miércoles, 30 de diciembre de 2015

Bautismo niños: Lecturas del Evangelio (nn. 198-209).

Ritual del Bautismo de los niños

LECTURAS DEL EVANGELIO

I.
Este mandamiento es el principal y primero

198. Por el Bautismo ingresamos en la Iglesia, pueblo de la nueva Alianza.
a) El Bautismo es un Pacto con Dios: nuestra ratificación de la Alianza que Dios ha hecho con su pueblo. La idea de la Alianza estó presente en las figuras veterotestamentarias del Bautismo: diluvio (Gn 9, 9-17), circuncisión (Gn 17,2-14), paso del Mar Rojo (Ex 24, 1-11). La muerte de Cristo, en la cual somos bautizados (Rm 6, 3), es el sacrificio de la nueva Alianza.
b) Lo más característico de la nueva Alianza es la caridad (Jn 13, 35), resumen de toda la Ley (22, 40; Rm 13, 8-10; Ga 5, 14; Col 3, 14). El alma de la fidelidad a la Alianza es también el amor (ln 14, 15, 21, 23-24; 15, 9-10; 2 In 6). En el Bautismo, el Espíritu derrama Ia caridad en nuestros corazones (Rm 5, 5).
Las renuncias y la profesión de fe son la expresión de nuestra adhesión a la Alianza en el Bautismo.

+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo. 22,35-40

En aquel tiempo, un fariseo, doctor de la ley, preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
-Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?
Él le dijo:
-"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser".
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
-"Amarás a tu prójimo como a ti mismo".
Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

Palabra del Señor.

II.
Haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

199. En cada bautizo, la fórmula trinitaria recuerda esta orden de Jesús y nos descubre el sentido de la misión de la Iglesia y el misterio de nuestro Bautismo.
a) Cristo Resucitado, presente por su Espíritu en la Iglesia (28, 20), ejercita su poder salvador en el Bautismo. El Bautismo, como la columna de nube para los israelitas en el desierto (figura del Bautismo: 1 Co 10, 1-2. 6), es signo de la presencia y protección del Señor (Ex 13, 21-22; 14, 19-20).
b) Al agregarnos a la Iglesia, imagen de Ia Trinidad (Jn 17, 2I-23), el Bautismo renueva en nosotros la imagen del Creador (Col 3, 10), nos hace hijos de Dios, nos introduce en la comunión de la vida trinitaria (28, 19; 1 Jn 1, 3; 2, 24-25) y nos hace partícipes de la misma vida de Dios (2 P 1, 4). En adelante, nuestra vida debe ser digna de tan elevado origen (28, 19).

+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo. 28, 18-20

En aquel tiempo, acercándose Jesús a los once discípulos les dijo:
-Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Palabra del Señor.

III.
Juan bautizó a Jesús en el Jordán

200. El Bautismo de Jesús es figura y fundamento del Bautismo cristiano. En él están prefigurados los principales efectos de nuestro Bautismo. Para Jesús, el Bautismo en el Jordán, con la humillación y glorificación que significó, fue como una anticipación del Bautismo sangriento de la cruz (Mc 10, 38-39; Lc 12, 50), en el cual somos bautizados también nosotros (Rm 6, 3). El Bautismo nos abre las puertas del cielo (1, 10), cerradas por el pecado; en adelante, nuestra patria es el cielo (Flp 3, 20). Sobre el bautizado se derrama el Espíritu como una unción (Tt 3, 5-6), que nos hace hijos de Dios, objeto de las predilecciones del Padre (Rm 8, 14-17; Ga 4, 1-7). Nos consagra para compartir con Cristo su misión profética (Lc 4, 18-19; 1 P 2, 9).

+ Lectura del santo Evangelio según san Marcos. 1, 9-11

En aquel tiempo, llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán.
Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo:
-Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.

Palabra del Señor.

IV.
Dejad que los niños se acerquen a mí

201. "Nacer de nuevo", "nacer de arriba", ser como un niño, es condición para entrar en el Reino de los cielos (10, 15; Jn 3, 3. 5). El Bautismo es "baño de regeneración", de nuevo nacimiento (Tt 3, 5): nos hace "criaturas nuevas", (2 Co 5, 17; Ga 6, 15), "hombres nuevos", (Ef 2, 15), "renovados en nuestro espíritu" (Ef 4, 24). La fuerza que nos renueva interiormente es el Espíritu que se nos comunica en el Bautismo (Sal 103, 30). De las aguas bautismales, fecundadas por el Espíritu, salimos como "recién nacidos" (1 P 2, 2), igual que Naamán (figura del Bautismo) de las aguas del Jordán (2 R 5, 14).
Los "niños en Cristo" tienen que crecer hasta llegar a ser "hombres espirituales" (1 Co 3, 14).

+ Lectura del santo Evangelio según san Marcos. 10, 13-16

En aquel tiempo, presentaron a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:
-Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.
Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor.

V.
Escucha, Israel: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón

202. El Bautismo, que nos introduce en el Reino de Dios (12, 34), nos obliga a aceptar y respetar las leyes y costumbres de ese Reino: el Bautismo equivale a una especie de traditio legis. La ley fundamental del Reino es la caridad (Jn 13, 34-35; 15, 12-13). El Bautismo nos consagra enteramente al servicio de Dios y de los hermanos (12, 30-31): éste es el verdadero culto espiritual (12, 33; Rm 12, 1; 1 P 2, 5). La piedra de toque de la verdadera piedad es el amor a los hermanos (12, 33; 1 Jn 3, 13-18; 4, 20-21; St 1, 27). 

El texto entre [ ] puede omitirse por razón de brevedad.

+ Lectura del santo Evangelio según san Marcos. 12, 28b-34

En aquel tiempo, un letrado se acercó a Jesús y le preguntó:
-¿Qué mandamiento es el primero de todos?
Respondió Jesús:
-El primero es: "Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser". El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". No hay mandamiento mayor que estos.
[El letrado replicó:
-Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
-No estás lejos del Reino de Dios.
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.]

Palabra del Señor.

VI.
El que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios

203. El Bautismo es un nuevo nacimiento, nacimiento a la vida divina: condición para entrar en el Reino de Dios (3, 3. 5; Mc 10, 15).
El agua y el Espíritu son símbolos de la vida (Gn 1, 2). El Espíritu es el germen y el principio de la nueva vida (Rm 8, 15-16; Ga 4, 6; Tt 3, 5). Las aguas bautismales son el seno virginal de la Iglesia : "el mismo Espíritu que fecundó a la Virgen, fecunda también la fuente" (san León Magno): tal es el sentido de la bendición del agua bautismal. La resurrección, obra del Espíritu (Rm 8, 11), fue para Jesús como un nuevo nacimiento (Hch 26, 23; Col 1, 1B; AP 1, 5). En el Bautismo también nosotros resucitamos con Cristo a una vida nueva (Rm 6, 5-6; Col2, 12).
Vivir una vida nueva (Rm 6, 6), vivir según el Espíritu (Rm 8, 14), es una exigencia del Bautismo.

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan. 3, 1-6

En aquel tiempo había un fariseo llamado Nicodemo, magistrado judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo:
-Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces, si Dios no está con él.
Jesús le contestó:
-Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios.
Nicodemo le pregunta:
-¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?
Jesús le contestó:
-Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.

Palabra del Señor.

VII.
Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna

204. El Bautismo es "don de Dios" (4, 10): nos da la vida divina, la vida eterna.
Dios mismo es la fuente de aguas vivas (Jr 2, 13; Sal 35, 9; Is 12, 3). Cristo en su pasión se ha convertido para los hombres en la Roca de donde brotan las fuentes de la salvación (Ex 17, 3-7; Jn 7, 37-39; 19, 31-35); en él se han cumplido las profecías (Is 41, 17-18; 43, 19-21; 48, 20-21; Ap 7, 16-17; 22, 17). La condición para beber de esa <fuente de aguas de vida" es creer en Jesucristo (4, 10); eI Bautismo es sacramento de la fe.
En el Bautismo, la vida divina se nos da como un germen que aspira a conservarse y desarrollarse "hasta la vida eterna" (4, 14): "Una agua viva que murmura dentro de mí y desde lo íntimo me está diciendo: Ven al Padre" (san Ignacio de Antioquía).

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan. 4, 5-14

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor de mediodía.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:
-Dame de beber.
(Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida).
La samaritana le dice:
-¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contestó:
-Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.
La mujer le dice:
-Señor, si no tienes cubo y eI pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?
Jesús le contestó:
-El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

Palabra del Señor.

VIII.
El que cree tiene vida eterna

205. El Bautismo es el sacramento de la fe y, Por eso mismo, es sacramento de la vida eterna.
La fe es don de Dios (6, 44; Ef 2, 8). El Bautismo es signo y expresión de la fe. La fe y el Bautismo nos introducen en el conocimiento de las relaciones íntimas que existen entre el Padre y el Hijo (6, 46). Es misión del Espíritu el acercarnos al Padre y descubrirnos sus secretos (1 Co 2, 10-12): en esto consiste la vida eterna (6, 47; 17, 3). Todo esto nos lo da el Bautismo.
"Dejarse enseñar por Dios" (6, 45), crecer en la fe recibida, es exigencia del Bautismo.


+ Lectura del santo Evangelio según san Juan. 6, 44-47

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
-Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado.
Y yo lo resucitaré el último día.
Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios".
Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí.
No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: ése ha visto al Padre.
Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.

Palabra del Señor.

IX.
Manarán torrentes de agua viva

206. El Bautismo es la fuente de agua viva que brotó, para la Iglesia, del costado de Cristo (7, 38; 19, 31-35), cumpliéndose así la figura profética de la roca de Horeb (Ex 17, 3-7; I Co 10, ). El Espíritu, fuente de vida eterna, es el don pascual de Cristo a su Iglesia (7, 39b; 16, 7).
El Bautismo, comunicando el Espíritu (Hch 2, 39; Rm 5, 5), hace brotar en cada cristiano torrentes de agua viva (7, 38). La venida del Espíritu es como un "Bautismo en Espíritu" (Hch 1, 5; 2, 4); el Bautismo de agua saca su eficacia del Espíritu. El Espíritu es eI principio de la vida nueva (Gn 1, 2; Tt 3, 5) y de la fecundidad en el Bautismo. Para todo ello se requiere la fe (7, 39); el Bautismo es sacramento de la fe.

Lectura del santo Evangelio según san Juan. 7, 37b-39

En aquel tiempo, Jesús en pie gritaba:
-El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba.
(Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva.)
Decía esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él.

Palabra del Señor.

X.
Fue, se lavó, y volvió con vista

207. La coincidencia en una serie de detalles con la simbólica del Bautismo (ceguera de nacimiento, piscina, enviado, unción, lavado, confesión de fe) hacen de este milagro una figura de nuestro sacramento.
El Bautismo es un misterio de luz, una "iluminación"; a los bautizados se les llama "iluminados" (Hb 6, 4; 10, 32). El Bautismo nos hace pasar del reino de las tinieblas (muerte) al reino de la luz (vida) (Col 1, 12-13; 1 P 2, 9). Equivale a una nueva creación, victoria de la luz sobre las tinieblas (Gn 1, 3-4; 2 Co 4, 6). Bautizados en Cristo (Siloé = Enviado), nos revestimos de Cristo, somos "luz en el Señor" (Ef 5, 8), "hijos de la luz" (1 Ts 5, 5). El Bautismo nos hace participar en la vida nueva del Resucitado: eso quiere significar el rito de encender la vela en el cirio pascual (Ef 5, 14).
"Andar como hijos de la luz" (Ef 5, 8-11) es una exigencia del Bautismo.

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan. 9, 1-7

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y sus discípulos le preguntaron:
-Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?
Jesús contestó:
-Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.
Dicho esto escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
-Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).
Él fue, se lavó, y volvió con vista.

Palabra del Señor.

XI.
El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante

208. El Bautismo nos incorpora a Cristo; es como un injertarnos en Cristo (Rm 11, 17-19), en su muerte (Rm 6, 5). Es obra del amor de Dios, de elección gratuita (ln 15, 16; Rm 11, 17). Da origen a una comunión estrecha e íntima entre Cristo y el bautizado; nace una comunidad nueva, el misterio de la verdadera vid: Cristo y la Iglesia, imagen de la comunión trinitaria (Jn 15, 9; 17, 21). Esta comunión es condición y garantía de fecundidad (15,4-6; Ez 19, 10-11) y de alegría duradera (15, 11; 17, 13).
El Bautismo exige una fidelidad constante a la comunión con Cristo, que se manifiesta en el cumplimiento de los mandamientos (15, 10).

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan. 15, 1-11

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
-Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca; y a todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos: el que permanece en mí y yo en é1, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mí, lo tiran fuera, como al sarmiento, y se seca: luego los recogen y los echan al fuego, Y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras Permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.
Como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Palabra del Señor.

XII.
Le traspasó el costado, y salió sangre y agua

209. La sangre y el agua simbolizan ante todo eI sacrificio de Cristo y el Espíritu, el origen de los sacramentos (Bautismo y Eucaristía) y el nacimiento de la Iglesia (nueva Eva). Pero la tradición las ha interpretado también como imagen del Bautismo, cumplimiento de la figura (roca de Horeb: Ex 17, 37) y delas profecías (Is 41, 17-18; 43, 19-21; 48, 20-21; Jn 7, 37-39). La conexión del agua con la sangre estó indicando que toda su fuerza de salvación le viene al Bautismo del sacrificio pascual de Cristo. Lo mismo que la Sangre de Cristo, el Bautismo libera (Ex 12, 7. 22), purifica (Hb 12, 24; 1 P 1, 2; Ap 7, 5; 7, 14), vivifica (Jn 6, 53-56), consagra y santifica (Ex 12, 7. 22; 29, 20-21; Lv 8, 23-24. 30; Ez 43, 20; Hb 10, 29; 13, 12). En cada Bautismo se renueva el misterio del nacimiento de la lglesia en un nuevo miembro.

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan. 19, 31-35

En aquel tiempo los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en La cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados con la lanza le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.
El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis.

Palabra del Señor.