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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

sábado, 30 de enero de 2016

Celebración de la Confirmación fuera de la Misa.

Ritual de la Confirmación

CELEBRACIÓN DE LA CONFIRMACIÓN FUERA DE LA MISA

RITO DE ENTRADA

46. Una vez reunidos los confirmandos juntamente con sus padres y padrinos y con todo el pueblo, el Obispo, con los presbíteros que lo ayudan en la celebración de este sacramento, los diáconos y los demás ministros entran en la iglesia y se dirigen al presbiterio.

Mientras tanto, los fieles, si parece oportuno, pueden cantar algún salmo o canto apropiado.

Una vez llegado ante el altar, el Obispo lo venera según las rúbricas y se dirige a la sede.

El Obispo:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.

El Obispo:
La paz esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

El Obispo:
Oremos.

Y todos oran en silencio durante unos momentos.

Después, con las manos extendidas, el Obispo dice:

Te pedimos, Dios de poder y misericordia, que envíes tu Espíritu Santo, para que, haciendo morada en nosotros, nos convierta en templos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

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O bien:
Cumple, Señor, en nosotros tu Promesa: derrama tu Espíritu Santo para que nos haga ante el mundo testigos valientes del Evangelio de Jesucristo, Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

O bien:
Envíanos, Señor, tu Espíritu Santo para que, caminando en la unidad de la fe y fortalecidos con su amor, contribuyamos a que la Iglesia, Cuerpo de Cristo, alcance su plenitud. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

O bien:
El Espíritu Santo que procede de ti, Señor, ilumine nuestras mentes y nos dé a conocer toda la verdad como lo prometió Jesucristo, tu Hijo, Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
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El pueblo responde:
Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

47. Luego se hace la celebración de la Palabra de Dios, proclamando, por lo menos, una de las lecturas que se indican en el leccionario propio para las Misas de Confirmación (cap. V, núms. 67-107).

Si se proclaman dos o tres lecturas, sígase el orden habitual, es decir, proclámese primero el Antiguo Testamento, luego las lecturas apostólicas y finalmente el Evangelio. Terminada la primera y segunda
lectura, debe cantarse un salmo u otro canto apropiado, a menos que se prefiera dejar un rato de silencio.

Presentación de los confirmandos

48. Después del Evangelio el Obispo y los concelebrantes se sientan. Entonces el párroco u otro presbítero o diácono, o bien el catequista que preparó a los confirmandos, presenta al Obispo a los que han de ser confirmados, según las costumbres del lugar.

Si es posible, cada uno de los confirmandos es llamado por su nombre y sube al presbiterio; si los confirmandos son niños, les acompaña uno de los padrinos o uno de los padres y se quedan de pie ante el celebrante.

Si los confirmandos son muchos no es necesario llamar a cada uno de ellos por su nombre, sino que es suficiente que se coloquen en un lugar oportuno ante el Obispo.

Quien les presenta puede decir estas o semejantes palabras:

Reverendísimo Padre:
Estos niños (jóvenes) fueron bautizados un día, con la promesa de que serían educados en la fe, y de que un día recibirían por la Confirmación la plenitud del Espíritu Santo.

Como responsable de la acción catequética, tengo la satisfacción de manifestar, ante la comunidad reunida, que han recibido la catequesis adecuada a su edad.

Homilía

49. Luego el Obispo hace una breve homilía, explicando las lecturas proclamadas a fin de preparar a los confirmandos, a sus padres y padrinos y a toda la asamblea de los fieles a una inteligencia más profunda del significado del sacramento de la Confirmación.

Esta homilía la puede hacer con las siguientes o semejantes palabras:

Queridos hijos:
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice que los Apóstoles, según la promesa del Señor, recibieron en el día de Pentecostés el Espíritu Santo, y que tenían la misión de llevar a plenitud la consagración bautismal por medio del don del Espíritu. Así lo hizo san Pablo al imponer las manos sobre los que habían sido bautizados, y sobre ellos vino entonces el Espíritu Santo y empezaron a hablar lenguas y profetizar.

Los Obispos, como sucesores de los Apóstoles, hemos recibido también esta misión y así, ahora (personalmente y con la ayuda de los presbíteros) vamos a comunicar el Espíritu Santo a los que en el Bautismo han renacido como hijos de Dios.

En nuestros días la venida del Espíritu Santo no se manifiesta por el don de lenguas, pero la fe nos dice que este mismo Espíritu de amor se derrama también sobre nosotros y en nosotros actúa invisiblemente. Él nos lleva, a través de carismas y vocaciones diversas, a la confesión de una misma fe y hace progresar a todo el cuerpo de la Iglesia en la unidad y santidad.

El don del Espíritu Santo que ahora, queridos hijos, vais a recibir, os marcará con un sello espiritual y os hará miembros más perfectos de la Iglesia, configurándoos más plenamente con Cristo, que fue ungido también en su Bautismo por el Espíritu Santo, y enviado para que el mundo entero ardiera con el fuego del Espíritu.

Vosotros, que ya fuisteis bautizados en el Espíritu, vais a recibir ahora toda la fuerza del Espíritu Santo y seréis marcados en vuestras frentes con la gloriosa cruz de Cristo. Con ello se os quiere dar a entender que desde ahora tendréis la misión de ser ante el mundo, a través de vuestra vida, testigos de la muerte y resurrección de Cristo. Esto lo debéis realizar de tal forma que, como dice el apóstol, vuestro vivir cotidiano sea ante los hombres como el buen olor de Cristo. De él recibe constantemente la Iglesia aquella diversidad de dones que el Espíritu Santo distribuye entre los miembros del pueblo de Dios, para que el Cuerpo de Cristo vaya creciendo en la unidad y el amor.

Procurad, pues, hijos queridos, ser siempre miembros vivos de la Iglesia y, llevados por el impulso del Espíritu Santo, esforzaos en ser los servidores de todos los hombres, a semejanza de Cristo, que no vino a ser servido sino a servir.

50. El Obispo, leída la exhortación precedente o pronunciada una homilía propia, concluye con estas palabras u otras parecidas:

Y ahora, antes de recibir el don del Espíritu Santo, conviene que renovéis ante mí, pastor de la Iglesia, y ante los fieles aquí reunidos, testigos de vuestro compromiso, la fe que vuestros padres y padrinos, en unión de toda la Iglesia, profesaron el día de vuestro Bautismo.

Renovación de las promesas del Bautismo

51. Los confirmandos se ponen de pie, y el Obispo les pregunta:

Los confirmandos se ponen de pie, y el Obispo les pregunta:
¿Renunciáis a Satanás y a todas sus obras y seducciones?
Los confirmandos:
Sí, renuncio.

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O bien:
El Obispo:
¿Renunciáis a Satanás?
Los confirmandos:
Sí, renuncio.

El Obispo:
¿Y a todas sus obras?
Los confirmandos:
Sí, renuncio.

El Obispo:
¿Y a todas sus seducciones?
Los confirmandos:
Sí, renuncio.
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El Obispo:
¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra?
Los confirmandos:
Sí, creo.

El Obispo:
¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos, y está sentado a la derecha del Padre?
Los confirmandos:
Sí, creo.

El Obispo:
¿Creéis en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que hoy os será comunicado de un modo singular por el sacramento de la Confirmación, como fue dado a los Apóstoles el día de Pentecostés?
Los confirmandos:
Sí, creo.

El Obispo:
¿Creéis en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los Santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna?
Los confirmandos:
Sí, creo.

El Obispo asiente a la profesión de fe diciendo:
Ésta es nuestra fe.
Ésta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Y los fieles, a su vez, asienten también diciendo:
Amén.

En lugar de la fórmula Esta es nuestra fe, se puede cantar un canto con el que los fieles proclamen su fe.

Otro formulario para la renovación, ver nn. 108-110.

CELEBRACIÓN DE LA CONFIRMACIÓN

Imposición de manos

52. El diácono o un ministro puede decir una monición con estas palabras u otras semejantes:

El día de Pentecostés, los Apóstoles recibieron el Espíritu Santo que Cristo les había prometido. Ahora el Obispo, repitiendo el gesto que usaban los Apóstoles para transmitir este don, va a imponer sus manos sobre los confirmandos, pidiendo que el Espíritu los llene de sus dones. Oremos en silencio al Señor.

53. El Obispo (teniendo a ambos lados a los presbíteros que junto con él administrarán la Confirmación) de pie, con las manos juntas y de cara al pueblo, dice:

Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, y pidámosle que derrame el Espíritu Santo sobre estos hijos de adopción que renacieron ya a la vida eterna en el Bautismo, para que los fortalezca con la abundancia de sus dones, los consagre con su unción espiritual y haga de ellos imagen perfecta de Jesucristo.

Todos oran en silencio unos instantes.

Después el Obispo (y los presbíteros que junto con él administrarán la Confirmación) impone(n) las manos sobre todos los confirmandos.

54. Mientras tanto el Obispo dice:

Dios todopoderoso,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que regeneraste, por el agua y el Espíritu Santo,
a estos siervos tuyos
y los libraste del pecado;
escucha nuestra oración y envía sobre ellos
el Espíritu Santo Paráclito;
llénalos de espíritu de sabiduría
y de inteligencia,
de espíritu de consejo y de fortaleza,
de espíritu de ciencia y de piedad,
y cólmalos del espíritu de tu santo temor.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

Crismación

55. El diácono o un ministro puede decir una monición con estas palabras u otras semejantes:

Hemos llegado al momento culminante de la celebración. El Obispo les impondrá la mano y los marcará con la cruz gloriosa de Cristo para significar que son propiedad del Señor. Los ungirá con óleo perfumado. Ser crismado es lo mismo que ser Cristo, ser mesías, ser ungido. Y ser mesías y Cristo comporta la misma misión que el Señor: dar testimonio de la verdad y ser, por el buen olor de las buenas obras, fermento de santidad en el mundo.

56. Seguidamente el diácono presenta el santo Crisma al Obispo.

Se acercan al Obispo los confirmandos, o bien el propio Obispo va pasando ante cada uno de ellos. El que presenta al confirmando coloca su mano derecha sobre el hombro de éste y dice al Obispo el nombre del presentado, a no ser que el mismo confirmando diga su nombre.

El Obispo moja el dedo pulgar de su mano derecha en el santo Crisma y hace con él la señal de la cruz sobre la frente del confirmando diciendo:

N., recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo.

Y el confirmando responde:

Amén.

El Obispo añade:
La paz sea contigo.

El confirmando responde:
Y con tu espíritu.

Si ayudan algunos presbíteros a administrar el sacramento de la Confirmación, los diáconos o los ministros dan al Obispo todos los vasos del santo Crisma a fin de que el Obispo entregue personalmente el Crisma a cada uno de los presbíteros; así aparece visiblemente que los presbíteros actúan en nombre del Obispo.

Los confirmandos se acercan al Obispo o a los presbíteros, o bien si se prefiere el Obispo y los presbíteros van pasando ante cada uno de los confirmandos, los cuales son ungidos del modo que se ha indicado más arriba. Terminada la unción el Obispo se lava las manos.

Mientras dura la unción de los confirmandos puede cantarse algún canto apropiado.

Oración universal

57. Terminada la unción de todos los confirmandos, se hace la Oración universal, con el siguiente formulario u otro parecido y debidamente aprobado.

El Obispo:
Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso y, ya que es una misma la fe, la esperanza y el amor que el Espíritu Santo ha infundido en todos nosotros, que nuestra oración sea también unánime ante la presencia de nuestro Padre común.

El diácono, o bien un ministro (o uno de los confirmandos) añade las siguientes peticiones.

Si hace las invocaciones el diácono o un ministro:

Por estos hijos suyos, a quienes el don del Espíritu Santo ha confirmado hoy como miembros más perfectos del pueblo de Dios, para que, arraigados en la fe y cimentados en el amor, den siempre con su vida testimonio de Cristo, roguemos al señor.
R. Te rogamos, óyenos.

Por sus padres y padrinos, para que con su palabra y ejemplo ayuden a seguir fielmente a Cristo a estos confirmados, de cuya fe se han hecho responsables, roguemos al Señor.
R. Te rogamos, óyenos.

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58. Si las peticiones las hace uno de los confirmandos, las dos invocaciones precedentes se sustituyen por las siguientes:

Por nosotros, los que acabamos de ser confirmados, para que el don del Espíritu Santo que nos ha hecho miembros más perfectos del pueblo de Dios nos arraigue en la fe y nos haga crecer en el amor, y así demos con nuestra vida testimonio de Jesucristo, roguemos al Señor.
R. Te rogamos, óyenos.

- Por nuestros padres y padrinos, para que con su palabra y ejemplo nos ayuden a seguir a Cristo y a ser fieles a la fe, roguemos al Señor.
R. Te rogamos, óyenos.
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59. Tanto si hace las invocaciones uno de los confirmandos como si las hace el diácono o un ministro, se continúa:

Por la santa Iglesia de Dios, para que, congregada por el Espíritu Santo en la confesión de una misma fe, crezca en el amor y se dilate por el mundo entero hasta el día de la venida de Cristo, bajo la guía del Papa N., de nuestro Obispo N.(que preside esta celebración) y de todos los Obispos de la Iglesia, roguemos al Señor.
R. Te rogamos, óyenos.

- Por los hombres de todos los pueblos y de todas las razas, hijos de un único Padre y Creador, para que se reconozcan mutuamente hermanos y trabajen por la llegada del reino de Dios, que es paz
y gozo en el Espíritu Santo, roguemos al Señor.
R. Te rogamos, óyenos.

El Obispo:
Señor, Dios nuestro,
que diste a los apóstoles el Espíritu Santo,
y quisiste que por ellos y sus sucesores
fuera transmitido a todos los fieles,
atiende nuestras súplicas y concédenos
que lo que tu amor realizó
en los comienzos de la Iglesia
se realice también hoy
en el corazón de los creyentes.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

Oración dominical

60. El Obispo, con las manos juntas, introduce la oración dominical con estas o parecidas palabras:

Ahora, hermanos, concluyamos nuestra oración y uniéndola a la plegaria que nos enseñó el Señor, digamos todos juntos:

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa diciendo la oración del Padre nuestro.

RITO DE CONCLUSIÓN

Bendición solemne

61. Al final de la Celebración, en lugar de la bendición habitual, se bendice al pueblo con la siguiente fórmula o bien con la oración sobre el pueblo que se indica a continuación.

El Obispo:
El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

El diácono o uno de los ministros puede amonestar a los fieles con estas palabras u otras parecidas:

Inclinaos para recibir la bendición.

Luego, el Obispo, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice:
Dios, Padre todopoderoso,
que os adoptó como hijos,
haciéndoos renacer
del agua y del Espíritu Santo,
os bendiga y os haga siempre dignos de su amor.
R. Amén.

V. El Hijo unigénito de Dios,
que prometió que el Espíritu de verdad
estaría siempre en la Iglesia,
os bendiga y os fortalezca.
R. Amén.

V. El Espíritu Santo,
que encendió en el corazón de los discípulos
el fuego del amor,
os bendiga y, congregándoos en la unidad,
os conduzca a los gozos del reino eterno.
R. Amén.

Y, a continuación, añade:
Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre +, Hijo + y Espíritu + Santo,
descienda sobre vosotros.
R. Amén.

Y se despide al pueblo de la forma acostumbrada.

Oración sobre el pueblo

62. En lugar de la bendición anterior puede usarse, si se prefiere, la siguiente Oración sobre el pueblo.

El Obispo:
El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

El diácono o uno de los ministros puede amonestar a los fieles con estas palabras u otras parecidas:

Inclinaos para recibir la bendición.

Luego, el Obispo, con las manos extendidas sobre el pueblo, dice:
Confirma, oh Dios,
lo que has realizado en nosotros
y conserva los dones del Espíritu Santo
en el corazón de tus fieles,
para que nunca se avergüencen
de dar testimonio de Cristo crucificado,
y cumplan siempre con amor tu voluntad.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.

Y, a continuación, añade:
Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre +, Hijo + y Espíritu + Santo,
descienda sobre vosotros.
R. Amén.

Y se despide al pueblo de la forma acostumbrada.