lunes, 26 de septiembre de 2016

Ritos para la preparación inmediata (a la celebración de los sacramentos de la Iniciación).

Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, 6-enero-1972 (ed. Española, reimpresión 2012)

RITOS PARA LA PREPARACIÓN INMEDIATA

193.
Donde puedan congregarse el Sábado Santo los elegidos, para disponerse con el recogimiento espiritual y la oración a recibir los sacramentos, pueden seguirse, según lo aconsejan las circunstancias, en todo o en Parte los ritos siguientes.

I. RECITACIÓN DEL SÍMBOLO

194. Con este rito se prepara a los elegidos para la profesión bautismal de la fe y se les instruye sobre el deber de anunciar la palabra del Evangelio.

195. Si por alguna dificultad no se hubiera podido entregar el Símbolo a su debido tiempo (cf. nn. 183-187), se omitirá este rito de la recitación o emisión.

Lecturas y homilía

196. Para empezar se entona algún canto a propósito. Después se lee una de las lecturas siguientes, o bien otra apropiada:

- Mt 16, 13-17 (Lecc. VIII, pág. 9): Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
- Jn 6, 35. 63-71: ¿A quién vamos a acudir? En tus palabras hay vida eterna.
- Mc 7, 31-37 (Lecc. II, pág. 255): Effetá, esto es: ábrete. (Solamente si se celebra unido al rito del "Effetá").

Y se hace una breve homilía.

197. Si se celebra unido al rito "Effetá", el celebrante comienza por lo que se dice en los nn. 200-202.

Oración para la recitación del Símbolo

198. Con las manos extendidas ante el pecho, el celebrante dice la oración siguiente:

Oremos.

Te rogamos, Señor,
que concedas a nuestros elegidos,
que han recibido la formula que resume
el designio de tu caridad
y los misterios de la vida de Cristo,
que sea una misma la fe que confiesan los labios
y profesa el corazón,
y así cumplan con las obras tu voluntad.
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

Recitación del Símbolo

199. A continuación los elegidos recitan el Símbolo:

Creo en Dios,
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.

Si en la entrega del Símbolo se hubiese empleado el Símbolo Niceno-Constantinopolitano, éste se recitará en esta ceremonia.

II. RITO DEL "EFFETÁ"

200. Con este rito, en virtud del propio simbolismo, se inculca la necesidad de la gracia, para que se pueda escuchar la Palabra de Dios con provecho sobrenatural para la salvación.

Lectura

201. Después de un canto apropiado se lee Mc 7,31-37 (Lecc. II, pág. 255):, que el celebrante explica brevemente.

Rito del "Effetá"

202. Entonces el celebrante toca con el pulgar los oídos derecho e izquierdo de cada uno de los elegidos, y la boca, sobre los labios cerrados, mientras dice:

Effetá, que significa: ábrete,
para que profeses la fe que has escuchado,
para alabanza y gloria de Dios.

Pero si los elegidos fueran muy numerosos, solamente se dice la formula íntegra al primero, y a los demás sólo se les dirá:

Effetá, que significa: ábrete.

III. ELECCIÓN DEL NOMBRE CRISTIANO

203. En este momento se puede imponer el nuevo nombre (si no se hubiera dado antes según la norma del n. 88), ya sea un nombre cristiano, ya un nombre según el uso civil de la región, con tal de que pueda asumir sentido cristiano. A veces, si las circunstancias lo permiten y los elegidos son pocos, bastará que se le explique al elegido la significación cristiana del nombre recibido anteriormente de sus propios padres.

Lecturas

204. Después de un canto apropiado, si lo aconsejan las circunstancias, se puede tener una lectura, que el celebrante glosará brevemente, v. gr.:

- Gn 17, 1-7 (Lecc. VIII, pág. 15): Te llamarás Abrahán.
- Is 62, 1-5 (Lecc. VIII, pág. l9): Te pondrán un nombre nuevo.
- Ap 3, 11-13: Grabaré en él mi nombre nuevo.
- Mt 16, 13-18 (Lecc. VIII, pág. 9): Tú eres Pedro.
- Jn 1, 40-42 (Lecc. VIII, pág. 4: Te llamarás Cefas.

Elección del nombre

205. El celebrante interroga a cada elegido acerca del nombre que haya escogido cada uno. Después, si es oportuno (cf. n. 203), dice:

N., en adelante te llamarás N.

Elegido:

Amén (u otra respuesta apropiada).

Si se juzga oportuno, se explica la significación cristiana del nombre recibido de los propios padres.

IV. UNCIÓN CON EL ÓLEO DE LOS CATECÚMENOS

206. La unción con el óleo de los catecúmenos, si a juicio de la Conferencia Episcopal ha de conservarse, y por falta de tiempo no se puede celebrar en la misma Vigilia pascual, se puede conferir el Sábado Santo durante el día. Se puede administrar, o separadamente, o también juntamente con la recitación del Símbolo, o antes de ésta, como su preparación, o bien después, como su ratificación.

207. Empléese el óleo bendecido por el obispo en la Misa crismal. Por razones pastorales lo puede bendecir un sacerdote, diciendo la oración siguiente:

Señor Dios, fuerza y defensa de tu pueblo,
que has hecho del aceite un símbolo de vigor,
dígnate bendecir este óleo;
y concede tu fortaleza
a los catecúmenos que han de ser ungidos en él,
para que, al aumentar en ellos
el conocimiento de las realidades divinas
y la valentía en el combate de la fe,
vivan más hondamente el Evangelio de Cristo,
emprendan animosos la tarea cristiana,
y, admitidos entre tus hijos de adopción,
gocen de la alegría de sentirse renacidos
y de formar parte de la Iglesia.
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

Después el celebrante, vuelto a los elegidos, dice:

Para que el poder de Cristo Salvador os fortalezca,
os ungimos con éste óleo de salvación
en el nombre del mismo Jesucristo, Señor nuestro,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Elegidos:

Amén.

Cada uno de los elegidos es ungido con el óleo de los catecúmenos en el pecho, o en ambas manos, o también en otras partes del cuerpo, si parece oportuno. Si fueran muy numerosos los elegidos, puede llamarse a varios ministros.