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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Otros textos para reconciliar a varios penitentes: Invocaciones penitenciales.

Ritual de la Penitencia (2 de diciembre de 1973)

Capítulo IV. Textos variados que pueden emplearse en la celebración de la reconciliación.

B. Para reconciliar a varios penitentes

VI. INVOCACIONES PENITENCIALES

Ha de elegirse, al menos, una de ellas para pedir la verdadera contrición.

273. Cuando la oración se dirige al Padre:

I

Para que a nosotros, pecadores, que hemos manchado con nuestra culpa la limpieza de la Iglesia, nos
concedas el perdón total de nuestras culpas, y nos devuelvas a la plena comunión con los hermanos:
R. Te rogamos, óyenos.
(o bien: Ten misericordia de nosotros, Señor).

Puede utilizarse alguna otra forma de respuesta que se juzgue oportuna.

- Para que, poniendo nuestra confianza únicamente en tu mise­ricordia, nos admitas al sacramento de la reconciliación. R.

- Para que colaboremos sinceramente a nuestra conversión y a la de los hermanos, con la caridad, el ejemplo y la oración. R.

- Para que, a quienes hoy confesamos nuestros pecados, nos li­bres de la servidumbre del mal, y nos lleves a la libertad de los hijos de Dios. R.

- Para que, reconciliados contigo y con los hermanos, hagas de nosotros un signo vivo de tu amor en el mundo. R.

- Para que, por el sacramento de la reconciliación, recibamos la abundancia de tu paz, y nos comprometamos a trabajar eficaz­mente por ella en el mundo. R.

- Para que, con este signo de tu amor, por el que perdonas nuestros pecados, aprendamos a amar a los hermanos y a perdonar­les sus ofensas. R.

- Para que nos revistas con el traje de bodas a quienes suplicamos tu misericordia y podamos así participar en tu banquete. R.

- Para que, perdonados nuestros pecados, nos conduzcas por ca­minos de justicia y amor y nos concedas llegar al premio de la paz eterna. R.

- Para que ilumines con tu luz nuestras tinieblas y nos conduzcas por el camino de la verdad. R.

- Para que, por la gloria de tu nombre, nos veamos misericordio­samente liberados del mal que experimentamos por nuestros pecados. R.

- Para que a los librados piadosamente de las ataduras del pecado, los protejas con tu poder de toda adversidad. R.

- Para que, al vernos débiles, no te irrites por nuestra maldad, sino que por tu inmensa misericordia nos purifiques, nos ins­truyas y nos salves. R.

- Para que tu misericordia nos libre del hombre viejo y nos haga capaces de una nueva vida. R.

- Para que, quienes hemos abandonado tus caminos, volvamos a la senda de la justicia, el amor y la paz. R.

- Para que, destruida nuestra maldad que daña, venza tu mise­ricordia que redime. R.

- Para que, al destruir nuestras antiguas culpas, nos preparemos para la vida futura. R.

II

Las invocaciones siguientes pueden recitarse con una respuesta variable o invariable, como en la Liturgia de las Horas.

- Perdona benignamente todo lo que hemos hecho contra la unidad de tu familia.
R. Y concédenos llegar a ser un sólo corazón y una sola alma.

- Hemos pecado, Señor, hemos pecado.
R. Borra nuestra culpa con tu gracia salvadora.

- Ayúdanos a pedirte perdón por nuestros pecados.
R. Y a reconciliarnos, a la vez, con tu Iglesia.

- Concédenos entrar en tu amistad, cada vez más profunda­mente, por una sincera conversión.
R. Y expiar las ofensas hechas a tu sabiduría y bondad.

- Purifica y renueva a tu Iglesia, Señor.
R. Para que cada vez dé más testimonio de ti.

- Mueve a todos los que de ti se apartaron por los pecados y escándalos.
R. Para que vuelvan a ti y permanezcan en tu amor.

- Haz, Señor, que compartamos en nuestro cuerpo los dolores de tu Hijo.
R. Ya que en su cuerpo nos has vivificado.

- Escucha, Señor, la oración de quienes te suplicamos, y perdo­na los pecados que confesamos ante ti.
R. Para que nos concedas el perdón y la paz.

- Hemos pecado mucho, Señor, pero proclamamos tu miseri­cordia.
R. Vuélvete hacia nosotros y nos convertiremos.

- Recíbenos, ya que llegamos a ti con ánimo contrito y espíritu de humildad.
R. Porque los que confían en ti no quedarán confundidos.

- Pecamos e hicimos el mal, apartándonos de ti.
R. En muchas cosas hemos delinquido y no hemos cumpli­do tus mandatos.

- Vuélvete, Señor, apiádate de nosotros y olvida nuestras culpas.
R. Arroja en la profundidad del mar todos nuestros pecados.

- Haz, Señor, que, justificados, nos alegremos en ti.
R. Y que nos gloriemos en la rectitud de nuestro corazón.

274. Cuando la oración se dirige a Cristo:

I

- Tú, que por tu muerte nos has reconciliado con el Padre y nos has salvado. (Rm 5, 10)
R. Señor, ten misericordia de nosotros.
(O bien: Cristo, escúchanos, u otra respuesta que se considere más adaptada).

- Tú, que has muerto y resucitado y estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros. (Rm 8, 34) R.

- Tú, a quien Dios ha hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. (1Co 1, 30) R.

- Tú, que has lavado, consagrado y perdonado a todos los hombres en el Espíritu de nuestro Dios. (1Co 6, 11) R.

- Tú, que nos has dicho que pecamos contra ti, si pecamos con­tra los hermanos. (1Co 8, 12) R.

- Tú, que, siendo rico, te hiciste pobre por nosotros, para enri­quecernos con tu pobreza. (2Co 8, 9) R.

- Tú, que te entregaste por nuestros pecados para arrancarnos de este perverso mundo presente. (Ga 1, 4) R.

- Tú, que, resucitado de entre los muertos, nos has librado del castigo futuro. (1Ts 1, 10) R.

- Tú, que viniste a este mundo para salvar a los pecadores. (1Tm 1, 15) R.

- Tú, que te entregaste en rescate por todos. (1Tm 2, 6) R.

- Tú, que destruiste la muerte e iluminaste la vida. (2Tm 1, 10) R.

- Tú, que has de juzgar a vivos y muertos. (2Tm 4, 1) R.

- Tú, que te entregaste por nosotros, para rescatarnos de toda maldad y para prepararte un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras. (Tt 2, 14) R.

- Tú, sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, que expiaste así los pecados del pueblo. (Hb 2, 17) R.

- Tú, que te has convertido para todos los que te obedecen en autor de salvación eterna. (Hb 5, 9) R.

- Tú, que en virtud del Espíritu eterno, te has ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, purificando nuestra conciencia de las obras muertas. (Hb 9, 15) R.

- Tú, que te has ofrecido para quitar los pecados de todos. (Hb 9, 28) R.

- Tú, que has muerto por los pecados una vez para siempre, el inocente por los culpables. (1P 3, 18) R.

- Tú, que eres víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero. (1Jn 2, 2) R.

- Tú, que has muerto, para que no perezca ninguno de los que creen en ti, sino que tengan vida eterna. (1 Jn 3, 16) R.

- Tú, que has venido a este mundo, para buscar y salvar lo que estaba perdido. (Mt 18, 11) R.

- Tú, que has sido enviado por el Padre no para juzgar al mun­do, sino para que el mundo se salve por ti. (Jn 3, 17) R.

- Tú, que tienes potestad en la tierra para perdonar los pecados. (Mc 2, 10) R.

- Tú, que llamas a los que están cansados y agobiados, y los ali­vias. (Mt 11, 28) R.

- Tú, que has entregado a tus apóstoles las llaves del reino de los cielos, para que puedan atar y desatar. (Mt 16, 19) R.

- Tú, que has puesto la ley en el amor a Dios y al prójimo. (Mt 22, 38-40) R.

- Jesús, vida de todos, que has venido a este mundo para que los hombres tengan vida y la tengan abundante. (Jn 10, 11) R.

- Jesús, verdad eterna, que nos has hecho libres. (Jn 14, 6; 8, 32. 36) R.

- Jesús, único camino, por el que todos deben caminar hacia el Padre. (Jn 14, 6) R.

- Jesús, resurrección y vida, por quien los creyentes, aunque ha­yan muerto, vivirán. (Jn 11, 25) R.

- Jesús, vid verdadera, cuyos sarmientos con fruto los poda el Padre, para que den más fruto. (Jn 15, 1-2) R.

II

Las invocaciones siguientes pueden recitarse con una respuesta variable o invariable, como en la Liturgia de las lloras.

- Médico de cuerpos y almas, sana las llagas de nuestro corazón.
R. Para que continuamente recibamos la ayuda de la santidad.

- Despójanos, Señor, del hombre viejo y de todas sus obras.
R. Y revístenos del hombre nuevo.

- Redentor nuestro, haz que por la penitencia nos unamos cada vez más a tu pasión.
R. Para que consigamos también, más plenamente, la gloria de tu resurrección.

- Que tu Madre, refugio de pecadores, interceda por nosotros.
R. Para que benignamente perdones nuestros pecados.

- Tú, que perdonaste los pecados de la mujer penitente.
R. No apartes tu misericordia de nosotros.

- Tú, que pusiste sobre tus hombros a la oveja perdida.
R. Recíbenos y ten piedad de nosotros.

- Tú, que ofreciste el paraíso al ladrón que estaba crucificado junto a ti.
R. Recíbenos contigo en tu Reino.

- Tú que has muerto y resucitado por nosotros.
R. Haznos partícipes de tu muerte y resurrección.