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lunes, 28 de diciembre de 2015

Bautismo niños: Lecturas de las Cartas apostólicas.

Ritual del Bautismo de los niños

LECTURAS DE LAS CARTAS APOSTÓLICAS

I.
Por el Bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que andemos en una vida nueva

188. El Bautismo es incorporación a Cristo en su muerte y resurrección; es una participación sacramental en el Misterio pascual (Col 2, 12-13; 3, 1-13).
a) El rito de la inmersión simboliza nuestra sepultura con Cristo (6, 4; Col 2, 12). Nuestro hombre viejo ha sido crucificado con Cristo (6, 6; Ga 2, 19; 5, 24; 6, 14). "Hemos muerto con Cristo" (6, 8. 11; Col 3, 3). El diluvio y el paso del Mar Rojo prefguraron este asPecto del Bautismo como muerte al pecado.
b) La salida de las aguas significa la resurrección de Cristo de entre los muertos. El Bautismo nos hace participar en la vida nueva del Resucitado (6, 5-6; Col 2, 12): esto quiere significar la vela que se enciende en el cirio pascual. El pueblo que nace de las aguas bautismales es una "Iglesia de resucitados" (san Ambrosio).
A partir del Bautismo, la vida cristiana tiene que ser una vida pascual: de muerte al pecado y de vida en Cristo para Dios (6, 11).

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos. 6, 3-5

Hermanos:
Los que por el Bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte.
Por el Bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, 1o estará también en una resurrección como la suya.

Palabra de Dios.

II.
Nos predestinó a ser imagen de su Hijo

189. El Bautismo nos introduce en la Historia de la Salvación: Dios cumple sus planes de salvarnos en su Hijo y por él.
a) El Bautismo expresa y realiza la elección y la llamada de Dios (8, 28-30; Dt 7, 7; Is 41, 8; 48, 12). Esta elección es una prueba del amor de Dios (Dt 7, 8; Os 11, 1). El Bautismo nos aplica la muerte de Cristo, que fue la máxima prueba del amor de Dios a los hombres (8, 32).
b) La salvación consiste en nuestra configuración con Cristo (8, 29-30). El Bautismo realiza una primera configuración con Cristo: restaura en nosotros la imagen divina destruida por el pecado (1 Co 15, 49; 2 Co 3, 18; Col 3, 10). Esto nos hace hijos de Dios en el Hijo (Ga 4, 6-7; Rm 8, 15).
c) El Bautismo pone así las bases de la seguridad y del optimismo cristiano (8, 31-32). Nos hace escapar a la cólera de Dios (Mt 3, 7-10), realiza en nosotros la salvación y nos da la esperanza de la gloria (8, 30).

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos. 8, 28-32

Hermanos:
Sabemos que Dios hace que todas las cosas contribuyan al bien de los que le aman, de los que han sido llamados según su voluntad.
A los que de antemano conoció, a esos los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que sea él el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó también los llamó; y a los que llamó también los justificó; y a los que justificó también los glorificó.
¿Qué diremos más? Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con su Hijo?

Palabra de Dios.

III. 
Todos nosotros hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo

190. El Bautismo nos incorpora a la Iglesia en virtud del Espíritu que nos comunica.
a) El agua bautismal, fecundada por el Espíritu, simboliza la efusión del Espíritu (Is 32, 15). En el Bautismo "bebemos el Espíritu" (12, 13), que brotó del costado de Cristo como una fuente (Jn 7, 37-39; 19, 31-35).
b) La unidad del Cuerpo de Cristo es obra del Espíritu: en la Encarnación (Lc 1, 35), en Pentecostés (Hch 1, 4), en el Bautismo (12, 13; Ef 4, 4). EI Espíritu derrama en nuestros corazones la caridad (Rm 5, 5), que es vínculo de unión entre todos los bautizados (Ga 3, 28).
EI crecimiento de la Iglesia en la unidad por la caridad es responsabilidad de todos los cristianos, como una exigencia del Bautismo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios. 12, 12-13

Hermanos:
Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a Pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Palabra de Dios.

IV.
Los que habéis sido bautizados os habéis revestido de Cristo

191. El Bautismo nos incorpora a Cristo; es decir, nos hace miembros del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.
a) El efecto capital del Bautismo es realizar nuestra unión vital con Cristo muerto y resucitado (3, 27). Cristo se convierte en ese vestido nuevo que nos cubre interiormente, haciéndonos un solo Cuerpo con é1, el hombre nuevo (Col 3, 10; Ef 4, 24), partícipes de su filiación divina (3, 26). La vestidura blanca simboliza esta condición nueva creada en nosotros por el Bautismo.
b) Entre todos los que son "uno en Cristo Jesús" (3, 28), el Bautismo da origen a una comunidad perfectamente una, cuyo principio ontológico nuevo es el Espíritu (Ef 4, 3-4). Hermanos de Cristo y hermanos entre sí, los bautizados forman una familia que tiene derecho a la familiaridad con Dios, que los primeros padres perdieron por el pecado (Gn 3, l0).

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas. 3, 26-28

Hermanos:
Todos sois hijos de Dios
por la fe en Cristo Jesús.
Los que os habéis incorporado a Cristo por el Bautismo
os habéis revestido de Cristo.
Ya no hay distinción entre
judíos y gentiles,
esclavos y libres,
hombres y mujeres,
porque todos sois uno en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

V.
Un Señor, una fe, un Bautismo

192. El Bautismo nos introduce en un misterio de comunión con Cristo, con los hermanos, con la Trinidad.
a) Formamos con Cristo ,"un solo Cuerpo, un solo Espíritu" (4, 4; 1 Co 6, 17), un solo hombre. En adelante, la existencia del bautizado será una "vida en Cristo" (3, 17; Ga 2, 20).
b) Formamos con todos los bautizados un solo Cuerpo, una sola familia (4, 4. 6): tenemos todos la misma fe, el mismo principio de unidad que es el Espíritu, los mismos sacramentos, el mismo Padre. La ley fundamental de esta comunidad es la caridad.
c) Entramos en comunión con Dios en la vida trinitaria (1 Jn 1, 3): entramos en la familia de Dios; somos hijos de Dios y herederos del Reino.
Exigencia del Bautismo: cultivar las virtudes que salvaguardan la unidad de la Iglesia (4, 2-3).

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios. 4, 1-6

Hermanos:
Yo, el prisionero por Cristo, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.
Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos;
sobrellevaos mutuamente con amor;
esforzaos en mantener la unidad del Espíritu,
con el vínculo de la paz.
Un solo cuerpo y un solo Espíritu,
como una sola es la meta de la esperanza
en la vocación a la que habéis sido convocados.
Un Señor, una fe, un Bautismo.
Un Dios, Padre de todo,
que lo trasciende todo,
y lo penetra todo,
y lo invade todo.
Bendito sea por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

VI.
Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real

193. El Bautismo es agregación a la Iglesia, que es "templo del Espíritu" y pueblo sacerdotal.
a) El Bautismo hace de nosotros esas piedras vivas con que se edifica el nuevo Israel (2, 5). Recuerda las purificaciones rituales prescritas por la Ley para hacer una persona o un lugar apto para el culto (Nm 19, 2-10; Dt 23, l0-11). lesús habló de su propio cuerpo como templo destruido y edificado en tres días en eI contexto de la purificación del templo (Jn 2, 19). El Bautismo nos hace miembros de ese Cuerpo (Ef 2, 18-22).
b) Por el Bautismo entramos a formar parte del nuevo Israel, pueblo de sacerdotes, reyes y profetas (2, 5; Ex 19, 5-6; Ap 1,6; 5, 10). En adelante, la vida del bautizado será un testimonio del Reino y una ofrenda permanente (2, 5. 9; Rm 12, 1). Esto quiere significar la unción con el santo crisma en el Bautismo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro. 2, 4-5. 9-10

Hermanos:
Acercándoos a Cristo, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo.
Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios, para proclamar las hazañas del que nos llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
Antes erais "no pueblo", ahora sois "Pueblo de Dios"; antes erais "no compadecidos", ahora sois "compadecidos".

Palabra de Dios.