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martes, 13 de septiembre de 2016

Rito de entrada en el Catecumenado

Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, 6-enero-1972 (ed. Española, reimpresión 2012)

Capítulo I
RITUAL DEL CATECUMENADO DISTRIBUIDO EN SUS GRADOS O ETAPAS

PRIMER GRADO
RITO DE ENTRADA EN EL CATECUMENADO

68. El rito por el que se agrega entre los catecúmenos a los que desean hacer cristianos se celebra cuando, recibido el primer conocimiento del Dios vivo, tienen ya la fe inicial en Cristo Salvador. Desde entonces se presupone acabada la primera,"evangelización", el comienzo de la conversión y de la fe, y cierta idea de la Iglesia, y algún contacto previo con un sacerdote u otro miembro de la comunidad, y hasta alguna preparación para este orden litúrgico.
69. Antes de que los candidatos sean admitidos entre los catecúmenos, lo que se hará en determinados días dentro del año según las condiciones locales, espérese algún tiempo, el conveniente y necesario en cada caso concreto, para investigar los motivos de la conversión, y para purificarlos, si es necesario.
70. Es de desear que toda la comunidad cristiana, o alguna parte de ella, compuesta por los amigos y familiares, por los catequistas y sacerdotes, tengan parte activa en la ceremonia.
71. Asistan también los padrinos de catecumenado ("sponsores") que han de presentar a la Iglesia los candidatos avalados por ellos.
72. A este rito, que consta de la admisión de los candidatos, de la liturgia de la Palabra y de la despedida de aquéllos, puede seguir la Eucaristía.

RITO DE ENTRADA

73. Los candidatos con sus padrinos se reúnen con el grupo de fieles fuera de la iglesia, o en el atrio o pórtico, o bien en alguna parte apropiada de la iglesia, o bien, finalmente, en otro lugar idóneo, aunque no pertenezca a la iglesia. A este lugar acude el sacerdote o diácono, revestido con alba (o roquete) y estola, o también con capa pluvial de color blanco, mientras los fieles entonan, si se cree oportuno, un salmo o himno a propósito.

Monición previa

74. El celebrante saluda cortésmente a los candidatos. Después les dirige la palabra a ellos, a sus padrinos y a todos los asistentes, mostrando el gozo y satisfacción de la Iglesia, y evoca, si lo juzga oportuno, las circunstancias concretas y los sentimientos religiosos con que cada candidato se enfrentó al comenzar su itinerario espiritual, hasta llegar a dar el paso actual.

Después invita a los padrinos y a los candidatos a que se adelanten. Mientras se acercan y ocupan un lugar ante el sacerdote, se puede entonar algún canto apropiado, v. gr., el salmo 62, 1-9.

Diálogo

75. Entonces el celebrante interroga a cada uno de los candidatos; primero, si es preciso, acerca de su nombre y apellido, a no ser que sean conocidos los nombres, por ser muy pocos los candidatos. Esto se puede hacer del modo siguiente, o de otro modo parecido:

¿Cómo te llamas?

Candidato:

N.

Aunque el interrogatorio sea hecho una sola vez por el celebrante, a causa del gran número de candidatos, cada uno de éstos debe responder individualmente.

Si parece mejor, el celebrante llama a cada uno por su nombre, y los llamados
responden:

Presente.

Las otras dos preguntas, si fuera grande el número de candidatos, se pueden hacer a todos a la vez.

Celebrante:

¿Qué pides a la Iglesia de Dios?

Candidato:

La fe.

Celebrante:

¿Qué te otorga la fe?

Candidato:

La vida eterna.

También puede hacer las preguntas el celebrante con otras palabras y admitir respuestas libres y espontáneas de los candidatos: v. gr., después de la primera interrogación: -¿Qué pides? -¿Qué quieres? -¿Para qué?, se puede responder: -La gracia de Dios, -El ingreso en la Iglesia, o bien: -La vida eterna, u otra respuesta conveniente, a las cuales el celebrante acomodará sus preguntas sucesivas.

Primera adhesión

76. Después el celebrante, acomodando de nuevo sus palabras a las respuestas recibidas, hablará otra vez a los candidatos con estas u otras palabras semejantes:

Dios ilumina a todo hombre que viene a este mundo y le manifiesta lo que permaneció invisible desde la creación del mundo para que aprenda a dar gracias a su Creador. A vosotros, pues, que habéis seguido su luz, he aquí que ahora se os abre el camino del Evangelio, para que sobre el fundamento de la fe conozcáis al Dios vivo, que habla en verdad a los hombres; y para que caminéis en la luz de Cristo, confiéis en su sabiduría y pongáis vuestra vida en sus manos cada día, y podáis creer de todo corazón en él. Éste es el camino de la fe, por el cual Cristo os conducirá en la caridad, para que tengáis la vida eterna.
¿Estáis, pues, preparados para empezar hoy, guiados por él, ese camino?

Candidatos:

Estoy preparado.

Otras fórmulas "ad libitum", más aptas para diversas circunstancias, en el n. 370.

77. Después, vuelto hacia los padrinos y todos los fieles, les interroga con éstas o parecidas palabras:

Vosotros, que ahora, como padrinos, habéis presentado a estos candidatos, y vosotros, hermanos todos, presentes aquí, ¿estáis dispuestos para ayudarlos a buscar a Cristo y seguirle?

Todos:

Estamos dispuestos.
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Exorcismo y renuncia a los cultos paganos

78. Donde esté en boga el culto de adoración a las potestades de las tinieblas, o de evocación de los espíritus de los muertos, o las prácticas mágicas para conseguir la protección de lo alto, se puede, a juicio de las Conferencias Episcopales, introducir en todo o en parte el primero de los exorcismos y la primera renuncia, como sigue. En este caso se omitirá el n. 76.

79. Después de la oportuna monición muy breve, el celebrante, volviéndose a cada uno de los candidatos, sopla suavemente, diciendo:

Rechaza, Señor, con el soplo de tu boca a los malignos espíritus: Mándales que se aparten, porque se acerca de reino.

Si en algún sitio este soplo, aun leve, pareciere menos conveniente, se omite, y el celebrante dice la fórmula anterior con la mano derecha levantada hacia los candidatos, o de otro modo acomodado a la mentalidad de la región, o bien sin ningún gesto.

Si son muchos los candidatos, el celebrante dice la formula una sola vez para todos, omitiendo el soplo.

80. Si la Conferencia Episcopal juzgara oportuno que ya desde este punto de la iniciación los candidatos renuncien abiertamente a los cultos de las religiones no cristianas y de los espíritus o de las artes mágicas, la propia Conferencia Episcopal elaborará la fórmula del interrogatorio y de la renuncia, acomodada a las circunstancias locales, que con las palabras siguientes, u otras parecidas (con tal de que el texto no sea ofensivo para los que siguen esas religiones no cristianas), ha de
decir:

Queridos candidatos, puesto que,llamados y ayudados por Dios, habéis decidido venerarle y adorarle a él sólo y a Cristo, y ya queréis desde ahora mismo servir al único Dios y a Cristo, ha llegado el momento solemne de que renunciéis públicamente a esas potestades que no son Dios, y a esos cultos con los que no se manifiesta la veneración a Dios. ¡Lejos de vosotros esté el que abandonéis a Dios
y a su Cristo, y sirváis a potestades ajenas!

Candidatos:

¡Lejos de nosotros!

Celebrante:

¡Lejos esté de vosotros que veneréis a N. y N.!

Candidatos:

¡Lejos de nosotros!

Y así para cada culto al que haya de renunciar.

Otras formulas "ad libitum" en el n. 371.

81. Después el celebrante, vuelto hacia los padrinos y hacia todos los fieles, les interroga con éstas o parecidas palabras:

Vosotros, padrinos, que nos presentáis a estos candidatos' y, vosotros, hermanos todos, aquí Presentes, que les habéis oído renunciar a esos cultos, ¿sois testigos de que estos candidatos han elegido a Cristo, el Señor, y quieren servirle a él sólo?

Todos:

Somos testigos.

Celebrante:

¿Estáis dispuestos para ayudarlos a buscar a Cristo y a seguirle?

Todos:

Estamos dispuestos.
________________________________________________________

82. El celebrante con las manos juntas dice:

Te damos gracias, Padre misericordioso,
por estos hijos tuyos
a quienes ayudaste de muchas maneras
para que te buscaran,
hoy, ante nosotros, responden a tu llamada.
Por eso todos nosotros te alabamos
y te bendecimos, Padre de bondad.

Todos:

Te alabamos y te bendecimos,
Padre de bondad.

Signación de la frente y de los sentidos

83. Entonces el celebrante invita a los candidatos (si son pocos) y a sus padrinos con éstas o parecidas palabras:

Ahora, pues, queridos candidatos, acercaos con vuestros padrinos para recibir la señal de vuestra nueva condición.

Y se van acercando uno a uno con sus padrinos al celebrante.

Éste hace la señal de la cruz con el pulgar en la frente (o bien delante de la frente), si la Conferencia Episcopal juzga que por las circunstancias no conviene el tacto) a cada uno de los catecúmenos) diciendo:

N., recibe la cruz en la frente:
Cristo mismo te fortalece
con la señal de su caridad (o bien: de su victoria).
Aprende ahora a conocerle y a seguirle.

Después de que el celebrante haya signado a los catecúmenos, los catequistas y los padrinos, según la oportunidad, hacen lo mismo, a no ser que lo deban hacer después, según el n. 85.
______________________________________________________

84. Pero si el número de candidatos es muy grande, el celebrante les habla con éstas o parecidas palabras:

Queridos candidatos, ya que de acuerdo con nosotros (si antes se ha hecho la renuncia, añade: y con vuestra renuncia a los cultos falsos) habéis aprobado nuestra vida y nuestra esperanza en Cristo, ahora juntamente con vuestros catequistas y padrinos os signaré a vosotros con la señal de la cruz de Cristo para indicar vuestra entrada en el catecumenado; y toda la comunidad os abrazará con su amor y os ayudará con su auxilio.

Entonces el celebrante hace a la vez la señal de la cruz (y los catequistas o padrinos lo ejecutarán sobre cada uno), diciendo:

Recibid la cruz en la frente:
Cristo mismo os fortalece
con la señal de su caridad (o bien: de su victoria).
Aprended ahora a conocerle y a seguirle.
_______________________________________________________

85. A continuación se hace la signación de los sentidos (a juicio del celebrante se puede omitir parcial o totalmente).

Las signaciones son hechas por los catequistas o padrinos (y si en circunstancias particulares se requiere, pueden hacerlas varios presbíteros o diáconos). Pero la fórmula siempre la dice el celebrante, como sigue:

Mientras signan los oídos:

Recibid la señal de la cruz en los oídos, para que oigáis la voz del Señor.

Mientras signan los ojos:

Recibid la señal de la cruz en los ojos, para que veáis la claridad de Dios.

Mientras signan la boca:

Recibid la señal de la cruz en la boca, para que respondáis a la Palabra de Dios.

Mientras signan el pecho:

Recibid la señal dela cruz en el pecho, para que Cristo habite por la fe en vuestros corazones.

Mientras signan la espalda:

Recibid la señal dela cruz en la espalda, para que llevéis el suave yugo de Cristo.

Después el celebrante sólo signa colectivamente a todos los catecúmenos, no tocándolos, sino haciendo sobre ellos la señal de la cruz, mientras dice:

Os signo a todos en el nombre del Padre, y del Hijo, + y del Espíritu Santo, para que viváis por los siglos de los siglos.

Candidatos:

Amén.

El rito de signar con la cruz, especialmente si son pocos los catecúmenos, puede hacerlo el celebrante sobre cada uno, diciendo la formula en número singular.

86. Todas y cada una de estas signaciones (nn. 83, 84, 85) pueden concluir, si parece oportuno, alabando a Cristo, v. gr.:

Gloria a ti, Señor.

87. El celebrante continúa:

Oremos.
Escucha, Señor, con clemencia nuestras preces
por estos catecúmenos N. y N.,
que hemos signado con la señal dela cruz de Cristo,
y defiéndelos con su fuerza,
para que siguiendo las primeras enseñanzas
por las que pueden vislumbrar tu gloria,
mediante la observancia de tus mandatos,
lleguen a la gloria del nuevo nacimiento.
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

O bien esta otra oración "ad libitum":

Oremos.
Oh, Dios todopoderoso,
que por Ia cruz y resurrección de tu Hijo
llenaste de vida a tu pueblo,
te rogamos nos concedas
que tus siervos, a los que hemos signado con la cruz,
siguiendo las huellas de Cristo,
tengan en su vida la fuerza salvadora de la cruz,
y la manifiesten en su conducta.
Por Jesucristo nuestro Señor.
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Imposición del nuevo nombre

88. Si en alguna región hay religiones no cristianas, que imponen un nuevo nombre desde el principio a los iniciados, la Conferencia Episcopal puede determinar que a los nuevos catecúmenos se les imponga ya desde ahora un nombre cristiano, o alguno de los nombres usados en la región, no obstante la prescripción del canon 761 del Código de Derecho Canónico, con tal de que puedan admitir significado cristiano (en este caso se omitirá después la elección de nombre de que tratan los
nn. 203-205).

Celebrante:

N., en adelante te llamarás también N.

Catecúmeno:

Amén (o bien otra expresión más conveniente).

A veces bastará con explicar la significación cristiana del nombre que le dieron sus padres.

Ritos auxiliares

89. Si existieran algunas costumbres locales aptas para significar la entrada en la comunidad, v. gr. arrojar sal u otro acto simbólico, o también la entrega de una cn)z o medalla religiosa, se pueden admitir a juicio de la Conferencia Episcopal, y se pueden añadir antes o después del ingreso en el templo.
___________________________________________________

Introducción en el templo

90. Acabados los ritos precedentes, el celebrante invita a los catecúmenos a entrar con sus padrinos en la iglesia, o en un lugar adecuado, con éstas o parecidas palabras:

(N. y N.,) entrad en la iglesia,
para que tengáis parte con nosotros
en la mesa de la Palabra de Dios.

Entonces, con algún gesto invita a los catecúmenos para que entren con sus padrinos en la iglesia o en otro local adecuado.

Mientras tanto, se canta la antífona:

Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor de Dios.

y el salmo 33, 2. 3. 6. 9. 10. 11. 16, u otro canto a propósito.


CELEBRACIÓN SAGRADA DE LA PALABRA DE DIOS

91. Cuando los catecúmenos han vuelto a sus asientos, el celebrante les habla brevemente, mostrándoles la dignidad de la Palabra de Dios, que se anuncia y se escucha en la iglesia.

A continuación se lleva procesionalmente el libro de las Sagradas Escrituras, se coloca honoríficamente y, si se juzga oportuno, se inciensa.

Entonces se tiene la celebración sagrada de la Palabra de Dios.

Lecturas y homilía

92. Elíjanse una o más lecturas acomodadas a los nuevos catecúmenos, de entre las asignadas en el Leccionario de la Misa, n. 743. También pueden elegirse otros textos a propósito y otros salmos responsoriales de los que vienen en el n. 372.

Después se tiene la homilía.

Entrega de los Evangelios

93. A continuación, si parece oportuno, se pueden distribuir, con dignidad y reverencia, los iibros de los Evangelios a los catecúmenos, usando para el caso alguna fórmula apropiada, v. gr.:

Recibe el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

También pueden distribuirse cruces, a no ser que ya se hayan dado en señal de recepción.

El catecúmeno dará una respuesta en consonancia con el obsequio y las palabras del celebrante.

Súplicas por los catecúmenos

94. Todos los fieles congregados y los padrinos harán seguidamente estas súplicas por los catecúmenos, u otras similares.

Celebrante:

Oremos por nuestros hermanos los catecúmenos, que ya han seguido un largo camino; demos gracias por la mansedumbre con que Dios los ha conducido hasta este día, y pidamos que puedan recorrer el largo camino que aún les queda para la plena participación en nuestra vida.

Lector:

Para que el Padre celestial les revele más cada día a Cristo, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que abracen con corazón magnánimo la entera voluntad de Dios, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que prosigan su camino sometidos con nuestro auxilio constante y sincero, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que encuentren en nuestra comunidad la unión de los corazones y la caridad desbordante, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que sus corazones y los nuestros se conmuevan más profundamente con las necesidades de los hombres, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

- Para que a su debido tiempo sean hallados dignos de recibir el Bautismo de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, roguemos al Señor.

R. Escúchanos, Señor.

En estas súplicas añádanse las acostumbradas intenciones por las necesidadesde la Iglesia y del mundo entero, si después, una vez despedidos los catecúmenos, ha de omitirse la oración de los fieles en la celebración eucarística (cf. n. 98).

Oración conclusiva

95. Al acabar las súplicas, el celebrante, extendiendo las manos hacia los catecúmenos, dice la siguiente oración:

Oremos.

(Oh, Dios de nuestros padres),
Dios Creador de todos los seres,
te rogamos con humilde súplica,
que te dignes mirar propicio a estos siervos tuyos N. y N.,
para que mantenido siempre
el fervor del Espíritu y el gozo de la esperanza,
sirvan sin cesar a tu nombre.
Llévalos, Señor, te pedimos,
hasta el baño purificador
de la nueva regeneración,
para que, junto con tus fieles,
tengan una vida próspera
y consigan los premios eternos
que tú prometes.
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.

O bien, esta otra oración "ad libitum":

Oremos.

Oh, Dios omnipotente y eterno,
Padre de todas las criaturas,
que creaste el hombre a tu imagen,
recibe con amor a estos siervos queridos,
y concédeles, pues oyeron entre nosotros
la palabra de Cristo,
que, renovados con su virtud,
lleguen por tu gracia
a la plena conformidad con tu Hijo.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Celebración de la Eucaristía

96. Entonces el celebrante, recordando brevemente con cuánto gozo han sido recibidos los catecúmenos y exhortándolos para que traten de vivir según las palabras que han oído, les despide con esta fórmula u otra parecida:

Catecúmenos, podéis ir en paz, y que el Señor os acompañe.

Catecúmenos:

Demos gracias a Dios.

Una vez despedidos, no se disuelve el grupo de los catecúmenos, sino que acompañados por algunos fieles permanecen reunidos, para poder experimentar el gozo fraterno y para comunicarse mutuamente sus impresiones espirituales.

Pero si por graves razones no salieran de la iglesia (cf. Observaciones generales previas, n. 19, 3) y debieran permanecer con los fieles, cuídese, que, aunque asistan a la celebración eucarística, no participen al modo de los bautizados.

Y si no se celebra la Eucaristía, añádase algún canto a propósito, y despídase a los fieles y a los catecúmenos.

Despedida de los catecúmenos

97. Después de que hayan abandonado el templo los catecúmenos, si sigue la Eucaristía, a continuación empieza la oración universal por las necesidades de la Iglesia y de todo el mundo. Luego se dice el Credo, si lo requiere la liturgia del día, y se hace la preparación de los dones. Sin embargo,por razones pastorales se pueden omitir la oración universal y el Credo.