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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

domingo, 15 de mayo de 2016

EXEQUIAS CON MISA por un padre o madre difunto, celebradas íntegramente en la iglesia.

Difuntos y Exequias

RITO SIMPLIFICADO DE LAS EXEQUIAS 

FORMULARIO COMÚN II


1. RECIBIMIENTO DEL DIFUNTO EN EL ATRIO DE LA IGLESIA.

1. El ministro, junto a la puerta de la iglesia, saluda a los familiares del difunto con las siguientes palabras u otras parecidas:
Queridos familiares [y amigos]: La muerte de vuestro ser querido os hace experimentar, una vez más, hasta qué punto el hombre es pobre ante Dios. Pero vuestra esperanza cristiana no debe desfallecer ante esta muerte. Levantad al cielo vuestros ojos y esperad contra toda esperanza. El Señor arrancará de la muerte a vuestro ser querido y lo hará gozar de su reino.

2. A continuación se entra el cadáver en la iglesia.
(Mientras se introduce es muy oportuno cantar el salmo 113, en el que la asamblea puede ir intercalando la antífona Que Cristo te reciba, o bien se entona otro canto apropiado).

Ant. Que Cristo te reciba en su paraíso.

Salmo 113, 1-8. 25-26

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedeernal en manantiales de agua.

Los mueros ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Ant. Que Cristo te reciba en su paraíso.

Puesto el cadáver ante el altar, colocado, si es posible, junto a él el cirio pascual y situados los familiares en sus lugares, el ministro saluda a la asamblea diciendo:
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

Luego se dirige a los fieles reunidos en la iglesia con las siguientes palabras u otras parecidas:
Hermanos: Nos encontramos reunidos para decir adiós a un (una) [jovenpadre (madre) de familia, N. De una manera especial, queremos estar hoy al lado de su esposa (esposo) e hijos para acompañarlos en su dolor. Pero, a la vez, queremos que estos momentos sean una afirmación de esperanza. De esperanza en el amor de Dios que nunca abandona a sus hijos, a pesar de las pruebas de la vida. De esperanza, también, en el amor de este padre (esta madre), santificado por el sacramento del matrimonio, que no quedará sin fruto. Como Cristo, todo el que ama y se sacrifica por los demás se convierte en fuente de vida inagotable.

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2 bis. El que preside puede encender en este momento el cirio pascual, diciendo la siguiente fórmula:
Junto al cuerpo, ahora sin vida, de nuestro hermano (nuestra hermana) N., encendemos, oh Cristo Jesús, esta llama, símbolo de tu cuerpo glorioso y resucitado; que el resplandor de esta luz ilumine nuestras tinieblas y alumbre nuestro camino de esperanza, hasta que lleguemos a ti, oh Claridad eterna, que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
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3. (Si no ha habido canto) Luego, se reza la siguiente letanía por el difunto:

Letanía por el difunto

Tú que libraste a tu pueblo de la esclavitud de Egipto:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que abriste el mar Rojo ante los israelitas que caminaban hacia la libertad prometida:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que diste a tu pueblo posesión de una tierra que manaba leche y miel:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que quisiste que tu Hijo llevara a realidad la antigua Pascua de Israel:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que, por la muerte de Jesús, iluminas las tinieblas de nuestra muerte:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que, en la resurrección de Jesucristo, has inaugurado la vida nueva de los que han muerto:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

Tú que, en la ascensión de Jesucristo, has querido que tu pueblo vislumbrara su entrad en la tierra de promisión definitiva:
R. Recibe a tu siervo (sierva) en el paraíso.

En lugar de las letanías precedente, puede también leerse el salmo 113, en el que el pueblo puede ir intercalando la antífona Dichosos los que mueren en el Señor.

2. MISA EXEQUIAL

4. Terminadas las letanías (o el salmo 113) y omitido el acto penitencial y el Señor, ten piedad, se dice la oración colecta:

Oremos.
Señor Dios, Padre omnipotente, tú que nos has dado la certeza de que en los fieles difuntos se realizará el misterio de tu Hijo muerto y resucitado, por esta fe que profesamos, concede a nuestro hermano (nuestra hermana) N., que acaba de participar de la muerte de Cristo, resucitar también con él en la luz de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Oremos.
Señor Dios, perdón de los pecadores y felicidad de los justos, al cumplir con dolor el deber de dar sepultura al cuerpo de nuestro hermano N., te pedimos le des parte en el gozo de tus elegidos; que en el día de la resurrección universal, libre ya de la corrupción de la muerte, disfrute de la claridad de tu presencia. Por nuestro Señor Jesucristo.

La celebración prosigue como habitualmente, con la Liturgia de la palabra (cf. el Leccionario de las misas de difuntos).

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor
Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 17-26

Me han arrancado la paz, y ni me acuerdo de la dicha; me digo: «Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor.»
Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena; no hago mas que pensar en ello, y estoy abatido.
Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien, se renuevan cada mañana: ¡que grande es tu fidelidad!
El Señor es mi lote, me digo, y espero en él.
El Señor es bueno para los que en el esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Palabra de Dios.

O bien, en Tiempo Pascual:
Ya no habrá muerte
Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a. 6b-7

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe.Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.
Y escuche una voz potente que decía desde el trono:
—«Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.»
Y el que estaba sentado en el trono dijo:
—«Todo lo hago nuevo. Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin. Al sediento, yo le daré a beber de balde de la fuente de agua viva. Quien salga vencedor heredará esto, porque yo seré su Dios, y el será mi hijo.»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 102, 8 y 10. 13-14. 15-16. 17-18 (R.: 8a; o bien: Sal 36, 39a)
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
O bien:
El Señor es quien salva a los justos.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque el conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R.

Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como la flor del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla. R.

Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus mandatos. R.

SEGUNDA LECTURA (si se ve conveniente)
Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 14 -- 5, 1

Hermanos:
Sabemos que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.
Por eso, no nos desanimamos. Aunque nuestro hombre exterior se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día. Y una tribulación pasajera y liviana produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria. No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.
Es cosa que ya sabemos: Si se destruye este nuestro tabernáculo terreno, tenemos un sólido edificio construido por Dios, una casa que no ha sido levantada por mano de hombre y que tiene una duración eterna en los cielos.

Palabra de Dios.

Aleluya o versículo antes del Evangelio
Jn 11, 25a. 26
Yo soy la resurrección y la vida —dice el Señor—; el que cree en mi no morirá para siempre.

EVANGELIO
Éste es mi deseo: que estén conmigo donde yo estoy
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 24-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:
—«Padre, este es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tu me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías este con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Palabra del Señor.

5. Después de la homilía, se hace, como habitualmente la oración universal, con el siguiente formulario u otro parecido:

Celebrante:
Con la confianza puesta en el amor de Dios, oremos por N. y por todos los que sufren esta pérdida.

Lector:
1. Pidamos por nuestro hermano (nuestra hermanaN.: para que la semilla de su vida rota [en plena juventudflorezca multiplicada en el amor de los suyos.
2. Oremos por sus familiares: para que superen la tristeza y afronten la vida con esperanza.
3. Pidamos también por esta comunidad [parroquial]: para que, en situaciones como ésta, estemos cerca de los que sufren.
4. Oremos por todos los matrimonios cristianos y por sus hijos: para que colaboren generosamente a hacer de la sociedad una familia humana.
5. Pidamos por todos los difuntos: para que el Padre de las misericordias los admita en la morada del cielo.

Celebrante:
Escucha nuestras súplicas, Señor, y recibe en tus brazos a nuestro hermano (nuestra hermana) N., que amó y sirvió a su familia imitando tu generosidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

La misa prosigue como habitualmente, hasta la oración después de la comunión.

Oración sobre las ofrendas
Mira, Señor, con bondad las ofrendas que te presentamos por tu siervo N., y recíbelo en la gloria con tu Hijo Jesucristo, al que nos unimos por la celebración del memorial de su amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

PREFACIO V DE DIFUNTOS
Nuestra resurrección por medio de la victoria de Cristo
En verdad es justo darte gracias y deber nuestro glorificarte, Padre santo.
Porque si el morir se debe al hombre, el ser llamados a la vida con Cristo es obra gratuita de tu amor, ya que, habiendo muerto por el pecado, hemos sido redimidos por la victoria de tu Hijo.
Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros te proclamamos en la tierra, diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo...

PLEGARIA EUCARÍSTICA III.

Antífona de la comunión Flp 3, 20-21
Aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa.

Oración después de la comunión
Te pedimos, Dios todopoderoso, que nuestro hermano N., por cuya salvación hemos celebrado el misterio pascual, pueda llegar a la mansión de la luz y de la paz. Por Jesucristo nuestro Señor.

3. ÚLTIMO ADIÓS AL CUERPO DEL DIFUNTO

6. Dicha la oración después de la comunión y omitida la bendición, se procede al rito del último adiós al cuerpo del difunto. El que preside, colocado cerca del féretro, se dirige a los fieles con las siguientes palabras u otras parecidas:

Al llegar el momento de la despedida, digamos adiós a los restos mortales de este padre (esta madre[jóven] N., que vais a introducir en la tierra, como el grano de trigo destinado a dar fruto.
Encomendémoslo (Encomendémosla) , una vez más, al amor del Padre, con la confianza que le dará una felicidad infinitamente mayor, y hará que un día él (ella) y su familia se vuelvan a encontrar en el reino eterno.
Nuestro canto y nuestra oración, al tiempo que honramos el cuerpo de este padre (esta madre), vayan acompañados también del firme propósito de dedicarnos a los demás y de ayudarnos mutuamente.

7. Todos oran unos momentos en silencio. Luego, el que preside continúa, diciendo:

Vamos ahora a rociar el cuerpo sin vida de nuestro hermano (nuestra hermana) con agua bendecida. Así, en este momento en que nos disponemos a sepultar su cuerpo, evocaremos el bautismo, por el que, al inicio de su vida, se incorporó ya simbólicamente a la muerte y a la resurrección de Cristo. Porque, de la misma forma que Cristo no quedó definitivamente en el sepulcro, así creemos que nuestro hermano (nuestra hermana), a semejanza de Jesús, resucitará a la vida. Que al rociar, pues, este cuerpo con agua, semejante a la del bautismo, se acreciente nuestra esperanza de que la resurrección, simbolizada cuando este cuerpo salió del agua bautismal, se convertirá un día en realidad visible en este cuerpo hoy sin vida.

8. Después, el que preside da la vuelta al féretro aspergiéndolo con agua bendita; mientras tanto se canta la primera parte del responsorio Subvenite u otro canto de despedida del difunto.

Responsorio (1ª parte)
Subveníte, Sáncti Déi,
occúrrite, Ángeli Dómini:
Suscipiéntes ánimam éius:+
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.
V. Suscípiat te Chrístus, qui vocávit te:
et in sínum Ábrahae Ángeli dedúcant te:* 
Suscipiénte ánimam éius:+
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.

O bien:

Canto de despedida (1ª parte)
1. Tú fuiste sepultado por el bautismo en la muerte de Jesús;
que la muerte de Jesús te conduzca hacia el Padre.
R. Y te encontraremos en la casa del Padre.
2. Tú fuiste injertado en la vida de Jesús;
que la vida de Jesús te conduzca hacia el Padre.

Luego el que preside añade:

Ahora vamos a perfumar este cuerpo con incienso; este gesto nos recordará que el cuerpo de nuestro hermano (nuestra hermana) fue templo del Espíritu y que en su iniciación cristiana no sólo fue vinculado (vinculada) a la muerte del Señor, sino que también, al ser ungido (ungida) con el óleo perfumado de la confirmación, se significó que, como Cristo, era destinado (destinada) a la resurrección y a recibir del Padre el beso de su amor: En la persona de Cristo, el Padre hizo que nuestro hermano (nuestra hermana) se sentara con él en el cielo.

A continuación, pone incienso en el turíbulo, lo bendice y da una segunda vuelta al féretro con el incienso; mientras tanto se canta la segunda parte del responsorio Subvenite o del canto de despedida del difunto:

Responsorio (2ª parte)
Subveníte, Sáncti Déi,
occúrrite, Ángeli Dómini:
Suscipiéntes ánimam éius:+
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.
V. Réquiem aetérnam dóna éi, Dómine:
et lux perpétua lúceat éi.
Suscipiéntes ánimam éius:+
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.

O bien:

Canto de despedida (2ª parte)
3. Tú fuiste marcado por el Espíritu de Jesús;
que el Espíritu de Jesús te conduzca hacia el Padre.
R. Y te encontraremos en la casa del Padre.
4. Tú fuiste alimentado con el cuerpo de Jesús;
que el cuerpo de Jesús te conduzca hacia el Padre.

Si no hay canto, el que preside da la vuelta al féretro aspergiéndolo con agua bendita; (luego, el que preside añade:
Ahora vamos a perfumar este cuerpo con incienso; este gesto nos recordará que el cuerpo de nuestro hermano (nuestra hermana) fue templo del Espíritu y que en su iniciación cristiana no sólo fue vinculado (vinculada) a la muerte del Señor, sino que también, al ser ungido (ungida) con el óleo perfumado de la confirmación, se significó que, como Cristo, era destinado (destinada) a la resurrección y a recibir del Padre el beso de su amor: En la persona de Cristo, el Padre hizo que nuestro hermano (nuestra hermana) se sentara con él en el cielo.
Pone incienso, lo bendice y da una segunda vuelta perfumando el cadáver con el incienso;) mientras tanto uno de los presentes puede recitar las siguientes invocaciones, a las que el pueblo responde: Señor, ten piedad, o bien: Kýrie, eléison.

Invocaciones
Que nuestro hermano (nuestra hermana) viva eternamente en la paz junto a ti.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)
Que participe contigo de la felicidad eterna de los santos.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)
Que contemple tu rostro glorioso y tenga parte en la alegría sin fin.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)
Oh Cristo acógelo (acógela) junto a ti con todos los que nos han precedido.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)

9. Después, el que preside añade la siguiente oración:

Oremos.
Dueño de la vida y Señor de los que han muerto, acuérdate de nuestro hermano (nuestra hermana) N., que, mientras vivió en este mundo, fue bautizado (bautizada) en tu muerte y asociado (asociada) a tu resurrección y que ahora, confiando en ti, ha salido ya de este mundo; cuando vuelvas en el último día, acompañado de tus ángeles, concédele resucitar del sepulcro; sácalo (sácala) del polvo de la muerte, revístelo (revístela) de honor y colócalo a tu derecha, para que, junto a ti, tenga su morada entre los santos y elegidos y con ellos alabe tu bondad por los siglos de los siglos.
R. Amén.

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9 bis. En este momento, uno de los familiares o amigos puede hacer una breve biografía del difunto y agradecer a los presentes su participación en las exequias.
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10. Después se saca el cuerpo hasta la puerta de la iglesia, mientras se canta la siguiente antífona:

Ant. Chórus Angelorum te suscipiat,
et cum Lázaro quondam páupere
aetérnam hábeas réquiem.

O bien:

Ant. El coro de los ángeles te reciba,
y junto con Lázaro, pobre en esta vida,
tengas descanso eterno.
11. Llegados a la puerta de la iglesia, mientras se coloca el cuerpo del difunto en el carro mortuorio, se canta el salmo 117, en el que se puede ir intercalando la antífona Si morimos con Cristo.

Ant. Si morimos con Cristo, viviremos con él.

Salmo 117, 1-20

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señ-or está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchas: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
"La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa".

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
- Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

Si no se canta la antífona y el salmo, se recita el salmo 117, intercalando la antífona Si morimos con Cristo, que se recita mientras se saca el cuerpo de la iglesia.

Ant. Si morimos con Cristo, viviremos con él.

12. Terminado el canto o la recitación del salmo, colocado el cuerpo en el carro mortuorio, el que preside añade:

Que el Señor abra las puertas del triunfo a nuestro hermano (nuestra hermana), para que terminado el duro combate de su vida mortal, entre como vencedor (vencedora) por las puertas de los justos y en sus tiendas entone cantos de victoria por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Y a todos nosotros nos dé la certeza de que no está muerto (muerta), sino que duerme, de que no ha perdido la vida, sino que reposa, porque ha sido llamado (llamada) a la vida eterna por los siglos de los siglos.
R. Amén.

13. El que preside termina la celebración, diciendo:

V. Señor, + dale el descanso eterno.
R. Y brille sobre él (ella) la luz eterna.
V. Descanse en paz.
R. Amén.
V. Su alma y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.

R. Demos gracias a Dios.