Oración de los fieles
Oremos al Señor, nuestro Dios, poniendo la confianza en su amor y misericordia.
- Para que ayude a reconocer sus pecados a los que se creen totalmente limpios de ellos. Roguemos al Señor.
- Para que tenga misericordia de los que se reconocen pecadores. Roguemos al Señor.
- Para que salga al encuentro de los que se sienten desilusionados y buscan una realidad que llene sus vidas. Roguemos al Señor.
- Para que aleje de nosotros todos nuestros pecados. Roguemos al Señor.
Dios, Padre nuestro, en ti ponemos nuestra confianza, no nos trates como merecen nuestros pecados, sino conforme a tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Lleguen hasta nosotros, Señor, por medio de este sacramento, los frutos de la redención, para que nos aparten de los excesos humanos y nos conduzcan hacia los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Per haec véniat, quaesumus, Dómine, sacraménta nostrae redemptiónis efféctus, qui nos et ab humánis rétrahat semper excéssibus, et ad salutária dona perdúcat. Per Christum.

PREFACIO II DE CUARESMA
LA PENITENCIA ESPIRITUAL
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque has establecido generosamente este tiempo de gracia para renovar en santidad a tus hijos, de modo que, libres de todo afecto desordenado, mientras se ocupan de las realidades temporales no dejen sobre todo de adherirse a las eternas.
Por eso, con los santos y con todos los ángeles, te alabamos, diciendo sin cesar:

Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Qui fíliis tuis ad reparándam méntium puritátem, tempus praecípuum salúbriter statuísti, quo, mente ab inordinátis afféctibus expedíta, sic incúmberent transitúris ut rebus pótius perpétuis inhaerérent.
Et ídeo, cum Sanctis et Angelis univérsis, te collaudámus, sine fine dicéntes:

Santo, Santo, Santo...

PLEGARIA EUCARÍSTICA II.

Antífona de comunión Lc 15, 32
Deberías alegrarte, hijo, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado.
Opórtet te, fili, gaudére, quia frater tuus mórtuus fúerat, et revíxit; períerat, et invéntus est.

Oración después de la comunión
Señor, que la gracia recibida de tu sacramento llegue a lo más hondo de nuestro corazón y nos comunique su fuerza divina. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Sacraménti tui, Dómine, divína percéptio penetrália nostri cordis infúndat, et sui nos partícipes poténter effíciat. Per Christum.

Oración sobre el pueblo
Se puede añadir ad libitum
V.
El Señor esté con vosotros. R.
V.
Inclinaos para recibir la bendición.
Estén abiertos, Señor, los oídos de tu misericordia a los megos de los que te suplican, y, para que les concedas lo que desean, haz que pidan lo que a ti te agrada. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Páteant aures misericórdiae tuae, Dómine, précibus supplicántium, et, ut peténtibus desideráta concédas, fac eos, quae tibi sunt plácita postuláre. Per Christum.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo +, y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. R.

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