lunes, 3 de octubre de 2016

Ritual de la iniciación cristiana de los niños en edad catequética.

Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, 6-enero-1972 (ed. Española, reimpresión 2012)

RITUAL DE LA INICIACIÓN CRISTIANA DE LOS NIÑOS EN EDAD CATEQUÉTICA

306. Este ritual está destinado a los niños que, no habiendo sido bautizados en la infancia, y llegados a la edad de la discreción y de la catequesis, vienen para la iniciación cristiana, ya traídos por sus padres o tutores, ya espontáneamente, pero con su permiso. Estos niños ya son idóneos para concebir y alimentar una fe propia, y tienen en sí mismos algún sentido del deber de conciencia. Sin embargo, todavía no pueden ser tratados como adultos, puesto que poseen una mentalidad infantil, dependen de los padres o tutores y se dejan influir excesivamente por los compañeros y por el ambiente.

307. Su iniciación requiere ante todo la propia conversión, madurada progresivamente, en cuanto lo permite su edad, pero además la ayuda de la educación, tan necesaria a esa edad. De acuerdo con esto, tal ayuda ha de ser adaptada al punto del itinerario espiritual en que se encuentran los candidatos, o sea, a su progreso en la fe y a la formación catequética que reciben. Por consiguiente su iniciación debe prolongarse, como la de los adultos, durante varios años, si es necesario, antes de que se acerquen a los sacramentos, y debe distribuirse en varios grados o etapas, y jalonarse con diversos ritos.

308. Como el progreso de los niños en la formación depende tanto de la ayuda y ejemplo de los compañeros como de la que reciben de sus padres, es preciso que se tengan en cuenta ambos influjos:

a) Puesto que los niños que han de ser iniciados pertenecen generalmente a algún grupo de compañeros de su edad, bautizados ya de tiempo atrás, que se preparan en la catequesis para la Confirmación y la Eucaristía, la iniciación que reciben avanza progresivamente, y se apoya sobre la base del mismo grupo catequético.

b) Pero es de desear también que esos niños reciban además, en cuanto sea posible, la ayuda y el ejemplo de sus padres, cuyo permiso se requiere para comenzar la iniciación y para llevar en el futuro la nueva vida cristiana. Por otra parte, el tiempo de la iniciación proporcionará ocasiones oportunas a la familia para tratar con los sacerdotes y catequistas.

309. Según las circunstancias, ayudará no poco el reunir a varios niños, que se hallen en la misma situación, para las ceremonias de cada etapa, a fin de que con el ejemplo mutuo se ayuden a caminar en el catecumenado.

310. En lo que toca al tiempo de las celebraciones, sería de desear que, en cuanto sea posible, el último tiempo de la preparación coincidiera con la Cuaresma, y que los sacramentos se celebren en la Vigilia pascual (cf. Observaciones previas, n. 8). Pero antes de que los niños sean admitidos a los sacramentos en las fiestas pascuales, hay que asegurarse bien de que están capacitados, y de que el tiempo litúrgico corresponda al grado de la formación catequética en que los candidatos a los sacramentos de la iniciación se acerquen a ellos al mismo tiempo que sus compañeros, bautizados ya de tiempo atrás, son admitidos a la Confirmación y a la Eucaristía.

311. Las ceremonias deben celebrarse con participación activa de algún grupo, que se componga de un número conveniente de fieles, entre los que deben estar los padres y parientes, así como los compañeros de estudios catequéticos y algunos adultos allegados a los interesados. Porque, hablando en general, no es deseable la presencia de toda la comunidad parroquial, basta con que esté representada, cuando se inician los niños de esa edad.

312. Este Ritual aquí elaborado, puede recibir las acomodaciones y adiciones que juzguen oportunas las Conferencias Episcopales, para que respondan a las necesidades y circunstancias de cada región y a sus peculiares circunstancias pastorales. Se puede introducir, adaptado a la edad de los niños, el rito de las "entregas" que se usa para los adultos (cf. nn. 103, 125, 181-192). Además, cuando este "Ordo" se traduzca a las lenguas vernáculas, hay que cuidar que las moniciones, súplicas y oraciones se acomoden a la mentalidad de los niños. Si se juzga oportuno, cuando alguna oración del Ritual Romano se traduzca a la lengua del lugar, se puede aprobar por la Conferencia Episcopal otra oración que proponga las mismas ideas, pero de modo más apropiado a los niños (cf. Observaciones previas acerca de la iniciación cristiana, n. 32).

313. Los ministros que empleen este Ritual, usen con libertad y sensatez de las facultades y atribuciones que se les conceden en las Observaciones generales previas (nn. 34 y 35), en las Observaciones previas particulares del Ritual del Bautismo de los niños (n. 36) y de la iniciación de adultos (n. 67).