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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Entrega de la Oración Dominical.

Ritual de la Iniciación cristiana de adultos, 6-enero-1972 (ed. Española, reimpresión 2012)

ENTREGA DE LA ORACIÓN DOMINICAL

188.También se entrega a los elegidos la "Oración dominical", que desde la antigüedad es propia de los que han recibido en el Bautismo el espíritu de los hijos de adopción, y que los neófitos recitan juntamente con los demás bautizados al participar por primera vez en la celebración de la Eucaristía.

189. La entrega de la Oración dominical se hace durante la semana que sigue al tercer escrutinio. Si se juzga conveniente, se puede celebrar también durante el tiempo del catecumenado (cf. nn. 125-126). Surgiendo alguna necesidad, también se puede retrasar para celebrarla juntamente con los ritos de preparación inmediata (cf. nn. 193ss.).

Lecturas y cantos

190. En lugar de las lecturas asignadas a la feria, léanse apropiadas, v. gr.:

- Lectura I. Os 11, 1b. 3-4. 8c-9 (Leccionario VIII, pág. 10):
Con correas de amor lo atraía.

Lectura de la profecía de Oseas 11, 1. 3-4. 8c-9
Así dice el Señor:
«Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo.
Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos; y el no comprendía que yo lo curaba.
Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía;
era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer.
Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas.
No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín;
que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta.»
Palabra de Dios.

- Salmo responsorial: Sal 22, 1-3a. 3b-4.5. 6 (Leccionario VIII, pág. 11).
R. (1) El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. R.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada, temo, porque tu vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R.
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin termino. R.

O bien: Sal 102, 1-2. 8 y 10. 11-12. 13 y 18 (Leccionario VIII, pág. 10).
R. Como un Padre siente cariño por sus hijos, siente el Señor cariño por sus fieles.

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. R.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. R.
Como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles; como dista el oriente del ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos. R.
Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles; para los que guardan la alianza y recitan y cumplen sus mandatos. R.

- Lectura II. Rm 8, 14-17. 26-27 (Leccionario VIII, pág. 12):
Habéis recibido un Espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: "¡Abbá!" (Padre).

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17. 26-27
Hermanos:
Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre).
Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con el glorificados.
Pero además el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.
Palabra de Dios.

O bien: Gá 4, 4-7 (Leccionario VIII, pág. 13):
Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: "¡Abba!" (Padre).

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4, 4-7
Hermanos:
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abba! Padre.» Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.
Palabra de Dios.

- Versículo antes del Evangelio: Rm 8, 15 (Leccionario VIII, pág. 13):
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: "¡Abba!" (Padre).

Evangelio

191. El diácono dice:

Acérquense los que van a recibir la Oración dominical.

Entonces el celebrante habla a los elegidos con éstas o parecidas palabras:

Ahora escuchad cómo el Señor enseñó a orar a sus discípulos:

+ Lectura del santo Evangelio según San Mateo 6, 9-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Vosotros rezad así.
"Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal."

Palabra del Señor.

Sigue la homilía, en la que el celebrante explica el significado y la importancia de la Oración dominical.

Oración sobre los elegidos

192. Después el celebrante invita a los fieles a orar, con éstas o parecidas palabras:

Oremos por nuestros elegidos, para que Dios nuestro Señor les ilumine interiormente, les abra con amor las puertas de la Iglesia y así encuentren en el bautismo el perdón de sus pecados y la incorporación plena a Cristo, nuestro Señor.

Todos oran en silencio.

Seguidamente el celebrante, con las manos extendidas sobre los elegidos, dice:

Dios todopoderoso y eterno,
que haces fecunda a tu Iglesia
dándole constantemente nuevos hijos,
acrecienta la fe y la sabiduría
de nuestros elegidos,
para que, al renacer en la fuente bautismal,
sean contados entre los hijos de adopción.
Por Jesucristo nuestro Señor.

R. Amén.