martes, 29 de noviembre de 2016

El Viático. El Viático dentro de la Misa.

Ritual de la Unción y de la pastoral de enfermos (6ª ed. española 1996)

CAPÍTULO III. EL VIÁTICO

167. Corresponde a los párrocos y a los sacerdotes, a quie­nes les ha sido confiado la atención espiritual de los enfermos, procurar que éstos, cuando se hallen en próximo peligro de muerte, sean fortalecidos con el Viático del Cuerpo y de la San­gre de Cristo. Para ello, deberá hacerse una previa y conve­niente preparación pastoral del enfermo, de su familia y de los que le cuidan, teniendo en cuenta las circunstancias de cada caso.

168. Puede administrarse el Viático o bien dentro de la Misa, si se tiene la celebración eucarística junto al enfermo (n. 26), o bien fuera de la Misa, según el rito y las normas que se indican luego.

169. Se puede dar la comunión bajo la sola especie de vino a aquellos enfermos que no la puedan recibir bajo la especie de pan.

Si no se celebra la Misa junto al enfermo, guárdese después de la Misa y en el sagrario la Sangre del Señor en un cáliz debi­damente cubierto, y llévese al enfermo en un recipiente cerrado para evitar cualquier riesgo de derram e. Para administrar el Sa­cramento, elíjase en cada caso el modo más apto entre los que se proponen en el rito de la comunión bajo las dos especies. Si, una vez dada la comunión, quedase algo de la preciosísima Sangre del Señor, deberá sumirla el ministro, que hará también las oportunas abluciones.

170. Todos cuantos participan en la celebración pueden co­mulgar bajo las dos especies. 

EL VIÁTICO DENTRO DE LA MISA

171. Siempre que se dé el Viático dentro de la Misa, el sa­cerdote, con vestiduras blancas, podrá decir la Misa para admi­nistrar el Viático (n. 256) o la Misa de la Santísima Eucaristía. Si coincide con alguna dominica de Adviento, Cuaresma y Pascua, con una solemnidad, con el miércoles de Ceniza o con una feria de la Semana Santa, se dirá la Misa del día, manteniéndose, si parece oportuno, la fórmula de la bendición final (nn. 151-153) o la fórmula que aparece al final de la Misa.

Las lecturas se tomarán de las propuestas en el Leccionario de Misas rituales o de las que se indican más adelante (n. 260 ss.), a no ser que el bien del enfermo y de los presentes aconseje seleccionar otras distintas.

Cuando esté prohibida la Misa votiva, una de las lecturas puede tomarse de los textos que se acaba de indicar, siempre que no coincida el día con el Triduo Sacro, con la Natividad del Señor, la Epifanía, la Ascensión, Pentecostés, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo u otra solemnidad de precepto.

172. Si fuera necesario, el sacerdote acogerá la confesión sa­cramental del enfermo antes de la celebración de la Misa.

173. La Misa se celebra como de costumbre, si bien el sacer­dote habrá de tener en cuenta lo que sigue:

a) Después del Evangelio, y si le parece oportuno, hará una breve homilía en la que, atendidas la situación del enfermo y demás circunstancias, exponga la importancia y significa­ción del Viático (cf. nn. 26-28).

b) Hacia el fin de su homilía, sugiera, si hay que hacerla, la profesión de fe que renovará el enfermo (n. 188). Esa pro­fesión de fe hace las veces del Credo en la Misa.

c) Adaptará a esta celebración la oración universal, tomando el texto de los elementos que se indican más abajo (n. 189); pero puede omitirse, si ha precedido la renovación de la profesión de fe o si se prevé que el enfermo pueda fatigarse demasiado.

d) El sacerdote y todos los presentes pueden ofrecer la paz al enfermo en el momento indicado en el Ordinario de la Misa.

e) Tanto el enfermo como los que están presentes pueden comulgar bajo las dos especies. Pero al dar la comunión al en­fermo, úsese la fórmula propuesta para el Viático (n. 192).

f) Al final de la Misa, el sacerdote puede emplear una fór­mula especial de bendición (nn. 197-199), añadiendo el formulario de la indulgencia plenaria en peligro de muerte que empieza con las palabras: Que Dios todopoderoso (n. 186).