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Domingo 4 diciembre 2022, II Domingo de Adviento, ciclo A.

jueves, 4 de mayo de 2017

Matrimonio: Evangelios.

Ritual del Matrimonio (2ª edición)

Capítulo V. LECTURAS PARA LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO

ELENCO COMPLETO DE LAS LECTURAS

En la Misa «por los esposos» y en los Matrimonios que se celebran sin Misa, pueden emplearse las lecturas que vienen a continuación. Se elegirá siempre por lo menos una lectura que hable explícitamente del Matrimonio. Estas lecturas están señaladas con un asterisco (*) y van precedidas por una monición. Se han elegido porque expresan de modo más claro la dignidad del Matrimonio y su peculiar significado en el Misterio de la Salvación.

Leccionario V
En los aniversarios del matrimonio se toman las mismas lecturas propuestas a continuación para
a celebración del matrimonio, pero pueden emplearse también las lecturas de la misa para dar gracias a Dios (Leccionario VI, de las misas por diversas necesidades y votivas).


EVANGELIO

410. 
Leccionario V, pág. 364.
I   Mt 5, 1-12a
Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, Jesús enseñaba a sus discípulos diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor.


411. 
Leccionario V, pág. 365.
II   Mt 5, 13-16
Vosotros sois la luz del mundo
+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Palabra del Señor.


411a. Mt 6, 25-34:
No os agobiéis por el mañana
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? Non andéis agobiaos, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.
Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

Palabra del Señor.


412. 
Leccionario V, pág. 366.
III (forma larga)  Mt 7, 21. 24-29
Edificó su casa sobre roca
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como sus escribas.

Palabra del Señor.

Leccionario V, pág. 367.
III (forma breve)  Mt 7, 21. 24-25
Edificó su casa sobre roca
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

Palabra del Señor.


* 413. Mt 19, 3-6:
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre
El matrimonio tiene un carácter de indisolubilidad, puesto por Dios en la naturaleza (vv. 4-5).
Ante las ideas (v. 3) e incluso legislación (19, 7) sobre el divorcio, Jesús toma una postura de intransigencia, basada en el designio de Dios que queda hecho realidad en la unión que comporta la consumación del matrimonio (v. 6).
Esta intransigencia provocará la frase de los discípulos sobre lo desventajoso y duro del matrimonio (19, 10), que Jesús soluciona a continuación (19, 11 ss): Sólo con la fe, que nos ha sido dada por Dios, somos capaces de comprender (19, 11) y llevar adelante (19, 12) esta fidelidad.

Leccionario V, pág 367.
IV   Mt 19, 3-6:
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre
+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba:
«¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?»
Él les respondió:
«¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne"? De modo que ya no son dos, sino una sola carne.
Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

Palabra del Señor.


414. 
Leccionario V, pág. 368.
V   Mt 22, 35-40
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, uno de los fariseos, un doctor de la ley, preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».
Él le dijo:
«"Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente."
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley entera y los Profetas».

Palabra del Señor.


* 415. Mc 10, 6-9:
No son dos, sino una sola carne
La cita, en boca de Jesús, de los dos textos sobre la unión del hombre y la mujer, que figuran en los dos relatos de la creación (Gn 1, 27 del Sacerdotal y Gn 2, 24 del Jahvista), es casi perfectamente paralela con la de Mt 19, 4-6. La única variante es que Marcos parece insistir más en la disposición de la naturaleza, si bien en la frase conclusiva, idéntica en los dos, se acentúe categóricamente la voluntad de Dios (cf. 1Co 7, 10) que ha unido esos seres, contra la cual no deberá atentar, en consecuencia, ningún hombre ni institución humana.

Leccionario V, pág. 368.
VI   Mc 10, 6-9
No son dos, sino una sola carne
+ Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.
De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

Palabra del Señor.


* 416. Jn 2, 1-11:
En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos 
Un banquete de bodas (v. 1) ofrece a Jesús la ocasión de realizar el primer signo o manifestación de su persona, como gracia y plenitud que se nos ofrece (cf. Jn 1, 16), haciendo crecer así la fe de sus discípulos en él.
La realidad de gracia y de plenitud que nos viene con Cristo está señalada por el cambio del agua de las purificaciones rituales (v. 6), símbolo de la realidad de la antigua alianza, en vino, que a lo largo del Antiguo Testamento es uno de los más claros signos de la plenitud mesiánica (cf. Gn 49, 10-11; Am 9, 13-14; 1s 25, 6; JI 2, 24; 4, 18; Eclo 24, 23; Pr 9, 1-5; Ct 5, 1).

Leccionario V, pág. 369.
VII   Jn 2, 1-11
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea 
+ Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice:
«No tienen vino».
Jesús le dice:
«Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes:
«Haced lo que él os diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dice:
«Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les dice:
«Sacad ahora y llevadlo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Palabra del Señor.


417. 
Leccionario V, pág. 370.
VIII   Jn 15, 9-12
Permaneced en mi amor
+ Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado».

Palabra del Señor.


418. 
Leccionario V, págs. 370-371.
IX   Jn 15, 12-16
Éste os mando: que os améis unos a otros
Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé».

Palabra del Señor.


419. 
Leccionario V, pág. 371.
X (forma larga)  Jn 17, 20-26
Para que sean completamente uno
Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró diciendo:
«Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

Palabra del Señor.


Leccionario V, pág. 371.
X (forma breve)  Jn 17, 20-23
Para que sean completamente uno
+ Lectura del santo Evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró diciendo:
«Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

Palabra del Señor.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Matrimonio: Salmos responsoriales, Aleluyas y versículos antes del Evangelio.

Ritual del Matrimonio (2ª edición)

Capítulo V. LECTURAS PARA LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO

SALMO RESPONSORIAL

399. 
Leccionario V, pág. 358.
I   Sal 32, 12 y 18. 20-21. 22 (R.: 5b)

R. La misericordia del Señor llena la tierra.

V. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan en su misericordia. R.

V. Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos. R.

V. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R.


400. 
Leccionario V, págs. 358-359.
II   Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 2a; 9a)

R. Bendigo al Señor en todo momento.
O bien:
R. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

V. Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

V. Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.

V. Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

V. El ángel del Señor acampa en torno a quienes lo temen
y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R.


400a. Sal 44, 11-12. 14-15. 16-17 (R.: Mt 25, 6b)

R. Llega el esposo: salid a recibir a Cristo, el Señor.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor. R.

Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras. R.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.
A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra. R.


401. 
Leccionario V, pág. 359.
III   Sal 102, 1b-2. 8 y 13. 17-18a (R.: 8a; cf. 17)

R. El Señor es compasivo y misericordioso.
O bien:
R. La misericordia del Señor dura por siempre,
para aquellos que lo temen.

V. Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.

V. El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen. R.

V. La misericordia del Señor
dura desde siempre y por siempre,
para aquellos que lo temen;
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza. R.


402. 
Leccionario V, pág. 360.
IV   Sal 111, 1b-2. 3-4. 5-7a. 7b-8. 9 (R.: cf. 1)

R. Dichoso quien ama de corazón los mandatos del Señor.
O bien:
R. Aleluya.

V. Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. R.

V. En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad dura por siempre.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo. R.

V. Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
El recuerdo del justo será perpetuo.
No temerá las malas noticias. R.

V. Su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos. R.

V. Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre,
y alzará la frente con dignidad. R.


403.
Leccionario V, pág. 361.
V   Sal 127, 1bc-2. 3. 4-5 (R.: cf. 1b; 4)

R. Dichosos los que temen al Señor.
O bien:
R. Ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.

V. Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R.

V. Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R.


404. 
Leccionario V, págs. 361-362.
VI   Sal 144, 8-9. 10 y 15. 17-18 (R.: 9a)

R. El Señor es bueno con todos.

V. El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso como todas sus criaturas. R.

V. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo. R.

V. El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R.


405. 
Leccionario V, pág. 362.
VII   Sal 148, 1bc-2. 3-4. 9-10. 11-13a. 13c-14 (R.: cf. 13a)

R. Alabad el nombre del Señor.
O bien:
R. Aleluya.

V. Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.
Alabadlo, todos sus ángeles;
alabadlo, todos sus ejércitos. R.

V. Alabadlo, sol y luna;
alabadlo, estrellas lucientes.
Alabadlo, espacios celestes
y aguas que cuelgan en el cielo. R.

V. Montes y todas las sierras,
árboles frutales y cedros,
fieras y animales domésticos,
reptiles y pájaros que vuelan. R.

V. Reyes del orbe y todos los pueblos,
príncipes y jueces del mundo,
los jóvenes y también las doncellas,
los ancianos junto con los niños,
alaben el nombre del Señor. R.

V. Su majestad sobre el cielo y la tierra.
Él acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido.  R.


ALELUYA Y VERSÍCULOS ANTES DEL EVANGELIO
(Leccionario V, pág. 363).

406.
I   Jn 4, 7b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Todo el que ama ha nacido de Dios
y conoce a Dios. R.

407.
II   1 Jn 4, 8b. 7a y 11
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Dios es amor;
amémonos unos a otros, como Dios nos amó. R.

408. 
III   1 Jn 4, 12
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros,
y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. R.

409.
IV   1 Jn 4, 16b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Quien permanece en el amor permanece en Dios,
y Dios en él. R.

martes, 2 de mayo de 2017

Matrimonio: Lecturas del Nuevo Testamento.

Ritual del Matrimonio (2ª edición)

Capítulo V. LECTURAS PARA LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO

ELENCO COMPLETO DE LAS LECTURAS

En la Misa «por los esposos» y en los Matrimonios que se celebran sin Misa, pueden emplearse las lecturas que vienen a continuación. Se elegirá siempre por lo menos una lectura que hable explícitamente del Matrimonio. Estas lecturas están señaladas con un asterisco (*) y van precedidas por una monición. Se han elegido porque expresan de modo más claro la dignidad del Matrimonio y su peculiar significado en el Misterio de la Salvación.

Leccionario V
En los aniversarios del matrimonio se toman las mismas lecturas propuestas a continuación para la celebración del matrimonio, pero pueden emplearse también las lecturas de la misa para dar gracias a Dios (Leccionario VI, de las misas por diversas necesidades y votivas).

LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO
SIEMPRE EN TIEMPO PASCUAL; TAMBIÉN PUEDE USARSE FUERA DEL TIEMPO PASCUAL

384. 
Leccionario V, pág. 347.
I   Rm 8, 31b-35. 37-39:
¿Quién nos separará del amor de Cristo?
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, que murió, más todavía, resucitó y está a la derecha de Dios, y que además intercede por nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo?: ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos de sobre gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Palabra de Dios.


385. 
Leccionario V, pág. 348.
II (forma larga)   Rm 12, 1-2. 9-18
Presentad vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; éste es vuestro culto espiritual.
Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
Que vuestra amor no sea fingido; aborreciendo lo malo, apegaos a lo bueno.
Amaos cordialmente unos a otros; que cada cual estime a los otros más que a sí mismo; en la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu, manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor.
Que la esperanza os tenga alegres; manteneos firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración; compartid las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad.
Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis.
Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran.
Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde. No os tengáis por sabios.
A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente. En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo.

Palabra de Dios.

Leccionario V, pág. 349.
II (forma breve)   Rm 12, 1-2. 9-13
Presentad vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; éste es vuestro culto espiritual.
Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
Que vuestra amor no sea fingido; aborreciendo lo malo, apegaos a lo bueno.
Amaos cordialmente unos a otros; que cada cual estime a los otros más que a sí mismo; en la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu, manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor.
Que la esperanza os tenga alegres; manteneos firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración; compartid las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad.

Palabra de Dios.


386. 
Rm 15, lb-3a. 5-7. 13:
Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Nosotros los robustos no debemos buscar lo que nos agrada. Procuramos cada uno dar satisfacción al prójimo en lo bueno, mirando a lo constructivo. Tampoco Cristo buscó su propia satisfacción.
Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, se conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios.
Que el Dios de la esperanza colme vuestra fe de alegría y de paz.

Palabra de Dios.


387. 
Leccionario V, pág. 350.
III   1 Co 6, 13c-15a. 17-20
Vuestros cuerpos son templo del Espíritu Santo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:
El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. Y Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros, con su poder.
¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?
El que se une al Señor es un espíritu con él.
Huid de la inmoralidad. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros y habéis recibido de Dios.
Y no os pertenecéis, pues habéis sido comprados a buen precio.
Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

Palabra de Dios.


388. 
1Co 7, 10-14:
Que la mujer no se separe del marido; y el marido que no se divorcie de su mujer
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:
A los ya casados les mando -bueno, no yo, el Señor- que la mujer no se separe del marido. Y si llegara a separarse, que no vuelva a casarse o que haga las paces con su marido, y el marido que no se divorcie de su mujer.
A los demás les hablo yo, no el Señor: si un cristiano está casado con una no cristiana y ella está de acuerdo en vivir con él, que no se divorcie. Y si una mujer está casada con un no cristiano y él está de acuerdo en vivir con ella, que no se divorcie del marido. Porque el marido no cristiano queda consagrado a Dios por su mujer, y la mujer no cristiana queda consagrada por el marido cristiano. Si no fuera así, vuestros hijos estarían contaminados.

Palabra de Dios.


389. 
Leccionario V, págs. 350-351.
IV   1Co 12, 31-13, 8a
Si no tengo amor, de nada me serviría
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios

Hermanos:
Ambicionad los carismas mayores. Y aún os voy a mostrar un camino más excelente.
Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde.
Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada.
Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría.
El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasa nunca.
Palabra de Dios.


390. 
Ef 4, 1-6:
Un solo cuerpo y un solo Espíritu, un bautismo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos:
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.
Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.

Palabra de Dios.


* 391. Ef 5, 2a. 21-33 (larga); o bien: 2a. 25-32 (breve):

Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia 
Bajo el signo del amor (v. 2a. 25), fundamento último de la entrega de Cristo a la Iglesia (Ga 2, 20), se explica la esencia profunda del matrimonio. La relación de la Iglesia y Cristo (que la ama, la alimenta y se entrega por ella) es para san Pablo el ejemplo e ideal de la unión matrimonial.
Los tres avisos que da Pablo a los casados son expuestos con su fundamento humano y su fundamento eclesiológico, siempre en ese orden:
a) Estad sujetas al varón (vv. 21-22), pues es vuestra cabeza (v. 23a), como Cristo es cabeza de la Iglesia (v. 23b).
b) Amad a vuestras esposas (v. 25a), como Cristo amó a su Iglesia (vv. 25b 27).
c) Amad a vuestras esposas (v. 28a), pues amáis también a vuestros cuerpos que alimentáis (vv. 29b-32), como Cristo alimenta a la Iglesia, su Cuerpo (vv. 29b-32).
La unión matrimonial recibe así del misterio de Cristo y de la Iglesia no sólo el ejemplo, sino la fuerza, que convierte a la familia en una realización concreta de la vida de la Iglesia, en verdadera «célula eclesial» (cf. Lumen gentium, núm. 11).

Leccionario V, págs. 351-352.
V (forma larga)   Ef 5, 2a. 21-33
Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia 
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos:
Vivid en el amor como Cristo nos amó y se entregó por nosotros.
Sed sumisos unos a otros en el temor de Cristo: las mujeres, a sus maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia: Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para presentársela gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son.
Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.«Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre,
y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne».
Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.

Palabra de Dios.

Leccionario V, pág. 352.
V (forma breve)   Ef 5, 2a. 25-32
Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia 
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos:
Vivid en el amor como Cristo nos amó y se entregó por nosotros.
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia: Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para presentársela gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son.
Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.
«Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre,
y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne».
Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

Palabra de Dios.


392. 
Flp 4, 4-9:
Todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Hermanos:
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca.
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.
Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Palabra de Dios.


393. 
Leccionario V, pág. 353.
VI   Col 3, 12-17:
Por encima de todo, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses.

Hermanos:
Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.
Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.
Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.
Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Palabra de Dios.


394. 
Hb 13, 1-4a. 5-6b:
Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre
Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos:
Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad; por ella algunos recibieron sin saberlo la visita de unos ángeles.
Acordaos de los que están presos, como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados, como si estuvierais en su carne.
Que todos respeten el matrimonio, el lecho nupcial que nadie lo mancille.
Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: «Nunca te dejaré ni te abandonaré»; así tendremos valor para decir: «El Señor es mi auxilio: nada temo.
Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe.
Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre.

Palabra de Dios.


* 395. 1P 3, 1-9:

Todos un mismo pensar y un mismo sentir, con afecto fraternal
El matrimonio tiene un fin más allá de sí mismo. Como toda la vocación cristiana, está destinado a heredar una bendición (v. 9) y los dos cónyuges son coherederos de la gracia de la Vida (v. 7).
Esto último hace que sea esencial al matrimonio el espíritu de unidad y de amor (v. 8) y la ausencia de todo egoísmo, que no devuelve mal por mal (v. 9), sino que vence al mal con el bien (Rm 12, 21).
El autor de la carta exhorta más largamente a las mujeres (vv. 1-6) que a los maridos (v. 7), quizás porque las esposas cristianas de maridos paganos contaban con mayores dificultades que los esposos cristianos de mujeres paganas.

Leccionario V, pág. 354.
VII   1 Pe 3, 1-9
Tened todos el mismo sentir, sed solidarios en el sufrimiento, quereos como hermanos
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos:
Que las mujeres estén a disposición de sus propios maridos, de modo que, si hay algunos que son reacios a la Palabra, se convenzan por la conducta de las mujeres y sin necesidad de palabras, asombrados, fijándose en vuestra conducta intachable y respetuosa.
Que vuestro adorno no sea lo exterior, los peinados complicados, las joyas de oro, ni los vestidos lujosos, sino la profunda humanidad del corazón en la incorruptibilidad de un espíritu apacible y sereno, eso sí que es valioso ante Dios. Pues así se adornaban también antaño las santas mujeres que tenían puesta su esperanza en Dios, con actitud de disponibilidad para con sus propios maridos; por ejemplo, Sara obedeció a Abrahán llamándolo señor: vosotras os asemejáis a ella cuando hacéis el bien, pero sin temor alguno.
Igualmente, los maridos, en la convivencia con la mujer, sabiendo que es más delicada, demuestren estima hacia ellas como coherederas que son también de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no encuentren obstáculo.
Y por último, tened todos el mismo sentir, sed solidarios en el sufrimiento, quereos como hermanos, tened un corazón compasivo y sed humildes.
No devolváis mal por mal, ni insulto por insulto, sino al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados, para heredar una bendición.

Palabra de Dios.


396. 
Leccionario V, pág. 355.
VIII   1 Jn 3, 18-24:
Amemos de verdad y con obras
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.
En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón ante él, en caso de que nos condene nuestro corazón, pues Dios es mayor que nuestro corazón y lo conoce todo.
Queridos, si el  corazón no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Palabra de Dios.


397. 
Leccionario V, pág. 356.
IX   1Jn 4, 7-12:
Dios es amor
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.
Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

Palabra de Dios.


398. 
Leccionario V, pág. 357.
X   Ap 19, 1. 5-9a:
Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero
Lectura del libro del Apocalipsis.

Yo, Juan, oí en el cielo como el vocerío de una gran muchedumbre, que decían:
«¡Aleluya! La salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios».
Y salió una voz del trono que decía:
«Alabad a nuestro Dios, sus siervos todos, los que le teméis, pequeños y grandes».
Y oí como el rumor de una muchedumbre inmensa, como el rumor de muchas aguas, y como el fragor de fuertes truenos, que decían:
«Aleluya. Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo, alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
Llegó la boda del Cordero, su esposa se ha embellecido, y se le ha concedido vestirse de lino resplandeciente y puro -el lino son las buenas obras de los santos-».
Y me dijo:
Escribe: "Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero"».

Palabra de Dios.

lunes, 1 de mayo de 2017

Lunes 5 junio 2017, Lecturas Lunes IX semana de Tiempo Ordinario, año impar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la IX semana de Tiempo Ordinario, año impar (Lec. III-impar).

PRIMERA LECTURA 1, 3; 2, 1b-8
Tobit practicaba la verdad
Comienzo del libro de Tobías

Yo, Tobit, he practicado la verdad y la justicia toda mi vida; he dado muchas limosnas a mis parientes y compatriotas que vinieron cautivos conmigo a Nínive, la tierra de los asirios. En nuestra santa fiesta de Pentecostés, es decir, la fiesta de las Semanas, me prepararon un banquete, y me senté dispuesto a comer. Me prepararon la mesa y vi suculentos manjares. Entonces dije a mi hijo Tobías:
«Hijo, sal y si, entre nuestros hermanos deportados en Nínive, encuentras algún pobre que se acuerde de Dios con todo corazón, tráelo para que coma con nosotros. Hijo mío, esperaré hasta que vuelvas».
Tobías salió en busca de algún pobre de nuestro pueblo, pero al regreso me dijo:
«¡Padre!».
Respondí:
«Aquí estoy, hijo mío».
Él contestó:
«Padre, han asesinado a uno de los nuestros y su cuerpo yace en la plaza del mercado. Acaba de ser estrangulado».
Me levanté sin haber probado la comida, tomé el cadáver de la plaza y lo dejé en un cobertizo para enterrarlo cuando se pusiera el sol. Entré de nuevo, me lavé y comí con amargura, recordando las palabras del profeta Amós contra Betel:
«Vuestras fiestas se convertirán en luto y todos vuestros cantos en lamentaciones».
No pude reprimir las lágrimas.
Cuando se puso el sol, fui a cavar una fosa y enterré el cadáver.
Los vecinos se burlaban de mí diciendo:
«Este no escarmienta. Tuvo que escapar cuando lo buscaban para matarlo por enterrar muertos y vuelve a la tarea».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 111, 1b-2. 3-4. 5-6 (R.: 1b)
R.
Dichoso quien teme al Señor. Beatus vir qui timet Dóminum.
O bien: Aleluya.

V. Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. R.
Dichoso quien teme al Señor. Beatus vir qui timet Dóminum.

V. En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad dura por siempre.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo. R.
Dichoso quien teme al Señor. Beatus vir qui timet Dóminum.

V. Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos,
porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.
R.
Dichoso quien teme al Señor. Beatus vir qui timet Dóminum.

Aleluya Cf. Ap 1, 5ab
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Jesucristo, eres el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos; nos amaste y has lavado nuestros pecados con tu sangre. R.
Iesu Christe, testis es fidélis, primogénitus mortuórum: dilexísti nos, et lavasti pecáta nostra in sánguine tuo.

EVANGELIO Mc 12, 1-12
Agarrando al hijo amado, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos:
«Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cayó un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo azotaron y lo despidieron con las manos vacías. Les envió de nuevo otro criado; a este lo descalabraron e insultaron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, a los que azotaron o los mataron.
Le quedaba uno, su hijo amado. Y lo envió el último, pensando:
“Respetarán a mi hijo”.
Pero los labradores se dijeron:
“Este es el heredero. Venga, lo matamos y será nuestra la herencia”.
Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. 
¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, hará perecer a los labradores y arrendará la viña a otros.
¿No habéis leído aquel texto de la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?».
Intentaron echarle mano, porque comprendieron que había dicho la parábola por ellos; pero temieron a la gente y, dejándolo allí, se marcharon.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco
La salvación viene del descarte
Lunes 1 de junio de 2015
«El amor de Dios con su pueblo se manifiesta en el sacrificio de su Hijo, que ahora celebraremos una vez más, verdaderamente», dijo el Papa Francisco antes de reanudar la celebración eucarística. «Y cuando Él desciende sobre el altar y lo ofrecemos al Padre - añadió- nos hará bien hacer memoria de esta historia de amor que parece fracasar, pero al final triunfa». Es importante, por lo tanto, «hacer memoria, en la historia de nuestra vida, de la semilla de amor que Dios ha sembrado en nosotros». Y en consecuencia, «hacer lo que Jesús hizo en nuestro nombre: se humilló». Así que también a nosotros, concluyó, «nos hará bien humillarnos ante el Señor que ahora viene para celebrar con nosotros el memorial de su victoria».

Matrimonio: Lecturas del Antiguo Testamento.

Ritual del Matrimonio (2ª edición)

Capítulo V. LECTURAS PARA LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO

ELENCO COMPLETO DE LAS LECTURAS

En la Misa «por los esposos» y en los Matrimonios que se celebran sin Misa, pueden emplearse las lecturas que vienen a continuación. Se elegirá siempre por lo menos una lectura que hable explícitamente del Matrimonio. Estas lecturas están señaladas con un asterisco (*) y van precedidas por una monición. Se han elegido porque expresan de modo más claro la dignidad del Matrimonio y su peculiar significado en el Misterio de la Salvación.

Leccionario V
En los aniversarios del matrimonio se toman las mismas lecturas propuestas a continuación para
a celebración del matrimonio, pero pueden emplearse también las lecturas de la misa para dar gracias a Dios (Leccionario VI, de las misas por diversas necesidades y votivas).


LECTURAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO
SOLO FUERA DEL TIEMPO PASCUAL

* 374. Gn 1, 26-28. 31a:

Hombre y mujer los creó
El relato presente es el más moderno y elaborado de los dos relatos de la Creación (1, 1 2, 4: Sacerdotal; 2, 5 25: Jahvista). Ambos tienen de común el resaltar al hombre como culmen de la Creación. Los tres primeros días han sido dedicados a la ordenación de los espacios. Los tres siguientes a poblar estos espacios. Como último poblador aparece el hombre.
Dios crea al hombre a su imagen, haciendo de éste un vice-Dios, o representante del mismo Dios en la tierra para que la llene y la transforme (v. 28). Por otra parte el hombre solo es incapaz de ser imagen perfecta de Dios y reflejar perfectamente a su Creador. Han de ser hombre y mujer.
Los dos fines tradicionales del matrimonio —unión y procreación— quedan destacados en el relato («Hombre y mujer los creó»; «creced y multiplicaos»), como queridos directamente por Dios, que bendice a la pareja (v. 28) y ve que todo ello es muy bueno (v. 31: a diferencia de los anteriores vv. 10, 12, 18, 21, 25 en que no aparece el superlativo).

Leccionario V, pág. 339
 Gen 1, 26-28. 31a
Varón y mujer los creó

Lectura del libro del Génesis.

Dijo Dios:
«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra».
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó.
Dios los bendijo; y les dijo:
«Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra».
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.

Palabra de Dios.


* 375. Gn 2, 18-24:

Y serán los dos una sola carne
En este relato del Jahvista, más antiguo que el anterior, se expresa de manera más primitiva el mismo dominio del hombre, manifestado en el acto de poner el nombre a todos los animales (acto de posesión), la misma compenetración de hombre y mujer, querida por Dios (v. 27) y el mismo resultado de procreación (la carne común, una, del hijo: v. 24).
La afirmación del v. 18 (la mujer es una mera ayuda para vencer la soledad del hombre [cf. Ecl 4, 9-11I) no es la central del relato, sino una preparación para los vv. 23-24, culmen de la narración.
La exclamación primitiva, eufórica, de Adán (v. 21) exalta a la mujer por encima de todo el resto de la creación, al tiempo que expresa ese lazo de atracción y de amor, más fuerte que la muerte (Ct 8,6) entre el «hombre» y la «hembra», que tiene el mismo nombre (v. 23) por ser de la misma pasta (vv. 22-23) y conduce a crear una misma y única carne (v. 24). Sólo con esa atracción, tan insertada en la naturaleza, se explica el Jahvista, que pueda ser vencido incluso el lazo filial (v. 24).

Leccionario V, págs. 339-340
II   Gén 2, 18-24
Y serán los dos una sola carne
Lectura del libro del Génesis.

El Señor Dios se dijo:
«No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él, que le ayude.»
Entonces el Señor Dios modeló de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y se los presentó a Adán, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que Adán le pusiera.
Así Adán puso nombre a todos los ganados, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontró ninguno como él, que le ayudase.
Entonces el Señor Dios hizo caer un letargo sobre Adán, que se durmió; le sacó una costilla, y le cerró el sitio con carne.
Y el Señor Dios formó, de la costilla que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán.
Adán dijo:
«¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será "mujer", porque ha salido del varón».
Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

Palabra de Dios.


* 376. Gn 24, 48-51. 58-67:

Isaac con el amor de Rebeca se consoló de la muerte de su madre
A la petición de la mano de la hija sucede la aceptación voluntaria de ésta (vv. 57 58), su encuentro con el novio (v. 64) y la consumación del acto conyugal (v. 67).
El ambiente patriarcal que rezuma todo el cap. 24 confiere al relato un encanto que disculpa muchos aspectos sin aplicación hoy: el criado diputado para el asunto matrimonial jura a su señor por las fuentes de la vida (v. 9), se prepara el matrimonio sin haberse conocido antes los interesados, y la novia parece más llena de respeto que de amor propiamente dicho (v. 57).
El matrimonio hoy conserva, sin embargo, las mismas características esenciales de la narración: es una obra de Dios (v. 50), del que proviene todo amor verdadero y al que no se puede decir más que sí (ib.). Un amor que, como en la narración (vv. 15-20), puede haberse originado en circunstancias más o menos casuales, pero en las que siempre es lo decisivo la voluntad mutua de darse, significada en el ofrecimiento por parte de Rebeca de agua para los camellos del criado de Isaac (v. 14. 18-20) y en los regalos de éste a Rebeca (vv. 22ss). Ese amor, por fin (v. 67), desembocará en la creación de algo nuevo que continúa y al mismo tiempo se diversifica del amor filial (cf. Gn 2, 24).

Leccionario V, págs. 340-341.
III   Gén 24, 48-51. 58-67
Con el amor de Rebeca, Isaac se consoló de la muerte de su madre
Lectura del libro del Génesis.

En aquellos días, el criado de Abrahán dijo a Labán:
«Bendigo al Señor, Dios de mi amo Abrahán, que me ha guiado por el camino justo, para llevar al hijo de mi amo la hija de su hermano. Ahora, pues, si queréis ser benévolos y leales con mi amo, decídmelo; y si no, decídmelo también, para actuar en consecuencia».
Labán y Betuel le contestaron:
«El asunto viene del Señor; nosotros no podemos responderte bien o mal. Ahí tienes a Rebeca, tómala y vete, y sea la mujer del hijo de tu amo, como el Señor ha dicho».
Llamaron a Rebeca y le preguntaron:
«¿Quieres ir con este hombre?».
Ella respondió:
«Sí».
Entonces despidieron a su hermana Rebeca, a su nodriza, al criado de Abrahán y a sus acompañantes. Y bendijeron a Rebeca:
«Tú eres nuestra hermana,
crece mil y mil veces;
que tu descendencia someta
el poder de sus enemigos».
Rebeca y sus doncellas se levantaron, montaron en los camellos y siguieron al hombre. Así el criado de Abrahán tomó a Rebeca y se fue.
Isaac había vuelto del pozo de Lajay Roi. Por entonces habitaba en la región de Negueb.
Una tarde, salió a pasear por el campo y, alzando la vista, vio acercarse unos camellos.
También Rebeca alzó la vista y, al ver a Isaac, bajó del camello.
Ella dijo al criado:
«¿Quién es aquel hombre que viene por el campo en dirección a nosotros?».
Respondió el criado:
«Es mi amo».
Entonces ella tomó el velo y se cubrió.
El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho.
Isaac la condujo a la tienda de su madre Sara, la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.

Palabra de Dios.


* 377. Tb 7, 6-14:

El Señor del cielo os ayude, hijo, y os dé su gracia y su paz
El libro de Tobit es un libro esencialmente providencialista. En él se ve claramente cómo Dios dirige los diversos acontecimientos que forman la trama de esta historieta, aunque a primera vista pueda parecer que todo sucede de manera fortuita. De hecho, todos estos acontecimientos se realizan según el designio de Dios, de conformidad con su providencia, de la cual viene a ser una personificación el misterioso compañero y guía de Tobías, que resulta ser un ángel. Y así, el matrimonio de Tobías y Sara es corno una de las culminaciones del relato, uno de aquellos momentos en que se palpa, por así decirlo, este aspecto providencialista de la narración.
La enseñanza es clara: normalmente, la unión matrimonial de dos personas es la culminación de todo un proceso previo de conocimiento, atracción, trato, proyectos, dificultades, satisfacciones; un proceso que ha desembocado finalmente en la realización de todo un conjunto de ilusiones preconcebidas. Desde esta perspectiva de la fe, deben los esposos cristianos contemplar y valorar su casamiento, y esta perspectiva les ayudará también a afrontar el futuro que se abre ante sus ojos.

Leccionario V, págs. 342-343.
IV   Tob 7, 6-14
Hijo, que el Señor del cielo os ayude y os conceda misericordia y paz
Lectura del libro de Tobías.

En aquellos días, Ragüel, con lágrimas en los ojos, besó a Tobías y le dijo:
«Bendito seas, hijo, Tienes un padre bueno y noble. ¡Qué desgracia que un hombre tan honrado y generoso se haya quedado ciego!».
Y echándose al cuello de su pariente Tobías, lloró de nuevo.
También lloraban Edna, su mujer, y Sara su hija.
Entonces Ragüel sacrificó un cordero y los hospedó con suma cordialidad.
Después de bañarse y lavarse las manos, se sentaron a la mesa. Tobías dijo entonces a Rafael:
«Hermano Azarías, di a Ragüel que me dé a por mujer a mi pariente Sara».
Ragüel lo oyó, y dijo al joven:
«Come y bebe y disfruta esta noche. Tú eres quien más derecho tiene a casarse con Sara. No podría yo dársela a otro, puesto que tú eres el pariente más próximo. Pero debo decirte la verdad, hijo. Ya se la he dado en matrimonio a siete parientes y todos murieron la noche de boda. Ahora, hijo, come y bebe, que el Señor se cuidará de vosotros».
Pero Tobías insistió:
«No comeré ni beberé hasta que tomes una decisión sobre lo que te he pedido».
Ragüel respondió:
«De acuerdo. Te la doy por esposa según lo prescrito en la ley de Moisés. Dios ordena que sea tuya. Recíbela. Desde ahora sois marido y mujer. Tuya desde hoy para siempre. Hijo, que el Señor del cielo os ayude esta noche y os conceda misericordia y su paz».
Llamó Ragüel a su hija Sara y, cuando ella estuvo presente, la tomó de la mano y se la entregó a Tobías, diciendo:
«Tomala por mujer según lo previsto y ordenado en la ley de Moisés. Tómala y llévala con bien a la  casa de tu padre. Que el Dios del cielo os conserve en paz y prosperidad».
Llamó luego a la madre, mandó traer una hoja de papel y escribió el contrato de matrimonio: Sara era entregada por mujer a Tobías según lo prescrito en la ley de Moisés.
Después de esto comenzaron a cenar.

Palabra de Dios.


* 378. Tb 8, 4b-8:

Haznos llegar juntos a la vejez
Ante los dos jóvenes esposos se abre un futuro lleno de incertidumbre y de incógnitas, como sucede en cualquier matrimonio. Tobías y Sara hacen lo mejor que puede hacerse en estas circunstancias: poner sus vidas, su futuro, en manos de Dios, por medio de una oración llena de confianza. Su oración tiene como punto de arranque una contemplación del plan de Dios sobre la humanidad, tal como ha sido revelado desde el principio. Según este plan, hombre y mujer se unen para ayudarse y complementarse mutuamente.
El matrimonio cristiano es la realización de este plan y por esto, desde la perspectiva de la fe, los esposos cristianos se sienten, antes que nada, ejecutores del designio original de Dios, del cual deriva también el «creced y multiplicaos» bíblico. Esta convicción será la base de su confianza cara al futuro. En medio de los diversos avatares que les presente la vida, su ideal será siempre «llegar juntos a la vejez», es decir, el adjetivo, aquí substancial, «juntos» será el denominador común en cualquier vicisitud futura, un «juntos» que será la realización concreta, en cada momento, de aquel designio inicial de Dios.

Leccionario V, págs. 343-344.
V   Tob 8, 4b-8
Haz que lleguemos juntos a la vejez
Lectura del libro de Tobías.

Al final de las bodas, Tobías dijo a Sara:
«Levántate, mujer. Vamos a rezar, pidiendo a nuestro Señor que se apiade de nosotros y nos proteja».
Ella se levantó, y comenzaron a suplicar la protección del Señor.
Tobías oró así:
«Bendito seas, Dios de nuestros padres,
y bendito tu nombre por siempre.
Que por siempre te alaben
los cielos y todas tus criaturas.
Tú creaste a Adán y le diste
a Eva, su mujer, como ayuda y apoyo.
De ellos nació la estirpe humana.
Tú dijiste: "No es bueno que el hombre esté solo;
hagámosle una ayuda semejante a él".
Al casarme ahora con esta mujer,
no lo hago por impuro deseo,
sino con la mejor intención.
Ten misericordia de nosotros
y haz que lleguemos juntos a la vejez».
Los dos dijeron:
«Amén, amén».

Palabra de Dios.


* 379. Pr 31, 10-13. 19-20. 30-31:

La mujer que teme al Señor merece alabanza
El elogio de la mujer es un canto al noble ideal de la feminidad que se manifiesta en una serie de virtudes domésticas que le atraen la confianza de su marido y el buen éxito en su trabajo.
Se ensalza a la esposa, a la madre y al ama de casa, presentándola como prototipo de mujer. El marido confía en ella y deja en sus manos el gobierno de la casa. Su trabajo es fructífero, y su generosidad es tan grande como sus buenas obras. Ha puesto el temor del Señor por encima de todas las cosas y eso es motivo de alabanza.
Este elogio de la mujer de todos los tiempos adquiere valor en la esposa, llamada a formar con su esposo una familia cristiana, aún hoy, cuando ha de consagrarse muchas veces, por el bien de su familia y de la sociedad, a tareas fuera del hogar.

Lectura del libro de los Proverbios.

Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará?
Vale mucho más que las perlas.
Su marido se fía de ella,
y no le faltan riquezas.
Le trae ganancias y no pérdidas
todos los días de su vida.
Adquiere lana y lino,
los trabaja con la destreza de sus manos.
Extiende la mano hacia el huso,
y sostiene con la palma la rueca.
Abre sus manos al necesitado
y extiende el brazo al pobre.
Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura,
la que teme al Señor merece alabanza.
Cantadle por el éxito de su trabajo,
que sus obras la alaben en la plaza.

Palabra de Dios.

380. Ct 2, 8-10. 14. 16a; 8, 6-7a:

Leccionario V, págs. 344-345
VI  Cant 2, 8-10. 14. 16a; 8, 6-7a
Es fuerte el amor como la muerte
Lectura del libro del Cantar de los Cantares.

¡La voz de mi amado!
Vedlo, aquí llega,
saltando por los montes,
brincando por las colinas.
Es mi amado un gamo,
parece un cervatillo.
Vedlo parado tras la cerca,
mirando por la ventana,
atisbando por la celosía.
Habla mi amado y me dice:
«Levántate, amada mía,
hermosa mía y ven.
Paloma mía, en las oquedades de la roca,
en el escondrijo escarpado,
déjame ver tu figura,
déjame escuchar tu voz:
es muy dulce tu voz
y fascinante tu figura».
Mi amado es mio y yo suya.
Él me dice:
«Grábame como sello en tu corazón,
grábame como sello en tu brazo,
porque es fuerte el amor como la muerte,es cruel la pasión como el abismo;
sus dardos son dardos de fuego,
llamaradas divinas.
Las aguas caudalosas no podrán
apagar el amor,
ni anegarlo los ríos».

Palabra de Dios.

380a. Ct 8, 6-7:

Es fuerte el amor como la muerte
Lectura del libro del Cantar de los Cantares.

Grábame como un sello en tu brazo,
como un sello en tu corazón,
porque es fuerte el amor como la muerte,
es cruel la pasión como el abismo;
es centella de fuego,
llamarada divina:
las aguas torrenciales no podrán
apagar el amor,
ni anegarlo los ríos.
Si alguien quisiera comprar el amor
con todas las riquezas de su casa,
se haría despreciable.

Palabra de Dios.


* 381. Si 26, 1-4. 16-21:

El sol brilla en el cielo, la mujer bella, en su casa bien arreglada
En estilo de refranes y dichos populares se enumeran en los capítulos 25 y 26 las ventajas de una mujer buena y los peligros de una mala (punto culminante del antifeminismo de Ben Sira es 25, 24). La lectura recoge nada más lo primero en un contexto de bienaventuranzas (v. 1). Aún así hay que reconocer que el tono general no es del todo convincente hoy (la mujer es casi pura ayuda, «partido que recibe el que teme al Señor» [v. 3], al cual ella hace prosperar [v. 2], deleita [v. 16] y robustece [v. 17]).
Aunque haya directas referencias a Dios («el que teme al Señor», «don del Señor»...), el fondo de las consideraciones es esa sabiduría popular, profundamente humana, a través de la cual se revela también la voluntad de Dios.
Esas virtudes de la esposa —buena, hacendosa, hermosa, prudente, discreta, casta— no tienen precio (v. 18b) y a todas conviene lo que se dice de la discreción: son un don del Señor (v. 18a). En comparación con esas virtudes, la riqueza o la pobreza resultan irrelevantes (v. 4).

Leccionario V, pág. 345.
VII   Eclo 26, 1-4. 16-21
Sol que sale, es la belleza de la mujer buena en su casa bien ordenada
Lectura del libro del Eclesiástico.

Dichoso el marido de una mujer buena,
el número de sus días se duplicará.
Mujer valerosa es la alegría de su marido,
él vivirá en paz todos los años de su vida.
Una mujer buena es una herencia valiosa
que toca en suerte a los que temen al Señor:
sean ricos o pobres, su corazón estará contento
y llevarán siempre la alegría en el rostro.
El encanto de la mujer complace a su marido,
y su ciencia lo reconforta.
La mujer silenciosa es un don del Señor,
la mujer bien educada no tiene precio.
La mujer honesta duplica su encanto,
es incalculable el valor de la que sabe controlarse.
Sol que sale por las alturas del Señor
es la belleza de la mujer buena en su casa bien ordenada.

Palabra de Dios.


* 382. Jr 29, 5-7:

Tomad esposas para vuestros hijos, dad vuestras hijas en matrimonio
Frente al desánimo de los deportados, el profeta ve en la celebración del matrimonio una actualización del mandato divino del Génesis (1, 26-28). Así la Iglesia hispana en la Antigüedad supo reconocer en la unión matrimonial el sacramento de la alianza nueva y definitiva establecida en Cristo. Hoy también nosotros vemos en la unión matrimonial de los cristianos un signo de la alianza y un anuncio gozoso del cielo y tierra nuevos, de las bodas del Cordero.

Lectura del libro del profeta Jeremías.

Así dice el Señor:
«Construid casas y habitadlas, plantad huertos y comed sus frutos. Tomad esposas y engendrad hijos e hijas, tomad esposas para vuestros hijos, dad vuestras hijas en matrimonio, para que engendren hijos e hijas: multiplicaos allí y no disminuyáis. Buscad la prosperidad del país adonde os he deportado y rogad por él al Señor, porque su prosperidad será la vuestra.»

Palabra de Dios.

383. Jr 31, 31-32a. 33-34a:

Leccionario V, pág. 346.
VIII   Jer 31, 31-32a. 33-34a
Haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva
Lectura del libro de Jeremías.

Ya llegan días -oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será una alianza como la que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto.
Esta será la alianza que haré con ellos después de aquellos días -oráculo del Señor-: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarse unos a otros, diciendo: «Conoced al Señor», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor -oráculo del Señor-.

Palabra de Dios.

383a. Os 2, 16b. 17b. 21-22:

Me casaré contigo en matrimonio perpetuo
Lectura de la profecía de Oseas.

Así dice el Señor:
«Yo me la llevaré al desierto,
le hablaré al corazón.
Y me responderá allí
como en los días de su juventud,
como el día en que la saqué de Egipto.
Me casaré contigo en matrimonio perpetuo,
me casaré contigo en derecho y justicia,
en misericordia y compasión,
me casaré contigo en fidelidad,
y te penetrarás del Señor.»

Palabra de Dios.

sábado, 29 de abril de 2017

Matrimonio: Textos para la Misa ritual.

Ritual del Matrimonio (2ª edición)

Capítulo IV. FÓRMULAS ALTERNATIVAS PARA LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO DENTRO Y FUERA DE LA MISA

II. TEXTOS PARA LA MISA RITUAL

Misal Romano (tercera edición)

MISAS RITUALES

V. EN LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO

Cuando el matrimonio se celebra dentro de la misa se dice esta misa ritual con color blanco o festivo.
En los días señalados en los nn. 1-4 de la tabla de los días litúrgicos, se dice la misa del día, pero sin omitir en ella la bendición nupcial y, si se cree oportuno, la fórmula de bendición final propia.
En los domingos, si la misa en que se celebra el matrimonio participa la comunidad, se dice la misa del domingo, incluso en el tiempo de Navidad y en el tiempo ordinario.
Aunque para mayor facilidad se proponen formularios íntegros, todos los textos, principalmente las oraciones y la bendición nupcial, pueden intercambiarse según las circunstancias.
Las misas para los aniversarios de matrimonio se encuentran entre las misas por diversas necesidades.

A

Antífona de entrada Cf. Sal 19, 3. 5
Que el Señor os envíe auxilio desde el santuario, que os apoye desde el monte Sion; que cumpla el deseo de vuestro corazón, que dé éxito a todos vuestros planes [T. P. Aleluya].
Mittat vobis Dóminus auxílium de sancto, et de Sion tueátur vos. Tríbuat vobis secúndum cor vestrum, et omne consílium vestrum confírmet (T. P. allelúia).

Omitido el acto penitencial, se dice Gloria.

Oración colecta
Escucha nuestras súplicas, Señor, y asiste con bondad a la institución matrimonial establecida por ti para la propagación del género humano, y así, lo que tú has unido se mantenga con tu ayuda. Por nuestro Señor Jesucristo.
Adésto, Dómine, supplicatiónibus nostris, et institútis tuis, quibus propáginem humáni géneris ordinásti, benígnus assíste, ut quod te auctóre coniúngitur, te auxiliánte servétur. Per Dóminum.
O bien:
Oh, Dios, que al crear el género humano estableciste la unión entre el varón y la mujer, ciñe con el vínculo de un amor indisoluble a estos siervos tuyos que se van a unir en alianza conyugal, para que sean testigos de tu caridad aquellos a quienes concedes frutificar en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo.
Deus, qui, in humáno génere creándo, unitátem inter virum et mulíerem esse voluísti, fámulos tuos, qui coniugáli copulándi sunt fo´dere, uníus vínculo dilectiónis astrínge, ut, quos in caritáte fructificáre largíris, ipsíus caritátis testes esse concédas. Per Dóminum.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, el don ofrecido en favor de la sagrada ley del matrimonio, y ya que eres el creador de esta obra, sé también su providente protector. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Súscipe, quaesumus, Dómine, pro sacra connúbii lege munus oblátum, et, cuius largítor es óperis, próvidus quoque esto dispósitor. Per Christum.

Prefacio
LA DIGNIDAD DE LA ALIANZA NUPCIAL
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Que estableciste la alianza nupcial, con el yugo suave de la concordia y el vínculo indisoluble de la paz, para que aumenten los hijos de tu adopción por la honesta fecundidad de los matrimonios santos.
Por tu providencia y tu gracia, Señor, que nos concedes de modo inefable, el nacer embellece el mundo y el renacer acrecienta tu Iglesia, por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, con los ángeles y con todos los santos, te cantemos el himno de alabanza diciendo sin cesar:
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: Qui fodera nuptiárum blando concórdiae iugo et insolúbili pacis vínculo nexuísti, ut multiplicándis adoptiónum fíliis sanctórum connubiórum fecúnditas pudíca servíret.
Tua enim, Dómine, providéntia, tuáque grátia ineffabílibus modis utrúmque dispénsas, ut, quod generátio ad mundi prodúxit ornátum, regenerátio ad Ecclésiae perdúcat augméntum: per Christum Dóminum nostrum.
Per quem, cum Angelis et ómnibus Sanctis, hymnum laudis tibi cánimus, sine fine dicéntes:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

En las plegarias eucarísticas se hace mención de los esposos.
I. Cuando se utiliza el Canon romano, se dice Acepta, Señor, en tu bondad propio.
II. Cuando se utiliza la plegaria eucarística II, se añade la intercesión Acuérdate, Señor, de N. y N..
III. Cuando se utiliza la plegaria eucarística III, se añade la intercesión Conforta, con la gracias del matrimonio, a N. y N..

Bendición nupcial
Dicho el Padrenuestro y omitiendo Líbranos de todos los males, el sacerdote, de pie y vuelto hacia el esposo y la esposa, invoca sobre ellos la bendición de Dios, la cual nunca se omite.
En la fórmula de invitación, si uno de los esposo o ambos no comulgan, se omiten las palabras entre corchetes.
En el último párrafo de la oración, las palabras entre corchetes pueden omitirse en aquellos casos en que las circunstancias parezcan aconsejarlo, por ejemplo, si los esposos son de edad avanzada.
Los esposos se acercan al altar o, según la oportunidad, permanecen en su largar, y se arrodillan.

El sacerdote, con las manos juntas, invita a los presentes a orar diciendo:
Queridos hermanos: roguemos humildemente al Señor que derrame la gracia de su bendición sobre estos siervos suyos que acaban de contraer matrimonio en Cristo, y a los que unió en santa alianza, [por el sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo que van a recibir], los haga perseverar en un mismo amor.
Dóminum, fratres caríssimi, supplíciter deprecémur, ut super hos fámulos suos, qui nupsérunt in Christo, benedictiónem grátiae suae cleménter effúndat, et quos fodere sancto coniúnxit (Christi Córporis et Sánguinis sacraménto) una fáciat caritáte concórdes.
Todos oran en silencio durante unos instantes.

Después el sacerdote, con las manos extendidas sobre los esposos, prosigue:
Oh, Dios, que con tu poder creaste todo de la nada y, desde el comienzo de la creación, hiciste al hombre a tu imagen y diste al varón la ayuda inseparable de la mujer, de modo que ya no fuesen dos, sino una sola carne, enseñándonos que nunca será lícito separar lo que quisiste fuera una sola cosa.
Deus, qui potestáte virtútis tuae de níhilo cuncta fecísti, qui, dispósitis universitátis exórdiis et hómine ad imáginem tuam facto, inseparábile viro mulíeris adiutórium condidísti, ut iam non duo essent, sed una caro, docens quod unum placuísset instítui numquam licére disiúngi;

Oh, Dios, que consagraste la unión conyugal con un sacramento tan excelente, que prefigura, en la alianza nupcial, el misterio de Cristo y de la Iglesia.
Deus, qui tam excellénti mystério coniugálem cópulam consecrásti, ut Christi et Ecclésiae sacraméntum praesignáres in fodere nuptiárum;

Oh, Dios, que unes la mujer al varón y otorgas a esta unión, establecida desde el principio, la única bendición que no fue abolida ni por la pena del pecado original, ni por el castigo del diluvio.
Deus, per quem múlier iúngitur viro, et socíetas, principáliter ordináta, ea benedictióne donátur, quae sola nec per originális peccáti ponam nec per dilúvii est abláta senténtiam.

Mira con bondad a estos siervos tuyos que, unidos en matrimonio, piden ser fortalecidos con tu bendición: Envía sobre ellos la gracia del Espíritu Santo, para que tu amor, derramado en sus corazones, los haga permanecer fieles en la alianza conyugal.
Réspice propítius super hos fámulos tuos, qui, maritáli iuncti consórtio, tua se éxpetunt benedictióne muníri: emítte super eos Spíritus Sancti grátiam ut, caritáte tua in córdibus eórum diffúsa, in coniugáli fodere fidéles permáneant.

Abunde en tu sierva N. el don del amor y de la paz, e imite los ejemplos de las santas mujeres, cuyas alabanzas proclama la Escritura. Confíe en ella el corazón de su esposo, teniéndola por copartícipe y coheredera de una misma gracia y una misma vida, la respete y ame siempre como Cristo ama a su Iglesia.
Sit in fámula tua N. grátia dilectiónis et pacis, imitatríxque sanctárum remáneat feminárum, quarum in Scriptúris laudes praedicántur. Confídat in ea cor viri sui, qui, parem sóciam et grátiae vitae coherédem agnóscens, eam honóre débito prosequátur eóque díligat semper amóre, quo Christus suam diléxit Ecclésiam.

Y ahora, Señor, te pedimos también por estos siervos tuyos: que permanezcan en la fe y amen tus preceptos; que, unidos en matrimonio, sean ejemplo por la integridad de sus costumbres; y que, fortalecidos con el poder del Evangelio, manifiesten a todos el testimonio de Cristo; [que su unión sea fecunda, sean padres de probada virtud, vean ambos los hijos de sus hijos] y, después de una feliz ancianidad, lleguen a la vida de los bienaventurados en el reino celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Et nunc te, Dómine, deprecámur, ut hi fámuli tui nexi fídei mandatísque permáneant, et, uni thoro iuncti, morum sint integritáte conspícui; Evangélii róbore communíti, bonum Christi testimónium ómnibus maniféstent (in sóbole sint fecúndi, sint paréntes virtútibus comprobáti; vídeant ambo fílios filiórum suórum) et, optátam demum senectútem adépti, ad beatórum vitam et ad caeléstia regna pervéniant. Per Christum Dóminum nostrum.
R. Amén.

Omitida la oración Señor Jesucristo, se dice inmediatamente La paz del Señor. Entonces, los esposos y todos los demás, según el modo acostumbrado, se intercambian un signo de paz, comunión y caridad.

Antífona de la comunión Cf. Ef 5, 25. 27
Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para presentarla como su esposa santa e inmaculada [T. P. Aleluya].
Christus diléxit Ecclésiam et seípsum trádidit pro ea, ut exhibéret sibi uxórem sanctam et immaculátam (T. P. allelúia).

Oración después de la comunión
Por medio de este sacrificio, Señor, guarda con tu providencia y haz vivir en un mismo amor a quienes has unido en santo matrimonio [y alimentado con un mismo pan y un mismo cáliz]. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Huius, Dómine, sacrifícii virtúte, institúta providéntiae tuae pio favóre comitáre, ut, quos sancta societáte iunxísti (et uno pane unóque cálice satiásti), una étiam fácias caritáte concórdes. Per Christum.

Bendición solemne al final de la misa
El sacerdote, con las manos extendidas sobre los esposos, dice:
Dios, Padre eterno, os conserve en el amor mutuo, para que la paz de Cristo habite en vosotros y permanezca siempre en vuestro hogar.
Deus Pater aetérnus in mútuo vos servet amóre concórdes, ut pax Christi hábitet in vobis, et in domo vestra iúgiter máneat.
R. Amén.
Que seáis bendecidos en los hijos, encontréis consuelo en los amigos y tengáis verdadera paz con todos.
Benedictiónem habeátis in fíliis, ab amícis solácium, et veram cum ómnibus pacem.
R. Amén.
Que seáis testigos del amor de Dios en el mundo, que los pobres y afligidos os encuentren bondadosos, y os reciban alegres un día en el reino eterno de Dios.
Caritátis Dei testes sitis in mundo, ut, quos afflícti et egéni benígnos invénerint, in aetérna Dei tabernácula vos grati aliquándo recípiant.
R. Amén.
Y bendice a todo el pueblo añadiendo:
Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo , y Espíritu Santo.
Et vos omnes, qui hic simul adéstis, benedícat omnípotens Deus, Pater, et Fílius, + et Spíritus Sanctus.
R. Amén.


B

Antífona de entrada Cf. Sal 89, 14. 17
Por la mañana sácianos, Señor, de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos [T. P. Aleluya].
Repléti sumus mane, Dómine, misericórdia tua, et exsultávimus et delectáti sumus ómnibus diébus nostris. Sit splendor Dómini super nos et super ópera mánuum nostrárum (T. P. allelúia).

Omitido el acto penitencial, se dice Gloria.

Oración colecta
Escucha nuestras súplicas, Señor, y derrama tu gracia sobre estos siervos tuyos (N. y N.), para que, quienes se unen junto a tu altar, sean fortalecidos en el amor mutuo. Por nuestro Señor Jesucristo.
Adésto, Dómine, supplicatiónibus nostris, et super hos fámulos tuos (N. et N.) grátiam tuam benígnus effúnde, ut qui apud tua coniungúntur altária in mútua caritáte firméntur. Per Dóminum.
O bien:
Oh, Dios, que consagraste el vínculo conyugal con un sacramento tan excelente que prefigura, en la alianza nupcial, el misterio de Cristo y de la Iglesia, concede a estos siervos tuyos llevar a la práctica lo que conocen por la fe. Por nuestro Señor Jesucristo.
Deus, qui tam excellénti mystério coniugále vínculum consecrásti, ut Christi et Ecclésiae sacraméntum praesignáres in fodere nuptiárum, praesta, quaesumus, his fámulis tuis, ut, quod fide percípiunt, ópere persequántur. Per Dóminum.

Oración sobre las ofrendas
Recibe en tu bondad, Señor, los dones que te presentamos con alegría, y guarda con amor de Padre a quienes has unido en alianza sacramental. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Múnera, quae tibi, Dómine, laetántes offérimus, benígnus assúme, et, quos sacraménti fodere coniunxísti, patérna pietáte custódi. Per Christum.

Prefacio
EL GRAN SACRAMENTO DEL MATRIMONIO
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque en él estableciste la nueva alianza con tu pueblo, para hacer partícipes de la naturaleza divina y coherederos de tu gloria a los redimidos por el misterio de su muerte y resurrección.
Toda esta abundancia de su gracia e inmensa bondad, la has significado en la unión del varón y de la mujer, para que el sacramento que celebramos nos recuerde el designio inefable de tu amor.
Por eso, con los ángeles y todos los santos, te alabamos, diciendo sin cesar:
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Quia in ipso novum nexuísti cum tuo pópulo testaméntum, ut, quem mortis eius et resurrectiónis redemísses mystério, divínae fáceres natúrae consórtem eiúsque in caelis glóriae coherédem. Cuius piíssimam grátiae largitátem in viri mulierísque significásti connúbio, ut ad ineffábile tui amóris consílium nos revocáret quod ágitur sacraméntum.
Et ídeo, cum Angelis et ómnibus Sanctis, te laudámus, sine fine dicéntes:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

En las plegaria eucarísticas se hace mención de los esposos. Todo como se indica en el formulario A.

Bendición nupcial
Dicho el Padrenuestro y omitiendo Líbranos de todos los males, el sacerdote, de pie y vuelto hacia el esposo y la esposa, invoca sobre ellos la bendición de Dios, la cual nunca se omite.
En la fórmula de invitación, si uno de los esposo o ambos no comulgan, se omiten las palabras entre corchetes. En misma oración, las palabras entre corchetes pueden omitirse en aquellos casos en que las circunstancias parezcan aconsejarlo, por ejemplo, si los esposos son de edad avanzada.
Los esposos se acercan al altar o, según la oportunidad, permanecen en su largar, y se arrodillan.

El sacerdote, con las manos juntas, invita a los presentes a orar diciendo:
Pidamos al Señor por estos esposos que han contraído matrimonio junto al altar [y van a participar del Cuerpo y Sangre de Cristo], para que vivan siempre en mutuo amor.
Super hos sponsos, qui, Matrimónium ineúntes, ad altáre accédunt, ut, (Christi Córporis Sanguinísque partícipes), mútua semper dilectióne nectántur, Dóminum deprecémur.
Todos oran en silencio durante unos instantes. Después el sacerdote, con las manos extendidas sobre los esposos, prosigue:
Padre santo, que al hombre hecho a tu imagen y semejanza lo creaste varón y mujer, para que, siendo los dos una sola carne y un solo corazón, realicen su misión en el mundo.
Pater sancte, qui hóminem ad imáginem tuam cónditum másculum creásti et féminam, ut vir et múlier, in carnis et cordis unitáte coniúncti, munus suum in mundo adimplérent:

Oh, Dios, que para revelar el designio de tu amor prefiguraste en el mutuo afecto de los esposos la alianza que te dignaste realizar con tu pueblo, para que, en el significado pleno del sacramento, se hiciese patente el misterio nupcial de Cristo y la Iglesia por el vínculo conyugal de tus fieles.
Deus, qui, ad amóris tui consílium revelándum, in mútua dilectióne sponsórum fodus illud adumbrári voluísti, quod ipse cum pópulo tuo iníre dignátus es, ut, sacraménti significatióne compléta, in fidélium tuórum coniugáli consórtio Christi et Ecclésiae nuptiále patéret mystérium:

Extiende tu mano protectora sobre estos hijos tuyos [N. y N.] y derrama en sus corazones la gracia del Espíritu Santo.
Super hos fámulos tuos (N. et N.) déxteram tuam, quaesumus, propitiátus exténde. et in eórum corda Spíritus Sancti virtútem effúnde.

Haz, Señor, que en la vida común que inician en este sacramento, se comuniquen los dones de tu amor; y, siendo el uno para el otro signo de tu presencia, sean un solo corazón y una sola alma.
Praesta, Dómine, ut, in huius quod íneunt sacraménti consórtio, inter se amóris tui dona commúnicent, et, praeséntiae tuae signum ínvicem ostendéntes, cor unum fiant et ánima una.

Concédeles, también, Señor, mantener con su trabajo la familia que constituyen, [y que sus hijos, educados según el Evangelio, se preparen para formar parte de tu familia celestial].
Da étiam Dómine, ut domum, quam aedíficant, ópere quoque susténtent, (filiósque suos, evangélica disciplína formátos, caelésti famíliae tuae praeparent cooptándos).

Colma de bendiciones a tu sierva N., para que, cumpliendo su quehacer de esposa [y madre], cuide su hogar con amor intachable, y lo adorne con el don de la dulzura.
Hanc fámulam tuam N. tuis dignéris benedictiónibus cumuláre, ut, uxóris (ac matris) múnera complens, casta suam domum dilectióne refóveat, et grátia décoret affábili.

Acompaña también, Señor, con la bendición celestial a tu siervo N., para que cumpla dignamente su misión de esposo fiel [y padre solícito].
Hunc étiam fámulum tuum N. caelésti, Dómine, benedictióne proséquere, ut maríti fidélis (et próvidi patris) offícia digne persólvat.

Concede, Padre santo, a quienes se han unido ante ti [y desean acercarse a tu mesa] participar un día en la alegría del banquete eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Hunc étiam fámulum tuum N. caelésti, Dómine, benedictióne proséquere, ut maríti fidélis (et próvidi patris) offícia digne persólvat.
R. Amén.

Omitida la oración Señor Jesucristo, se dice inmediatamente La paz del Señor. Entonces, los esposos y todos los demás, según el modo acostumbrado, se intercambian un signo de paz, comunión y caridad.

Antífona de la comunión Cf. Jn 13, 34
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado, dice el Señor [T. P. Aleluya].
Mandátum novum do vobis, ut diligátis ínvicem, sicut diléxi vos, dicit Dóminus (T. P. allelúia).

Oración después de la comunión
Después de participar en tu mesa, Señor, te pedimos por N. y N., que se han unido en santo matrimonio, para que te sean siempre fieles y den testimonio de ti ante los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Mensae tuae partícipes effécti, quaesumus, Dómine, ut, qui nuptiárum iungúntur sacraménto, tibi semper adhaereant, et tuum homínibus nomen annúntient. Per Christum.

Bendición solemne al final de la misa
El sacerdote, con las manos extendidas sobre los esposos, dice:
Dios, Padre todopoderoso, os conceda su gozo y os bendiga en los hijos.
Deus Pater omnípotens gáudium suum vobis concédat et in fíliis vos benedícat.
R. Amén.
El Hijo unigénito de Dios os asista en las alegrías y en las tristezas.
Unigénitus Dei Fílius in prósperis et advérsis vobis miserátus assístat.
R. Amén.
El Espíritu Santo infunda siempre su amor en vuestros corazones.
Spíritus Dei Sanctus caritátem suam in corda vestra semper effúndat.
R. Amén.
Y bendice a todo el pueblo añadiendo:
Et universum populum benedicit subiungens:
Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo , y Espíritu Santo.
Et vos omnes, qui hic simul adéstis, benedícat omnípotens Deus, Pater, et Fílius, + et Spíritus Sanctus.
R. Amén.


C

Antífona de entrada Sal 144, 2. 9
Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. El Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas [T. P. Aleluya].
Per síngulos dies benedícam tibi, Dómine, et laudábo nomen tuum in saeculum saeculi, quia suávis es univérsis, et miseratiónes tuae super ómnia ópera tua (T. P. allelúia).

Omitido el acto penitencial, se dice Gloria.

Oración colecta
Dios todopoderoso, a estos siervos tuyos, que van a unirse por el sacramento del matrimonio, concédeles crecer en la fe que profesan y, con su descendencia, acrecentar tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo.
Praesta, quaesumus, omnípotens Deus, ut hi fámuli tui, nuptiárum sacraménto iungéndi, in fide quam profiténtur accréscant, et sóbole fidéli tuam ditent Ecclésiam. Per Dóminum.
O bien:
Oh, Dios, que, desde el comienzo del mundo bendices la multiplicación de la prole, acoge propicio nuestras súplicas e infunde sobre estos siervos tuyos (N. y N.) la fuerza de tu bendición, para que, en la alianza conyugal, se unan con igual afecto, misma alma y común santidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Deus, qui mundi crescéntis exórdio multiplicátae proli benedícis, propitiáre supplicatiónibus nostris et super hos fámulos tuos (N. et N.) opem tuae benedictiónis infúnde, ut in coniugáli consórtio afféctu cómpari, mente consímili, sanctitáte mútua copuléntur. Per Dóminum.

Oración sobre las ofrendas
Escucha nuestras súplicas, Señor, y recibe con agrado estas ofrendas que te presentamos por estos siervos tuyos, unidos en alianza santa, para que crezcan en la mutua caridad y en tu amor por este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Propitiáre, Dómine, supplicatiónibus nostris, et has oblatiónes, quas tibi pro his fámulis tuis sancto fodere copulátis offérimus, benígno súscipe vultu, ut per haec mystéria in mútua caritáte tuóque amóre firméntur. Per Christum.

Prefacio
EL MATRIMONIO, SIGNO DEL AMOR DIVINO
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque al hombre, creado por tu bondad, lo dignificaste tanto, que has dejado la imagen de tu propio amor en el unión del varón y de la mujer. Y, al que creaste por amor y no dejas de llamar al mandato del amor, le concedes participar en tu amor eterno. Y así, el sacramento de estos santos desposorios, signo de tu caridad, consagra el amor humano, por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, con los ángeles y con todos los santos te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Qui hóminem pietátis tuae dono creátum ad tantam voluísti dignitátem extólli, ut in viri mulierísque consórtio veram relínqueres tui amóris imáginem; quem enim ex caritáte creásti, eum ad caritátis legem vocáre non désinis, ut aetérnae tuae caritátis partícipem esse concédas. Cuius connúbii sancti mystérium dum tuae dilectiónis signum exsístit, amórem sacrat humánum: per Christum Dóminum nostrum.
Per quem, cum Angelis et ómnibus Sanctis, hymnum laudis tibi cánimus, sine fine dicéntes:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

En las plegaria eucarísticas se hace mención de los esposos. Todo como se indica en el formulario A.

Bendición nupcial
Dicho el Padrenuestro y omitiendo Líbranos de todos los males, el sacerdote, de pie y vuelto hacia el esposo y la esposa, invoca sobre ellos la bendición de Dios, la cual nunca se omite.
En la oración, las palabras entre corchetes pueden omitirse en aquellos casos en que las circunstancias parezcan aconsejarlo, por ejemplo, si los esposos son de edad avanzada.
Los esposos se acercan al altar o, según la oportunidad, permanecen en su largar, y se arrodillan.

El sacerdote, con las manos juntas, invita a los presentes a orar diciendo:
Invoquemos, queridos hermanos, sobres estos esposos la bendición de Dios, para que proteja con su auxilio a quienes ha unido en el sacramento del matrimonio.
Précibus nostris, fratres caríssimi, super hos sponsos Dei benedictiónem súpplices invocémus, ut ipse suo fóveat benígnus auxílio, quos ditávit connúbii sacraménto.
Todos oran en silencio durante unos instantes. Después el sacerdote, con las manos extendidas sobre los esposos, prosigue:
Padre santo, autor del universo, que creaste al varón y la mujer a tu imagen y has bendecido su unión matrimonial, te pedimos humildemente por estos hijos tuyos que hoy se unen por el sacramento del matrimonio.
Pater sancte, mundi cónditor univérsi, qui virum atque mulíerem ad imáginem tuam creásti, eorúmque societátem tua voluísti benedictióne cumulári; te pro his fámulis tuis humíliter deprecámur, qui hódie nuptiárum iungúntur sacraménto.

Descienda, Señor, sobre esta esposa N. y sobre N., su esposo, tu abundante bendición, y la fuerza del Espíritu Santo inflame desde el cielo sus corazones para que, en el gozo de su mutua entrega, [adornen la familia con hijos y] riqueza de la Iglesia.
Super hanc sponsam N., Dómine, eiúsque vitae consórtem N. benedíctio tua copiósa descéndat, et virtus Spíritus Sancti tui corda eórum désuper inflámmet, ut, dum mútuo connúbii dono fruúntur, (famíliam ornent fíliis), ditent (que) Ecclésiam.

Que en la alegría te alaban, Señor, y en la tristeza te busquen; que en el trabajo encuentren el gozo de tu presencia y en la necesidad sientan cercano tu consuelo; que participen en la oración de tu Iglesia y den testimonio de ti entre los hombres; y que después de una feliz ancianidad lleguen al reino de los cielos con estos amigos que hoy les acompañan. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Laeti te laudent, Dómine, te maesti requírant; te in labóribus sibi gáudeant adésse ut fáveas, te séntiant in necessitátibus adstáre ut lénias; te in cotu sancto precéntur, tuos in mundo se testes osténdant; et, adépti prósperam senectútem cum hac qua circumdántur amicórum coróna, ad caeléstia regna pervéniant. Per Christum Dóminum nostrum.
R. Amén.

Omitida la oración Señor Jesucristo, se dice inmediatamente La paz del Señor. Entonces, los esposos y todos los demás, según el modo acostumbrado, se intercambian un signo de paz, comunión y caridad.

Antífona de la comunión Sal 33, 2. 9
Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca. Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él [T. P. Aleluya].
Benedícam Dóminum in omni témpore, semper laus eius in ore meo. Gustáte et vidéte quóniam suávis est Dóminus; beátus vir, qui sperat in eo (T. P. allelúia).

Oración después de la comunión
Te pedimos, Dios todopoderoso, que aumente en estos siervos tuyos la gracia del sacramento recibido, y que los frutos de este sacrificio lleguen a todos nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Concéde, quaesumus, omnípotens Deus, ut accépti virtus sacraménti in his fámulis tuis sumat augméntum, et hóstiae quam obtúlimus a nobis ómnibus percipiátur efféctus. Per Christum.

Bendición solemne al final de la misa
El sacerdote, con las manos extendidas sobre los esposos, dice:
Nuestro Señor Jesucristo, que quiso estar presente en las bodas de Caná, os conceda su bendición a vosotros y a quienes os acompañan.
Dóminus Iesus, qui in Cana adésse dignátus est núptiis, vestris benedictiónem suam largiátur vobis et propínquis.
R. Amén.
Nuestro Señor Jesucristo, que amó a su Iglesia hasta el extremo, infunda siempre su amor en vuestros corazones.
Ipse, qui Ecclésiam diléxit in finem, in corda vestra indesinénter effúndat suum amórem.
R. Amén.
Nuestro Señor Jesucristo os conceda ser testigos de la de en su resurrección y esperar con alegría su venida gloriosa.
Det vobis Dóminus ut, eius resurrectiónis testántes fidem, exspectétis in gáudio beátam spem.
R. Amén.
Y bendice a todo el pueblo añadiendo:
Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo , y Espíritu Santo.
Et vos omnes, qui hic simul adéstis, benedícat omnípotens Deus, Pater, et Fílius, + et Spíritus Sanctus.
R. Amén.