domingo, 21 de octubre de 2018

Domingo 25 noviembre 2018, Domingo. Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo, solemnidad.

SOBRE LITURGIA

Papa Francisco
Audiencia a los seminaristas de Lombardía (Italia), 16.10.2018

Andrea:


Santidad, soy Andrea, de la diócesis de Brescia, y estoy en primero de Teología. "Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado". Santidad, meditando en sus palabras con las que invita a la Iglesia a salir, llamada a realizar una nueva misión evangelizadora, nos hemos interrogado sobre algunas dificultades para ponerlas en práctica. Frente a un mundo cada vez más secularizado, en el que Jesús se olvida y es difícil transmitir y, por lo tanto, entender la verdad, ante la debilidad de la comunión y del sentido de pertenencia e identidad en las comunidades cristianas, y ante una escasez de participación activa en la liturgia, le preguntamos a través de qué medios concretos sea posible realizar esta salida a la que nos está llamando y, sobre todo, cómo poder educar en el amor hacia la Iglesia y por la Iglesia misma.


Papa Francisco:

Gracias.

Iglesia en salida, como Jesús quería: "Id y predicad el Evangelio, id...". ¡No "Iglesia de paseo"! Quizás a veces, en algún plan pastoral, confundimos lo qué es salir, ir al encuentro de las personas y lo que es un buen paseo y luego quedarme donde estoy. Esto es importante: la salida no es una aventura, es un mandato del Señor, es una vocación, es un compromiso. Hablas de "este mundo cada vez más secularizado". Pero te digo: ¿qué mundo es más secularizado, el nuestro o el de Jesús? ¿Qué mundo es más corrupto, el nuestro o el de Jesús? Lo mismo, ambos. Sí, éste está secularizado con medios nuevos y modernos; Pero el otro estaba secularizado con los medios de la época. Pero la corrupción es la misma. Piensa en la corrupción de los habitantes de Atenas, cuando Pablo comenzó a hablar, ese discurso tan bien hecho, que también citaba a sus poetas y al final, cuando llegó a un punto un poco difícil [el de la resurrección de Cristo], dijeron los atenienses. : "Sí, sí, vale... ya te escucharemos mañana". Sucede hoy también. Si vas a hablar de Jesús, en muchos lugares, en muchas ciudades no te escuchan, no te oyen. Aquel tiempo también estaba secularizado. Piensa que en esa época también se hacían sacrificios humanos... y hoy también. De otra manera, con guantes blancos, pero se hacen. La secularización es la misma, más o menos, la de Jesús y la de nuestro tiempo. En cambio, ¿qué debemos hacer, qué cosas concretas, en este mundo secularizado? Las mismas cosas concretas que hizo Jesús, que hicieron los apóstoles. ¿Cómo se construye la Iglesia? Tomad el Libro de los Hechos de los Apóstoles y allí está lo mismo. No hay otro método fundamental diferente. Sí, hay matices, cambios de época, pero lo esencial es lo mismo que hizo Jesús.

Y a partir de Jesús, ¿qué podemos decir? ¿Cuál es el "núcleo" propio del mensaje de Jesús, de la actitud de Jesús ante ese mundo secularizado? ¿Qué hacía Jesús? Cercanía. La cercanía, el encuentro. Jesús encontraba al Padre en la oración y Jesús encontraba a la gente. También se encontraba con sus enemigos, y a veces los escuchaba, les explicaba, a veces les decía cosas que parecían malas palabras. Por ejemplo, leed Mateo 23: lo que Jesús dice no son cosas bonitas. Porque estaba cerca y podía decir las cosas claras, y a algunos no les gustaba; y luego tuvo que pagar el precio en la cruz. Hacer lo mismo por Jesús: la cercanía. Cercanía a Dios, cercanía a la gente, cercanía al pueblo de Dios.

Por eso me gusta decir que debéis ser sacerdotes del pueblo de Dios, es decir, pastores de pueblos, pastor de la gente, y no "clérigos de estado", porque Jesús apaleaba con fuerza el clericalismo de su tiempo: los escribas, los fariseos, Los doctores de la ley..., muy fuerte. Y os digo que el clericalismo es una perversión de la Iglesia. Cuando ves a un joven sacerdote todo centrado en sí mismo, que piensa en hacer carrera… ese está más del lado de los fariseos y saduceos que del lado de Jesús. Esta es la verdad. Tú, cuando ves a un sacerdote que reza, que está con los niños, enseña catequesis, que celebra la misa con su comunidad, que conoce los nombres de las personas porque se acerca, al final de la misa va y saluda a uno y al otro. : "¿Cómo estás? ¿Y la familia? ... ". Esta es la cercanía que tenía Jesús. Una vez escuché a uno de aquí, que trabaja en el Vaticano,... ¡porque hay santos aquí dentro, hay santos! -, que me dijo que había sido párroco una vez y que sabía el nombre de todos, ¡incluso el nombre de los perros! Esta es la cercanía de un sacerdote, un sacerdote santo, pero con la santidad ordinaria a la que todos estamos llamados. Cercanía a la gente y cercanía a Dios en la oración. El sacerdote que se afana demasiado en la organización de las cosas y pierde un poco esta cercanía se aleja del ideal sacerdotal de Jesús.

Pero ¿por qué la cercanía? Me gustaría enfatizar un aspecto teológico de la cercanía, esto lo he dicho en otras ocasiones, -tal vez lo hayáis escuchado-. Dios, en Deuteronomio, le dice a su pueblo: "Piensa: ¿qué pueblo tiene a sus dioses tan cerca como yo estoy cerca de ti?”. Es una elección de Dios, la cercanía a la gente. Y Él guio a su pueblo como un pastor y lo guio bien. Pero se ve que no se quedó satisfecho, y también vino a ser uno de nosotros: ¡así de cerca! Es la condescendencia de Dios que desciende: lo que se llama synkatabasi. Es la actitud fundamental de Dios que se hace hombre para nosotros, se acerca. La actitud del sacerdote es esa. Me han regalado, el padre Rupnik me lo regaló, un ícono de la Madona hecho por él. La Virgen está en el centro, pero mirándolo bien, no es un ícono de la Virgen: la Virgen está en el centro, grande, y tiene al pequeño Jesús aquí [en su seno pero de pie], un Jesús de cuatro o cinco años; las manos de la Virgen son así, como una escalerilla, y Jesús baja, baja a nosotros ... En la mano derecha tiene la plenitud de la ley [un rollo] y con su izquierda se aferra a la Virgen, para no caer. Dios es un hombre que desciende. Es Nuestra Señora de la Condescendencia: el centro es Jesús, Nuestra Señora es una escalera para este misterio de cercanía. Esta es la razón por la que la devoción a Nuestra Señora nos ayuda a estar cerca de Jesús. Hay una oración que nos enseñaron, una jaculatoria, que hace tanto bien: "Madre, ponme con tu Hijo, déjame estar cerca de tu Hijo". Así es, esto ayuda, porque el que está cerca de Jesús está cerca de la gente y hace lo que Jesús hizo.

Por lo tanto, un mundo secularizado como en el tiempo de Jesús, esto está claro. La actitud más concreta de Jesús es el encuentro: conocer gente, acercarse. Cercanía pastoral. Y también entre vosotros, la cercanía presbiteral... Si hay tiempo, .no recuerdo si hay alguna pregunta al respecto, en el colegio presbiteral ... Si no la hay, recordádmelo.

CALENDARIO

25 + DOMINGO. NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO, solemnidad

Misa
de la solemnidad (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. prop. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. I (B).
- Dan 7, 13-14. Su poder es un poder eterno.
- Sal 92. R. El Señor reina, vestido de majestad.
- Ap 1, 5-8. El príncipe de los reyes de la tierra nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios.
- Jn 18, 33b-37. Tú lo dices: soy rey.

Jesucristo es Rey del universo en quien el Padre ha querido fundar todas las cosas (1.a orac). Él es Rey, pero su reino no es de este mundo (Ev.). No está basado en el poder político, en el económico o en la fuerza de las armas. Habiéndose ofrecido en el altar de la cruz, Cristo ha entregado al Padre un reino eterno y universal, el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz (Pf.). Así, su poder es eterno, no cesará (1 lect.). Sus mandatos son fieles y seguros (salmo responsorial). Obedeciendo los mandatos de Cristo, rey del universo, podremos vivir eternamente con Él en el reino del cielo (cf. oración después de la comunión).

* Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.

Liturgia de las Horas: oficio de la solemnidad. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 26 de noviembre, pág. 689.
CALENDARIOS: Burgos: Aniversario de la muerte de Mons. Santiago Martínez Acebes, arzobispo, emérito (2006).

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. A él el poder, la gloria y la majestad para siempre, por los siglos de los siglos.

Último domingo del tiempo ordinario
JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO
Solemnidad
Dominica ultima per annum
DOMINI NOSTRI IESU CHRISTI UNIVERSORUM REGIS
Sollemnitas
Antífona de entrada Ap 5, 12; 1, 6
Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.
Antiphona ad introitum Ap 5, 12. 1, 6
Dignus est Agnus, qui occísus est, accípere virtútem et divinitátem et sapiéntiam et fortitúdinem et honórem. Ipsi glória et impérium in saecula saeculórum.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste recapitular todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del Universo, haz que la creación entera, liberada de la esclavitud, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin. Él, que vive y reina contigo.
Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, qui in dilécto Fílio tuo, universórum Rege, ómnia instauráre voluísti, concéde propítius, ut tota creatúra, a servitúte liberáta, tuae maiestáti desérviat ac te sine fine colláudet. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
XXXIV o último Domingo del Tiempo Ordinario. Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, ciclo B (Lec. I B).

PRIMERA LECTURA Dan 7, 13-14
Su poder es un poder eterno
Lectura de la profecía de Daniel.

Seguí mirando. Y en mi visión nocturna
vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia.
A él se le dio poder, honor y reino.
Y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron.
Su poder es un poder eterno, no cesará.
Su reino no acabará.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 92, 1ab. 1c-2. 5 (R.: 1a)
R.
El Señor reina, vestido de majestad. Dóminus regnávit, decórem indútus est.

V. El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder. R.
El Señor reina, vestido de majestad. Dóminus regnávit, decórem indútus est.

V. Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R.
El Señor reina, vestido de majestad. Dóminus regnávit, decórem indútus est.

V. Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término. R.
El Señor reina, vestido de majestad. Dóminus regnávit, decórem indútus est.

SEGUNDA LECTURA Ap 1, 5-8
El príncipe de los reyes de la tierra nos ha reino y sacerdotes de Dios
Lectura del libro del Apocalipsis.

Jesucristo es el testigo fiel,
el primogénito de entre los muertos,
el príncipe de los reyes de la tierra.
Al que nos ama,
y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre,
y nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre.
A él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Mirad: viene entre las nubes. Todo ojo lo verá, también los que lo traspasaron. Por él se lamentarán todos los pueblos de la tierra.
Sí, amén.
Dice el Señor Dios:
«Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y ha de venir, el todopoderoso».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Mc 11, 9b-10a
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! R. Benedíctus qui venit in nómine Dómini! Benedíctum quod venit regnum patris nostri David!

EVANGELIO Jn 18, 33-37
Tú lo dices: soy rey
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Pilato dijo a Jesús:
«¿Eres tú el rey de los judíos?».
Jesús le contestó:
«¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».
Pilato replicó:
«¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».
Jesús le contestó:
«Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».
Pilato le dijo:
«Entonces, ¿tú eres rey?».
Jesús le contestó:
«Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Papa Francisco
ÁNGELUS, Solemnidad de Cristo Rey. Domingo 22 de noviembre de 2015
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En este último domingo del año litúrgico, celebramos la solemnidad de Cristo Rey. Y el Evangelio de hoy nos hace contemplar a Jesús mientras se presenta ante Pilatos como rey de un reino que «no es de este mundo» (Jn 18, 36). Esto no significa que Cristo sea rey de otro mundo, sino que es rey de otro modo, y sin embargo es rey en este mundo. Se trata de una contraposición entre dos lógicas. La lógica mundana se apoya en la ambición, la competición, combate con las armas del miedo, del chantaje y de la manipulación de las conciencias. La lógica del Evangelio, es decir la lógica de Jesús, en cambio se expresa en la humildad y la gratuidad, se afirma silenciosa pero eficazmente con la fuerza de la verdad. Los reinos de este mundo a veces se construyen en la arrogancia, rivalidad, opresión; el reino de Cristo es un «reino de justicia, de amor y de paz» (Prefacio).
¿Cuándo Jesús se ha revelado rey? ¡En el evento de la Cruz! Quien mira la Cruz de Cristo no puede no ver la sorprendente gratuidad del amor. Alguno de vosotros puede decir: «Pero, ¡padre, esto ha sido un fracaso!». Es precisamente en el fracaso del pecado –el pecado es un fracaso–, en el fracaso de la ambición humana, donde se encuentra el triunfo de la Cruz, ahí está la gratuidad del amor. En el fracaso de la Cruz se ve el amor, este amor que es gratuito, que nos da Jesús. Hablar de potencia y de fuerza, para el cristiano, significa hacer referencia a la potencia de la Cruz y a la fuerza del amor de Jesús: un amor que permanece firme e íntegro, incluso ante el rechazo, y que aparece como la realización última de una vida dedicada a la total entrega de sí en favor de la humanidad. En el Calvario, los presentes y los jefes se mofan de Jesús clavado en la cruz, y le lanzan el desafío: «Sálvate a ti mismo bajando de la cruz» (Mc 15, 30). «Sálvate a ti mismo». Pero paradójicamente la verdad de Jesús es la que en forma de burla le lanzan sus adversarios: «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar» (v. 31). Si Jesús hubiese bajado de la cruz, habría cedido a la tentación del príncipe de este mundo; en cambio Él no puede salvarse a sí mismo precisamente para poder salvar a los demás, porque ha dado su vida por nosotros, por cada uno de nosotros. Decir: «Jesús ha dado su vida por el mundo» es verdad, pero es más bonito decir: «Jesús ha dado su vida por mí». Y hoy en la plaza, cada uno de nosotros diga en su corazón: «Ha dado su vida por mí, para poder salvar a cada uno de nosotros de nuestros pecados».
Y esto, ¿quién lo entendió? Lo entendió bien uno de los dos ladrones que fueron crucificados con Él, llamado el «buen ladrón», que le suplica: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino» (Lc 23, 42). Y este era un malhechor, era un corrupto y estaba ahí condenado a muerte precisamente por todas las brutalidades que había cometido en su vida. Pero vio en la actitud de Jesús, en la humildad de Jesús, el amor. Y esta es la fuerza del reino de Cristo: es el amor. Por esto la majestad de Jesús no nos oprime, sino que nos libera de nuestras debilidades y miserias, animándonos a recorrer los caminos del bien, la reconciliación y el perdón. Miremos la Cruz de Jesús, miremos al buen ladrón y digamos todos juntos lo que dijo el buen ladrón: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Todos juntos: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Pedir a Jesús, cuando nos sintamos débiles, pecadores, derrotados, que nos mire y decir: «Tú estás ahí. ¡No te olvides de mí!».
Ante las muchas laceraciones en el mundo y las demasiadas heridas en la carne de los hombres, pidamos a la Virgen María que nos sostenga en nuestro compromiso de imitar a Jesús, nuestro rey, haciendo presente su reino con gestos de ternura, comprensión y misericordia.

Papa Benedicto XVI
HOMILÍA, Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, Domingo 25 de noviembre de 2012
Señores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y el sacerdocio, queridos hermanos y hermanas:
La solemnidad de Cristo Rey del Universo, coronación del año litúrgico, se enriquece con la recepción en el Colegio cardenalicio de seis nuevos miembros que, según la tradición, he invitado esta mañana a concelebrar conmigo la Eucaristía. Dirijo a cada uno de ellos mi más cordial saludo, agradeciendo al Cardenal James Michael Harvey sus amables palabras en nombre de todos. Saludo a los demás purpurados y a todos los obispos presentes, así como a las distintas autoridades, señores embajadores, a los sacerdotes, religiosos y a todos los fieles, especialmente a los que han venido de las diócesis encomendadas al cuidado pastoral de los nuevos cardenales.
En este último domingo del año litúrgico la Iglesia nos invita a celebrar al Señor Jesús como Rey del universo. Nos llama a dirigir la mirada al futuro, o mejor aún en profundidad, hacia la última meta de la historia, que será el reino definitivo y eterno de Cristo. Cuando fue creado el mundo, al comienzo, él estaba con el Padre, y manifestará plenamente su señorío al final de los tiempos, cuando juzgará a todos los hombres. Las tres lecturas de hoy nos hablan de este reino. En el pasaje evangélico que hemos escuchado, sacado del Evangelio de san Juan, Jesús se encuentra en la situación humillante de acusado, frente al poder romano. Ha sido arrestado, insultado, escarnecido, y ahora sus enemigos esperan conseguir que sea condenado al suplicio de la cruz. Lo han presentado ante Pilato como uno que aspira al poder político, como el sedicioso rey de los judíos. El procurador romano indaga y pregunta a Jesús: "¿Eres tú el rey de los judíos?" (Jn 18, 33). Jesús, respondiendo a esta pregunta, aclara la naturaleza de su reino y de su mismo mesianismo, que no es poder mundano, sino amor que sirve; afirma que su reino no se ha de confundir en absoluto con ningún reino político: "Mi reino no es de este mundo ... no es de aquí" (v. 36).
Está claro que Jesús no tiene ninguna ambición política. Tras la multiplicación de los panes, la gente, entusiasmada por el milagro, quería hacerlo rey, para derrocar el poder romano y establecer así un nuevo reino político, que sería considerado como el reino de Dios tan esperado. Pero Jesús sabe que el reino de Dios es de otro tipo, no se basa en las armas y la violencia. Y es precisamente la multiplicación de los panes la que se convierte, por una parte, en signo de su mesianismo, pero, por otra, en un punto de inflexión de su actividad: desde aquel momento el camino hacia la Cruz se hace cada vez más claro; allí, en el supremo acto de amor, resplandecerá el reino prometido, el reino de Dios. Pero la gente no comprende, están defraudados, y Jesús se retira solo al monte a rezar, a hablar con el Padre (cf. Jn 6, 1-15). En la narración de la pasión vemos cómo también los discípulos, a pesar de haber compartido la vida con Jesús y escuchado sus palabras, pensaban en un reino político, instaurado además con la ayuda de la fuerza. En Getsemaní, Pedro había desenvainado su espada y comenzó a luchar, pero Jesús lo detuvo (cf. Jn 18, 10-11). No quiere que se le defienda con las armas, sino que quiere cumplir la voluntad del Padre hasta el final y establecer su reino, no con las armas y la violencia, sino con la aparente debilidad del amor que da la vida. El reino de Dios es un reino completamente distinto a los de la tierra.
Y es esta la razón de que un hombre de poder como Pilato se quede sorprendido delante de un hombre indefenso, frágil y humillado, como Jesús; sorprendido porque siente hablar de un reino, de servidores. Y hace una pregunta que le parecería una paradoja: "Entonces, ¿tú eres rey?". ¿Qué clase de rey puede ser un hombre que está en esas condiciones? Pero Jesús responde de manera afirmativa: "Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz" (Jn 18, 37). Jesús habla de rey, de reino, pero no se refiere al dominio, sino a la verdad. Pilato no comprende: ¿Puede existir un poder que no se obtenga con medios humanos? ¿Un poder que no responda a la lógica del dominio y la fuerza? Jesús ha venido para revelar y traer una nueva realeza, la de Dios; ha venido para dar testimonio de la verdad de un Dios que es amor (cf. 1Jn 4, 8-16) y que quiere establecer un reino de justicia, de amor y de paz (cf. Prefacio). Quien está abierto al amor, escucha este testimonio y lo acepta con fe, para entrar en el reino de Dios.
Esta perspectiva la volvemos a encontrar en la primera lectura que hemos escuchado. El profeta Daniel predice el poder de un personaje misterioso que está entre el cielo y la tierra: "Vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano y llegó hasta su presencia. A él se le dio poder, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieron. Su poder es un poder eterno, no cesará. Su reino no acabará" (Dn 7, 13-14). Se trata de palabras que anuncian un rey que domina de mar a mar y hasta los confines de la tierra, con un poder absoluto que nunca será destruido. Esta visión del profeta, una visión mesiánica, se ilumina y realiza en Cristo: el poder del verdadero Mesías, poder que no tiene ocaso y que no será nunca destruido, no es el de los reinos de la tierra que surgen y caen, sino el de la verdad y el amor. Así comprendemos que la realeza anunciada por Jesús de palabra y revelada de modo claro y explícito ante el Procurador romano, es la realeza de la verdad, la única que da a todas las cosas su luz y su grandeza.
En la segunda lectura, el autor del Apocalipsis afirma que también nosotros participamos de la realeza de Cristo. En la aclamación dirigida a aquel "que nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre" declara que él "nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre" (Ap 1, 5-6). También aquí aparece claro que no se trata de un reino político sino de uno fundado sobre la relación con Dios, con la verdad. Con su sacrificio, Jesús nos ha abierto el camino para una relación profunda con Dios: en él hemos sido hechos verdaderos hijos adoptivos, hemos sido hechos partícipes de su realeza sobre el mundo. Ser, pues, discípulos de Jesús significa no dejarse cautivar por la lógica mundana del poder, sino llevar al mundo la luz de la verdad y el amor de Dios. El autor del Apocalipsis amplia su mirada hasta la segunda venida de Cristo para juzgar a los hombres y establecer para siempre el reino divino, y nos recuerda que la conversión, como respuesta a la gracia divina, es la condición para la instauración de este reino (cf. Ap 1, 7). Se trata de una invitación apremiante que se dirige a todos y cada uno de nosotros: convertirse continuamente en nuestra vida al reino de Dios, al señorío de Dios, de la verdad. Lo invocamos cada día en la oración del "Padre nuestro" con la palabras "Venga a nosotros tu reino", que es como decirle a Jesús: Señor que seamos tuyos, vive en nosotros, reúne a la humanidad dispersa y sufriente, para que en ti todo sea sometido al Padre de la misericordia y el amor.
Queridos y venerados hermanos cardenales, de modo especial pienso en los que fueron creados ayer, a vosotros se os ha confiado esta ardua responsabilidad: dar testimonio del reino de Dios, de la verdad. Esto significa resaltar siempre la prioridad de Dios y su voluntad frente a los intereses del mundo y sus potencias. Sed imitadores de Jesús, el cual, ante Pilato, en la situación humillante descrita en el Evangelio, manifestó su gloria: la de amar hasta el extremo, dando la propia vida por las personas que amaba. Ésta es la revelación del reino de Jesús. Y por esto, con un solo corazón y una misma alma, rezamos: "Adveniat regnum tuum". Amén.
ÁNGELUS, Plaza de San Pedro, Domingo 22 de noviembre de 2009
Queridos hermanos y hermanas:
En este último domingo del año litúrgico celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, una fiesta de institución relativamente reciente, pero que tiene profundas raíces bíblicas y teológicas. El título de "rey", referido a Jesús, es muy importante en los Evangelios y permite dar una lectura completa de su figura y de su misión de salvación. Se puede observar una progresión al respecto: se parte de la expresión "rey de Israel" y se llega a la de rey universal, Señor del cosmos y de la historia; por lo tanto, mucho más allá de las expectativas del pueblo judío. En el centro de este itinerario de revelación de la realeza de Jesucristo está, una vez más, el misterio de su muerte y resurrección. Cuando crucificaron a Jesús, los sacerdotes, los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: "Es el rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él" (Mt 27, 42). En realidad, precisamente porque era el Hijo de Dios, Jesús se entregó libremente a su pasión, y la cruz es el signo paradójico de su realeza, que consiste en la voluntad de amor de Dios Padre por encima de la desobediencia del pecado. Precisamente ofreciéndose a sí mismo en el sacrificio de expiación Jesús se convierte en el Rey del universo, como declarará él mismo al aparecerse a los Apóstoles después de la resurrección: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra." (Mt 28, 18).
Pero, ¿en qué consiste el "poder" de Jesucristo Rey? No es el poder de los reyes y de los grandes de este mundo; es el poder divino de dar la vida eterna, de librar del mal, de vencer el dominio de la muerte. Es el poder del Amor, que sabe sacar el bien del mal, ablandar un corazón endurecido, llevar la paz al conflicto más violento, encender la esperanza en la oscuridad más densa. Este Reino de la gracia nunca se impone y siempre respeta nuestra libertad. Cristo vino "para dar testimonio de la verdad" (Jn 18, 37) –como declaró ante Pilato–: quien acoge su testimonio se pone bajo su "bandera", según la imagen que gustaba a san Ignacio de Loyola. Por lo tanto, es necesario –esto sí– que cada conciencia elija: ¿a quién quiero seguir? ¿A Dios o al maligno? ¿La verdad o la mentira? Elegir a Cristo no garantiza el éxito según los criterios del mundo, pero asegura la paz y la alegría que sólo él puede dar. Lo demuestra, en todas las épocas, la experiencia de muchos hombres y mujeres que, en nombre de Cristo, en nombre de la verdad y de la justicia, han sabido oponerse a los halagos de los poderes terrenos con sus diversas máscaras, hasta sellar su fidelidad con el martirio.
Queridos hermanos y hermanas, cuando el ángel Gabriel llevó el anuncio a María, le predijo que su Hijo heredaría el trono de David y reinaría para siempre (cf. Lc 1, 32-33). Y la Virgen santísima creyó antes de darlo al mundo. Sin duda se preguntó qué nuevo tipo de realeza sería la de Jesús, y lo comprendió escuchando sus palabras y sobre todo participando íntimamente en el misterio de su muerte en la cruz y de su resurrección. Pidamos a María que nos ayude también a nosotros a seguir a Jesús, nuestro Rey, como hizo ella, y a dar testimonio de él con toda nuestra existencia.
ÁNGELUS, Domingo 26 de noviembre de 2006
Queridos hermanos y hermanas: 
En este último domingo del año litúrgico celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. El evangelio de hoy nos propone de nuevo una parte del dramático interrogatorio al que Poncio Pilato sometió a Jesús, cuando se lo entregaron con la acusación de que había usurpado el título de "rey de los judíos". A las preguntas del gobernador romano, Jesús respondió afirmando que sí era rey, pero no de este mundo (cf. Jn 18, 36). No vino a dominar sobre pueblos y territorios, sino a liberar a los hombres de la esclavitud del pecado y a reconciliarlos con Dios. Y añadió: "Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz" (Jn 18, 37). 
Pero ¿cuál es la "verdad" que Cristo vino a testimoniar en el mundo? Toda su existencia revela que Dios es amor: por tanto, esta es la verdad de la que dio pleno testimonio con el sacrificio de su vida en el Calvario. La cruz es el "trono" desde el que manifestó la sublime realeza de Dios Amor: ofreciéndose como expiación por el pecado del mundo, venció el dominio del "príncipe de este mundo" (Jn 12, 31) e instauró definitivamente el reino de Dios. Reino que se manifestará plenamente al final de los tiempos, después de que todos los enemigos, y por último la muerte, sean sometidos (cf. 1Co 15, 25-26). Entonces el Hijo entregará el Reino al Padre y finalmente Dios será "todo en todos" (1Co 15, 28). El camino para llegar a esta meta es largo y no admite atajos; en efecto, toda persona debe acoger libremente la verdad del amor de Dios. Él es amor y verdad, y tanto el amor como la verdad no se imponen jamás: llaman a la puerta del corazón y de la mente y, donde pueden entrar, infunden paz y alegría. Este es el modo de reinar de Dios; este es su proyecto de salvación, un "misterio" en el sentido bíblico del término, es decir, un designio que se revela poco a poco en la historia. 
A la realeza de Cristo está asociada de modo singularísimo la Virgen María. A ella, humilde joven de Nazaret, Dios le pidió que se convirtiera en la Madre del Mesías, y María correspondió a esta llamada con todo su ser, uniendo su "sí" incondicional al de su Hijo Jesús y haciéndose con él obediente hasta el sacrificio. Por eso Dios la exaltó por encima de toda criatura y Cristo la coronó Reina del cielo y de la tierra. A su intercesión encomendamos la Iglesia y toda la humanidad, para que el amor de Dios reine en todos los corazones y se realice su designio de justicia y de paz.

DIRECTORIO HOMILÉTICO
Ap. I. La homilía y el Catecismo de la Iglesia Católica.
Ciclo B. Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.
Cristo, Señor y Rey
440 Jesús acogió la confesión de fe de Pedro que le reconocía como el Mesías anunciándole la próxima pasión del Hijo del Hombre (cf. Mt 16, 23). Reveló el auténtico contenido de su realeza mesiánica en la identidad transcendente del Hijo del Hombre "que ha bajado del cielo" (Jn 3, 13; cf. Jn 6, 62; Dn 7, 13) a la vez que en su misión redentora como Siervo sufriente: "el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos" (Mt 20, 28; cf. Is 53, 10-12). Por esta razón el verdadero sentido de su realeza no se ha manifestado más que desde lo alto de la Cruz (cf. Jn 19, 19-22; Lc 23, 39-43). Solamente después de su resurrección su realeza mesiánica podrá ser proclamada por Pedro ante el pueblo de Dios: "Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado" (Hch 2, 36).
SEÑOR
446 En la traducción griega de los libros del Antiguo Testamento, el nombre inefable con el cual Dios se reveló a Moisés (cf. Ex 3, 14), YHWH, es traducido por "Kyrios" ["Señor"]. Señor se convierte desde entonces en el nombre más habitual para designar la divinidad misma del Dios de Israel. El Nuevo Testamento utiliza en este sentido fuerte el título "Señor" para el Padre, pero lo emplea también, y aquí está la novedad, para Jesús reconociéndolo como Dios (cf. 1Co 2, 8).
447 El mismo Jesús se atribuye de forma velada este título cuando discute con los fariseos sobre el sentido del Salmo 109 (cf. Mt 22, 41-46; cf. también Hch 2, 34-36; Hb 1, 13), pero también de manera explícita al dirigirse a sus apóstoles (cf. Jn 13, 13). A lo largo de toda su vida pública sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y el pecado, demostraban su soberanía divina.
448 Con mucha frecuencia, en los Evangelios, hay personas que se dirigen a Jesús llamándole "Señor". Este título expresa el respeto y la confianza de los que se acercan a Jesús y esperan de él socorro y curación (cf. Mt 8, 2; Mt 14, 30; Mt 15, 22, etc.). Bajo la moción del Espíritu Santo, expresa el reconocimiento del misterio divino de Jesús (cf. Lc 1, 43; Lc 2, 11). En el encuentro con Jesús resucitado, se convierte en adoración: "Señor mío y Dios mío" (Jn 20, 28). Entonces toma una connotación de amor y de afecto que quedará como propio de la tradición cristiana: "¡Es el Señor!" (Jn 21, 7).
449 Atribuyendo a Jesús el título divino de Señor, las primeras confesiones de fe de la Iglesia afirman desde el principio (cf. Hch 2, 34-36) que el poder, el honor y la gloria debidos a Dios Padre convienen también a Jesús (cf. Rm 9, 5; Tt 2, 13; Ap 5, 13) porque el es de "condición divina" (Flp 2, 6) y el Padre manifestó esta soberanía de Jesús resucitándolo de entre los muertos y exaltándolo a su gloria (cf. Rm 10, 9; 1Co 12, 3; Flp 2, 11).
450 Desde el comienzo de la historia cristiana, la afirmación del señorío de Jesús sobre el mundo y sobre la historia (cf. Ap 11, 15) significa también reconocer que el hombre no debe someter su libertad personal, de modo absoluto, a ningún poder terrenal sino sólo a Dios Padre y al Señor Jesucristo: César no es el "Señor" (cf. Mc 12, 17; Hch 5, 29). " La Iglesia cree. . que la clave, el centro y el fin de toda historia humana se encuentra en su Señor y Maestro" (GS 10, 2; cf. 45, 2).
451 La oración cristiana está marcada por el título "Señor", ya sea en la invitación a la oración "el Señor esté con vosotros", o en su conclusión "por Jesucristo nuestro Señor" o incluso en la exclamación llena de confianza y de esperanza: "Maran atha" ("¡el Señor viene!") o "Maran atha" ("¡Ven, Señor!") (1Co 16, 22): "¡Amén! ¡ven, Señor Jesús!" (Ap 22, 20).
Artículo 7: "DESDE ALLI HA DE VENIR A JUZGAR A VIVOS Y MUERTOS"
I. VOLVERA EN GLORIA
Cristo reina ya mediante la Iglesia…
668 "Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos" (Rm 14, 9). La Ascensión de Cristo al Cielo significa su participación, en su humanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo. Jesucristo es Señor: Posee todo poder en los cielos y en la tierra. El está "por encima de todo Principado, Potestad, Virtud, Dominación" porque el Padre "bajo sus pies sometió todas las cosas"(Ef 1, 20-22). Cristo es el Señor del cosmos (cf. Ef 4, 10; 1Co 15, 24. 27-28) y de la historia. En él, la historia de la humanidad e incluso toda la Creación encuentran su recapitulación (Ef 1, 10), su cumplimiento transcendente.
669 Como Señor, Cristo es también la cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo (cf. Ef 1, 22). Elevado al cielo y glorificado, habiendo cumplido así su misión, permanece en la tierra en su Iglesia. La Redención es la fuente de la autoridad que Cristo, en virtud del Espíritu Santo, ejerce sobre la Iglesia (cf. Ef 4, 11-13). "La Iglesia, o el reino de Cristo presente ya en misterio", "constituye el germen y el comienzo de este Reino en la tierra" (LG 3;5).
670 Desde la Ascensión, el designio de Dios ha entrado en su consumación. Estamos ya en la "última hora" (1Jn 2, 18; cf. 1P 4, 7). "El final de la historia ha llegado ya a nosotros y la renovación del mundo está ya decidida de manera irrevocable e incluso de alguna manera real está ya por anticipado en este mundo. La Iglesia, en efecto, ya en la tierra, se caracteriza por una verdadera santidad, aunque todavía imperfecta" (LG 48). El Reino de Cristo manifiesta ya su presencia por los signos milagrosos (cf. Mc 16, 17-18) que acompañan a su anuncio por la Iglesia (cf. Mc 16, 20).
esperando que todo le sea sometido
671 El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado "con gran poder y gloria" (Lc 21, 27; cf. Mt 25, 31) con el advenimiento del Rey a la tierra. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal (cf. 2Ts 2, 7) a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por la Pascua de Cristo. Hasta que todo le haya sido sometido (cf. 1Co 15, 28), y "mientras no haya nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios" (LG 48). Por esta razón los cristianos piden, sobre todo en la Eucaristía (cf. 1Co 11, 26), que se apresure el retorno de Cristo (cf. 2P 3, 11-12) cuando suplican: "Ven, Señor Jesús" (cf. 1Co 16, 22; Ap 22, 17-20).
672 Cristo afirmó antes de su Ascensión que aún no era la hora del establecimiento glorioso del Reino mesiánico esperado por Israel (cf. Hch 1, 6-7) que, según los profetas (cf. Is 11, 1-9), debía traer a todos los hombres el orden definitivo de la justicia, del amor y de la paz. El tiempo presente, según el Señor, es el tiempo del Espíritu y del testimonio (cf Hch 1, 8), pero es también un tiempo marcado todavía por la "tristeza" (1Co 7, 26) y la prueba del mal (cf. Ef 5, 16) que afecta también a la Iglesia(cf. 1P 4, 17) e inaugura los combates de los últimos días (1Jn 2, 18; 1Jn 4, 3; 1Tm 4, 1). Es un tiempo de espera y de vigilia (cf. Mt 25, 1-13; Mc 13, 33-37).
Un pueblo sacerdotal, profético y real
783 Jesucristo es aquél a quien el Padre ha ungido con el Espíritu Santo y lo ha constituido "Sacerdote, Profeta y Rey". Todo el Pueblo de Dios participa de estas tres funciones de Cristo y tiene las responsabilidades de misión y de servicio que se derivan de ellas (cf. RH 18 - 21).
786 El Pueblo de Dios participa, por último, en la función regia de Cristo". Cristo ejerce su realeza atrayendo a sí a todos los hombres por su muerte y su resurrección (cf. Jn 12, 32). Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo "venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos" (Mt 20, 28). Para el cristiano, "servir es reinar" (LG 36), particularmente "en los pobres y en los que sufren" donde descubre "la imagen de su Fundador pobre y sufriente" (LG 8). El pueblo de Dios realiza su "dignidad regia" viviendo conforme a esta vocación de servir con Cristo.
"De todos los que han nacido de nuevo en Cristo, el signo de la cruz hace reyes, la unción del Espíritu Santo los consagra como sacerdotes, a fin de que, puesto aparte el servicio particular de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y que usan de su razón se reconozcan miembros de esta raza de reyes y participantes de la función sacerdotal. ¿Qué hay, en efecto, más regio para un alma que gobernar su cuerpo en la sumisión a Dios? Y ¿qué hay más sacerdotal que consagrar a Dios una conciencia pura y ofrecer en el altar de su corazón las víctimas sin mancha de la piedad?" (San León Magno, serm. 4, 1).
Su participación en la misión real de Cristo
908 Por su obediencia hasta la muerte (cf. Flp 2, 8-9), Cristo ha comunicado a sus discípulos el don de la libertad regia, "para que vencieran en sí mismos, con la propia renuncia y una vida santa, al reino del pecado" (LG 36).
"El que somete su propio cuerpo y domina su alma, sin dejarse llevar por las pasiones es dueño de sí mismo: Se puede llamar rey porque es capaz de gobernar su propia persona; Es libre e independiente y no se deja cautivar por una esclavitud culpable" (San Ambrosio, Psal. 118, 14, 30: PL 15, 1403A).
2105 El deber de dar a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente. Esa es "la doctrina tradicional católica sobre el deber moral de los hombres y de las sociedades respecto a la religión verdadera y a la única Iglesia de Cristo" (DH 1). Al evangelizar sin cesar a los hombres, la Iglesia trabaja para que puedan "informar con el espíritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en la que cada uno vive" (AA 13). Deber social de los cristianos es respetar y suscitar en cada hombre el amor de la verdad y del bien. Les exige dar a conocer el culto de la única verdadera religión, que subsiste en la Iglesia católica y apostólica (cf DH 1). Los cristianos son llamados a ser la luz del mundo (cf AA 13). La Iglesia manifiesta así la realeza de Cristo sobre toda la creación y, en particular, sobre las sociedades humanas (cf León XIII, enc. "Inmortale Dei"; Pío XI "Quas primas").
2628 La adoración es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. Exalta la grandeza del Señor que nos ha hecho (cf Sal 95, 1-6) y la omnipotencia del Salvador que nos libera del mal. Es la acción de humillar el espíritu ante el "Rey de la gloria" (Sal 24, 9-10) y el silencio respetuoso en presencia de Dios "siempre mayor" (S. Agustín, Sal 62, 16). La adoración de Dios tres veces santo y soberanamente amable nos llena de humildad y da seguridad a nuestras súplicas.
Cristo, el juez.
PARA JUZGAR A VIVOS Y MUERTOS
678 Siguiendo a los profetas (cf. Dn 7, 10; Jl 3, 4; Ml 3, 19) y a Juan Bautista (cf. Mt 3, 7-12), Jesús anunció en su predicación el Juicio del último Día. Entonces, se pondrán a la luz la conducta de cada uno (cf. Mc 12, 38-40) y el secreto de los corazones (cf. Lc 12, 1-3; Jn 3, 20-21; Rm 2, 16; 1Co 4, 5). Entonces será condenada la incredulidad culpable que ha tenido en nada la gracia ofrecida por Dios (cf Mt 11, 20-24; Mt 12, 41-42). La actitud con respecto al prójimo revelará la acogida o el rechazo de la gracia y del amor divino (cf. Mt 5, 22; Mt 7, 1-5). Jesús dirá en el último día: "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40).
679 Cristo es Señor de la vida eterna. El pleno derecho de juzgar definitivamente las obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo como Redentor del mundo. "Adquirió" este derecho por su Cruz. El Padre también ha entregado "todo juicio al Hijo" (Jn 5, 22; cf. Jn 5, 27; Mt 25, 31; Hch 10, 42; Hch 17, 31; 2Tm 4, 1). Pues bien, el Hijo no ha venido para juzgar sino para salvar (cf. Jn 3, 17) y para dar la vida que hay en él (cf. Jn 5, 26). Es por el rechazo de la gracia en esta vida por lo que cada uno se juzga ya a sí mismo (cf. Jn 3, 18; Jn 12, 48); es retribuido según sus obras (cf. 1Co 3, 12-15) y puede incluso condenarse eternamente al rechazar el Espíritu de amor (cf. Mt 12, 32; Hb 6, 4-6; Hb 10, 26–31).
1001 ¿Cuándo? Sin duda en el "último día" (Jn 6, 39-40. 44. 54; Jn 11, 24); "al fin del mundo" (LG 48). En efecto, la resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo:
"El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar" (1Ts 4, 16).
EL JUICIO FINAL
1038 La resurrección de todos los muertos, "de los justos y de los pecadores" (Hch 24, 15), precederá al Juicio final. Esta será "la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación" (Jn 5, 28  - 29). Entonces, Cristo vendrá "en su gloria acompañado de todos sus ángeles, … Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda… E irán estos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna. " (Mt 25, 31. 32. 46).
1039 Frente a Cristo, que es la Verdad, será puesta al desnudo definitivamente la verdad de la relación de cada hombre con Dios (cf. Jn 12, 49). El Juicio final revelará hasta sus últimas consecuencias lo que cada uno haya hecho de bien o haya dejado de hacer durante su vida terrena:
"Todo el mal que hacen los malos se registra - y ellos no lo saben. El día en que "Dios no se callará" (Sal 50, 3) … Se volverá hacia los malos: "Yo había colocado sobre la tierra, dirá El, a mis pobrecitos para vosotros. Yo, su cabeza, gobernaba en el cielo a la derecha de mi Padre - pero en la tierra mis miembros tenían hambre. Si hubierais dado a mis miembros algo, eso habría subido hasta la cabeza. Cuando coloqué a mis pequeñuelos en la tierra, los constituí comisionados vuestros para llevar vuestras buenas obras a mi tesoro: como no habéis depositado nada en sus manos, no poseéis nada en Mí" (San Agustín, serm. 18, 4, 4).
1040 El Juicio final sucederá cuando vuelva Cristo glorioso. Sólo el Padre conoce el día y la hora en que tendrá lugar; sólo El decidirá su advenimiento. Entonces, El pronunciará por medio de su Hijo Jesucristo, su palabra definitiva sobre toda la historia. Nosotros conoceremos el sentido último de toda la obra de la creación y de toda la economía de la salvación, y comprenderemos los caminos admirables por los que Su Providencia habrá conducido todas las cosas a su fin último. El juicio final revelará que la justicia de Dios triunfa de todas las injusticias cometidas por sus criaturas y que su amor es más fuerte que la muerte (cf. Ct 8, 6).
1041 El mensaje del Juicio final llama a la conversión mientras Dios da a los hombres todavía "el tiempo favorable, el tiempo de salvación" (2Co 6, 2). Inspira el santo temor de Dios. Compromete para la justicia del Reino de Dios. Anuncia la "bienaventurada esperanza" (Tt 2, 13) de la vuelta del Señor que "vendrá para ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que hayan creído" (2Ts 1, 10).
Venga tu Reino”
2816 En el Nuevo Testamento, la palabra "basileia" se puede traducir por realeza (nombre abstracto), reino (nombre concreto) o reinado (de reinar, nombre de acción). El Reino de Dios está ante nosotros. Se aproxima en el Verbo encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio, llega en la muerte y la Resurrección de Cristo. El Reino de Dios adviene en la Ultima Cena y por la Eucaristía está entre nosotros. El Reino de Dios llegará en la gloria cuando Jesucristo lo devuelva a su Padre:
"Incluso puede ser que el Reino de Dios signifique Cristo en persona, al cual llamamos con nuestras voces todos los días y de quien queremos apresurar su advenimiento por nuestra espera. Como es nuestra Resurrección porque resucitamos en él, puede ser también el Reino de Dios porque en él reinaremos" (San Cipriano, Dom. orat. 13).
2817 Esta petición es el "Marana Tha", el grito del Espíritu y de la Esposa: "Ven, Señor Jesús":
"Incluso aunque esta oración no nos hubiera mandado pedir el advenimiento del Reino, habríamos tenido que expresar esta petición, dirigiéndonos con premura a la meta de nuestras esperanzas. Las almas de los mártires, bajo el altar, invocan al Señor con grandes gritos: '¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia por nuestra sangre a los habitantes de la tierra?' (Ap 6, 10). En efecto, los mártires deben alcanzar la justicia al fin de los tiempos. Señor, ¡apresura, pues, la venida de tu Reino!" (Tertuliano, or. 5).
2818 En la oración del Señor, se trata principalmente de la venida final del Reino de Dios por medio del retorno de Cristo (cf Tt 2, 13). Pero este deseo no distrae a la Iglesia de su misión en este mundo, más bien la compromete. Porque desde Pentecostés, la venida del Reino es obra del Espíritu del Señor "a fin de santificar todas las cosas llevando a plenitud su obra en el mundo" (MR, plegaria eucarística IV).
2819 "El Reino de Dios es justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo" (Rm 14, 17). Los últimos tiempos en los que estamos son los de la efusión del Espíritu Santo. Desde entonces está entablado un combate decisivo entre "la carne" y el Espíritu (cf Ga 5, 16-25):
"Solo un corazón puro puede decir con seguridad: '¡Venga a nosotros tu Reino!'. Es necesario haber estado en la escuela de Pablo para decir: 'Que el pecado no reine ya en nuestro cuerpo mortal' (Rm 6, 12). El que se conserva puro en sus acciones, sus pensamientos y sus palabras, puede decir a Dios: '¡Venga tu Reino!'" (San Cirilo de Jerusalén, catech. myst. 5, 13).
2820 Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben distinguir entre el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad en las que están implicados. Esta distinción no es una separación. La vocación del hombre a la vida eterna no suprime sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz (cf GS 22; 32; 39; 45; EN 31).
2821 Esta petición está sostenida y escuchada en la oración de Jesús (cf Jn 17, 17-20), presente y eficaz en la Eucaristía; su fruto es la vida nueva según las Bienaventuranzas (cf Mt 5, 13-16; Mt 6, 24; Mt 7, 12-13).

Se dice Credo. Dicitur Credo.
Oración de los fieles
250. Elevemos nuestras preces a Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad en el reino de su Hijo Jesucristo.
-Por la Iglesia católica: para que, como pueblo santo de Dios, aporte a la sociedad los bienes espirituales que ha recibido de Cristo. Roguemos al Señor.
- Por los jefes de los estados y los que ostentan el poder legislativo y ejecutivo en todas las naciones: para que hagan de nuestro mundo un lugar de paz donde reine el bien común. Roguemos al Señor.
- Por aquellos que tienen poder económico o tecnológico, por los científicos de todo el mundo: para que siempre pongan al hombre en el centro de sus preocupaciones. Roguemos al Señor.
- Por los enfermos, los débiles, por cuantos sufren bajo el poder del mal: para que se vean liberados por el influjo del reino de Dios y su justicia. Roguemos al Señor.
- Por los que celebramos religiosamente esta fiesta: para que, dominando nuestras pasiones y egoísmos, no admitamos en nuestra vida otro poder que el de Cristo. Roguemos al Señor.
Padre, tú que has querido que tu Hijo Jesucristo reinara en el corazón de los hombres, haznos dóciles a tu voluntad para que alcancemos plenamente formar parte de su reino. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
Al ofrecerte, Señor, el sacrificio de la reconciliación humana, pedimos humildemente que tu Hijo conceda a todos los pueblos los dones de la paz y de la unidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Hóstiam tibi, Dómine, humánae reconciliatiónis offeréntes, supplíciter deprecámur, ut ipse Fílius tuus cunctis géntibus unitátis et pacis dona concédat. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
Prefacio: Cristo, Rey del Universo.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del Universo a tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría, para que, ofreciéndose a sí mismo, como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la redención humana y, sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.
Por eso, con los ángeles y arcángeles, tronos y dominaciones, y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
Praefatio: De Christo universorum Rege.
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Qui Unigénitum Fílium tuum, Dóminum nostrum Iesum Christum, Sacerdótem aetérnum et universórum Regem, óleo exsultatiónis unxísti: ut, seípsum in ara crucis hóstiam immaculátam et pacíficam ófferens, redemptiónis humánae sacraménta perágeret: et, suo subiéctis império ómnibus creatúris, aetérnum et universále regnum imménsae tuae tráderet maiestáti: regnum veritátis et vitae; regnum sanctitátis et grátiae; regnum iustítiae, amóris et pacis.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de comunión Sal 28, 10-11
El Señor se sienta como rey eterno, el Señor bendice a su pueblo con la paz.
Antiphona ad communionem Ps 28, 10-11
Sedébit Dóminus Rex in aetérnum; Dóminus benedícet pópulo suo in pace.
Oración después de la comunión
Después de recibir el alimento de la inmortalidad, te pedimos, Señor, que quienes nos gloriamos de obedecer los mandatos de Cristo, Rey del universo, podamos vivir eternamente con él en el reino del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Immortalitátis alimóniam consecúti, quaesumus, Dómine, ut, qui Christi Regis universórum gloriámur obodíre mandátis, cum ipso in caelésti regno sine fine vívere valeámus. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 26 de noviembre

1. En el cementerio de Priscila, en la vía Salaria Nueva de Roma, san Siricio, papa, a quien alaba san Ambrosio como verdadero maestro, ya que, consciente de su responsabilidad sobre todos los obispos, les dio a conocer los documentos de los Padres, confirmándolos con su autoridad apostólica (399).
2. En Adrianópolis, de Paflagonia, san Alipio, diácono y estilita, que murió casi centenario (s. IV).
3. En Constanza, de Suabia, en Germania, san Conrado, obispo, óptimo pastor de su grey, el cual hizo generosa providencia de sus bienes en favor de la Iglesia y de los pobres (975).
4. En Lacedemonia, del Peloponeso, san Nicón, monje, que después de una vida cenobita y eremítica transcurrida en Asia, trabajó con celo evangélico para llevar a la vida cristiana a los habitantes de la isla de Creta, recién liberada del yugo de los sarracenos, y luego recorrió Grecia predicando la penitencia, hasta que falleció en el monasterio de Esparta, fundación suya (998).
5. En el lugar llamado Fratta Polesine, en el territorio de Rodigo, en la región véneta limitando con Venecia, muerte de san Belino, obispo de Padua y mártir, defensor eximio en Iglesia, que cruelmente malherido por unos sicarios, murió a consecuencia de las lesiones recibidas (1151).
6*. En el monasterio Sixt de Canónigos Regulares, en Saboya, beato Poncio de Faucigny, que fue primero abad en Abbondance y, renunciando al cargo, quiso morir como un sencillo religioso (1179).
7. Junto a Fabriano, en el Piceno, de Italia, san Silvestre Gozzolini, abad, que habiendo calado hasta el fondo la vanidad de todas las cosas del mundo, a la vista de la sepultura abierta de un amigo, fallecido poco antes, se fue al eremo, cambiando varias veces de sitio para permanecer más oculto a los hombres, y por fin, en el desierto, junto al monte Fano, trazó las bases de la Congregación de los Silvestrinos, bajo la Regla de san Benito (1267).
8*. En Apt, de la Provenza, beata Delfina, esposa de san Elzear de Sabran, con el cual prometió guardar la castidad, y después de su muerte permaneció en la pobreza y en la oración (1358/1360).
9*. En York, en Inglaterra, beatos mártires Hugo Taylor, presbítero, y Marmaduco Bowes, de los cuales, el primero, aún joven, por haber entrado en Inglaterra siendo sacerdote, y el segundo, en cambio, ya anciano, por haberle ayudado, fueron llevados al suplicio del patíbulo, en tiempo del reinado de Isabel I (1585).
10*. En Biginiano, de Calabria, beato Humilde (Lucas Antonio) Pirozzo, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, famoso por su espíritu de profecía y frecuentes éxtasis (1637).
11. En Roma, en el convento de San Buenaventura, en el Palatino, san Leonardo de Porto Maurizio, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que, desbordante de celo por las personas, empleó casi toda su vida en la predicación, en la edición de libros de piedad y en dar más de trescientas misiones en la Urbe, en la isla de Córcega y por toda Italia septentrional (1751).
12. En la ciudad de Nam Dinh, en Tonquín, santos Tomás Dinh Viét Du y Domingo Nguyen Van Xuyên, presbíteros de la Orden de Predicadores y mártires, que por decreto del emperador Minh Mang fueron degollados al mismo tiempo (1839).
13*. En Passano, cerca de Vicenza, en Italia, beata Cayetana Sterni, religiosa, que, habiendo enviudado siendo aún joven, se entregó al servicio de los pobres, fundando la Congregación de las Hermanas de la Divina Voluntad, para atender a los menesterosos y enfermos (1889).
14*. En Roma, beato Jacobo Alberione, presbítero, que, solícito por la evangelización, se dedicó enteramente a poner al servicio de la sociedad humana los instrumentos de comunicación social para promover la verdad de Cristo, fundando, además, la Congregación de la Pía Sociedad de San Pablo Apóstol (1971).

sábado, 20 de octubre de 2018

Sábado 24 noviembre 2018, Santos Andrés Dung-Lac, presbítero, y compañeros, mártires, memoria obligatoria.

SOBRE LITURGIA

Papa Francisco
Audiencia a los seminaristas de Lombardía (Italia), 16.10.2018

Publicamos a continuación la transcripción del dialogo del Santo Padre con los seminaristas lombardos recibidos en audiencia el sábado pasado en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.

Dialogo del Santo Padre

Papa Francisco:

Tengo las preguntas, porque me las enviaron; pero vosotros decidlas: tomo nota de las cosas que me vienen a la mente porque quiero ser espontáneo en la respuesta.

Daniele:

Santo Padre, soy Daniele, de la diócesis de Mantua, y asisto al año introductorio. Al comienzo de nuestro camino en el seminario, la emoción que prevalece en nosotros es la alegría. Sin embargo, a veces, detrás de este entusiasmo, se esconde el germen de la duda y la dificultad de seguir a Jesús en la forma del sacerdote en la sociedad contemporánea. Según su experiencia, ¿cómo podemos los seminaristas en camino enfrentar la cruz de la duda?

Papa Francisco:

La cruz de la duda es una cruz, pero fecunda. No confío en las personas que nunca dudan. La duda nos pone en crisis; La duda nos hace preguntarnos: "¿Pero esto es bueno o no bueno?". La duda es una riqueza. Estoy hablando de la duda normal, no de aquellas personas dudosas que se vuelven escrupulosas. No, eso no está bien. Pero la duda normal de la personalidad es una riqueza, porque me pone en crisis y hace que me pregunte: ¿este pensamiento viene de Dios o no viene de Dios? ¿Es esto positivo o no positivo?

Has dicho "la cruz de la duda", y te estoy respondiendo con respecto a la duda interna, la duda que tienes en tu orientación espiritual. Tal vez tú también estás hablando de la duda cultural. Pero hoy no hay tanta duda cultural; quizás haya más afirmaciones culturales contrarias, cada uno tiene la suya y creo que a la humanidad le falta la capacidad de dudar bien. Las grandes preguntas ...: pensad en la duda sobre la guerra, sobre las migraciones ... Estas son dudas que deben tomarse en serio, porque de lo contrario, en estos ámbitos, el problema se resuelve no con una búsqueda interna, sino de acuerdo con los intereses de cada nación, de cada sociedad, de cada pueblo. Entonces, la falta de estas dudas está mal, porque te hace estar siempre seguro, sin plantearse el problema... Es una cruz, una duda, pero es una cruz que te acerca a Jesús y te pone en crisis. Y como dijiste, aquí está escrito: "¿Qué acciones concretas podemos poner en práctica todos los días para que nuestra vida diaria alimente este camino de confiarse?". La acción concreta es el diálogo con la persona que te acompaña, el diálogo con el superior, el diálogo con los compañeros. Pero diálogo abierto, diálogo sincero, cosas concretas. Y, sobre todo, el diálogo con el Señor: "Señor, ¿qué quieres decirme con lo que me haces sentir, con esta desolación, con esta duda? ...". Tomar la duda como una invitación a buscar la verdad, a buscar el encuentro con Jesucristo: esta es la verdadera duda. ¿Vale así?

CALENDARIO

24 SÁBADO. Hasta la hora nona:
SANTOS ANDRÉS DUNG-LAC, presbítero, y compañeros, mártires, memoria obligatoria

Misa
de la memoria (rojo).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. III-par.
- Ap 11, 4-12. Los dos profetas fueron un tormento para los habitantes de la tierra.
- Sal 143. R. ¡Bendito el Señor, mi alcázar!
- Lc 20, 27-40. No es Dios de muertos, sino de vivos.
o bien:
cf. vol. IV.

Liturgia de las Horas: oficio de la memoria.

Martirologio: elog. prop. de la solem. de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo, pág. 45 y elogs. del 25 de noviembre, pág. 688.
CALENDARIOS: Valladolid: San Mateo Alonso de Leciñana, presbítero, y san José Fernández de Ventosa, presbítero, mártires (MO).
Dominicos: Santos Ignacio Delgado, obispo, y compañeros, mártires (MO).
Sevilla: Santa Flora, virgen y mártir (ML).

24 SÁBADO. Después de la hora nona:
TRIGESIMOCUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
Segunda semana del salterio
Misa
vespertina de la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo (blanco).
Liturgia de las Horas: I Vísp. de la solemnidad. Comp. Dom. I.

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Memoria de lo santos Andrés Dung Lac, presbítero, y sus compañeros mártires. En una común celebración se venera a los ciento diecisiete mártires de las regiones asiáticas de Tonkín, Annam Cochinchina, regiones de la actual Vietnam, ocho de ellos obispos, otros muchos presbíteros, amén de ingente número de fieles de ambos sexos y de toda condición y edad, todos los cuales prefirieron el destierro, las cárceles, los tormentos y finalmente los extremos suplicios, antes que pisotear la cruz y desviarse de la fe cristiana. (1839)

24 de noviembre
San Andrés Dung-Lac, presbítero, y compañeros, mártires
Memoria
Die 24 novembris
Ss. Andreæ Dung Lac, presbyteri, et sociorum, martyrum
Memoria
Martyres in Vietnamia
Antífona de entrada Cf. Ga 6, 14 a; 1Co 1, 18
Nosotros hemos de gloriamos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. El mensaje de la cruz, para los que se salvan, es fuerza de Dios.
Antiphona ad introitum Cf. Ga 6,14; 1Co 1,18
Nobis absit gloriári nisi in cruce Dómini nostri Iesu Christi. Verbum enim crucis nobis, qui salvi facti sumus, virtus Dei est.
Oración colecta
Oh, Dios, fuente y origen de toda paternidad, tú hiciste que los santos mártires Andrés y sus compañeros fueran fieles a la cruz de tu Hijo hasta el derramamiento de su sangre, concédenos, por su intercesión, difundir tu amor entre los hermanos y que nos llamemos y seamos de verdad hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, omnis paternitátis fons et orígo, qui beátos mártyres Andréam et sócios eius Cruci Fílii tui usque ad sánguinis effusiónem fidéles effecísti, eórum intercessióne concéde, ut amórem tuum inter fratres propagántes fílii tui nominári et esse valeámus. Per Dóminum.



LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la XXXIII semana del Tiempo Ordinario, año par (Lec. III-par).

PRIMERA LECTURA Ap 11, 4-12
Los dos profetas fueron un tormento para los habitantes de la tierra
Lectura del libro del Apocalipsis.

Me fue dicho a mí, Juan:
«Aquí están dos testigos míos, estos son los dos olivos y los dos candelabros que están ante el Señor de la tierra. Y si alguien quiere hacerles daño, sale un fuego de su boca y devora a sus enemigos; y si alguien quisiera hacerles daño, es necesario que muera de esa manera. Estos tienen el poder de cerrar el cielo, para que no caiga lluvia durante los días de su profecía, y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre y para herir la tierra con toda clase de plagas siempre que quieran.
Y cuando hayan terminado su testimonio, la bestia que sube del abismo les hará la guerra y los vencerá y los matará. Y sus cadáveres yacerán en la plaza de la gran ciudad, que se llama espiritualmente Sodoma y Egipto, donde también su Señor fue crucificado. Y gentes de los pueblos, tribus, lenguas y naciones contemplan sus cadáveres durante tres días y medio y no permiten que sus cadáveres sean puestos en un sepulcro. Y los habitantes de la tierra se alegran por ellos y se regocijan y se enviarán regalos unos a otros, porque los dos profetas fueron un tormento para los habitantes de la tierra».
Y después de tres días y medio, un espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos, y se pusieron de pie, y un gran temor cayó sobre quienes los contemplaban. Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía:
«Subid aquí».
Y subieron al cielo en una nube, y sus enemigos se quedaron mirándolos.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 143, 1bcd. 2. 9-10 (R.: cf. 1a)
R.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Benedíctus Dóminus, præsídium meum!

V. Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea. R.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Benedíctus Dóminus, præsídium meum!

V. Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y refugio,
que me somete los pueblos. R.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Benedíctus Dóminus, præsídium meum!

V. Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna. R.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Benedíctus Dóminus, præsídium meum!

Aleluya Cf. 2 Tm 1, 10
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte, e hizo brillar la vida por medio del Evangelio. R.
Salvátor noster Iesus Christus destrúxit mortem, et illuminávit vitam per Evangélium.

EVANGELIO Lc 20, 27-40
No es Dios de muertos, sino de vivos
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre ¡os muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».
Intervinieron unos escribas:
«Bien dicho, Maestro».
Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Papa Francisco, Ángelus 6-noviembre-2016
Los «hijos del cielo y de la resurrección» no son unos pocos privilegiados, sino que son todos los hombres y todas las mujeres, porque la salvación traída por Jesús es para cada uno de nosotros. Y la vida de los resucitados será parecida a la de los ángeles (cf. Lc 20, 36), es decir, toda inmersa en la luz de Dios, toda dedicada a su alabanza, en una eternidad llena de alegría y de paz. ¡Pero cuidado! La resurrección no es sólo el hecho de resurgir después de la muerte, sino que es una nueva clase de vida que ya experimentamos hoy; es la victoria sobre la nada que ya podemos pregustar. ¡La resurrección es el fundamento de la fe y de la esperanza cristiana! Si no hubiera referencia al Paraíso y a la vida eterna, el cristianismo se reduciría a una ética, a una filosofía de vida. En cambio, el mensaje de la fe cristiana viene del cielo, es revelado por Dios y va más allá de este mundo. Creer en la resurrección es esencial, para que cada acto de nuestro de amor cristiano no sea efímero y sin más utilidad, sino que se convierta en una semilla destinada a florecer en el jardín de Dios, y producir frutos de vida eterna.

Oración de los fieles
404. En esta conmemoración de los santos N. y N., mártires de Cristo, oremos a Dios Padre.
- Por la Iglesia: para que se sienta fortalecida con el testimonio de los mártires. Roguemos al Señor.
- Por los cristianos que sufren persecución o discriminación social por su fidelidad al Evangelio: para que salgan fortalecidos de la prueba. Roguemos al Señor.
O bien:
- Por los que ocultan su condición de creyentes por temor a la incomprensión o al ridículo: para que el ejemplo admirable de los mártires los estimule y aliente. Roguemos al Señor.
- Por los que se dedican al servicio de los demás con gran riesgo de sus vidas: para que su generosidad venza nuestro egoísmo. Roguemos al Señor.
- Por los que sufren injustamente vejaciones, injurias, humillaciones, torturas: para que acepten su dolor con fortaleza de ánimo y sepan perdonar. Roguemos al Señor.
- Por los que mueren víctimas de las guerras, del terrorismo: para que su sangre derramada no sea inútil. Roguemos al Señor.
- Por nosotros: para que el testimonio de los mártires nos reconforte en las pruebas de cada día. Roguemos al Señor.
Escucha, Señor, nuestras súplicas, por la intercesión de los santos N y N., cuya sangre derramada por Cristo clama a ti en nuestro favor. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Padre santo, los dones que te ofrecemos al venerar la pasión de los santos mártires, para que, en medio de las dificultades de nuestra vida, permanezcamos siempre fieles a ti y hagamos de nosotros mismos una ofrenda agradable a tus ojos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, sancte Pater, múnera quae offérimus, passiónem venerántes sanctórum mártyrum, ut inter advérsa vitae nostrae, fidéles tibi semper inveníri mereámur et hóstiam tibi acceptábilem nosmetípsos exhibére. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV. PREX EUCHARÍSTICA IV.
Antífona de la comunión Mt 5, 10
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Antiphona ad communionem Mt 5,10
Beáti qui persecutiónem patiúntur propter iustítiam, quóniam ipsórum est regnum caelórum.
Oración después de la comunión
Alimentados con un mismo pan en la conmemoración de los santos mártires, te pedimos humildemente, Señor, que nos mantengamos unidos en tu amor y merezcamos alcanzar el premio eterno a la perseverancia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Uníus panis alimónia refécti, in commemoratióne sanctórum mártyrum, te, Dómine, supplíciter deprecámur, ut, in tua dilectióne unánimes manéntes, patiéntiae praemium mereámur cónsequi aetérnum. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogio propio de la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo

Solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. A él el poder, la gloria y la majestad para siempre, por los siglos de los siglos.
Elogios del día 25 de noviembre
S
anta Catalina, mártir, que, según la tradición, fue una virgen de Alejandría dotada tanto de agudo ingenio y sabiduría como de fortaleza de ánimo. Su cuerpo se venera piadosamente en el célebre monasterio del monte Sinaí (s. inc.).
2. En Cesarea de Capadocia, san Mercurio, mártir (250).
3. En Roma, conmemoración de san Moisés, presbítero y mártir, que en tiempo del emperador Decio, al ser martirizado el papa san Fabián, juntamente con el colegio de presbíteros cuidó de los hermanos en la Iglesia, determinó que debía otorgarse la reconciliación a los lapsos enfermos y moribundos y, durante el largo tiempo que estuvo retenido en la cárcel, frecuentemente les consolaba con las cartas de san Cipriano de Cartago, siendo coronado finalmente con un martirio glorioso y admirable (251).
4. En Alejandría, en Egipto, san Pedro, obispo y mártir, que, dotado de todas las virtudes, fue decapitado por mandato del emperador Galerio Maximiano, viniendo a ser la última víctima de la gran persecución y como el sello de los mártires. Con él se conmemoran tres obispos egipcios, que son Hesiquio, Pacomio y Teodoro, junto con otros muchos que, también en Alejandría, sufrieron en la misma persecución y subieron al cielo por medio de cruel espada (305/311).
5. En Numidia, san Márculo, obispo, que, según la tradición, murió mártir en tiempo del emperador Constante, despeñado desde una roca por un tal Macario (347).
6*. En la región de Agen, en Aquitania, san Maurino, mártir, que, dedicado a la evangelización de la gente del campo, fue despiadadamente destrozado por los paganos, según dicen las crónicas (s. VI).
7*. En la región de Valence, en la Galia, beata Beatriz de Ornacieux, virgen de la Orden Cartujana, insigne por el amor a la Cruz, que vivió y murió con pobreza extrema en el monasterio de Eymeu, fundado por ella (1303/1309).
8*. En Reute, de Suabia, en Germania, beata Isabel Achler, por sobrenombre “Buena”, virgen, que, viviendo como una reclusa de la Tercera Orden Regular de San Francisco, cultivó en grado admirable la humildad, la pobreza y la mortificación corporal (1420).
9. En Seúl, en Corea, san Pedro Yi Hoyong, mártir, que, siendo catequista, fue hecho prisionero por unos sicarios, juntamente con su hermana santa Águeda Yi So-sa, y permaneciendo firme en la confesión de la fe, después de quebrarle por tres veces los huesos le mantuvieron cuatro años en la cárcel, donde finalmente murió, siendo el primero del glorioso escuadrón de los mártires (1838).
10*. En Puebla de Híjar, población cercana a Teruel, en España, beato Jacinto Serrano López, de la Orden de Predicadores y mártir, que fue fusilado en la persecución contra la Iglesia. Con él se hace conmemoración del beato mártir Santiago Meseguer Burillo, presbítero de la misma Orden, quien, por Cristo, realizó su glorioso combate en Barcelona, no se sabe exactamente en qué fecha (1936).
11. En el monasterio de Arlanza, en la región de Burgos, en España, memoria de san García, abad (1073).

viernes, 19 de octubre de 2018

Viernes 23 noviembre 2018, Viernes de la XXXIII semana del Tiempo Ordinario, feria o san Clemente I, papa y mártir, memoria libre, o san Columbano, abad, memoria libre.

SOBRE LITURGIA

CLAUSURA DE LA III SESIÓN DEL CONCILIO VATICANO II
ALOCUCIÓN DE SU SANTIDAD PABLO VI

Fiesta de la Presentación dela Virgen María en el Templo
Sábado 21 de noviembre de 1964

Especialmente queremos que aparezca con toda claridad que María, sierva humilde del Señor, está completamente relacionada con Dios y con Cristo, único Mediador y Redentor nuestro. E igualmente que si ilustren la naturaleza verdadera y el objetivo del culto mariano en la Iglesia, especialmente donde hay muchos hermanos separados, de forma que cuantos no forman parte de la comunidad católica comprendan que la devoción a María, lejos de ser un fin en sí misma, es un medio esencialmente ordenado a orientar las almas hacia Cristo, y de esta forma unirlas al Padre, en el amor del Espíritu Santo.

Al paso que elevamos nuestro espíritu en ardiente oración a la Virgen, para que bendiga el Concilio Ecuménico y a toda la Iglesia, acelerando la hora de la unión entre todos los cristianos, nuestra mirada se abre a los ilimitados horizontes del mundo entero, objeto de las más vivas atenciones del Concilio Ecuménico, y que nuestro predecesor Pío XII, de venerable memoria, no sin una inspiración del Altísimo, consagró solemnemente al Corazón Inmaculado de María. Creemos oportuno, particularmente hoy, recordar este acto de consagración. Con este fin hemos decidido enviar próximamente, por medio de una misión especial, la Rosa de Oro al Santuario de la Virgen de Fátima, muy querido no sólo por la noble nación portuguesa —siempre, pero especialmente hoy, apreciada por Nos—, sino también conocido y venerado por los fieles de todo el mundo católico. De esta forma, también Nos, pretendemos confiar a los cuidados de la Madre celestial toda la familia humana, con sus problemas y sus afanes, con sus legítimas aspiraciones y ardientes esperanzas.

Virgen María, Madre de la Iglesia, te recomendamos toda la Iglesia, nuestro Concilio Ecuménico.

... “Socorro de los obispos”, protege y asiste a los obispos en su misión apostólica, y a todos aquellos, sacerdotes, religiosos y seglares, que con ellos colaboran en su arduo trabajo.

Tú, que por Tu mismo divino Hijo, en el momento de su muerte redentora, fuiste presentada como Madre al discípulo predilecto, acuérdate del pueblo cristiano, que en Ti confía.

Acuérdate de todos tus hijos; avala sus preces ante Dios; conserva sólida su fe; fortifica su esperanza; aumenta su caridad.

Acuérdate de aquellos que viven en la tribulación, en las necesidades, en los peligros, especialmente de aquellos que sufren persecución y se encuentran en la cárcel por la fe. Para ellos, Virgen Santísima, solicita la fortaleza y acelera el ansiado día de su justa libertad.

Mira con ojos benignos a nuestros hermanos separados, y dígnate unirnos, Tú que has engendrado a Cristo, fuente de unión entre Dios y los hombres.

Templo de la luz sin sombra y sin mancha, intercede ante tu Hijo Unigénito, Mediador de nuestra reconciliación con el Padre (cf. V, XI), para que sea misericordioso con nuestras faltas y aleje de nosotros la desidia, dando a nuestros ánimos la alegría de amar.

Finalmente, encomendamos a Tu Corazón Inmaculado todo el género humano; condúcelo al conocimiento del único y verdadero Salvador, Cristo Jesús; aleja de él el flagelo del pecado, concede a todo el mundo la paz en la verdad, en la justicia, en la libertad y en el amor.

Y haz que toda la Iglesia, celebrando esta gran asamblea ecuménica, pueda elevar al Dios de las misericordias un majestuoso himno de alabanza y agradecimiento, un himno de gozo y alegrías, pues grandes cosas ha obrado el Señor por medio tuyo, clemente, piadosa y dulce Virgen María.

CALENDARIO

23 VIERNES DE LA XXXIII SEMANA DEL T. ORDINARIO, feria o SAN CLEMENTE I, papa y mártir, memoria libre o SAN COLUMBANO, abad, memoria libre

Misa
de feria (verde) o de la memoria de san Clemente I (rojo) o de la memoria de san Columbano (blanco).
MISAL: para la feria cualquier formulario permitido (véase pág. 65, n. 5) / para la memoria de san Clemente I: 1ª orac. prop. y el resto del común de mártires (para un mártir) o de pastores (para un papa), o de un domingo del T.O. Conveniente PE I. / para la memoria de san Columbano: 1ª orac. prop., el resto del común de pastores (para misioneros) o de santos (para un abad); Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. III-par.
- Ap 10, 8-11. Tomé el librito y lo devoré.
- Sal 118. R. ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!
- Lc 19, 45-48. Habéis hecho de la casa de Dios una “cueva de bandidos”.
o bien:
cf. vol. IV.

Liturgia de las Horas: oficio de feria o de una de las memorias.

Martirologio: elogs. del 24 de noviembre, pág. 685.
CALENDARIOS: Sevilla: San Clemente I, papa y mártir (ML).
Jesuitas: Beato Miguel Agustín Pro, presbítero y mártir (ML).
Familia Franciscana: Conmemoración de todos los difuntos de la Orden.
Operarios Diocesanos: Conmemoración de los sacerdotes, parientes y bienhechores difuntos.

TEXTOS MISA

Misa de la feria: del XXXIII Domingo T. Ordinario (o de otro Domingo del T. Ordinario).

Misa de san Clemente I:
Elogio del martirologio
San Clemente I, papa y mártir, tercer sucesor del apóstol san Pedro, que rigió la Iglesia romana y escribió una espléndida carta a los corintios, para fortalecer entre ellos los vínculos de la paz y la concordia. Hoy se celebra el sepelio de su cuerpo en Roma. (s. I)

Oración colecta propia. Resto del común de mártires: I. Fuera del tiempo pascual; B. Para un mártir 1.

23 de noviembre
San Clemente I, papa y mártir
Die 23 novembris
S. Clementis I, papæ et martyris
Antífona de entrada
Este santo luchó hasta la muerte en defensa de la ley de Dios y no temió las palabras de los malvados: estaba cimentado sobre roca firme.
O bien: Cf. Sab 10, 12
El Señor lo puso en un duro combate, para que venciera, pues la sabiduría es más fuerte que todo.
Antiphona ad introitum
Iste sanctus pro lege Dei sui certávit usque ad mortem, et a verbis impiórum non tímuit; fundátus enim erat supra firmam petram.
Vel: Cf. Sg 10, 12
Certámen forte dedit illi Dóminus, ut víncere sciret, quóniam ómnium poténtior est sapiéntia.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, admirable en la fortaleza de todos tus santos, concédenos alegramos en la memoria anual de san Clemente, sacerdote y mártir de tu Hijo, que con su muerte dio testimonio de lo que realizaba sacramentalmente y confirmó con el ejemplo lo que predicaba con la palabra. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, qui in ómnium sanctórum tuórum es virtúte mirábilis, da nobis in beáti Cleméntis ánnua commemoratióne laetári, qui, Fílii tui sacérdos et martyr, quod mystério gessit, testimónio comprobávit, et, quod praedicávit ore, confirmávit exémplo. Per Dóminum.

Misa de san Columbano:
Elogio del martirologio
San Columbano, abad, irlandés de nacimiento, que por Cristo se hizo peregrino para evangelizar las gentes de las Galias. Fundó, entre otros muchos, el monasterio de Luxeuil, que él mismo rigió con estricta observancia, y obligado después a exiliarse, atravesó los Alpes y construyó el cenobio de Bobbio, en la región italiana de Liguria, famoso por su disciplina y estudios, en el cual se durmió en la paz, lleno de méritos para con la Iglesia. Su cuerpo recibió sepultura en este día. (615)

Oración colecta propia: del Común de pastores: V. Para misioneros 1.

23 de noviembre
San Columbano, abad
Die 23 novembris
S. Columbani, abbatis
Antífona de entrada
Estos son los varones santos, amigos de Dios, insignes en la predicación de la verdad divina.
O bien: Sal 17, 50; 21, 23
Te daré gracias entre las naciones, Señor; contaré tu fama a mis hermanos.
Antiphona ad introitum
Isti sunt viri sancti facti amíci Dei, divínae veritátis praecónio gloriósi.
Vel: Ps 17, 50 Ps 21, 23
Confitébor tibi in pópulis, Dómine, et narrábo nomen tuum frátribus mei.
Oración colecta
Oh, Dios, que has unido de modo admirable en san Columbano la tarea de la evangelización y el amor a la vida monástica, concédenos, por su intercesión y su ejemplo, buscarte por encima de todas las cosas y trabajar por la edificación del pueblo creyente. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui in beáto Columbáno evangelizándi munus et monásticae vitae stúdium mirabíliter coniunxísti, praesta, quaesumus, ut, eius intercessióne et exémplo, te super ómnia quaerere et credéntium pópulum augére studeámus. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Viernes de la XXXIII semana del Tiempo Ordinario, año par (Lec. III-par).

PRIMERA LECTURA Ap 10, 8-11
Tomé el librito y lo devoré
Lectura del libro del Apocalipsis.

Yo, Juan, escuché la voz del cielo que se puso a hablarme de nuevo diciendo:
«Ve a tomar el librito abierto de la mano del ángel que está de pie sobre el mar y la tierra».
Me acerqué al ángel y le pedí que me diera el librito. Él me dice:
«Toma y devóralo; te amargará en el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel».
Tomé el librito de mano del ángel y lo devoré; en mi boca sabía dulce como la miel, pero, cuando lo comí, mi vientre se llenó de amargor.
Y me dicen:
«Es preciso que profetices de nuevo sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131 (R.: 103a)
R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

V. Mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas. R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

V. Tus preceptos son mi delicia,
tus enseñanzas son mis consejeros. R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

V. Más estimo yo la ley de tu boca
que miles de monedas de oro y plata. R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

V. ¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca! R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

V. Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón. R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

V. Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos. R.
¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Quam dúlcia fáucibus meis elóquia tua, Dómine!

Aleluya Jn 10, 27
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-, y yo las conozco, y ellas me siguen. R. Oves meæ vocem meam áudiunt, dicit Dóminus; et ego cognósco eas, et sequúntur me.

EVANGELIO Lc 19, 45-48
Habéis hecho de la casa de Dios una “cueva de bandidos”
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:
«Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”».
Todos los días enseñaba en el templo.
Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Papa Francisco, Homilía en santa Marta 24-noviembre-2017
El templo de Dios más importante es nuestro corazón, porque dentro de nosotros habita el Espíritu Santo. ¿Y qué sucede en mi corazón? ¿He aprendido a vigilar dentro de mí, para que el templo de mi corazón sea solo para el Espíritu Santo? ¡Purificar el templo, el templo interior y vigilar! Estate atento: ¿qué pasa en tu corazón? ¿Quién viene, quién va? ¿Cuáles son tus sentimientos, tus ideas? ¿Hablas con el Espíritu Santo? ¿Escuchas al Espíritu Santo? Vigilar: estar atentos a lo que pasa en nuestro templo, dentro de nosotros.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario V
293. Suba nuestra oración a Dios Padre todopoderoso, que quiere iluminar y salvar a todos los hombres.
- Por nuestro Santo Padre el papa N y por todos los obispos: para que guíen fielmente al pueblo de Dios. Roguemos al Señor.
- Por los que rigen los destinos de los pueblos: para que protejan la libertad de los ciudadanos y gobiernen con rectitud y justicia. Roguemos al Señor.
- Por los hambrientos y los enfermos, por los emigrantes y los que no tienen trabajo, por todos los que sufren: para que sean aliviados en su necesidad. Roguemos al Señor.
- Por los que estamos aquí reunidos: para que vivamos en amor fraterno y formemos una comunidad de fe, esperanza y amor en el seno de la Iglesia. Roguemos al Señor.
Escucha, Dios todopoderoso, las súplicas de tu pueblo; y concédenos lo que te pedimos, confiados en tu bondad. Por Jesucristo nuestro Señor.

Misa de san Clemente I:
Oración sobre las ofrendas
Santifica con la eficacia de tu bendición, Señor, estos dones que, por tu gracia, han de encender en nosotros aquel fuego de tu amor que dio fuerza a san N., para vencer todos los tormentos corporales. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Obláta múnera, quaesumus, Dómine, tua benedictióne sanctífica, quae, te donánte, nos illa flamma tuae dilectiónis accéndat, per quam sanctus N. torménta sui córporis univérsa devícit. Per Christum.
PREFACIO COMÚN I
El universo restaurado en Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
A quien hiciste fundamento de todo y de cuya plenitud quisiste que participáramos todos. Siendo él de condición divina se despojó de su rango, y por su sangre derramada en la cruz puso en paz el universo; y así, exaltado sobre todo cuanto existe, es fuente de salvación eterna para cuantos creen en él.
Por eso, con los ángeles y arcángeles, tronos y dominaciones, y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO COMMUNIS I
De universali restauratione in Christo
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
In quo ómnia instauráre tibi complácuit, et de plenitúdine eius nos omnes accípere tribuísti. Cum enim in forma Dei esset, exinanívit semetípsum, ac per sánguinem crucis suae pacificávit univérsa; unde exaltátus est super ómnia et ómnibus obtemperántibus sibi factus est causa salútis aetérnae.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARÍSTICA II.
Antífona de comunión Cf. Mt 16, 24
Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga, dice el Señor.
O bien: Cf. Mt 10, 39
El que pierda su vida por mí, la encontrará para siempre, dice el Señor.
Antiphona ad communionem Cf. Mt 16, 24
Qui vult veníre post me, ábneget semetípsum, et tollat crucem suam, et sequátur me, dicit Dóminus.
Vel: Mt 10, 39
Qui perdíderit ánimam suam propter me, dicit Dóminus, invéniet eam in aetérnum.
Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor, que los sacramentos recibidos nos den aquella fortaleza de espíritu que hizo a tu mártir san N. fiel en tu servicio y victorioso en el martirio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Praestent nobis, quaesumus, Dómine, sacra mystéria quae súmpsimus eam ánimi fortitúdinem, quae beátum N. mártyrem tuum réddidit in tuo servítio fidélem et in passióne victórem. Per Christum.

Misa de san Columbano:
Oración sobre las ofrendas
Dios todopoderoso, mira el sacrificio que te ofrecemos en la fiesta de san N., y concede a cuantos celebramos el misterio de la pasión del Señor imitar lo que realizamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Réspice quas offérimus hóstias, omnípotens Deus, in beáti N. festivitáte, et praesta, ut, qui domínicae passiónis mystéria celebrámus, imitémur quod ágimus. Per Christum.
PREFACIO COMÚN I
El universo restaurado en Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
A quien hiciste fundamento de todo y de cuya plenitud quisiste que participáramos todos. Siendo él de condición divina se despojó de su rango, y por su sangre derramada en la cruz puso en paz el universo; y así, exaltado sobre todo cuanto existe, es fuente de salvación eterna para cuantos creen en él.
Por eso, con los ángeles y arcángeles, tronos y dominaciones, y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO COMMUNIS I
De universali restauratione in Christo
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
In quo ómnia instauráre tibi complácuit, et de plenitúdine eius nos omnes accípere tribuísti. Cum enim in forma Dei esset, exinanívit semetípsum, ac per sánguinem crucis suae pacificávit univérsa; unde exaltátus est super ómnia et ómnibus obtemperántibus sibi factus est causa salútis aetérnae.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:

Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARÍSTICA II.
Antífona de la comunión Cf. Ez 34, 15
Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar, dice el Señor.
O bien: Cf. Mt 10, 27
Lo que os digo en la oscuridad, decidio a la luz, dice el Señor, ylo que os digo al oído, pregonadio desde la azotea.
Antiphona ad communionem Ez 34, 15
Ego pascam oves meas, et ego eas accubáre fáciam, dicit Dóminus.
Vel: Mt 10, 27
Quod dico vobis in ténebris, dícite in lúmine, dicit Dóminus, et quod in aure audítis, praedicáte super tecta.
Oración después de la comunión
Señor, por la eficacia de este sacramento confirma a tus siervos en la verdadera fe para que la proclamen de palabra y de obra en todas partes, a ejemplo de san N. que, por ella, trabajó y consagró su vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Huius mystérii virtúte, confírma, Dómine, fámulos tuos in fide veritátis, ut eam ubíque ore et ópere confiteántur, pro qua beátus N. laboráre non déstitit et vitam suam impéndit. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 24 de noviembre
M
emoria de santos Andrés Dung Lac, presbítero, y de sus compañeros mártires (Estos son sus nombres: santos Clemente Ignacio Delgado Cebrián, Domingo Henares, Jerónimo Hermosilla, José María Díaz Sanjurjo, Melchor García Sampedro, Pedro Dumoulin-Borie, Valentín Berrio Ochoa, obispos; Agustín Schoeffler, Bernardo Viu Van Due, Domingo Cam, Domingo Mâu, Domingo Nguyen Van (Doán) Xuyên, Domingo Nguyen Van Hanh (Diêu), Domingo Trach, Domingo Tuoc, Manuel Nguyen Van Triêu, Francisco Gil de Federich, Francisco Jaccard, Jacinto Castañeda, Santiago Do Mai Nam, Juan Carlos Cornay, Juan Dat, Juan Doàn Trinh Hoan, Juan Luis Bonnard, Juan Teófanes Venard, José Dang Dinh (Niên) Viên, José Dô Quang Hien, José Fernández, José Machand, José Nguyên Dình Nghi, José Tuán, Isidoro Gagelin, Lorenzo Nguyen Van Hutong, Lucas Vu Bá Loan, Martín Ta Duc Thinh, Mateo Alonso de Leziniana, Pablo Lê Bao Tinh, Pablo Le-Van-Loc, Pablo Nguyen Ngan, Pablo Pham Khac Khoan, Pedro Almató Ribeira, Pedro Doan Cong Quy, Pedro Francisco Nerón, Pedro Khanh, Pedro Le Tuy, Pedro Nguyen Ba Tuân., Pedro Nguyen Van Luu, Pedro Nguyen Van Tu, Pedro Truong Van Thi, Felipe Phan Van Minh, Tomás Dinh Viet Du, Tomás Khuong, Vicente Do Yen, Vicente Le Quang Liem y Vicent Nguyen The Diem, presbíteros; Andrés Nguyen Kim Thong Nam (Nam Thuong), Antonio Nguyen Huu (Nam Quynh, Domingo Bui Van Uy, Francisco Javier Can, Francisco Javier Ha Trong Mau, Juan Bautista Dinh Van Thanh, José Nguyen Dinh Uyen, José Nguyen Duy Khang, José Nguyen Van Luu, Mateo Nguyen Van Phuong, Pablo Nguyen Van My, Pedro Doan Van Van, Pedro Nguyen Khac Tu, Pedro Nguyen Van Hieu, Pedro Truong Van Duong, Pedro Vu Van Truat y Tomás Toán, catequistas; Inés Le Thi Thanh (Dê), Andrés Tuong, Andrés Tran Van Trong, Antonio Nguyen Dích, Agustín Nguyen Van Moi, Agustín Phan Viet Huy, Domingo Huyen, Domingo Mao, Domingo Ngon, Domingo Nguyen, Domingo Nhi, Domingo Nicolás Dinh Dat, Domingo Ninh, Domingo Pham Trong (An) Kham, Domingo Toai, Manuel Le Van Phung, Manuel Phung, Francisco Do Minnh Chieu, Francisco Tran Van Trung, Juan Bautista Con, José Hoang Luong Canh, José Le Dan Thi, José Pham Trong (Cai) Ta, José Tuán, José Tuc, Lucas (Cai) Thin, Martín Tho, Mateo Le Van Gam, Miguel Ho Dinh Hy, Miguel Nguyen Huy My, Nicolás Bui Viet Yhe, Pablo Hang, Pablo Tong Viet Buong, Pedro Da, Pedro Dong, Pedro Thuan, Pedro Vo Dang Khoa, Simón Phan Dac Hoa, Esteban Nguyen Van Vinh, Tomás Nguyen Van Dê, Tomás Tran Van Thien, Vicente Duong y Vicente Tuong). En una común celebración se venera a los ciento diecisiete mártires de las regiones asiáticas de Tonquín, Annam y de la Cochinchina. Ocho de ellos eran obispos, otros muchos presbíteros, amén de ingente número de fieles de ambos sexos y de toda condición y edad, todos los cuales prefirieron el destierro, las cárceles, los tormentos y finalmente los extremos suplicios, antes que pisotear la cruz y desviarse de la fe cristiana (1839).
2. En Aquileya, en el territorio de Venecia, conmemoración de san Crisógono, mártir, a quien se da culto en Roma el día del aniversario de la dedicación de la iglesia cuyo título lleva su nombre (304).
3. En Amelia, ciudad de la Umbría, santa Firmina, mártir (303).
4. En Milán, de la provincia de Liguria, san Protasio, obispo, que defendió ante el emperador Constante la causa de san Atanasio y tomó parte en el Concilio de Sárdica (352).
5. En el lugar de Blaye, en el territorio de Burdeos, en Aquitania, san Romano, presbítero (385).
6*. En Cluain Uama (hoy Clyne), de Hibernia (hoy Irlanda), san Colmano, obispo (600).
7. En el territorio de Auvernia, en Aquitania, san Porciano, abad, que siendo joven esclavo buscó refugio y la libertad en un monasterio en el que se hizo monje y donde llegó a ser abad, muriendo ya de viejo, agotado por los ayunos (c. 532).
8. En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, santas Flora y María, vírgenes y mártires, que en la persecución llevada a cabo por los musulmanes fueron encarceladas con san Eulogio y después muertas a espada (856).
9. En Reims, de la Galia, pasión de san Alberto de Lovaina, obispo de Lieja y mártir, que, desterrado por defender a la Iglesia, allí, en el mismo año fue ordenado y martirizado (1192).
10*. En el monasterio de Cava, en la Campania, beato Balsamo, abad, que en medio de las turbulencias y contradicciones de su tiempo desempeñó su cargo con sabiduría y prudencia (1232).
11. En la ciudad de Dông Hoy, en Annam, santos mártires Pedro Dumoulin-Borie, obispo de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, Pedro Vo Dang Khoa y Vicente Ngyen Tho Diem, presbíteros, de los cuales, por orden del emperador Minh Mang, el primero fue degollado y los demás estrangulados (1838).
12*. En Milán, de Italia, beata María Ana Sala, virgen de la Congregación de Hermanas de Santa Marcelina, que, entregada totalmente a la formación de las niñas, fue maestra cimentada en la fe y la piedad (1891).
13*. En Picadero de Paterna, en el territorio de Valencia, en España, beatas Nicetas de santa Prudencia Plaja Xifra y compañeras (Sus nombres son: beatas Paula de Santa Anastasia Isla Alonso, Antonia de Santo Timoteo Gosens Sáez de Ibarra, Daría de Santa Sofía Campillo Paniagua, Erundina de Nuestra Señora del Monte Carmelo Colino Vega, Consolada del Santísimo Sacramento Cuñado González, Concepción de San Ignacio Odriozola Zabalía, Feliciana de Nuestra Señora del Monte Carmelo de Uribe Orbe, Concepción de Santa Magdalena Rodríguez Fernández, Justa de María Inmaculada Maiza Goicoechea, Clara de Nuestra Señora de la Esperanza Urrutia y Cándida de Nuestra Señora de los Ángeles Cayuso González.), vírgenes del Instituto de las Hermanas Carmelitas de la Caridad y mártires, todas las cuales fueron consideradas dignas de entrar con Cristo Esposo en el convite eterno, llevando sus lámparas encendidas (1936).