jueves, 11 de febrero de 2016

Confirmación: Lecturas del Nuevo Testamento.

Ritual de la Confirmación


LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO


I. Libro de los Hechos de los Apóstoles 1, 3-8 (Leccionario VIII, pág. 79)
Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros,
recibiréis fuerza para ser mis testigos

72. Se abre este libro con la promesa del Espíritu (cf. Lc 24,49). Será un bautismo del Espíritu (cf. Jn 1, 33). Será la fuerza que moverá todo el dinamismo de la Palabra de salvación (Hch 13, 26), llevando a los hombres hacia el testimonio de la Resurrección de Cristo, misterio que los Hechos de los Apóstoles consideran como resumen del Evangelio. El Espíritu de la Confirmación se da en orden a este testimonio de la resurrección cristiana.

1
Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros,
recibiréis fuerza para ser mis testigos
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 3-8

Jesús se presentó vivo a sus apóstoles después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les hablo del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les recomendó:
—«No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.»
Ellos lo rodearon preguntándole:
—«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
Jesús contesto:
—«No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»

Palabra de Dios.


II. Libro de los Hechos de los Apóstoles 2, l-6. 14. 22b-23. 32-33 (Lecc. VIII, pág. 80)
Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

73. Éste es el cumplimiento de la promesa de Hch 1, 3-8. El Espíritu de Dios irrumpe como por sorpresa con las características de una teofanía adaptada a la concepción del Espíritu (viento, lenguas de fuego, alusivas a los efectos del Espíritu Santo en nosotros). Cristo lo ha recibido antes, lo da a la Iglesia, para que ésta lo vaya comunicando a cada uno de los que son miembros suyos por el bautismo.

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Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-6. 14. 22b-23. 32-33

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.
Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.
Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra:
—«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis palabras y enteraos bien de lo que pasa. Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz.
Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos.
Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.»

Palabra de Dios.


III. Libro de los Hechos de los Apóstoles 8, 1b. 4. 14-17 (Lecc. VIII, pág. 81)
Les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo

74. Este rito aparece en los Hechos como indispensable después del bautismo. El Espíritu aprovecha incluso las persecuciones de la Iglesia para irse comunicando a más y más creyentes en el crecimiento de la primitiva comunidad cristiana, reforzada en virtud de este mismo Espíritu para dar testimonio de la resurrección. La tradición cristiana se apoya firmemente en este texto al dar a los bautizados el sacramento de Ia Confirmación, como don del Espíritu que los refuerza en su condición cristiana.

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Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 8, 1b. 4. 14-17

Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria.
Al ir de un lugar para otro, los prófugos iban difundiendo el Evangelio.
Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aun no habla bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.


IV. Libro de los Hechos de los Apóstoles 10, 1. 33-34a. 37-44 (Lecc. VIII, pág. 81)
Cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras

75. El Espíritu se da, adelantándose incluso al bautismo (Hch 10, 47ss.), para señalar a Ia Iglesia el camino hacia los gentiles, que' como Cornelio, escuchan y aceptan la Palabra de la salvación por la Resurrección de Jesucristo.

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Cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 1. 33-34a. 37-44

En aquellos días, vivía en Cesarea un tal Cornelio, centurión de la compañía itálica.
Éste dijo a Pedro:
—«Te mande recado, y tu has tenido la amabilidad de presentarte aquí. Ahora aquí nos tienes a todos delante de Dios, para escuchar lo que el Señor te haya encargado decirnos.»
Pedro tomó la palabra y dijo:
—«Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con el.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que el había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con el después de su resurrección.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en el reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.»
Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras.

Palabra de Dios.


V. Libro de los Hechos de los Apóstoles 19, 1b-6a (Leccionario VIII, pág.82)
¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?

76. Se nos presenta nuevamente el fenómeno de la iniciación cristiana con sus elementos fundamentales: fe, bautismo, imposición de manos que comunica el Espíritu Santo. La pregunta esta vez se dirige a los bautizados por Juan Bautista, cuyo bautismo no era más que una preparación, en sí, insuficiente. Sólo el bautismo de Jesús es bautismo en el Espíritu Santo. Este aspecto espiritual tiene su densidad sacramental en el simbolismo propio de la Confirmación.

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¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 19, 1b-6a

En aquellos días, Pablo llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó:
—«¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?»
Contestaron:
—«Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo.»
Pablo les volvió a preguntar:
—«Entonces, ¿que bautismo habéis recibido?»
Respondieron:
—«El bautismo de Juan.»
Pablo les dijo:
—«El bautismo de Juan era signo de conversión, y el decía al pueblo que creyesen en el que iba a venir después, es decir, en Jesús.»
Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, bajó sobre ellos el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.


VI. Carta a los Romanos 5, 1-2. 5-8 (Leccionario VIII, pág. 83)
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones
con el Espíritu Santo que se nos ha dado

77. La obra de la salvación cristiana no acaba con la justificación y el perdón, sino que es ahí donde empieza.La capacidad de amar, que Dios comunica por el Espíritu Santo, es al mismo tiempo don de Dios y tarea humana de toda la vida. San Pablo habla tantas veces en indicativo (don de Dios) cuantas en imperativo (misión del cristianismo en la Iglesia).

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El amor ha sido derramado en nuestros corazones
con el Espíritu que se nos ha dado
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 1-2. 5-8

Hermanos:
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Por el hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios.
Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

Palabra de Dios.


VII. Carta a los Romanos 8, 14-17 (Leccionario VIII, pág. 83)
El Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios

78. Pablo aduce la experiencia del Espíritu, vivísima, que demuestran tener sus cristianos, como el mejor testimonio de que son en realidad hijos de Dios: por tener su Espíritu. Como Cristo, poseído y dador del Espíritu, así también los cristianos. Y como Cristo, también ellos herederos. Porque el "estar con Cristo" en su pasión y muerte lleva al (estar con Cristo> en la gloria de la exaltación. El Espíritu de la Confirmación lleva a esta comunión e irradiación del misterio pascual de Cristo en sus dos fases de humillación y elevación.

7
El Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17

Hermanos:
Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre).
Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con el para ser también con el glorificados.

Palabra de Dios.


VIII. Carta a los Romanos 8, 26-27 (Leccionario VIII, pág. 84)
El Espíritu mismo intercede con gemidos inefables

79. El Espíritu ora por el cristiano y con el cristiano en forma humanamente inexplicable, pero perfectamente conocida por Dios. En la Confirmación se recibe el Iazo de unión del hijo con el Padre y consiguientemente de los hijos entre sí. Esta doble y única dimensión espiritual es constitutiva de la Iglesia.

8
El Espíritu intercede con gemidos inefables
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27

Hermanos:
El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
Y el que escudriña los corazones sabe cual es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Palabra de Dios.


IX. Primera carta a los Corintios 12, 4-13 (Leccionario VIII, pág. 84)
El mismo y único Espíritu reparte a cada uno como a él le parece

80. La variedad de dones del Espíritu (carismas), de que parece que gozaban los cristianos de Corinto, amenazaba derivar hacia una dispersión individualista. Pablo les recuerda la unidad de origen y de fin de esta variedad de carismas: unidad de origen en un solo Señor, y un solo Espíritu (cf. Ef 4, 1-6). Unidad de fin, porque convergen hacia la edificación de una misma Iglesia de Cristo (cf. 1 Co 12, 7 ss.). Sobrepasando la circunstancia ocasional de la carta, san Pablo se remonta a la suprema fuente de unidad: un solo Cuerpo de Cristo, un solo Espíritu, un solo bautismo. La Confirmación es el sacramento de la multiplicidad de los dones del Espíritu en su unidad de dirección y crecimiento eclesial.

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El mismo y único Espíritu reparte a cada uno como a él le parece
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 4-13

Hermanos:
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.
En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien coman.
Y así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu.
Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A este le han concedido hacer milagros; a aquel, profetizar.
A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas.
El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a el le parece.
Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Palabra de Dios.


X. Carta a los Gálatas 5, 16-17.22-23a. 24-25 (Leccionario VIII, pág. 85)
Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu

81. A los nuevos cristianos de Galacia, perturbados por partidarios de la Ley Antigua, les propone Pablo la Ley Nueva: la Ley del Espíritu, antídoto para no vivir accediendo a las apetencias de la carne. La nueva vida según el Espíritu es incompatible con las obras del hombre viejo y pecador. La Confirmación es el signo eficaz de la nueva y definitiva etapa de la historia de la salvación en que vivimos: la de la Ley Nueva o Evangélica, cuya característica primordial es la madurez en la fe, la caridad y la moral evangélica.

10
Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 5, 16-17. 22-23a. 24-25

Hermanos:
Andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais.
En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de si. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos. Si vivimos por el Espíritu marchemos tras el Espíritu.

Palabra de Dios.


XI. Carta a los Efesios 1, 3a.4a. l3-l9a (Leccionario VIII, pág. 85)
Habéis sido marcados con el Espíritu Santo prometido

82. Se trata de la descripción de la comunicación del Espíritu, anteriormente prometido (Hch 1, 3-8): como un sello, una marca que signa propiedad y pertenencia. Consecuencias: formar parte del pueblo de su propiedad; importancia de la fe, iluminada por los dones y carismas del Espíritu Santo; y de Ia esperanza, que va incluida en la llamada a la fe. La Confirmación es el sacramento de la madurez en la libertad y ejercicio ordenado de los múltiples dones y carismas del Espíritu Santo.

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Habéis sido marcados con el Espíritu Santo prometido
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3a. 4a. 13-19a

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo.
Y también vosotros, que habéis escuchado la palabra de verdad, el Evangelio de vuestra salvación, en el que creísteis, habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el cual es prenda de nuestra herencia, para liberación de su propiedad, para alabanza de su gloria.
Por eso yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os de espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cual es la esperanza a la que os llama, cual la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos.

Palabra de Dios.


XII. Carta a los Efesios 4, 1-6 (Leccionario VIII, pág. 86)
Un solo cuerpo y un solo Espíritu, un bautismo

83. San Pablo insiste en que la llamada a la fe exige una conducta digna de esa vocación recibida. Impresionante y enérgica insistencia del Apóstol en torno a Ia unidad y caridad. Presenta en dos tríadas las bases de esta unidad, resumidas en una séptima: un solo Dios. Sólo así se entiende la antinomia de la unidad y multiplicidad en cuanto a las características y carismas de cada uno de los cristianos. La Confirmación es el sacramento que armoniza en una síntesis superior, en la "ekklesía", esta unidad y pluralidad, sin mengua ni sacrificio de aquélla o de ésta.

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Un solo cuerpo y un solo Espíritu, un bautismo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 1-6

Hermanos:
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andáis como pide la vocación a la que
habéis sido convocados.
Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.

Palabra de Dios.