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miércoles, 13 de mayo de 2020

Bendición para diversas ocasiones.

Bendicional, 31 de mayo de 1984 (ed. española 19-marzo-2020)

Quinta parte. Bendiciones para diversas circunstancias.

CAPÍTULO XLVIII
BENDICIÓN PARA DIVERSAS OCASIONES

1437. Se ofrece aquí un rito de celebración destinado a santificar con una bendición especial todas aquellas circunstancias de la vida que en los ritos precedentes no se indican de manera expresa (por ejemplo, una reunión de los miembros de alguna familia o grupo para celebrar un acontecimiento determinado, o un conjunto de cosas destinadas a los pobres, etc.). Este rito, al proponer varios textos de libre elección, puede acomodarse fácilmente a las diversas circunstancias.

1438. Este rito no pretende en absoluto invalidar los principios. No es conveniente, en efecto, pretextar cualquier motivo (por ejemplo, la erección de un monumento cualquiera, la inauguración de unos instrumentos bélicos recién construidos u otras motivaciones similares) para celebrar una bendición. Cada celebración debe siempre someterse a un ecuánime criterio pastoral, sobre todo si se prevé el riesgo de que tal celebración pudiera causar extrañeza en los fieles o en los demás asistentes.

1439. El rito que aquí se describe pueden utilizarlo el sacerdote, el diácono, o un laico, con los ritos y preces previstos para el laico; todos éstos, respetando la estructura y sus principales elementos, adaptarán cada una de sus partes a las circunstancias de las personas y del lugar.

RITO DE LA BENDICIÓN

Ritos iniciales

1440. Reunida la comunidad, el ministro dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:
Amén.

1441. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes diciendo:
Dios, fuente de todo bien, 
esté con todos vosotros.
U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:
Y con tu espíritu.
O de otro modo adecuado.
___________________________________________
1442. Si el ministro es laico, saluda a los presentes, diciendo:
Bendigamos, hermanos, a Dios, 
fuente de todo bien.
R. Amén.
___________________________________________

1443. El ministro dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Todo lo que Dios ha creado y sustenta, todos los acontecimientos que él dirige con su providencia, así como las buenas obras de los hombres que induzcan al bien, son motivo para que los fieles bendigan, de
corazón y de palabra, a Dios, origen y fuente de todo bien. Con esta celebración, nosotros profesamos nuestra fe en el hecho de que a los que temen y aman a Dios todo les sirve para el bien, así como nuestra convicción de que siempre y en toda situación debemos buscar la ayuda divina para que, uniéndonos a la voluntad de nuestro Padre, podamos hacerlo todo para gloria de Dios en Cristo.

Lectura de la Palabra de Dios

1444. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo ministro lee un texto de la Sagrada Escritura.

Fructificad en toda clase de obras buenas Col 1, 9b-14
Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Colosenses.

No dejamos de rezar a Dios por vosotros y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera, vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificando en toda obra buena, y creciendo en el conocimiento de Dios, fortalecidos plenamente según el poder de su gloria para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría, dando gracias a Dios Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Palabra de Dios.

1445. O bien:

El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad Rom 8, 24-28
Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hemos sido salvados en esperanza. Y una esperanza que se ve, no es esperanza; efectivamente, ¿cómo va a esperar uno algo que ve? Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia. Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios. Por otra parte, sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio.

Palabra de Dios.

1446. O bien:

Toda criatura de Dios es buena 1 Tim 4, 4-5
Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a Timoteo.

Toda criatura de Dios es buena, y no se debe rechazar nada, sino que hay que tomarlo todo con acción de gracias, pues es santificado por la palabra de Dios y la oración.

Palabra de Dios.

1447. Pueden también leerse: 

Esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel y yo los bendeciré Núm 6, 22-27
Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro de los Números.

El Señor habló a Moisés: «Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel: "El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz". Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».

Palabra de Dios.

Bendición de Moisés Dt 33, 1. 13b-16a
Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro del Deuteronomio.

Esta es la bendición con la que Moisés, el hombre de Dios, bendijo a los hijos de Israel, antes de morir.
«Bendita del Señor sea su tierra, con lo más exquisito del cielo, el rocío, y el agua subterránea, almacenada en lo hondo, con lo mejor de los productos del sol y lo más exquisito de los frutos de las lunas, con lo mejor de las montañas antiguas y lo más exquisito de las colinas eternas, con lo mejor de la tierra y de su plenitud».

Palabra de Dios.

Por la grandeza y hermosura de las criaturas se descubre por analogía a su creador Sab 13, 1-7
Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro de la Sabiduría.

Son necios por naturaleza todos los hombres que han ignorado a Dios y no han sido capaces de conocer al que es a partir de los bienes visibles, ni de reconocer al artífice fijándose en sus obras, sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa y a los luceros del cielo, regidores del mundo. Si, cautivados por su hermosura, los creyeron dioses, sepan cuánto los aventaja su Señor, pues los creó el mismo autor de la belleza. Y si los asombró su poder y energía, calculen cuánto más poderoso es quien los hizo, pues por la grandeza y hermosura de las criaturas se descubre por analogía a su creador. Con todo, estos merecen un reproche menor, pues a lo mejor andan extraviados, buscando a Dios y queriéndolo encontrar. Dan vueltas a sus obras, las investigan y quedan seducidos por su apariencia, porque es hermoso lo que ven.

Palabra de Dios.

Quién rastreará las maravillas de Dios Eclo 18, 1-11
Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro del Eclesiástico.

El que vive eternamente lo creó todo por igual; solo el Señor es reconocido justo, y no hay otro fuera de él. Gobierna el mundo con la palma de su mano, y todo obedece a su voluntad, pues él con su poder es rey de todos, separando en ellos las cosas santas de las profanas. A nadie permitió que anunciara sus obras. ¿Quién rastreará sus maravillas? ¿Quién medirá el poder de su majestad? ¿Quién conseguirá narrar sus misericordias? No hay nada que quitar, ni nada que añadir, ni se pueden rastrear las maravillas del Señor. Cuando el hombre termina, entonces empieza, cuando se detiene, entonces queda asombrado. ¿Qué es el hombre?, ¿para qué sirve?, ¿cuál es su bien y cuál su mal? Los días del hombre son cien años como mucho; el día más imprevisible de todos es el de la muerte. Como gota de agua en el mar, como grano de arena, así son sus pocos años frente a un día de la eternidad. Por eso el Señor es paciente con los humanos y derrama sobre ellos su misericordia.

Palabra de Dios.

1448. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 104, 1-2. 3-4. 5 y 7. 8-9 (R.: 43a)
R. El Señor sacó a su pueblo con alegría.

V. Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R.

V. Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R.

V. Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca.
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R.

V. Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R.

1449. O bien:

Sal 105, 2-3. 4-5. 45-46. 47. 48 (R.: 1bc)
R. Dad gracias al Señor porque es bueno, 
porque es eterna su misericordia.

V. ¿Quién podrá contar las hazañas de Dios,
pregonar toda su alabanza?
Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la justicia. R.

V. Acuérdate de mí
por amor a tu pueblo,
visítame con tu salvación:
para que vea la dicha de tus escogidos,
y me alegre con la alegría de tu pueblo,
y me gloríe con tu heredad. R.

V. Recordando su pacto con ellos,
se arrepintió con inmensa misericordia;
hizo que movieran a compasión
a los que los habían deportado. R.

V. Sálvanos, Señor, Dios nuestro,
reúnenos de entre los gentiles:
daremos gracias a tu santo nombre,
у alabarte será nuestra gloria. R.

V. Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
desde siempre y por siempre.
Y todo el pueblo diga:
¡Amén! ¡Aleluya! R.

Sal 106, 2-3. 8-9. 31-32. 42-43 (R.: 6)
R. Gritaron al Señor en su angustia, 
y los arrancó de la tribulación.

V. Que lo confiesen los redimidos por el Señor,
os que él rescató de la mano del enemigo,
los que reunió de todos los países:
oriente y occidente, norte y sur. R.

V. Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Calmó el ansia de los sedientos,
y a los hambrientos los colmó de bienes. R.

V. Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Aclámenlo en la asamblea del pueblo,
alábenlo en el consejo de los ancianos. R.

V. Los rectos lo ven y se alegran,
a la maldad se le tapa la boca.
El que sea sabio, que recoja estos hechos
y comprenda la misericordia del Señor. R.

1450. El ministro, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

Preces

1451. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

V. Dios ama todo lo que ha creado y lo conserva con su bendición. Pidámosle ahora que nos imparta su bendición y su consuelo, diciendo:
R. Descienda sobre nosotros, Señor, tu bendición.
— Dios eterno, que nos das un sentido más profundo de esta vida, cuando nos sometemos de corazón a tu voluntad, dígnate llenarnos de tu espíritu de santidad. R.
— Tú que deseas que tus dones se devuelvan multiplicados a ti y a los hermanos, acepta el ofrecimiento de nuestra sumisión y de nuestro amor. R.
— Tú que nos miras siempre con ojos de piedad, escucha la voz de los que esperamos en ti, Señor. R.
— Tú que enviaste tu Hijo al mundo para que destruyera la maldición del pecado y nos trajera tu bendición, dígnate bendecirnos en su persona con toda clase de bienes celestiales. R.
— Tú que enviaste a nuestros corazones el Espíritu de tu Hijo, que nos hace gritar: «Abbá», Padre, escúchanos a nosotros, tus hijos, que reconocemos y ensalzamos tu bondad de Padre. R.
— Tú que por la muerte y resurrección de tu Hijo nos has escogido para ser tu pueblo y tu heredad, acuérdate de nosotros en nuestras necesidades y bendice tu heredad. R.

El celebrante dice la oración de bendición, como se indica más adelante.

1452. Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición el celebrante dice:
Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el ministro dice la oración de bendición.

Oración de bendición

1453. El ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice:

1454. a) Para las cosas creadas
Bendito seas, oh Dios, Creador del universo, 
que hiciste buenas todas las cosas 
y confiaste la tierra al hombre para que la cultivase; 
haz que usemos siempre con agradecimiento 
de las cosas que tú has creado 
y que, conscientes de que son un don tuyo, 
sepamos compartirlas con los necesitados, 
en la caridad de Cristo, nuestro Señor, 
que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.

1455. O bien:
Te bendecimos, Señor, Padre santo, 
por cuya palabra y poder fue hecho todo, 
y por cuya donación recibimos 
todo lo necesario para nuestra subsistencia, 
te pedimos que nosotros, tus fieles, 
obedeciendo de buen grado a tu voluntad, 
usemos siempre con agradecimiento de estas criaturas. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

1456. O bien:
Dios todopoderoso y eterno, que creaste al hombre 
adecuadamente provisto de los bienes de esta vida, 
para que pudiera aspirar a los dones eternos, 
atiende nuestras súplicas y concédenos que, 
fortalecidos con el consuelo de los bienes terrenales, 
dispongamos de lo suficiente para nuestra subsistencia 
y alcancemos finalmente la herencia que tú nos prometes. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

1457. b) Para las cosas hechas por mano de hombre
Dios todopoderoso y eterno, 
que sometiste al hombre el mundo creado
para que nos ayudáramos mutuamente por la caridad, 
dígnate atender a nuestras súplicas, 
con las cuales imploramos tu bendición 
sobre los que usarán de estas cosas según su necesidad, 
para que siempre te reconozcan a ti como el bien supremo 
y amen a sus hermanos con sincero corazón. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

1458. c) Para determinadas circunstancias de la vida
Concede, Señor, a tus fieles 
encontrar seguridad y riqueza 
en la abundancia de tus misericordias 
y haz que, protegidos por tu bendición,
se mantengan en continua acción de gracias 
y te bendigan rebosantes de alegría. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

1459. O bien:
Concede, Señor, que tus fieles, 
por la fuerza de tu bendición, 
se dispongan interiormente al bien, 
para que realicen todas sus obras
fortalecidos y movidos por tu amor. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

1460. O bien:
Conforta, Señor, a tus fieles 
con la bendición que imploramos de ti, 
para que nunca nos apartemos de tu voluntad 
y siempre podamos agradecer tus beneficios. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

1461. O bien:
Señor, bendice a tu pueblo 
que espera siempre en tu misericordia 
y concédele recibir de tu mano generosa 
todo lo que tú mismo le impulsas a pedir. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

1462. O bien:
Señor, que tu pueblo reciba los frutos 
de tu generosa bendición 
para que, libre de todo pecado, 
logre alcanzar los bienes que desea. 
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Conclusión del rito

1463. El ministro, si es sacerdote o diácono, concluye el rito diciendo:
Dios, bendito a través de todo, 
os bendiga por Cristo en todo, 
para que todo os sirva para el bien.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, 
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
R. Amén.
____________________________________________
1464. Si el ministro es laico, concluye el rito santiguándose y diciendo:
Dios, bendito a través de todo, 
nos bendiga por Cristo en todo, 
para que todo nos sirva para el bien.
R. Amén.
____________________________________________

1465. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.

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