jueves, 28 de enero de 2021

Jueves 4 marzo 2021, Jueves de la II semana de Cuaresma, feria o san Casimiro, conmemoración.

SOBRE LITURGIA

SANTA MISA Y PROCESIÓN EUCARÍSTICA EN LA SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Atrio de la iglesia de Santa Maria Consolatrice, Casal Bertone, Roma, Domingo, 23 de junio de 2019

La Palabra de Dios nos ayuda hoy a redescubrir dos verbos sencillos, dos verbos esenciales para la vida de cada día: decir y dar.

Decir. En la primera lectura, Melquisedec dice: «Bendito sea Abrán por el Dios altísimo […]; bendito sea el Dios altísimo» (Gn 14,19-20). El decir de Melquisedec es bendecir. Él bendice a Abraham, en quien todas las familias de la tierra serán bendecidas (cf. Gn 12,3; Ga 3,8). Todo comienza desde la bendición: las palabras de bien engendran una historia de bien. Lo mismo sucede en el Evangelio: antes de multiplicar los panes, Jesús los bendice: «tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos» (Lc 9,16). La bendición hace que cinco panes sean alimento para una multitud: hace brotar una cascada de bien.

¿Por qué bendecir hace bien? Porque es la transformación de la palabra en don. Cuando se bendice, no se hace algo para sí mismo, sino para los demás. Bendecir no es decir palabras bonitas, no es usar palabras de circunstancia: no; es decir bien, decir con amor. Así lo hizo Melquisedec, diciendo espontáneamente bien de Abraham, sin que él hubiera dicho ni hecho nada por él. Esto es lo que hizo Jesús, mostrando el significado de la bendición con la distribución gratuita de los panes. Cuántas veces también nosotros hemos sido bendecidos, en la iglesia o en nuestras casas, cuántas veces hemos escuchado palabras que nos han hecho bien, o una señal de la cruz en la frente... Nos hemos convertido en bendecidos el día del Bautismo, y al final de cada misa somos bendecidos. La Eucaristía es una escuela de bendición. Dios dice bien de nosotros, sus hijos amados, y así nos anima a seguir adelante. Y nosotros bendecimos a Dios en nuestras asambleas (cf. Sal 68,27), recuperando el sabor de la alabanza, que libera y sana el corazón. Vamos a Misa con la certeza de ser bendecidos por el Señor, y salimos para bendecir nosotros a su vez, para ser canales de bien en el mundo.

También para nosotros: es importante que los pastores nos acordemos de bendecir al pueblo de Dios. Queridos sacerdotes, no tengáis miedo de bendecir, bendecir al pueblo de Dios. Queridos sacerdotes: Id adelante con la bendición: el Señor desea decir bien de su pueblo, está feliz de que sintamos su afecto por nosotros. Y solo en cuanto bendecidos podremos bendecir a los demás con la misma unción de amor. Es triste ver con qué facilidad hoy se hace lo contrario: se maldice, se desprecia, se insulta. Presos de un excesivo arrebato, no se consigue aguantar y se descarga la ira con cualquiera y por cualquier cosa. A menudo, por desgracia, el que grita más y con más fuerza, el que está más enfadado, parece que tiene razón y recibe la aprobación de los demás. Nosotros, que comemos el Pan que contiene en sí todo deleite, no nos dejemos contagiar por la arrogancia, no dejemos que la amargura nos llene. El pueblo de Dios ama la alabanza, no vive de quejas; está hecho para las bendiciones, no para las lamentaciones. Ante la Eucaristía, ante Jesús convertido en Pan, ante este Pan humilde que contiene todo el bien de la Iglesia, aprendamos a bendecir lo que tenemos, a alabar a Dios, a bendecir y no a maldecir nuestro pasado, a regalar palabras buenas a los demás.

El segundo verbo es dar. El “decir” va seguido del “dar", como Abraham que, bendecido por Melquisedec, «le dio el diezmo de todo» (Gn 14,20). Como Jesús que, después de recitar la bendición, dio el pan para ser distribuido, revelando así el significado más hermoso: el pan no es solo un producto de consumo, sino también un modo de compartir. En efecto, sorprende que en la narración de la multiplicación de los panes nunca se habla de multiplicar. Por el contrario, los verbos utilizados son “partir, dar, distribuir” (cf. Lc 9,16). En resumen, no se destaca la multiplicación, sino el compartir. Es importante: Jesús no hace magia, no transforma los cinco panes en cinco mil y luego dice: “Ahora, distribuidlos”. No. Jesús reza, bendice esos cinco panes y comienza a partirlos, confiando en el Padre. Y esos cinco panes no se acaban. Esto no es magia, es confianza en Dios y en su providencia.

En el mundo siempre se busca aumentar las ganancias, incrementar la facturación... Sí, pero, ¿cuál es el propósito? ¿Es dar o tener? ¿Compartir o acumular? La “economía” del Evangelio multiplica compartiendo, nutre distribuyendo, no satisface la voracidad de unos pocos, sino que da vida al mundo (cf. Jn 6,33). El verbo de Jesús no es tener, sino dar.

La petición que él hace a los discípulos es perentoria: «Dadles vosotros de comer» (Lc 9,13). Tratemos de imaginar el razonamiento que habrán hecho los discípulos: “¿No tenemos pan para nosotros y debemos pensar en los demás? ¿Por qué deberíamos darles nosotros de comer, si a lo que han venido es a escuchar a nuestro Maestro? Si no han traído comida, que vuelvan a casa, es su problema, o que nos den dinero y lo compraremos”. No son razonamientos equivocados, pero no son los de Jesús, que no escucha otras razones: Dadles vosotros de comer. Lo que tenemos da fruto si lo damos —esto es lo que Jesús quiere decirnos—; y no importa si es poco o mucho. El Señor hace cosas grandes con nuestra pequeñez, como hizo con los cinco panes. No realiza milagros con acciones espectaculares, no tiene la varita mágica, sino que actúa con gestos humildes. La omnipotencia de Dios es humilde, hecha sólo de amor. Y el amor hace obras grandes con lo pequeño. La Eucaristía nos los enseña: allí está Dios encerrado en un pedacito de pan. Sencillo y esencial, Pan partido y compartido, la Eucaristía que recibimos nos transmite la mentalidad de Dios. Y nos lleva a entregarnos a los demás. Es antídoto contra el “lo siento, pero no me concierne”, contra el “no tengo tiempo, no puedo, no es asunto mío”; contra el mirar desde la otra orilla.

En nuestra ciudad, hambrienta de amor y atención, que sufre la degradación y el abandono, frente a tantas personas ancianas y solas, familias en dificultad, jóvenes que luchan con dificultad para ganarse el pan y alimentar sus sueños, el Señor te dice: “Tú mismo, dales de comer”. Y tú puedes responder: “Tengo poco, no soy capaz para estas cosas”. No es verdad, lo poco que tienes es mucho a los ojos de Jesús si no lo guardas para ti mismo, si lo arriesgas. También tú, arriesga. Y no estás solo: tienes la Eucaristía, el Pan del camino, el Pan de Jesús. También esta tarde nos nutriremos de su Cuerpo entregado. Si lo recibimos con el corazón, este Pan desatará en nosotros la fuerza del amor: nos sentiremos bendecidos y amados, y querremos bendecir y amar, comenzando desde aquí, desde nuestra ciudad, desde las calles que recorreremos esta tarde. El Señor viene a nuestras calles para decir-bien, decir bien de nosotros y para darnos ánimo, darnos ánimo a nosotros. También nos pide que seamos don y bendición.

CALENDARIO

4 JUEVES DE LA II SEMANA DE CUARESMA, feria o SAN CASIMIRO, conmemoración

Misa
de feria (morado).
MISAL: ants. y oracs. props. [para la conm.: 1ª orac. prop. y el resto de la feria], Pf. Cuaresma.
LECC.: vol. II.
La Cuaresma: Confiar en los verdaderos valores.
- Jer 17, 5-10. Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor.
- Sal 1. R. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
- Lc 16, 19-31. Recibiste bienes, y Lázaro males: ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.

Liturgia de las Horas: oficio de feria. Se puede hacer conmemoración del santo.

Martirologio: elogs. del 5 de marzo, pág. 192.
CALENDARIOS: Lugo: San Capitón, obispo (conm.).

TEXTOS MISA

Jueves de la II Semana de Cuaresma.


Antífona de entrada Sal 138, 23-24
Oh, Dios, ponme a prueba y conoce mis sentimientos; mira si mi camino se desvía y guíame por el camino eterno.
Proba me, Deus, et cognósce sémitas meas; vide si via iniquitátis in me est, et deduc me in via aetérna.

Oración colecta
Oh, Dios, que amas y devuelves la inocencia, atrae hacia ti los corazones de tus siervos para que, llenos del fervor de tu Espíritu, permanezcamos firmes en la fe y eficaces en las obras. Por nuestro Señor Jesucristo.
Deus, innocéntiae restitútor et amátor, dírige ad te tuórum corda servórum, ut, Spíritus tui fervóre concépto, et in fide inveniántur stábiles, et in ópere efficáces. Per Dóminum.

En la conmemoración:
4 de marzo
San Casimiro

La oración colecta es propia de la memoria el resto de la feria de Cuaresma.

Monición de entrada
Celebramos hoy la memoria de san Casimiro, hijo del rey de Polonia, nacido el año 1458. Siendo príncipe, destacó por el celo en la fe, por la castidad y la penitencia, la caridad hacia los pobres y la devoción a la eucaristía y a la bienaventurada Virgen María. Murió el año 1484, consumido por la tuberculosis.

Oración colecta
Dios todopoderoso, a quien servir es reinar, concédenos, por la ayuda e intercesión de san Casimiro, servirte siempre en santidad y justicia. Por nuestro Señor Jesucristo.
Deus omnípotens, cui servíre regnáre est, concéde nobis, beáti Casimíri intercedénte suffrágio, tibi in sanctitáte et iustítia perpétuo famulári. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la II semana de Cuaresma (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA Jer 17, 5-10
Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor

Lectura del libro de Jeremías.

Esto dice el Señor:
«Maldito quien confía en el hombre,
y busca el apoyo de las criaturas,
apartando su corazón del Señor.
Será como cardo en la estepa,
que nunca recibe la lluvia;
habitará en un árido desierto,
tierra salobre e inhóspita.
Bendito quien confía en el Señor
y pone en el Señor su confianza.
Será un árbol plantado junto al agua,
que alarga a la corriente sus raíces;
no teme la llegada del estío,
su follaje siempre está verde;
en año de sequía no se inquieta,
ni dejará por eso de dar fruto.
Nada hay más falso y enfermo
que el corazón: ¿quién lo conoce?
Yo, el Señor, examino el corazón,
sondeo el corazón de los hombres
para pagar a cada cual su conducta
según el fruto de sus acciones».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R.: Sal 39, 5ab)
R.
Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
Beátus vir qui pósuit Dóminum spem suam.

V. Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.
R. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
Beátus vir qui pósuit Dóminum spem suam.

V. Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
R. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
Beátus vir qui pósuit Dóminum spem suam.

V. No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
R. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
Beátus vir qui pósuit Dóminum spem suam.

Versículo antes del Evangelio Cf. Lc 8, 15
Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia.
Beáti qui in corde bono et óptimo verbum Dei rétinent, et fructum áfferunt in patiéntia.

EVANGELIO Lc 16, 19-31
Recibiste bienes, y Lázaro males: ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.
Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.
Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.
Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:
“Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.
Pero Abrahán le dijo:
“Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.
Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.
Él dijo:
“Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”.
Abrahán le dice:
“Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”.
Pero él le dijo:
“No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”.
Abrahán le dijo:
“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Papa Francisco, Mensaje para la Cuaresma 2017
La Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor -que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador- nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guíe a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana. Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.

Oración de los fieles
Oremos al Señor, nuestro Dios. Bendito quien confía en él.
- Por la Iglesia, llamada a anunciar a todos de palabra y de obra el Evangelio de Cristo. Roguemos al Señor.
- Por los que confían en sí mismos, apartando de Dios su corazón. Roguemos al Señor.
- Por los que se encierran en sí mismos, insensibles al sufrimiento ajeno. Roguemos al Señor.
- Por los que gritan en su dolor sin ser oídos. Roguemos al Señor.
- Por los que se dedican al cuidado de los más necesitados. Roguemos al Señor
- Por nosotros, necesitados de conversión. Roguemos al Señor.
Señor, Dios nuestro, tú penetras nuestros corazones para darnos según nuestra conducta; perdónanos y escúchanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Santifica, Señor, por este sacrificio, nuestra observancia cuaresmal, para que las prácticas externas transformen nuestro espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Praesénti sacrifício, quaesumus, Dómine, observántiam nostram sanctífica, ut, quod quadragesimális exercitátio profitétur extérius, intérius operétur efféctu. Per Christum.

PLEGARIA EUCARÍSTICA DE LA RECONCILIACIÓN I.

Antífona de comunión Sal 118, 1

Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor.
Beáti immaculáti in via, qui ámbulant in lege Dómini.

Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor, que el fruto de este sacrificio permanezca en nosotros y se manifieste siempre en nuestras obras. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Haec in nobis sacrifícia, Deus, et actióne permáneant, et operatióne firméntur. Per Christum.

Oración sobre el pueblo
Se puede añadir ad libitum
V.
El Señor esté con vosotros. R.
V.
Inclinaos para recibir la bendición.
Asiste, Señor, a tus siervos que imploran el auxilio de tu gracia, para que obtengan la defensa y la guía de tu protección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Adésto, Dómine, fámulis tuis, implorántibus grátiae tuae auxílium, ut protectiónis tuae munímen et régimen obtíneant. Per Christum.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo +, y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. R.

MARTIROLOGIO

Elogios del 5 de marzo

1. Conmemoración de san Teófilo, obispo de Cesarea, en Palestina, que en tiempo del emperador Septimio Severo brilló por su sabiduría e integridad de vida (195).
2. En Pamfilia, san Conón, mártir, hortelano de profesión, que bajo el emperador Decio fue obligado a correr ante un carro con los pies atravesados por clavos y, cayendo de rodillas, entregó el espíritu mientras oraba (c. 250).
3. En Roma, en la vía Apia, en el cementerio de Calisto, sepultura de san Lucio, papa, sucesor de Cornelio, que sufrió el exilio por la fe de Cristo y fue, en tiempos angustiosos, eximio confesor de la fe, actuando con moderación y prudencia (254).
4. En Sinope, en el Ponto, san Foca, mártir, labrador de oficio, que sufrió muchas injurias por el nombre del Redentor (c. s. IV).
5. En Cesarea de Palestina, san Adriano, mártir, que en la persecución bajo el emperador Diocleciano, en el día en que solían celebrarse los festejos de la Fortuna de los Cesarienses, por mandato del procurador y por su fe de Cristo fue arrojado ante un león y después degollado a espada (309).
6. En Palestina, en la ribera del Jordán, san Gerásimo, anacoreta, que en tiempo del emperador Zenón, convertido a la fe ortodoxa por obra de san Eutimio, se entregó a grandes penitencias, ofreciendo a todos los que bajo su dirección se ejercitaban en la vida monástica, la norma de una integérrima disciplina y el modo de sustentarse (475).
7*. En Sahigir, en la región de Ossory, en Hibernia (hoy Irlanda), san Kierano, obispo y abad (530).
8*. En Arlés, en la Provenza, san Virgilio, obispo, que recibió como huéspedes a san Agustín y a sus monjes, cuando viajaban hacia Inglaterra por encargo del papa san Gregorio I Magno (c. 618).
9*. En Vigevano, en Lombardía, beato Cristóbal Macassoli, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, insigne por su predicación y su caridad para con los pobres (1485).
10*. En Nápoles, de la Campania, beato Jeremías de Valaquia (Juan) Kostistik, el cual, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, con caridad y alegría asistió incesantemente a los enfermos durante cuarenta años (1625).
11. También en Nápoles, san Juan José de la Cruz (Carlos) Gaetano, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que, siguiendo las huellas de san Pedro de Alcántara, restableció la disciplina de la Regla en muchos conventos de la provincia de Nápoles.

Religiosas. Normas para el rito de iniciación en la vida religiosa.

Ritual de la profesión religiosa (2-febrero-1970)
Ed. española 1979.

SEGUNDA PARTE
RITUAL DE LA PROFESIÓN DE LAS RELIGIOSAS

CAPITULO I

NORMAS PARA EL RITO DE INICIACIÓN EN LA VIDA RELIGIOSA


1. En el día que comienza el noviciado canónico es conveniente tener un rito para obtener de Dios la gracia para conseguir su fin peculiar.

2. Se prohibe realizar el rito de iniciación dentro de la Misa.

3. El rito debe ser sencillo, sobrio y reservado sólo a la comunidad de las religiosas.

4. En los textos del rito, evítese todo lo que de algún modo parezca atentar contra la libertad de las novicias o deforme el verdadero sentido del noviciado o de la prueba.

5.
Escójase para este rito la sala capitular u otro lugar apropiado. Si fuere necesario, puede celebrarse en la capilla.

DESCRIPCIÓN DEL RITO

El rito de iniciación se inserta convenientemente en una celebración especial de la Palabra de Dios que esclarece la naturaleza de la vida religiosa y la indole propia del Instituto.

Ritos iniciales


6. El rito comienza oportunamente con el saludo de la Superiora o el canto de un salmo o himno apropiado.

7. Luego la Superiora pregunta a las postulantes que desean con estas palabras u otras semejantes:

Queridas hijas (hermanas), ¿qué pedís?

Las postulantes responden conjuntamente con estas palabras u otras semejantes:

Que nos permitáis experimentar durante un tiempo lo que es vuestra vida religiosa, y que juzguéis de nuestra actitud para seguir a Cristo en el seno de esta Congregación de N.

La Superiora responde:

El Señor os ayude a realizar este deseo.

Todas:

Amén.

8. Si parece mejor, pueden omitirse las preguntas y se hace la petición del siguiente modo: una de las postulantes, en nombre de todas, dirigiéndose a la Superiora y a la comunidad dice:

Impulsadas por la misericordia de Dios,
venimos aquí para experimentar vuestra vida religiosa;
enseñadnos a seguir a Cristo crucificado,
a vivir pobres, obedientes y castas;
enseñadnos también a ser asiduas en la oración,
a practicar la penitencia,
a estar al servicio de la Iglesia y de todos los hombres,
a tener un solo corazón y una sola alma con vosotros.
Ayudadnos a cumplir en todo momento las exigencias del Evangelio.
Aprenderemos vuestra Regla
y observaremos la ley del amor fraterno.

o con otras palabras parecidas que las postulantes digan espontáneamente.

La Superiora responde:

Dios misericordioso os ayude con su gracia
y el divino Maestro os ilumine.

Todas:

Amén.

9. Después de la pregunta o de la petición, la Superiora dice:

Oremos.
De ti, Señor, nace toda vocación religiosa.
Escucha las súplicas de tus hijas N. y N.,
que desean ser agregadas a nuestra Congregación,
para servirte con más fidelidad;
que nuestra vida de comunidad sea para ellas
expresión sincera del amor fraterno.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Todas:

Amén.

Celebración de la Palabra de Dios

10.
Se leen textos apropiados de la Sagrada Escritura, intercalando responsorios oportunos (cf. Leccionario).

11. Después de las lecturas la Superiora habla a la comunidad y a las postulantes sobre la naturaleza de la vida religiosa y la índole del Instituto o lee un capítulo apropiado de la Regla.

Conclusión del rito


12.
Es de alabar que el rito finalice con la oración universal o de los fieles y la oración dominical, a la que se puede añadir una plegaria apropiada; por ejemplo:

Oh Dios,
autor y dispensador de la vocación religiosa,
escucha nuestras súplicas,
y concédenos que, juntamente con estas hermanas nuestras,
que desean seguir a tu Hijo en la vida religiosa,
busquemos en todo la voluntad divina,
y así podamos cumplir tu designio sobre ellas,
Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos:

Amén.

13. La Superiora entrega las novicias que acaban de ser admitidas a la Maestra, y ella y la comunidad las saludan fraternalmente según la costumbre de la familia religiosa. Entre tanto se canta un himno apropiado a un cántico de alabanza.

miércoles, 27 de enero de 2021

Miércoles 3 marzo 2021, Miércoles de la II semana de Cuaresma, feria.

SOBRE LITURGIA

CELEBRACIÓN DE LA PENITENCIA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Basílica Vaticana, Viernes, 29 de marzo de 2019

«Quedaron solo ellos dos: la miserable y la misericordia» (In Io. Ev. tract. 33,5). Así encuadra san Agustín el final del Evangelio que hemos escuchado recientemente. Se fueron los que habían venido para arrojar piedras contra la mujer o para acusar a Jesús siguiendo la Ley. Se fueron, no tenían otros intereses. En cambio, Jesús se queda. Se queda, porque se ha quedado lo que es precioso a sus ojos: esa mujer, esa persona. Para él, antes que el pecado está el pecador. Yo, tú, cada uno de nosotros estamos antes en el corazón de Dios: antes que los errores, que las reglas, que los juicios y que nuestras caídas. Pidamos la gracia de una mirada semejante a la de Jesús, pidamos tener el enfoque cristiano de la vida, donde antes que el pecado veamos con amor al pecador, antes que los errores a quien se equivoca, antes que la historia a la persona.

«Quedaron solo ellos dos: la miserable y la misericordia». Para Jesús, esa mujer sorprendida en adulterio no representa un parágrafo de la Ley, sino una situación concreta en la que implicarse. Por eso se queda allí, en silencio. Y mientras tanto realiza dos veces un gesto misterioso: «escribe con el dedo en el suelo» (Jn 8,6.8). No sabemos qué escribió, y quizás no es lo más importante: el Evangelio resalta el hecho de que el Señor escribe. Viene a la mente el episodio del Sinaí, cuando Dios había escrito las tablas de la Ley con su dedo (cf. Ex 31,18), tal como hace ahora Jesús. Más tarde Dios, por medio de los profetas, prometió que no escribiría más en tablas de piedra, sino directamente en los corazones (cf. Jr 31,33), en las tablas de carne de nuestros corazones (cf. 2 Co 3,3). Con Jesús, misericordia de Dios encarnada, ha llegado el momento de escribir en el corazón del hombre, de dar una esperanza cierta a la miseria humana: de dar no tanto leyes exteriores, que a menudo dejan distanciados a Dios y al hombre, sino la ley del Espíritu, que entra en el corazón y lo libera. Así sucede con esa mujer, que encuentra a Jesús y vuelve a vivir. Y se marcha para no pecar más (cf. Jn 8,11). Jesús es quien, con la fuerza del Espíritu Santo, nos libra del mal que tenemos dentro, del pecado que la Ley podía impedir, pero no eliminar.

Sin embargo, el mal es fuerte, tiene un poder seductor: atrae, cautiva. Para apartarse de él no basta nuestro esfuerzo, se necesita un amor más grande. Sin Dios no se puede vencer el mal: solo su amor nos conforta dentro, solo su ternura derramada en el corazón nos hace libres. Si queremos la liberación del mal hay que dejar actuar al Señor, que perdona y sana. Y lo hace sobre todo a través del sacramento que estamos por celebrar. La confesión es el paso de la miseria a la misericordia, es la escritura de Dios en el corazón. Allí leemos que somos preciosos a los ojos de Dios, que él es Padre y nos ama más que nosotros mismos.

«Quedaron solo ellos dos: la miserable y la misericordia». Solo ellos. Cuántas veces nos sentimos solos y perdemos el hilo de la vida. Cuántas veces no sabemos ya cómo recomenzar, oprimidos por el cansancio de aceptarnos. Necesitamos comenzar de nuevo, pero no sabemos desde dónde. El cristiano nace con el perdón que recibe en el Bautismo. Y renace siempre de allí: del perdón sorprendente de Dios, de su misericordia que nos restablece. Solo sintiéndonos perdonados podemos salir renovados, después de haber experimentado la alegría de ser amados plenamente por el Padre. Solo a través del perdón de Dios suceden cosas realmente nuevas en nosotros. Volvamos a escuchar una frase que el Señor nos ha dicho por medio del profeta Isaías: «Realizo algo nuevo» (Is 43,18). El perdón nos da un nuevo comienzo, nos hace criaturas nuevas, nos hace ser testigos de la vida nueva. El perdón no es una fotocopia que se reproduce idéntica cada vez que se pasa por el confesionario. Recibir el perdón de los pecados a través del sacerdote es una experiencia siempre nueva, original e inimitable. Nos hace pasar de estar solos con nuestras miserias y nuestros acusadores, como la mujer del Evangelio, a sentirnos liberados y animados por el Señor, que nos hace empezar de nuevo.

«Quedaron solo ellos dos: la miserable y la misericordia». ¿Qué hacer para dejarse cautivar por la misericordia, para superar el miedo a la confesión? Escuchemos de nuevo la invitación de Isaías: «¿No lo reconocéis?» (Is 43,18). Reconocer el perdón de Dios es importante. Sería hermoso, después de la confesión, quedarse como aquella mujer, con la mirada fija en Jesús que nos acaba de liberar: Ya no en nuestras miserias, sino en su misericordia. Mirar al Crucificado y decir con asombro: “Allí es donde han ido mis pecados. Tú los has cargado sobre ti. No me has apuntado con el dedo, me has abierto los brazos y me has perdonado otra vez”. Es importante recordar el perdón de Dios, recordar la ternura, volver a gustar la paz y la libertad que hemos experimentado. Porque este es el corazón de la confesión: no los pecados que decimos, sino el amor divino que recibimos y que siempre necesitamos. Sin embargo, nos puede asaltar una duda: “no sirve confesarse, siempre cometo los mismos pecados”. Pero el Señor nos conoce, sabe que la lucha interior es dura, que somos débiles y propensos a caer, a menudo reincidiendo en el mal. Y nos propone comenzar a reincidir en el bien, en pedir misericordia. Él será quien nos levantará y convertirá en criaturas nuevas. Entonces reemprendamos el camino desde la confesión, devolvamos a este sacramento el lugar que merece en nuestra vida y en la pastoral.

«Quedaron solo ellos dos: la miserable y la misericordia». También nosotros vivimos hoy en la confesión este encuentro de salvación: nosotros, con nuestras miserias y nuestro pecado; el Señor, que nos conoce, nos ama y nos libera del mal. Entremos en este encuentro, pidiendo la gracia de redescubrirlo.

CALENDARIO

3 MIÉRCOLES DE LA II SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa
de feria (morado).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. Cuaresma.
LECC.: vol. II.
La Cuaresma: Acompañar a Cristo en su Pasión.
- Jer 18, 18-20. Venga, vamos a hablar mal de él.
- Sal 30. R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
- Mt 20, 17-28. Lo condenarán a muerte.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 4 de marzo, pág. 190.
CALENDARIOS: Bilbao y San Sebastián: Santos Emeterio y Celedonio, mártires (conm.).
Calahorra y La Calzada-Logroño: El martirio de los santos Emeterio y Celedonio, mártires (conm.).

TEXTOS MISA

Miércoles de la II Semana de Cuaresma.


Antífona de entrada Cf. Sal 37, 22-23
No me abandones, Señor, Dios mío, no te quedes lejos; ven a socorrerme, Señor mío, mi fuerza y salvación.
Ne derelínquas me, Dómine Deus meus, ne discédas a me; inténde in adiutórium meum, Dómine, virtus salútis meae.

Oración colecta
Señor, guarda a tu familia instruida en las buenas obras y, confortada en sus necesidades temporales, condúcela propicio hacia los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Consérva, Dómine, famíliam tuam bonis semper opéribus erudítam, et sic praeséntibus consoláre praesídiis, ut propítius ad supérna dona perdúcas. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Miércoles de la II semana de Cuaresma (Lec. II).

PRIMERA LECTURA Jer 18, 18-20
Venga, vamos a hablar mal de él

Lectura del libro de Jeremías.

Ellos dijeron:
«Venga, tramemos un plan contra Jeremías porque no faltará la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga, vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos».
Hazme caso, Señor,
escucha lo que dicen mis oponentes.
¿Se paga el bien con el mal?,
¡pues me han cavado una fosa!
Recuerda que estuve ante ti,
pidiendo clemencia por ellos,
para apartar tu cólera.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 30, 5-6. 14. 15-16 (R.: 17b)
R.
Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Salvum me fac, Dómine, in misericórdia tua.

V. Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Salvum me fac, Dómine, in misericórdia tua.

V. Oigo el cuchicheo de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran contra mí
y traman quitarme la vida.
R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Salvum me fac, Dómine, in misericórdia tua.

V. Pero yo confío en ti, Señor;
te digo: «Tú eres mi Dios».
En tu mano están mis azares:
líbrame de los enemigos que me persiguen.
R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Salvum me fac, Dómine, in misericórdia tua.

Versículo antes del Evangelio Cf. Jn 8, 12b
Yo soy la luz del mundo –dice el Señor–; el que me sigue tendrá la luz de la vida.
Ego sum lux mundi, dicit Dóminus; qui séquitur me, habébit lumen vitae.

EVANGELIO Mt 20, 17-28
Lo condenarán a muerte
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino:
«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».
Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó:
«¿Qué deseas?».
Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».
Contestaron:
«Podemos».
Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:
«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa 15
También a nosotros nos llama, y nos pregunta, como a Santiago y a Juan: Potestis bibere calicem, quem ego bibiturus sum? (Mt 20, 22): ¿Estáis dispuestos a beber el cáliz –este cáliz de la entrega completa al cumplimiento de la voluntad del Padre– que yo voy a beber? Possumus! (Mt 20, 22); ¡sí, estamos dispuestos!, es la respuesta de Juan y de Santiago. Vosotros y yo, ¿estamos seriamente dispuestos a cumplir, en todo, la voluntad de nuestro Padre Dios? ¿Hemos dado al Señor nuestro corazón entero, o seguimos apegados a nosotros mismos, a nuestros intereses, a nuestra comodidad, a nuestro amor propio? ¿Hay algo que no responde a nuestra condición de cristianos, y que hace que no queramos purificarnos? Hoy se nos presenta la ocasión de rectificar.

Oración de los fieles
Oremos a Dios, nuestro Padre
- Para que todos los miembros de la Iglesia vivamos un auténtico espíritu de servicio y entrega a los demás, siguiendo el ejemplo de Cristo. Roguemos al Señor.
- Para que los gobernantes y los que tienen responsabilidades en la sociedad entiendan y realicen su misión sirviendo en verdad al bien de todos. Roguemos al Señor.
- Para que aquellos que se encuentran más solos y abandonados encuentren siempre alguien que les sirva y los ayude eficazmente. Roguemos al Señor.
- Para que todos nosotros comprendamos y vivamos que es verdaderamente grande el que mejor sirve y ayuda al prójimo necesitado. Roguemos al Señor.
Dios, Padre nuestro, sálvanos por tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Mira con bondad, Señor, la ofrenda que te presentamos, y por este santo intercambio líbranos de las ataduras de nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Hóstias, Dómine, quas tibi offérimus, propítius intuére, et, per haec sancta commércia, víncula peccatórum nostrórum absólve. Per Christum.

PREFACIO II DE CUARESMA
LA PENITENCIA ESPIRITUAL
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque has establecido generosamente este tiempo de gracia para renovar en santidad a tus hijos, de modo que, libres de todo afecto desordenado, mientras se ocupan de las realidades temporales no dejen sobre todo de adherirse a las eternas.
Por eso, con los santos y con todos los ángeles, te alabamos, diciendo sin cesar:

Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Qui fíliis tuis ad reparándam méntium puritátem, tempus praecípuum salúbriter statuísti, quo, mente ab inordinátis afféctibus expedíta, sic incúmberent transitúris ut rebus pótius perpétuis inhaerérent.
Et ídeo, cum Sanctis et Angelis univérsis, te collaudámus, sine fine dicéntes:

Santo, Santo, Santo...

PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO.

Antífona de comunión Mt 20, 28

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos.
Fílius hóminis non venit ministrári, sed ministráre, et dare ánimam suam redemptiónem pro multis.

Oración después de la comunión
Señor, Dios nuestro, te pedimos que se convierta en causa de salvación eterna lo que quisiste fuera para nosotros prenda de inmortalidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Quaesumus, Dómine Deus noster, ut, quod nobis ad immortalitátis pignus esse voluísti, ad salútis aetérnae tríbuas proveníre suffrágium. Per Christum.

Oración sobre el pueblo
Se puede añadir ad libitum
V.
El Señor esté con vosotros. R.
V. Inclinaos para recibir la bendición.
Concede a tus siervos, Señor, la abundancia de tu protección y gracia, dales salud de alma y cuerpo, concédeles plenitud de amor fraterno y haz que sean siempre fieles en su entrega a ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Praesta fámulis tuis, Dómine, abundántiam protectiónis et grátiae, da salútem mentis et córporis, da plenitúdinem fratérnae caritátis et eos tibi semper fac esse devótos. Per Christum.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo +, y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. R.

MARTIROLOGIO

Elogios del 4 de marzo
S
an Casimiro
, hijo del rey de Polonia, que, siendo príncipe, destacó por el celo en la fe, por la castidad y la penitencia, la benignidad hacia los pobres y la devota veneración a la Eucaristía y a la bienaventurada Virgen María, y aún joven, consumido por la tuberculosis, descansó piadosamente en la ciudad de Grodno, cerca de Vilna, en Lituania (1484).
2. En Nicomedia, en Bitinia, los santos Focio, Arquelao, Quirino y otros diecisiete, mártires (s. III/IV).
3*. En Tréveris, de Renania, en Austrasia, san Basino, obispo, de la familia de los duques del reino de Austrasia, que primero fue monje, después abad de San Máximo de Tréveris y, elevado finalmente a la sede episcopal de la ciudad, aprobó la fundación del monasterio de Epternach, realizada por santa Irmina (705).
4*. En Comacchio, en la provincia de Flaminia, san Apiano, monje, que, enviado desde el monasterio de Pavía, llevó en esta ciudad vida eremítica (s. VIII).
5*. En el monasterio de Cava, en la Campania, san Pedro, que habiendo seguido desde su juventud vida eremítica, fue elegido obispo de Policastro, pero cansado del estrépito de la vida exterior, regresó al monasterio, donde, constituido abad, restableció admirablemente la disciplina (1123).
6*. En Chambery, en Saboya, beato Umberto, tercer conde de Saboya, que habiendo sido coaccionado a dejar el claustro para ocuparse del gobierno, volvió más tarde a la vida monástica, viviendo con fidelidad (1188).
7*. En Londres, en Inglaterra, los beatos Cristóbal Bales, presbítero, Alejandro Blake y Nicolás Horner, mártires, los cuales, durante la persecución bajo el reinado de Isabel I, recibieron al mismo tiempo la corona de la gloria (1590).
8*. En el cenobio de Saint-Sauveur-le-Vicomte, de Normandía, en Francia, beata Plácida (Eulalia) Viel, virgen, que brilló por su celo y humildad, dirigiendo la Congregación de las Escuelas Cristianas de la Misericordia (1877).
9*. En Vicenza, ciudad de Italia, beato Juan Antonio Farina, obispo, cuyo trabajo en el campo de la pastoral fue intenso, y fundó el Instituto de las Hermanas Maestras de Santa Dorotea Hijas de los Sagrados Corazones, para la formación de las jóvenes pobres y ayuda a las personas afligidas (1888).
10*. En la villa de Berezwecz, cerca de la ciudad de Gl_bokie, en Polonia, beatos Miecislao Bohatkiewick, Ladislao Mackowiak y Estanislao Pyrtek, presbíteros y mártires, que en tiempo de guerra fueron encarcelados por la fe de Cristo y fusilados (1942).

Religiosos. Textos diversos que se pueden utilizar en los ritos de la Profesión religiosa.

Ritual de la profesión religiosa (2-febrero-1970)
Ed. española 1979.

PRIMERA PARTE
RITUAL DE LA PROFESIÓN DE RELIGIOSOS

CAPITULO V

TEXTOS DIVERSOS QUE SE PUEDEN UTILIZAR EN LOS RITOS DE LA PROFESIÓN RELIGIOSA

I. OTRA FORMA DE ENTREGAR LAS INSIGNIAS DE LA PRIMERA PROFESIÓN

91. Después de emitir la profesión, el Celebrante (o el Superior) con la ayuda del Maestro entrega el hábito religioso a cada uno de los profesos, diciendo, por ejemplo:

Recibe esta vestidura, signo de tu consagración,
que no sólo con ella manifiestes al mundo tu vida consagrada,
sino también con obras de tu fidelidad interior.

El profeso responde:

Amén.

Y en un lugar oportuno se pone el hábito. Después que el primero o segundo profeso han recibido el hábito, el coro entona la antifona:

Estos son los que buscan el Señor,
los que vienen a tu presencia, Dios de Jacob.

con el salmo 23 u otro canto apropiado. Después de cada dos versículos se repite la antifona; al final del salmo no se dice «Gloria al Padre» sino la antifona, Si se acaba la entrega de las insignias antes de terminar el salmo, se interrumpe el salmo y se repite la antifona.

92. Luego, si es costumbre, los religiosos que acaban de profesar, vestidos con el hábito religioso, se acercan al Celebrante (o al Superior) que entrega a cada uno el libro de la Regla o de las Constituciones con estas o parecidas palabras:

Recibe la Regla de nuestra esta) congregación
para que, observándola fielmente,
progreses hacia la perfecta caridad.

El profeso responde:

Amén.

Y, después de recibir el libro, se vuelve a su sitio y permanece alli de pie.

93. Si los religiosos que acaban de profesar son muchos, o por otro motivo justo, el Celebrante (o el Superior) puede entregar el hábito y la Regla, recitando la fórmula una sola vez para todos.

Si, según las leyes o costumbres de la familia religiosa, hay que entregar otras insignias de la profesión, se entregarán en silencio o con una fórmula adecuada. Sin embargo, se debe de guardar en esto una gran sobriedad.


II. ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES,
«AD LIBITUM»

94. Monición

a) En la Misa de la primera profesión:

Nuestra Congregación se alegra hoy
de que estos hijos de Dios,
por su primera profesión,
desean entregarse totalmente
al servicio de Cristo y de la Iglesia.
Oremos, queridos hermanos, a Dios Padre,
de quien procede el don de la vocación religiosa.

b) En la Misa de renovación de votos:

Queridos hermanos,
pidamos humildemente a Dios Padre
por su santa Iglesia,
por la paz y la salvación del mundo,
por nuestra familia religiosa
y por estos hermanos nuestros
que hoy renuevan sus votos.

95. Intenciones

I. a) Por la santa Iglesia de Dios,
para que adornada por las virtudes de sus hijos
sea cada día esposa más digna de Cristo.
Roguemos al Señor.

b) Por el Papa y todos los Obispos,
para que, cumpliendo fielmente su ministerio pastoral,
alimenten con su palabra la grey universal de Cristo
y sean los primeros en el testimonio del amor.
Roguemos al Señor.

II. a) Por la paz y salvación del mundo,
para que todos los religiosos
sean pregoneros y ministros de la paz de Cristo.
Roguemos al Señor.

b) Por todos los dedicados al servicio divino,
para que, aspirando a las cosas del cielo,
fomenten constantemente el progreso de los
hombres.
Roguemos al Señor.

c) Por todos los cristianos,
para que perciban atentamente la voz de Dios
que los llama a la santidad.
Roguemos al Señor.

d) Por los religiosos,
para que, imitando al Divino Maestro,
se consagren al bien de los necesitados,
evangelizando a los pobres,
curando a los enfermos
y ayudando a los que se sienten agobiados.
Roguemos al Señor.

III. a) Por todos los religiosos,
para que su vida
sea signo preclaro del reino futuro.
Roguemos al Señor.

b) Por todos los que siguen los consejos evangélicos
para que el precepto del amor brille en ellos
y tengan, como los primeros discípulos de Jesús,
un solo corazón y una sola alma.
Roguemos al Señor.

c) Por todos los religiosos,
para que cada uno, siguiendo su vocación,
aumente la santidad de la Iglesia
y se consagre a la propagación del reino de Dios.
Roguemos al Señor.

IV. a) Por estos hermanos nuestros,
que hoy se consagran con mayor compromiso a Dios,
en la profesión religiosa,
para que sean asiduos en la oración,
alegres en la penitencia
y celosos en el apostolado.
Roguemos al Señor.

b) Por los que hoy se entregan más intensamente
al servicio divino,
para que aumente en ellos
el espíritu de amor fraterno
y de caridad activa para con todos.
Roguemos al Señor.

c) Por los que hoy profesan los consejos evangélicos
para que la consagración religiosa
les de nuevo impulso hacia la santidad,
a la que fueron llamados por el bautismo.
Roguemos al Señor.

d) Por los que, al hacer hoy su profesión religiosa,
quieren imitar más fielmente a Cristo,
para que por su castidad
hagan fecunda a la Iglesia,
por su pobreza ayuden a los necesitados,
y con el testimonio de su obediencia
arrastren a los altivos
al seguimiento humilde de Cristo.
Roguemos al Señor.

e) Por todos los cristianos,
llamados a ser luz y fermento del mundo,
para que iluminen la sociedad humana
con el resplandor de sus virtudes,
y la renueven con su oración.
Roguemos al Señor.

f) Por todos nosotros, aquí reunidos,
para que cumpliendo fielmente
las palabras del Divino Maestro: «Sed perfectos»,
demos frutos dignos de santidad,
hasta llegar a la plenitud de Cristo
en la Jerusalén celestial.
Roguemos al Señor.

96. Conclusión de las preces

a) En la Misa de la primera profesión:


Escucha, Señor, las oraciones de tu pueblo,
y, por intercesión de la Virgen María,
Madre de la Iglesia,
derrama abundantemente tu Espíritu
sobre estos hijos,
llamados al perfecto seguimiento de Cristo,
para que sean siempre fieles
a lo que en este día han prometido.
Por Jesucristo nuestro Señor.

b) En la Misa de renovación de votos:

Oh Dios,
autor de la santidad,
escucha con clemencia las oraciones de tus hijos,
y, por intercesión de la Virgen María,
Esclava tuya y Señora nuestra,
derrama tu abundante bendición
sobre estos hijos tuyos,
para que cuanto han prometido con tu gracia,
con tu ayuda lo cumplan siempre.
Por Jesucristo nuestro Señor.

III. OTRA PLEGARIA DE BENDICIÓN SOLEMNE O DE CONSAGRACIÓN DE LOS PROFESOS

97. Dios Padre,
por ti florece tu Iglesia santificada,
a ti te corresponde la alabanza de toda criatura.
En el comienzo de los tiempos
creaste un mundo feliz,
y al quedar derrumbado por el pecado de Adán,
tú prometiste unos cielos nuevos y una tierra nueva.
Entregaste la tierra a los hombres,
para que la hiciesen fecunda con su trabajo,
y caminando por ella
dirigiesen sus pasos a la ciudad celeste.
Sobre tus hijos, iniciados en los misterios sagrados
y reunidos en la Iglesia santa,
distribuyes los dones variados de los carismas,
para que unos te sirvan en la vida matrimonial,
y renunciando otros a las nupcias,
por el reino de los cielos,
comuniquen sus bienes con los hermanos,
se amen mutuamente en caridad,
y, formando un solo corazón,
manifiesten la imagen de la asamblea eterna.
Te suplicamos
que derrames desde el cielo el Espíritu Paráclito
sobre estos hijos tuyos
que han aceptado las palabras de Cristo con fe
constante.
Fortalece sus espíritus
y conforma su vida a la doctrina del Evangelio.
Abunde en ellos, Señor, la caridad mutua
y brille el amor a los hombres,
para que sean signo claro
de que tú eres el único Dios verdadero
y amas a todos los hombres con amor infinito.
Concédeles, Señor,
que, resistiendo firmemente los combates de esta vida,
reciban ya ahora el céntuplo que has prometido,
y merezcan alcanzar al final el premio eterno.
Por Jesucristo nuestro Señor.

IV. OTRA FORMA DE BENDICIÓN AL FINAL DE LA MISA DE LA PROFESIÓN PERPETUA

98. Celebrante:

El Dios que inspira los buenos propósitos
mantenga vuestra intención
y fortalezca vuestros corazones,
para que observéis fielmente lo que habéis prometido.

Todos:

Amén.

Celebrante:

El os conceda
que el camino estrecho, que habéis elegido,
lo recorráis en el gozo de Cristo,
llevando con alegría las cargas de los hermanos.

Todos:

Amén.

Celebrante:

La caridad de Dios haga de vosotros una familia,
que, reunida en el nombre del Señor,
sea imagen de Cristo.

Todos:

Amén.

Celebrante:

Y a todos vosotros,
que habéis participado en esta celebración,
os bendiga Dios todopoderoso,
Padre, Hijo + y Espíritu Santo.

Todos:

Amén.

martes, 26 de enero de 2021

Martes 2 marzo 2021, Martes de la II semana de Cuaresma, feria.

SOBRE LITURGIA

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LA COMUNIDAD DEL PONTIFICIO COLEGIO ETÍOPE EN EL VATICANO

Sala Clementina, Sábado, 11 de enero de 2020

Queridos hermanos y hermanas:

Me complace recibiros hoy y dar gracias juntos por los cien años del Colegio Etíope. Saludo a los obispos que han venido de Etiopía y Eritrea, incluidos los dos metropolitanos, el cardenal Berhaneyesus y monseñor Tesfamariam, a la comunidad de los estudiantes con sus superiores, especialmente el padre rector y el vicerrector, a las religiosas, que se esfuerzan tanto en cuidar de vosotros, y al personal laico. Saludo al cardenal Sandri y a monseñor Vasil’ y doy las gracias a la Congregación para las Iglesias Orientales que sostiene la vida del Colegio, también gracias a los benefactores, a los que también expreso mi gratitud. Saludo a los hermanos capuchinos con el ministro general, a la representación del Pontificio Instituto Oriental y a los numerosos sacerdotes y frailes de Etiopía y Eritrea.

La presencia etíope dentro de las murallas del Vaticano, primero la iglesia y el hospicio de peregrinos, y desde hace cien años el Colegio, nos reconduce a una palabra: acogida. Cerca de la tumba del apóstol Pedro han encontrado hogar y hospitalidad a lo largo de los siglos los hijos de pueblos geográficamente distantes de Roma, pero muy cercanos a la fe de los apóstoles en la profesión de Jesucristo Salvador.

Muy bellas son las palabras del gran monje Tesfa Sion, Pedro el Etíope, que está enterrado en la iglesia de San Esteban de los Abisinios, donde hoy y mañana celebraréis la liturgia: «Yo mismo soy etíope, peregrino de un lugar a otro [...]. Pero en ninguna parte, excepto en Roma, he encontrado la quietud del ánimo y del cuerpo; la quietud del ánimo porque aquí está la verdadera fe; la quietud del cuerpo, porque aquí he encontrado al Sucesor de Pedro que nos favorece en nuestras necesidades» [1]. Él enriqueció la Curia Romana con su sabiduría y se ocupó de la edición del Nuevo Testamento en lengua etíope.

Vosotros, sacerdotes estudiantes, procedentes de Etiopía y Eritrea, dos Iglesias unidas por la misma tradición, traéis también hoy en medio de nosotros la riqueza de la historia de vuestras tierras, con las antiguas tradiciones, la convivencia entre hombres y mujeres pertenecientes a las religiones judía e islámica, así como con los numerosos hermanos de la Iglesia ortodoxa Tewahedo. Pude conocer aquí en Roma al Patriarca Su Santidad Matías de Etiopía, a quien envío un saludo fraterno.

Encontrándoos, pienso en tantos hermanos y hermanas vuestros de Etiopía y Eritrea, cuya vida está marcada por la pobreza y, hasta hace pocos meses, por la guerra fratricida, por cuya conclusión damos gracias al Señor y a quienes en ambos países se han comprometido personalmente. Rezo siempre para que se atesoren los años de dolor que ambas partes han vivido y para que no se vuelva a caer en divisiones entre etnias y entre países con raíces comunes. Vosotros, sacerdotes, sed siempre artífices de buenas relaciones, constructores de paz. Educad a los fieles que os han sido confiados para que cultiven este don de Dios, medicando las heridas interiores y exteriores que encontráis y tratando de favorecer los caminos de reconciliación, para el futuro de los niños y jóvenes de vuestras tierras.

Muchos de ellos, es triste tenerlo que recordar, impulsados por la esperanza, han dejado su patria a costa de grandes fatigas y no pocas veces yendo a encontrarse con tragedias en tierra y en mar. Agradezco la acogida que vuestros fieles han podido experimentar y el compromiso que algunos de vosotros viven ya siguiéndolos pastoralmente en Europa y en los demás continentes. Todavía se puede hacer más y mejor, tanto en la patria como en el extranjero, aprovechando los años de estudio y estancia en Roma, en un servicio humilde y generoso, siempre sobre la base de la unión con el Señor, a quien hemos entregado toda nuestra existencia.

Os animo a custodiar la preciosa tradición eclesial, siempre unida al empuje misionero. También espero que se garantice a la Iglesia católica en vuestras naciones la libertad de servir al bien común, tanto permitiendo que los estudiantes lleven a cabo sus estudios en Roma o en cualquier otro lugar, como salvaguardando las instituciones educativas, sanitarias y asistenciales, con la certeza de que tanto los pastores como los fieles desean contribuir junto con todos los demás al bien y a la prosperidad de vuestras naciones.

Como hijos de las Iglesias de Etiopía y Eritrea, amáis mucho a la Santa Madre de Dios, María Santísima. En efecto, os definís como Resta Maryam,“feudo, propiedad de María”, y en la memoria litúrgica mensual del Kidana Mehrat, “Pacto de misericordia”, sabéis que podéis confiar a su intercesión toda oración, toda súplica. Os pido, en ese recuerdo, que recéis siempre una oración por mí y por mis intenciones.

Os doy las gracias y os imparto la bendición apostólica: que llegue a vuestras familias, a vuestras eparquías, a vuestros pueblos, a todos ¡Gracias!

[1] R. Lefevre, “Documenti e notizie su Tasfa Seyon”, en Rassegna di Studi Etiopici, vol. 24 (1969-1970), p. 74.

CALENDARIO

2 MARTES DE LA II SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa
de feria (morado).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. Cuaresma.
LECC.: vol. II.
La Cuaresma: Hacer el bien de palabra y obra.
- Is 1, 10. 16-20. Aprended a hacer el bien, buscad la justicia.
- Sal 49. R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
- Mt 23, 1-12. Ellos dicen, pero no hacen.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 3 de marzo, pág. 188.
CALENDARIOS: Familia Franciscana: Santa Inés de Praga, virgen (conm.).
Ciudad Real: Aniversario de la muerte de Mons. Rafael Torija de la Fuente, obispo, emérito (2019).

TEXTOS MISA

Martes de la II Semana de Cuaresma.


Antífona de entrada Sal 12,4-5
Da luz a mis ojos para que no duerma en la muerte, para que no diga mi enemigo: «Le he podido».
Illúmina óculos meos, ne umquam obdórmiam in morte, nequándo dicat inimícus meus: Praeválui advérsus eum.

Oración colecta
Señor, vela con amor continuo sobre tu Iglesia, y, pues sin tu ayuda no puede sostenerse lo que se cimienta en la debilidad humana, protégela siempre con tus auxilios en el peligro y dirígela hacia la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.
Custódi, Dómine, quaesumus, Ecclésiam tuam propitiatióne perpétua, et quia sine te lábitur humána mortálitas, tuis semper auxíliis et abstrahátur a nóxiis, et ad salutária dirigátur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Martes de la II semana de Cuaresma (Lec. II).

PRIMERA LECTURA Is 1, 10.16-20
Aprended a hacer el bien, buscad la justicia

Lectura del libro de Isaías.

Oíd la palabra del Señor,
príncipes de Sodoma,
escucha la enseñanza de nuestro Dios,
pueblo de Gomorra.
«Lavaos, purificaos, apartad de mi vista
vuestras malas acciones.
Dejad de hacer el mal,
aprended a hacer el bien.
Buscad la justicia,
socorred al oprimido,
proteged el derecho del huérfano,
defended a la viuda.
Venid entonces, y discutiremos
—dice el Señor—.
Aunque vuestros pecados sean como escarlata,
quedarán blancos como nieve;
aunque sean rojos como la púrpura,
quedarán como lana.
Si sabéis obedecer,
comeréis de los frutos de la tierra;
si rehusáis y os rebeláis,
os devorará la espada
—ha hablado la boca del Señor—».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23 (R.: 23cd)
R.
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Qui immaculátus est in via, osténdam illi salutáre Dei.

V. No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños.
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Qui immaculátus est in via, osténdam illi salutáre Dei.

V. ¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Qui immaculátus est in via, osténdam illi salutáre Dei.

V. Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.»
R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Qui immaculátus est in via, osténdam illi salutáre Dei.

Versículo antes del Evangelio Cf. Ez 18, 31
Apartaos de vosotros todos vuestros delitos – dice el Señor–, renovad vuestro corazón y vuestro espíritu.
Proícite a vobis omnes praevaricationes vestras, dicit Dóminus, et fácite vobis cor novum et spiritum novum.

EVANGELIO Mt 23, 1-12
Ellos dicen, pero no hacen
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo:
«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.
Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Papa Francisco, Ángelus 5-noviembre-2017
Todos somos hermanos y no debemos de ninguna manera dominar a los otros y mirarlos desde arriba. No. Todos somos hermanos. Si hemos recibido cualidades del Padre celeste, debemos ponerlas al servicio de los hermanos, y no aprovecharnos para nuestra satisfacción e interés personal. No debemos considerarnos superiores a los otros; la modestia es esencial para una existencia que quiere ser conforme a la enseñanza de Jesús, que es manso y humilde de corazón y ha venido no para ser servido sino para servir.

Oración de los fieles
Oremos a Dios, nuestro Padre del cielo,
- Por la Iglesia, comunidad fraterna al servicio de todos, para que lo sea cada día más y así aparezca a los ojos del mundo. Roguemos al Señor.
- Por todos los que ejercen autoridad o poder sobre los demás, para que se sientan a su servicio. Roguemos al Señor.
- Por los que se sienten tratados injustamente, desamparados, para que en la atención de los demás descubran el favor de Dios. Roguemos al Señor
- Por nosotros, para que comprendamos la palabra de Cristo: «El primero entre vosotros será vuestro servidor». Roguemos al Señor.
Dios, Padre nuestro, concédenos tu gracia para seguir el buen camino, y haznos ver tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Santifícanos, Señor, complacido por estos sacramentos; purifícanos de nuestros vicios terrenos y condúcenos hacia los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Sanctificatiónem tuam nobis, Dómine, his mystériis operáre placátus, quae nos et a vítiis terrénis emúndet, et ad caeléstia dona perdúcat. Per Christum.

PREFACIO II DE CUARESMA
LA PENITENCIA ESPIRITUAL
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque has establecido generosamente este tiempo de gracia para renovar en santidad a tus hijos, de modo que, libres de todo afecto desordenado, mientras se ocupan de las realidades temporales no dejen sobre todo de adherirse a las eternas.
Por eso, con los santos y con todos los ángeles, te alabamos, diciendo sin cesar:

Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Qui fíliis tuis ad reparándam méntium puritátem, tempus praecípuum salúbriter statuísti, quo, mente ab inordinátis afféctibus expedíta, sic incúmberent transitúris ut rebus pótius perpétuis inhaerérent.
Et ídeo, cum Sanctis et Angelis univérsis, te collaudámus, sine fine dicéntes:

Santo, Santo, Santo...

PLEGARIA EUCARÍSTICA III.

Antífona de comunión Cf. Sal 9, 2-3

Proclamando todas tus maravillas, me alegro y exulto contigo, y toco en honor de tu nombre, oh, Altísimo.
Narrabo ómnia mirabília tua. Laetábor et exsultábo in te, psallam nómini tuo, Altíssime.

Oración después de la comunión
Te rogamos, Señor, que la participación en tu mesa santa nos haga crecer en la piedad y nos obtenga tu ayuda constante. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Sacrae nobis, quaesumus, Dómine, mensae reféctio, et piae conversatiónis augméntum, et tuae propitiatiónis contínuum praestet auxílium. Per Christum.

Oración sobre el pueblo
Se puede añadir ad Iibitum

V. El Señor esté con vosotros. R.
V. Inclinaos para recibir la bendición.Muéstrate propicio, Señor, a las súplicas de tus fieles y cura las debilidades de su espíritu, para que, una vez perdonados, se alegren siempre con tu bendición. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Propitiáre, Dómine, supplicatiónibus tuórum fidélium, et animárum eórum medére languóribus, ut, remissióne percépta, in tua semper benedictióne laeténtur. Per Christum.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo +, y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. R.

MARTIROLOGIO

Elogios del 3 de marzo

1. En Cesarea de Palestina, santos Marino, soldado, y Asterio, senador, mártires bajo el emperador Galieno. El primero, delatado que era cristiano por un compañero envidioso, profesó su fe ante el juez con palabras muy claras y, decapitado, alcanzó la corona del martirio. Asterio, por haber honrado el cuerpo del mártir extendiendo por debajo la propia veste con que se cubría, mereció a su vez ser martirizado (c. 260).
2. En Calahorra, en la Hispania Tarraconense, santos Emeterio y Celedonio, los cuales, estando cumpliendo la milicia en los campamentos junto a León, en la provincia de Galicia, por confesar el nombre de Cristo al inicio de la persecución fueron conducidos a Calahorra y allí coronados con el martirio (c. s. IV).
3. En Amasea, en el Ponto, santos Cleónico y Eutropio, mártires en la persecución bajo el emperador Maximiano, siendo procurador Asclepiódato (s. IV).
4. En Brescia, en la región de Venecia, san Ticiano, obispo (c. 526).
5. En la península de Armórica (Bretaña), san Winwaleo, primer abad de Landevenec, del cual la tradición narra que era discípulo de san Budoco en la isla de Lavret, y que con su vida ilustró la regla monástica (533).
6*. En Benevento, en la Campania, santa Artelaides, virgen (c. 570).
7*. En Nonántola, en la Emilia, san Anselmo, fundador y primer abad de este monasterio, en el que durante cincuenta años promovió la disciplina monástica, tanto con sus preceptos como en el ejercicio de las virtudes (803).
8. En el monasterio de Kaufungen, en Hesse, santa Cunegunda, que aportó muchos beneficios a la Iglesia junto con su cónyuge, el emperador san Enrique, y tras la muerte de éste abrazó la vida cenobítica en el monasterio donde se había retirado. Al morir hizo a Cristo heredero de todos sus bienes y su cuerpo fue colocado junto a los restos de san Enrique, en Bamberg (1033/1039).
9*. En Frisia, beato Federico, presbítero, que siendo párroco en la ciudad de Hallum, llegó a ser después abad del monasterio de Mariengaarde, de la Orden Premostratense (1175).
10*. En Palermo, en Sicilia, beato Pedro Geremia, presbítero de la Orden de Predicadores, que, confirmado por san Vicente Ferrer en el ministerio de la palabra de Dios, se entregó del todo a la salvación de las almas (1452).
11*. En Vercelli, en el Piamonte, beato Jacobino de’ Canepacci, religioso de la Orden de los Carmelitas, preclaro por su dedicación a la oración y la penitencia (1508).
12*. En Gondar, en Etiopía, beatos Liberato Weisss, Samuel Marzorati, y Miguel Pío Fasoli da Zerbo, presbíteros, de la Orden de los Hermanos Menores y mártires, que murieron lapidados a causa de la fe católica (1716).
13*. En Vannes, de la Bretaña Menor, en Francia, beato Pedro Renato Rogue, presbítero de la Congregación de la Misión y mártir, que en tiempo de la Revolución Francesa, rechazando el injusto juramento impuesto al clero, permaneció secretamente en la ciudad, para atender con su ministerio a los fieles, y finalmente, condenado a la pena capital, descansó en la misericordia del Señor en la misma iglesia donde celebraba los sagrados misterios (1796).
14. En Brescia, en Lombardía, santa Teresa Eustoquio (Ignacia) Verzeri, virgen, fundadora del Instituto de las Hijas del Sacratísimo Corazón de Jesús (1852).
15*. En Bérgamo, también de Lombardía, en Italia, beato Inocencio de Berzo (Juan) Scalvinoni, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que brilló por su eximia caridad difundiendo la palabra de Dios y escuchando las confesiones (1890).
16. En Filadelfia, del estado de Pensilvania, en los Estados Unidos de Norteamérica, santa Catalina Drexel, virgen, que fundó la Congregación de las Hermanas del Santísimo Sacramento y utilizó los bienes de su herencia con largueza y benignidad, en educar y ayudar a indios y negros (1955).

Religiosos. Rito de la renovación de votos dentro de la misa.

Ritual de la profesión religiosa (2-febrero-1970)
Ed. española 1979.

PRIMERA PARTE
RITUAL DE LA PROFESIÓN DE RELIGIOSOS

CAPITULO IV

RITO DE LA RENOVACIÓN DE VOTOS DENTRO DE LA MISA

78. La renovación de los votos, que se hace por ley general de la Iglesia o por prescripción particular de las constituciones, se puede tener dentro de la Misa, si le parece oportuno a la familia religiosa.

79. Celébrese el rito de la renovación de votos con la máxima sobriedad, sobre todo si los votos renuevan frecuentemente o cada año, conforme a las Constituciones del Instituto.

80. Se dice la Misa correspondiente a la liturgia del dia o la misa ritual para el día de la renovación de votos, conforme a las rúbricas (cf. Observaciones previas, núm. 9-11).

81. En los Institutos clericales es razonable que presida la celebración del sacrificio eucarístico el Superior que recibe la renovación de los votos. En los Institutos laicales, colóquese, en un lugar oportuno del presbiterio, una sede para el Superior que ha de recibir la renovación de votos de los hermanos.

82. Los religiosos que renuevan la profesión, sus padres, familiares y hermanos en religión pueden recibir la comunión bajo las dos especies. Por tanto, si se emplea un solo cáliz, que sea de suficiente capacidad.

LITURGIA DE LA PALABRA

83. 
En la liturgia de la Palabra se hace todo según es costumbre, excepto lo siguiente:

a) Se pueden tomar las lecturas de la Misa del dia o de los textos que se señalan en el Leccionario, p. 191 (cf. Observaciones previas, núms. 9-10).


b) Puede omitirse el Credo, aunque se prescriba en las rúbricas de la liturgia del dia.

84. Después del Evangelio se tiene la homilía. En ella se comentan las lecturas bíblicas y también el sentido y valor de la vida religiosa.

RENOVACIÓN DE LOS VOTOS

Petición de la gracia divina


85. Al acabar la homilía, el Celebrante pide la ayuda de Dios, diciendo, por ejemplo:

Oremos, queridos hermanos, a Dios,
fuente de toda perseverancia,
en favor de estos hijos suyos,
que hoy van a renovar ante la Iglesia
su profesión religiosa.

Todos oran en silencio durante unos momentos. Luego el Celebrante dice:

Mira, Señor, a estos hijos tuyos,
que en tu providencia
has llamado a la perfección evangélica,
y concédeles misericordioso
que, perseverando siempre en tu amor,
lleguen a la meta del camino
que con alegría comenzaron.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos:

Amén.

Renovación de la profesión

86.
Al acabar la oración, dos religiosos, si es costumbre, colocándose al lado del Celebrante (o del Superior), actúan como testigos.

Cada uno de los que van a renovar la profesión se acerca al Celebrante (o al Superior) y lee la fórmula de la profesión. Si los que van a renovar la profesión son muchos, pueden recitar en común la fórmula de la profesión, pero cada uno, individualmente, debe concluir con las palabras «Prometo....» u otras semejantes, que demuestren claramente la decisión personal.

87. Es oportuno que el rito termine con la oración universal o de los fieles para la que pueden tomarse las fórmulas que se proponen en los números 94-96.

LITURGIA EUCARÍSTICA

88.
Mientras se canta el ofertorio es recomendable que algunos de los religiosos que acaban de renovar los votos lleven al altar el pan, vino y agua para el sacrificio eucarístico.

89. El Celebrante da la paz a cada uno de los religiosos que renovaron su profesión, según la costumbre establecida en el lugar o en la familia religiosa. Si son muchos, da la paz al primero de ellos que la transmite a los demás.

90. Después que el Celebrante ha tomado el Cuerpo y la Sangre del Señor, los religiosos que han renovado su profesión, sus padres, familiares y amigos se acercan al altar para recibir la comunión bajo las dos especies.

lunes, 25 de enero de 2021

Lunes 1 marzo 2021, Lunes de la II semana de Cuaresma, feria.

SOBRE LITURGIA

AUDIENCIA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS PARTICIPANTES EN UN CONGRESO DE LOS CENTROS NACIONALES PARA LAS VOCACIONES DE LAS IGLESIAS DE EUROPA

Sala del Consistorio. Jueves, 6 de junio de 2019

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Gracias por esta visita, gracias al Señor cardenal por sus palabras.

He preparado una reflexión aquí, que entregaré al cardenal, y me permito hablar un poco improvisando sobre lo que viene de mi corazón.

Cuando hablamos de vocaciones, muchas cosas me vienen a la mente, muchas cosas que decir, que se pueden pensar o hacer, planes apostólicos o propuestas ... Pero antes que nada me gustaría aclarar una cosa: que el trabajo para las vocaciones, con las vocaciones, no debe ser, no es proselitismo. No es “buscar nuevos socios para este club”. No. Debe moverse a lo largo de la línea de crecimiento que Benedicto XVI nos indicó tan claramente: el crecimiento de la Iglesia es por atracción, no por proselitismo. Así. Nos lo dijo también a nosotros [obispos latinoamericanos] en Aparecida. No se trata de buscar dónde encontrar gente... como aquellas monjitas que iban a Filipinas en los años 90. No tenían casas en Filipinas, pero iban allí y traían a las chicas aquí. Y recuerdo que en el Sínodo de 1994 salió en el periódico: “La trata de novicias”. La Conferencia episcopal de Filipinas dijo: “No. En primer lugar, nadie viene aquí para pescar vocaciones, no”. Y las hermanas que tengan casas en Filipinas, que hagan la primera parte de la formación en Filipinas. Esto evita algunas deformaciones. Quería aclarar esto, porque el espíritu del proselitismo nos hace daño.

Luego, pienso ― a propósito de la vocación― en la capacidad de las personas que ayudan. Ayudar a un joven o a una joven a elegir la vocación de su vida, ya sea como laico, laica, sacerdote o religiosa, es ayudar a asegurar que encuentre el diálogo con el Señor. Que aprenda a preguntarle al Señor: “¿Qué quieres de mí?” Esto es importante, no es una convicción intelectual, no: la elección de una vocación debe nacer del diálogo con el Señor, cualquiera que sea la vocación. El Señor me inspira a seguir una vida así, a lo largo de este camino. Y eso significa un buen trabajo para vosotros: ayudar al diálogo. Se entiende que si no dialogáis con el Señor, será bastante difícil enseñar a otros a hablar. Diálogo con el Señor.

Después, las actitudes. Trabajar con los jóvenes requiere mucha paciencia, mucha; mucha capacidad de escucha, porque a veces los jóvenes se repiten, se repiten... Paciencia y capacidad de escucha. Y luego rejuvenecerse: es decir, ponerse en movimiento, moverse con ellos. Hoy en día, el trabajo con los jóvenes, en general, de cualquier tipo, se realiza en movimiento. Cuando yo era joven, el trabajo con los jóvenes se hacía en círculos de reflexión. Nos reuníamos, reflexionábamos sobre ese tema, luego sobre otro, cada uno estudiaba el tema primero... Y estábamos satisfechos y hacíamos algunas obras de misericordia, visitas a hospitales, a alguna casa de retiro... Pero era más sedentario. Hoy los jóvenes están en movimiento, y hay que trabajar con ellos en movimiento, y tratar de ayudarlos a encontrar la vocación en sus vidas. Eso cansa... ¡Hay que cansarse! No se puede trabajar por las vocaciones sin cansarse. Es lo que la vida, la realidad, el Señor, y todos nos piden.

Luego otra cosa: el lenguaje del Señor. Hoy estuve en una reunión con la Comisión COMECE. El presidente hizo una reflexión y me dijo: “Fui a Tailandia con un grupo de 30 a 40 jóvenes para hacer reconstrucciones en el norte, para ayudar a esas personas”. “¿Y por qué hace eso?”, le pregunté. Y me dijo: “Para entender bien el lenguaje de los jóvenes”. A veces hablamos con los jóvenes tal y cómo estamos acostumbrados a hablar con los adultos. Para ellos, muchas veces nuestro idioma es “esperanto”, es como si estuviéramos hablando esperanto, porque no entienden nada. Comprender su lenguaje, que es un lenguaje pobre de comunión, porque saben mucho sobre los contactos, pero no comunican. Comunicar es quizás el reto que deberíamos tener con los jóvenes. La comunicación, la comunión. Enseñarles que la informática es buena, sí, para tener algún contacto, pero ese no es el lenguaje: es un lenguaje “gaseoso”. El lenguaje real es comunicar. Comunicar, hablar... Y este es un trabajo de filigrana, de “encaje”, como dicen aquí. Es un trabajo que hacer yendo paso a paso. También depende de nosotros entender lo que significa para una persona joven vivir siempre “en conexión”, donde la capacidad de recogerse en sí mismo se ha ido: este es un trabajo para los jóvenes. No es fácil, no es fácil, pero uno no puede ir con ideas preconcebidas o con la imposición puramente doctrinal, en el buen sentido de la palabra: “Tú debes hacer esto”. No. Debemos acompañar, guiar y ayudar para que el encuentro con el Señor les haga ver cuál es el camino en la vida. Los jóvenes son diferentes, son diferentes en todos los lugares, pero son iguales en la inquietud, en la sed de grandeza, en el deseo de hacer el bien. Todos son iguales. Hay diversidad e igualdad.

Tal vez [pueda serviros] esto que me ha salido deciros, en lugar de leer el discurso, que tendréis para reflexionar. Gracias por vuestro trabajo. No perdáis la esperanza, y seguid adelante, con alegría.

Y ahora que veo a este valiente capuchino de Islandia, terminamos con un chiste. En el norte de su tierra, hace 40 bajo cero en invierno. Y hubo uno de sus fieles que fue a comprar una nevera, y le preguntaron: “¿Pero por qué vas a comprar la nevera?” ― “¡Para calentar a mi hijo!”.

Es mediodía, recemos juntos el Regina Coeli.

Discurso del Santo Padre entregado a los presentes

Queridos hermanos y hermanas:

Saludo a todos los que participan en este congreso, que quiere promover la implementación del Sínodo de los Obispos dedicado a los jóvenes. Os agradezco el trabajo que lleváis a cabo en vuestros respectivos campos de servicio y también el esfuerzo por confrontaros y compartir experiencias. Por mi parte, me gustaría señalar algunas líneas que son particularmente importantes para mí. En la Exhortación Apostólica Christus vivit alenté «a crecer en la santidad y el compromiso con la propia vocación» (No. 3). También os aliento a vosotros que trabajáis en el llamado “viejo continente”, a creer que «todo lo que toca Cristo se vuelve joven y se llena de vida» (cf. ibíd., 1).

Las tres líneas que os indico son: la santidad, como un llamado que da sentido al camino de toda la vida; la comunión, como “humus” de vocaciones en la Iglesia; la vocación misma, como palabra clave a preservar, combinándola con las demás: “felicidad”, “libertad” y “juntos” y finalmente a declinarla como una consagración especial.

Santidad

El discurso sobre la vocación siempre nos lleva a pensar en los jóvenes, porque «la juventud es el momento privilegiado para tomar las decisiones de la vida y para responder a la llamada de Dios» (Doc. final del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, 140). Esto es bueno, pero no debemos olvidar que la vocación es un camino que dura toda la vida. De hecho, la vocación atañe al tiempo de la juventud por cuanto se refiere a la orientación y la dirección que deben tomarse en respuesta a la invitación de Dios, y atañe a la vida adulta en el horizonte de la fecundidad y el discernimiento del bien a realizar. La vida está hecha para fructificar en la caridad y esto atañe al llamado a la santidad que el Señor hace a todos, cada uno a través de su propio camino (ver Gaudete et exsultate, 10-11). Muy a menudo hemos considerado la vocación como una aventura individual, creyendo que se trata solo de “mí” y no en primer lugar de “nosotros”. En realidad, «nadie se salva solo, sino que nos convertimos en santos juntos» (ver ibíd., 6). «La vida de uno está vinculada a la vida del otro» (Gén 44,30), y es necesario que cuidemos de esta santidad común de las personas.

Comunión

La pastoral solo puede ser sinodal, es decir, conformando un “caminar juntos” (cf. Christus vivit, 206). Y la sinodalidad es hija de la comunión. Se trata de vivir más el ser hijos y la fraternidad, de fomentar la estima mutua, de valorar la riqueza de cada uno, de creer que el Resucitado puede hacer maravillas incluso a través de las heridas y la fragilidad que forman parte de la historia de todos. De la comunión de la Iglesia nacerán nuevas vocaciones. A menudo, en nuestras comunidades, en las familias, en los presbiterios, hemos pensado y trabajado con lógicas mundanas, que nos han dividido y separado. Esto también pertenece a algunas características de la cultura actual y la historia política dolorosa de Europa es una advertencia y un estímulo. Solo reconociéndonos verdaderamente comunidades (abiertas, vivas, inclusivas) seremos capaces de futuro. Los jóvenes tienen sed de esto.

Vocación

La palabra “vocación” no ha caducado. La retomamos en el último Sínodo, durante todas las fases. Pero su destino sigue siendo el pueblo de Dios, la predicación y la catequesis, y sobre todo el encuentro personal, que es el primer momento de la proclamación del Evangelio (véase Evangelii gaudium, 127-129). Conozco algunas comunidades que han optado por no pronunciar la palabra “vocación” en sus propuestas para los jóvenes, porque creen que tienen miedo de ella y no participan en sus actividades. Esta es una estrategia fallida: eliminar la palabra vocación del vocabulario de la fe significa mutilar el léxico corriendo el peligro, tarde o temprano, de no entendernos unos a otros. Necesitamos, en cambio, hombres y mujeres consagrados y apasionados, ardientes por el encuentro con Dios y transformados en su humanidad, capaces de anunciar con la vida la felicidad que proviene de su vocación.

Felicidad

Esto ―ser un signo alegre― no es del todo obvio, sin embargo, es el tema más importante para nuestro tiempo, en el que la “diosa queja” tiene muchos seguidores y nos contentamos con las alegrías pasajeras. En cambio, la felicidad es más profunda, persiste incluso cuando la alegría o el entusiasmo del momento desaparecen, incluso cuando surgen dificultades, dolor, desánimo, desilusión. La felicidad permanece porque es el mismo Jesús, cuya amistad es inquebrantable (ver Christus vivit, 154). «En el fondo –decía el Papa Benedicto XVI― queremos sólo una cosa, la vida bienaventurada, la vida que simplemente es vida, simplemente felicidad » (Enc. Spe Salvi, 11). Algunas experiencias de la pastoral juvenil y vocacional confunden la felicidad que es Jesús con la alegría emocionante y anuncian la vocación como completamente luminosa. Esto no es bueno, porque cuando uno entra en contacto con la carne sufriente de la humanidad, la propia o la de los demás, esta alegría desaparece. Otros introducen la idea de que discernir la vocación propia o caminar en la vida espiritual se trata de técnicas, de ejercicios detallados o de reglas a seguir; en realidad, «la vida que Dios nos ofrece es una invitación [...] a formar parte de una historia de amor que se entreteje con nuestras historias» (Christus vivit, 252).

Libertad

Es cierto que la palabra “vocación” puede dar miedo a los jóvenes, porque a menudo se la confunde con un proyecto que quita la libertad. Dios, en cambio, sostiene siempre la libertad de cada persona hasta el fondo (ibíd., 113). Es bueno recordarlo, especialmente cuando el acompañamiento personal o comunitario desencadena dinámicas de dependencia o, peor aún, de plagio. Esto es muy grave, porque impide el crecimiento y la consolidación de la libertad, asfixia la vida haciéndola infantil. La vocación se reconoce a partir de la realidad, escuchando la Palabra de Dios y de la historia, escuchando los sueños que inspiran decisiones, en la maravilla de reconocer, en un momento dado, que lo que realmente queremos es también lo que Dios quiere de nosotros. Desde el asombro de este punto de encuentro, la libertad se orienta a una elección disruptiva de amor y la voluntad hace que crezcan orillas capaces de contener y canalizar toda la energía vital de una persona hacia una sola dirección.

Juntos

La vocación, como ya lo hemos mencionado, nunca es solo “mía”. «Los sueños verdaderos son los sueños del “nosotros”» (Vigilia con los jóvenes italianos, 11 de agosto de 2018). Nadie puede hacer una elección de vida solo por sí mismo; la vocación es siempre para y con los demás. Creo que deberíamos reflexionar mucho sobre estos “sueños del nosotros” porque se refieren a la vocación de nuestras comunidades de vida consagrada, nuestros presbíteros, nuestras parroquias, nuestros grupos eclesiales. El Señor nunca llama solo como individuos, sino siempre dentro de una fraternidad para compartir su proyecto de amor, que es plural desde el principio porque él mismo es Trinidad misericordiosa. Creo que es muy fecundo pensar en la vocación desde esta perspectiva. Primero porque ofrece una visión misionera compartida, luego porque renueva la conciencia de que en la Iglesia nada se hace solos; de que estamos dentro de una larga historia orientada hacia un futuro que es la participación de todos. La pastoral vocacional no puede ser tarea de solo algunos líderes, sino de la comunidad: «toda pastoral es vocacional, toda formación es vocacional y toda espiritualidad es vocacional» (Christus vivit, 254).

Vocaciones a una consagración especial

«Si partimos de la convicción de que el Espíritu sigue suscitando vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, podemos “volver a echar las redes” en nombre del Señor, con plena confianza» (ibíd., 274). Quiero reiterar firmemente esta certeza mía animándoos a usar todavía más energía para iniciar procesos y ampliar espacios de fraternidad que fascinen (ver ibíd., 38) porque viven del Evangelio.

Estoy pensando en las muchas comunidades de vida consagrada que operan capilarmente en la caridad y en la misión. Pienso en la vida monástica, en la que hunde sus raíces Europa y que todavía es capaz de atraer muchas vocaciones, especialmente entre las mujeres: hay que custodiarla conservarla, valorarla y ayudarla a expresarse por lo que realmente es, una escuela de oración y comunión. Pienso en las parroquias, enraizadas en el territorio y en su fuerza para evangelizar en esta época. Pienso en el esfuerzo sincero de innumerables sacerdotes, diáconos, consagrados, consagradas y obispos «que cada día se entregan con honestidad y dedicación al servicio de los jóvenes. Su obra es un gran bosque que crece sin hacer ruido» (ibíd., 99).

No tengáis miedo de aceptar el desafío de anunciar nuevamente la vocación a la vida consagrada y al ministerio ordenado. ¡La Iglesia lo necesita! Y cuando los jóvenes se encuentran con hombres y mujeres consagrados y creíbles, no porque sean perfectos, sino porque están marcados por el encuentro con el Señor, saben cómo probar una vida diferente y preguntarse acerca de su vocación. «La Iglesia atrae la atención de los jóvenes al estar enraizada en Jesucristo. Cristo es la Verdad que hace a la Iglesia diferente de cualquier otro grupo mundano con el que nos podemos identificar» (Documento Pre-sinodal de los jóvenes, 11).

Hoy la vida de todos está fragmentada y, a veces, herida; la de la Iglesia no lo está menos. Estar enraizado en Cristo es el gran camino para dejar que su obra nos recomponga. Acompañar y formar la vocación es consentir en la obra artesanal de Cristo, que vino para traer el alegre anuncio a los pobres, para vendar las heridas de los corazones rotos, para proclamar la libertad de los esclavos y la vista de los ciegos (véase Lucas 4:18) ¡Valor, pues! ¡Cristo nos quiere vivos!

CALENDARIO

1 LUNES DE LA II SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa
de feria (morado).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. Cuaresma.
LECC.: vol. II.
La Cuaresma: Perdonar como Dios perdona para ser perdonados.
- Dan 9, 4b-10. Hemos pecado, hemos cometido crímenes.
- Sal 78. R. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
- Lc 6, 36-38. Perdonad, y seréis perdonados.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 2 de marzo, pág. 187.
CALENDARIOS: Mondoñedo-Ferrol: San Rosendo, obispo (S). Lugo, Ourense, Santiago de Compostela y Tui-Vigo: (conm.).
Bilbao y San Sebastián: San León, obispo y mártir (conm.).

TEXTOS MISA

Lunes de la II Semana de Cuaresma.

Antífona de entrada Cf. Sal 25, 11-12
Sálvame, Señor, ten misericordia de mí. Mi pie se mantiene en el camino llano; en la asamblea bendeciré al Señor.
Rédime me, Dómine, et miserére mei. Pes enim meus stetit in via recta, in ecclésiis benedícam Dóminum.

Oración colecta
Oh, Dios, que nos mandaste mortificar nuestro cuerpo como remedio espiritual, concédenos abstenemos de todo pecado y que nuestros corazones sean capaces de cumplir los mandamientos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.
Deus, qui ob animárum medélam castigáre córpora praecepísti, concéde, ut ab ómnibus possímus abstinére peccátis, et corda nostra pietátis tuae váleant exercére mandáta. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la II semana de Cuaresma (Lec. II).

PRIMERA LECTURA Dan 9, 4b-10
Hemos pecado, hemos cometido crímenes

Lectura de la profecía de Daniel.

¡Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos!
Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.
Tú, mi Señor, tienes razón y a nosotros nos abruma la vergüenza, tal como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los de cerca y a los de lejos, en todos los países por donde los dispersaste a causa de los delitos que cometieron contra ti.
Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti.
Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 78, 8. 9. 11 y 13 (R.: cf. Sal 102, 2a)
R.
Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.

V. No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados.
R. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.

V. Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa e tu nombre.
R. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.

V. Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte.
R. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.

V. Nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
contaremos tus alabanzas de generación en generación.
R. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.

Versículo antes del Evangelio Cf. Jn 6, 63c. 68c
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.
Verba tua, Dómine, spíritus et vita sunt; verba vitae aeternae habes.

EVANGELIO Lc 6, 36-38
Perdonad, y seréis perdonados
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Papa Francisco, Homilía en santa Marta 19-marzo-2019
Debemos aprender la sabiduría de la generosidad, camino maestro para renunciar a las murmuraciones, en las que juzgamos continuamente, condenamos continuamente y difícilmente perdonamos. El Señor nos enseña: "Dad, y se os dará", sed generosos al dar. No seáis "bolsillos cerrados"; sed generosos al dar a los pobres, a los que pasan necesidad, y también darles otras cosas: dar consejos, dar sonrisas a la gente, sonreír. Siempre dar, dar. "Dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante", porque el Señor será generoso: nosotros damos uno y Él nos dará el ciento por uno de todo lo que demos. Esa es la actitud que blinda el no juzgar, el no condenar y el perdonar. La importancia de la limosna, pero no solo la limosna material, sino también la limosna espiritual; perder el tiempo con otro que lo necesita, visitar a un enfermo, sonreír.


Oración de los fieles
Oremos a Dios Padre, que no nos trata como merecen nuestros pecados.
- Para que la Iglesia se sienta responsable frente al pecado del mundo y sepa interceder y pedir por todos ante el Señor. Roguemos al Señor.
- Para que los hombres tomen conciencia del propio pecado y procuren convertirse. Roguemos al Señor
- Para que los que ejercen autoridad y poder escuchen los gemidos de los que sufren y los ayuden según sus posibilidades. Roguemos al Señor.
- Para que el Espíritu cree en nosotros un corazón compasivo y misericordioso, semejante al del Padre que está en los cielos. Roguemos al Señor.
Socórrenos, Dios Salvador nuestro, y perdónanos nuestras culpas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Acoge, Señor, nuestra oración y libra de las seducciones del mundo a los que concedes servirte con los santos misterios del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Preces nostras, Dómine, propitiátus admítte, et a terrénis éffice illécebris liberátos, quos caeléstibus tríbuis servíre mystériis. Per Christum.

PREFACIO II DE CUARESMA
LA PENITENCIA ESPIRITUAL
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque has establecido generosamente este tiempo de gracia para renovar en santidad a tus hijos, de modo que, libres de todo afecto desordenado, mientras se ocupan de las realidades temporales no dejen sobre todo de adherirse a las eternas.
Por eso, con los santos y con todos los ángeles, te alabamos, diciendo sin cesar:

Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Qui fíliis tuis ad reparándam méntium puritátem, tempus praecípuum salúbriter statuísti, quo, mente ab inordinátis afféctibus expedíta, sic incúmberent transitúris ut rebus pótius perpétuis inhaerérent.
Et ídeo, cum Sanctis et Angelis univérsis, te collaudámus, sine fine dicéntes:

Santo, Santo, Santo...

PLEGARIA EUCARÍSTICA II.

Antífona de comunión Cf. Lc 6, 36

Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso, dice el Señor.
Estóte misericórdes, sicut et Pater vester miséricors est, dicit Dóminus.

Oración después de la comunión
Señor, que esta comunión nos limpie de pecado y nos haga partícipes de las alegrías del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Haec nos commúnio, Dómine, purget a crímine, et caeléstis gáudii fáciat esse consórtes. Per Christum.

Oración sobre el pueblo
Se puede añadir ad libitum.
V. El Señor esté con vosotros. R.
V. Inclinaos para recibir la bendición.
Afianza, Señor, el corazón de tus fieles y fortalécelos con el poder de tu gracia, para que se entreguen con fervor a la plegaria y se amen con amor sincero. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Confírma, Dómine, quaesumus, tuórum corda fidélium, et grátiae tuae virtúte corróbora, ut et in tua sint supplicatióne devóti, et mútua dilectióne sincéri. Per Christum.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo +, y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. R.

MARTIROLOGIO

Elogios del 2 de marzo

1. En Neocesarea, en el Ponto, san Troadio, mártir en la persecución bajo el emperador Decio, cuyo combate ha testimoniado san Gregorio Taumaturgo (c. 250).
2. En Lichfield, en Inglaterra, san Ceada, obispo, que en momentos difíciles ejerció el oficio episcopal en las provincias de Mercia, Lindisfarne y del centro de Inglaterra, desempeñando este ministerio con gran perfección de vida, según los ejemplos de los antiguos padres (672).
3*. En Agira, en Sicilia, san Lucas Casali de Nicosia, monje, célebre por su humildad y demás virtudes (s. IX).
4. En Praga, de Bohemia, santa Inés, abadesa, hija del rey Otokar, que, tras haber renunciado a nupcias reales y deseosa de desposarse con Jesucristo, abrazó la Regla de santa Clara en el monasterio edificado por ella misma, donde quiso observar la pobreza conforme a la regla (c. 1282).
5*. En Brujas, en Flandes, beato Carlos Bono, el cual, siendo príncipe de Dinamarca y después conde de Flandes, se mostró paladín de la justicia y defensor de los pobres, hasta que fue asesinado por unos soldados a los que él impelía hacia la paz que ellos rechazaban (1127).
6*. En Sevilla, en España, beata Ángela de la Cruz Guerrero González, [canonizada, se celebra en España el 5 de noviembre, como memoria libre] fundadora del Instituto de las Hermanas de la Cruz, que no se reservó ningún derecho para sí sino que lo dejó todo para los pobres, a los cuales acostumbraba llamar sus señores, y los servía de verdad (1932).