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domingo, 28 de junio de 2020

San Juan Pablo II, Alocución a los sacerdotes, religiosas y laicado católico en Cassino, Italia (20-septiembre-1980).

VISITA PASTORAL A MONTECASSINO Y CASSINO
ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II 
A LOS SACERDOTES, RELIGIOSAS Y LAICADO CATÓLICO DE CASSINO

Sábado 20 de septiembre de 1980

Queridísimos sacerdotes, 
religiosos y religiosas, 
y queridísimos responsables del laicado católico:


Me habría quedado remordimiento en el corazón si en esta grata ocasión del año jubilar de San Benito, no hubiese reservado un momento de mi visita totalmente para vosotros que sois los artífices. inspiradores y responsables de la animación cristiana del Pueblo de Dios que se halla en esta tierra de Cassino, tan hondamente marcada por el recuerdo y la protección del Patriarca de Occidente.

1. Primero de todo deseo agradeceros el gozo que me proporcionáis al saberos y veros animados de profundo espíritu de fe en Cristo Nuestro Señor y de adhesión afectuosa a su Vicario. En particular os agradezco la obra pastoral que ejecutáis por títulos distintos, con solicitud por la salvación de las almas. Como acabáis de oír, vuestro vicario general me ha pedido unas palabras de aliento para vuestros "afanes pastorales de cada día" Con gusto accedo a su deseo y expreso mi estima y amor a vosotros en primer lugar, Pastores de almas que prestáis tan delicado servicio a la Iglesia de Cassino, en colaboración generosa con vuestro obispo. Vuestra presencia levanta en mi ánimo recuerdos imborrables relacionados con mis experiencias pastorales de sacerdote y obispo en mi diócesis de origen en Polonia, donde he desplegado la mayor parte de las energías de mi juventud entre las almas, a las que he encontrado siempre muy deseosas de la Palabra que viene de lo alto y de la Fuerza especial que brota de los sacramentos de salvación.

Vaya, pues, a vosotros la expresión de mi solidaridad fraterna y de mi aprecio sincero por la entrega generosa con que os dedicáis al ministerio sacerdotal, y por la buena voluntad con que afrontáis las no pocas dificultades que se os presentan a causa de la insuficiencia de medios pastorales o por falta de colaboración. A vosotros, hermanos queridísimos, que cumplís cada día los preceptos del Señor con las obras como buenos operarios del Evangelio, según el espíritu benedictino "Praecepta Dei facilis quotidie adimplere" (regla, núm. 4), digo: Seguid trabajando con confianza por la salvación de todos los hombres y todas las mujeres, pero prestad particular atención a los pobres, marginados, niños abandonados, trabajadores fatigados, y cuantos sufren en el cuerpo o en el espíritu. Sabed que en esta obra vuestra de edificación y salvación, el Papa os sigue, os comprende, os ama y os bendice.

2. También a vosotras, claustrales benedictinas y religiosas de la diócesis, deseo dirigir un saludo especial junto con el augurio de que el centenario de San Benito sirva para reavivar en vosotras el entusiasmo y el gozo de pertenecer a la "escuela del servicio del Señor" (pról. regla, 45) y de seguir el camino de la "vía de la vida" (pról. regla, 20), según define la vida religiosa el Padre del monaquismo de Occidente. Si vosotras queréis avanzar rápidamente también a ejemplo suyo por la "vía de la vida", al igual que él tened ansia de continua reforma interior. Sin esta premisa necesaria que garantiza la superación gradual del hombre viejo, superación que os asemeja al modelo divino, Jesucristo, en quien el Padre ha reconciliado consigo al mundo, no puede darse vida consagrada ni en la acción ni en la contemplación. Transformándoos vosotras de esta manera, transformaréis el mundo y os convertiréis en sus primeras evangelizadoras, porque tendréis en vosotras el Espíritu de Cristo, que es el alma del Cuerpo místico, es decir, de todos los bautizados. Si dilatáis de esta manera los espacios de la caridad evangélica, entonces toda vuestra vida religiosa, que a los ojos profanos puede parecer segregada dentro de los muros de un monasterio o clausura, estará abierta no sólo a la alabanza de Dios Padre, sino también a la santificación de todos los hombres y a la comprensión de sus problemas. Uniendo así la contemplación a la acción, viviréis en plenitud la máxima "ora et labora", que sintetiza bien la sabia espiritualidad de San Benito. El os alcance del Señor el poner "en práctica estos propósitos.

3. El último pensamiento está reservado a vosotros, queridos responsables del laicado católico diocesano. También para vosotros tiene una palabra que decir y un ejemplo que proponer San Benito. Toda su pasión por los hombres y por sus situaciones espirituales y sociales, toda su atención a quienes le visitaban en la gruta de Subiaco o aquí en Montecassino, ¿acaso no hablan de su gran corazón para cuantos no pertenecían al estricto círculo de sus monasterios? Y las mismas exhortaciones y las misiones que encomendaba a los peregrinos, ¿no eran un medio de concienciarles de que cada bautizado participa en la misión confiada por Cristo a la Iglesia, Queridísimos: Como en tiempos de San Benito y aún más ahora, la Iglesia cuenta mucho hoy con vosotros y con vuestra colaboración. Según bien sabéis, la tarea de la evangelización atañe no sólo a los sacerdotes, sino también y a títulos diferentes, a todos los fieles, porque también éstos son impulsados por el Espíritu Santo a dar testimonio de Cristo y de su Evangelio (cf. Jn 15; 26. 27). La Iglesia descansa hoy más que nunca en vosotros, no sólo porque lee en vuestras almas la vocación a la .plenitud de la vida cristiana, sino porque conoce asimismo vuestras grandes posibilidades de prestar una contribución a la formación y coordinación de los varios Movimientos eclesiales diocesanos. Sabed asumir con optimismo las responsabilidades que os corresponden, mirando al presente con realismo y al porvenir con esperanza. Sobre todo, sabed vencer con la luz de la fe y el impulso del amor, la indiferencia, la inercia y toda suerte de obstáculos. Así veréis que vuestras organizaciones cobran nuevo vigor; y daréis gloria a Dios y a los hermanos. Os sirva de ayuda para ello mi propiciadora bendición apostólica, que imparto ahora a todos los presentes y a todos vuestros seres queridos.

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