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jueves, 19 de mayo de 2016

Martirologio Romano, Presentación, Decretos, Siglas.

MARTIROLOGIO ROMANO

REFORMADO POR MANDATO DEL SACROSANTO CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II Y PROMULGADO CON LA AUTORIDAD DEL PAPA JUAN PABLO II

PRIMERA EDICIÓN (España)

PRESENTACIÓN

El 29 de junio de 2001, solemnidad de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, mediante el Decreto Victoriam Paschalem Christi (Prot. N. 551/00/L), la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos promulgaba la I edición típica del MARTYROLOGIUM ROMANUM ex Decreto Sacrosancti Ecumenici Concilii Vaticani Instauratum auctoritate Ioannis Pauli PP. II promulgatum. Tres años después, en idéntica fecha, la misma Congregación promulgaba la II edición típica mediante el Decreto A Progenie in Progenies (Prot. N. 1140/041L). Esta segunda edición actualizaba y enriquecía la primera con los nombres y los elogios de nuevos Santos y Beatos y con numerosas anotaciones teológicas y espirituales, a la vez que introducía algunas correcciones en fechas y nombres y en la misma expresión literaria. La presente versión de la Conferencia Episcopal Española sigue fielmente dicha segunda edición típica.

La publicación de este libro litúrgico significaba de alguna manera el cumplimiento de un deseo del Concilio Vaticano II que, sin mencionar el Martirologio al hablar de los libros litúrgicos, pedía que se devolviese su fidelidad histórica a las pasiones o vidas de los Santos, en referencia explícita a las lecturas de la Liturgia de las Horas (cf. SC 92).

En otro sentido, la publicación del Martirologio respondía también a la invitación conciliar a secundar la llamada universal a la santidad, dirigida a todos los fieles cristianos, de cualquier condición o estado (cf. LG 11; 32; 39-42), a la vez que proponía a los Santos como testimonio del seguimiento de Cristo y proclamaba sus fiestas como cumplimiento en ellos del Misterio Pascual y ocasión para venerar su memoria e imitar su ejemplo en el camino de la vida (cf. LG 50-51; SC 104; 111; etc.).

El Martirologio, inicialmente ceñido a los aniversarios de los Mártires celebrados en las Iglesias particulares, incorporó muy pronto, pasada la época de las primeras persecuciones, los nombres de aquellos fieles que, sin sufrir 'un martirio de sangre, confesaron la fe con su vida ascética, con la virginidad o con el ministerio pastoral, alcanzando un grado heroico de perfección evangélica. El culto, sobre todo litúrgico, que tributó la Iglesia a sus hijos más insignes, dio lugar a nuevas categorías de Santos: los Confesores, las Vírgenes, los Pontífices, los Doctores, etc.

En este sentido, los Martirologios, junto con los Calendarios litúrgicos, los Pasionarios y otros modelos de literatura hagiográfica, constituyen un espléndido testimonio de la santidad cristiana y una fuente de gran interés para la historia de la Iglesia. En lo que se refiere a España, el Martirologio que mayor interés ofrece para el santoral hispano es el de Usardo, conocido así por el nombre de su autor, un monje benedictino de Saint-Germain-des-Prés (+877), conocedor directo de antiguos calendarios litúrgicos de nuestras Iglesias, cuyos Santos incorporó a su célebre libro, siendo decisiva esta intervención para la supervivencia de numerosos nombres del santoral hispano-mozárabe en la liturgia romana.

Con la reforma litúrgica del Concilio de Trento, el Martirologio Romano, basado en el Martirologio de Usardo y promulgado por el Papa Gregorio XIII en 1584, adquirió alcance universal: Corregido y aumentado progresivamente por varios pontífices hasta llegar a la edición de 1960, en vísperas del Concilio Vaticano II, no había sido nunca un libro litúrgico en sentido propio, asumiendo el carácter de libro al servicio de liturgia para tributar con dignidad conveniente el culto a la Santísima Trinidad a causa de su lectura pública durante la Liturgia de las Horas, concretamente en Prima. Abolida esta Hora (cf. SC 89, d), la evocación diaria de los Santos por medio del Martirologio dejó de hacerse. Sin embargo, el Martirologio «se ha de considerar como un libro litúrgico» tal y como sugieren las Orientaciones generales o Prenotanda (núm. 27).

La edición de la Conferencia Episcopal Española reproduce fielmente la edición típica latina, como se ha señalado antes, respetando la integridad del texto y la distribución del mismo, las características del género literario y las que requiere el uso litúrgico del libro, incluida la misma tipografía y las referencias al cómputo del día lunar. En este sentido se ha tenido muy presente que es un libro destinado a la celebración, no una obra de consulta. No obstante, siguiendo lo establecido en las Orientaciones generales (núms. 38-42), se ha realizado algunas importantes adaptaciones.
En primer lugar, en la medida de lo posible, se ha procurado traducir a la lengua castellana los nombres propios de los Santos, así como el de las ciudades, regiones o naciones de la antigüedad que figuran en el Martirologio. Asimismo, también para información del lector, los topónimos que aparecen en los elogios identificando poblaciones, territorios y reinos cuyo nombre actualmente es distinto o bien están integrados en otras entidades geográficas más amplias, a continuación de los mismos se hace mención de la denominación actual o del país en el que ahora se encuentran situados.

El Índice de los Santos y Beatos, acomodado al alfabeto del español, mantiene los datos relativos al día y mes de la memoria de cada uno, así como el número que le corresponde dentro del cuerpo del texto, con el fin de facilitar su búsqueda. No obstante, el año o el siglo de la muerte del Santo o del Beato, que en la edición típica latina se encuentra únicamente en el índice, en la edición de la Conferencia Episcopal Española se ha añadido también al final del elogio correspondiente, en letra roja.

Respecto a los Santos de las Iglesias particulares de España, dado el carácter de la edición de la Conferencia Episcopal, que responde a su territorio, solamente figuran aquellos que se encuentran ya en la edición típica latina y los que pertenecen al Calendario particular de España, la conmemoración de los cuales se ha trasladado al inicio del día correspondiente, conforme se indica en las Orientaciones generales (núm. 41).

Ahora bien, el Martirologio Romano no es un libro cerrado. Al principio de esta presentación se aludía a las variantes que se han introducido en la II edición típica latina y que se tienen en cuenta en la versión de la Conferencia Episcopal Española, entre ellas la inclusión de nombres y elogios de nuevos Santos y Beatos. En este sentido, el libro se detiene en el año 2004, fecha de la II edición típica latina, respecto a los bienaventurados que pertenecen al Santoral general de la Iglesia. No obstante, figuran ya como Santos aquellos Beatos que han sido canonizados después de 2004. En sucesivas ediciones se incorporarán, así lo esperamos, los nuevos nombres que seguirán enriqueciendo el catálogo de la santidad reconocida en la Iglesia.

De la misma manera, cabe desear que la publicación de este importante libro litúrgico, después de la cuidadosa revisión y actualización que ha precedido a la promulgación de la edición típica, y una vez que ha sido traducido y adaptado a las lenguas modernas, contribuya muy eficazmente, no sólo a la celebración litúrgica de los Santos sino también a proponer a los fieles sus ejemplos para fortalecer la unión en el Espíritu de la Iglesia entera (cf. Ef 4, 1-6). «Pues así como la unión común cristiana de los que vamos de camino nos lleva más cerca de Cristo, la comunión con los Santos nos une con Él, del que, como de fuente y cabeza dimana toda gracia y hasta la vida misma del pueblo de Dios'.

La Comisión Episcopal de Liturgia, al poner en manos de los pastores y de los fieles de las Iglesias de España la presente edición del Martirologio Romano, obtenida la correspondiente recognitio de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos con fecha de 12 de octubre de 2007, quiere agradecer el extraordinario trabajo de todas las personas que han preparado y revisado esta compleja edición, expertas en lengua latina, en historia, en geografía y en hagiografía.
Asimismo, manifiesta su esperanza de que el uso de este libro en la Liturgia —preferentemente al finalizar las Laudes— o fuera de ella, precedido y acompañado de una esmerada lectura de los documentos que lo abren, especialmente de la Introducción general, contribuya de manera decisiva a avivar en las comunidades cristianas y en cada uno de sus miembros, la conciencia de que «en la liturgia terrena preguntamos y tomamos parte en aquella Liturgia celestial, que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos, y donde Cristo está sentado a la diestra de Dios como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, cantamos al Señor el himno de gloria con todo el ejército celestial; venerando la memoria de los santos esperamos tener parte con ellos y gozar de su compañía; aguardamos al Salvador; Nuestro Señor Jesucristo, hasta que se manifieste Él, nuestra vida, y nosotros nos manifestamos también gloriosos con Él» (SC 8).

JULIÁN LÓPEZ MARTÍN, Obispo de León
Presidente de la C.E. de Liturgia


CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
Prot. N. 551/00/L
DECRETO

La Iglesia ha celebrado desde los primeros siglos la victoria pascual de Cristo en sus santos de uno a otro Testamento. Ha confesado con alegría la común participación de los fieles en la comunión del cuerpo místico del Señor Jesucristo, nuestro Salvador.

En el transcurso de los siglos, procuró de muchas maneras conservar la memoria de los nombres y las gestas de los santos. Por eso también dispuso el Martirologio Romano, cuya primera edición salió a la luz en 1584 por mandato del papa Gregorio XIII. Procedía del antiquísimo Martirologio Latino llamado Jeronimiano, que había sido redactado de varios calendarios, el Romano, el Africano y el Siríaco, y posteriormente ampliado de modo progresivo con los nombres de muchos santos de otras regiones, pero acá y allá quedaba oscurecido por las duplicaciones, confusiones y otros errores.

Siguiendo la norma de la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Ecuménico Vaticano II sobre la Sagrada Liturgia de que "se devuelva su verdad histórica a las pasiones y vidas de los santos" (art. 92, c), es necesario someter al juicio de la historia los nombres de los santos inscritos en el Martirologio y sus elogios, y con mayor esmero que hasta ahora. Además, pareció oportuno incluir a los santos o beatos que gozan de pública veneración comprobada por la Iglesia, ya por un culto inmemorial, también local, o por declaración solemne desde 1960.
Esta obra ingente y laboriosa, elaborada durante largo espacio de tiempo, llegó a su culminación, de modo que ha podido salir a la luz en los comienzos del tercer milenio y proponer cada día a los fieles los nombres y los ejemplos de los santos.

Por esto, el Sumo Pontífice, Papa JUAN PABLO II, con su autoridad apostólica aprobó esta edición del Martirologio Romano, y ahora la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos la promulga y la declara como típica. La edición, en lengua latina, entrará en vigor desde el momento mismo en que sea publicada.
Sin que obste nada en contrario.
En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el día 29 del mes de junio del año 2001, solemnidad de los apóstoles san Pedro y san Pablo.

JORGE A. Card. MEDINA ESTÉVEZ , Prefecto
FRANCISCO Pío TAMBURRINO , Arzobispo Secretario


CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
Prot. N. 1140/04/L
DECRETO

Generación tras generación, y para que en Cristo pudiese ir llegando a toda su plenitud el gran designio de salvación, la misericordia de Dios Padre omnipotente, que va dando fecundidad en todo el mundo a la palabra de verdad del Evangelio, ha concedido a los fieles cristianos poder venerar los méritos de todos los santos, de suerte que, multiplicados los intercesores, venga a dispensarse a los seres humanos la deseada abundancia de propiciación. Adorando a Dios mismo, admirable y el solo santo entre todos los santos, la Iglesia no deja de celebrar y proclamar las maravillas del amor de la Santísima Trinidad mediante el culto a los santos, sobre quienes tan múltiples gracias derramara en la tierra y a los que tan gloriosa recompensa ha dado en el cielo.

Como relevante signo de la devoción del pueblo de Dios a los santos, he aquí el Martirologio Romano recientísimamente revisado, a tenor de lo decretado por el Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II, cuya edición típica se promulgó el 21 de junio del año 2001. Tras una pequeña pausa, y dada su utilidad, merced a la renovación litúrgica, y debidamente valorados ya los juicios de quienes tan celosamente han colaborado en esta laboriosa obra, se han juzgado oportunas algunas enmiendas en orden a una mayor riqueza y claridad del texto.

Para ya desde ahora celebrar con las debidas alabanzas su respectivo día natalicio, se han incluido en la presente edición no pocos siervos de Dios elevados a la dignidad de beatos o de santos por el Sumo Pontífice JUAN PABLO II. Se han introducido algunas modificaciones, relativas la mayoría de veces a santos cuya mención se echaba en falta en la anterior edición, o bien por datos bajo su aspecto histórico claramente dudosos. Hay también otras pequeñas innovaciones, que no vienen sino a mejorar la lengua latina y la ortografía.

En virtud, pues, de las facultades especiales otorgadas por el Sumo Pontífice JUAN PABLO II, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos promulga y declara típica esta nueva edición del Martirologio Romano. Correrá a cargo de las Conferencias Episcopales la traducción de la presente edición a las lenguas vernáculas, para cuyo reconocimiento y aprobación habrán de ser, a su vez, remitidas a este Dicasterio.
Sin que obste nada en contrario.
En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, día 29 del mes de junio del año 2004, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, apóstoles.

FRANCISCO Card. ARINZE, Prefecto
+ DOMINGO SORRENTINO. Arzobispo Secretario


CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
Prot. N. 700/06/L
ESPAÑA

A instancias del Excelentísimo Señor Ricardo Blázquez Pérez, Obispo de Bilbao y Presidente de la Conferencia Episcopal Española, en carta con fecha 30 de enero de 2006, y en virtud de las facultades concedidas a esta Congregación por el Sumo Pontífice BENEDICTO XVI, gustosamente aprobamos y confirmamos la versión española del Martirologio Romano, según consta en ejemplar adjunto.
En la impresión del texto hágase mención de la aprobación o confirmación concedida por la Sede Apostólica.
Del texto impreso, envíense dos copias a esta Congregación.
Sin que obste nada en contrario.
En la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, día 12 de octubre de 2007.

FRANCISCO Card. ARINZE , Prefecto
+ ALBERTO MALCOMUS RANJITH , Arzobispo Secretario

SIGLAS
1. LIBROS DE LA BIBLIA
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2 Tesalonicenses
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Zacarías

II. OBRAS ECLESIÁSTICAS
AAS
CSEL
LG
PG
SC
Acta Apostolicre Sedis (Typis Polyglottis Vaticanis).
Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum.
Lumen Gentium.
Patrologiae graeca.
Sources Chrétiennes.

III. ABREVIATURAS EN LOS ELENCOS Y EN LOS ÍNDICES
a.
a. C.
a. s.
d.
c.
Antes de.
Antes de Cristo.
Antes del siglo.
Después de.
Hacia.
c. s.
mem.
pas.
s.
s. inc.
Hacia el siglo.
Memoria.
Pasión.
Siglo.
Siglo incierto.
s. ex.
tras.
ln, 2°...
Final siglo.
Traslación.
Núm. 1, 2... en nota al pie.