domingo, 9 de abril de 2017

Formulario Segundo, Modelo A, del Matrimonio en la Misa.

Ritual del Matrimonio (2ª edición)

Capítulo I. CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO DENTRO DE LA MISA

FORMULARIO SEGUNDO: TEXTOS ALTERNATIVOS

Modelo A

RITOS INICIALES

88. Ver números 47-53 (a continuación).

PRIMER MODO

47. A la hora convenida, el sacerdote, revestido de alba, estola y casulla del color de la Misa que se celebra, se dirige, junto con los ayudantes, a la puerta de la iglesia, recibe a los novios y los saluda afablemente, haciéndoles saber que la Iglesia comparte su alegría.
48. Luego se hace la procesión hacia el altar: preceden los ayudantes, sigue el sacerdote, después los novios, a los que, según las costumbres locales, pueden acompañar honoríficamente, por lo menos los padres y dos testigos, hasta el lugar que tienen preparado. Mientras, se entona el canto de entrada o se toca festivamente el órgano u otro instrumento.
49. Respecto al lugar preparado para los novios, conviene tener en cuenta, a ser posible, que queden situados de tal modo que no den la espalda a la asamblea.
50. El sacerdote se acerca al altar, lo saluda con una inclinación profunda y lo venera con un beso. Después va a la sede.
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SEGUNDO MODO

51. A la hora convenida, el sacerdote, revestido de alba, estola y casulla del color de la Misa que se celebra, se dirige, junto con los ayudantes, al lugar preparado para los novios.
52. Cuando los novios han llegado a su lugar, el sacerdote los recibe y los saluda afablemente, haciéndoles saber que la Iglesia comparte su alegría.
53. Luego, mientras se entona el canto de entrada o se toca festivamente el órgano u otro instrumento, se acerca al altar, lo saluda con una inclinación profunda y lo venera con un beso. Después va a la sede.
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89. Terminado el canto de entrada, el sacerdote y los fieles, de pie, se santiguan, mientras el sacerdote dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.

El sacerdote, extendiendo las manos, saluda al pueblo con las siguientes palabras:

La gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo,
que nos amó hasta entregarse por nosotros,
estén con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

Puede utilizar cualquiera de las otras fórmulas que propone el Misal Romano.

90. Luego saluda brevemente a los novios y a los presentes, para disponerlos a la celebración del Matrimonio, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos novios y hermanos todos:
El sacramento del Matrimonio que vamos a celebrar ante esta comunidad, presidida por su testigo legítimo, es un acontecimiento gozoso. Jesús, el Señor, y María su Madre también compartieron con alegría la fiesta de unas bodas en Caná de Galilea. Con su presencia significaban cuánto bendice Dios el amor de un hombre y una mujer que se comprometen a construir un nuevo hogar en fidelidad. El agua convertida en vino, adelantando la hora del Maestro, es signo del amor que Jesús-Esposo profesa a la Iglesia-Esposa, por la que derramó su sangre. Pero el amor de estos novios, santificado en el Matrimonio, se convierte en signo del de Cristo hacia la Iglesia.
Oremos todos por la fecundidad esponsal, paternal y de servicio a la comunidad de este nuevo Matrimonio.

Se omite el acto penitencial.

ORACIÓN COLECTA

91. El rito de entrada concluye con la oración «colecta». Si el día de la celebración coincide con alguno de los reseñados en los números 1-4 de la tabla de los días litúrgicos, se dice la Misa del día. En los demás casos, se dice esta colecta u otra de las propias de la Misa ritual (núms. 357 y 359). Igualmente se hará con la oración sobre las ofrendas y la oración después de la comunión.

Oremos.
Dios todopoderoso, a estos hijos tuyos,
que van a unirse por el sacramento del Matrimonio,
concédeles crecer en la fe
y, con su descendencia, acrecentar la Iglesia.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo y es Dios
por los siglos de los siglos.
R. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

92. Ver números 59-61 (a continuación).

59. La liturgia de la palabra se realiza en la forma acostumbrada. Pueden hacerse tres lecturas, la primera de las cuales será del Antiguo Testamento, o del Apocalipsis en Tiempo Pascual (núms. 374-419: Antiguo TestamentoNuevo TestamentoSalmos y AleluyasEvangelios).
Se elegirá siempre por lo menos una de las lecturas que hablen explícitamente del Matrimonio, las cuales están señaladas con un asterisco (*).

60. Cuando no se dice la Misa ritual, una de las lecturas puede tomarse de las que propone el Leccionario para esta Misa (capítulo V de este Ritual, núms. 374-419: Antiguo TestamentoNuevo TestamentoSalmos y AleluyasEvangelios), a no ser que concurra uno de los días reseñados en los números 1-de la tabla de los días litúrgicos.
Aquí se proponen aquellas lecturas que expresan de modo peculiar la importancia y dignidad del Matrimonio en el misterio de la salvación.

PRIMERA LECTURA
Hombre y mujer los creó
Lectura del libro del Génesis. 1, 26-28. 31a

Dijo Dios:
«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.»
Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo:
«Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.»
Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Sal 127(128), 1-2. 3. 4-5ac y 6a (R.: 4)
R. Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R.

Ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sion,
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos. R.

SEGUNDA LECTURA
Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios. 5, 2a. 25-32

Hermanos:
Vivid en el amor como Cristo nos amó y se entregó por nosotros
a Dios.
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia.
Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son.
Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.
«Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.»
Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

Palabra de Dios.

ALELUYA Y VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Sal 133 (134), 3
R. Aleluya.
El Señor os bendiga desde Sion,
el que hizo cielo y tierra.
R. Aleluya.

En Tiempo de Cuaresma: Cf. 1Jn 4, 16b. 12. 11
R. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.
Dios es amor;
amémonos unos a otros como Dios nos amó.
R. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

EVANGELIO
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo. 19, 3-6

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba:
«¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?»
Él les respondió:
«¿No habéis leído que el Creador, en el principio, "los creó hombre y mujer", y dijo: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne"? De modo que ya no son dos, sino una sola carne.
Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»

Palabra del Señor.

O bien:

En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos
+ Lectura del santo evangelio según san Juan. 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo:
«No les queda vino.»
Jesús le contestó:
«Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»
Su madre dijo a los sirvientes:
«Haced lo que él diga.»
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo:
«Llenad las tinajas de agua.»
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó:
«Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

Palabra del Señor.

61. Después de la lectura del Evangelio, el sacerdote, en la homilía, explica, partiendo del texto sagrado, el misterio del Matrimonio cristiano, la dignidad del amor conyugal, la gracia del Sacramento y las obligaciones de los cónyuges, atendiendo, sin embargo, a las diversas circunstancias de las personas.

CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO

93. Cuando se celebran dos o más Matrimonios a la vez, el interrogatorio antes del consentimiento, el mismo consentimiento, como también la aceptación del consentimiento, se harán siempre en singular para cada Matrimonio; lo demás, sin excluir la misma bendición nupcial, se dirá una sola vez en plural para todos.

MONICIÓN

94. Puestos en pie todos, incluso los novios, y situados los testigos a uno y otro lado, el sacerdote se dirige a los novios, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos:
Estamos aquí, junto al altar, para que Dios garantice con su gracia vuestra voluntad de contraer Matrimonio ante el ministro de la Iglesia y la comunidad cristiana ahora reunida. Cristo bendice copiosamente vuestro amor conyugal, y él, que os consagró un día con el santo Bautismo, os enriquece hoy y os da fuerza con un Sacramento peculiar para que os guardéis mutua y perpetua fidelidad y podáis cumplir las demás obligaciones del Matrimonio. Por tanto, ante esta asamblea, os pregunto sobre vuestra intención.

ESCRUTINIO

95. Entonces el sacerdote los interroga acerca de la libertad, la fidelidad y la aceptación y educación de la prole, y a cada pregunta ellos responden.

V. N. y N., ¿venís a contraer Matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente?
R. Sí, venimos libremente.
V. ¿Estáis decididos a amaros y respetaros mutuamente, siguiendo el modo de vida propio del Matrimonio, durante toda la vida?
R. Sí, estamos decididos.
La siguiente pregunta se puede omitir si las circunstancias lo aconsejan, por ejemplo, si los novios son de edad avanzada.
V. ¿Estáis dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de la Iglesia?
R. Sí, estamos dispuestos.

CONSENTIMIENTO

96. El sacerdote los invita a expresar el consentimiento:

Así, pues, ya que queréis contraer santo Matrimonio, unid vuestras manos y manifestad vuestro consentimiento ante Dios y su Iglesia.

Se dan la mano derecha.

97. El varón dice:
Yo, N., te recibo a ti, N., como legítima mujer mía y me entrego a ti como legítimo marido tuyo, según lo manda la santa Madre Iglesia católica.

La mujer dice:
Yo, N., te recibo a ti, N., como legítimo marido mío, y me entrego a ti como legítima mujer tuya, según lo manda la santa Madre Iglesia católica.
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98. Si parece más oportuno, el sacerdote puede solicitar el consentimiento de los contrayentes por medio de un interrogatorio.
En primer lugar interroga al varón:
N., ¿quieres recibir a N. como esposa, y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarla y respetarla todos los días de tu vida?
El varón responde:
Sí, quiero.

A continuación el sacerdote interroga a la mujer:
N., ¿quieres recibir a N. como esposo, y prometes serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?
La mujer responde:
Sí, quiero.
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CONFIRMACIÓN DEL CONSENTIMIENTO

99. Luego el sacerdote que recibe el consentimiento dice a los esposos:

El Señor confirme con su bondad
este consentimiento vuestro
que habéis manifestado ante la Iglesia
y os otorgue su copiosa bendición.
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

O bien:

El Dios de Abrahán,
el Dios de Isaac,
el Dios de Jacob,
el Dios que unió a nuestros primeros padres en el paraíso
confirme este consentimiento mutuo
que os habéis manifestado ante la Iglesia
y, en Cristo, os dé su bendición,
de forma que lo que Dios ha unido,
no lo separe el hombre.

100. El sacerdote invita a los presentes a alabar a Dios:
Bendigamos al Señor.
Todos responden:
Demos gracias a Dios.

Puede proferirse otra aclamación.

101. En este momento, según las costumbres locales, el esposo levanta el velo con que la esposa cubre su rostro.

BENDICIÓN Y ENTREGA DE LOS ANILLOS

102. El sacerdote dice:

Bendice +, Señor, estos anillos
para que quienes los lleven
cumplan siempre tu voluntad,
se guarden íntegra fidelidad el uno al otro
y vivan en paz amándose siempre.
R. Amén.

Según la oportunidad, asperja los anillos y los entrega a los esposos.

103. El esposo introduce en el dedo anular de la esposa el anillo a ella destinado, diciendo, según la oportunidad:

N., recibe esta alianza,
en señal de mi amor y fidelidad a ti.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Asimismo la esposa introduce en el dedo anular del esposo el anillo a él destinado, diciendo, según la oportunidad:

N., recibe esta alianza
en señal de mi amor y fidelidad a ti.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
_____________________________________________

BENDICIÓN Y ENTREGA DE LAS ARRAS

104. Según las costumbres locales se puede realizar a continuación el rito de la bendición y entrega de las arras.
El sacerdote dice:
Bendice +, Señor, estas arras,
que N. y N. se entregan,
y derrama sobre ellos la abundancia de tus bienes.

El esposo toma las arras y las entrega a la esposa, diciendo:
N., recibe estas arras
como prenda de la bendición de Dios
y signo de los bienes que vamos a compartir.

La esposa igualmente las entrega al esposo, diciendo:
N., recibe estas arras
como prenda de la bendición de Dios
y signo de los bienes que vamos a compartir.
___________________________________________

105. Entonces toda la comunidad puede entonar un himno o un canto de alabanza:

Cantemos al Señor, que ha creado y bendecido vuestro amor.
Cantemos al Señor, que ha creado y bendecido vuestro amor.

ORACIÓN DE LOS FIELES

106. Luego se hace, en la forma acostumbrada, la oración universal (de la cual se proponen algunos modelos más en los números 75, 136 y 172).

V. Oremos, hermanos, a Dios Padre, de quien viene toda bendición, para que colme de gozo y paz a los nuevos esposos, a cuantos estamos aquí reunidos, a la Iglesia universal y a todos los hombres de la tierra.

Para que todo el pueblo cristiano progrese en santidad. Roguemos al Señor.

Para que nuestros hermanos N. y N., que se han unido en Matrimonio, vivan con salud y prosperidad. Roguemos al Señor.

Para que su Matrimonio sea santificado como el de Caná de Galilea. Roguemos al Señor.

La siguiente petición se puede omitir si las circunstancias lo aconsejan, por ejemplo, si los esposos son de edad avanzada:
— Para que Dios les dé hijos que sean siempre su gozo y su corona. Roguemos al Señor.

Para que tengan un amor perfecto y una paz y felicidad estables. Roguemos al Señor.

Para que todos los que se preparan al Matrimonio tengan conciencia de las exigencias de la fidelidad y del amor. Roguemos al Señor.

Para que todos los Matrimonios, en el amor mutuo y en la fidelidad constante, sean en nuestra sociedad fermento de paz y unidad. Roguemos al Señor.

V. Dios todopoderoso,
autor de toda gracia y de todo bien:
te pedimos por estos nuevos esposos
que con gozo han venido a celebrar su Matrimonio;
escucha nuestra oración
y concédeles vivir juntos largo tiempo,
ser fieles el uno al otro
y sentirse felices en tu gracia y en tu paz.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

Después se dice el Credo, si las rúbricas lo prescriben.

LITURGIA EUCARÍSTICA

107. En la preparación de los dones, el esposo y la esposa pueden llevar el pan y el vino al altar, según la oportunidad.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

108. Cuando se puede celebrar la Misa ritual, se emplea la siguiente oración, u otra de las propuestas para esta Misa (núms. 362 y 363).

Recibe en tu bondad, Señor,
los dones que te presentamos con alegría,
y guarda con amor de Padre
a quienes has unido en alianza sacramental.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

109. En la Misa ritual se emplea uno de los prefacios propios (núms. 364-366).

110. En la Plegaria eucarística se hace conmemoración de los nuevos esposos, empleando la fórmula propuesta en los números 367-370.

BENDICIÓN NUPCIAL

111. Ver números 81, 141 y 178.

112. Los esposos se acercan al altar o, según la oportunidad, permanecen en su lugar, y se arrodillan.
El sacerdote, con las manos juntas, invita a los presentes a orar con estas palabras:

Invoquemos, hermanos, sobre estos esposos la bendición de Dios,
para que proteja con su auxilio a quienes ha unido en el sacramento
del Matrimonio.

Todos, durante un espacio de tiempo, oran en silencio.

113. Luego el sacerdote, con las manos extendidas sobre los esposos, continúa:

Padre santo, autor del universo,
que creaste al hombre y la mujer a tu imagen,
y has bendecido la unión matrimonial.
Te rogamos humildemente por estos hijos tuyos
que hoy se unen en alianza de bodas.
Descienda, Señor, sobre esta esposa N.
y sobre su esposo N.
tu abundante bendición,
y que la gracia de tu Espíritu Santo
inflame desde el cielo sus corazones,
para que en el gozo de su mutua entrega
se vean rodeados de hijos,
riqueza de la Iglesia.
Que en la alegría te alaben, Señor,
y en la tristeza te busquen;
en el trabajo encuentren el gozo de tu ayuda
y en la necesidad sientan cercano tu consuelo;
que participen en la oración de tu Iglesia,
y den testimonio de ti entre los hombres;
y, después de una feliz ancianidad,
lleguen al reino de los cielos con estos amigos,
que hoy les acompañan.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

114. A continuación, omitiendo la oración Señor Jesucristo, se dice La paz del Señor. Entonces los esposos y todos se intercambian una señal de paz y de caridad.

115. Los esposos y sus padres, los testigos y los parientes pueden recibir la comunión bajo las dos especies.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

116. Cuando se puede celebrar la Misa ritual, se emplea la siguiente oración, u otra de las propuestas para esta Misa (núms. 371 y 373).

Oremos.
Después de participar en tu mesa, Señor,
te pedimos por N. y N.,
que hoy se han unido en santo Matrimonio,
para que te sean siempre fieles
y sean testigos de tu amor.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

CONCLUSIÓN DE LA CELEBRACIÓN

117. Al final de la Misa el sacerdote bendice a los esposos y al pueblo, diciendo:

Dios, Padre eterno, os conserve en el amor,
para que la paz de Cristo habite en vosotros
y permanezca siempre en vuestro hogar.
R. Amén.
.
V. Que seáis bendecidos en los hijos,
encontréis consuelo en los amigos
y tengáis verdadera paz con todos.
R. Amén.

V. Que Dios os haga testimonio de su amor en el mundo,
que los pobres y afligidos os encuentren bondadosos,
y os reciban alegres un día en el reino eterno de Dios.
R. Amén.

V. Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes,
os bendiga Dios todopoderoso,
Padre, + Hijo y Espíritu Santo.
R. Amén.

118. Terminada la Misa, los testigos y el sacerdote firman el acta de Matrimonio. El acto de firmar puede hacerse en la sacristía o en presencia del pueblo; pero no debe hacerse sobre el altar.