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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Témporas en 3 días: Día de Penitencia, misa por el perdón de los pecados.

TEXTOS MISA

TÉMPORAS EN 3 DÍAS


Día penitencial
Segunda misa para cuando las Témporas se celebran en tres días
La celebración del día penitencial se hará, si es posible, el viernes siguiente al 5 de octubre, o, si el 5 de octubre es 6 o uno de los días de la semana siguiente Es de alabar que en este día tenga lugar, además de la misa por el perdón de los pecados, una celebración comunitaria del sacramento de la penitencia.

Día penitencial
Segunda misa para cuando las Témporas se celebran en tres días
PRO REMISSIONE PECCATORUM A.
Antífona de entrada Sb 11, 24. 25. 27
Te compadeces de todos, Señor, y no odias nada de lo que has hecho; cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan y los perdonas, porque tú eres nuestro Dios y Señor.
Antiphona ad introitum Cf. Sg 11, 24-25. 27
Miseréris ómnium, Dómine, et nihil odísti eórum quae fecísti, dissímulans peccáta hóminum propter paeniténtiam, et párcens illis, quia tu es Dóminus Deus noster.
Oración colecta
Nos sentimos culpables, Señor, y confesamos ante ti nuestros pecados; ten misericordia de nosotros y danos la abundancia de tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Súpplicum preces, quaesumus, Dómine, propitiátus exáudi, et confiténtium tibi parce peccátis, ut páriter nobis indulgéntiam tríbuas benígnus et pacem. Per Dóminum.
Vel:
Propitiáre, Dómine, pópulo tuo, et ab ómnibus absólve peccátis, ut, quod nostris offensiónibus promerémur, tua indulgéntia repellátur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas para cuando las Témporas se celebran en tres días. Día penitencial .

PRIMERA LECTURA (opción 1) Ez 18, 21-23. 30-32
Arrepentíos y convertíos de vuestros delitos
Lectura de la profecía de Ezequiel.

Así dice el Señor Dios:
«Si el malvado se convierte de los pecados cometidos y guarda mis preceptos,
practica el derecho y la justicia, ciertamente vivirá y no morirá.
No se le tendrán en cuenta los delitos que cometió, por la justicia que hizo, vivirá.
¿Acaso quiero yo la muerte del malvado -oráculo del Señor-, y no que se convierta
de su conducta y que viva?
Pues bien, casa de Israel, os juzgaré a cada uno según su proceder -oráculo del
Señor-.
Arrepentíos y convertíos de vuestros delitos, y no caeréis en pecado.
Quitaos de encima los delitos que habéis perpetrado y estrenad un corazón nuevo y
un espíritu nuevo; y así no moriréis, casa de Israel.
Pues no quiero la muerte de nadie -oráculo del Señor-.
¡Arrepentíos, y viviréis!»

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17 (R.: cf. 3a)
R. Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R.

PRIMERA LECTURA (opción 2 ) Jl 2, 12-18
Rasgad los corazones y no las vestiduras
Lectura de la profecía de Joel

Ahora -oráculo del Señor- convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto,
con luto.
Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro,
porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se
arrepiente de las amenazas.
Quizá se arrepienta y nos deje todavía su bendición, la ofrenda, la libación para el
Señor, vuestro Dios.
Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión.
Congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos.
Congregad a muchachos y niños de pecho.
Salga el esposo de la alcoba,
la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan:
-«Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen
los gentiles;
no se diga entre las naciones: ¿Dónde está su Dios?
El Señor tenga celos por su tierra, y perdone a su pueblo.»

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 129, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 (R.: 3)
R. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R.

Si llevas cuenta de los delitos,
Señor, ¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora. R.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa;
y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R.

SEGUNDA LECTURA (opción 1) 2 Co 5, 17-21, p. 192.
Os pedimos que os reconciliéis con Dios
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:
El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.
Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.
Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio.
En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no habla pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

SEGUNDA LECTURA (opción 2) Heb 12, 1-5
Quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata
Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos:
Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo.
Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.
Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron:
-«Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, no te enfades por su reprensión.»

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Mc 1, 15
R. aleluya, aleluya, aleluya.
V. Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio. R.

EVANGELIO (opción 1) Mc 1, 1-8. 14-15
Convertíos y creed en el Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
R. Gloria a ti, Señor.

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Está escrito en el profeta Isaías:
«Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.
Una voz grita en el desierto:
“Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.”»
Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.
Y proclamaba:
-«Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía:
-«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el
Evangelio.»

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

EVANGELIO (opción 2 ) Lc 3, 7-14
Producid el fruto que la conversión pide
Lectura del santo Evangelio según san Lucas
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, muchos iban a que Juan los bautizara; y les decía:
-«¡Camada de víboras! ¿Quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Producid el fruto que la conversión pide y no os hagáis ilusiones, pensando: “Abrahán es nuestro padre”, porque os digo que de estas piedras Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán. El hacha está tocando la base de los árboles, y el árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego.»
La gente le preguntaba:
-«¿Entonces, qué hacemos?»
Él contestó:
-«Él que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
-«Maestro, ¿qué hacemos nosotros?»
Él les contestó:
-«No exijáis más de lo establecido.»
Unos militares le preguntaron:
-«¿Qué hacemos nosotros?»
Él les contestó:
-«No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.»

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Para esta celebración pueden utilizarse también las lecturas de la misa para el perdón de los pecados (Leccionario VI, pp. 187-200).

Oración sobre las ofrendas
Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de alabanza porque en tu amor has perdonado nuestros pecados; dígnate protegernos con tu ayuda, porque vacila nuestro corazón y sin ti no podemos hacer nada. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Hóstias tibi, Dómine, placatiónis et laudis offérimus, ut et delícta nostra miserátus absólvas, et nutántia corda tu dírigas. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA SOBRE LA RECONCILIACIÓN I. PREX EUCHARISTICA DE RECONCILIATIONE I.
Antífona de la comunión Lc 15, 10
Os digo que habrá alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.
Antiphona ad communionem Lc 15, 10
Gáudium erit coram Angelis Dei super uno peccatóre paeniténtiam agénte.
Oración después de la comunión
Padre de misericordia, al invitarnos a la mesa de tu Hijo nos has dado un signo de tu amor y una prenda de tu perdón; te pedimos ahora que sigas ayudándonos para que en adelante sepamos evitar el pecado y servirte con alegría. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Praesta nobis, miséricors Deus, ut, percipiéntes hoc múnere véniam peccatórum, illa deínceps vitáre tua grátia valeámus, et tibi sincéro corde servíre. Per Christum.