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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

miércoles, 1 de junio de 2016

Exequias de un niño bautizado, celebradas en una iglesia.

Difuntos y exequias

RITO SIMPLIFICADO DE LAS EXEQUIAS DE UN PÁRVULO BAUTIZADO

1. RECIBIMIENTO DEL DIFUNTO EN EL ATRIO DE LA IGLESIA.

1. El ministro, junto a la puerta de la iglesia, saluda a los familiares del difunto con las siguientes palabras u otras parecidas:
Queridos familiares [y amigos]: [Como veréis al entrar en la iglesia, la muerte de vuestro querido (vuestra querida) N. ha congregado en torno a él (ella) y en torno a vosotros una numerosa asistencia.] Ante la dolorosa desgracia que [tan inesperadamente] ha azotado a vuestra familia, vuestros amigos y conocidos desean testimoniaros su amistad y solidaridad. Y también la Iglesia, representada por aquellos amigos vuestros que se sienten cristianos, y por mi mismo, deseamos en este momento de dolor confortaros y pedir también por vosotros que el Padre de misericordia y Dios de todo consuelo os conforte en esta gran tribulación.

2. A continuación se entra el cadáver en la iglesia y se pone ante el altar, colocado, si es posible, junto a él el cirio pascual y situados los familiares en sus lugares, el ministro saluda a la asamblea diciendo:
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

Luego se dirige a los fieles reunidos en la iglesia con las siguientes palabras u otras parecidas:
Queridos hermanos: La celebración que hoy nos congrega aquí, junto a unos padres [familiares] desolados por la muerte de su hijo (hija) (del pequeño; de la pequeña) N., nos sume a todos en una angustia casi indecible. Resulta realmente difícil aunar la niñez con la muerte, el inicio de una vida que apenas había comenzado con este fin brusco que estamos contemplando. Si siempre la muerte nos conturba y nos llena de interrogantes, la muerte de un niño casi nos escandaliza. La fe cristiana, que ilumina siempre el camino de los creyentes en Jesús, en esta circunstancia no llega a ahuyentar ni el dolor ni el desconcierto. El mismo Jesús -recordarlo en este momento puede aliviar nuestras lágrimas- se conturba ante la muerte de su amigo Lázaro y se mueve a compasión ante la desolación de una viuda que llora a su hijo.
La voz del pequeño (de la pequeña) N. a todos nos anuncia, a su manera, una vida nueva, la vida sin fin del reino de Dios, aquella vida en la que seremos amados sin oscuridades y turbación, sin lágrimas y sin muerte: "El amor -dice el Cantar de los cantares- es más fuerte que las muerte." El niño (la niña) a quien hoy lloramos nos invita a todos a creer en este amor y en esta vida.

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2 bis. El que preside puede encender en este momento el cirio pascual, diciendo la siguiente fórmula:
Junto al cuerpo, ahora sin vida, de nuestro hermano (nuestra hermana) N., encendemos, oh Cristo Jesús, esta llama, símbolo de tu cuerpo glorioso y resucitado; que el resplandor de esta luz ilumine nuestras tinieblas y alumbre nuestro camino de esperanza, hasta que lleguemos a ti, oh Claridad eterna, que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
La asamblea puede cantar 
¡Oh luz gozosa de la santa gloria
del Padre celeste inmortal!
¡Santo y feliz Jesucristo!
u otro canto apropiado.
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2. MISA EXEQUIAL

3. Terminadas estos ritos iniciales y omitido el acto penitencial y el Señor, ten piedad, se dice la oración colecta:

Oremos.
Dios de amor y de clemencia, que en los planes de tu sabiduría has querido llamar a ti, desde el mismo umbral de la vida al niño (a la niña) N., a quien hiciste hijo tuyo (hija tuya) de adopción en el bautismo, escucha con bondad nuestra plegaria y reúnenos un día con él (ella) en tu gloria, donde creemos que vive ya contigo. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Oremos.
Señor, tú que conoces nuestra profunda tristeza por la muerte del niño (de la niña) N., concede a quien acatamos con dolor tu voluntad de llevártelo (llevártela) el consuelo de creer que vive eternamente contigo en la gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.

4. La celebración prosigue como habitualmente, con la Liturgia de la palabra.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
El Señor aniquilará la muerte para siempre
Lectura del libro de Isaías 25, 6a. 7-9

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. —Lo ha dicho el Señor—. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación.»

Palabra de Dios.

O bien, en Tiempo Pascual:
Ya no habrá muerte
Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1a. 3-5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva. Y escuché una voz potente que decía desde el trono:
—«Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.»
Y el que estaba sentado en el trono dijo:
—«Todo lo hago nuevo.»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 148, 1-2. 11-13ab. 13c-14 (R.: cf. 13a)
R. Alabad el nombre del Señor.
O bien:
Aleluya.

Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.
Alabadlo, todos sus ángeles;
alabadlo, todos sus ejércitos. R.

Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del mundo,
los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los niños,
alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime. R.

Su majestad sobre el cielo y la tierra;
el acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido. R.

SEGUNDA LECTURA (si es conveniente)
Creemos que también viviremos con Cristo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-9

Hermanos:
Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con el; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

Palabra de Dios.

Aleluya o versículo antes del evangelio
Jn 6, 39
Ésta es la voluntad de mi Padre: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el ultimo día —dice el Señor—.

EVANGELIO
El que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él
+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 13-16

En aquel tiempo, le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:
—«Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»
Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor.

5. Después de la homilía, se hace, como habitualmente, la oración universal, con el siguiente formulario u otro parecido:

Oración universal
Pidamos al Señor que se compadezca de nuestras lágrimas, él que atendió la voz de su Hijo cuando en la cruz le presentó sus oraciones y súplicas con gritos y con lágrimas.
1. Para que el Señor, que lloró ante la tumba de su amigo Lázaro y se compadeció ante las lágrimas de la viuda de Naím, que lloraba la muerte de su hijo único, se compadezca también de los padres [y familiaresdel pequeño (de la pequeña) N., roguemos al Señor.
2. Para que les dé la fuerza necesaria para superar esta pena, a fin de que sepan hallar en la fe consuelo y esperanza, roguemos al Señor.
3. Por todos los que han muerto en la esperanza de la resurrección, para que Dios los ilumine con la claridad de su rostro, roguemos al Señor.
4. Por todos los que nos hemos reunido aquí en la fe y en el amor, para que Dios nos reuna también en su reino glorioso, roguemos al Señor.
5. Para que afiance al pueblo cristiano en la fe y en la unidad, y libre al mundo entero de todos los males, roguemos al Señor.
Oh Dios, Padre bueno y justo, inclinándonos humildemente ante el misterio de unos designios que no comprendemos, te pedimos que escuches nuestras plegarias, ilumines las tinieblas en que nos sume nuestro dolor y nos concedas vivir eternamente contigo y con el niño (la niña) N. en la felicidad de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

La misa prosigue como habitualmente, hasta la oración después de la comunión.

Oración sobre las ofrendas
Santifica, Señor, nuestras ofrendas y concede a estos padres, que con dolor te devuelven el hijo que de ti habían recibido, el gozo, de abrazarlo nuevamente, llenos de alegría, en tu reino. Por Jesucristo nuestro Señor.

PREFACIO IV DE DIFUNTOS
La vida terrena y la gloria celeste
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque tu voluntad nos da la vida, tus decretos la dirigen y un mandato tuyo, en castigo del pecado, nos devuelve a la tierra de la que habíamos sido sacados. Y también te damos gracias porque, al redimirnos con la muerte de tu Hijo Jesucristo, por tu voluntad salvadora nos llevas a nueva vida para que tengamos parte en su gloriosa resurrección.
Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la tierra te aclamamos diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo...

PLEGARIA EUCARÍSTICA II.

Antífona de la comunión Cf. Rm 6, 4. 8
Sepultados por el bautismo con Cristo en la muerte, creemos que también viviremos con él. (T. P. Aleluya.)

Oración después de la comunión
Por la comunión del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, muerto en la cruz y resucitado a nueva vida, has alimentado, Señor, en nosotros la esperanza de la vida eterna; concede, pues, a los que han participado en estos santos misterios, ayuda en las dificultades y consuelo en las lágrimas de esta vida. Por Jesucristo nuestro Señor.

3. ÚLTIMO ADIÓS AL CUERPO DEL DIFUNTO

6. Dicha la oración después de la comunión y omitida la bendición, se procede al rito del último adiós al cuerpo del difunto. El que preside, colocado cerca del féretro, se dirige a los fieles con las siguientes palabras u otras parecidas:

Dios todopoderoso, en su inescrutable providencia, ha querido llamar junto a sí a este niño (esta niña), hijo suyo (hija suya) de adopción por el bautismo. Nosotros vamos ahora a enterrar su cuerpo, pero creemos firmemente que florecerá en una nueva vida, que será eterna. Con esta esperanza firme y confiando en que él (ella) está ya junto a Dios, supliquemos al Señor que consuele a sus [padres y] familiares, y a todos nosotros nos ayude a vivir con el corazón puesto en el cielo.

7. Todos oran unos momentos en silencio. Luego, el que preside continúa, diciendo:

No temas, querido (querida) N., Cristo murió por ti y en su resurrección fuiste salvado (salvada). El Señor te protegió durante tu vida, también te librará, en el último día, de la muerte que acabas de sufrir. Por el bautismo fuiste hecho (hecha) miembro de Cristo resucitado: el agua que ahora derramaremos sobre tu cuerpo nos lo recordará. [Dios te dio su Espíritu Santo, que consagró tu cuerpo como templo suyo; el incienso con que perfumaremos tus despojos será símbolo de tu dignidad de templo de Dios y acrecentará en nosotros la esperanza de que este mismo cuerpo, llamado a ser piedra viva del templo eterno de Dios, resucitará gloriosamente como el de Jesucristo.]

8. Después, el que preside da la vuelta al féretro aspergiéndolo con agua bendita; (luego, pone incienso, lo bendice y da una segunda vuelta perfumando el cadáver con el incienso;) mientras tanto uno de los presentes puede recitar las siguientes invocaciones, a las que el pueblo responde: Señor, ten piedad, o bien: Kýrie, eléison.

Invocaciones
Que nuestro hermano (nuestra hermana) viva eternamente en la paz junto a ti.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)
Que participe contigo de la felicidad eterna de los santos.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)
Que contemple tu rostro glorioso y tenga parte en la alegría sin fin.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)
Oh Cristo acógelo (acógela) junto a ti con todos los que nos han precedido.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)

9. Después, el que preside añade la siguiente oración:

Oremos.
Te rogamos humildemente, Señor, que acojas en el paraíso al niño (a la niña) N., a quien tanto amas; que goce junto a ti en aquel lugar, donde ya no hay luto ni dolor ni llanto, sino paz y gozo, con tu Hijo y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.R. Amén.

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9 bis. En este momento, uno de los familiares o amigos puede agradecer a los presentes su participación en las exequias.
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10. Después el que preside termina la celebración con la siguiente fórmula:

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. El Dios de todo consuelo, que con amor inefable creó al hombre y, en la resurrección de su Hijo, ha dado a los creyentes la esperanza de resucitar, derrame sobre vosotros us bendición.
R. Amén.
V. Él conceda el perdón de toda culpa a los que vivís aún en este mundo, y otorgue a los que han muerto el lugar de la luz y de la paz.
R. Amén.
V. Y a todos os conceda vivir eternamente felices con Cristo, al que proclamamos resucitado de entre los muertos.
R. Amén.
V. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R. Amén.

11. Se concluye el rito con la fórmula habitual de despedida:

V. Podéis ir en paz.
R. Demos gracias a Dios.