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domingo, 2 de febrero de 2014

Benedicto XVI, Introducción a la Teología de la Liturgia (2008).

Textos de Benedicto XVI

Prefacio al primer volumen de mis escritos, 29 de junio de 2008, en J. RATZINGER, Opera omnia. Teologia della Liturgia, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2010, p. 5-9 (Traducción de Juan Diego Muro, Perú.)

El Concilio Vaticano II inició sus labores con la discusión del esquema sobre la liturgia, que luego fue solemnemente votado el 4 de diciembre de 1963 como primer fruto de la gran asamblea de la Iglesia, con el rango de una constitución. Que el tema de la liturgia fuera su primer resultado fue considerado a primera vista más bien una casualidad. El Papa Juan había convocado la asamblea de obispos con una decisión compartida por todos con alegría, para reafirmar la presencia del cristianismo en una época de profundos cambios, pero sin proponer un determinado programa. Desde la comisión preparatoria se había reunido una amplia serie de proyectos. Pero faltaba una brújula para poder encontrar el camino en medio de esta abundancia de propuestas. Entre tantos proyectos el texto sobre la sagrada liturgia pareció ser aquel sobre el cual había menos discusión. Así, se presentó como el más adecuado, como una especie de ejercicio –por llamarlo así– con el cual los Padres podían aprender los métodos de trabajo conciliar.

Lo que a simple vista podría parecer una casualidad, también se revela –mirando a partir de la jerarquía de los temas y de las tareas de la Iglesia– como la cosa intrínsecamente más correcta. Comenzando con el tema “liturgia”, se puso inequívocamente a la luz el primado de Dios, la prioridad del tema “Dios”. Dios ante todo, así nos lo dice el inicio de la constitución sobre la liturgia. Cuando la mirada de Dios no es determinante todo lo demás pierde su orientación. Las palabras de la regla benedictina «Ergo nihil Operi Dei praeponatur» (43, 3: «Por lo tanto no se anteponga nada a la obra de Dios») valen en modo específico para el monaquismo, pero tienen valor, como orden de las prioridades, también  para la vida de la Iglesia y de cada uno en el modo que le corresponde. Quizá es útil recordar aquí que en el término “ortodoxia” la segunda mitad de la palabra, “doxa”, no significa “opinión” sino “esplendor”, “glorificación”: no se trata de una correcta opinión sobre Dios, sino de un modo correcto de glorificarlo, de darle una respuesta. Ya que esta es la pregunta fundamental del hombre que comienza a entenderse a sí mismo de la manera correcta: ¿cómo debo encontrar a Dios? Así, aprender el modo correcto de adorar –la ortodoxia– es lo que nos viene dado sobre todo por la fe.

Cuando decidí, después de algunas indecisiones, aceptar el proyecto de una edición de todas mis obras, me quedó claro inmediatamente que debería valer en ella el orden de las prioridades del Concilio, y que por lo tanto el primer volumen en salir debía ser el que contenía mis escritos sobre la liturgia. La liturgia de la Iglesia ha sido para mí, desde mi infancia, la actividad central de mi vida, y también se ha vuelto, en la escuela teológica de maestros como Schmaus, Söhngen, Pascher y Guardini, en el centro de mi trabajo teológico.

Como materia específica he escogido la teología fundamental, porque quería ante todo ir hasta el fondo de la pregunta “¿por qué creemos?” Pero en esta pregunta estaba incluida desde el inicio la otra sobre la correcta respuesta que se ha de dar a Dios, y por tanto también la pregunta sobre el servicio divino. Precisamente desde este punto deben ser entendidos mis trabajos sobre la liturgia. No me interesaban los problemas específicos de la ciencia litúrgica, sino el anclarse de la liturgia en el acto fundamental de nuestra fe y por tanto también su lugar en nuestra entera existencia humana.

Este volumen recoge entonces todos mis trabajos de pequeña y mediana dimensión con los cuales en el curso de los años, en ocasiones y desde perspectivas diferentes, he tomado posición sobre cuestiones litúrgicas. Después de todas las contribuciones que nacieron de este modo, fui impulsado finalmente a presentar una visión de conjunto que apareció en el año jubilar del 2000 bajo el título “El espíritu de la liturgia. Una introducción” y que constituye el texto central de este libro.

Lamentablemente casi todas las reseñas se centraron en un pequeño capítulo: “El altar y la orientación de la oración en la liturgia”. Los lectores de las reseñas debieron deducir que la obra completa trataba sólo de la orientación de la celebración y que su contenido se reducía a querer reintroducir la celebración de la misa “con las espaldas dirigidas al pueblo”. En consideración a esta distorsión he pensado por un momento en suprimir este capítulo (de apenas nueve páginas de un total de doscientas) para poder reconducir la discusión al verdadero argumento que me interesaba y sigue interesándome en el libro. Esto habría sido más fácilmente posible por el hecho de que mientras tanto aparecieron dos excelentes trabajos en los cuales la cuestión de la orientación de la oración en la Iglesia del primer milenio ha sido aclarada en modo convincente. Pienso ante todo en el importante librito de Uwe Michael Lang, “Volverse hacia el Señor. Orientación en la plegaria litúrgica” (Ediciones Cristiandad, Madrid, 2007), y en modo del todo particular a la gran contribución de Stefan Heid, “Actitud y orientación de la oración en la primera época cristiana” (en “Revista de Arqueología Cristiana 72, 2006), en la que las fuentes y bibliografía sobre dicho tema resultan ampliamente ilustradas y puestas al día.

El resultado es del todo claro: la idea que sacerdote y pueblo en la oración deberían mirarse recíprocamente nació sólo en la cristiandad moderna y es completamente extraña en la antigua. Sacerdote y pueblo ciertamente no rezan el uno hacia el otro, sino hacia el único Señor. Por tanto durante la oración miran en la misma dirección: o hacia Oriente como símbolo cósmico para el Señor que viene, o, donde esto no fuese posible, hacia una imagen de Cristo en el ábside, hacia una cruz o simplemente hacia el cielo, como hizo el Señor en la oración sacerdotal la noche antes de su Pasión (Jn 17, 1). Mientras tanto se está abriendo paso cada vez más, afortunadamente, la propuesta hecha por mí al final del capítulo en cuestión en mi obra: no proceder a nuevas transformaciones, sino proponer simplemente la cruz al centro del altar, hacia la cual puedan mirar juntos el sacerdote y los fieles, para dejarse guiar in tal modo hacia el Señor, al que todos juntos rezamos.

Pero de nuevo, con esto, quizá he dicho demasiado sobre este punto, que representa apenas un detalle de mi libro, y que podría incluso dejar de lado. La intención fundamental de la obra era la de colocar la liturgia por encima de las cuestiones con frecuencia mezquinas sobre esta o aquella forma, en su importante relación que he buscado describir en tres ámbitos que están presentes en todos y cada uno de los temas. Está ante todo la íntima relación entre Antiguo y Nuevo Testamento; sin la relación con la heredad veterotestamentaria la liturgia cristiana es absolutamente incomprensible. El segundo ámbito es la relación con las religiones del mundo. Y se agrega en fin el tercer ámbito: el carácter cósmico de la liturgia, que representa algo más que la simple reunión de un círculo más o menos grande de seres humanos; la liturgia es celebrada dentro de la amplitud del cosmos, abraza al mismo tiempo la creación y la historia. Esto es lo que se pretendía con la orientación de la oración: que el Redentor al cual rezamos es también el Creador, y así en la liturgia también está siempre presente el amor por la creación y la responsabilidad en relación a ella. Estaré contento si esta nueva edición de mis escritos litúrgicos puede contribuir a que se vean las grandes perspectivas de nuestra liturgia y colocar en su correspondiente lugar ciertas controversias mezquinas sobre formas exteriores.

Finalmente, y sobre todo, siento el deber de agradecer. Mi agradecimiento se debe ante todo, al obispo Gerhard Ludwig Muller, que ha tomado en sus manos el proyecto de la “Opera omnia” y ha creado las condiciones tanto personales como institucionales para su realización. De manera muy particular quisiera agradecer al Prof. Dr. Rudolf Voderholzer, que ha invertido tiempo y energías en medida extraordinaria en la recolección y en la separación de mis escritos. Agradezco también al señor Dr. Christian Schaler, que lo asiste de manera activa. Finalmente, va mi sincero agradecimiento a la casa editora Herder, que con gran amor y precisión ha asumido el honor de este difícil y fatigoso trabajo. Que todo ello pueda contribuir a que la liturgia sea comprendida en modo siempre más profundo, y celebrada dignamente. «La alegría del Señor es nuestra fuerza» (Ne 8, 10).

Roma, fiesta de los santos Pedro y Pablo, 29 de junio del 2008

sábado, 25 de enero de 2014

Martirologio. El anuncio del día según el calendario lunar.

Martirologio Romano, 1ª ed, España (2007)

EL ANUNCIO DEL DÍA SEGÚN EL CALENDARIO LUNAR, QUE PUEDE HACERSE AD LIBITUM

Aunque en todo el mundo se conoce y está divulgado el calendario solar, ha parecido oportuno mantener la costumbre de anunciar el día según el calendario lunar, que puede seguirse libremente en la lectura litúrgica del Martirologio.

La importancia del cómputo del día lunar resalta porque la máxima solemnidad de la Pascua, con la Cuaresma que la precede y el tiempo pascual que le sigue, depende del plenilunio posterior al equinoccio.

Por eso, en esta edición típica del Martirologio se conserva el cómputo lunar, para que resplandezca la peculiar vinculación entre el pueblo del Antiguo y el del Nuevo Testamento, incluso en la celebración del misterio pascual. Por lo demás, el cómputo lunar se guarda en las Iglesias orientales y en multitud de religiones y cultos no cristianos del mundo entero.

En este Martirologio, colocada al comienzo de cada día, hay una serie de treinta letras, que corresponden al mismo número de días con el que los cronógrafos determinaron la duración del ciclo de las fases de la luna; esas letras indican cuál es la luna que ha de anunciarse en cada uno de los días de la totalidad del año, después de hacer el cálculo pertinente; además, cada letra remite al número de orden correspondiente, que es la que está en números romanos debajo de la serie de treinta o veintinueve cifras que identifican cada uno de los días del mes lunar. El uso de estas letras y números combinados para determinar la luna, se rige por una tabla temporal específica, en la cual corresponde a cada año un número áureo, que indica la posición del año en curso dentro del ciclo lunar de diecinueve años empleado en estos cómputos, y también la epacta, o diferencia de once días entre el fin del año lunar y el principio del año solar, así como, finalmente, la letra del Martirologio, en íntima y fácil conexión con la anterior epacta, como muestra el siguiente cuadro:

a
b
c
d
e
f
g
h
i
k
l
m
n
p
q
I
II
III
IV
V
VI
VII
VIII
IX
X
XI
XII
XIII
XIV
XV
r
s
t
u
A
B
C
D
E
F/F
G
H
M
N
P
XVI
XVII
XVIII
XIX
XX
XXI
XXII
XXIII
XXIV
XXV
XXVI
XXVII
XXVIII
XXIX
*

Todos estos elementos precisos para el cómputo de la luna en el período entre 2004 y 2033 se encuentran más adelante, en la tabla temporal correspondiente (43). Así pues, para anunciar la fecha de la lunación en cualquier día de cada año, una vez conocido el número áureo hay que tomar la epacta y luego la letra correspondiente; encontrada ésta en las tablas de igualación que figuran en el Martirologio al comienzo de cada día, nos mostrará el número del día lunar correspondiente, es decir, cuál es la luna que se ha de anunciar en cada uno de los días de todo el año hasta el último día de diciembre. Ejemplo: En el año 2005, el número áureo concurrente es el 11, al que corresponde la epacta XIX y la letra "u" del Martirologio, que es la que hay que buscar en las citadas tablas de igualación del Martirologio; consultadas éstas, se verá que al día uno de enero, o Kalendis ianuarii, a la letra "u" le corresponde el número 20, que es la luna que hay que anunciar, y al día dos de agosto, o Quarto Nonas augusti, el número 26.

(43) ver Tabla temporal, al final.

Sin embargo, en los años en que el número áureo es el 1, la luna que se ha de anunciar desde el día uno de enero hasta el fin de aquella lunación será siempre con un día menos que la anotada en el Martirologio. Ejemplo: Al año 2204, cuyo número áureo es el 1, le corresponde la epacta XXVIII y la letra del Martirologio "M", que es la que hay que buscar en todo ese año en las tablas de igualación; consultadas éstas, en el día primero, o Kalendis ianuarii, se verá que a la letra "M" le corresponde el número o día de lunación 29, pero en lugar de éste habrá que anunciar el 28; de este modo hay que seguir sólo hasta el día segundo, o Quarto Nonas ianuarii, en el que la luna será 29, (aunque haya anotado el número 30), mientras que al día tercero, Tertio Nonas ianuarii, normalmente le corresponde la luna 1. Esta norma sólo queda derogada cuantas veces al número áureo 1 le corresponda la letra del Martirologio "P" mayúscula, bajo la cual estará siempre la luna que se ha de anunciar, según esté indicado en las tablas de la igualación, o sea, como se hace regularmente en los demás años.

Si en algún año cae, circunstancialmente, la epacta XXV a la que corresponda la doble letra "F", una en color negro y otra en rojo, el día de la lunación hay que determinarlo según el número áureo sea de los once primeros o del 12 hasta el 19. Ejemplo: En el año 2011, cuyo número áureo es 17, corresponde la epacta XXV y la letra del Martirologio "F". El día trece, idus de abril de aquel año, bajo la letra "F" se indica una luna doble variable, pero como el número es mayor de 12, se ha de anunciar como bajo la epacta negra, es decir, luna 10. Y cuando llegue el año 2303, cuyo número áureo es 9 y la misma epacta XXV, en los mismos idus de abril, como el número áureo es menor de 11, se ha de anunciar el día de la lunación bajo la letra del Martirologio "F" escrita en color rojo, es decir, el 9.

Esa tabla temporal sólo es válida hasta el año 2199, pero pueden hacerse otras sucesivas por medio de tablas especiales perpetuas de igualación del ciclo de las epactas, con las que pueden obtenerse y conocer el número áureo,(44) la epacta (45) y la letra del Martirologio correspondiente a cualquier año. Esas nuevas tablas, como la formada, por ejemplo, en el siguiente cuadro, valen a su vez sólo por un tiempo determinado, hasta el cambio del ciclo de las epactas. Ejemplo: Desde el 2200, al que corresponde el número áureo 16, y del que arranca el modelo adjunto, se puede componer la tabla propuesta sólo hasta el año 2293, en la que se recogen todos los elementos para averiguar qué luna se ha de anunciar durante este espacio de tiempo.

(44) Una vez computada la parte íntegra en la relación con el año del que interesa encontrar los elementos y el 19, el número áureo se deduce restando de aquel mismo año, añadido uno, la antedicha íntegra, multiplicada diecinueve veces.
(45) Computado el total resultante por la multiplicación entre el número áureo del año, del que interesa encontrar la epacta, y el 11, desde ahora hasta el año 2099, la epacta se encuentra: a) si el total de la multiplicación es mayor de trece, añadiendo uno al resto del cociente íntegro, que de aquella misma suma resulta, deduciendo trece, dividido por treinta; b) pero si es menor de trece, añadiendo uno al total antedicho de la multiplicación, añadiendo treinta y restando trece (o añadiendo 18 al total de la multiplicación). Desde el año 2100 hasta el 2199, en lugar de los números trece y uno, se tendrán que emplear catorce y dos, respectivamente. 

TABLA DE LAS LETRAS DEL MARTIROLOGIO CORRESPONDIENTE A LOS NÚMEROS ÁUREOS Y EPACTAS DESDE EL PRINCIPIO DEL AÑO 2200 HASTA EL FIN DEL AÑO 2299.

Núm. áureo
16
17
18
19

1
2
3
4
5
Epacta
XIII
XIV
V
XVI

XXVIII
IX
XX
I
XII
Letra Mart.
n
E
e
r

M
i
A
a
m
Núm. áureo
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
Epacta
XXII
IV
XV
XXVI
VII
XVIII
XXIX
X
XXI
II
Letra Mart.
D
d
q
G
g
t
N
k
B
b

Al año 2248, cuyo número áureo es el 7, corresponderá la epacta IV y la letra del Martirologio "d" minúscula, mediante la cual, como se ha dicho más arriba, se encuentra la fecha de la lunación de cada día de aquel año.

TABLA TEMPORAL DE LAS EPACTAS Y LETRAS DEL MARTIROLOGIO

Año
Número áureo
Epacta
Letra del Martirologio
Año
Número áureo
Epacta
Letra del Martirologio
2004
10
VIII
h
2019
6
XXIV
E
2005
11
XIX
u
2020
7
V
e
2006
12
*
P
2021
8
XVI
r
2007
13
XI
l
2022
9
XXVII
H
2008
14
XXII
C
2023
10
VIII
h
2009
15
III
e
2024
11
XIX
u
2010
16
IV
p
2025
12
*
P
2011
17
XXV
F
2026
13
XI
l
2012
18
VI
f
2027
14
XXII
C
2013
19
XVII
s
2028
15
III
c
2014
1
XXIX
N
2029
16
XIV
p
2015
2
IX
k
2030
17
XXV
F
2016
3
XXI
B
2031
18
VI
f
2017
4
II
b
2032
19
XVII
s
2018
5
XIII
n
2033
1
XXIX
N

jueves, 23 de enero de 2014

Plegaria Eucarística de la Reconciliación I




PLEGARIAS EUCARÍSTICAS «DE LA RECONCILIACIÓN»
Las plegarias eucarísticas de la Reconciliación pueden usarse en las misas en las que se presenta a los fieles, de un modo particular, el misterio de la reconciliación, por ejemplo en las misas para fomentar la concordia, por la reconciliación, por las paz y la justicia, en tiempo de guerra o desorden, por el perdón de los pecados, para pedir la caridad, del misterio de la santa Cruz, de la santísima Eucaristía, de la preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y en las misas de tiempo de Cuaresma. Aunque disponen de prefacio propio, sin embargo, pueden usarse también con otros prefacios que hagan referencia a la penitencia y a la conversión, como por ejemplo, con los prefacios de Cuaresma.

PLEGARIA EUCARÍSTICA «DE LA RECONCILIACIÓN» I.

1. V. El Señor esté con vosotros.
Dóminus vobíscum.
R. Y con tu espíritu.
Et cum spíritu tuo.
V. Levantemos el corazón.
Sursum corda.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Habémus ad Dóminum.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Grátias agámus Dómino Deo nostro.
R. Es justo y necesario.
Dignum et iustum est.
En verdad es justo y necesario darte gracias siempre, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno: Porque no dejas de alentarnos a tener una vida más plena y, como eres rico en misericordia, ofreces siempre tu perdón e invitas a los pecadores a confiar solo en tu indulgencia.
Nunca te has apartado de nosotros, que muchas veces hemos quebrantado tu alianza, y por Jesucristo tu Hijo, nuestro Redentor,
tan estrechamente te has unido a la familia humana, con un nuevo vínculo de amor,
que ya nada lo podrá romper.
Y ahora, mientras le ofreces a tu pueblo un tiempo de gracia y reconciliación, alientas a esperar en Cristo Jesús a quien se convierte a ti, y le concedes ponerse al servicio de todos los hombres, confiando más plenamente en el Espíritu Santo.
Por eso, llenos de admiración, ensalzamos la fuerza de tu amor y, proclamando la alegría de nuestra salvación, con todos los coros celestiales cantamos el himno de tu gloria diciendo sin cesar:
Vere dignum et iustum est nos tibi semper grátias ágere. Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: Qui ad abundantiórem vitam habéndam nos incitáre non désinis, et, cum sis dives in misericórdia, véniam offérre persevéras ac peccatóres invítas ad tuae solum indulgéntiae fidéndum.
A nobis autem, qui foedus tuum tóties violávimus, numquam avérsus, humánam famíliam per Iesum Fílium tuum, Redemptórem nostrum, novo caritátis vínculo tam arcte tibi iunxísti, ut nullo modo possit dissólvi.
Nunc quidem tempus grátiae et reconciliatiónis pópulo tuo praebes, eíque ad te ánimum converténti in Christo Iesu speráre concédis cunctísque homínibus tríbuis deservíre, dum plénius Spirítui Sancto se cóncredit.
Et ídeo, admiratióne perfúsi, tui amóris virtútem extóllimus nostrúmque de salúte gáudium profiténtes, cum innúmeris caeléstium turbis hymnum concínimus, sine fine dicéntes:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dóminus Deus Sábaoth. Pleni sunt caeli et terra glória tua. Hosánna in excélsis. Benedíctus qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis.

2. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Santo eres en verdad, Señor, que desde el principio del mundo obras siempre para que el hombre sea santo, como tú mismo eres santo.
Vere Sanctus es, Dómine, qui ab orígine mundi semper operáris ut, sicut Sanctus es ipse, sanctus fiat homo.

3. Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
Te pedimos que mires los dones de tu pueblo, y derrames sobre ellos la fuerza de tu Espíritu
Réspice, quaesumus, múnera pópuli tui et super ea Spíritus tui virtútem effúnde
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
para que se conviertan en el Cuerpo y + la Sangre
ut Corpus et + Sanguis fiant
Junta las manos
de tu amado Hijo, Jesucristo, en quien nosotros también somos hijos tuyos.
dilécti Fílii tui, Iesu Christi, in quo et nos fílii tui sumus.

Aunque en otro tiempo estábamos perdidos y éramos incapaces de acercarnos a ti, nos amaste hasta el extremo:
Quamvis vero olim pérditi tibi appropinquáre nequirémus, summo nos amóre dilexísti:
tu Hijo, que es el único Justo, se entregó a sí mismo a la muerte, aceptando ser clavado en la cruz por nosotros.
Fílius enim tuus, qui solus est Iustus, morti trádidit seípsum, ligno crucis pro nobis non dedignátus affígi.

Pero antes de que sus brazos, extendidos entre el cielo y la tierra, trazasen el signo indeleble de tu alianza, el mismo quiso celebrar la Pascua con sus discípulos.

Sed ántequam bráchia eius inter caelum et terram exténta efficeréntur tui foederis indelébile signum, ipse cum discípulis suis Pascha vóluit celebráre.

4. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Mientras comía con ellos,
Convéscens autem,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan y dando gracias te bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo:
accépit panem et tibi grátias agens benedíxit, fregit et dedit illis, dicens:
Se inclina un poco.
TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.
ACCÍPITE ET MANDUCATE EX HOC OMNES: HOC ESTE ENIM CORPUS MEUM, QUOD PRO VOBIS TRADETUR.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.

5. Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena, sabiendo que iba a reconciliar todas las cosas en sí mismo, por su sangre derramada en la cruz,
Simíliter, postquam cenátum est, sciens se ómnia in seípso reconciliatúrum per sánguinem suum in cruce fundéndum,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó el cáliz, lleno del fruto de la vid, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:
accépit cálicem, genímine vitis replétum, et íterum tibi grátias agens discípulis suis trádidit, dicens:
Se inclina un poco.
TOMAD Y BEBED TODOS DE ÉL, PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA QUE SERÁ DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.
HACED ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.
ACCÍPITE ET BÍBITE EX EO OMNES: HIC EST ENIM CALIX SÁNGUINIS MEI NOVI ET AETÉRNI TESTAMENTI, QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS EFFUNDETUR IN REMISSIONEM PECCATORUM.
HOC FÁCITE IN MEAM COMMEMORATIONEM.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

6. Luego dice:
Éste es el Misterio de la fe.
Mystérium fídei:
O bien:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
Mortem tuam annuntiámus, Dómine, et tuam resurrectiónem confitémur, donec vénias.
O bien:
Aclamemos el Misterio de la fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
Quotiescúmque manducámus panem hunc et cálicem bíbimus, mortem tuam annuntiámus, Dómine, donec vénias.
O bien:
Proclamemos el Misterio de la fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Sálvanos, Salvador del mundo, que nos has liberado por tu cruz y resurrección.
Salvátor mundi, salva nos, qui per crucem et resurrectiónem tuam liberásti nos.

7. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Así, pues, al hacer el memorial de tu Hijo Jesucristo, nuestra Pascua y nuestra paz verdadera, celebramos su muerte y resurrección de entre los muertos, y, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, Dios fiel y misericordioso, la víctima que reconcilia a los hombres contigo.
Mémores ígitur Fílii tui Iesu Christi, qui Pascha nostrum est et pax nostra certíssima, mortem eius et resurrectiónem ab ínferis celebrámus atque, beátum eius advéntum praestolántes, offérimus tibi, qui fidélis et miséricors es Deus, hóstiam, quae hómines tecum reconcíliat.

Mira bondadosamente, Padre misericordioso, a quienes unes a ti por el sacrificio de tu Hijo, y concédeles, por la fuerza del Espíritu Santo, que, participando de un mismo pan y de un mismo cáliz, formen en Cristo un solo cuerpo, en el que no haya ninguna división.
Réspice, benígnus, clementíssime Pater, quos tibi coniúngis Fílii tui sacrifício, ac praesta ut, Spíritus Sancti virtúte, ex hoc uno pane et cálice partícipes, in unum corpus congregéntur in Christo, a quo omnis auferátur divísio.

Guárdanos siempre en comunión de fe y amor, con nuestro papa N., y con nuestro obispo N.
In communióne mentis et cordis nos semper serváre dignéris una cum Papa nostro N. et Epíscopo nostro N.
Puede hacerse también mención del obispo coadjutor o de los obispos auxiliares. [y con el obispo coadjutor (auxiliar) N. o bien: y sus obispos auxiliares. El obispo, cuando celebra en su diócesis, dice: y conmigo, indigno siervo tuyo. o bien, cuando celebra un obispo que no es el ordinario diocesano, dice: con mi hermano N., obispo de esta Iglesia de N., y conmigo, indigno siervo tuyo.]

Ayúdanos a esperar la venida de tu reino hasta la hora en que nos presentemos a ti, santos entre lossantos del cielo, con santa María, la Virgen Madre de Dios, con los apóstoles y con todos los santos, y con nuestros hermanos difuntos, que confiamos humildemente a tu misericordia.
Adiuva nos, ut simul advéntum regni tui praestolémus usque ad horam qua tibi adstábimus, sancti inter sanctos in sede caelésti, cum beáta Vírgine Dei Genetríce María, beátis Apóstolis et ómnibus Sanctis atque frátribus nostris defúnctis, quos tuae misericórdiae supplíciter commendámus.

Entonces, liberados por fin de toda corrupción y constituidos plenamente en nuevas criaturas, te cantaremos gozosos la acción de gracias
Tum vero, a corruptiónis vúlnere tandem liberáti et nova plene constitúti creatúra, gaudéntes tibi canémus gratiárum actiónem
Junta las manos.
de tu Ungido, que vive eternamente.
Christi tui, in aetérnum vivéntis.

8. Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz, los eleva, y dice:
Por Cristo con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Per ipsum, et cum ipso, et in ipso, est tibi Deo Patri omnipoténti, in unitáte Spíritus Sancti, omnis honor et glória per omnia saecula saeculórum.
El pueblo aclama:
Amén.

Después sigue el rito de la comunión.

jueves, 9 de enero de 2014

14 de febrero, Santa María Virgen, Madre del amor hermoso, Fiesta.

Calendario propio de la Prelatura del Opus Dei.

14 de febrero
SANTA MARÍA VIRGEN, MADRE DEL AMOR HERMOSO
Fiesta

Antífona de entrada Cf. Ct 6, 10; Lc 1, 42
Todo es hermoso y agradable en ti, Hija de Sión, hermosa como la luna y límpida como el sol, bendita entre las mujeres.
Tota formósa et suávis es, Filia Sion, pulchra tu luna, elécta tu sol, in muliéribus benedicta.

Se dice Gloria

Oración colecta
Interceda por nosotros, Señor, la gloriosa Virgen María, que, adornada con los dones del Espíritu Santo, te agradó a ti y engendró para nosotros a tu Hijo Unigénito, el más bello de los hombres, para que, rechazando la fealdad del pecado, busquemos sin cesar la belleza de la gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.
Intercédat pro nobis, Dómine, gloriósa Virgo María, quae, Sancti Spíritus decoráta munéribus, tibi plácuit nobísque génuit Unigénitum tuum, speciósum prae fíliis hóminum, ut, a foeditáte peccáti abhorréntes, spiritális pulchritúdinis amatóres efficiámur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas propias de la fiesta de Santa María Virgen, Madre del Amor Hermoso.

PRIMERA LECTURA Eclo 24, 17-22
Yo soy la madre del amor hermoso
Lectura del libro del Eclesiástico.

Como vid hermosa retoñé: mis flores y frutos son bellos y abundantes. Yo soy la madre del amor hermoso, del temor, del conocimiento y de la esperanza santa. En mí está toda gracia de camino y de verdad, en mí toda esperanza de vida y de virtud.
Venid a mí, los que me amáis, y saciaos de mis frutos; mi nombre es más dulce, que la miel, y mi herencia, mejor que los panales. El que me come tendrá más hambre, el que me bebe tendrá más sed; el que me escucha no fracasará, el que me pone en práctica no pecará; el que me honra poseerá la vida eterna.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial 1 Sam 2, 1. 4-5. 6-7. 8abcd (R.: 1a)
R. Mi corazón se regocija en el Señor, mi salvador.
Exsultávit cor meum in Dómino Salvatóre meo.

V. Mi corazón se regocija en el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
R. Mi corazón se regocija en el Señor, mi salvador.
Exsultávit cor meum in Dómino Salvatóre meo.

V. Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía.
R. Mi corazón se regocija en el Señor, mi salvador.
Exsultávit cor meum in Dómino Salvatóre meo.

V. El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.
R. Mi corazón se regocija en el Señor, mi salvador.
Exsultávit cor meum in Dómino Salvatóre meo.

V. Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria.
R. Mi corazón se regocija en el Señor, mi salvador.
Exsultávit cor meum in Dómino Salvatóre meo.

Aleluya Cf. Lc 2, 19
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Dichosa es la Virgen María que conservaba la palabra de Dios, meditándola en su corazón. R.
Beáta Virgo María, quae conservábat verbum Dei, cónferens in corde suo.

EVANGELIO Lc 2, 41-51
Conservaba todo esto en su corazón
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
R. Gloria a ti, Señor.

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.
Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.
Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración de los fieles

Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Señor, que nos sea provechosa la ofrenda que te dedicamos, para que, recorriendo con la Virgen María el hermoso camino de la santidad, nos renovemos con la participación en tu vida divina y merezcamos llegar a la contemplación de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Dicátae tibi, Dómine, quaésumus, capiámus oblatiónis efféctum, ut, cum beáta Vírgine viam pulchritúdinis percurréntes, caeléstis vitae proféctibus innovémur et ad tuam glóriam contemplándam perveníre mereámur. Per Christum.

Prefacio. MARÍA ES TODA HERMOSA
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, y proclamar tu grandeza en esta festividad de la santísima Virgen María.
Ella fue hermosa en su concepción, y, libre de toda mancha de pecado, resplandece adornada con la luz de la gracia; hermosa en su maternidad virginal, por la cual derramó sobre el mundo el resplandor de tu gloria, Jesucristo, tu Hijo, salvador y hermano de todos nosotros; hermosa en la pasión y muerte del Hijo, vestida con la púrpura de su sangre, como mansa cordera que padeció con el Cordero inocente, recibiendo una nueva función de madre;
hermosa en la resurrección de Cristo, con el que reina gloriosa, después de haber participado en su victoria.
Por él, los ángeles y los arcángeles te adoran eternamente, gozosos en tu presencia. Permítenos unimos a sus voces cantando tu alabanza:
Vere dignum et iustum est, aequum et salutare, nos tibi, sancte Pater, semper et ubíque grátias ágere, et in hac festivitate beátae Vírginis Mariae, te débitis magnificáre praecóniis.
Illa pulchra fuit in conceptióne, qua, ab omni peccáti labe immúnis, decóra renídet grátiae fulgóre;
pulchra in partu virgináli, quo Fílium, splendórem glóriae tuae, mundo prótulit ómnium nostrum salvatórem et fratrem;
pulchra in Fílii passióne, eius purpuráta cruóre, mitis agna mitíssimo Agna compátiens, novo matris ornáta múnere;
pulchra in Christi resurrectióne, cum quo regnat gloriósa, eius victóriae consors effécta.
Per quem maiestátem tuam adórat exércitus Angelórum, ante conspéctum tuum in aeternitáte laetántium. Cum quibus et nostras voces tu admítti iúbeas, deprecámur, sócia exsultatióne dicéntes:
Santo, Santo, Santo...

PLEGARIA EUCARÍSTICA I o III.

Antífona de comunión Cf Jdt 11, 21
No hay mujer como ésta en toda la tierra en el aspecto y en la hermosura y en la sensatez de sus palabras.
Non est talis múlier super terram in aspéctu, et in pulchritúdine, et in sensu verbórum.

Oración después de la comunión
Protege, Señor, continuamente a los que alimentas con tus sacramentos, y a quienes has dado por madre a la Virgen María, radiante de hermosura por sus virtudes, concédenos avanzar por las sendas de la santidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Perpétuo, Dómine, favóre proséquere, quos réficis divíno mystério, et, quibus beátam Vírginem Matrem dedísti speciósam ornaménto virtútum, concéde per sémitas iustítiae iúgiter ambuláre. Per Christum.

Puede utilizarse la bendición solemne. Santa María Virgen
Dios, que en su providencia amorosa quiso salvar al género humano por el fruto bendito del seno de la Virgen María, os colme de sus bendiciones.
Deus, qui per beátae Maríae Vírginis partum genus humánum sua vóluit benignitáte redímere, sua vos dignétur benedictióne ditáre.
R. Amén.
Que os acompañe siempre la protección de la Virgen, por quien habéis recibido al Autor de la vida.
Eiúsque semper et ubíque patrocínia sentiátis, per quam auctórem vitae suscípere meruístis.
R. Amén.
Y a todos vosotros, reunidos hoy para celebrar con devoción esta fiesta de María, el Señor os conceda la alegría del Espíritu y los bienes de su reino.
Et qui hodiérna die devótis méntibus convenístis, spiritálium gaudiórum caelestiúmque praemiórum vobíscum múnera reportétis.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
Et benedíctio Dei omnipoténtis, Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti, descéndat super vos et máneat semper.
R. Amén.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Jueves 23 enero 2014, San Ildefonso, obispo, Fiesta en Madrid.

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
En la ciudad de Toledo, en la Hispania Tarraconense (hoy España), san Ildefonso, que fue monje y rector de su cenobio, y después elegido obispo. Autor fecundo de libros y de textos litúrgicos, se distinguió por su gran devoción hacia la Santísima Virgen María, Madre de Dios. (667)

23 de enero
SAN ILDEFONSO, OBISPO
Fiesta
COMMUNE PASTORUM
II. PRO EPISCOPO 2.
Antífona de entrada Jr 3, 15
Os daré pastores conforme a mi corazón, que os apacienten con ciencia y experiencia.
Antiphona ad introitum Jr 3, 15
Dabo vobis pastóres iuxta cor meum, et pascent vos sciéntia et doctrina.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excelsis.
Oración colecta
Dios topoderoso, que hiciste a san Ildefonso insigne defensor de la virginidad de María; concede a los que creemos en este privilegio de la Madre de tu Hijo, sentirnos amparados por su poderosa y materna intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Dómine Deus, qui beátum N. caelésti doctrína imbúere dignátus es, da nobis, ipsíus intervéntu, eándem doctrínam fidéliter custodíre, et móribus profitéri. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas propias de la fiesta de san Ildefonso.

PRIMERA LECTURA
Quise más la sabiduría que la Salud y la belleza
Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-10. 15-16
Supliqué, y Se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La prefería a cetros y tronos, y en su comparación tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro. La quise más que la salud y la belleza, me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Todos los bienes juntos me vinieron con ella, había en sus manos riquezas incontables.
Que me conceda Dios saber expresar y pensar como corresponde a ese don, pues él es el mentor de la sabiduría y quien marca el camino a los sabios. Porque en sus manos estamos nosotros y nuestras palabras, y toda la prudencia y el talento.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 18, 8. 9. 10. 11.
R. Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R.
Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

ALELUYA.
Yo soy la vid, y vosotros sois los sarmientos —dice el Señor-. El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí, no podéis hacer nada.

EVANGELIO
¿Por qué me llamáis “Señor, Señor” y no hacéis lo que digo?
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 43-49
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos:
—“No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano.
Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca.
¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?
El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone por obra, se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó, y quedó hecha una gran ruina”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Benedicto XVI, Homilía 13 de septiembre de 2008
Él mismo nos ha enseñado a huir de la idolatría y nos invita a construir nuestra casa "sobre roca" (Lc 6, 48). ¿Quién es esta roca sino Él mismo? Nuestros pensamientos, palabras y obras sólo adquieren su verdadera dimensión si las referimos al mensaje del Evangelio. "Lo que rebosa del corazón, lo habla la boca" (Lc 6, 45). Cuando hablamos, ¿buscamos el bien de nuestro interlocutor? Cuando pensamos, ¿tratamos de poner nuestro pensamiento en sintonía con el pensamiento de Dios? Cuando actuamos, ¿intentamos difundir el Amor que nos hace vivir? Como dice una vez más San Juan Crisóstomo: "Si ahora todos participamos del mismo pan, y nos convertimos en la misma sustancia, ¿por qué no mostramos todos la misma caridad? ¿Por qué, por lo mismo, no nos convertimos en un todo único?... Oh hombre, ha sido Cristo quien vino a tu encuentro, a ti que estabas tan lejos de Él, para unirse a ti; y tú, ¿no quieres unirte a tu hermano?" (Homilía 24 sobre la Primera Carta a los Corintios, 2).

Oración de los fieles
396. Al recordar al obispo san Ildefonso, que fue una guía luminosa para su pueblo con el ejemplo y la palabra, pidamos al Padre que continúe ayudando a su Iglesia a crecer en santidad.
- Para que el testimonio de los santos pastores nos estimule a caminar por las sendas de la perfección evangélica. Roguemos al Señor.
- Para que las palabras del Papa, del obispo y de los sacerdotes sea portadora de luz y de esperanza. Roguemos al Señor.
- Para que Dios ilumine a los que tienen responsabilidades públicas para que gobiernen con absoluto respeto a los valores espirituales y morales. Roguemos al Señor.
- Para que el Señor conceda a todos los ministros de la Palabra la fortaleza necesaria para denunciar los pecados de nuestro tiempo. Roguemos al Señor.
- Para que ante el ejemplo de fe y de buenas obras de san Ildefonso, nos sintamos movidos a llevar a la práctica sus enseñanzas. Roguemos al Señor.
Señor, dirige tu mirada bondadosa sobre este pueblo que te invoca con humildad y esperanza; por intercesión de san Ildefonso, te pedimos que nunca falten en tu Iglesia pastores virtuosos y sabios para conducirla hacia la patria futura. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Dios todopoderoso, que este sacrificio que te ofrece tu pueblo en la fiesta de san Ildefonso, traiga consigo los dones del cielo que esperamos de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, Dómine, haec múnera pópuli tui, quae tibi in beáti N. festivitáte offérimus, ut per éadem, sicut confídimus, tuae pietátis sentiámus auxílium. Per Christum.
PREFACIO DE LOS SANTOS PASTORES
La presencia de los santos Pastores en la Iglesia
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque nos concedes la alegría de celebrar hoy la fiesta de san N., fortaleciendo a tu Iglesia con el ejemplo de su vida, instruyéndola con su palabra y protegiéndola con su intercesión.
Por eso, con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO DE SANCTIS PASTORIBUS
De praesentia sanctorum Pastorum in Ecclesia
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Quia sic tríbuis Ecclésiam tuam sancti N. festivitáte gaudére, ut eam exémplo piae conversatiónis corróbores, verbo praedicatiónis erúdias, gratáque tibi supplicatióne tueáris.
Et ídeo, cum Angelórum atque Sanctórum turba, hymnum laudis tibi cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de comunión
Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -dice el Señor-.
Antiphona ad communionem Ez 34, 15
Ego pascam oves meas, et ego eas accubáre fáciam, dicit Dóminus.
Oración después de la comunión
Alimentados por el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, te suplicamos, Señor, que lo que hemos celebrado con piedad sincera, en la fiesta de san Ildefonso, produzca en nosotros los frutos de una plena redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Córporis sacri et pretiósi Sánguinis alimónia repléti, quaesumus, Dómine Deus noster, ut, quod pia devotióne gérimus, certa redemptióne capiámus. Per Christum.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Común de la Bienaventurada Virgen María. Tiempo de Navidad.


COMÚN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA. III. En tiempo de Navidad

Antífona de entrada
La Madre engendró al Rey, que tiene un nombre eterno; al gozo de la maternidad se une el honor de la virginidad. Nadie ha sido semejante a ella, ni antes ni después.
Génuit puérpera Regem, cui nomen aetérnum, et gáudia matris habens cum virginitátis honóre: nec primam símilem visa est, nec habére sequéntem.
O bien:
Virgen Madre de Dios, el que no cabe en el universo, al hacerse hombre, se encerró en tu seno.
Virgo Dei Génetrix, quem totus non capit orbis, in tua se clausit víscera factus homo.

Oración colecta
Oh, Dios, que por la maternidad virginal de santa María entregaste a los hombres los bienes de la salvación eterna, concédenos experimentar la intercesión de aquella por quien hemos merecido recibir al autor de la vida, tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Él, que vive y reina contigo.
Deus, qui salútis aetérnae, beátae Maríae virginitáte fecúnda, humáno géneri praemia praestitísti, tríbue, quaesumus, ut ipsam pro nobis intercédere sentiámus, per quam merúimus Fílium tuum auctórem vitae suscípere, Dóminum nostrum Iesum Christum, Fílium tuum. Qui tecum.
O bien:
Oh, Dios, tú quisiste que naciera del seno de una Virgen el Verbo engendrado por ti desde la eternidad; concédenos, por intercesión de santa María, que ilumine nuestras tinieblas con el resplandor de su presencia y que, de su plenitud, recibamos la alegría y la paz. Por nuestro Señor Jesucristo.
Deus, cuius Verbum ab aetérno génitum ex Vírginis útero procédere voluísti, concéde, quaesumus, ut, beáta María intercedénte, splendóre praeséntiae suae nostras illúminet ténebras, ac de sua plenitúdine donet nobis laetítiam et pacem. Qui tecum.


Oración de los fieles
Hermanos, en este tiempo en que se ha manifestado la bondad de Dios, nuestro Salvador, hecho hombre, elevemos nuestras súplicas, confiando no en las obras de nuestra justicia, sino en la infinita misericordia de Dios, que es nuestro Padre.
- Por la santa Iglesia de Dios, para que espere con fe y reciba con gozo a Jesucristo, a quien la Virgen Inmaculada concibió y dio a luz inefablemente. Roguemos al Señor.
- Por todos los pueblos de la tierra, para que Dios hecho Niño instaure la paz que vino a traer con su nacimiento. Roguemos al Señor.
- Por los que sufren hambre, enfermedad o soledad, para que sean
ayudados en su cuerpo y en alma por el misterio del nacimiento de Cristo. Roguemos al Señor.
- Por las familias de nuestra comunidad, para que aprendan a recibir a Cristo, acogiéndolo en los pobres. Roguemos al Señor.
Señor Dios nuestro, que te encomiende nuestras súplicas la Virgen María, que mereció llevar en su seno al Dios, hecho hombre, Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
Al celebrar, Señor, los días santos consagrados por el nacimiento de tu Unigénito en el tiempo y por el parto de la Virgen María, te pedimos que esta ofrenda nos santifique y nos conceda renacer en él. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Beáta témpora celebrántes, quae per temporálem Unigéniti tui nativitátem et partum Maríae Vírginis consecrásti, haec oblátio, quaesumus, Dómine, nos sanctíficet, atque in illo tríbuat renásci. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.

PLEGARIA EUCARÍSTICA IV.

Antífona de la comunión Cf. Lc 11, 27
Bienaventurado el vientre de la Virgen María, porque llevó al Hijo del eterno Padre.
Beáta víscera Maríae Vírginis, quae portavérunt aetérni Patris Fílium.

Oración después de la comunión
Alimentados por el Cuerpo y la Sangre de tu Verbo encamado, te pedimos, Señor, que estos divinos misterios, recibidos con gozo en la memoria de la santísima Virgen María, nos hagan siempre partícipes de la divinidad de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Incarnáti Verbi tui Córpore et Sánguine refécti, quaesumus, Dómine, ut haec divína mystéria, quae in commemoratióne beátae Vírginis Maríae laetánter accépimus, eiúsdem Fílii tui divinitátis partícipes nos semper effíciant. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.