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Domingo 26 mayo 2019, VI Domingo de Pascua, ciclo C.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Miércoles 26 junio 2019, Miércoles de la XII semana del Tiempo Ordinario, feria o san Pelayo, mártir, memoria libre (España), (o san Josemaría Escrivá, presbítero).

SOBRE LITURGIA

VIAJE APOSTÓLICO A IRLANDA (29 DE SEPTIEMBRE - 1 DE OCTUBRE)
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS SACERDOTES, RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS
Maynooth, Lunes 1 de octubre de 1979

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo:

1. El nombre de Maynooth es muy estimado en todo el mundo católico. Nos recuerda lo que hay de más noble en el sacerdocio católico de Irlanda. Aquí vienen seminaristas de todas las diócesis irlandesas, hijos de familias católicas que eran ellas mismas verdaderos "seminarios", verdaderos viveros de vocaciones sacerdotales y religiosas. De aquí han partido sacerdotes hacia todas las diócesis irlandesas y hacia las diócesis de la diáspora.

Maynooth, en este siglo, ha dado origen a dos nuevas sociedades misioneras, una dirigida inicialmente hacia China, y otra hacia África; y ha enviado centenares de sus alumnos como voluntarios a esas misiones. Maynooth es una escuela de santidad sacerdotal, una academia de enseñanza teológica, una universidad de inspiración católica. El colegio de San Patricio es un lugar de empresas importantes, que promete un futuro justo y grande.

Por esto Maynooth es precisamente el lugar apropiado para el encuentro con los sacerdotes, diocesanos y religiosos, con los hermanos religiosos y con las religiosas, misioneros y seminaristas; y para hablar con ellos. Habiendo vivido durante algún tiempo, cuando como sacerdote estudiaba en París, en una atmósfera de seminario irlandés —el Collège Irlandais de París, actualmente prestado por los obispos irlandeses a la jerarquía de Polonia—, experimento ahora una profunda alegría al encontrarme con vosotros aquí en el seminario nacional de Irlanda.

2. Mis primeras palabras se dirigen a los sacerdotes, diocesanos y religiosos. Os digo lo que San Pablo dijo a Timoteo. Os pido "que hagáis revivir la gracia de Dios que hay en vosotros por la imposición de las manos (del obispo)" (2 Tim 1, 6). Jesucristo mismo, único Sumo Sacerdote, dijo: "Yo he venido a echar fuego en la tierra, ¿y qué he de querer sino que se encienda?" (Lc 12, 49). Vosotros participáis de su sacerdocio; proseguís su obra en el mundo. Su obra no puede ser realizada por sacerdotes tibios o apáticos. Debe arder en vosotros su fuego de amor por el Padre y por los hombres. Debe consumiros su deseo de salvar a la humanidad. Vosotros estáis llamados por Cristo como lo estuvieron los Apóstoles. Como ellos estáis destinados a estar con Cristo. Como ellos sois enviados a ir en su nombre y con su autoridad para hacer discípulos de todas las naciones (cf. Mt 10, 1; 28, 19; Mc 3, 13-16). Vuestro primer deber es estar con Cristo. Cada uno de vosotros está llamado a ser "un testigo con nosotros de su resurrección" (Act 1, 22). Un peligro constante para los sacerdotes, aun celosos, es sumergirse de tal manera en el trabajo del Señor, que olviden al Señor del trabajo.

Debemos encontrar tiempo, debemos crear tiempo para estar con el Señor en la oración. Siguiendo el ejemplo del mismo Señor Jesús, debemos "retirarnos a lugares solitarios para darnos a la oración" (Lc 5, 16). Sólo si dedicamos tiempo al Señor, nuestro ser enviados a los hombres, será también llevarle a los demás.

3. Estar con el Señor es siempre también ser enviados por El, a realizar su obra. El sacerdote es llamado por Cristo; el sacerdote está con Cristo. El sacerdote es enviado por Cristo. El sacerdote es enviado con la fuerza de aquel Espíritu Santo que guió incansablemente a Jesús a lo largo de los caminos de la vida. de los caminos de la historia. Cualquiera sean las dificultades, las desilusiones, los contratiempos, nosotros sacerdotes encontramos en Cristo y en la potencia de su Espíritu la fuerza de "fatigarnos, luchando con su eficacia, que obra poderosamente en mí" (Col 1, 29).

Como sacerdotes, vosotros sois elegidos para ser Pastores de un pueblo fiel que continúa respondiendo generosamente a vuestro ministerio, y que constituye una ayuda válida para vuestra misma vocación sacerdotal, mediante la fe y la oración. Si tratáis de ser el tipo de sacerdotes que vuestro pueblo espera y desea que seáis; entonces seréis sacerdotes santos. El nivel de la práctica religiosa en Irlanda es elevado. Por esto debemos dar gracias siempre al Señor. Pero ese nivel. ¿se mantendrá siempre alto? Los jóvenes y las jóvenes de las nuevas generaciones, ¿seguirán siendo fieles como lo fueron sus padres? Después de haber pasado dos días en Irlanda, después de haberme encontrado con la juventud irlandesa en Galway, tengo confianza de que será así. Pero esto requerirá por vuestra parte un trabajo incesante y una oración apremiante. Debéis trabajar con la convicción de que esta generación, este decenio de los años ochenta en el que vamos a entrar, podría ser crucial y decisivo para el futuro de la fe en Irlanda. Que no nos vanagloriemos de ello. Como dijo San Pablo, "velad y estad firmes en la fe, obrando varonilmente y mostrándoos fuertes" (1 Cor 16, 13). Trabajad con confianza, trabajad con alegría. Somos testigos de la resurrección de Cristo.

4. Lo que el pueblo espera de vosotros, más que de ningún otro, es la fidelidad al sacerdocio. Esta es un modo de hacer conocer a la gente la fidelidad de Dios. Esta la hace fuerte para ser fiel a Cristo a través de todas las dificultades de la vida, las dificultades que la gente siente en su matrimonio. En un mundo tan marcado por la inestabilidad, como el de hoy, nosotros tenemos necesidad de más signos y de más testigos de la fidelidad de Dios en relación con nosotros, y de la fidelidad que le debemos a El. Hay algo que causa gran tristeza a la Iglesia; una angustia frecuentemente silenciosa, pero grande en el Pueblo de Dios: cuando los sacerdotes desmayan en la fidelidad de su compromiso sacerdotal. Este anti-signo, este anti-testimonio están entre los motivos del retroceso de las grandes esperanzas. de nueva vida que brotaron en la Iglesia del Concilio Ecuménico Vaticano II. Por el contrario, el Concilio ha aconsejado a los sacerdotes y a toda la Iglesia una oración más intensa y frecuente; porque se nos ha enseñado que sin Cristo no podemos hacer nada (cf. Jn 15, 5).

Y la fidelidad de la inmensa mayoría de los sacerdotes ha demostrado con claridad aún mayor y con un testimonio tanto más patente la fidelidad de la Iglesia a Dios y a Cristo, testigo fiel (cf. Ap 1, 5).

5. En un centro de estudios teológicos, que es además un seminario como Maynooth, este testimonio de fidelidad tiene importancia ulterior y un valor especial respecto a los candidatos al sacerdocio para convencerles de la grandeza y de la fuerza representada por la fidelidad sacerdotal. Aquí en Maynooth el aprendizaje teológico, al ser parte de la formación al sacerdocio, está bien lejos de presentarse como una investigación académica puramente intelectual. Aquí la asistencia a los cursos teológicos está vinculada a la liturgia, a la oración, a la construcción de una comunidad de fe y de amor, y así a la edificación del sacerdocio irlandés y consiguientemente a la edificación de la Iglesia.

Mi invitación de hoy es una invitación a orar. Sólo en la oración podremos cumplir con los deberes de nuestro ministerio y responder a las esperanzas del mañana. Todas nuestras llamadas a la paz y a la reconciliación sólo tendrán eficacia por la oración.

El estudio de teología, aquí y en todas partes de la Iglesia, es una reflexión sobre la fe, una reflexión en la fe. Una teología que no profundice en la fe, que no conduzca a orar, puede ser un discurso de palabras sobre Dios; pero no será jamás un verdadero discurso en torno a Dios, al Dios vivo, al Dios que es, y cuyo ser es el amor. De aquí se sigue que la teología puede ser auténtica sólo en la Iglesia, comunidad de fe. Sólo cuando la enseñanza de los teólogos está conforme con la enseñanza de los obispos unidos con el Papa, el Pueblo de Dios puede saber con certeza que esta enseñanza es "la fe, que una vez para siempre ha sido dada a los santos" (Jds 3). Esta no es una limitación para los teólogos, sino una liberación, porque les preserva de las modas mutables y los mantiene vinculados con seguridad a la verdad inmutable de Cristo, la verdad que nos hace libres (cf. Jn 8, 32).

6. En Maynooth, en Irlanda, hablar de sacerdocio es hablar de misión. Irlanda nunca ha olvidado que "la Iglesia peregrina es misionera por su misma naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre" (Ad gentes, 2).

En los siglos IX y X, los monjes irlandeses volvieron a encender la luz de la fe en regiones donde su llama había menguado o se había extinguido, después de la caída del Imperio romano, y evangelizaron nuevas naciones todavía no evangelizadas, incluida el área de mi Polonia natal. Cómo podría olvidar que allí hubo un monasterio irlandés, precisamente en Kiev ya en el siglo XIII; y que allí hubo incluso un colegio irlandés, durante un breve período, en mi propia ciudad de Cracovia, durante la persecución de Cronwel. En los siglos XVIII y XIX, sacerdotes irlandeses acompañaron a sus emigrantes en todo el mundo de lengua inglesa. En el siglo XX nuevos institutos misioneros masculinos y femeninos han florecido en Irlanda y ellos, junto con las secciones irlandesas de institutos misioneros internacionales y con las congregaciones religiosas irlandesas ya existentes, han dado un nuevo ímpetu misionero a la Iglesia.

Que el espíritu misionero nunca venga a menos en los corazones de los sacerdotes irlandeses, sean miembros de institutos misioneros, o del clero diocesano, o de congregaciones religiosas dedicadas a otros apostolados. Que todos vosotros estimuléis activamente este espíritu en medio de los laicos, ya tan devotos en sus oraciones, ya tan generosos en su ayuda a las misiones. Que el espíritu de coparticipación crezca entre las diócesis y congregaciones religiosas en la misión total de la Iglesia, hasta que cada una de las Iglesias diocesanas locales y cada una de las congregaciones y comunidades religiosas sea vista como misionera por su propia naturaleza, viniendo a encontrarse en el auténtico movimiento misionero de la Iglesia universal. He sabido con gran satisfacción que la Unión Misionera Irlandesa trata de dar vida a un centro misionero nacional con la doble finalidad de una renovación misionera realizada por los mismos misioneros y de un impulso a la conciencia misionera entre el clero, religiosos y fieles de la Iglesia irlandesa. Que este trabajo tenga la bendición de Dios. Que contribuya a una grande y nueva expansión de fervor misionero, y a una nueva oleada de vocaciones misioneras del territorio de esta gran patria de la fe, que es Irlanda.

7. Quiero decir una palabra especial a los Hermanos religiosos. El decenio pasado ha introducido grandes cambios y con ellos problemas y dificultades sin precedentes por cuanto concierne a vuestra experiencia pasada. Yo os pido que no perdáis el ánimo. Sed hombres de gran fe, de grande e indefectible esperanza: "Que el Dios de la esperanza os llene de cumplida alegría y paz en la fe para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo" (Rom 15, 13).

El último decenio ha traído también una gran renovación en la comprensión de vuestra santa vocación, una gran profundización de vuestra vida litúrgica y de vuestra oración, una gran extensión del ámbito de vuestra influencia apostólica: pido al Señor que os bendiga con una fidelidad renovada a la vocación por todos vuestros méritos y que aumente las vocaciones de vuestros nuevos institutos. La Iglesia en Irlanda y en las misiones debe mucho a todos los institutos de Hermanos laicos. Vuestra llamada a la santidad es un precioso adorno de la Iglesia. Creed en vuestra vocación. Sed fieles. "Fiel es el que os llama, que también lo cumplirá" (1 Tes 5, 24).

8. También las religiosas han conocido años de búsqueda, y a veces quizás de incertidumbre y de inquietud. Estos han sido también años de purificación.

Rezo para que entremos en un período de consolidación y de construcción. Muchas de vosotras estáis comprometidas en el apostolado de la educación y en la atención pastoral de la juventud. No tengáis dudas sobre la importancia que sigue teniendo este apostolado especialmente en la moderna Irlanda donde la juventud constituye una parte tan numerosa e importante de la población. La Iglesia ha recordado repetidamente a las religiosas, en muchos documentos recientes de carácter solemne, la importancia primordial de la educación ha invitado a las congregaciones masculinas y femeninas, dotadas de tradición y carisma educacional, a perseverar en esa vocación y a redoblar su compromiso en esa línea. Lo mismo puede decirse de los apostolados tradicionales entre enfermos, recién nacidos, ancianos, minusválidos y pobres. Estos no se deben descuidar mientras se establecen nuevas formas de apostolado. Como dice el Evangelio, debéis "sacar de vuestro tesoro lo nuevo y lo añejo" (cf. Mt 13, 52). Debéis ser valientes en vuestras empresas apostólicas, no dejando que las dificultades, la escasez de personal, la inseguridad del futuro puedan deteneros o deprimiros.

Pero recordad siempre que el primen campo de vuestro apostolado es vuestra vida personal. Aquí es donde ante todo el mensaje del Evangelio debe ser predicado y vivido. Vuestro primer deber apostólico es vuestra propia santificación. Ningún cambio en la vida religiosa tiene importancia alguna si no es también una conversión de vosotras mismas a Cristo. Ningún movimiento de la vida religiosa tiene valor alguno si no es simultáneamente un movimiento hacia el interior, hacia el "centro" profundo de vuestra existencia, donde Cristo tiene su morada. No es lo que hacéis lo que más importa, sino lo que sois como mujeres consagradas al Señor. Cristo se ha consagrado a Sí mismo por vosotras, para que también vosotras "podáis ser consagradas en la verdad" (cf. Jn 17, 19).

9. A vosotras y a los sacerdotes, diocesanos y religiosos, os digo: alegraos de ser testigos de Cristo en el mundo moderno. No dudéis en haceros reconocer e identificar por las calles, como hombres y mujeres que han consagrado su vida a Dios y han dejado todo lo de este mundo para seguir a Cristo. Creed en el valor que tienen para los hombres y mujeres de nuestro tiempo los signos visibles de vuestra vida consagrada. La gente necesita signos y señales de Dios en esta moderna ciudad secular en la que quedan bien pocos signos que llevan al Señor. ¡No contribuyáis a esa tendencia a "retirar a Dios de las calles", adoptando vosotros mismos modos seculares de vestir o de comportaros!

10. Mi bendición especial y mis saludos se dirigen a los monjes y monjas de clausura y contemplativos. Os doy las gracias por lo que habéis hecho por mí con vuestra vida de oración y sacrificio, desde el comienzo de mi ministerio papal. Yo afirmo que el Papa y la Iglesia tienen necesidad de vosotros. Vosotros estáis sobre todo en esa "grande, intensa y creciente oración" a la que he hecho una llamada en la Encíclica Redemptor hominis. La vocación contemplativa nunca ha sido más preciosa e importante, que cuando no lo es en nuestro Inundo moderno y sin paz. Que aquí sean llamados a la vida contemplativa muchos muchachos y muchachas irlandeses en este tiempo en el que el futuro de la Iglesia y de la humanidad depende de la oración.

Repito con alegría a todos los contemplativos, en esta fiesta de Santa Teresa de Lisieux, las palabras que dirigí a las religiosas de Roma: «Os encomiendo la Iglesia, os encomiendo los hombres y el mundo. A vosotras, a vuestro "holocausto" me encomiendo yo mismo, Obispo de Roma. Estad conmigo, cercanas a mí, vosotras que estáis "en el corazón de la Iglesia". Que en la vida de cada una se realice lo que fue programa de Santa Teresa del Niño Jesús: "in corde Ecclesiae amor ero: en el corazón de la Iglesia seré amor"» .

La mayor parte de lo que he dicho se entiende también para los seminaristas. Vosotros os preparáis para el don total de vosotros mismos a Cristo y al servicio de su Reino. Lleváis a Cristo el don de vuestro entusiasmo y vitalidad juvenil. En vosotros Cristo es eternamente joven y a través de vosotros rejuvenece a la Iglesia. No le defraudéis.

No defraudéis al pueblo que está esperando que le llevéis a Cristo. No desacreditéis a vuestra generación de jóvenes, hombres y mujeres irlandeses. Llevad a Cristo a los jóvenes de vuestra generación como única respuesta a sus esperanzas. Cristo os mira y os ama. No hagáis como el joven en el Evangelio que se marchó triste "porque tenía muchos bienes" (cf. Mt 19, 22). Al contrario, ofreced todos vuestros tesoros de mente, de corazón, de energía a Cristo, a fin de que se sirva de ellos para atraer a Sí a todos los hombres (cf. Jn 12, 32).

A todos vosotros os digo: éste es un tiempo maravilloso para la historia de la Iglesia. Este es un tiempo maravilloso para ser sacerdote, para ser religioso, para ser misionero de Cristo. Alegraos siempre en el Señor. Alegraos en vuestra vocación. Os repito las palabras del Apóstol Pablo: "Alegraos siempre en el Señor: de nuevo os digo: alegraos... Por nada os inquietéis, sino que en todo tiempo, en la oración y en la plegaria sean presentadas a Dios vuestras peticiones acompañadas de acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guarde vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Flp 4, 4-7).

María, Madre de Cristo, Sacerdote Eterno, Madre de los sacerdotes y de los religiosos, os mantenga lejos de toda preocupación, mientras "esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo". Confiaos a Ella, como yo os encomiendo a Ella, María, Madre de Jesús y Madre de su Iglesia.

CALENDARIO

26 MIÉRCOLES DE LA XII SEMANA DEL T. ORDINARIO, feria o SAN PELAYO, mártir, memoria libre

Misa
de feria (verde) o de la memoria (rojo).
MISAL: para la feria cualquier formulario permitido (véase pág. 68, n. 5) / para la memoria 1ª orac. prop. y el resto del común de mártires (para un mártir) o de un domingo del T.O., Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. III-impar.
- Gén 15, 1-12. 17-18.
Abrahán creyó a Dios y le fue contado como justicia; y el Señor concertó alianza con él.
- Sal 104. R. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
- Mt 7, 15-20. Por sus frutos los conoceréis.
o bien:
cf. vol. IV.

Liturgia de las Horas: oficio de feria o de la memoria.

Martirologio: elogs. del 27 de junio, pág. 383.
CALENDARIOS: Prelatura de la Santa Cruz y del Opus Dei: San Josemaría Escrivá de Balaguer, presbítero (S). Madrid, Getafe y Zaragoza: (MO). Alcalá, Asidonia-Jerez, Barcelona, Barbastro-Monzón, Burgos, Cádiz y Ceuta, Calahorra y La Calzada-Logroño, Cartagena, Coria-Cáceres, Cuenca, Girona, Huelva, Lleida, Mallorca, Mérida-Badajoz, Pamplona y Tudela, Sant Feliu de Llobregat, Segovia, Sevilla, Tarragona, Terrassa, Tortosa, Urgell y Vic: (ML).
Córdoba y Tui-Vigo: San Pelayo, mártir (MO). Oviedo: (ML).
Paúles e Hijas de la Caridad: Beatas María de la Magdalena Fontaine y compañeras, vírgenes y mártires (ML).
Terrassa: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Salvador Cristau Coll, obispo auxiliar (2010).

TEXTOS MISA

Misa de la feria: de la XII semana del T. Ordinario (o de otro Domingo del T. Ordinario).

Memoria de san Pelayo:
26 de junio
San Pelayo, mártir

Oración colecta propia, el resto del común de mártires: I. Fuera del Tiempo Pascual; B. Para un mártir 1.

Antífona de entrada
Este santo luchó hasta la muerte en defensa de la ley de Dios y no temió las palabras de los malvados: estaba cimentado sobre roca firme.
Iste sanctus pro lege Dei sui certávit usque ad mortem, et a verbis impiórum non tímuit; fundátus enim erat supra firmam petram.
O bien: Cf. Sab 10, 12
El Señor lo puso en un duro combate, para que venciera, pues la sabiduría es más fuerte que todo.
Certámen forte dedit illi Dóminus, ut víncere sciret, quóniam ómnium poténtior est sapiéntia.

Monición de entrada
Conmemoramos en esta celebración a san Pelayo, mártir, que, nacido en Galicia, fue llevado a la cárcel de Córdoba con su tío Hermigio, obispo de Tuy. Allí, a los trece años, por querer conservar su fe en Cristo y su castidad ante las costumbres deshonestas del califa, consumó su martirio al ser despedazado con tenazas en el año 925. Su cuerpo fue trasladado a León, y más tarde a Oviedo, donde se venera actualmente en el monasterio de benedictinas que lleva su nombre.

Oración colecta
Señor, Padre nuestro, que prometiste a los limpios de corazón la recompensa de ver tu rostro, concédenos tu gracia y tu fuerza para que, a ejemplo de san Pelayo, mártir, antepongamos tu amor a las seducciones del mundo y guardemos el corazón limpio de todo pecado. Por nuestro Señor Jesucristo.

Misa de san Josemaría:
Esta memoria se puede celebrar en la feria del Tiempo Ordinario, como todo santo incluido en el Martirologio (cfr. O.G.M.R. 355, c.)

En la Prelatura del Opus Dei se celebra como solemnidad, con las lecturas propias.

26 de junio
San Josemaría Escrivá de Balaguer, presbítero.

Antífona de entrada Jr 3, 15
Os daré pastores conforme a mi corazón, que os apacienten con ciencia y experiencia.
Dabo vobis pastóres iuxta cor meum, et pascent vos sciéntia et doctrina.

Monición de entrada
Celebramos hoy a san Josemaría Escrivá de Balaguer, presbítero, fundador del Opus Dei y de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, que en el siglo XX proclamó la llamada universal a la santidad y al apostolado, enseñando a hacer del propio trabajo lugar de encuentro con Dios.

Oración colecta
Oh, Dios, que has suscitado en la Iglesia a san Josemaría, sacerdote, para proclamar la vocación universal a la santidad y al apostolado, concédenos, por su intercesión y su ejemplo, que en el ejercicio del trabajo ordinario nos configuremos a tu Hijo Jesucristo y sirvamos con ardiente amor a la obra de la Redención. Por nuestro Señor Jesucristo.
Deus, qui sanctum Iosephmaríam, presbýterum, universális vocatiónis ad sanctitátem et ad apostolátum in Ecclésia præcónem effecísti, eius intercessióne et exémplo concéde, ut, per cotidiánum labórem Iesu Fílio tuo configurémur et redemptiónis óperi ardénti amóre serviámus. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Miércoles de la XII semana del Tiempo Ordinario, año impar (Lec. III-impar).

PRIMERA LECTURA Gén 15, 1-12. 17-18
Abrahán creyó a Dios y le fue contado como justicia; y el Señor concertó alianza con él
Lectura del libro del Génesis.

En aquellos días, el Señor dirigió a Abrán, en una visión, la siguiente palabra:
«No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante».
Abrán contestó:
«Señor Dios, ¿qué me vas a dar si soy estéril, y Eliezer de Damasco será el amo de mi casa?».
Abrán añadió:
«No me has dado hijos, y un criado de casa me heredará».
Pero el Señor le dirigió esta palabra:
«No te heredará ese, sino que uno salido de tus entrañas será tu heredero».
Luego lo sacó afuera y le dijo:
«Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas».
Y añadió:
«Así será tu descendencia».
Abrán creyó al Señor y se le contó como justicia. Después le dijo:
«Yo soy el Señor que te saqué de Ur de los caldeos, para
darte en posesión esta tierra».
É1 replicó:
«Señor Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla?».
Respondió el Señor:
«Tráeme una novilla de tres años, una cabra de tres años, un
carnero de tres años, una tórtola y un pichón». Él los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres y Abrán los espantaba.
Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán y un terror intenso y oscuro cayó sobre él.
El sol se puso y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.
Aquel día el Señor concertó alianza con Abrán en estos términos:
«A tu descendencia le daré esta tierra, desde el río de Egipto al gran río Éufrates».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9 (R.: 8a)
R. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Memor fuit Dóminus in sæculum testaménti sui.
O bien: Aleluya.

V. Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas.
R. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Memor fuit Dóminus in sæculum testaménti sui.

V. Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
R. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Memor fuit Dóminus in sæculum testaménti sui.

V. ¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra.
R. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Memor fuit Dóminus in sæculum testaménti sui.

V. Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac.
R. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
Memor fuit Dóminus in sæculum testaménti sui.

Aleluya Jn 15, 4a. 5B
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Permaneced en mí y yo en vosotros -dice el Señor-; el que permanece en mí da fruto abundante. R.
Manéte in me, et ego in vobis, dicit Dóminus: qui manet in me fert fructum multum.

EVANGELIO Mt 7, 15-20
Por sus frutos los conoceréis
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces.
Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Catecismo de la Iglesia Católica
2005 Siendo de orden sobrenatural, la gracia escapa a nuestra experiencia y sólo puede ser conocida por la fe. Por tanto, no podemos fundarnos en nuestros sentimientos o nuestras obras para deducir de ellos que estamos justificados y salvados (cf Cc. de Trento: DS 1533 - 34). Sin embargo, según las palabras del Señor: "Por sus frutos los conoceréis" (Mt 7, 20), la consideración de los beneficios de Dios en nuestra vida y en la vida de los santos nos ofrece una garantía de que la gracia está actuando en nosotros y nos incita a una fe cada vez mayor y a una actitud de pobreza confiada:
Una de las más bellas ilustraciones de esta actitud se encuentra en la respuesta de Santa Juana de Arco a una pregunta capciosa de sus jueces eclesiásticos: "Interrogada si sabía que estaba en gracia en Dios, responde: `si no lo estoy, que Dios me quiera poner en ella; si estoy, que Dios me quiera guardar en ella'" (Juana de Arco, proc.).

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario XX
Oremos a Dios Padre.
- Por los pastores de la Iglesia. Roguemos al Señor.
- Por los gobernantes de las naciones. Roguemos al Señor.
- Por los que no tienen trabajo. Roguemos al Señor.
- Por nosotros, aquí reunidos. Roguemos al Señor.
Socórrenos, Señor, para que podamos alegrarnos con tus beneficios. Por Jesucristo nuestro Señor.

Misa de san Pelayo:
Oración sobre las ofrendas
Santifica con la eficacia de tu bendición, Señor, estos dones que, por tu gracia, han de encender en nosotros aquel fuego de tu amor que dio fuerza a san N., para vencer todos los tormentos corporales. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Obláta múnera, quaesumus, Dómine, tua benedictióne sanctífica, quae, te donánte, nos illa flamma tuae dilectiónis accéndat, per quam sanctus N. torménta sui córporis univérsa devícit. Per Christum.
O bien:
Acepta, Señor, los dones que te presentamos en la memoria de tu mártir san N. para que sean ofrenda tan grata a tu majestad como preciosa fue su sangre derramada. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Accépta tibi sint, quaesumus, Dómine, múnera, quae in commemoratióne beáti mártyris tui N. deférimus, ut eo maiestáti tuae sint plácita, sicut illíus effúsio sánguinis apud te éxstitit pretiósa. Per Christum.

PREFACIO I DE LOS SANTOS MÁRTIRES
Significado y ejemplaridad del martirio
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque la sangre del glorioso mártir san N., derramada, como la de Cristo, para confesar tu nombre, manifiesta las maravillas de tu poder; pues en su martirio, Señor, has sacado fuerza de lo débil, haciendo de la fragilidad tu propio testimonio; por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, con las virtudes del cielo te aclamamos continuamente en la tierra, alabando tu gloria sin cesar:
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Quóniam beáti mártyris N. pro confessióne nóminis tui, ad imitatiónem Christi, sanguis effúsus tua mirabília maniféstat, quibus pérficis in fragilitáte virtútem, et vires infírmas ad testimónium róboras, per Christum Dóminum nostrum.
Et ídeo, cum caelórum Virtútibus, in terris te iúgiter celebrámus, maiestáti tuae sine fine clamántes:
R. Santo, Santo, Santo...


Antífona de comunión Cf. Mt 16, 24
Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga, dice el Señor.
Qui vult veníre post me, ábneget semetípsum, et tollat crucem suam, et sequátur me, dicit Dóminus.
O bien: Cf. Mt 10, 39
El que pierda su vida por mí, la encontrará para siempre, dice el Señor.
Qui perdíderit ánimam suam propter me, dicit Dóminus, invéniet eam in aetérnum.

Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor, que los sacramentos recibidos nos den aquella fortaleza de espíritu que hizo a tu mártir san N. fiel en tu servicio y victorioso en el martirio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Praestent nobis, quaesumus, Dómine, sacra mystéria quae súmpsimus eam ánimi fortitúdinem, quae beátum N. mártyrem tuum réddidit in tuo servítio fidélem et in passióne victórem. Per Christum.

Misa de san Josemaría:
Oración sobre la ofrendas
Recibe, Padre santo, estos dones que te ofrecemos en la conmemoración de san Josemaría, para que, por el sacrificio de Cristo ofrecido en el ara de la Cruz, que se hace presente en el sacramento quieras santificar todas nuestras obras. Por Jesucristo nuestro Señor.
Suscipe, Sancte Pater, haec munera, quae tibi in commemoratione sancti Iosephmariae offerimus tu, per sacrificium a Christo in ara crucis oblatum, quod in sacramento repraesentatur, cuncta quae agimus sanctificare digneris. Per Christum.

PREFACIO DE LOS SANTOS PASTORES
La presencia de los santos Pastores en la Iglesia
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque nos concedes la alegría de celebrar hoy la fiesta de san Josemaría, fortaleciendo a tu Iglesia con el ejemplo de su vida, instruyéndola con su palabra y protegiéndola con su intercesión.
Por eso, con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Quia sic tríbuis Ecclésiam tuam sancti N. festivitáte gaudére, ut eam exémplo piae conversatiónis corróbores, verbo praedicatiónis erúdias, gratáque tibi supplicatióne tueáris.
Et ídeo, cum Angelórum atque Sanctórum turba, hymnum laudis tibi cánimus, sine fine dicéntes:
R. Santo, Santo, Santo...


Antífona de comunión Mt 20, 28
El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.
Filius hóminis non venit ministrári, sed ministráre, et dare ánimam suam redemptiónem pro multis.

Oración después de la Comunión
Oremos: Señor Dios nuestro, los sacramentos que hemos recibido en la celebración de San Josemaría, fortalezcan en nosotros el espíritu de hijos adoptivos para que, fielmente unidos a tu voluntad, recorramos con alegría el camino de la santidad. Por Jesucristo nuestro Señor.
Sacramenta, quae sumpsimus, Domine Deus noster, in celebratione sancti Iosephmariae, spiritum adoptionis filiorum in nobis corroborent, tu, voluntati tuae fideliter inhaerentes, in sanctitatis via laeti ambulemus. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 27 de junio
S
an Cirilo, obispo y doctor
de la Iglesia, que elegido para ocupar la sede de Alejandría, en Egipto, trabajó con empeño para mantener íntegra la fe católica, y en el Concilio de Éfeso defendió los dogmas de la unidad de persona en Cristo y la divina maternidad de la Virgen María (444).
2. En Cartago, santa Gudena, mártir, la cual, por orden del prefecto Rufino, fue sometida por cuatro veces al suplicio del potro, lacerada con garfios, vejada con varias pruebas en la cárcel y, finalmente, degollada (203).
3. En Córdoba, en la provincia hispánica de Bética, san Zoilo, mártir (303).
4. En Constantinopla, san Sansón, presbítero, amigo de los pobres, que habiendo sanado de una enfermedad al emperador Justiniano, logró que éste levantase un hospital (560).
5. En Chinon, en la Galia Turonense, san Juan, presbítero, que, nacido en Bretaña, por amor de Dios se escondía de la mirada de los hombres, recluyéndose en una celda junto a la iglesia del lugar (s. VI).
6*. En Milán, de Lombardía, san Arialdo, diácono y mártir, que reprendía enérgicamente las costumbres de los clérigos simoníacos y depravados, y por su celo en favor de la casa de Dios fue asesinado cruelmente por dos clérigos (1066).
7*. En Corneto, cerca de Bovino, en la Apulia, beato Bienvenido de Gubbio, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que se conformó a la vida de Cristo por su humilde servicio a los enfermos (c. 1232).
8. En la ciudad de Nam Dinh, en Tonquín, santo Tomás Toán, mártir, el cual, siendo catequista y responsable de la misión de Trung Linh, en tiempo del emperador Minh Mang sufrió, por su fe en Cristo, nuevos y terribles suplicios en la cárcel, hasta que falleció de hambre y sed (1840).
9*. En el cantón de Friburgo, en Suiza, beata Margarita Bays, virgen, la cual, permaneciendo con su familia, trabajaba como sastra y atendía las necesidades del prójimo sin abandonar la vida de oración (1879).
10*. En Moulins, en Francia, beata Luisa Teresa Montaignac de Chauvance, virgen, que fundó la Pía Unión de las Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús (1885).

martes, 21 de mayo de 2019

Martes 25 junio 2019, Martes de la XII semana del Tiempo Ordinario, feria.

SOBRE LITURGIA

VIAJE APOSTÓLICO A IRLANDA (29 DE SEPTIEMBRE - 1 DE OCTUBRE)
ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS SEMINARISTAS

Capilla del seminario de Maynooth
Lunes 1 de octubre de 1979

Queridos hermanos e hijos en nuestro Señor Jesucristo:

Vosotros ocupáis un lugar muy importante en mi corazón y en el corazón de la Iglesia. En mi visita a Maynooth he querido estar a solas con vosotros, aunque sean unos minutos nada más.

Hay muchas cosas que querría deciros; cosas que he ido diciendo durante todo el primer año de mi pontificado acerca de los seminaristas y los seminarios.

De un modo particular me gustaría hablaros de nuevo de la Palabra de Dios: de cómo estáis llamados a oírla, guardarla y ponerla en práctica. Y de cómo habéis de basar toda vuestra vida y ministerio en la Palabra de Dios tal como es transmitida por la Iglesia, tal como es expuesta por el Magisterio, tal como ha sido entendida a lo largo de la historia de la Iglesia por los creyentes guiados por el Espíritu Santo: Semper et ab omnibus la Palabra de Dios es el gran tesoro de vuestras vidas. A través de la Palabra de Dios llegaréis a un profundo conocimiento del ministerio de Jesucristo, Hijo de Dios e Hijo de María: Jesucristo, el Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento y el Salvador del mundo.

La Palabra de Dios es digna de todos vuestros esfuerzos. Abrazarla en toda su pureza e integridad, y difundirla con el ejemplo y la predicación, es una gran misión. Esta es vuestra misión hoy, mañana y el resto de vuestras vidas.

Ahora que seguís vuestra vocación —una vocación tan íntimamente relacionada con la Palabra de Dios— quiero recordaros una lección sencilla, pero importante sacada de la vida de San Patricio; y es la siguiente: En la historia de la evangelización el destino de un pueblo entero —vuestro pueblo— fue radicalmente transformada para el tiempo y la eternidad a causa de la fidelidad con que San Patricio abrazó y proclamó la Palabra de Dios y debido a la fidelidad con que San Patricio siguió su llamada hasta el final. Lo que realmente quiero que comprendáis es esto: que Dios cuenta con vosotros; que El hace sus planes, en cierto modo, dependiendo de vuestra libre colaboración, de la oblación de vuestras vidas y de la generosidad con que sigáis las inspiraciones que el Espíritu Santo os hace en el fondo de vuestros corazones.

La fe católica de la Irlanda de hoy está ligada, en el plan de Dios, a la fidelidad de San Patricio. Y mañana, sí, mañana algunos aspectos del plan de Dios estarán ligados a vuestra fidelidad, al fervor con que digáis sí a la Palabra de Dios en vuestras vidas.

Hoy Jesucristo os hace esta llamada a través de mí: la llamada a la fidelidad. En la oración descubriréis más y más cada día lo que quiero decir y cuáles son las implicaciones de esta llamada. Por la gracia de Dios entenderéis más y más cada día cómo Dios pide y acepta vuestra fidelidad como condición para la efectividad sobrenatural de toda vuestra actividad. La suprema expresión de fidelidad vendrá con vuestra autodonación irrevocable y total junto con Jesucristo al Padre. Y que nuestra bendita Madre María os ayude a hacer aceptable esta ofrenda.

Recordad a San Patricio. Recordad lo que la fidelidad de un solo hombre ha significado para Irlanda y el mundo. Sí, queridos hijos y hermanos, la fidelidad a Jesucristo y a su Palabra hace que todo sea diferente en el mundo. Miremos, por tanto, hacia Jesús que es para siempre el fiel testigo del Padre.

CALENDARIO

25 MARTES DE LA XII SEMANA DEL T. ORDINARIO, feria

Misa
de feria (verde).
MISAL: cualquier formulario permitido (véase pág. 68, n. 5), Pf. común.
LECC.: vol. III-impar.
- Gén 13, 2. 5-18. No haya disputas entre nosotros dos, pues somos hermanos.
- Sal 14. R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
- Mt 7, 6. 12-14. Lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo con ellos.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 26 de junio, pág. 381.
CALENDARIOS: Jaca: Santa Orosia, virgen y mártir (S).
Arzobispado Castrense: Dedicación de la iglesia-catedral (F).
Calahorra y La Calzada-Logroño: San Felices de Bilibio, presbítero (ML).
Córdoba: San Josemaría Escrivá (ML-trasladada).
Canónigos Regulares de Letrán y Hospitalarias de la Misericordia de Jesús de la Orden de San Agustín: Beata María Lhuilier, virgen y mártir (ML).

TEXTOS MISA

Feria de la XII semana del Tiempo Ordinario

Antífona de Entrada Cf. Sal 27, 8-9
El Señor es fuerza para su pueblo, apoyo y salvación para su Ungido. Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad, sé su pastor por siempre.
Dóminus fortitúdo plebis suae, et protéctor salutárium Christi sui est. Salvum fac pópulum tuum, Dómine, et bénedic hereditáti tuae, et rege eos usque in saeculum.

Oración colecta
Concédenos tener siempre, Señor, respeto y amor a tu santo nombre, porque jamás dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.
Sancti nóminis tui, Dómine, timórem páriter et amórem fac nos habére perpétuum, quia numquam tua gubernatióne destítuis, quos in soliditáte tuae dilectiónis instítuis. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Martes de la XII semana del Tiempo Ordinario, año impar (Lec. III-impar).

PRIMERA LECTURA Gén 13, 2. 5-18
No haya disputas entre nosotros dos, pues somos hermanos
Lectura del libro del Génesis.

Abran era muy rico en ganado, plata y oro.
También Lot, que iba con Abrán, poseía ovejas, vacas y tiendas, de modo que ya no podían vivir juntos en el país, porque sus posesiones eran inmensas y ya no cabían juntos. Por ello surgieron disputas entre los pastores de Abrán y los de Lot. Además, en aquel tiempo los cananeos y los perizitas habitaban en el país. Abrán dijo a Lot:
«No haya disputas entre nosotros dos, ni entre mis pastores y tus pastores, pues somos hermanos. ¿No tienes delante todo el país? Sepárate de mí: si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; si vas a la derecha, yo iré a la izquierda».
Lot echó una mirada y vio que toda la vega del Jordán, hasta la entrada de Soar, era de regadío —esto era antes de que el Señor destruyera Sodoma y Gomorra— como el jardín del Señor o como Egipto. Lot se escogió la vega del Jordán y
marchó hacia levante; y así se separaron el uno del otro. Abrán habitó en Canaán; Lot en las ciudades de la vega, plantando las tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran malvados y pecaban gravemente contra el Señor.
El Señor dijo a Abrán, después que Lot se había separado de él:
«Alza tus ojos y mira desde el lugar en donde estás hacia el norte, el mediodía, el levante y el poniente. Toda la tierra que ves te la daré a ti y a tus descendientes para siempre. Haré a tus descendientes como el polvo de la tierra: el que pueda contar el polvo de la tierra podrá contar a tus descendientes. Levántate, recorre el país a lo largo y a lo ancho, pues te lo voy a dar».
Abrán alzó la tienda y fue a establecerse junto a la encina de Mambré, en Hebrón, donde construyó un altar al Señor.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 14, 2-3ab. 3cd-4ab. 5 (R.: 1a)
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Dómine, quis habitábit in tabernáculo tuo?

V. El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Dómine, quis habitábit in tabernáculo tuo?

V. El que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino.
El que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Dómine, quis habitábit in tabernáculo tuo?

V. El que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Dómine, quis habitábit in tabernáculo tuo?

Aleluya Jn 8, 12b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Yo soy la luz del mundo -dice el Señor-; el que me sigue tendrá la luz de la vida. R.
Ego sum lux mundi, dicit Dóminus; qui séquitur me habébit lumen vitæ.

EVANGELIO Mt 7, 6. 12-14
Lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo con ellos
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros.
Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas.
Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.
¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios 307
Queremos beber en ese manantial de agua viva. Sin rarezas, a lo largo del día nos movemos en ese abundante y claro venero de frescas linfas que saltan hasta la vida eterna (Cfr. Jn 4, 14). Sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira! Y el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas.
No me refiero a situaciones extraordinarias. Son, pueden muy bien ser, fenómenos ordinarios de nuestra alma: una locura de amor que, sin espectáculo, sin extravagancias, nos enseña a sufrir y a vivir, porque Dios nos concede la Sabiduría. ¡Qué serenidad, qué paz entonces, metidos en la senda estrecha que conduce a la vida! (Mt 7, 14).

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario XIX
Oremos a Dios Padre.
- Por la Iglesia, en la pluralidad de ministerios y carismas. Roguemos al Señor.
- Por los que trabajan en las diversas profesiones. Roguemos al Señor.
- Por los impedidos y minusválidos. Roguemos al Señor.
- Por nosotros, que queremos ser fieles a nuestra vocación de cristianos. Roguemos al Señor.
ESCUCHA, Señor, los ruegos de los que te suplican. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, este sacrificio de reconciliación y alabanza y concédenos que, purificados por su eficacia, te ofrezcamos el obsequio agradable de nuestro corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, Dómine, sacrifícium placatiónis et laudis, et praesta, ut, huius operatióne mundáti, beneplácitum tibi nostrae mentis offerámus afféctum. Per Christum.

PREFACIO COMÚN II
La salvación por Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, que por amor creaste al hombre, y, aunque condenado justamente, con tu misericordia lo redimiste, por Cristo, Señor nuestro.
Por él, los ángeles alaban tu gloria, te adoran las dominaciones y tiemblan las potestades, los cielos, sus virtudes y los santos serafines te celebran unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Qui bonitáte hóminem condidísti, ac iustítia damnátum misericórdia redemísti: per Christum Dóminum nostrum.
Per quem maiestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Caeli caelorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces ut admítti iúbeas, deprecámur, súpplici confessióne dicéntes:
R. Santo, Santo, Santo...


Antífona de la comunión Cf. Sal 144, 15
Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú les das la comida a su tiempo.
Oculi ómnium in te sperant, Dómine, et tu das illis escam in témpore opportúno.
O bien: Cf. Jn 10, 11. 15
Yo soy el Buen Pastor, yo doy mi vida por las ovejas, dice el Señor.
Ego sum pastor bonus, et ánimam meam pono pro óvibus meis, dicit Dóminus.

Oración después de la comunión
Renovados por la recepción del Cuerpo santo y de la Sangre preciosa, imploramos tu bondad, Señor, para obtener con segura clemencia lo que celebramos con fidelidad constante. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Sacri Córporis et Sánguinis pretiósi alimónia renováti, quaesumus, Dómine, cleméntiam tuam, ut, quod gérimus devotióne frequénti, certa redemptióne capiámus. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 26 de junio

1. En Roma, conmemoración de los santos Juan y Pablo, a los que se dedicó una basílica en el monte Celio, en el Clivo Scauro, durante el tiempo del senador Pammaquio (s. IV).
2. En Trento, en la región de Venecia, san Vigilio, obispo, quien recibió de san Ambrosio de Milán las institutionis insignia, junto con una instrucción pastoral, dedicándose a evangelizar la región encomendada y tratando de extirpar lo que quedaba de la idolatría. Se asegura que consumó su martirio por el nombre de Cristo, golpeado por hombres crueles (405).
3*. En Nola, de la Campania, san Deodato, obispo, que sucedió a san Paulino (405).
4. En la región de Poitiers, en Aquitania, san Maxencio, abad, insigne por su virtud (c. 515).
5. En Tesalónica, de Macedonia, san David, eremita, que pasó casi ochenta años recluido en una celda, fuera de los muros de la ciudad (c. 540).
6. En Valenciennes, en Austrasia, santos Salvio, obispo, y su discípulo, que llegaron a esta región procedentes de Arvernia, y que fueron asesinados bajo Winegardo, señor del lugar (s. VIII).
7. En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, san Pelayo, mártir, que a los trece años, por querer conservar su fe en Cristo y su castidad ante las costumbres deshonestas de Abd al-Rahmán III, califa de los musulmanes, consumó su martirio glorioso al ser despedazado con tenazas (925).
8. En Belley, en Saboya, san Antelmo, obispo, monje de la Gran Cartuja, que restauró los edificios destruidos por una gran nevada. Elegido prior, convocó el capítulo general, y designado obispo, se distinguió por su aplicación firme y decidida en la corrección de los clérigos y en la reforma de las costumbres (1177).
9*. En una nave anclada ante el puerto de Rochefort, en Francia, beato Raimundo Petiniaud de Jourgnac, presbítero y mártir, arcediano de Limoges, que en tiempos de la Revolución Francesa, por razón de ser sacerdote, fue encarcelado en condiciones pésimas y, víctima de las enfermedades, consumó su martirio (1794).
10*. En Cambrai, en Francia, beatas Magdalena Fontaine, Francisca Lanel, Teresa Fantou y Juana Gérard, vírgenes y mártires, que siendo Hijas de la Caridad, durante la Revolución Francesa fueron condenadas a muerte, conduciéndolas al suplicio coronadas con el rosario (1794).
11. En la aldea Qianshengzhuang, cerca de la ciudad de Liushuitao, en la provincia de Hebei, en China, san José Ma Taishun, mártir, el cual, siendo médico y catequista, a pesar de que durante la persecución llevada a cabo por la secta de los Yihetuan todos los miembros de su familia abandonasen la fe, él prefirió dar testimonio de Cristo derramando su sangre (1900).
12. En Jalisco, en el territorio de Guadalajara, en México, san José María Robles, presbítero y mártir, que fue colgado de un árbol durante la persecución contra la Iglesia en tiempo de la Revolución Mexicana (1927).
13*. En Treviso, en Italia, beato Andrés Jacinto Longhin, obispo, que en las dificultades de la guerra acudió generoso a las necesidades de los prófugos y cautivos, y, en medio de la agitación de su tiempo, con singular solicitud defendió los derechos de los obreros, los agricultores y de todos los necesitados (1936).
14*. En los bosques de Birok, cerca de la ciudad de Stradch, en la región de Lviv, en Ucrania, beatos Nicolás Konrad, presbítero, y Vladimiro Pryjma, que, bajo un régimen contrario a Dios, dieron testimonio de la esperanza en la resurrección de Cristo sin ningún temor a la muerte (1941).
15*. En la aldea de Sykhiv, también en la región de Lviv, beato Andrés Iscak, presbítero y mártir, que en la misma persecución fue fusilado por su fe en Cristo (1941).
16. En Roma, san Josémaría Escrivá de Balaguer, presbítero, fundador del Opus Dei y de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz (1975).

Papa Francisco, Catequesis sobre el Bautismo (6), 16-mayo-2018.

PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL

Miércoles, 16 de mayo de 2018

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy concluimos el ciclo de catequesis sobre el bautismo. Los efectos espirituales de este sacramento, invisibles a los ojos pero operativos en el corazón de quien se ha convertido en una nueva criatura, se hacen explícitos mediante la entrega del vestido blanco y de la vela encendida. Después del lavacro de regeneración, capaz de recrear al hombre según Dios en la verdadera santidad (cf. Efesios 4, 24) ha parecido natural, desde los primeros siglos revestir a los neobautizados con una vestimenta nueva, cándida, similar al esplendor de la vida conseguida en Cristo y en el Espíritu Santo.

La vestimenta blanca, mientras expresa simbólicamente lo que ha sucedido en el sacramento, anuncia la condición de los transfigurados en la gloria divina. Lo que significa revestirse de Cristo lo recuerda san Pablo explicando cuáles son las virtudes que los bautizados deben cultivar: «Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos, mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó. Y por encima de todo esto, revestíos del amor que es el vínculo de la perfección» (Colosenses 3, 12-14).

También la entrega ritual de la llama extraída del cirio pascual, recuerda el efecto del bautismo: «Recibe la luz de Cristo», dice el sacerdote. Estas palabras recuerdan que no somos nosotros la luz sino que la luz es Jesucristo (Juan 1, 9; 12, 46), el cual, resucitado de entre los muertos, venció a las tinieblas del mal. Nosotros estamos llamados a recibir su esplendor. Como la llama del cirio pascual da luz a cada vela, así la caridad del Señor Resucitado inflama los corazones de los bautizados, colmándolos de luz y calor. Y por eso, desde los primeros siglos, el bautismo se llamaba también «iluminación» y a quien era bautizado se le llamaba «el iluminado». Esta es, de hecho, la vocación cristiana: «caminar siempre como hijos de la luz, perseverando en la fe» (cf. Rito de iniciación cristiana de los adultos, n. 226; Juan 12, 36). Si se trata de niños, es tarea de los padres, junto a padrinos y madrinas, hacerse cargo de alimentar la llama de la gracia bautismal en sus pequeños, ayudándoles a perseverar en la fe (cf. Rito del Bautismo de los niños, n. 73). «La educación cristiana es un derecho de los niños; esta tiende a guiarles gradualmente a conocer el diseño de Dios en Cristo: así podrán ratificar personalmente la fe en la cual han sido bautizados» (ibíd., Introducción, 3).

La presencia viva de Cristo, para custodiar, defender y dilatar en nosotros, es lámpara que ilumina nuestros pasos, luz que orienta nuestras elecciones, llama que calienta los corazones en el ir al encuentro al Señor, haciéndonos capaces de ayudar a quien hace el camino con nosotros, hasta la comunión inseparable con Él. Ese día, dice el Apocalipsis, «ya no habrá noche, y ya no necesitaremos la luz de lámpara ni la luz del sol, porque el Señor Dios nos iluminará. Y reinaremos por los siglos de los siglos» (cf. 22, 5). La celebración del bautismo se concluye con la oración del Padre Nuestro, propia de la comunidad de los hijos de Dios. De hecho, los niños renacidos en el bautismo recibirán la plenitud del don del Espíritu en la confirmación y participarán en la eucaristía, aprendiendo qué significa dirigirse a Dios llamándole «Padre».

Al finalizar estas catequesis sobre el bautismo, repito a cada uno de vosotros la invitación que expresé así en la exhortación apostólica Gaudete et exsultate: «Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida (cf. Gálatas 5, 22-23)» (n. 15).

lunes, 20 de mayo de 2019

Lunes 24 junio 2019, Natividad de san Juan Bautista, solemnidad.

SOBRE LITURGIA

PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A POLONIA
ALOCUCIÓN DEL PAPA JUAN PABLO II
A LOS SACERDOTES

Catedral de la Sagrada Familia de Czestochowa
Miércoles 6 de junio de 1979

1. Queridos hermanos míos en el sacerdocio y a la par, en el mismo sacerdocio de Cristo, amadísimos hijos.

Nos encontramos aquí a loa pies de la Madre de Dios, ante el rostro de nuestra Madre: Madre de los sacerdotes. Nos encontramos en circunstancias insólitas que seguramente, al igual que yo, sentís profundamente. Pues bien este primer Papa polaco, que está hoy ante vosotros, recibió la gracia de la vocación sacerdotal en tierra polaca, pasó por el seminario mayor polaco (en gran parte “subterráneo", porque era durante la ocupación), estudió en la facultad teológica de la Universidad Jagellónica, recibió la ordenación sacerdotal del obispo polaco de inolvidable memoria y príncipe inflexible, el cardenal Adam Stefan Sapieha, participó con vosotros en las mismas experiencias de la Iglesia y de la nación.

Esto sobre todo quiero deciros en el encuentro de hoy. Todo lo que aquí se ha consolidado en mí, lo que de aquí me he llevado, tiene su eco en todos los encuentros que he tenido con los sacerdotes desde el día 16 de octubre de 1978. Por eso hoy, al encontrarme con vosotros, deseo referirme sobre todo a las palabras que en diversas ocasiones he pronunciado. En efecto, considero que todos vosotros tenéis parte en su formulación, y a vosotros pertenecen en parte los derechos de autor. Además creo que, aunque hayan sido pronunciadas en Roma o en otras partes, hacen referencia a vosotros que estáis en Polonia

2. He aquí un trozo del discurso dirigido a los sacerdotes diocesanos y religiosos de la diócesis de Roma, el 9 de noviembre del año pasado: «Recuerdo —decía— a los sacerdotes dignos de admiración, celosos y con frecuencia heroicos, con quienes he compartido afanes y luchas... En mi anterior trabajo episcopal me ha prestado gran servicio el consejo presbiteral, en cuanto comunidad, y como lugar de encuentro para compartir, junto con el obispo, la solicitud común hacia toda la vida del presbyterium, y para dar eficacia a su actividad pastoral... Mientras me encuentro aquí con vosotros por vez primera y os saludo con afecto sincero —decía también a los sacerdotes y religiosas de Roma— tengo todavía ante los ojos y el corazón al presbyterium de la Iglesia de Cracovia: todos nuestros encuentros en ocasiones varias, las conversaciones frecuentes que comenzaban ya en los años de seminario, las reuniones de sacerdotes, compañeros de ordenación de cada uno de los cursos del seminario, a las que siempre me invitaban y en la que yo tomaba parte con gozo y provecho» (núms. 2-3; L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 19 de noviembre de 1978. pág 2).

3. Y ahora volvamos juntos al gran encuentro con los sacerdotes mexicanos en el santuario de la Virgen de Guadalupe, a los que dirigí estas palabras:

«Servidores de una causa sublime, de vosotros depende en buena parte la suerte de la Iglesia en los sectores confiados a vuestro cuidado pastoral. Ello os impone una profunda conciencia de la grandeza de la misión recibida y de la necesidad de adecuarse cada vez más a ella. Se trata, en efecto.... de la Iglesia de Cristo —¡qué respeto y amor debe esto infundirnos!—, a la que habéis de servir gozosamente en santidad de vida (cf. Ef 4, 13). Este servicio, alto y exigente no podrá ser prestado sin una clara y arraigada convicción acerca de vuestra identidad como sacerdotes de Cristo, depositarios y administradores de los misterios de Dios, instrumentos de salvación para los hombres, testigos de un reino que se inicia en este mundo, pero que se completa en el más allá» (núms. 2-3: AAS 71, 1979, pág. 180; L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 11 de febrero de 1979, pág. 4).

4. Finalmente, la tercera cita y, quizá, la más conocida: la Carta a todos los sacerdotes de la Iglesia con ocasión del Jueves Santo de 1979. He sentido muy viva la necesidad de dirigirme a los sacerdotes de toda la Iglesia, precisamente al comienzo de mi pontificado. Deseaba que fuese en ocasión del Jueves Santo en ocasión de la "fiesta de los sacerdotes". Tenía ante mis ojos aquel día cuando, en la catedral de Wawel, juntos hemos renovado nuestra fe en el sacerdocio del mismo Cristo, dedicándole de nuevo, a su plena disposición, todo nuestro ser, alma y cuerpo, para que pudiese obrar mediante nosotros y cumplir su obra salvífica.

«Nuestra actividad pastoral —he escrito entre otras cosas— exige que estemos cerca de los hombres y de sus problemas, tanto personales y familiares como sociales. pero exige también que estemos cerca de estos problemas "como sacerdotes". Sólo entonces, en el ámbito de todos esos problemas, somos nosotros mismos. Si, por tanto, servimos verdaderamente a estos problemas humanos, a veces muy difíciles. entonces conservamos nuestra identidad y somos de veras fieles a nuestra vocación. Debemos buscar con gran perspicacia, junto con todos los hombres, la verdad y la justicia, cuya dimensión verdadera y definitiva sólo la podemos encontrar en el Evangelio. más aún, en Cristo mismo» (núm. 7: AAS 71, 1979, pág. 404; L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 15 de abril de 1979, pág. 10).

5. Queridos sacerdotes polacos reunidos hoy en Jasna Góra: He aquí los principales pensamientos que deseaba compartir con vosotros. Los sacerdotes polacos tienen su propia historia, que han escrito en estrecha unión con la historia de la patria, las enteras generaciones de los "ministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios" (1 Cor 4, 1) que ha dado nuestra tierra.

Nos hemos sentido siempre profundamente ligados al Pueblo de Dios, a este pueblo en medio del cual hemos sido "escogidos", y para el cual somos "constituidos" (cf. Heb 5, 1). El testimonio de la fe viva que sacamos del Cenáculo, de Getsemaní, del Calvario; de la fe mamada con la leche de nuestras madres; de la fe consolidada entre las duras pruebas de nuestros connacionales, es nuestro carnet espiritual; el fundamento de nuestra identidad sacerdotal.

¿Cómo podría dejar de recordar en este encuentro de hoy a los millares de sacerdotes polacos que durante la última guerra perdieron la vida, sobre todo en los campos de concentración?

Permitidme, sin embargo, limitar los recuerdos que se me agolpan en la mente y en el corazón.

Diré solamente que esta herencia de la fe sacerdotal, del servicio, de la solidaridad con la nación en sus momentos más difíciles, que constituye en cierto sentido el fundamento de la confianza histórica en los sacerdotes polacos por parte de la sociedad, debe ser siempre cultivada por cada uno de vosotros y, diría, conquistada de nuevo. Cristo el Señor ha enseñado a los Apóstoles el concepto que deben tener de sí mimos y lo que deben exigirse: "Sonsos siervos inútiles: lo que teníamos que hacer, eso hicimos" (Lc 17, 10). Queridos hermanos, sacerdotes polacos, recordando estas palabras y las experiencias históricas, debéis tener siempre presentes estas exigencias que provienen del Evangelio, y que son la medida de vuestra vocación. Es un gran bien este crédito de confianza que el sacerdote polaco tiene ante la sociedad cuando es fiel a su misión y su actitud es límpida y conforme con este estilo de vida que la Iglesia en Polonia ha seguido durante los últimos decenios: el estilo del testimonio evangélico del servicio social. Dios nos asista para que este estilo no se vea expuesto a titubeo alguno.

Cristo pide a sus discípulos que su luz resplandezca ante los hombres (cf. Mt 5, 16). Nos damos perfectamente cuenta de las debilidades humanas que hay en cada uno de nosotros. Pensemos con humildad en la confianza que tiene en nosotros el Maestro y Redentor, al confiarnos el poder sobre su Cuerpo y Sangre. Confío en que, con la ayuda de su Madre, seáis capaces —en estos tiempos difíciles y con frecuencia no claros— de comportaros de tal manera que brille vuestra luz entre los hombres. Oremos incesantemente por ello. Oremos con gran humildad.

Quiero además expresar este ardiente deseo: que Polonia no cese de ser la patria de las vocaciones sacerdotales y la tierra del gran testimonio que se da a Cristo mediante el servicio de vuestra vida: mediante el ministerio de la Palabra y de la Eucaristía.

Amad a María, queridos hermanos. No dejéis de sacar de este amor la fuerza para vuestros corazones. Que Ella sea para vosotros y mediante vosotros la Madre de todos, que tienen tanta sed de maternidad.

Monstra Te esse Matrem
Sumat per Te preces
qui pro nobis natus
tulit esse tuus.


CALENDARIO

24 LUNES. NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA, solemnidad


Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista, Precursor del Señor, que, estando aún en el seno materno, al quedar lleno del Espíritu Santo exultó de gozo por la próxima llegada de la salvación del género humano. Su nacimiento profetizó la Natividad de Cristo el Señor, y su existencia brilló con tal esplendor de gracia, que el mismo Jesucristo dijo no haber entre los nacidos de mujer nadie tan grande como Juan el Bautista (elog. del Martirologio Romano).

Misa del día de la solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. prop., conveniente PE I. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. IV.
- Is 49, 1-6. Te hago luz de las naciones.
- Sal 138. R. Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.
- Hch 13, 22-26. Juan predicó antes de que llegara Cristo.
- Lc 1, 57-66. 80. Juan es su nombre.

La liturgia de hoy celebra el nacimiento de san Juan Bautista, el Precursor, el mayor de los nacidos de mujer. Enviado por Dios, venía para dar testimonio de la luz y preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto (ant. de entrada). El Ev. nos presenta las circunstancias que rodearon el nacimiento del Bautista. El nombre de Juan significa «Dios nos ha mostrado su favor». El Pf. explica la misión de Juan Bautista, que fue abriendo caminos al Salvador y cuya presencia entre los hombres señaló con toda claridad, como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Juan llegó a dar su sangre como supremo testimonio por el nombre de Cristo. Imitemos al Bautista, abriendo caminos al Señor, señalándole como Salvador de todos los hombres y siendo sus testigos con nuestra vida en medio del mundo.

* Hoy no se permiten otras celebraciones, excepto la misa exequial.

Liturgia de las Horas: oficio de la solemnidad. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 25 de junio, pág. 379.
CALENDARIOS: Plasencia: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. José Luis Retana Gozalo, obispo (2017).

TEXTOS MISA

24 de junio
NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA
Solemnidad
Misa del día

Antífona de entrada Jn 1, 6-7; Lc 1, 17
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.
Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Ioánnes. Hic venit, ut testimónium perhibéret de lúmine, paráre Dómino plebem perféctam.

Monición de entrada
Hoy es la solemnidad del nacimiento de san Juan Bautista, Precursor del Señor, hijo de Zacarías e Isabel, que, estando aún en el seno materno, lleno del Espíritu Santo, exultó de gozo por la próxima llegada de la salvación del género humano.
Considerado el último de los profetas, en la austeridad del desierto escucha y medita la Palabra de Dios, en el Jordán bautiza con agua preparando a los discípulos para recibir el bautismo en el Espíritu Santo, y en todas partes proclama que la venida del Mesías está cerca. El mismo Jesucristo lo elogió diciendo que entre los nacidos de mujer no había nadie tan grande como él.

Acto penitencial
- Tú, proclamado por Juan como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo: Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
- Tú, anunciado por Juan como el Mesías que había de venir: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
- Tú, ungido por el Espíritu Santo cuando fuiste bautizado por Juan. Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.

Se dice Gloria.

Oración colecta
Oh, Dios, que suscitaste a san Juan Bautista para que preparase a Cristo el Señor una muchedumbre bien dispuesta, concede a tu pueblo el don de la alegría espiritual y dirige los corazones de todos los fieles por el camino de la salvación y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo.
Deus, qui beátum Ioánnem Baptístam suscitásti, ut perféctam plebem Christo Dómino praeparáret, da pópulis tuis spiritálium grátiam gaudiórum, et ómnium fidélium mentes dírige in viam salútis et pacis. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas propias de la solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista (Lec. IV).

PRIMERA LECTURA Is 49, 1-6
Te hago luz de las naciones.
Lectura del libro del profeta Isaías.

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:
Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo:
«Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso».
Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios.
Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel, -tanto me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza-:
«Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 138, 1-3. 13-14. 15 (R.: 14a)
R. Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.
Confitébor tibi, quia mirabíliter plasmátus sum.

V. Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.
R. Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.
Confitébor tibi, quia mirabíliter plasmátus sum.

V. Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma.
R. Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.
Confitébor tibi, quia mirabíliter plasmátus sum.

V. No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra.
R. Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.
Confitébor tibi, quia mirabíliter plasmátus sum.

SEGUNDA LECTURA Hch 13, 22-26
Antes de que llegara Cristo, Juan predicó
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, dijo Pablo:
«Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.” Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.” Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Lc 1, 76
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos. R.
Tu, puer, prophéta Altíssimi vocabéris: praeíbis ante Dóminum paráre vias eius.

EVANGELIO Lc 1, 57-66. 80
El nacimiento de Juan Bautista. Juan es su nombre.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.
A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo:
«¡No! Se va a llamar Juan».
Le replicaron:
«Ninguno de tus parientes se llama así».
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo:
«¿Qué va a ser este niño?»
Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Catecismo de la Iglesia Católica
523 San Juan Bautista es el precursor (cf. Hch 13, 24) inmediato del Señor, enviado para prepararle el camino (cf. Mt 3, 3). "Profeta del Altísimo" (Lc 1, 76), sobrepasa a todos los profetas (cf. Lc 7, 26), de los que es el último (cf. Mt 11, 13), e inaugura el Evangelio (cf. Hch 1, 22; Lc 16, 16); desde el seno de su madre ( cf. Lc 1, 41) saluda la venida de Cristo y encuentra su alegría en ser "el amigo del esposo" (Jn 3, 29) a quien señala como "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1, 29). Precediendo a Jesús "con el espíritu y el poder de Elías" (Lc 1, 17), da testimonio de él mediante su predicación, su bautismo de conversión y finalmente con su martirio (cf. Mc 6, 17-29).
Juan, Precursor, Profeta y Bautista
717 "Hubo un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan. (Jn 1, 6). Juan fue "lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre" (Lc 1, 15. 41) por obra del mismo Cristo que la Virgen María acababa de concebir del Espíritu Santo. La "visitación" de María a Isabel se convirtió así en "visita de Dios a su pueblo" (Lc 1, 68).
718 Juan es "Elías que debe venir" (Mt 17, 10-13): El fuego del Espíritu lo habita y le hace correr delante [como "precursor"] del Señor que viene. En Juan el Precursor, el Espíritu Santo culmina la obra de "preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Lc 1, 17).
719 Juan es "más que un profeta" (Lc 7, 26). En él, el Espíritu Santo consuma el "hablar por los profetas". Juan termina el ciclo de los profetas inaugurado por Elías (cf. Mt 11, 13-14). Anuncia la inminencia de la consolación de Israel, es la "voz" del Consolador que llega (Jn 1, 23; cf. Is 40, 1-3). Como lo hará el Espíritu de Verdad, "vino como testigo para dar testimonio de la luz" (Jn 1, 7; cf. Jn 15, 26; Jn 5, 33). Con respecto a Juan, el Espíritu colma así las "indagaciones de los profetas" y la ansiedad de los ángeles (1P 1, 10-12): "Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo … Y yo lo he visto y doy testimonio de que este es el Hijo de Dios … He ahí el Cordero de Dios" (Jn 1, 33-36).
720 En fin, con Juan Bautista, el Espíritu Santo, inaugura, prefigurándolo, lo que realizará con y en Cristo: volver a dar al hombre la "semejanza" divina. El bautismo de Juan era para el arrepentimiento, el del agua y del Espíritu será un nuevo nacimiento (cf. Jn 3, 5).

Se dice Credo.

Oración de los fieles
En esta solemnidad del nacimiento de san Juan, oremos al Señor, nuestro Dios.
- Por la Iglesia, que ha recibido, como san Juan, la misión de anunciar a Cristo, para que su testimonio sea llamada a la conversión. Roguemos al Señor.
- Por el pueblo de Israel, para que llegue a reconocer en Jesús de Nazaret al Mesías anunciado por san Juan, el mayor de los profetas. Roguemos al Señor.
- Por todos los que buscan con sincero corazón, para que encuentren el camino de la salvación. Roguemos el Señor.
- Por nosotros, que nos alegramos con el nacimiento del Precursor de Cristo, para que seamos el pueblo bien dispuesto para recibir el Evangelio. Roguemos al Señor.
ESCUCHA, Señor, nuestras súplicas, que san Juan, el mayor de los nacidos de mujer, te recomienda. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Colmamos de dones tu altar, Señor, para celebrar con el honor debido la natividad de quien proclamó que el Salvador del mundo ya estaba próximo y lo mostró presente entre los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Tua, Dómine, munéribus altária cumulámus, illíus nativitátem honóre débito celebrántes, qui Salvatórem mundi et cécinit affutúrum, et adésse monstrávit. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.

Prefacio: La misión del Precursor
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
En san Juan, su precursor, a quien consagraste como el mayor entre los nacidos de mujer, proclamamos tu grandeza.
Porque su nacimiento fue motivo de gran alegría, y ya antes de nacer saltó de gozo por la llegada de la salvación humana, solo él, entre todos los profetas, mostró al Cordero de la redención.
Él, bautizó al mismo autor del bautismo, para santificar el agua viva, y mereció darle el supremo testimonio derramando su sangre.
Por eso, con las virtudes del cielo te aclamamos continuamente en la tierra alabando tu gloria sin cesar:
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum. In cuius Praecursóre beáto Ioánne tuam magnificéntiam collaudámus, quem inter natos mulíerum honóre praecípuo consecrásti.
Qui cum nascéndo multa gáudia praestitísset, et nondum éditus exsultásset ad humánae salútis advéntum, ipse solus ómnium prophetárum Agnum redemptiónis osténdit. Sed et sanctificándis étiam aquae fluéntis ipsum baptísmatis lavit auctórem, et méruit fuso sánguine suprémum illi testimónium exhibére.
Et ídeo, cum caelórum virtútibus, in terris te iúgiter praedicámus, maiestáti tuae sine fine clamántes:
R. Santo, Santo, Santo…


Antífona de la comunión Lc 1, 78
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.
Per víscera misericórdiae Dei nostri, visitávit nos Oriens ex alto.

Oración después de la comunión
Alimentados con el convite del Cordero celestial, te pedimos, Señor, que tu Iglesia, llena de gozo por el nacimiento de san Juan Bautista, reconozca al autor de su nueva vida en aquel cuya venida inminente anunció. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Caeléstis Agni convívio refécti, quaesumus, Dómine, ut Ecclésia tua, sumens de beáti Ioánnis Baptístae generatióne laetítiam, quem ille praenuntiávit ventúrum, suae regeneratiónis cognóscat auctórem. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 25 de junio

1. En Turín, en la provincia de Liguria, san Máximo, primer obispo de esta sede, que llamó al pueblo pagano a la fe de Cristo con su paterna palabra, y con sólida doctrina lo condujo al premio de la salvación eterna (c. 408-423).
2. Conmemoración de san Próspero de Aquitania, quien, instruido en filosofía y en letras, llevó con su esposa una vida íntegra y modesta. Habiendo abrazado la vida monástica en Marsella, defendió enérgicamente contra los pelagianos la doctrina de san Agustín sobre la gracia divina y el don de la
perseverancia, y en Roma fue escribano del papa san León I Magno (c. 463).
3. En Reggio, de la región de Emilia, san Próspero, obispo (s. V/VI)
4*. En Maurienne, en Saboya, santa Tigris, virgen, que se dedicó a propagar allí el culto a san Juan, el Precursor (s. VI).
5*. En Roosmarkei, en Escocia, san Moloc o Luano, obispo (c. 592).
6*. En Jaca, en la Hispania Tarraconense, santa Eurosia, virgen y mártir (c. 714).
7. En Egmon, de Frisia, san Adalberto, diácono y abad, que ayudó a san Willibrordo con evangélica fidelidad (s. VIII in.).
8*. En Bretaña Menor, san Salomón, mártir, que mientras fue rey instituyó sedes episcopales, amplió los monasterios y conservó la justicia, pero al renunciar a su cargo fue cegado y muerto por sus enemigos en la Iglesia (874).
9. En Goleto, cerca de Nusco, en la Campania, san Guillermo, abad, el cual, nacido en Vercelli, se hizo peregrino y pobre por amor de Cristo y, aconsejado por san Juan de Matera, fundó el monasterio de Montevergine, en el que reunió a unos monjes a los que impartió una profunda doctrina espiritual. Después fundó también otros varios monasterios masculinos y femeninos, en la Italia meridional (1142).
10*. En la Cartuja de Le Reposoir, en Saboya, beato Juan, apellidado «Hispano» , monje, que escribió las Instituciones para las monjas de la Orden cartujana (1160).
11*. En la ciudad de Marienwerder (hoy Kwidzyn), en la Prusia polaca, beata Dorotea de Montau, que al quedar viuda se hizo construir una celda junto a la catedral para ocuparla como reclusa, viviendo entregada a la oración y a la penitencia (1394).
12. En la ciudad de Nam Dinh, en Tonquín, santos Domingo Henares, obispo de la Orden de Predicadores, y Francisco Do Minh Chieu, mártires, el primero de los cuales propagó la fe cristiana durante cuarenta y nueve años, y el segundo trabajó con él como catequista, siendo ambos degollados por su fe en Cristo, en tiempo del emperador Minh Mang (1838).