lunes, 28 de septiembre de 2015

Lunes 2 noviembre 2015, Conmemoración de todos los fieles difuntos (formulario 2).

TEXTOS MISA

2 de noviembre
CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS 2.
Die 2 novembris
IN COMMEMORATIONE OMNIUM FIDELIUM DEFUNCTORUM 2.
Antífona de entrada Cf 4 Esd 2, 34. 35
Señor, dales el descanso eterno y brille sobre ellos la luz eterna.
Antiphona ad introitum Cf. 4 Esd 2, 34. 35
Réquiem aetérnam dona eis, Dómine, et lux perpétua lúceat eis.
Oración colecta
Oh Dios, gloria de los fieles y vida de los justos, nosotros, los redimidos por la muerte y resurrección de tu Hijo, te pedimos que acojas con bondad a tus siervos difuntos, y pues creyeron en la resurrección futura, merezcan alcanzar los gozos de la eterna bienaventuranza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, glória fidélium et vita iustórum, cuius Fílii morte et resurrectióne redémpti sumus, propitiáre fámulis tuis defúnctis, ut, qui resurrectiónis nostrae mystérium agnovérunt, aetérnae beatitúdinis gáudia percípere mereántur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas escogidas para las misas por los Fieles Difuntos.

PRIMERA LECTURA
Lectura del segundo libro de los Macabeos 12, 43-46
En aquellos días, Judas, príncipe de Israel, hizo una colecta y envió a Jerusalén dos mil dracmas de plata, para que ofreciesen un sacrificio por los pecados de los caídos: obrando con gran rectitud y nobleza, pensando en la resurrección.
(Si no hubiera esperado la resurrección de los caídos, habría sido inútil y ridículo rezar por los muertos.) Pues veía que a los que habían muerto piadosamente les estaba reservado un magnífico premio.
Es una idea piadosa y santa rezar por los difuntos para que sean liberados del pecado.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor

SALMO RESPONSORIAL
Sal 114, 5. 6; 115, 10-11. 15-16ac
R. 
Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida.Ambulábo coram Dómino in regióne viventium.

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó. R.
Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida.Ambulábo coram Dómino in regióne viventium.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!».
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.» R.
Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida.Ambulábo coram Dómino in regióne viventium.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
rompiste mis cadenas. R.
Caminaré en presencia del Señor, en el país de la vida.Ambulábo coram Dómino in regióne viventium.

SEGUNDA LECTURA
Transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 3, 20-21

Hermanos: Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

ALELUYA
Jn 6, 40
Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que cree en mí tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día -dice el Señor.Haec est volúntas Patris mei, tu omnis qui credit in me hábeat vitam aetérnam, et ego resuscitábo eum in novíssimo die, dicit Dóminus.

EVANGELIO
Hoy estarás conmigo en el Paraíso
+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 23, 33. 39-43
Gloria a ti, Señor.

Cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», crucificaron allí a Jesús, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
–«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.»
Pero el otro le increpaba:
–«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.»
Y decía:
–«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.»
Jesús le respondió:
–«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las ofrendas
Dios de justicia y misericordia, limpia en la Sangre de Cristo, por medio de este sacrificio, los pecados de tus siervos difuntos, y a los que ya habías lavado con el agua del bautismo, purifícalos ahora con el mismo amor indulgente. Por Jesucristo, Señor nuestro.
Super oblata
Omnípotens et miséricors Deus, his sacrifíciis áblue, quaesumus, fámulos tuos defúnctos a peccátis eórum in sánguine Christi, ut, quos mundásti aqua baptísmatis, indesinénter purífices indulgéntia pietátis. Per Christum.
PREFACIO IV DE DIFUNTOS
La vida terrena y la gloria celeste
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque tu voluntad nos da la vida, tus decretos la dirigen y un mandato tuyo, en castigo del pecado, nos devuelve a la tierra de la que habíamos sido sacados. Y también te damos gracias porque, al redimirnos con la muerte de tu Hijo Jesucristo, por tu voluntad salvadora nos llevas a nueva vida para que tengamos parte en su gloriosa resurrección.
Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la tierra te aclamamos diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO IV DE DEFUNCTIS
De vita terrena ad gloriam caelestem
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Cuius império náscimur, cuius arbítrio régimur, cuius praecépto in terra, de qua sumpti sumus, peccáti lege absólvimur. Et, qui per mortem Fílii tui redémpti sumus, ad ipsíus resurrectiónis glóriam tuo nutu excitámur.
Et ídeo, cum Angelórum atque Sanctórum turba, hymnum laudis tibi cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARÍSTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de la comunión Cf 4 Esd 2, 34. 35
Brille, Señor, sobre ellos la luz eterna; vivan con tus santos por siempre, porque tú eres compasivo. Señor, dales el descanso eterno y brille sobre ellos la luz eterna; vivan con tus santos por siempre, porque tú eres compasivo.
Antiphona ad communionem Cf 4 Esd 2, 34. 35
Lux aetérna lúceat eis, Dómine, cum Sanctis tuis in aetérnum, quia pius es. Réquiem aetérnam dona eis, Dómine, et lux perpétua lúceat eis, cum Sanctis tuis in aetérnum, quia pius es.
Oración después de la comunión
Alimentados con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que murió y resucitó por nosotros, te pedimos, Señor, por tus siervos difuntos para que purificados por el misterio pascual gocen ya de la resurrección eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Sumpto sacraménto Unigéniti tui, qui pro nobis immolátus resurréxit in glória, te, Dómine, supplíciter exorámus pro fámulis tuis defúnctis, ut, paschálibus mystériis mundáti, futúrae resurrectiónis múnere gloriéntur. Per Christum.
Se puede usar la bendición solemne en las celebraciones por los difuntos.
El Dios de todo consuelo, que con amor inefable creó al hombre y en la resurrección de su Hijo ha dado a los creyentes la esperanza de resucitar,
derrame sobre vosotros su bendición.
R. Amén.
Él conceda el perdón de toda culpa a los que aún vivimos en el mundo, y otorgue a los que han muerto el lugar de la luz y de la paz.
R. Amén.
Y a todos nos conceda vivir eternamente felices con Cristo al que proclamamos resucitado de entre los muertos.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
Adhiberi potest formula benedictionis sollemnis in celebrationibus pro defunctis.
Benedícat vos Deus totíus consolatiónis, qui hóminem ineffábili bonitáte creávit, et in resurrectióne Unigéniti sui spem credéntibus resurgéndi concéssit.
R. Amen.
Nobis, qui vívimus, véniam tríbuat pro peccátis, et ómnibus defúnctis locum concédat lucis et pacis.
R. Amen.
Ut omnes cum Christo sine fine felíciter vivámus, quem resurrexísse a mórtuis veráciter crédimus.
R. Amen.
Et benedíctio Dei omnipoténtis, Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti, descéndat super vos et máneat semper.
R. Amen.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Sábado 31 octubre 2015, Lecturas Sábado XXX semana del Tiempo Ordinario, año I impar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la 30ª semana del Tiempo Ordinario, año I (impar).

PRIMERA LECTURA
Si la reprobación de los judíos es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida?
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 1-2a. 11-12. 25-29

Hermanos:
¿Habrá Dios desechado a su pueblo? De ningún modo. También yo soy israelita, descendiente de Abrahán, de la tribu de Benjamín. Dios no ha desechado al pueblo que él eligió.
Pregunto ahora: ¿Han caído para no levantarse? Por supuesto que no. Por haber caído ellos, la salvación ha pasado a los gentiles, para dar envidia a Israel.
Por otra parte, si su caída es riqueza para el mundo, es decir, si su devaluación es la riqueza de los gentiles, ¿qué será cuando alcancen su pleno valor?
Hay aquí una profunda verdad, hermanos, y, para evitar pretensiones entre vosotros, no quiero que la ignoréis: el endurecimiento de una parte de Israel durará hasta que entren todos los pueblos; entonces todo Israel se salvará, según el texto de la Escritura:
«Llegará de Sión el Libertador, para alejar los crímenes de Jacob; así será la alianza que haré con ellos cuando perdone sus pecados.»
Considerando el Evangelio, son enemigos, y ha sido para vuestro bien; pero considerando la elección, Dios los ama en atención a los patriarcas, pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 93, 12-13a. 14-15. 17-18
R.
El Señor no rechaza a su pueblo. Non repéllet Dóminus plebem suam.

Dichoso el hombre a quien tú educas,
al que enseñas tu ley,
dándole descanso tras los años duros. R.
El Señor no rechaza a su pueblo. Non repéllet Dóminus plebem suam.

Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de corazón. R.
El Señor no rechaza a su pueblo. Non repéllet Dóminus plebem suam.

Si el Señor no me hubiera auxiliado,
ya estaría yo habitando en el silencio.
Cuando me parece que voy a tropezar,
tu misericordia, Señor, me sostiene. R.
El Señor no rechaza a su pueblo. Non repéllet Dóminus plebem suam.

ALELUYA
Mt 11, 29ab
Cargad con mi yugo y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, dice el Señor. Tóllite iugum meum super vos, dicit Dóminus, et díscite a me, quia mitis sum et húmilis corde.

EVANGELIO
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 1.7-11
Gloria a ti, Señor.

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola:
-«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá:
"Cédele el puesto a éste."
Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
"Amigo, sube más arriba."
Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Benedicto XVI, ÁNGELUS 29 de agosto de 2010
El Señor no pretende dar una lección de buenos modales, ni sobre la jerarquía entre las distintas autoridades. Insiste, más bien, en un punto decisivo, que es el de la humildad: "El que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado" (Lc 14, 11). Esta parábola, en un significado más profundo, hace pensar también en la postura del hombre en relación con Dios. De hecho, el "último lugar" puede representar la condición de la humanidad degradada por el pecado, condición de la que sólo la encarnación del Hijo unigénito puede elevarla. Por eso Cristo mismo "tomó el último puesto en el mundo –la cruz– y precisamente con esta humildad radical nos redimió y nos ayuda constantemente" (Deus caritas est, 35).

viernes, 25 de septiembre de 2015

Viernes 30 octubre 2015, Lecturas Viernes XXX semana del Tiempo Ordinario, año impar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Viernes de la 30ª semana del Tiempo Ordinario, año I (impar).

PRIMERA LECTURA
Quisiera ser un proscrito por el bien de más hermanos

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5

Hermanos: Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo.
Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20
R.
Glorifica al Señor, Jerusalén. Lauda, Ierusalem, Dóminum.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.
Glorifica al Señor, Jerusalén. Lauda, Ierusalem, Dóminum.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R.
Glorifica al Señor, Jerusalén. Lauda, Ierusalem, Dóminum.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R.
Glorifica al Señor, Jerusalén. Lauda, Ierusalem, Dóminum.

ALELUYA
Jn 10, 27
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; y yo las conozco y ellas me siguen. Oves meæ vocem áudiunt, dicit Dóminus; et ego cognósco eas, et sequúntur me.

EVANGELIO
Si a uno se le cae al pozo el hijo o el buey, ¿no lo saca, aunque sea sábado?

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 1-6
Gloria a ti, Señor.

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.
Se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y, dirigiéndose a los maestros de la Ley y fariseos, preguntó:
-«¿Es lícito curar los sábados, o no?»
Ellos se quedaron callados.
Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió.
Y a ellos les dijo:
-«Si a uno de vosotros se le cae al pozo el hijo o el buey, ¿no lo saca en seguida, aunque sea sábado?»
Y se quedaron sin respuesta.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Teofilacto (Catena aurea)
En lo cual no se propuso el Señor evitar el escándalo de los fariseos, sino hacer un beneficio al que necesitaba de su favor. Conviene, pues, que nosotros, cuando resulte un bien general, no nos cuidemos de si se escandalizarán los necios.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Jueves 29 octubre 2015, Lecturas Jueves XXX semana del Tiempo Ordinario, año impar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la 30ª semana de Tiempo Ordinario. Año I (impar).

PRIMERA LECTURA
Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 31b-39

Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros? ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?, como dice la Escritura: «Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza.»
Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 108, 21-22. 26-27. 30-31
R.
Sálvame, Señor, por tu bondad. Salvum me fac, Dómine, secúndum misericórdiam tuam.

Tú, Señor, trátame bien, por tu nombre,
líbrame con la ternura de tu bondad;
que yo soy un pobre desvalido,
y llevo dentro el corazón, traspasado. R.
Sálvame, Señor, por tu bondad. Salvum me fac, Dómine, secúndum misericórdiam tuam.

Socórreme, Señor, Dios mío,
sálvame por tu bondad.
Reconozcan que aquí está tu mano,
que eres tú, Señor, quien lo ha hecho. R.
Sálvame, Señor, por tu bondad. Salvum me fac, Dómine, secúndum misericórdiam tuam.

Yo daré gracias al Señor con voz potente,
lo alabaré en medio de la multitud:
porque se puso a la derecha del pobre,
para salvar su vida de los jueces. R.
Sálvame, Señor, por tu bondad. Salvum me fac, Dómine, secúndum misericórdiam tuam.

ALELUYA
Lc 19, 38
¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto. Benedíctus qui venit rex in nómine Dómini, pax in cælo et glória in excélsis.

EVANGELIO
No cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 31-35
Gloria a ti, Señor.

En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle:
-«Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.»
Él contestó:
-«Id a decirle a ese zorro: "Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término."
Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén.
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!
¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía.
Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: "Bendito el que viene en nombre del Señor.”»

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

San Agustín, In Ioann. Evang., 15, 7.
Vosotros, hermanos míos, sabéis bien cómo enferma la gallina al tener los polluelos. Ningún ave manifiesta su maternidad como ella. En efecto, cada día vemos cómo hacen sus nidos los pájaros, las golondrinas, cigüeñas y palomas; pero sólo sabemos que son madres cuando las vemos empollar en sus nidos. La gallina, sin embargo, enferma de tal manera al tener sus polluelos que, aunque no vayan tras ella, aunque no la sigan sus hijos, te das cuenta de que es madre. Así lo indican sus alas caídas, y sus plumas erizadas, y su peculiar cloqueo, y todos sus miembros laxos y abatidos; todo eso, como digo, indica que es madre, aunque no se vean sus polluelos. Así es como está enfermo Jesús...

domingo, 20 de septiembre de 2015

Domingo 25 octubre 2015, XXX Domingo del Tiempo Ordinario, Lecturas ciclo B.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Domingo de la 30ª semana del Tiempo Ordinario, ciclo B.

PRIMERA LECTURA
Guiaré entre consuelos a los ciegos y cojos

Lectura del libro de Jeremías 31, 7-9

Así dice el Señor:
«Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos; proclamad, alabad y decid:
El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel.
Mirad que yo os traeré del país del norte, os congregaré de los confines de la tierra.
Entre ellos hay ciegos y cojos, preñadas y paridas: una gran multitud retorna.
Se marcharon llorando, los guiaré entre consuelos; los llevaré a torrentes de agua, por un camino llano en que no tropezarán.
Seré un padre para Israel, Efraín será mi primogénito.»

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6
R.
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Magnificábit Dóminus fácere nobíscum; facti sumus lætántes.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R.
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Magnificábit Dóminus fácere nobíscum; facti sumus lætántes.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R.
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Magnificábit Dóminus fácere nobíscum; facti sumus lætántes.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R.
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Magnificábit Dóminus fácere nobíscum; facti sumus lætántes.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R.
El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Magnificábit Dóminus fácere nobíscum; facti sumus lætántes.

SEGUNDA LECTURA
Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec

Lectura de la carta a los Hebreos 5, 1-6

Hermanos:
Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados.
Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades.
A causa de ellas, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, como por los del pueblo.
Nadie puede arrogarse este honor: Dios es quien llama, como en el caso de Aarón. Tampoco Cristo se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote, sino aquel que le dijo: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy», o, como dice otro pasaje de la Escritura: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.»

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

ALELUYA
Cf. 2 Tm 1, 10
Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida, por medio del Evangelio. Salvátor noster Iesus Christus destrúxit mortem, et illuminávit vitam per Evangélium.

EVANGELIO
Maestro, haz que pueda ver

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 46-52
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
- «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»
Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más:
- «Hijo de David, ten compasión de mí.»
Jesús se detuvo y dijo:
- «Llamadlo.»
Llamaron al ciego, diciéndole:
- «Ánimo, levántate, que te llama.»
Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo:
- «¿Qué quieres que haga por ti?»
El ciego le contestó:
- «Maestro, que pueda ver.»
Jesús le dijo:
- «Anda, tu fe te ha curado.»
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

DIRECTORIO HOMILÉTICO
I. La homilía y el Catecismo de la Iglesia Católica.
Ciclo B. Trigésimo domingo del Tiempo Ordinario.
Jesús manifiesta los signos mesiánicos.
547 Jesús acompaña sus palabras con numerosos "milagros, prodigios y signos" (Hch 2, 22) que manifiestan que el Reino está presente en El. Ellos atestiguan que Jesús es el Mesías anunciado (cf, Lc 7, 18-23).
548 Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado (cf. Jn 5, 36; Jn 10, 25). Invitan a creer en Jesús (cf. Jn 10, 38). Concede lo que le piden a los que acuden a él con fe (cf. Mc 5, 25-34; Mc 10, 52; etc.). Por tanto, los milagros fortalecen la fe en Aquél que hace las obras de su Padre: éstas testimonian que él es Hijo de Dios (cf. Jn 10, 31-38). Pero también pueden ser "ocasión de escándalo" (Mt 11, 6). No pretenden satisfacer la curiosidad ni los deseos mágicos. A pesar de tan evidentes milagros, Jesús es rechazado por algunos (cf. Jn 11, 47-48); incluso se le acusa de obrar movido por los demonios (cf. Mc 3, 22).
549 Al liberar a algunos hombres de los males terrenos del hambre (cf. Jn 6, 5-15), de la injusticia (cf. Lc 19, 8), de la enfermedad y de la muerte (cf. Mt 11, 5), Jesús realizó unos signos mesiánicos; no obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo (cf. Lc 12, 13.14; Jn 18, 36), sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado (cf. Jn 8, 34-36), que es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus servidumbres humanas.
550 La venida del Reino de Dios es la derrota del reino de Satanás (cf. Mt 12, 26): "Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios" (Mt 12, 28). Los exorcismos de Jesús liberan a los hombres del dominio de los demonios (cf Lc 8, 26-39). Anticipan la gran victoria de Jesús sobre "el príncipe de este mundo" (Jn 12, 31). Por la Cruz de Cristo será definitivamente establecido el Reino de Dios: "Regnavit a ligno Deus" ("Dios reinó desde el madero de la Cruz", himno "Vexilla Regis").
La fe es un don de Dios.
1814 La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que El nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque El es la verdad misma. Por la fe "el hombre se entrega entera y libremente a Dios" (DV 5). Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. "El justo vivirá por la fe" (Rm 1, 17). La fe viva "actúa por la caridad" (Ga 5, 6).
1815 El don de la fe permanece en el que no ha pecado contra ella (cf Cc Trento: DS 1545). Pero, "la fe sin obras está muerta" (St 2, 26): Privada de la esperanza y de la caridad, la fe no une plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su Cuerpo.
1816 El discípulo de Cristo no debe sólo guardar la fe y vivir de ella, sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla: "Todos vivan preparados para confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle por el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia" (LG 42; cf DH 14). El servicio y el testimonio de la fe son requeridos para la salvación: "Por todo aquél que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos" (Mt 10, 32-33).
La confianza filial en la oración.
2734 La confianza filial se prueba en la tribulación (cf. Rm 5, 3-5), particularmente cuando se ora pidiendo para sí o para los demás. Hay quien deja de orar porque piensa que su oración no es escuchada. A este respecto se plantean dos cuestiones: Por qué la oración de petición no ha sido escuchada; y cómo la oración es escuchada o "eficaz".
Queja por la oración no escuchada
2735 He aquí una observación llamativa: cuando alabamos a Dios o le damos gracias por sus beneficios en general, no estamos preocupados por saber si esta oración le es agradable. Por el contrario, cuando pedimos, exigimos ver el resultado. ¿Cuál es entonces la imagen de Dios presente en este modo de orar: Dios como medio o Dios como el Padre de Nuestro Señor Jesucristo?
2736 ¿Estamos convencidos de que "nosotros no sabemos pedir como conviene" (Rm 8, 26)? ¿Pedimos a Dios los "bienes convenientes"? Nuestro Padre sabe bien lo que nos hace falta antes de que nosotros se lo pidamos (cf. Mt 6, 8) pero espera nuestra petición porque la dignidad de sus hijos está en su libertad. Por tanto es necesario orar con su Espíritu de libertad, para poder conocer en verdad su deseo (cf Rm 8, 27).
2737 "No tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones" (St 4, 2-3; cf. todo el contexto St 4, 1-10; St 1, 5-8; St 5, 16). Si pedimos con un corazón dividido, "adúltero" (St 4, 4), Dios no puede escucharnos porque él quiere nuestro bien, nuestra vida. "¿Pensáis que la Escritura dice en vano: Tiene deseos ardientes el espíritu que El ha hecho habitar en nosotros" (St 4, 5)? Nuestro Dios está "celoso" de nosotros, lo que es señal de la verdad de su amor. Entremos en el deseo de su Espíritu y seremos escuchados:
"No te aflijas si no recibes de Dios inmediatamente lo que pides: es él quien quiere hacerte más bien todavía mediante tu perseverancia en permanecer con él en oración (Evagrio, or. 34). El quiere que nuestro deseo sea probado en la oración. Así nos dispone para recibir lo que él está dispuesto a darnos" (San Agustín, ep. 130, 8, 17).

Del Papa Benedicto XVI
Homilía. Domingo 28 de octubre de 2012
Venerables hermanos, ilustres señores y señoras, queridos hermanos y hermanas
El milagro de la curación del ciego Bartimeo ocupa un lugar relevante en la estructura del Evangelio de Marcos. En efecto, está colocado al final de la sección llamada "viaje a Jerusalén", es decir, la última peregrinación de Jesús a la Ciudad Santa para la Pascua, en donde él sabe que lo espera la pasión, la muerte y la resurrección. Para subir a Jerusalén, desde el valle del Jordán, Jesús pasó por Jericó, y el encuentro con Bartimeo tuvo lugar a las afueras de la ciudad, mientras Jesús, como anota el evangelista, salía "de Jericó con sus discípulos y bastante gente" (Mc 10, 46); gente que, poco después, aclamará a Jesús como Mesías en su entrada a Jerusalén. Bartimeo, cuyo nombre, como dice el mismo evangelista, significa "hijo de Timeo", estaba precisamente sentado al borde del camino pidiendo limosna. Todo el Evangelio de Marcos es un itinerario de fe, que se desarrolla gradualmente en el seguimiento de Jesús. Los discípulos son los primeros protagonistas de este paulatino descubrimiento, pero hay también otros personajes que desempeñan un papel importante, y Bartimeo es uno de éstos. La suya es la última curación prodigiosa que Jesús realiza antes de su pasión, y no es casual que sea la de un ciego, es decir una persona que ha perdido la luz de sus ojos. Sabemos también por otros textos que en los evangelios la ceguera tiene un importante significado. Representa al hombre que tiene necesidad de la luz de Dios, la luz de la fe, para conocer verdaderamente la realidad y recorrer el camino de la vida. Es esencial reconocerse ciegos, necesitados de esta luz, de lo contrario se es ciego para siempre (cf. Jn 9, 39-41).
Bartimeo, pues, en este punto estratégico del relato de Marcos, está puesto como modelo. Él no es ciego de nacimiento, sino que ha perdido la vista: es el hombre que ha perdido la luz y es consciente de ello, pero no ha perdido la esperanza, sabe percibir la posibilidad de un encuentro con Jesús y confía en él para ser curado. En efecto, cuando siente que el Maestro pasa por el camino, grita: "Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí" (Mc 10, 47), y lo repite con fuerza (v. 48). Y cuando Jesús lo llama y le pregunta qué quiere de él, responde: "Maestro, que pueda ver" (v. 51). Bartimeo representa al hombre que reconoce el propio mal y grita al Señor, con la confianza de ser curado. Su invocación, simple y sincera, es ejemplar, y de hecho -al igual que la del publicano en el templo: "Oh Dios, ten compasión de este pecador" (Lc 18, 13)- ha entrado en la tradición de la oración cristiana. En el encuentro con Cristo, realizado con fe, Bartimeo recupera la luz que había perdido, y con ella la plenitud de la propia dignidad: se pone de pie y retoma el camino, que desde aquel momento tiene un guía, Jesús, y una ruta, la misma que Jesús recorre. El evangelista no nos dice nada más de Bartimeo, pero en él nos muestra quién es el discípulo: aquel que, con la luz de la fe, sigue a Jesús "por el camino" (v. 52).
San Agustín, en uno de sus escritos, hace una observación muy particular sobre la figura de Bartimeo, que puede resultar también interesante y significativa para nosotros. El Santo Obispo de Hipona reflexiona sobre el hecho de que Marcos, en este caso, indica el nombre no sólo de la persona que ha sido curada, sino también del padre, y concluye que "Bartimeo, hijo de Timeo, era un personaje que de una gran prosperidad cayó en la miseria, y que ésta condición suya de miseria debía ser conocida por todos y de dominio público, puesto que no era solamente un ciego, sino un mendigo sentado al borde del camino. Por esta razón Marcos lo recuerda solamente a él, porque la recuperación de su vista hizo que ese milagro tuviera una resonancia tan grande como la fama de la desventura que le sucedió" (Concordancia de los evangelios, 2, 65, 125: PL 34, 1138). Hasta aquí san Agustín.
Esta interpretación, que ve a Bartimeo como una persona caída en la miseria desde una condición de "gran prosperidad", nos hace pensar; nos invita a reflexionar sobre el hecho de que hay riquezas preciosas para nuestra vida, y que no son materiales, que podemos perder. En esta perspectiva, Bartimeo podría ser la representación de cuantos viven en regiones de antigua evangelización, donde la luz de la fe se ha debilitado, y se han alejado de Dios, ya no lo consideran importante para la vida: personas que por eso han perdido una gran riqueza, han "caído en la miseria" desde una alta dignidad -no económica o de poder terreno, sino cristiana -, han perdido la orientación segura y sólida de la vida y se han convertido, con frecuencia inconscientemente, en mendigos del sentido de la existencia. Son las numerosas personas que tienen necesidad de una nueva evangelización, es decir de un nuevo encuentro con Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios (cf. Mc 1, 1), que puede abrir nuevamente sus ojos y mostrarles el camino. Es significativo que, mientras concluimos la Asamblea sinodal sobre la nueva evangelización, la liturgia nos proponga el Evangelio de Bartimeo. Esta Palabra de Dios tiene algo que decirnos de modo particular a nosotros, que en estos días hemos reflexionado sobre la urgencia de anunciar nuevamente a Cristo allá donde la luz de la fe se ha debilitado, allá donde el fuego de Dios es como un rescoldo, que pide ser reavivado, para que sea llama viva que da luz y calor a toda la casa.
La nueva evangelización concierne toda la vida de la Iglesia. Ella se refiere, en primer lugar, a la pastoral ordinaria que debe estar más animada por el fuego del Espíritu, para encender los corazones de los fieles que regularmente frecuentan la comunidad y que se reúnen en el día del Señor para nutrirse de su Palabra y del Pan de vida eterna. Deseo subrayar tres líneas pastorales que han surgido del Sínodo. La primera corresponde a los sacramentos de la iniciación cristiana. Se ha reafirmado la necesidad de acompañar con una catequesis adecuada la preparación al bautismo, a la confirmación y a la Eucaristía. También se ha reiterado la importancia de la penitencia, sacramento de la misericordia de Dios. La llamada del Señor a la santidad, dirigida a todos los cristianos, pasa a través de este itinerario sacramental. En efecto, se ha repetido muchas veces que los verdaderos protagonistas de la nueva evangelización son los santos: ellos hablan un lenguaje comprensible para todos, con el ejemplo de la vida y con las obras de caridad.
En segundo lugar, la nueva evangelización está esencialmente conectada con la misión ad gentes. La Iglesia tiene la tarea de evangelizar, de anunciar el Mensaje de salvación a los hombres que aún no conocen a Jesucristo. En el transcurso de las reflexiones sinodales, se ha subrayado también que existen muchos lugares en África, Asía y Oceanía en donde los habitantes, muchas veces sin ser plenamente conscientes, esperan con gran expectativa el primer anuncio del Evangelio. Por tanto es necesario rezar al Espíritu Santo para que suscite en la Iglesia un renovado dinamismo misionero, cuyos protagonistas sean de modo especial los agentes pastorales y los fieles laicos. La globalización ha causado un notable desplazamiento de poblaciones; por tanto el primer anuncio se impone también en los países de antigua evangelización. Todos los hombres tienen el derecho de conocer a Jesucristo y su Evangelio; y a esto corresponde el deber de los cristianos, de todos los cristianos -sacerdotes, religiosos y laicos-, de anunciar la Buena Noticia.
Un tercer aspecto tiene que ver con las personas bautizadas pero que no viven las exigencias del bautismo. Durante los trabajos sinodales se ha puesto de manifiesto que estas personas se encuentran en todos los continentes, especialmente en los países más secularizados. La Iglesia les dedica una atención particular, para que encuentren nuevamente a Jesucristo, vuelvan a descubrir el gozo de la fe y regresen a las prácticas religiosas en la comunidad de los fieles. Además de los métodos pastorales tradicionales, siempre válidos, la Iglesia intenta utilizar también métodos nuevos, usando asimismo nuevos lenguajes, apropiados a las diferentes culturas del mundo, proponiendo la verdad de Cristo con una actitud de diálogo y de amistad que tiene como fundamento a Dios que es Amor. En varias partes del mundo, la Iglesia ya ha emprendido dicho camino de creatividad pastoral, para acercarse a las personas alejadas y en busca del sentido de la vida, de la felicidad y, en definitiva, de Dios. Recordamos algunas importantes misiones ciudadanas, el "Atrio de los gentiles", la Misión Continental, etcétera. Sin duda el Señor, Buen Pastor, bendecirá abundantemente dichos esfuerzos que provienen del celo por su Persona y su Evangelio.
Queridos hermanos y hermanas, Bartimeo, una vez recuperada la vista gracias a Jesús, se unió al grupo de los discípulos, entre los cuales seguramente había otros que, como él, habían sido curados por el Maestro. Así son los nuevos evangelizadores: personas que han tenido la experiencia de ser curados por Dios, mediante Jesucristo. Y su característica es una alegría de corazón, que dice con el salmista: "El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres" (Sal 125, 3). También nosotros hoy, nos dirigimos al Señor, Redemptor hominis y Lumen gentium, con gozoso agradecimiento, haciendo nuestra una oración de san Clemente de Alejandría: "Hasta ahora me he equivocado en la esperanza de encontrar a Dios, pero puesto que tú me iluminas, oh Señor, encuentro a Dios por medio de ti, y recibo al Padre de ti, me hago tu coheredero, porque no te has avergonzado de tenerme por hermano. Cancelemos, pues, cancelemos el olvido de la verdad, la ignorancia; y removiendo las tinieblas que nos impiden la vista como niebla en los ojos, contemplemos al verdadero Dios...; ya que una luz del cielo brilló sobre nosotros sepultados en las tinieblas y prisioneros de la sombra de muerte, [una luz] más pura que el sol, más dulce que la vida de aquí abajo" (Protrettico, 113, 2- 114, 1). Amén
ÁNGELUS, Domingo 29 de octubre de 2006
Queridos hermanos y hermanas: 
En el evangelio de este domingo (Mc 10, 46-52) leemos que, mientras el Señor pasa por las calles de Jericó, un ciego de nombre Bartimeo se dirige a él gritando con fuerte voz: "Hijo de David, ten compasión de mí". Esta oración toca el corazón de Cristo, que se detiene, lo manda llamar y lo cura. El momento decisivo fue el encuentro personal, directo, entre el Señor y aquel hombre que sufría. Se encuentran uno frente al otro: Dios, con su deseo de curar, y el hombre, con su deseo de ser curado. Dos libertades, dos voluntades convergentes: "¿Qué quieres que te haga?", le pregunta el Señor. "Que vea", responde el ciego. "Vete, tu fe te ha curado". Con estas palabras se realiza el milagro. Alegría de Dios, alegría del hombre. 
Y Bartimeo, tras recobrar la vista -narra el evangelio- "lo sigue por el camino", es decir, se convierte en su discípulo y sube con el Maestro a Jerusalén para participar con él en el gran misterio de la salvación. Este relato, en sus aspectos fundamentales, evoca el itinerario del catecúmeno hacia el sacramento del bautismo, que en la Iglesia antigua se llamaba también "iluminación". 
La fe es un camino de iluminación: parte de la humildad de reconocerse necesitados de salvación y llega al encuentro personal con Cristo, que llama a seguirlo por la senda del amor. Según este modelo se presentan en la Iglesia los itinerarios de iniciación cristiana, que preparan para los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. En los lugares de antigua evangelización, donde se suele bautizar a los niños, se proponen a los jóvenes y a los adultos experiencias de catequesis y espiritualidad que permiten recorrer un camino de redescubrimiento de la fe de modo maduro y consciente, para asumir luego un compromiso coherente de testimonio. 
¡Cuán importante es la labor que realizan en este campo los pastores y los catequistas! El redescubrimiento del valor de su bautismo es la base del compromiso misionero de todo cristiano, porque vemos en el Evangelio que quien se deja fascinar por Cristo no puede menos de testimoniar la alegría de seguir sus pasos. En este mes de octubre, dedicado especialmente a la misión, comprendemos mucho mejor que, precisamente en virtud del bautismo, poseemos una vocación misionera connatural. 
Invoquemos la intercesión de la Virgen María para que se multipliquen los misioneros del Evangelio. Que cada bautizado, íntimamente unido al Señor, se sienta llamado a anunciar a todos el amor de Dios con el testimonio de su vida.

San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios 195-198
195 La fe de Bartimeo
Esta vez es San Marcos quien nos cuenta la curación de otro ciego. Al salir de Jericó con sus discípulos, seguido de muchísima gente, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino para pedir limosna (Mc10, 46). Oyendo aquel gran rumor de la gente, el ciego preguntó: ¿qué pasa? Le contestaron: Jesús de Nazaret. Y entonces se le encendió tanto el alma en la fe de Cristo, que gritó: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí (Mc 10, 47).
¿No te entran ganas de gritar a ti, que estás también parado a la vera del camino, de ese camino de la vida, que es tan corta; a ti, que te faltan luces; a ti, que necesitas más gracias para decidirte a buscar la santidad? ¿No sientes la urgencia de clamar: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí? ¡Qué hermosa jaculatoria, para que la repitas con frecuencia!
Os aconsejo que meditéis despacio los momentos que preceden al prodigio, con el fin de que conservéis bien grabada en vuestra mente una idea muy clara: ¡qué distintos son, del Corazón misericordioso de Jesús, nuestros pobres corazones! Os servirá siempre, y de modo especial a la hora de la prueba, de la tentación, y también a la hora de la respuesta generosa en los pequeños quehaceres y en las ocasiones heroicas.
Había allí muchos que reñían a Bartimeo con el intento de que callara (Mc 10, 48). Como a ti, cuando has sospechado que Jesús pasaba a tu vera. Se aceleró el latir de tu pecho y comenzaste también a clamar, removido por una íntima inquietud. Y amigos, costumbres, comodidad, ambiente, todos te aconsejaron: ¡cállate, no des voces! ¿Por qué has de llamar a Jesús? ¡No le molestes!
Pero el pobre Bartimeo no les escuchaba, y aun continuaba con más fuerza: Hijo de David, ten compasión de mí. El Señor, que le oyó desde el principio, le dejó perseverar en su oración. Lo mismo que a ti. Jesús percibe la primera invocación de nuestra alma, pero espera. Quiere que nos convenzamos de que le necesitamos; quiere que le roguemos, que seamos tozudos, como aquel ciego que estaba junto al camino que salía de Jericó. Imitémosle. Aunque Dios no nos conceda enseguida lo que le pedimos, aunque muchos intenten alejarnos de la oración, no cesemos de implorarle (S. Juan Crisóstomo, In Matthaeum homiliae, 66, 1 (PG 58, 626).
196 Parándose entonces Jesús, le mandó llamar. Y algunos de los mejores que le rodean, se dirigen al ciego: ea, buen ánimo, que te llama (Mc 10, 49). ¡Es la vocación cristiana! Pero no es una sola la llamada de Dios. Considerad además que el Señor nos busca en cada instante: levántate -nos indica-, sal de tu poltronería, de tu comodidad, de tus pequeños egoísmos, de tus problemitas sin importancia. Despégate de la tierra, que estás ahí plano, chato, informe. Adquiere altura, peso y volumen y visión sobrenatural.
Aquel hombre, arrojando su capa, al instante se puso en pie y vino a él (Mc 10, 50). ¡Tirando su capa! No sé si tú habrás estado en la guerra. Hace ya muchos años, yo pude pisar alguna vez el campo de batalla, después de algunas horas de haber acabado la pelea; y allí había, abandonados por el suelo, mantas, cantimploras y macutos llenos de recuerdos de familia: cartas, fotografías de personas amadas... ¡Y no eran de los derrotados; eran de los victoriosos! Aquello, todo aquello les sobraba, para correr más aprisa y saltar el parapeto enemigo. Como a Bartimeo, para correr detrás de Cristo.
No olvides que, para llegar hasta Cristo, se precisa el sacrificio; tirar todo lo que estorbe: manta, macuto, cantimplora. Tú has de proceder igualmente en esta contienda para la gloria de Dios, en esta lucha de amor y de paz, con la que tratamos de extender el reinado de Cristo. Por servir a la Iglesia, al Romano Pontífice y a las almas, debes estar dispuesto a renunciar a todo lo que sobre; a quedarte sin esa manta, que es abrigo en las noches crudas; sin esos recuerdos amados de la familia; sin el refrigerio del agua. Lección de fe, lección de amor. Porque hay que amar a Cristo así.
197 Fe con obras
E inmediatamente comienza un diálogo divino, un diálogo de maravilla, que conmueve, que enciende, porque tú y yo somos ahora Bartimeo. Abre Cristo la boca divina y pregunta: quid tibi vis faciam?, ¿qué quieres que te conceda? Y el ciego: Maestro que vea (Mc 10, 51). ¡Qué cosa más lógica! Y tú, ¿ves? ¿No te ha sucedido, en alguna ocasión, lo mismo que a ese ciego de Jericó? Yo no puedo dejar de recordar que, al meditar este pasaje muchos años atrás, al comprobar que Jesús esperaba algo de mí -¡algo que yo no sabía qué era!-, hice mis jaculatorias. Señor, ¿qué quieres?, ¿qué me pides? Presentía que me buscaba para algo nuevo y el Rabboni, ut videam -Maestro, que vea- me movió a suplicar a Cristo, en una continua oración: Señor, que eso que Tú quieres, se cumpla.
198 Rezad conmigo al Señor: doce me facere voluntatem tuam, quia Deus meus es tu (Sal 143, 10), enséñame a cumplir tu Voluntad, porque Tú eres mi Dios. En una palabra, que brote de nuestros labios el afán sincero de corresponder, con deseo eficaz, a las invitaciones de nuestro Creador, procurando seguir sus designios con una fe inquebrantable, con el convencimiento de que El no puede fallar.
Amada de este modo la Voluntad divina, entenderemos que el valor de la fe no está sólo en la claridad con que se expone, sino en la resolución para defenderla con las obras: y actuaremos en consecuencia.
Pero volvamos a la escena que se desarrolla a la salida de Jericó. Ahora es a ti, a quien habla Cristo. Te dice: ¿qué quieres de Mí? ¡Que vea, Señor, que vea! Y Jesús: anda, que tu fe te ha salvado. E inmediatamente vio y le iba siguiendo por el camino (Mc 10, 52). Seguirle en el camino. Tú has conocido lo que el Señor te proponía, y has decidido acompañarle en el camino. Tú intentas pisar sobre sus pisadas, vestirte de la vestidura de Cristo, ser el mismo Cristo: pues tu fe, fe en esa luz que el Señor te va dando, ha de ser operativa y sacrificada. No te hagas ilusiones, no pienses en descubrir modos nuevos. La fe que El nos reclama es así: hemos de andar a su ritmo con obras llenas de generosidad, arrancando y soltando lo que estorba.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Sábado 24 octubre 2015, Lecturas Sábado XXIX Semana del Tiempo Ordinario, año I impar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la 29ª Semana del Tiempo Ordinario. Año I (impar).

PRIMERA LECTURA
El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8, 1-11

Hermanos:
No pesa condena alguna sobre los que están unidos a Cristo Jesús, pues por la unión con Cristo, la ley vivificante del Espíritu me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
Lo que no pudo hacer la ley, por causa de la debilidad humana, lo ha hecho Dios: envió a su Hijo en una condición pecadora como la nuestra, haciéndolo víctima por el pecado, y en su ser mortal, condenó el pecado.
Así, el ideal que proponía la ley puede realizarse en nosotros, que ya no procedemos dirigidos por la carne, sino por el Espíritu.
Los que se dejan dirigir por la carne tienden a lo carnal; en cambio, los que se dejan dirigir por el Espíritu tienden a lo espiritual.
Nuestra carne tiende a la muerte, el Espíritu, a la vida y a la paz.
Porque la tendencia de la carne es rebelarse contra Dios; no sólo no se somete a la ley de Dios, ni siquiera lo puede.
Los que están en la carne no pueden agradar a Dios.
Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros.
El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia.
Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Palabra del Señor.
Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
Sal 23, 1-2.3-4ab. 5-6
R.
Ésta es la generación que busca tu rostro, Señor. Hæc est generátio quæréntium fáciem tuam, Dómine.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe, y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R.
Ésta es la generación que busca tu rostro, Señor. Hæc est generátio quæréntium fáciem tuam, Dómine.

–¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
–El hombre de manos inocentes,
y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R.
Ésta es la generación que busca tu rostro, Señor. Hæc est generátio quæréntium fáciem tuam, Dómine.

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Ésta es la generación que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.
Ésta es la generación que busca tu rostro, Señor. Hæc est generátio quæréntium fáciem tuam, Dómine.

ALELUYA
Ez 33, 11
No quiero la muerte del malvado -dice el Señor-, sino que cambie de conducta y viva. Nolo mortem ímpii, dicit Dóminus, sed ut convertátur et vivat.

EVANGELIO
Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera
+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 13, 1-9
Gloria a ti, Señor.

En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:
–¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.
Y les dijo esta parábola:
Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador:
–Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?
Pero el viñador contestó:
–Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

San Agustín, SERMON 110, La higuera estéril (Lc 13, 6-13).
¿Qué significado tiene cavar un hoyo alrededor, sino enseñar la humildad y la penitencia? El hoyo es tierra de abajo. El cesto de abono has de entenderlo en buen sentido. Es estiércol, pero produce fruto. El estiércol del agricultor es el dolor del pecador. Los que hacen penitencia, sí lo entienden bien y la hacen de verdad, la hacen en el estiércol. Así, pues, a este árbol se le dice: Haced penitencia; llegó el reino de los cielos.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Formularios para la Misa exequial, fuera de tiempo pascual.

Difuntos y exequias


1. EN LAS EXEQUIAS
La misa exequial se puede celebrar todos los días, excepto las solemnidades de precepto, el Jueves Santo, el Triduo pascual y los domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua.
I. IN EXSEQUIIS
Missa exsequialis celebrari potest omnibus diebus, exceptis sollemnitatibus de praecepto, Feria V Hebdomadae sanctae, Triduo paschali et dominicis Adventus, Quadragesimae aut Paschae.

A. Fuera del tiempo pascual
A. Extra tempus paschale
Antífona de entrada Cf. 4 Esd 2, 34-35
Señor, dales el descanso eterno y brille sobre ellos la luz eterna.
Antiphona ad introitum Cf. 4 Esdr 2, 34-35
Réquiem aetérnam dona eis, Dómine, et lux perpétua lúceat eis.
Oración colecta
Dios Padre omnipotente, nuestra fe confiesa que tu Hijo ha muerto y ha resucitado; por este misterio, concede bondadoso a tu siervo N., que se ha dormido en el Señor, alegrarse de resucitar por él. Él, que vive y reina contigo.
O bien:
Oh, Dios, siempre dispuesto a la misericordia y al perdón, escucha nuestras súplicas por tu siervo N., a quien has llamado [hoy] a tu presencia, y, porque en ti creyó y esperó, condúcelo a la patria verdadera para que goce contigo de las alegrías eternas. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, Pater omnípotens, cuius Fílium mórtuum fuísse et resurrexísse fides nostra fatétur, concéde propítius, ut hoc mystério fámulus tuus N., qui in illo dormívit, per illum resúrgere laetétur. Qui tecum.
Vel:
Deus, cui próprium est miseréri semper et párcere, te súpplices exorámus pro fámulo tuo N., quem (hódie) ad te migráre iussísti, ut, quia in te sperávit et crédidit, concédas eum ad veram pátriam perdúci, et gáudiis pérfrui sempitérnis. Per Dóminum.

Oración sobre las ofrendas
Te presentamos, Señor, estas ofrendas implorando de tu bondad la salvación de tu siervo N.; concédele que tu Hijo Jesucristo, del que no dudó fuese su Salvador, sea para él Juez misericordioso. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Pro fámuli tui N. salúte hóstias tibi, Dómine, supplíciter offérimus tuam cleméntiam deprecántes, ut, qui Fílium tuum pium Salvatórem esse non dubitávit, misericórdem Iúdicem invéniat. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
PREFACIO I DE DIFUNTOS
La esperanza de la resurrección en Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
En él brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad.
Porque la vida de tus fieles, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.
Por eso, con los ángeles y arcángeles, tronos y dominaciones, y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO I DE DEFUNCTIS
De spe resurrectionis in Christo
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
In quo nobis spes beátae resurrectiónis effúlsit, ut, quos contrístat certa moriéndi condício, eósdem consolétur futúrae immortalitátis promíssio.
Tuis enim fidélibus, Dómine, vita mutátur, non tóllitur, et, dissolúta terréstris huius incolátus domo, aetérna in caelis habitátio comparátur.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III.
PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de la comunión Cf. 4 Esd 2, 35-34
Brille, Señor, sobre ellos la luz eterna; vivan con tus santos por siempre, porque tú eres compasivo. Señor, dales el descanso eterno y brille sobre ellos la luz eterna; vivan con tus santos por siempre, porque tú eres compasivo.
Antiphona ad communionem Cf. 4 Esdr 2, 34-35
Lux aetérna lúceat eis, Dómine, cum Sanctis tuis in aetérnum, quia pius es. Réquiem aetérnam dona eis, Dómine, et lux perpétua lúceat eis, cum Sanctis tuis in aetérnum, quia pius es.
Oración después de la comunión
Señor y Dios, por el sacramento del Cuerpo de tu Hijo que nos dejó como viático, te pedimos en tu bondad que nuestro hermano N. llegue a la mesa eterna de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Post communionem
Dómine Deus, cuius Fílius in sacraménto Córporis sui viáticum nobis relíquit, concéde propítius, ut per hoc frater noster N. ad ipsam Christi pervéniat mensam aetérnam. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.


B) Fuera del tiempo pascual
B. Extra tempus paschale
Antífona de entrada
El Señor le abra las puertas del paraíso para que pueda volver a aquella patria donde no hay muerte, donde permanece la alegría sin fin.
Antiphona ad introitum
Apériat ei Dóminus paradísi iánuam, ut ad illam pátriam revertátur, ubi mors non est, ubi aetérnum gáudium persevérat.
Oración colecta
Oh, Dios, misericordia de los pecadores y felicidad de tus santos, al cumplir [hoy] el deber humano de dar sepultura al cuerpo de tu siervo N., te pedimos le des parte en el gozo de tus elegidos y que, libre de las ataduras de la muerte,
pueda presentarse ante ti el día de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Oh, Dios, que has puesto término a la vida presente para abrir las puertas de la eternidad, te suplicamos humildemente
que, por la gracia de tu misericordia,
escribas el nombre de tu siervo N. en el libro de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, misericórdia peccatórum et tuórum beatitúdo Sanctórum, da, quaesumus, fámulo tuo N., cuius depositiónis (hódie) offícia humanitátis persólvimus, cum eléctis tuis beáti múneris portiónem, ut eum, a mortalitátis néxibus absolútum, in die resurrectiónis ante fáciem tuam praesentári concédas. Per Dóminum.
Vel:
Deus, qui posuísti praeséntis vitae términum, ut aeternitátis réseres intróitum, te súpplices deprecámur, ut nomen fámuli tui N. in libro vitae miseratiónis tuae gratia iúbeas cónscribi. Per Dóminum.

Oración sobre las ofrendas
Muéstrate propicio, Señor, con tu siervo N., por quien te ofrecemos este sacrificio expiatorio en el día de su sepultura, y, si en algo quedó manchado por la culpa o por debilidad de su condición humana, que tu misericordia le perdone y purifique. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Adésto, Dómine, quaesumus, pro fámulo tuo N., cuius in die depositiónis hoc sacrifícium tibi placatiónis offérimus, ut, si qua ei peccáti mácula inhaesit aut vítium humánum infécit, dono tuae pietátis indúlgeas et abstérgeas. Per Christum.
PREFACIO II DE DIFUNTOS
Cristo ha muerto para nuestra vida
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque él aceptó la muerte, uno por todos, para librarnos del morir eterno; es más, quiso entregar su vida para que todos tuviéramos vida eterna.
Por eso, unidos a los coros angélicos, te alabamos proclamando llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO II DE DEFUNCTIS
Christus mortuus est pro vita nostra
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Ipse enim mortem unus accépit, ne omnes nos morerémur; immo unus mori dignátus est, ut omnes tibi perpétuo viverémus.
Et ídeo, choris angélicis sociáti, te laudámus in gáudio confiténtes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II.
PREX EUCHARISTICA II.
Antífona de la comunión Flp 3, 20-21
Aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso.
Antiphona ad communionem Ph 3,20-21
Salvatórem exspectámus Dóminum nostrum Iesum Christum, qui reformábit corpus humilitátis nostrae configurátum córpori claritátis suae.
Oración después de la comunión
Dios todopoderoso, te pedimos por tu siervo N. que [hoy] ha partido de este mundo, para que, purificado por este sacrificio y libre de pecado, lo admitas a las alegrías eternas de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Praesta, quaesumus, omnípotens Deus, ut fámulus tuus N., qui (hódie) de hoc saeculo migrávit, his sacrifíciis purgátus et a peccátis expedítus, resurrectiónis suscípiat gáudia sempitérna. Per Christum.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Formularios para la Misa por varios o todos los difuntos en diversas conmemoraciones.

Difuntos y exequias

C) POR VARIOS O POR TODOS LOS DIFUNTOS B. PRO PLURIBUS VEL PRO OMNIBUS DEFUNCTIS 1.
Antífona de entrada
Señor, dales el descanso eterno y alegra su alma con el esplendor de la gloria.
Antiphona ad introitum
Dona eis, Dómine, réquiem sempitérnam et imple splendóribus ánimas eórum.
Oración colecta
Oh Dios, que resucitaste a tu Hijo para que, venciendo la muerte, entrara en tu reino, concede a tus hijos difuntos [N. y N.] que, superada su condición mortal, puedan contemplarte para siempre como su Creador y Salvador. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Oh Dios, Creador y Redentor de todos los hombres, concede a tus siervos el perdón de sus pecados, para que consigan, por medio de nuestras súplicas, la misericordia que siempre desearon. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui Unigénitum tuum, devícta morte, ad caeléstia transíre fecísti, concéde fámulis tuis, (N. et N.), ut, huius vitae mortalitáte devícta, te conditórem et redemptórem possint perpétuo contemplári. Per Dóminum.
Collecta
Fidélium, Deus, ómnium cónditor et redémptor, fámulis tuis remissiónem cunctórum tríbue peccatórum, ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur. Per Dóminum.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, los dones que te ofrecemos en favor de tus siervos, y a quienes honraste en la tierra con la dignidad de cristianos, concédeles ahora la recompensa de su fe. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Hóstias, quaesumus, Dómine, quas tibi pro animábus famulórum tuórum offérimus, propitiátus inténde, ut, quibus fídei christiánae méritum contulísti, dones et praemium. Per Christum.
PREFACIO I DE DIFUNTOS
La esperanza de la resurrección en Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
En él brilla la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad.
Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO I DE DEFUNCTIS
De spe resurrectionis in Christo
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
In quo nobis spes beátae resurrectiónis effúlsit, ut, quos contrístat certa moriéndi condício, eósdem consolétur futúrae immortalitátis promíssio.
Tuis enim fidélibus, Dómine, vita mutátur, non tóllitur, et, dissolúta terréstris huius incolátus domo, aetérna in caelis habitátio comparátur.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de comunión 1 Jn 4, 9
Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él.
Antiphona ad communionem 1 Jn 4,9
Fílium suum Unigénitum misit Deus in mundum, ut vivámus per eum.
Oración después de la comunión
Por este sacrificio que hemos celebrado derrama, Señor, con largueza tu misericordia sobre nuestros hermanos difuntos; tú que les concediste la gracia del bautismo, concédeles también la plenitud de los gozos eternos. Por Jesucristo nuestro Señor.
O bien:
Señor, que nuestras súplicas ayuden a tus siervos, para que les purifiques de toda culpa por este sacrificio, y les hagas partícipes de la salvación eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Multíplica, Dómine, his sacrifíciis suscéptis, super fámulos tuos defúnctos misericórdiam tuam, et, quibus donásti baptísmi grátiam, da eis aeternórum plenitúdinem gaudiórum. Per Christum.
Post communionem
Animábus famulórum tuórum, quaesumus, Dómine, orátio profíciat supplicántium, ut eos, his sacrifíciis, et a peccátis ómnibus éxuas, et aetérnae salvatiónis fácias esse partícipes. Per Christum.





D) Por varios o por todos los difuntos B. PRO PLURIBUS VEL PRO OMNIBUS DEFUNCTIS. 2.
Antífona de entrada Jn 3, 16
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Antiphona ad introitum Jn 3,16
Sic Deus diléxit mundum, ut Fílium suum Unigénitum daret; ut omnis qui credit in ipsum, non péreat, sed hábeat vitam aetérnam.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, vida de los mortales y gozo de los santos, escucha nuestra oración en favor de tus hijos [N. y N.]; líbralos de las cadenas de la muerte y admítelos en las alegrías eternas de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, vita mortálium et exsultátio Sanctórum, te súpplices exorámus pro fámulis tuis (N. et N.), ut, mortalitátis néxibus expedíti, regnum tuum in glória possídeant sempitérna. Per Dóminum.

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, en tu bondad, las ofrendas que te presentamos por tus siervos N. y N. y por todos los que descansan en Cristo, para que, rotos los lazos de la muerte, por la eficacia de este sacrificio, merezcan alcanzar la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Pro fámulis tuis (N. et N.) et ómnibus in Christo dormiéntibus hóstiam, Dómine, súscipe benígnus oblátam, ut, per hoc sacrifícium singuláre vínculis mortis exúti, vitam mereántur aetérnam. Per Christum.
PREFACIO II DE DIFUNTOS
Cristo ha muerto para nuestra vida
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque él aceptó la muerte, uno por todos, para librarnos del morir eterno; es más, quiso entregar su vida para que todos tuviéramos vida eterna.
Por eso, unidos a los coros angélicos, te aclamamos llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO II DE DEFUNCTIS
Christus mortuus est pro vita nostra
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Ipse enim mortem unus accépit, ne omnes nos morerémur; immo unus mori dignátus est, ut omnes tibi perpétuo viverémus.
Et ídeo, choris angélicis sociáti, te laudámus in gáudio confiténtes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANO.
Antífona de comunión Flp 3, 20-21
Aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso.
Antiphona ad communionem Ph 3,20-21
Salvatórem exspectámus Dóminum nostrum Iesum Christum, qui reformábit corpus humilitátis nostrae configurátum córpori claritátis suae.
Oración después de la comunión
Te pedimos, Dios todopoderoso, que la celebración de esta eucaristía nos sirva a nosotros de salvación, y a los difuntos, que hoy hemos recordado, les alcance la abundancia de tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Divína participántes mystéria, quaesumus, omnípotens Deus, ut haec éadem nobis profíciant ad salútem, et animábus famulórum tuórum, pro quibus tuam deprecámur cleméntiam, prosint ad véniam. Per Christum.




E) POR VARIOS O POR TODOS LOS DIFUNTOS B. PRO PLURIBUS VEL PRO OMNIBUS DEFUNCTIS 3.
Antífona de entrada Ap 14, 13
Dichosos ya los muertos que mueren en el Señor. Que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.
Antiphona ad introitum Cf. Ap 14,13
Beáti mórtui, qui in Dómino moriúntur. Amodo requiéscant a labóribus suis: ópera enim illórum sequúntur illos.
Oración colecta
Dios misericordioso, que das el eterno descanso a tus fieles, concede a tus siervos N. y N., y a todos los que murieron en Cristo, el perdón de sus pecados para que, libres de toda culpa, tengan parte en la resurrección de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo.
Collecta
Deus, cuius miseratióne ánimae fidélium requiéscunt, fámulis tuis (N. et N.) et ómnibus in Christo quiescéntibus da propítius véniam peccatórum, ut, a cunctis reátibus absolúti, Christi tui resurrectióni sociéntur. Qui tecum.

Oración sobre las ofrendas
Mira, Señor, con bondad los dones que te ofrecemos por el eterno descanso de nuestros hermanos; concédeles por este sacramento de salvación, alcanzar un lugar en la asamblea de los santos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Múnera, Dómine, quaesumus, quae pro ánimarum famulórum tuórum réquie offérimus, placátus inténde, ut, per haec salútis humánae subsídia, tuórum número redemptórum sorte perpétua censeántur. Per Christum.
PREFACIO III DE DIFUNTOS
Cristo, salvación y vida
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque él es la salvación del mundo, la vida de los hombres, la resurrección de los muertos.
Por él, los ángeles te cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces cantando humildemente tu alabanza:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO III DE DEFUNCTIS
Christus, salus et vita
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum:
Qui est salus mundi, vita hóminum, resurréctio mortuórum.
Per quem maiestátem tuam adórat exércitus Angelórum, ante conspéctum tuum in aeternitáte laetántium. Cum quibus et nostras voces ut admítti iúbeas, deprecámur, sócia exsultatióne dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARÍSTICA II.
Antífona de comunión
Concede, Señor, el descanso eterno a nuestros hermanos, en cuya memoria nos reunimos, para participar de tu Cuerpo y de tu Sangre.
Antiphona ad communionem
Pro quorum memória Corpus et Sanguis Christi súmitur, dona eis, Dómine, réquiem sempitérnam.
Oración después de la comunión
Señor misericordioso, imploramos de tu clemencia, que los sacramentos de salvación que hemos recibido, sirvan de ayuda a quienes aún vivimos en el mundo, y de perdón a los difuntos que hemos recordado. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Súmpsimus, Dómine, redemptiónis sacraménta, tuam cleméntiam obsecrántes, ut, te miseránte, nobis vivéntibus tutélam, et nostris defúnctis véniam sempitérnam obtíneant. Per Christum.




C) POR VARIOS O POR TODOS LOS DIFUNTOS B. PRO PLURIBUS VEL PRO OMNIBUS DEFUNCTIS 4.
Antífona de entrada
Señor, dales el descanso eterno y alegra su alma con el esplendor de la gloria.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 30,2
In te, Dómine, sperávi, non confúndar in aetérnum; in iustítia tua líbera me.
Oración colecta
Oh Dios, Creador y Redentor de todos los hombres, concede a tus siervos el perdón de sus pecados, para que consigan, por medio de nuestras súplicas, la misericordia que siempre desearon. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Fidélium, Deus, ómnium cónditor et redémptor, fámulis tuis remissiónem cunctórum tríbue peccatórum, ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur. Per Dóminum.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, los dones que te ofrecemos en favor de tus siervos, y a quienes honraste en la tierra con la dignidad de cristianos, concédeles ahora la recompensa de su fe. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Propitiáre, quaesumus, Dómine, fámulis tuis (N. et N.) pro quibus tibi hóstias placatiónis offérimus, et, quia in fide cathólica in hac luce permansérunt, in futúra vita eis retribútio condonétur. Per Christum.
PREFACIO IV DE DIFUNTOS
La vida terrena y la gloria celeste
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque tu voluntad nos da la vida, tus decretos la dirigen y un mandato tuyo, en castigo del pecado, nos devuelve a la tierra de la que habíamos sido sacados. Y también te damos gracias porque, al redimirnos con la muerte de tu Hijo Jesucristo, por tu voluntad salvadora nos llevas a nueva vida para que tengamos parte en su gloriosa resurrección.
Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la tierra te aclamamos diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO IV DE DEFUNCTIS
De vita terrena ad gloriam caelestem
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Cuius império náscimur, cuius arbítrio régimur, cuius praecépto in terra, de qua sumpti sumus, peccáti lege absólvimur. Et, qui per mortem Fílii tui redémpti sumus, ad ipsíus resurrectiónis glóriam tuo nutu excitámur.
Et ídeo, cum Angelórum atque Sanctórum turba, hymnum laudis tibi cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARISTICA II.
Antífona de comunión 1 Jn 4, 9
Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él.
Antiphona ad communionem Jn 8,12
Ego sum lux mundi, dicit Dóminus; qui séquitur me, non ámbulat in ténebris, sed habébit lumen vitae.
Oración después de la comunión
Señor, que nuestras súplicas ayuden a tus siervos, para que les purifiques de toda culpa por este sacrificio, y les hagas partícipes de la salvación eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Animábus famulórum tuórum, quaesumus, Dómine, orátio profíciat supplicántium, ut eos, his sacrifíciis, et a peccátis ómnibus éxuas, et aetérnae salvatiónis fácias esse partícipes. Per Christum.