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Domingo 25 febrero 2018, II Domingo de Cuaresma, ciclo B.

domingo, 25 de febrero de 2018

Domingo 1 abril 2018, Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor.

SOBRE LITURGIA

DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

Domingo de Pascua

148. También en el Domingo de Pascua, máxima solemnidad del año litúrgico, tienen lugar no pocas manifestaciones de la piedad popular: son, todas, expresiones cultuales que exaltan la nueva condición y la gloria de Cristo resucitado, así como su poder divino que brota de su victoria sobre el pecado y sobre la muerte.

El encuentro del Resucitado con la Madre

149. La piedad popular ha intuido que la asociación del Hijo con la Madre es permanente: en la hora del dolor y de la muerte, en la hora de la alegría y de la Resurrección.

La afirmación litúrgica de que Dios ha colmado de alegría a la Virgen en la Resurrección del Hijo, ha sido, por decirlo de algún modo, traducida y representada por la piedad popular en el Encuentro de la Madre con el Hijo resucitado: la mañana de Pascua dos procesiones, una con la imagen de la Madre dolorosa, otra con la de Cristo resucitado, se encuentran para significar que la Virgen fue la primera que participó, y plenamente, del misterio de la Resurrección del Hijo.

Para este ejercicio de piedad es válida la observación que se hizo respecto a la procesión del "Cristo muerto": su realización no debe dar a entender que sea más importante que las celebraciones litúrgicas del domingo de Pascua, ni dar lugar a mezclas rituales inadecuadas.

Bendición de la mesa familiar

150. Toda la Liturgia pascual está penetrada de un sentido de novedad: es nueva la naturaleza, porque en el hemisferio norte la pascua coincide con el despertar primaveral; son nuevos el fuego y el agua; son nuevos los corazones de los cristianos, renovados por el sacramento de la Penitencia y, a ser posible, por los mismos sacramentos de la Iniciación cristiana; es nueva, por decirlo de alguna manera, la Eucaristía: son signos y realidades-signo de la nueva condición de vida inaugurada por Cristo con su Resurrección.

Entre los ejercicios de piedad que se relacionan con la Pascua se cuentan las tradicionales bendiciones de huevos, símbolos de vida, y la bendición de la mesa familiar; esta última, que es además una costumbre diaria de las familias cristianas, que se debe alentar, adquiere un significado particular en el día de Pascua: con el agua bendecida en la Vigilia Pascual, que los fieles llevan a sus hogares, según una loable costumbre, el cabeza de familia u otro miembro de la comunidad doméstica bendice la mesa pascual.

El saludo pascual a la Madre del Resucitado

151. En algunos lugares, al final de la Vigilia pascual o después de las II Vísperas del Domingo de Pascua, se realiza un breve ejercicio de piedad: se bendicen flores, que se distribuyen a los fieles como signo de la alegría pascual, y se rinde homenaje a la imagen de la Dolorosa, que a veces se corona, mientras se canta el Regina caeli. Los fieles, que se habían asociado al dolor de la Virgen por la Pasión del Hijo, quieren así alegrarse con ella por el acontecimiento de la Resurrección.

Este ejercicio de piedad, que no se debe mezclar con el acto litúrgico, es conforme a los contenidos del Misterio pascual y constituye una prueba ulterior de cómo la piedad popular percibe la asociación de la Madre a la obra salvadora del Hijo.

CALENDARIO

ABRIL
1 + DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR


Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: la Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne (elog. del Martirologio Romano).

Misa del Domingo (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., es conveniente sustituir el acto penitencial por la aspersión con el agua bendecida en la Vigilia Pascual, Gl., Cr., Pf. Pasc. I «en este día», embolismos props. en las PP. EE. No se puede decir la PE IV. Despedida con doble «Aleluya».
LECC.: vol. I (B).
- Hch 10, 34a. 37-43. Hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.
- Sal 117. R. Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
- Col 3, 1-4. Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.
o bien:
1 Cor 5, 6b-8. Barred la levadura vieja para ser una masa nueva.
- Secuencia. Ofrezcan los cristianos.
- Jn 20, 1-9. Él había de resucitar de entre los muertos.
o bien, en las Misas vespertinas:
Lc 24, 13-35. Quédate con nosotros, porque atardece.
En este día Dios nos ha abierto las puertas de la vida por medio del Hijo, vencedor de la muerte, y pedimos ser renovados por el Espíritu Santo para resucitar en el reino de la luz y de la vida (cf. 1ª orac). Hoy es el día en que actuó el Señor. La piedra que desecharon los arquitectos —Cristo en su pasión— es ahora la piedra angular una vez que ha resucitado (salmo responsorial). Y creemos en este misterio gracias al testimonio de los apóstoles que comieron y bebieron con Él después de su resurrección (1 lect.) y vieron el sepulcro vacío (Ev.). A partir de ahí, una vez que por el bautismo hemos resucitado con Cristo, busquemos los bienes de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios (2 lect.).

* Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.

Liturgia de las Horas: oficio de la solemnidad. Te Deum.
* Consérvense o restáurense en la medida en que sea posible, la tradición de celebrar las Vísperas bautismales del día de Pascua, durante las cuales, y al canto de los salmos, se hace una procesión al baptisterio.
* En lugar del responsorio breve, la antífona «Este es el día».
* Con las Vísperas se concluye el Triduo pascual.

Martirologio: elog. prop. del Domingo de Pascua, pág. 44, y elogs. del 2 de abril, pág. 233.

TEXTOS MISA

DOMINGO DE PASCUA
DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
Misa del día
DOMINICA PASCHAE IN RESURRECTIONE DOMINI
Ad Missam in die
69. Antífona de entrada Cf. Sal 138, 18. 5-6
He resucitado y aún estoy contigo, aleluya; me cubres con tu mano, aleluya; tu sabiduría es sublime, aleluya, aleluya.
O bien: Cf. Lc 24, 34; Ap 1, 6
Verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya. A él la gloria y el poder por toda la eternidad, aleluya, aleluya.
69. Antiphona ad introitum Cf. Ps 138, 18. 5-6
Resurréxi, et adhuc tecum sum, allelúia: posuísti super me manum tuam, allelúia: mirábilis facta est sciéntia tua, allelúia, allelúia.
Vel: Lc 24, 34; cf. Ap 1, 6
Surréxit Dóminus vere, allelúia. Ipsi glória et impérium per univérsa aeternitátis saecula, allelúia, allelúia.
Se dice Gloria Dicitur Gloria in excélsis.
70. Oración colecta
Oh, Dios, que en este día, vencida la muerte, nos has abierto las puertas de la eternidad por medio de tu Unigénito, concede, a quienes celebramos la solemnidad de la resurrección del Señor, que, renovados por tu Espíritu, resucitemos a la luz de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
70. Collecta
Deus, qui hodiérna die, per Unigénitum tuum, aeternitátis nobis áditum, devícta morte, reserásti, da nobis, quaesumus, ut, qui resurrectiónis domínicae sollémnia cólimus, per innovatiónem tui Spíritus in lúmine vitae resurgámus. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor: Misa del día (Lec. I B).

PRIMERA LECTURA Hch 10, 34a. 37-43
Hemos comido y bebido con él después de la resurrección de entre los muertos
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
«Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23 (R.: 24)
R.
Éste es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. Haec dies quam fecit Dóminus; exsultémus et laetémur in ea.
O bien: Aleluya

V. Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R.
Éste es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. Haec dies quam fecit Dóminus; exsultémus et laetémur in ea.

V. «La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R.
Éste es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. Haec dies quam fecit Dóminus; exsultémus et laetémur in ea.

V. La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R.
Éste es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo. Haec dies quam fecit Dóminus; exsultémus et laetémur in ea.

SEGUNDA LECTURA (opción 1) Col 3, 1-4
Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses.

Hermanos:
Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

SEGUNDA LECTURA (opción 2) 1 Cor 5, 6b-8
Barred la levadura vieja para ser una masa nueva
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:
¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Barred la levadura vieja para ser una masa nueva, ya que sois panes ácimos. Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo.
Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ácimos de la sinceridad y la verdad.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

SECUENCIA
Hoy es obligatorio decir la Secuencia. Los días dentro de la Octava es potestativo.

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.
«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.
Victimae Pascháli laudes
immolent Christiáni.

Agnus redémit oves:
Christus ínnocens Patri
reconciliávit
peccatores.

Mors et vita duello
conflixére mirándo:
dux vitae mórtuus,
regnat vivus.

Dic nobis María,
Quid vidísti in via?

Sepúlcrum Christi vivéntis,
et glóriam vidi resurgéntis:
Angélicos testes,
sudárium et vestes.

Surréxit Christus spes mea:
praecédet suos in Galilaéam.

Scimus Christum surrexísse
a mórtuis vere:
Tu nobis, victor Rex miserére.

Amen. Allelúia.

Aleluya 1 Co 5, 7b-8a
R. Aleluya, aleluya aleluya.
V. Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua en el Señor. R. Pascha nostrum immolátus est Christus, ítaque festa celebrémus in Dómino.

En lugar del Evangelio propuesto a continuación puede leerse el de la Vigilia pascual.
En las Misas vespertinas puede leerse el Evangelio del pasaje de Emaús (Lc 24, 13-35).

EVANGELIO Jn 20, 1-9
Él había de resucitar de entre los muertos
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

EVANGELIO (opcional en las misas vespertinas) Lc 24, 13-35
Quédate con nosotros, Señor, porque atardece
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios;
iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos,
tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron e! uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado e! Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN
SANTA MISA DEL DÍA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Plaza de San Pedro, 16 de abril de 2017
Hoy la Iglesia repite, canta, grita: “¡Jesús ha resucitado!”. ¿Pero cómo? Pedro, Juan, las mujeres fueron al Sepulcro y estaba vacío, Él no estaba. Fueron con el corazón cerrado por la tristeza, la tristeza de una derrota: el Maestro, su Maestro, el que amaban tanto fue ejecutado, murió. Y de la muerte no se regresa. Esta es la derrota, este es el camino de la derrota, el camino hacia el sepulcro. Pero el ángel les dice: “No está aquí, ha resucitado”. Es el primer anuncio: “Ha resucitado”. Y después la confusión, el corazón cerrado, las apariciones. Pero los discípulos permanecieron encerrados todo el día en el Cenáculo, porque tenían miedo de que les ocurriera lo mismo que le sucedió a Jesús. Y la Iglesia no cesa de decir a nuestras derrotas, a nuestros corazones cerrados y temerosos: “Parad, el Señor ha resucitado”. Pero si el Señor ha resucitado, ¿cómo están sucediendo estas cosas? ¿Cómo suceden tantas desgracias, enfermedades, tráfico de personas, trata de personas, guerras, destrucciones, mutilaciones, venganzas, odio? ¿Pero dónde está el Señor? Ayer llamé a un chico con una enfermedad grave, un chico culto, un ingeniero y hablando, para dar un signo de fe, le dije: “No hay explicaciones para lo que te sucede. Mira a Jesús en la Cruz, Dios ha hecho eso con su Hijo, y no hay otra explicación”. Y él me respondió: “Sí, pero ha preguntado al Hijo y el Hijo ha dicho sí. A mí no se me ha preguntado si quería esto”.
Esto nos conmueve, a nadie se nos pregunta: “¿Pero estás contento con lo que sucede en el mundo? ¿Estás dispuesto a llevar adelante esta cruz?”. Y la cruz va adelante, y la fe en Jesús cae. Hoy la Iglesia sigue diciendo: “Párate, Jesús ha resucitado”. Y esta no es una fantasía, la Resurrección de Cristo no es una fiesta con muchas flores. Esto es bonito, pero no es esto, es más; es el misterio de la piedra descartada que termina siendo el fundamento de nuestra existencia. Cristo ha resucitado, esto significa. En esta cultura del descarte donde eso que no sirve toma el camino del usar y tirar, donde lo que no sirve es descartado, esa piedra —Jesús— es descartada y es fuente de vida. Y también nosotros, guijarros por el suelo, en esta tierra de dolor, de tragedias, con la fe en el Cristo Resucitado tenemos un sentido, en medio de tantas calamidades. El sentido de mirar más allá, el sentido de decir: “Mira no hay un muro; hay un horizonte, está la vida, la alegría, está la cruz con esta ambivalencia. Mira adelante, no te cierres. Tú guijarro, tienes un sentido en la vida porque eres un guijarro en esa piedra, esa piedra que la maldad del pecado ha descartado”. ¿Qué nos dice la Iglesia hoy ante tantas tragedias? Esto, sencillamente. La piedra descartada no resulta realmente descartada. Los guijarros que creen y se unen a esa piedra no son descartados, tienen un sentido y con este sentimiento la Iglesia repite desde lo profundo del corazón: “Cristo ha resucitado”. Pensemos un poco, que cada uno de nosotros piense, en los problemas cotidianos, en las enfermedades que hemos vivido o que alguno de nuestros familiares tiene; pensemos en las guerras, en las tragedias humanas y, simplemente, con voz humilde, sin flores, solos, ante de Dios, ante de nosotros decimos: “No sé cómo va esto, pero estoy seguro de que Cristo ha resucitado y yo he apostado por esto”. Hermanos y hermanas, esto es lo que he querido deciros. Volved a casa hoy, repitiendo en vuestro corazón: “Cristo ha resucitado”.


MENSAJE URBI ET ORBI
DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PASCUA 2017
Balcón central de la Basílica Vaticana
Domingo 16 de abril de 2017

Queridos hermanos y hermanas, Feliz Pascua.
Hoy, en todo el mundo, la Iglesia renueva el anuncio lleno de asombro de los primeros discípulos: Jesús ha resucitado — Era verdad, ha resucitado el Señor, como había dicho (cf. Lc 24,34; Mt 28,5-6).
La antigua fiesta de Pascua, memorial de la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo, alcanza aquí su cumplimiento: con la resurrección, Jesucristo nos ha liberado de la esclavitud del pecado y de la muerte y nos ha abierto el camino a la vida eterna.
Todos nosotros, cuando nos dejamos dominar por el pecado, perdemos el buen camino y vamos errantes como ovejas perdidas. Pero Dios mismo, nuestro Pastor, ha venido a buscarnos, y para salvarnos se ha abajado hasta la humillación de la cruz. Y hoy podemos proclamar: «Ha resucitado el Buen Pastor que dio la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya» (Misal Romano, IV Dom. de Pascua, Ant. de la Comunión).
En toda época de la historia, el Pastor Resucitado no se cansa de buscarnos a nosotros, sus hermanos perdidos en los desiertos del mundo. Y con los signos de la Pasión —las heridas de su amor misericordioso— nos atrae hacia su camino, el camino de la vida. También hoy, él toma sobre sus hombros a tantos hermanos nuestros oprimidos por tantas clases de mal.
El Pastor Resucitado va a buscar a quien está perdido en los laberintos de la soledad y de la marginación; va a su encuentro mediante hermanos y hermanas que saben acercarse a esas personas con respeto y ternura y les hacer sentir su voz, una voz que no se olvida, que los convoca de nuevo a la amistad con Dios.
Se hace cargo de cuantos son víctimas de antiguas y nuevas esclavitudes: trabajos inhumanos, tráficos ilícitos, explotación y discriminación, graves dependencias. Se hace cargo de los niños y de los adolescentes que son privados de su serenidad para ser explotados, y de quien tiene el corazón herido por las violencias que padece dentro de los muros de su propia casa.
El Pastor Resucitado se hace compañero de camino de quienes se ven obligados a dejar la propia tierra a causa de los conflictos armados, de los ataques terroristas, de las carestías, de los regímenes opresivos. A estos emigrantes forzosos, les ayuda a que encuentren en todas partes hermanos, que compartan con ellos el pan y la esperanza en el camino común.
Que en los momentos más complejos y dramáticos de los pueblos, el Señor Resucitado guíe los pasos de quien busca la justicia y la paz; y done a los representantes de las Naciones el valor de evitar que se propaguen los conflictos y de acabar con el tráfico de las armas.
Que en estos tiempos el Señor sostenga en modo particular los esfuerzos de cuantos trabajan activamente para llevar alivio y consuelo a la población civil de Siria, la amada y martirizada Siria, víctima de una guerra que no cesa de sembrar horror y muerte. El vil ataque de ayer a los prófugos que huían ha provocado numerosos muertos y heridos. Que conceda la paz a todo el Oriente Medio, especialmente a Tierra Santa, como también a Irak y a Yemen.
Que los pueblos de Sudán del Sur, de Somalia y de la República Democrática del Congo, que padecen conflictos sin fin, agravados por la terrible carestía que está castigando algunas regiones de África, sientan siempre la cercanía del Buen Pastor.
Que Jesús Resucitado sostenga los esfuerzos de quienes, especialmente en América Latina, se comprometen en favor del bien común de las sociedades, tantas veces marcadas por tensiones políticas y sociales, que en algunos casos son sofocadas con la violencia. Que se construyan puentes de diálogo, perseverando en la lucha contra la plaga de la corrupción y en la búsqueda de válidas soluciones pacíficas ante las controversias, para el progreso y la consolidación de las instituciones democráticas, en el pleno respeto del estado de derecho.
Que el Buen Pastor ayude a ucraniana, todavía afligida por un sangriento conflicto, para que vuelva a encontrar la concordia y acompañe las iniciativas promovidas para aliviar los dramas de quienes sufren las consecuencias.
Que el Señor Resucitado, que no cesa de bendecir al continente europeo, dé esperanza a cuantos atraviesan momentos de dificultad, especialmente a causa de la gran falta de trabajo sobre todo para los jóvenes.
Queridos hermanos y hermanas, este año los cristianos de todas las confesiones celebramos juntos la Pascua. Resuena así a una sola voz en toda la tierra el anuncio más hermoso: «Era verdad, ha resucitado el Señor». Él, que ha vencido las tinieblas del pecado y de la muerte, dé paz a nuestros días. Feliz Pascua.


DIRECTORIO HOMILÉTICO
Ap I. La homilía y el Catecismo de la Iglesia Católica.
Ciclo B. Domingo de Pascua - Resurrección del Señor.
La Resurrección de Cristo y nuestra resurrección
AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS
638 "Os anunciamos la Buena Nueva de que la Promesa hecha a los padres Dios la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús (Hch 13, 32-33). La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la Cruz:
Cristo resucitó de entre los muertos.
Con su muerte venció a la muerte.
A los muertos ha dado la vida.
(Liturgia bizantina, Tropario de Pascua)
EL ACONTECIMIENTO HISTÓRICO Y TRASCENDENTE
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya San Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El Apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío
640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20, 13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22-23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).
Las apariciones del Resucitado
641 María Magdalena y las santas mujeres, que venían de embalsamar el cuerpo de Jesús (cf. Mc 16, 1; Lc 24, 1) enterrado a prisa en la tarde del Viernes Santo por la llegada del Sábado (cf. Jn 19, 31. 42) fueron las primeras en encontrar al Resucitado (cf. Mt 28, 9-10;Jn 20, 11-18). Así las mujeres fueron las primeras mensajeras de la Resurrección de Cristo para los propios Apóstoles (cf. Lc 24, 9-10). Jesús se apareció en seguida a ellos, primero a Pedro, después a los Doce (cf. 1Co 15, 5). Pedro, llamado a confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22, 31-32), ve por tanto al Resucitado antes que los demás y sobre su testimonio es sobre el que la comunidad exclama: "¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!" (Lc 24, 34).
642 Todo lo que sucedió en estas jornadas pascuales compromete a cada uno de los Apóstoles - y a Pedro en particular - en la construcción de la era nueva que comenzó en la mañana de Pascua. Como testigos del Resucitado, los apóstoles son las piedras de fundación de su Iglesia. La fe de la primera comunidad de creyentes se funda en el testimonio de hombres concretos, conocidos de los cristianos y, para la mayoría, viviendo entre ellos todavía. Estos "testigos de la Resurrección de Cristo" (cf. Hch 1, 22) son ante todo Pedro y los Doce, pero no solamente ellos: Pablo habla claramente de más de quinientas personas a las que se apareció Jesús en una sola vez, además de Santiago y de todos los apóstoles (cf. 1Co 15, 4-8).
643 Ante estos testimonios es imposible interpretar la Resurrección de Cristo fuera del orden físico, y no reconocerlo como un hecho histórico. Sabemos por los hechos que la fe de los discípulos fue sometida a la prueba radical de la pasión y de la muerte en cruz de su Maestro, anunciada por él de antemano(cf. Lc 22, 31-32). La sacudida provocada por la pasión fue tan grande que los discípulos (por lo menos, algunos de ellos) no creyeron tan pronto en la noticia de la resurrección. Los evangelios, lejos de mostrarnos una comunidad arrobada por una exaltación mística, los evangelios nos presentan a los discípulos abatidos ("la cara sombría": Lc 24, 17) y asustados (cf. Jn 20, 19). Por eso no creyeron a las santas mujeres que regresaban del sepulcro y "sus palabras les parecían como desatinos" (Lc 24, 11; cf. Mc 16, 11. 13). Cuando Jesús se manifiesta a los once en la tarde de Pascua "les echó en cara su incredulidad y su dureza de cabeza por no haber creído a quienes le habían visto resucitado" (Mc 16, 14).
644 Tan imposible les parece la cosa que, incluso puestos ante la realidad de Jesús resucitado, los discípulos dudan todavía (cf. Lc 24, 38): creen ver un espíritu (cf. Lc 24, 39). "No acaban de creerlo a causa de la alegría y estaban asombrados" (Lc 24, 41). Tomás conocerá la misma prueba de la duda (cf. Jn 20, 24-27) y, en su última aparición en Galilea referida por Mateo, "algunos sin embargo dudaron" (Mt 28, 17). Por esto la hipótesis según la cual la resurrección habría sido un "producto" de la fe (o de la credulidad) de los apóstoles no tiene consistencia. Muy al contrario, su fe en la Resurrección nació -bajo la acción de la gracia divina- de la experiencia directa de la realidad de Jesús resucitado.
El estado de la humanidad resucitada de Cristo
645 Jesús resucitado establece con sus discípulos relaciones directas mediante el tacto (cf. Lc 24, 39; Jn 20, 27) y el compartir la comida (cf. Lc 24, 30. 41-43; Jn 21, 9. 13-15). Les invita así a reconocer que él no es un espíritu (cf. Lc 24, 39) pero sobre todo a que comprueben que el cuerpo resucitado con el que se presenta ante ellos es el mismo que ha sido martirizado y crucificado ya que sigue llevando las huellas de su pasión (cf Lc 24, 40; Jn 20, 20. 27). Este cuerpo auténtico y real posee sin embargo al mismo tiempo las propiedades nuevas de un cuerpo glorioso: no está situado en el espacio ni en el tiempo, pero puede hacerse presente a su voluntad donde quiere y cuando quiere (cf. Mt 28, 9. 16-17; Lc 24, 15. 36; Jn 20, 14. 19. 26; Jn 21, 4) porque su humanidad ya no puede ser retenida en la tierra y no pertenece ya más que al dominio divino del Padre (cf. Jn 20, 17). Por esta razón también Jesús resucitado es soberanamente libre de aparecer como quiere: bajo la apariencia de un jardinero (cf. Jn 20, 14-15) o "bajo otra figura" (Mc 16, 12) distinta de la que les era familiar a los discípulos, y eso para suscitar su fe (cf. Jn 20, 14. 16; Jn 21, 4. 7).
646 La Resurrección de Cristo no fue un retorno a la vida terrena como en el caso de las resurrecciones que él había realizado antes de Pascua: la hija de Jairo, el joven de Naim, Lázaro. Estos hechos eran acontecimientos milagrosos, pero las personas afectadas por el milagro volvían a tener, por el poder de Jesús, una vida terrena "ordinaria". En cierto momento, volverán a morir. La resurrección de Cristo es esencialmente diferente. En su cuerpo resucitado, pasa del estado de muerte a otra vida más allá del tiempo y del espacio. En la Resurrección, el cuerpo de Jesús se llena del poder del Espíritu Santo; participa de la vida divina en el estado de su gloria, tanto que San Pablo puede decir de Cristo que es "el hombre celestial" (cf. 1Co 15, 35-50).
La resurrección como acontecimiento transcendente
647 "¡Qué noche tan dichosa, canta el 'Exultet' de Pascua, sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos!". En efecto, nadie fue testigo ocular del acontecimiento mismo de la Resurrección y ningún evangelista lo describe. Nadie puede decir cómo sucedió físicamente. Menos aún, su esencia más íntima, el paso a otra vida, fue perceptible a los sentidos. Acontecimiento histórico demostrable por la señal del sepulcro vacío y por la realidad de los encuentros de los apóstoles con Cristo resucitado, no por ello la Resurrección pertenece menos al centro del Misterio de la fe en aquello que transciende y sobrepasa a la historia. Por eso, Cristo resucitado no se manifiesta al mundo (cf. Jn 14, 22) sino a sus discípulos, "a los que habían subido con él desde Galilea a Jerusalén y que ahora son testigos suyos ante el pueblo" (Hch 13, 31).
LA RESURRECCIÓN OBRA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
648 La Resurrección de Cristo es objeto de fe en cuanto es una intervención transcendente de Dios mismo en la creación y en la historia. En ella, las tres personas divinas actúan juntas a la vez y manifiestan su propia originalidad. Se realiza por el poder del Padre que "ha resucitado" (cf. Hch 2, 24) a Cristo, su Hijo, y de este modo ha introducido de manera perfecta su humanidad - con su cuerpo - en la Trinidad. Jesús se revela definitivamente "Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos" (Rm 1, 3-4). San Pablo insiste en la manifestación del poder de Dios (cf. Rm 6, 4; 2 Co 13, 4; Flp 3, 10; Ef 1, 19-22; Hb 7, 16) por la acción del Espíritu que ha vivificado la humanidad muerta de Jesús y la ha llamado al estado glorioso de Señor.
649 En cuanto al Hijo, él realiza su propia Resurrección en virtud de su poder divino. Jesús anuncia que el Hijo del hombre deberá sufrir mucho, morir y luego resucitar (sentido activo del término) (cf. Mc 8, 31; Mc 9, 9-31; Mc 10, 34). Por otra parte, él afirma explícitamente: "doy mi vida, para recobrarla de nuevo… Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo" (Jn 10, 17-18). "Creemos que Jesús murió y resucitó" (1Ts 4, 14).
650 Los Padres contemplan la Resurrección a partir de la persona divina de Cristo que permaneció unida a su alma y a su cuerpo separados entre sí por la muerte: "Por la unidad de la naturaleza divina que permanece presente en cada una de las dos partes del hombre, éstas se unen de nuevo. Así la muerte se produce por la separación del compuesto humano, y la Resurrección por la unión de las dos partes separadas" (San Gregorio Niceno, res. 1; cf. también DS 325; 359; 369; 539).
SENTIDO Y ALCANCE SALVÍFICO DE LA RESURRECCIÓN
651 "Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe"(1Co 15, 14). La Resurrección constituye ante todo la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó. Todas las verdades, incluso las más inaccesibles al espíritu humano, encuentran su justificación si Cristo, al resucitar, ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina según lo había prometido.
652 La Resurrección de Cristo es cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento (cf. Lc 24, 26-27. 44-48) y del mismo Jesús durante su vida terrenal (cf. Mt 28, 6; Mc 16, 7; Lc 24, 6-7). La expresión "según las Escrituras" (cf. 1Co 15, 3-4 y el Símbolo nicenoconstantinopolitano) indica que la Resurrección de Cristo cumplió estas predicciones.
653 La verdad de la divinidad de Jesús es confirmada por su Resurrección. El había dicho: "Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy" (Jn 8, 28). La Resurrección del Crucificado demostró que verdaderamente, él era "Yo Soy", el Hijo de Dios y Dios mismo. San Pablo pudo decir a los Judíos: "La Promesa hecha a los padres Dios la ha cumplido en nosotros… al resucitar a Jesús, como está escrito en el salmo primero: 'Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy" (Hch 13, 32-33; cf. Sal 2, 7). La Resurrección de Cristo está estrechamente unida al misterio de la Encarnación del Hijo de Dios: es su plenitud según el designio eterno de Dios.
654 Hay un doble aspecto en el misterio Pascual: por su muerte nos libera del pecado, por su Resurrección nos abre el acceso a una nueva vida. Esta es, en primer lugar, la justificación que nos devuelve a la gracia de Dios (cf. Rm 4, 25) "a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos… así también nosotros vivamos una nueva vida" (Rm 6, 4). Consiste en la victoria sobre la muerte y el pecado y en la nueva participación en la gracia (cf. Ef 2, 4-5; 1P 1, 3). Realiza la adopción filial porque los hombres se convierten en hermanos de Cristo, como Jesús mismo llama a sus discípulos después de su Resurrección: "Id, avisad a mis hermanos" (Mt 28, 10; Jn 20, 17). Hermanos no por naturaleza, sino por don de la gracia, porque esta filiación adoptiva confiere una participación real en la vida del Hijo único, la que ha revelado plenamente en su Resurrección.
655 Por último, la Resurrección de Cristo -y el propio Cristo resucitado- es principio y fuente de nuestra resurrección futura: "Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron… del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo" (1Co 15, 20-22). En la espera de que esto se realice, Cristo resucitado vive en el corazón de sus fieles. En El los cristianos "saborean los prodigios del mundo futuro" (Hb 6, 5) y su vida es arrastrada por Cristo al seno de la vida divina (cf. Col 3, 1-3) para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquél que murió y resucitó por ellos" (2Co 5, 15).
989 Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que El los resucitará en el último día (cf. Jn 6, 39 - 40). Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad:
"Si el Espíritu de Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros" (Rm 8, 11; cf. 1Ts 4, 14; 1Co 6, 14; 2Co 4, 14; Flp 3, 10 - 11).
1001 ¿Cuándo? Sin duda en el "último día" (Jn 6, 39-40. 44. 54; Jn 11, 24); "al fin del mundo" (LG 48). En efecto, la resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo:
"El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar" (1Ts 4, 16).
1002 Si es verdad que Cristo nos resucitará en "el último día", también lo es, en cierto modo, que nosotros ya hemos resucitado con Cristo. En efecto, gracias al Espíritu Santo, la vida cristiana en la tierra es, desde ahora, una participación en la muerte y en la Resurrección de Cristo:
"Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que le resucitó de entre los muertos… Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios" (Col 2, 12; Col 3, 1).
La Pascua, el Día del Señor
647 "¡Qué noche tan dichosa, canta el 'Exultet' de Pascua, sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos!". En efecto, nadie fue testigo ocular del acontecimiento mismo de la Resurrección y ningún evangelista lo describe. Nadie puede decir cómo sucedió físicamente. Menos aún, su esencia más íntima, el paso a otra vida, fue perceptible a los sentidos. Acontecimiento histórico demostrable por la señal del sepulcro vacío y por la realidad de los encuentros de los apóstoles con Cristo resucitado, no por ello la Resurrección pertenece menos al centro del Misterio de la fe en aquello que transciende y sobrepasa a la historia. Por eso, Cristo resucitado no se manifiesta al mundo (cf. Jn 14, 22) sino a sus discípulos, "a los que habían subido con él desde Galilea a Jerusalén y que ahora son testigos suyos ante el pueblo" (Hch 13, 31).
1167 El domingo es el día por excelencia de la Asamblea litúrgica, en que los fieles "deben reunirse para, escuchando la palabra de Dios y participando en la Eucaristía, recordar la pasión, la resurrección y la gloria del Señor Jesús y dar gracias a Dios, que los 'hizo renacer a la esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos'" (SC 106):
"Cuando meditamos, oh Cristo, las maravillas que fueron realizadas en este día del domingo de tu santa Resurrección, decimos: Bendito es el día del domingo, porque en él tuvo comienzo la Creación… la salvación del mundo… la renovación del género humano… en él el cielo y la tierra se regocijaron y el universo entero quedó lleno de luz. Bendito es el día del domingo, porque en él fueron abiertas las puertas del paraíso para que Adán y todos los desterrados entraran en él sin temor" (Fanqîth, Oficio siriaco de Antioquía, vol 6, 1ª parte del verano, p. 193b).
1168 A partir del "Triduo Pascual", como de su fuente de luz, el tiempo nuevo de la Resurrección llena todo el año litúrgico con su resplandor. De esta fuente, por todas partes, el año entero queda transfigurado por la Liturgia. Es realmente "año de gracia del Señor" (cf Lc 4, 19). La Economía de la salvación actúa en el marco del tiempo, pero desde su cumplimiento en la Pascua de Jesús y la efusión del Espíritu Santo, el fin de la historia es anticipado, como pregustado, y el Reino de Dios irrumpe en el tiempo de la humanidad.
1169 Por ello, la Pascua no es simplemente una fiesta entre otras: es la "Fiesta de las fiestas", "Solemnidad de las solemnidades", como la Eucaristía es el Sacramento de los sacramentos (el gran sacramento). S. Atanasio la llama "el gran domingo" (Ep. fest. 329), así como la Semana santa es llamada en Oriente "la gran semana". El Misterio de la Resurrección, en el cual Cristo ha aplastado a la muerte, penetra en nuestro viejo tiempo con su poderosa energía, hasta que todo le esté sometido.
1170 En el Concilio de Nicea (año 325) todas las Iglesias se pusieron de acuerdo para que la Pascua cristiana fuese celebrada el domingo que sigue al plenilunio (14 del mes de Nisán) después del equinoccio de primavera. Por causa de los diversos métodos utilizados para calcular el 14 del mes de Nisán, en las Iglesias de Occidente y de Oriente no siempre coincide la fecha de la Pascua. Por eso, dichas Iglesias buscan hoy un acuerdo, para llegar de nuevo a celebrar en una fecha común el día de la Resurrección del Señor.
1243 La vestidura blanca simboliza que el bautizado se ha "revestido de Cristo" (Ga 3, 27): ha resucitado con Cristo. El cirio que se enciende en el cirio pascual, significa que Cristo ha iluminado al neófito. En Cristo, los bautizados son "la luz del mundo" (Mt 5, 14; cf Flp 2, 15).
El nuevo bautizado es ahora hijo de Dios en el Hijo Unico. Puede ya decir la oración de los hijos de Dios: el Padre Nuestro.
1287 Ahora bien, esta plenitud del Espíritu no debía permanecer únicamente en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo mesiánico (cf Ez 36, 25-27; Jl 3, 1-2). En repetidas ocasiones Cristo prometió esta efusión del Espíritu (cf Lc 12, 12; Jn 3, 5-8; Jn 7, 37-39; Jn 16, 7-15; Hch 1, 8), promesa que realizó primero el día de Pascua (Jn 20, 22) y luego, de manera más manifiesta el día de Pentecostés (cf Hch 2, 1-4). Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a proclamar "las maravillas de Dios" (Hch 2, 11) y Pedro declara que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos (cf Hch 2, 17-18). Los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo (cf Hch 2, 38).
Los Sacramentos de la iniciación cristiana
1212 Mediante los sacramentos de la iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, se ponen los fundamentos de toda vida cristiana. "La participación en la naturaleza divina que los hombres reciben como don mediante la gracia de Cristo, tiene cierta analogía con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida natural. En efecto, los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el sacramento de la Confirmación y finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna, y, así por medio de estos sacramentos de la iniciación cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad" (Pablo VI, Const. apost. "Divinae consortium naturae"; cf OICA, praen. 1 – 2).
El Bautismo
1214 Este sacramento recibe el nombre de Bautismo en razón del carácter del rito central mediante el que se celebra: bautizar (baptizein en griego) significa "sumergir", "introducir dentro del agua"; la "inmersión" en el agua simboliza el acto de sepultar al catecúmeno en la muerte de Cristo de donde sale por la resurrección con El (cf Rm 6, 3-4; Col 2, 12) como "nueva criatura" (2 Co 5, 17; Ga 6, 15).
1215 Este sacramento es llamado también "baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo" (Tt 3, 5), porque significa y realiza ese nacimiento del agua y del Espíritu sin el cual "nadie puede entrar en el Reino de Dios" (Jn 3, 5).
1216 "Este baño es llamado iluminación porque quienes reciben esta enseñanza (catequética) su espíritu es iluminado… " (S. Justino, Apol. 1, 61, 12). Habiendo recibido en el Bautismo al Verbo, "la luz verdadera que ilumina a todo hombre" (Jn 1, 9), el bautizado, "tras haber sido iluminado" (Hb 10, 32), se convierte en "hijo de la luz" (1Ts 5, 5), y en "luz" él mismo (Ef 5, 8):
"El Bautismo es el más bello y magnífico de los dones de Dios… lo llamamos don, gracia, unción, iluminación, vestidura de incorruptibilidad, baño de regeneración, sello y todo lo más precioso que hay. Don, porque es conferido a los que no aportan nada; gracia, porque, es dado incluso a culpables; bautismo, porque el pecado es sepultado en el agua; unción, porque es sagrado y real (tales son los que son ungidos); iluminación, porque es luz resplandeciente; vestidura, porque cubre nuestra vergüenza; baño, porque lava; sello, porque nos guarda y es el signo de la soberanía de Dios" (S. Gregorio Nacianceno, Or. 40, 3–4).
Las prefiguraciones del Bautismo en la Antigua Alianza
1217 En la Liturgia de la Noche Pascual, cuando se bendice el agua bautismal, la Iglesia hace solemnemente memoria de los grandes acontecimientos de la historia de la salvación que prefiguraban ya el misterio del Bautismo:
"¡Oh Dios!, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua para significar la gracia del bautismo" (MR, Vigilia Pascual, bendición del agua bautismal, 42)
1218 Desde el origen del mundo, el agua, criatura humilde y admirable, es la fuente de la vida y de la fecundidad. La Sagrada Escritura dice que el Espíritu de Dios "se cernía" sobre ella (cf. Gn 1, 2):
"¡Oh Dios!, cuyo espíritu, en los orígenes del mundo, se cernía sobre las aguas, para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar" (MR, ibid.).
1219 La Iglesia ha visto en el Arca de Noé una prefiguración de la salvación por el bautismo. En efecto, por medio de ella "unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvados a través del agua" (1 P 3, 20):
"¡Oh Dios!, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad, de modo que una misma agua pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad" (MR, ibid.).
1220 Si el agua de manantial simboliza la vida, el agua del mar es un símbolo de la muerte. Por lo cual, pudo ser símbolo del misterio de la Cruz. Por este simbolismo el bautismo significa la comunión con la muerte de Cristo.
1221 Sobre todo el paso del Mar Rojo, verdadera liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, es el que anuncia la liberación obrada por el bautismo:
"¡Oh Dios!, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo a los hijos de Abraham, para que el pueblo liberado de la esclavitud del faraón fuera imagen de la familia de los bautizados" (MR, ibid.).
1222 Finalmente, el Bautismo es prefigurado en el paso del Jordán, por el que el pueblo de Dios recibe el don de la tierra prometida a la descendencia de Abraham, imagen de la vida eterna. La promesa de esta herencia bienaventurada se cumple en la nueva Alianza.
El bautismo en la Iglesia
1226 Desde el día de Pentecostés la Iglesia ha celebrado y administrado el santo Bautismo. En efecto, S. Pedro declara a la multitud conmovida por su predicación: "Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hch 2, 38). Los Apóstoles y sus colaboradores ofrecen el bautismo a quien crea en Jesús: judíos, hombres temerosos de Dios, paganos (Hch 2, 41; Hch 8, 12-13; Hch 10, 48; Hch 16, 15). El Bautismo aparece siempre ligado a la fe: "Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa", declara S. Pablo a su carcelero en Filipos. El relato continúa: "el carcelero inmediatamente recibió el bautismo, él y todos los suyos" (Hch 16, 31-33).
1227 Según el apóstol S. Pablo, por el Bautismo el creyente participa en la muerte de Cristo; es sepultado y resucita con él:
"¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva" (Rm 6, 3-4; cf Col 2, 12).
Los bautizados se han "revestido de Cristo" (Ga 3, 27). Por el Espíritu Santo, el Bautismo es un baño que purifica, santifica y justifica (cf 1 Co 6, 11; 1 Co 12, 13).
1228 El Bautismo es, pues, un baño de agua en el que la "semilla incorruptible" de la Palabra de Dios produce su efecto vivificador (cf. 1 P 1, 23; Ef 5, 26). S. Agustín dirá del Bautismo: "Accedit verbum ad elementum, et fit sacramentum" ("Se une la palabra a la materia, y se hace el sacramento", ev. Io. 80, 3).
La mistagogia de la celebración
1234 El sentido y la gracia del sacramento del Bautismo aparece claramente en los ritos de su celebración. Cuando se participa atentamente en los gestos y las palabras de esta celebración, los fieles se inician en las riquezas que este sacramento significa y realiza en cada nuevo bautizado.
1235 La señal de la cruz, al comienzo de la celebración, señala la impronta de Cristo sobre el que le va a pertenecer y significa la gracia de la redención que Cristo nos ha adquirido por su cruz.
1236 El anuncio de la Palabra de Dios ilumina con la verdad revelada a los candidatos y a la asamblea y suscita la respuesta de la fe, inseparable del Bautismo. En efecto, el Bautismo es de un modo particular "el sacramento de la fe" por ser la entrada sacramental en la vida de fe.
1237 Puesto que el Bautismo significa la liberación del pecado y de su instigador, el diablo, se pronuncian uno o varios exorcismos sobre el candidato. Este es ungido con el óleo de los catecúmenos o bien el celebrante le impone la mano y el candidato renuncia explícitamente a Satanás. Así preparado, puede confesar la fe de la Iglesia, a la cual será "confiado" por el Bautismo (cf Rm 6, 17).
1238 El agua bautismal es entonces consagrada mediante una oración de epíclesis (en el momento mismo o en la noche pascual). La Iglesia pide a Dios que, por medio de su Hijo, el poder del Espíritu Santo descienda sobre esta agua, a fin de que los que sean bautizados con ella "nazcan del agua y del Espíritu" (Jn 3, 5).
1239 Sigue entonces el rito esencial del sacramento: el Bautismo propiamente dicho, que significa y realiza la muerte al pecado y la entrada en la vida de la Santísima Trinidad a través de la configuración con el Misterio pascual de Cristo. El Bautismo es realizado de la manera más significativa mediante la triple inmersión en el agua bautismal. Pero desde la antigüedad puede ser también conferido derramando tres veces agua sobre la cabeza del candidato.
1240 En la Iglesia latina, esta triple infusión va acompañada de las palabras del ministro: "N, Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo". En las liturgias orientales, estando el catecúmeno vuelto hacia el Oriente, el sacerdote dice: "El siervo de Dios, N. , es bautizado en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo". Y mientras invoca a cada persona de la Santísima Trinidad, lo sumerge en el agua y lo saca de ella.
1241 La unción con el santo crisma, óleo perfumado y consagrado por el obispo, significa el don del Espíritu Santo al nuevo bautizado. Ha llegado a ser un cristiano, es decir, "ungido" por el Espíritu Santo, incorporado a Cristo, que es ungido sacerdote, profeta y rey (cf OBP nº 62).
1242 En la liturgia de las Iglesias de Oriente, la unción postbautismal es el sacramento de la Crismación (Confirmación). En la liturgia romana, dicha unción anuncia una segunda unción del santo crisma que dará el obispo: el sacramento de la Confirmación que, por así decirlo, "confirma" y da plenitud a la unción bautismal.
1243 La vestidura blanca simboliza que el bautizado se ha "revestido de Cristo" (Ga 3, 27): ha resucitado con Cristo. El cirio que se enciende en el cirio pascual, significa que Cristo ha iluminado al neófito. En Cristo, los bautizados son "la luz del mundo" (Mt 5, 14; cf Flp 2, 15).
El nuevo bautizado es ahora hijo de Dios en el Hijo Unico. Puede ya decir la oración de los hijos de Dios: el Padre Nuestro.
1244 La primera comunión eucarística. Hecho hijo de Dios, revestido de la túnica nupcial, el neófito es admitido "al festín de las bodas del Cordero" y recibe el alimento de la vida nueva, el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Las Iglesias orientales conservan una conciencia viva de la unidad de la iniciación cristiana por lo que dan la sagrada comunión a todos los nuevos bautizados y confirmados, incluso a los niños pequeños, recordando las palabras del Señor: "Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis" (Mc 10, 14). La Iglesia latina, que reserva el acceso a la Sagrada Comunión a los que han alcanzado el uso de razón, expresa cómo el Bautismo introduce a la Eucaristía acercando al altar al niño recién bautizado para la oración del Padre Nuestro.
1245 La bendición solemne cierra la celebración del Bautismo. En el Bautismo de recién nacidos, la bendición de la madre ocupa un lugar especial.
1254 En todos los bautizados, niños o adultos, la fe debe crecer después del Bautismo. Por eso, la Iglesia celebra cada año en la noche pascual la renovación de las promesas del Bautismo. La preparación al Bautismo sólo conduce al umbral de la vida nueva. El Bautismo es la fuente de la vida nueva en Cristo, de la cual brota toda la vida cristiana.
La Confirmación
1286 En el Antiguo Testamento, los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías esperado (cf. Is 11, 2) para realizar su misión salvífica (cf Lc 4, 16-22; Is 61, 1). El descenso del Espíritu Santo sobre Jesús en su Bautismo por Juan fue el signo de que él era el que debía venir, el Mesías, el Hijo de Dios (Mt 3, 13-17; Jn 1, 33-34). Habiendo sido concedido por obra del Espíritu Santo, toda su vida y toda su misión se realizan en una comunión total con el Espíritu Santo que el Padre le da "sin medida" (Jn 3, 34).
1287 Ahora bien, esta plenitud del Espíritu no debía permanecer únicamente en el Mesías, sino que debía ser comunicada a todo el pueblo mesiánico (cf Ez 36, 25-27; Jl 3, 1-2). En repetidas ocasiones Cristo prometió esta efusión del Espíritu (cf Lc 12, 12; Jn 3, 5-8; Jn 7, 37-39; Jn 16, 7-15; Hch 1, 8), promesa que realizó primero el día de Pascua (Jn 20, 22) y luego, de manera más manifiesta el día de Pentecostés (cf Hch 2, 1-4). Llenos del Espíritu Santo, los Apóstoles comienzan a proclamar "las maravillas de Dios" (Hch 2, 11) y Pedro declara que esta efusión del Espíritu es el signo de los tiempos mesiánicos (cf Hch 2, 17-18). Los que creyeron en la predicación apostólica y se hicieron bautizar, recibieron a su vez el don del Espíritu Santo (cf Hch 2, 38).
1288 "Desde aquel tiempo, los Apóstoles, en cumplimiento de la voluntad de Cristo, comunicaban a los neófitos, mediante la imposición de las manos, el don del Espíritu Santo, destinado a completar la gracia del Bautismo (cf Hch 8, 15  - 17; Hch 19, 5 - 6). Esto explica por qué en la Carta a los Hebreos se recuerda, entre los primeros elementos de la formación cristiana, la doctrina del bautismo y de la la imposición de las manos (cf Hb 6, 2). Esta imposición de las manos ha sido con toda razón considerada por la tradición católica como el primitivo origen del sacramento de la Confirmación, el cual perpetúa, en cierto modo, en la Iglesia, la gracia de Pentecostés" (Pablo VI, const. apost. "Divinae consortium naturae").
1289 Muy pronto, para mejor significar el don del Espíritu Santo, se añadió a la imposición de las manos una unción con óleo perfumado (crisma). Esta unción ilustra el nombre de "cristiano" que significa "ungido" y que tiene su origen en el nombre de Cristo, al que "Dios ungió con el Espíritu Santo" (Hch 10, 38). Y este rito de la unción existe hasta nuestros días tanto en Oriente como en Occidente. Por eso en Oriente, se llama a este sacramento crismación, unción con el crisma, o myron, que significa "crisma". En Occidente el nombre de Confirmación sugiere que este sacramento al mismo tiempo confirma el Bautismo y robustece la gracia bautismal.
La Eucaristía
1322 La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor.
1323 "Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura" (SC 47).

Se dice Credo. Dicitur Credo.
Oración de los fieles
147. En este día santísimo, en que la potencia del Espíritu nos crea como hombres nuevos, a imagen del Señor resucitado, y hace de todos nosotros un pueblo santo, elevemos nuestra oración común para que la alegría pascual se extienda por todo el mundo.
R. Por la resurrección de tu Hijo, escúchanos, Padre.
- Por la iglesia de Dios: para que cada día sea más consciente de ser la comunidad pascual, generada por Cristo humillado en la cruz y glorificado en la resurrección. Roguemos al Señor.
- Por todos los bautizados: Para que en la aspersión de la sangre y el agua que brotan del costado de Cristo, renueven la gracia de su nacimiento en el Espíritu. Roguemos al Señor.
- Por toda la humanidad: para que se extienda por el mundo el alegre anuncio de que en Cristo se han hecho las paces del hombre con Dios, del hombre consigo mismo y del hombre con sus hermanos. Roguemos al Señor.
- Por nuestra familias: para que en todas las casas se celebre el acontecimiento pascual en sinceridad y verdad, y se comparta el don del Señor con una hospitalidad festiva con los pobres y los que sufren. Roguemos al Señor.
- Por todas las hermanas y hermanos difuntos: para que desde ahora sean comensales del reino eterno, mientras esperan la resurrección de los cuerpos al final de los tiempos. Roguemos al Señor.
Padre, que en la resurrección de tu Hijo ahuyentas todos los miedos y haces posible lo que nuestro corazón nos se atreve a esperar; concede a todos los que se llaman cristianos renovarse en el pensamiento y en las obras, con la fe de quien se siente resucitado en el bautismo. Por Jesucristo nuestro Señor.
71. Oración sobre las ofrendas
Rebosantes de gozo pascual, ofrecemos, Señor, este sacrificio en el que tan maravillosamente renace y se alimenta tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
71. Super oblata
Sacrifícia, Dómine, paschálibus gáudiis exsultántes offérimus, quibus Ecclésia tua mirabíliter renáscitur et nutrítur. Per Christum.
72. Prefacio pascual I: en este día.
EL MISTERIO PASCUAL
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca exaltarte en este día en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan el himno de tu gloria diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
72. Praefatio paschalis I:
DE MYSTERIO PASCHALI
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre: Te quidem, Dómine, omni témpore confitéri, sed in hac potíssimum die gloriósius praedicáre, cum Pascha nostrum immolátus est Christus.
Ipse enim verus est Agnus qui ábstulit peccáta mundi. Qui mortem nostram moriéndo destrúxit, et vitam resurgéndo reparávit.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis, totus in orbe terrárum mundus exsúltat. Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. Cuando se utiliza el Canon romano, se dicen Reunidos en comunión, y Acepta, Señor, en tu bondad propios. PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANUS. Quando adhibetur Canon romanus, dicuntur Communicántes et Hanc ígitur propria.
73. Antífona de comunión Cf. 1 Cor 5, 7-8
Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Aleluya. Así, pues, celebremos con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. Aleluya, aleluya.
73. Antiphona ad communionem 1Co 5, 7-8
Pascha nostrum immolátus est Christus, allelúia; ítaque epulémur in ázymis sinceritátis et veritátis, allelúia, allelúia.
74. Oración después de la comunión
Protege, oh, Dios, a tu Iglesia con misericordia perpetua, para que, renovada por los sacramentos pascuales, llegue a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
74. Post communionem
Perpétuo, Deus, Ecclésiam tuam pio favóre tuére, ut, paschálibus renováta mystériis, ad resurrectiónis pervéniat claritátem. Per Christum.
75. Para la bendición final de la misa, conviene que el sacerdote use la fórmula de bendición solemne para la misa de la Vigilia pascual.
Que os bendiga Dios todopoderoso en la solemnidad pascual que hoy celebramos y, compasivo, os defienda de toda asechanza del pecado.
R. Amén.
El que os ha renovado para la vida eterna, en la resurrección de su Unigénito, os colme con el premio de la inmortalidad.
R. Amén.Y quienes, terminados los días de la pasión del Señor, habéis participado en los gozos de la fiesta de Pascua, podáis llegar, por su gracia, con espíritu exultante a aquellas fiestas que se celebran con alegría eterna.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R. Amén.
75. Ad benedictionem in fine Missae impertiendam, sacerdos convenienter utatur formula benedictionis sollemnis pro Missa Vigiliae paschalis.
Benedícat vos omnípotens Deus, hodiérna interveniénte sollemnitáte pascháli, et ab omni miserátus deféndat incursióne peccáti.
R. Amen.
Et qui ad aetérnam vitam in Unigéniti sui resurrectióne vos réparat, vos praemiis immortalitátis adímpleat.
R. Amen.
Et qui, explétis passiónis domínicae diébus, paschális festi gáudia celebrátis, ad ea festa, quae laetítiis peragúntur aetérnis, ipso opitulánte, exsultántibus ánimis veniátis.
R. Amen.
Benedícat vos omnípotens Deus, Pater, et Fílius, + et Spíritus Sanctus.
R. Amen.
76. Para despedir al pueblo, durante toda la octava, hasta el II domingo de Pascua, se canta:
Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.
Y todos responden:
R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.
Si no se canta, se dice.
76. Ad populum dimittendum, cantatur (ut supra n. 69) vel dicitur:
Ite, missa est, allelúia, allelúia.
R. Deo grátias, allelúia, allelúia.

MARTIROLOGIO

Elogio propio del Domingo de Pascua
É
ste es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: la Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne.
Elogios del día 2 de abril
S
an Francisco de Paula
, ermitaño, fundador de la Orden de los Mínimos en Calabria, prescribiendo a sus discípulos que viviesen de limosnas, no teniendo propiedad ni manipulando dinero, y que utilizasen sólo alimentos cuaresmales. Llamado a Francia por el rey Luis XI, le asistió en el lecho de muerte, y célebre por la austeridad de vida, murió a su vez en Plessis-les-Tours, junto a Tours (1507).
2. En Cesarea de Palestina, san Affiano o Anfiano, mártir, que, como se obligase al pueblo a sacrificar públicamente a los dioses en tiempo del emperador Maximino, se acercó intrépido al prefecto Urbano y, cogiéndole por el brazo, quiso impedir el rito, por lo cual le prendieron fuego con los pies envueltos en lino empapado con aceite y, respirando aún, fue arrojado al mar por los soldados (306).
3. En la misma ciudad, pasión de santa Teodora, virgen, natural de Tiro, que, en la misma persecución citada, por haber saludado a los confesores de la fe que estaban de pie ante el tribunal, rogándoles que al llegar ante el Señor se acordasen de ella, fue detenida por los soldados y llevada al mismo prefecto, y por mandato de éste fue torturada con acerbos tormentos y arrojada finalmente al mar (307).
4. En Como, en la provincia de Liguria, san Abundio, obispo, que enviado a Constantinopla por san León Magno, defendió allí con celo la fe ortodoxa (468).
5. En Capua, de la Campania, san Víctor, obispo, conspicuo por su erudición y su santidad (554).
6. En Lyon, en la Galia, san Nicecio, obispo, que se distinguió por su dedicación a los pobres y su benignidad para con los sencillos, estableciendo en esta Iglesia la norma de cantar salmos (573).
7. En el monasterio de Luxeuil, en Burgundia, san Eustasio, abad, discípulo de san Columbano, que fue padre de casi seiscientos monjes (629).
8. En Chelmsford, en Inglaterra, san Juan Payne, presbítero y mártir, que en tiempo de la reina Isabel I fue ahorcado, acusado falsamente de sedición (1582).
9*. En el pueblo de Tomhom, de la isla de Guam, en Oceanía, beatos mártires Diego Luis de San Vitores, presbítero de la Compañía de Jesús, y Pedro Calungsod, catequista, que fueron cruelmente precipitados al mar, en odio a la fe cristiana, por algunos apóstatas y nativos seguidores del paganismo (1672).
10*. En Spoleto, en la Umbría, beato Leopoldo de Gaiche, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, que estableció el santuario de Monte Luco (1815).
11. En el pueblo Xuong Dien, en Tonquín, santo Domingo Tuoc, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir en tiempo del emperador Minh Mang (1839).
12*. En Padua, en el territorio de Venecia, beata Isabel Vendramini, virgen, que dedicó su vida a los pobres y, tras superar muchas adversidades, fundó el Instituto de Hermanas Isabelas de la Tercera Orden de San Francisco (1860).
13*. En Vic, de Cataluña, en España, beato Francisco Coll, presbítero de la Orden de Predicadores, que, al ser injustamente exclaustrado, prosiguió su firme vocación y anunció por toda la región el nombre del Señor Jesucristo (1875).
14*. En Györ, en Hungría, beato Guillermo Apor, obispo y mártir, que en plena guerra abrió su casa a unos trescientos prófugos y, por defender a unas muchachas de manos de los soldados, la tarde del Viernes Santo de la Pasión del Señor fue herido, falleciendo tres días más tarde (1945).
15*. En Lwiw, en Ucrania, beato Nicolás Carneckyj, obispo, que ejerciendo como exarca apostólico de Volyn’ y Pidljashja en tiempo de persecución contra la fe, siguió como pastor fiel las huellas de Cristo y, por su gracia, llegó al reino de los cielos (1959)
16*. En Maracay, en Venezuela, beata María de San José (Laura) Alvarado, virgen, que fundó las Agustinas Recoletas del Sagrado Corazón, siempre solícita en su caridad a favor de las jóvenes huérfanas, de los ancianos y pobres abandonados (1967).

sábado, 24 de febrero de 2018

Sábado 31 marzo 2018, Sábado santo y Vigilia Pascual del Domingo de la Resurrección del Señor, ciclo B.

SOBRE LITURGIA

DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

Sábado Santo


146. "Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos y esperando en la oración y el ayuno su Resurrección".

La piedad popular no puede permanecer ajena al carácter particular del Sábado Santo; así pues, las costumbres y las tradiciones festivas vinculadas a este día, en el que durante una época se anticipaba la celebración pascual, se deben reservar para la noche y el día de Pascua.

La "Hora de la Madre"

147. En María, conforme a la enseñanza de la tradición, está como concentrado todo el cuerpo de la Iglesia: ella es la "credentium collectio universa". Por esto la Virgen María, que permanece junto al sepulcro de su Hijo, tal como la representa la tradición eclesial, es imagen de la Iglesia Virgen que vela junto a la tumba de su Esposo, en espera de celebrar su Resurrección.

En esta intuición de la relación entre María y la Iglesia se inspira el ejercicio de piedad de la Hora de la Madre: mientras el cuerpo del Hijo reposa en el sepulcro y su alma desciende a los infiernos para anunciar a sus antepasados la inminente liberación de la región de las tinieblas, la Virgen, anticipando y representando a la Iglesia, espera llena de fe la victoria del Hijo sobre la muerte.

CALENDARIO

31 SÁBADO. Hasta la noche:
SÁBADO SANTO DE LA SEPULTURA DEL SEÑOR

Ayuno y abstinencia (recomendado)

Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos, y se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa, quedando desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la Resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, con cuya exuberancia iniciarán los cincuenta días pascuales.

Liturgia de las Horas: oficio prop. (morado). Vísperas props. del Sábado Santo.

* Se recomienda con insistencia que en este día se celebre en las iglesias el Oficio de lectura y las Laudes, con participación de los fieles. Cuando esto no es posible, prepárese una celebración de la Palabra o un ejercicio piadoso que corresponda al misterio de este día.
* Pueden ser expuestas en la iglesia, a la veneración de los fieles, la imagen de Cristo crucificado, o en el sepulcro, o descendiendo a los infiernos, ya que ilustran el misterio del Sábado Santo, así como la imagen de la bienaventurada Virgen de los Dolores.
* En este día no se puede distribuir la sagrada comunión, a no ser en caso de viático.
* Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.

Martirologio: hoy se omite su lectura.

31 SÁBADO. En la noche:
COMIENZA EL TIEMPO PASCUAL
VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA

Según una antiquísima tradición, esta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la Noche Santa en la que el Señor resucitó, ha de considerarse como «la madre de todas las Santas Vigilias» (san Agustín).
Durante la Vigilia, la Iglesia espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la iniciación cristiana (CO, 332). Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12, 35-48), deben asemejarse a los criados que con las lámparas encendidas en sus manos esperan el retorno de su Señor, para que, cuando llegue, los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa.
Esta vigilia es figura de la Pascua auténtica de Cristo, de la noche de la verdadera liberación, en la cual, «rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo» (pregón pascual).


Misa de la Vigilia Pascual (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Pf. I Pascua «en esta noche», embolismos props. en las PP. EE. No se puede decir la PE IV. Despedida con doble «Aleluya».
LECC.: vol. I (B).
- Gén 1, 1 — 2, 2. Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.
- Sal 103. R. Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
o bien:
Sal 32. R. La misericordia del Señor llena la tierra.
- Gén 22, 1-18. El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.
- Sal 15. R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
- Éx 14, 15—15, 1a. Los hijos de Israel entraron en medio del mar, por lo seco.
- Salmo: Éx 15, 1-18. R. Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria.
- Is 54, 5-14. Con amor eterno te quiere el Señor, tu libertador.
- Sal 29. R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
- Is 55, 1-11. Venid a mí y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua.
- Salmo: Is 12, 2-6. R. Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
- Bar 3, 9-15. 32 — 4, 4. Camina al resplandor del Señor.
- Sal 18. R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
- Ez 36, 16-17a. 18-28. Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo.
- Sal 41. R. Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
o bien:
Sal 50. R. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro.
- Rom 6, 3-11. Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más.
- Sal 117. R. Aleluya, aleluya, aleluya.
- Mt 28, 1-10. Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea.

A lo largo de la Cuaresma, mediante la penitencia, nos hemos preparado para que sea verdad lo que celebramos esta noche: nuestro paso —por la fe y el bautismo— de la muerte del pecado a la vida con Cristo resucitado en la comunidad de la Iglesia, nuestro paso de las tinieblas a la luz de la resurrección del Señor. Esto lo expresaremos en la primera parte de la celebración con el pregón pascual, que oiremos con las velas encendidas en el cirio pascual. Después, la Palabra de Dios nos irá recordando el camino de la historia de la salvación que culmina con el Ev., en el que un ángel nos anuncia que Jesús el Nazareno, el crucificado, ha resucitado. Sigue después la celebración del bautismo —si la hay— y la renovación de las promesas bautismales, en las que expresamos nuestra renuncia al pecado para vivir como hijos de Dios desde la fe de la Iglesia en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Termina la celebración con la eucaristía, sacramento que perpetúa en la Iglesia la presencia de Cristo resucitado.

La celebración litúrgica consta de las siguientes partes:
1. Lucernario: bendición del fuego, procesión y pregón pascual.
2. Liturgia de la Palabra: la Iglesia proclama y medita las maravillas que Dios ha hecho en favor de su pueblo.
3. Liturgia bautismal: por los sacramentos de iniciación cristiana los nuevos discípulos de Cristo se comprometen a seguirle con fidelidad. La Iglesia renueva su compromiso bautismal.
4. Liturgia eucarística: es la Eucaristía más importante de todo el Año litúrgico.

* Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe escogerse ni una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes del inicio de la noche, ni tan tardía que concluya después del alba del domingo. Esta regla ha de ser interpretada estrictamente. Cualquier costumbre o abuso contrarios han de ser reprobados.
* Aunque se celebre antes de la medianoche, es ya la misa de Pascua del Domingo de Resurrección.
* El pregón pascual, magnífico poema lírico que presenta el Misterio pascual en el conjunto de la economía de la salvación, puede ser proclamado, si fuese necesario por falta de un diácono o por imposibilidad del sacerdote celebrante, por un cantor.
* Por motivos graves de orden pastoral puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento; pero téngase siempre en cuenta que la lectura de la Palabra es fundamental en esta Vigilia pascual. Deben leerse, por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testamento, concretamente de la Ley y los Profetas, y cantarse los respectivos salmos responsoriales. Nunca puede omitirse la lectura del capítulo 14 del Éxodo (3 lect.) ni su canto.
* Las lecturas de la Sagrada Escritura describen momentos culminantes de la Historia de la Salvación, cuya meditación se facilita a los fieles con el canto del salmo responsorial, el silencio y la oración del sacerdote celebrante. La Iglesia, «comenzando por Moisés y siguiendo por los Profetas» (Lc 24, 27; cf. Lc 24, 44-45), interpreta el Misterio Pascual de Cristo.
* Es conveniente que se administre la comunión bajo las dos especies del pan y del vino, con el consentimiento del obispo diocesano.
* Los fieles que participan en esta misa de la noche pueden comulgar de nuevo en la misa del día de Pascua. El que celebra o concelebra la misa de la noche pascual puede celebrar o concelebrar de nuevo la misa del día de Pascua.
* No se permite la celebración solo de la misa sin los ritos de la Vigilia pascual.
* Cuídese de tal modo la liturgia que se pueda hacer llegar al pueblo cristiano las riquezas que contienen las plegarias y los ritos; es necesario que se respete la verdad de los signos, se favorezca la participación de los fieles y que no falten ministros, lectores y cantores para el buen desarrollo de la celebración.
* La práctica de organizar en una misma comunidad parroquial dos vigilias pascuales, una abreviada y otra muy desarrollada, es incorrecta, como contraria a los más elementales principios de la celebración pascual, que requieren una única asamblea, signo de la única Iglesia que se renueva en la celebración de los Misterios pascuales. Hay que favorecer el hecho de que los grupos particulares tomen parte en la celebración común de la Vigilia pascual, de suerte que todos los fieles, formando una única asamblea, puedan experimentar más profundamente el sentido de pertenencia a la comunidad eclesial.
* El cirio pascual se coloca sobre un candelero solemne junto al ambón o en el presbiterio hasta el Domingo de Pentecostés, inclusive.

Liturgia de las Horas:
*
La Vigilia pascual ocupa el lugar del Oficio de lectura. Los que no han asistido a la Vigilia lean por lo menos cuatro lecturas, con sus cánticos y oraciones (Éx 14, 15-15, 1; Cant: Éx 15, 1-6. 13. 17-18; Ez 36, 16-28; Sal 41, 2-3. 5; 42, 3-4; Rom 6, 3-11; Sal 117, 1-2. 16. 17. 22-23; Mt 28, 1-10).
* Los que participan en la Vigilia pascual no rezan hoy las Completas.

MARTIROLOGIO

Hoy se omite su lectura
Santos y Beatos del día 1 de abril

1. En Roma, conmemoración de los santos mártires Venancio, obispo, y compañeros de Dalmacia y de Istria, a saber, Anastasio, Mauro, Pauliniano, Telio, Asterio, Septimio, Antioquiano y Gayano, que la Iglesia se complace en honrar juntamente (s. III/IV).
2. En Tesalónica, de Macedonia, santas Agape y Quionia, vírgenes y mártires, que en la persecución bajo el emperador Diocleciano, por no querer comer carne sacrificada a los ídolos fueron entregadas al prefecto Dulcecio, que las condenó a ser quemadas vivas (304).
3. En Palestina, santa María Egipcíaca, célebre pecadora de Alejandría, que por la intercesión de la Bienaventurada Virgen se convirtió a Dios en la Ciudad Santa, y llevó una vida penitente y solitaria a la otra orilla del Jordán (s. V).
4. En Lauconay, cerca de Amiens, en la Galia, san Valerico o Valerio, presbítero, que atrajo a muchos compañeros hacia la vida eremítica (s. VII).
5. En el lugar llamado Ardpatrick, en la región de Munster, en Irlanda, san Celso, obispo de Armagh, que trabajó en favor de la instauración de la Iglesia (1129).
6. En Grenoble, en Burgundia, san Hugo, obispo, que se esforzó en la reforma de las costumbres del clero y del pueblo, y siendo amante de la soledad, durante su episcopado ofreció a san Bruno, maestro suyo en otro tiempo, y a sus compañeros, el lugar de la Cartuja, que presidió cual primer abad, rigiendo durante cuarenta años esta Iglesia con esmerado ejemplo de caridad (1132).
7*. En el monasterio cisterciense de Bonnevaux, en el Delfinado, en Francia, beato Hugo, abad, cuya caridad y prudencia lograron la armonía entre el papa Alejandro III y el emperador Federico I (1194).
8*. En Caihness, en Escocia, san Gilberto, obispo, que erigió la iglesia catedral en Dornoch y dispuso hospederías para los pobres, y al morir encomendó lo que él mismo había observado en su vida, a saber: no hacer daño a ningún ser, llevar con paciencia los contradicciones permitidas por Dios y a nadie dar ocasión de tropiezo (c. 1245).
9*. En York, en Inglaterra, beato Juan Bretton, mártir, que, siendo padre de familia, mostró una gran constancia en la fe de la Iglesia Romana durante el reinado de Isabel I y, amenazado varias veces, se mantuvo firme, por lo que al fin, falsamente acusado de sedición, fue estrangulado (1598).
10*. En Brescia, de Lombardía, en Italia, beato Luis Pavoni, presbítero, que se entregó con ánimo decidido a la formación de los jóvenes pobres, interesándose sobre todo en su educación religiosa y artesana, fundando para ello la Congregación de los Hijos de María Inmaculada (1848).

TEXTOS MISA

SÁBADO SANTO SABBATO SANCTO
1. Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, su descenso a los infiernos, y esperando su resurrección en oración y ayuno.
1. Sabbato sancto Ecclesia ad sepulcrum Domini immoratur, passionem eius et mortem, necnon ad inferos descensum meditans et eius resurrectionem exspectans, in oratione et ieiunio.
2. La Iglesia se abstiene del sacrificio de la misa, quedando por ello desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundará los cincuenta días pascuales.
2. A sacrificio Missae, sacra mensa denudata, Ecclesia abstinet, usque dum, post sollemnem Vigiliam seu nocturnam resurrectionis exspectationem, locus detur gaudiis paschalibus, quorum abundantia in quinquaginta dies exundat.
3. En este día no se puede distribuir la sagrada comunión, a no ser en el modo de Viático.
3. Sacra Communio hac die dari potest solummodo ad modum viatici.

TIEMPO PASCUAL
DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
Vigilia pascual en la noche santa
TEMPUS PASCHALE
DOMINICA PASCHAE IN RESURRECTIONE DOMINI
Vigilia paschalis in nocte sancta
1. Según una antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor (Ex 12, 42). Los fieles, tal como lo recomienda el Evangelio (Lc 12, 35-37), deben asemejarse a los criados que, con las lámparas encendidas en sus manos, esperan el retorno de su Señor, para que cuando llegue les encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa. 1. Ex antiquissima traditione ista nox est observabilis Domini (Ex 12, 42), ita ut fideles iuxta monitum Evangelii Lc 12, 35-37) lucernas ardentes in manibus gestantes, similes sint hominibus exspectantibus Dominum, quando revertatur, ut, cum venerit, vigilantes eos inveniat et discumbere faciat ad mensam suam.
2. La Vigilia de esta noche, que es la mayor y más noble de todas las solemnidades, ha de ser una sola en cada iglesia. Se desarrolla de la siguiente manera: después del lucernario y el pregón pascual (que es la primera parte de la Vigilia), la santa Iglesia, llena de fe en la palabra y en las promesas del Señor, contempla las maravillas que el Señor Dios realizó desde el principio en favor de su pueblo (segunda parte o liturgia de la Palabra), hasta que, al acercarse el día y acompañada ya de sus nuevos hijos renacidos en el Bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa que el Señor ha preparado para su pueblo como memorial de su muerte y resurrección hasta que vuelva (cuarta parte). 2. Vigilia huius noctis, quae est summa ac nobilissima omnium sollemnitatum, unica sit pro unaquaque ecclesia. Ita autem ordinatur, ut post lucernarium et praeconium paschale (quod est pars prima huius Vigiliae), sancta Ecclesia meditetur mirabilia, quae fecit Dominus Deus populo suo ab initio, confidens verbo eius et promisso (pars secunda seu liturgia verbi), usque dum, appropinquante die, cum novis membris in Baptismate renatis (pars tertia), vocatur ad mensam, quam Dominus populo suo praeparavit, memoriale mortis et resurrectionis suae, donec veniat (pars quarta).
3. Toda la celebración de la Vigilia pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe escogerse ni una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes del inicio de la noche, ni tan tardía que concluya después del alba del domingo. 3. Tota celebratio Vigiliae paschalis peragi debet noctu, ita ut vel non incipiatur ante initium noctis, vel finiatur ante diluculum diei dominicae.
4. La misa de la Vigilia pascual, aunque se celebre antes de la medianoche, es ya la misa de Pascua del Domingo de Resurrección. 4. Missa Vigiliae, etsi ante mediam noctem celebratur, est Missa paschalis dominicae Resurrectionis.
5. Los fieles que participan en esta misa de la noche pueden comulgar de nuevo en la misa del día de Pascua. El que celebra o concelebra la misa de la noche pascual puede celebrar o concelebrar de nuevo la misa del día de Pascua. La Vigilia pascual ocupa el lugar del oficio de lectura. 5. Qui participat Missam noctis, iterum communicare potest in Missa in die. Qui celebrat vel concelebrat Missam noctis, potest iterum Missam in die celebrare aut concelebrare. Vigilia paschalis locum tenet Officii lectionis.
6. Según costumbre, asista al sacerdote un diácono; en su ausencia, el sacerdote celebrante o un concelebrante asuman las funciones de su orden, excepto las que a continuación se indican.
El sacerdote y el diácono se revisten con las vestiduras blancas que han de usar en la misa.
6. Sacerdoti assistat de more diaconus. Eo vero absente, munera sui ordinis a sacerdote celebrante vel concelebrante assumuntur, exceptis iis quae infra indicantur.
Sacerdos et diaconus induuntur, sicut ad Missam, paramentis albi coloris.
7. Han de prepararse velas para todos los fieles que participen en la Vigilia. Se apagan las luces de la iglesia. 7. Parentur candelae pro omnibus participantibus Vigiliam. Luminaria vero ecclesiae exstinguuntur.

Primera parte:
LUCERNARIO O SOLEMNE COMIENZO DE LA VIGILIA
Pars prima:
SOLLEMNE INITIUM VIGILIAE SEU LUCERNARIUM
Bendición del fuego y preparación del cirio
8. En un lugar adecuado, fuera de la iglesia, se enciende la hoguera. Congregado allí el pueblo, llega el sacerdote con los ministros. Uno de ellos lleva el cirio pascual. No se lleva la cruz procesional ni los ciriales.
Donde no pueda encenderse el fuego fuera de la iglesia, el rito se desarrolla como se indica en el número 13.
Benedictio ignis et praeparatio cerei
8. Loco apto, extra ecclesiam, praeparatur rogus ardens. Populo ibi congregato, accedit sacerdos cum ministris, e quibus unus portat cereum paschalem. Crux processionalis ac luminaria non portantur.
Ubi autem ignis extra ecclesiam accendi non potest, ritus peragitur ut infra, n. 13.
9. El sacerdote y los fieles se signan cuando él dice: En el nombre del Padre... El sacerdote saluda, como de costumbre, al pueblo congregado y hace una breve monición sobre el sentido de esta vigilia nocturna con estas palabras u otras semejantes:
Queridos hermanos: En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo ha pasado de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración. Si recordamos así la Pascua del Señor, escuchando su palabra y celebrando sus misterios, podremos esperar tener parte en su triunfo sobre la muerte y vivir con él en Dios.
9. Sacerdos et fideles signant se dum ipse dicit:
In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti, ac dein populum congregatum de more salutat eumque breviter admonet de vigilia nocturna, his vel similibus verbis:
Fratres caríssimi, hac sacratíssima nocte, in qua Dóminus noster Iesus Christus de morte transívit ad vitam, Ecclésia invítat fílios dispérsos per orbem terrárum, ut ad vigilándum et orándum convéniant. Si ita memóriam egérimus Páschatis Dómini, audiéntes verbum et celebrántes mystéria eius, spem habébimus participándi triúmphum eius de morte et vivéndi cum ipso in Deo.
10. Seguidamente el sacerdote, con las manos extendidas, bendice el fuego diciendo:
Oremos.
Oh Dios, que por medio de tu Hijo has dado a los fieles la claridad de tu luz, santifica + este fuego nuevo y concédenos que la celebración de estas fiestas de Pascua encienda en nosotros deseos tan santos que podamos llegar con corazón limpio a las fiestas de la eterna luz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
10. Deinde sacerdos benedicit ignem, dicens, manibus extensis:
Orémus.
Deus, qui per Fílium tuum claritátis tuae ignem fidélibus contulísti, novum hunc ignem +sanctífica, et concéde nobis, ita per haec festa paschália caeléstibus desidériis inflammári, ut ad perpétuae claritátis puris méntibus valeámus festa pertíngere. Per Christum Dóminum nostrum.
R. Amen.
11. Bendecido el fuego nuevo, un acólito, u otro ministro, lleva el cirio pascual ante el celebrante; este, con un punzón, graba una cruz en el cirio. Después, traza en la parte superior de esta cruz la letra griega alfa, y debajo de la misma la letra griega omega; en los ángulos que forman los brazos de la cruz traza los cuatro números del año en curso.
Mientras hace estos signos, dice:
1. Cristo ayer y hoy,
Graba el trazo vertical de la cruz.
2. principio y fin,
Graba el trazo horizontal.
3. alfa
Graba la letra alfa sobre el trazo vertical.
4. y omega.
Graba la letra omega debajo del trazo vertical.
5. Suyo es el tiempo
Graba el primer número del año en curso en el ángulo izquierdo superior de la cruz.
6. y la eternidad.
Graba el segundo número del año en curso en el ángulo derecho superior de la cruz.
7. A él la gloria y el poder,
Graba el tercer número del año en curso en el ángulo izquierdo inferior de la cruz.
8. por los siglos de los siglos. Amén.
Graba el cuarto número del año en curso en el ángulo derecho inferior de la cruz.
 A
2 0
1 8
 Ω
11. Novo igne benedicto, unus ministrorum portat cereum paschalem ante sacerdotem, qui cum stilo incidit crucem in ipsum cereum. Deinde facit super eam litteram graecam Alpha, subtus vero litteram Omega, et inter brachia crucis quattuor numeros exprimentes annum currentem, interim dicens:
1. Christus heri et hódie
incidit hastam erectam;
2. Princípium et Finis
incidit hastam transversam;
3. Alpha
incidit supra hastam erectam litteram Alpha;
4. et Omega
incidit subtus hastam erectam litteram Omega.
5. Ipsíus sunt témpora
incidit primum numerum anni currentis in angulo superiore sinistro crucis;
6. et saecula
incidit secundum numerum anni currentis in angulo superiore dextro crucis.
7. Ipsi glória et impérium
incidit tertium numerum anni currentis in angulo inferiore sinistro crucis;
8. per univérsa aeternitátis saecula. Amen
incidit quartum numerum anni currentis in angulo inferiore dextro crucis.
 A
2 0
1 8
 Ω
12. Acabada la incisión de la cruz y de los otros signos, el sacerdote puede incrustar en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, mientras dice:
1. Por sus llagas
2. santas y gloriosas,
3. nos proteja
4. y nos guarde
5. Jesucristo nuestro Señor. Amén.
1
4 2 5
3
12. Incisione crucis et aliorum signorum peracta, sacerdos infigere potest in cereum quinque grana incensi, in modum crucis, interim dicens:
1. Per sua sancta vúlnera
2. gloriósa
3. custódiat
4. et consérvet nos
5. Christus Dóminus. Amen.
1
4 2 5
3
13. Donde por alguna dificultad no se enciende la hoguera, la bendición del fuego se acomodará a las circunstancias. Reunido el pueblo en la iglesia como de costumbre, el sacerdote y los ministros, uno de los cuales lleva el cirio pascual, se dirigen a la puerta de la iglesia. El pueblo, en cuanto sea posible, se vuelve hacia el celebrante. El sacerdote saluda al pueblo y hace la monición inicial, tal como se indica en el número 9; después bendice el fuego y prepara el cirio como se indica en los nn. 10-12.13. Ubi propter difficultates forte occurrentes non accenditur rogus, benedictio ignis circumstantiis aptatur. Populo ut alias in ecclesia congregato, sacerdos cum ministris cereum paschalem deferentibus venit ad portam ecclesiae. Populus, quantum fieri potest, vertit se ad sacerdotem. Fit salutatio et monitio, ut supra n. 9; deinde benedicitur ignis et praeparatur cereus, ut supra nn. 10-12.
14. El sacerdote enciende el cirio pascual con el fuego nuevo, diciendo:
La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu.
14. De novo igne sacerdos accendit cereum paschalem, dicens:
Lumen Christi glorióse resurgéntis díssipet ténebras cordis et mentis.

Procesión
15. Encendido el cirio, uno de los ministros toma carbones encendidos del fuego y los pone en el incensario. El sacerdote, según costumbre, impone el incienso. El diácono, o en su ausencia otro ministro idóneo, recibe del ministro el cirio pascual y se organiza la procesión. El turiferario, con el incensario humeante, camina delante del diácono o el ministro que lleva el cirio pascual. Sigue el sacerdote con los ministros y el pueblo, llevando todos en la mano las velas apagadas. A la puerta de la iglesia, el diácono, de pie y levantando el cirio canta:
Luz del Cristo.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.
El sacerdote enciende su vela del cirio pascual.
Processio
15. Cereo accenso, unus ex ministris assumit carbones ardentes de igne ac ponit eos in thuribulum et sacerdos, moro solito, incensum imponit. Diaconus vel, eo absente, alius minister idoneus, accipit a ministro cereum paschalem et ordinatur processio. Thuriferarius cum thuribulo fumiganti incedit ante diaconum vel alium ministrum, qui cereum paschalem defert. Sequuntur sacerdos cum ministris et populus, qui omnes candelas extinctas manu gestant. Ad portam ecclesiae, diaconus, stans et elevans cereum cantat:
Lumen Christi.
Et omnes respondent:
Deo grátias.
Sacerdos accendit candelam suam de igne cerei paschalis.
16. Después, el diácono continúa hasta el centro de la iglesia y, de pie y elevando el cirio, canta de nuevo:
Luz de Cristo.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.
Todos encienden sus velas de la llama del cirio pascual, y avanzan.
16. Deinde diaconus procedit ad medium ecclesiae et, stans et elevans cereum, iterum cantat:
Lumen Christi.
Et omnes respondent:
Deo grátias.
Omnes candelam accendunt de igne cerei paschalis et procedunt.
17. El diácono, al llegar ante el altar, de pie y vuelto al pueblo, eleva el cirio y canta por tercera vez:
Luz de Cristo.
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.
El diácono pone el cirio pascual sobre un candelero solemne colocado junto al ambón o en medio del presbiterio.
Y se encienden las luces de la iglesia, excepto las velas del altar.
17. Diaconus, cum venerit ante altare, stans versus populum, elevat cereum et tertio cantat:
Lumen Christi.
Et omnes respondent:
Deo grátias.
Deinde diaconus cereum paschalem deponit super candelabrum magnum iuxta ambonem paratum, vel in medio presbyterii.
Et accenduntur lampades per ecclesiam, exceptis cereis altaris.
Pregón pascual
18. Cuando el sacerdote ha llegado al altar, va a su sede, entrega la candela al ministro, impone y bendice el incienso como para el Evangelio en la misa. El diácono va ante el sacerdote, y diciendo: Padre, dame tu bendición, pide y recibe la bendición del sacerdote, que dice en voz baja:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su pregón pascual; en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
El diácono responde:
Amén.
Esta bendición se omite si el pregón pascual es anunciado por alguien que no sea diácono.
Praeconium paschale
18. Cum ad altare pervenerit, sacerdos vadit ad sedem suam, candelam ministro tradit, imponit et benedicit thus sicut ad Evangelium in Missa. Diaconus adit sacerdotem et dicens: Iube, domne, benedícere, petit et accipit benedictionem a sacerdote dicente submissa voce:
Dóminus sit in corde tuo et in lábiis tuis, ut digne et competénter annúnties suum paschále praecónium: in nómine Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti.
Diaconus respondet:
Amen.
Quae benedictio omittitur, si praeconium annuntiatur ab alio qui non sit diaconus.
19. El diácono, una vez incensados el libro y el cirio, anuncia el pregón pascual en el ambón o púlpito, estando todos de pie y con las velas encendidas en las manos.
El pregón pascual puede ser anunciado, en ausencia del diácono, por el mismo sacerdote o por otro presbítero concelebrante. Si, por necesidad, anuncia el pregón un cantor laico, omite las palabras: Por eso, queridos hermanos, hasta el fin de la invitación, y el saludo: El Señor esté con vosotros. El pregón puede ser cantado también en su forma más breve.
19. Diaconus, incensatis libro et cereo, annuntiat praeconium paschale in ambone vel ad legile, omnibus stantibus et candelas accensas in manibus tenentibus. Praeconium paschale annuntiari potest, absente diacono, ab ipso sacerdote vel ab alio presbytero concelebrante. Si vero, pro necessitate cantor laicus Praeconium annuntiat, omittit verba Quaprópter astántes vos usque ad finem invitationis, necnon salutationem Dóminus vobíscum. Praeconium forma etiam breviore cantari potest.
Forma larga del pregón pascual
Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y por la victoria de Rey tan poderoso que las trompetas anuncien la salvación.
Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el fulgor del Rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
[Por eso, queridos hermanos, que asistís a la admirable claridad de esta luz santa, invocad conmigo la misericordia de Dios omnipotente, para que aquel que, sin mérito mío, me agregó al número de sus diáconos, infundiendo el resplandor de su luz, me ayude a cantar las alabanzas de este cirio.
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.]
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Ésta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.
Ésta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado.
Esta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos.
Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados? ¡Que asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo!
Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!
¡Qué noche tan dichosa! Solo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos.
Esta es la noche de la que estaba escrito: "Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo".
Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos.
En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, este sacrificio vespertino de alabanza, que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas.
Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para la gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se alimenta de esta cera fundida, que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa.
¡Qué noche tan dichosa, en que se une el cielo con la tierra, lo humano con lo divino!
Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo. Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Praeconii paschalis forma longior
Exsúltet iam angélica turba caelórum: exsúltent divína mystéria: et pro tanti Regis victória tuba ínsonet salutáris.
Gáudeat et tellus tantis irradiáta fulgóribus: et, aetérni Regis splendóre illustráta, totíus orbis se séntiat amisísse calíginem.
Laetétur et mater Ecclésia, tanti lúminis adornáta fulgóribus: et magnis populórum vócibus haec aula resúltet.
(Quaprópter astántes vos, fratres caríssimi, ad tam miram huius sancti lúminis claritátem, una mecum, quaeso, Dei omnipoténtis misericórdiam invocáte. Ut, qui me non meis méritis intra Levitárum númerum dignátus est aggregáre, lúminis sui claritátem infúndens, cérei huius laudem implére perfíciat.
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu tuo.)
V. Sursum corda.
R. Habémus ad Dóminum.
V. Grátias agámus Dómino Deo nostro.
R. Dignum et iustum est.
Vere dignum et iustum est, invisíbilem Deum Patrem omnipoténtem Filiúmque eius Unigénitum, Dóminum nostrum Iesum Christum, toto cordis ac mentis afféctu et vocis ministério personáre.
Qui pro nobis aetérno Patri Adae débitum solvit, et véteris piáculi cautiónem pio cruóre detérsit.
Haec sunt enim festa paschália, in quibus verus ille Agnus occíditur, cuius sánguine postes fidélium consecrántur.
Haec nox est, in qua primum patres nostros, fílios Israel edúctos de Aegypto, Mare Rubrum sicco vestígio transíre fecísti.
Haec ígitur nox est, quae peccatórum ténebras colúmnae illuminatióne purgávit.
Haec nox est, quae hódie per univérsum mundum in Christo credéntes, a vítiis saeculi et calígine peccatórum segregátos, reddit grátiae, sóciat sanctitáti.
Haec nox est, in qua, destrúctis vínculis mortis, Christus ab ínferis victor ascéndit. Nihil enim nobis nasci prófuit, nisi rédimi profuísset. O mira circa nos tuae pietátis dignátio! O inaestimábilis diléctio caritátis: ut servum redímeres, Fílium tradidísti!
O certe necessárium Adae peccátum, quod Christi morte delétum est!
O felix culpa, quae talem ac tantum méruit habére Redemptórem!
O vere beáta nox, quae sola méruit scire tempus et horam, in qua Christus ab ínferis resurréxit!
Haec nox est, de qua scriptum est: Et nox sicut dies illuminábitur: et nox illuminátio mea in delíciis meis.
Huius ígitur sanctificátio noctis fugat scélera, culpas lavat: et reddit innocéntiam lapsis et maestis laetítiam. Fugat ódia, concórdiam parat et curvat impéria.
In huius ígitur noctis grátia, súscipe, sancte Pater, laudis huius sacrifícium vespertínum, quod tibi in hac cérei oblatióne sollémni, per ministrórum manus de opéribus apum, sacrosáncta reddit Ecclésia.
Sed iam colúmnae huius praecónia nóvimus, quam in honórem Dei rútilans ignis accéndit.
Qui, licet sit divísus in partes, mutuáti tamen lúminis detriménta non novit. Alitur enim liquántibus ceris, quas in substántiam pretiósae huius lámpadis apis mater edúxit.
O vere beáta nox, in qua terrénis caeléstia, humánis divína iungúntur!
Orámus ergo te, Dómine, ut céreus iste in honórem tui nóminis consecrátus, ad noctis huius calíginem destruéndam, indefíciens persevéret. Et in odórem suavitátis accéptus, supérnis lumináribus misceátur. Flammas eius lúcifer matutínus invéniat: Ille, inquam, lúcifer, qui nescit occásum: Christus Fílius tuus, qui, regréssus ab ínferis, humáno géneri serénus illúxit, et vivit et regnat in saecula saeculórum.
R. Amen.
Forma breve del pregón pascual
Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo y, por la victoria de Rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación.
Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el fulgor del Rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
[V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.]
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló con misericordia el recibo del antiguo pecado.
Porque estas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Esta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar el mar Rojo por camino seco.
Esta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado.
Esta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos.
Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo.
¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!
Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!
Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes.
¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!
En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, este sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te ofrece por medio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas.
Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche.
Y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo. Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo: ese lucero que no conoce ocaso, y es Cristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Praeconii paschalis forma brevior
Exsúltet iam angélica turba caelórum: exsúltent divína mystéria: et pro tanti Regis victória tuba ínsonet salutáris.
 Gáudeat et tellus tantis irradiáta fulgóribus: et, aetérni Regis splendóre illustráta, totíus orbis se séntiat amisísse calíginem.
Laetétur et mater Ecclésia, tanti lúminis adornáta fulgóribus: et magnis populórum vócibus haec aula resúltet.
(V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu tuo.)
V. Sursum corda.
R. Habémus ad Dóminum.
V. Grátias agámus Dómino Deo nostro.
R. Dignum et iustum est.
Vere dignum et iustum est, invisíbilem Deum Patrem omnipoténtem Filiúmque eius Unigénitum, Dóminum nostrum Iesum Christum, toto cordis ac mentis afféctu et vocis ministério personáre.
Qui pro nobis aetérno Patri Adae débitum solvit, et véteris piáculi cautiónem pio cruóre detérsit.
Haec sunt enim festa paschália, in quibus verus ille Agnus occíditur, cuius sánguine postes fidélium consecrántur.
Haec nox est, in qua primum patres nostros, fílios Israel edúctos de AEgypto, Mare Rubrum sicco vestígio transíre fecísti.
Haec ígitur nox est, quae peccatórum ténebras colúmnae illuminatióne purgávit.
Haec nox est, quae hódie per univérsum mundum in Christo credéntes, a vítiis saeculi et calígine peccatórum segregátos, reddit grátiae, sóciat sanctitáti.
Haec nox est, in qua, destrúctis vínculis mortis, Christus ab ínferis victor ascéndit.
O mira circa nos tuae pietátis dignátio! O inaestimábilis diléctio caritátis: ut servum redímeres, Fílium tradidísti!
O certe necessárium Adae peccátum, quod Christi morte delétum est! O felix culpa, quae talem ac tantum méruit habére Redemptórem!
Huius igitur sanctificátio noctis fugat scélera, culpas lavat: et reddit innocéntiam lapsis et maestis laetítiam.
O vere beáta nox, in qua terrénis caeléstia, humánis divína iungúntur!
In huius ígitur noctis grátia, súscipe, sancte Pater, laudis huius sacrifícium vespertínum, quod tibi in hac cérei oblatióne sollémni, per ministrórum manus de opéribus apum, sacrosáncta reddit Ecclésia.
Orámus ergo te, Dómine, ut céreus iste in honórem tui nóminis consecrátus, ad noctis huius calíginem destruéndam, indefíciens persevéret.
Et in odórem suavitátis accéptus, supérnis lumináribus misceátur. Flammas eius lúcifer matutínus invéniat: Ille, inquam, lúcifer, qui nescit occásum: Christus Fílius tuus, qui, regréssus ab ínferis, humáno géneri serénus illúxit, et vivit et regnat in saecula saeculórum.
R. Amen.

Segunda parte:
LITURGIA DE LA PALABRA
Pars secunda:
LITURGIA VERBI
20. En esta vigilia, «Madre de todas las vigilias», se proponen nueve lecturas: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo (Epístola y Evangelio), que se han de leer todas donde sea posible, para salvaguardar la índole de la Vigilia, que requiere larga duración. 20. In hac Vigilia, matre omnium Vigiliarum, proponuntur novem lectiones, scilicet septem e Vetere Testamento et duae e Novo (Epistola et Evangelium), quae omnes legendae sunt ubicumque fieri potest, ut indoles Vigiliae, quae diuturnitatem exigit, servetur.
21. Por motivos graves de orden pastoral puede reducirse el número de lecturas del antiguo Testamento; pero téngase siempre en cuenta que la lectura de la palabra divina es parte fundamental de esta Vigilia pascual. Deben leerse, por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testamento, concrete mente de la Ley y los Profetas, y cantarse los respectivos salmos responsoriales. Nunca puede omitirse la lectura del capítulo 14 del Éxodo (tercera lectura) ni su canto. 21. Attamen ubi graviores circumstantiae pastorales id postulent, minui potest numerus lectionum e Vetere Testamento; semper tamen attendatur lectionem verbi Dei esse partem fundamentalem huius Vigiliae paschalis. Legantur saltem tres lectiones e Vetere Testamento desumptae, et quidem ex Lege et Prophetis, et canantur respectivi Psalmi responsorii. Numquam autem omittatur lectio cap. 14 Exodi cum suo cantico.
22. Apagadas las velas todos se sientan. Antes de comenzar las lecturas, el sacerdote hace una breve monición al pueblo con estas palabras u otras semejantes:
Queridos hermanos: Con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos, en silencio meditativo, la palabra de Dios. Recordemos las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo en el avance continuo de la historia de la salvación, al llegar los últimos tiempos, envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a todos los hombres. Mientras contemplamos la gran trayectoria de esta historia santa, oremos intensamente, para que el designio de salvación universal, que Dios inició con Israel, llegue a su plenitud y alcance a toda la humanidad por el misterio de la resurrección de Jesucristo.
22. Depositis candelis, omnes sedent. Antequam incipiantur lectiones, sacerdos populum admonet, his vel similibus verbis:
Vigíliam sollémniter ingréssi, fratres caríssimi, quiéto corde nunc verbum Dei audiámus. Meditémur, quómodo Deus pópulum suum elápsis tempóribus salvum fécerit, et novíssime nobis Fílium suum míserit Redemptórem. Orémus, ut Deus noster hoc paschále salvatiónis opus ad plenam redemptiónem perfíciat.
23. Después siguen las lecturas. El lector se dirige al ambón y lee la primera de ellas. Seguidamente el salmista o un cantor dice el salmo, proclamando el pueblo la respuesta. Acabado el salmo, todos se levantan y el sacerdote dice: Oremos, y, después de que todos han orado en silencio durante algún tiempo, dice la oración correspondiente a la lectura. En lugar del salmo responsorial puede guardarse un espacio de silencio sagrado, omitiendo en este caso la pausa después del Oremos. 23. Deinde sequuntur lectiones. Lector ad ambonem pergit et lectionem profert. Postea psalmista seu cantor psalmum dicit, populo responsum proferente. Omnibus deinde surgentibus, sacerdos dicit Orémus, et, postquam omnes per aliquod tempus in silentio oraverint, dicit orationem lectioni respondentem. Loco psalmi responsorii servari potest spatium sacri silentii, omissa hoc in casu pausa post Orémus.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas de la Vigilia Pascual en la Noche Santa. Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor (Lec. I B).
En esta vigilia, «Madre de todas las vigilias», se proponen nueve lecturas: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo, la epístola y el Evangelio.
Por motivos de orden pastoral puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento. Pero téngase siempre en cuenta que la lectura de la palabra divina es parte fundamental de esta Vigilia pascual. Deben leerse, por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testamento, que en casos muy especiales pueden reducirse a dos. Nunca puede omitirse la lectura del capitulo 14 del Éxodo (tercera lectura).

PRIMERA LECTURA (forma larga) Gén 1, 1-2, 2
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno
Lectura del libro del Génesis.

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra estaba informe y vacía; la tiniebla cubría la superficie del abismo,
mientras el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Dijo Dios:
«Exista la luz».
Y la luz existió.
Vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla. Llamó Dios a la luz «día» y a la tiniebla llamó «noche».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios:
«Exista un firmamento entre las aguas, que separe aguas de aguas».
E hizo Dios el firmamento y separó las aguas de debajo del firmamento de las aguas de encima del firmamento.
Y así fue.
Llamó Dios al firmamento «cielo».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Dijo Dios:
«Júntense las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezca lo seco».
Y así fue.
Llamó Dios a lo seco «tierra», y a la masa de las aguas llamó «mar».
Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios:
«Cúbrase la tierra de verdor, de hierba verde que engendre semilla, y de árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra».
Y así fue.
La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie.
Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Dijo Dios:
«Existan lumbreras en el firmamento del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días ylos años, y sirvan de lumbreras en el firmamento del cielo, para iluminar sobre la tierra».
Y así fue.
E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche; y las estrellas. Dios las puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche y para separar la luz de la tiniebla.
Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Dijo Dios:
«Bullan las aguas de seres vivientes, y vuelen los pájaros sobre la tierra frente al firmamento del cielo».
Y creó Dios los grandes cetáceos y los seres vivientes que se deslizan y que las aguas fueron produciendo según sus especies, y las aves aladas según sus especies.
Y vio Dios que era bueno.
Luego los bendijo Dios, diciendo:
«Sed fecundos y multiplicaos, llenad las aguas del mar; y que las aves se multipliquen en la tierra».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Dijo Dios:
«Produzca la tierra seres vivientes según sus especies: ganados, reptiles y fieras según sus especies».
Y así fue.
E hizo Dios las fieras según sus especies, los ganados según sus especies y los reptiles según sus especies.
Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios:
«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra».
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó.
Dios los bendijo; y les dijo Dios:
«Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra».
Y dijo Dios:
«Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la superficie de la tierra y todos los árboles frutales que engendran semilla: os servirán de alimento. Y la hierba verde servirá de alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra y a todo ser que respira».
Y así fue.
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.
Así quedaron concluidos el cielo, la tierra y todo el universo.
Y habiendo concluido el día séptimo la obra que había hecho, descansó el día séptimo de toda la obra que había hecho.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

PRIMERA LECTURA (forma breve) Gén 1, 1. 26-31a
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno
Lectura del libro del Génesis.

Al principio creó Dios el cielo y la tierra.
Dijo Dios:
«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los ganados y los reptiles de la tierra».
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó.
Dios los bendijo; y les dijo Dios:
«Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra».
Y dijo Dios:
«Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la superficie de la tierra y todos los árboles frutales que engendran semilla: os servirán de alimento. Y la hierba verde servirá de alimento a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra y a todo ser que respira».
Y así fue.
Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Como salmo responsorial se puede elegir entre el 103 y el 32.

Salmo responsorial a la primera lectura (opción 1)
Sal 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c (R.: cf. 30)
R.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Emítte spirítum tuum, Dómine, et rénova fáciem terram.

V. Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Emítte spirítum tuum, Dómine, et rénova fáciem terram.

V. Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas. R.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Emítte spirítum tuum, Dómine, et rénova fáciem terram.

V. De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto. R.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Emítte spirítum tuum, Dómine, et rénova fáciem terram.

V. Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre.
Él saca pan de los campos. R.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Emítte spirítum tuum, Dómine, et rénova fáciem terram.

V. Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía, al Señor! R.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. Emítte spirítum tuum, Dómine, et rénova fáciem terram.

Salmo responsorial a la primera lectura (opción 2)
Sal 32, 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22.
R.
La misericordia del Señor llena la tierra. Misericordia Dómini plena es terra.

V. La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R.
La misericordia del Señor llena la tierra. Misericordia Dómini plena es terra.

V. La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano. R.
La misericordia del Señor llena la tierra. Misericordia Dómini plena es terra.

V. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R.
La misericordia del Señor llena la tierra. Misericordia Dómini plena es terra.

V. Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R.
La misericordia del Señor llena la tierra. Misericordia Dómini plena es terra.

24. Después de la primera lectura: (La creación: Gén 1, 1-2, 2 ó 1, 1. 26-31a) y el salmo (103 ó 32).
Oremos.
Dios todopoderoso y eterno, admirable en todas tus obras, que tus redimidos comprendan cómo la creación del mundo, en el comienzo de los siglos, no fue obra de mayor grandeza que el sacrificio de Cristo, nuestra Pascua inmolada, en la plenitud de los tiempos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
O bien (La creación del hombre):
Oremos.
Oh, Dios, que admirablemente creaste al hombre y de modo más admirable aún lo redimiste: concédenos resistir sabiamente a los atractivos del pecado para alcanzar la eterna alegría. Por Jesucristo, nuestro Señor.
24. Post primam lectionem (De creatione: Gn 1, 1-2, 2 vel Gn 1, 1 Gn 1, 26-31a) et psalmum (Ps 103, 1 vel Ps 32, 1).
Orémus.
Omnípotens sempitérne Deus, qui es in ómnium óperum tuórum dispensatióne mirábilis, intéllegant redémpti tui, non fuísse excelléntius, quod inítio factus est mundus, quam quod in fine saeculórum Pascha nostrum immolátus est Christus. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
Vel, De creatione hominis: Gn 1, 1. 26-31a) et psalmum (Ps 32, 1).
Deus, qui mirabíliter creásti hóminem et mirabílius redemísti, da nobis, quaesumus, contra oblectaménta peccáti mentis ratióne persístere, ut mereámur ad aetérna gáudia perveníre. Per Christum Dóminum nostrum.

SEGUNDA LECTURA (forma larga) Gén 22, 1-18
El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe
Lectura del libro del Génesis

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo:
«¡Abrahán!».
El respondió:
«Aquí estoy».
Dios dijo:
«Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Mona y ofrécemelo allí en holocausto en uno de los mon te que yo te indicaré».
Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el holocausto y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.
Al tercer día levantó Abrahán los ojos y divisó el sitio desde lejos. Abrahán dijo a sus criados:
«Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros».
Abrahán tomó la leña para el holocausto, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.
Isaac dijo a Abrahán, su padre:
«Padre».
Él respondió:
«Aquí estoy, hijo mío».
El muchacho dijo:
«Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?».
Abrahán contestó:
«Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío». Y siguieron caminando juntos.
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
«¡Abrahán, Abrahán!».
Él contestó:
«Aquí estoy».
El ángel le ordenó:
«No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo».
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «En el monte el Señor es visto».
El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:
«Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

SEGUNDA LECTURA (forma breve) Gén 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18
El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe
Lectura del libro del Génesis.

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo:
«Abrahán! ».
El respondió:
«Aquí estoy».
Dios dijo:
«Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac, y vete a la tierra de Mona y ofrécemelo allí en holocausto en uno de los montes que yo te indicaré».
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña. Entonces Abrahán alargó la mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
«Abrahán, Abrahán!».
Él contestó:
«Aquí estoy».
El ángel le ordenó:
«No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo».
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
El ángel del Señor llamó a Abrahán por segunda vez desde el cielo y le dijo:
«Juro por mí mismo, oráculo del Señor: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te colmaré de bendiciones y multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de sus enemigos. Todas las naciones de la tierra se bendecirán con tu descendencia, porque has escuchado mi voz».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial a la segunda lectura
Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11 (R.: 1)
R.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te

V. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te

V. Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te

V. Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te

25. Después de la segunda lectura (El sacrificio de Abrahán: Gén 22, 1-18 ó 1-2. 9a. 10-13. 15-18) y el salmo (15).
Oremos.
Oh, Dios, Padre supremo de los creyentes, que multiplicas sobre la tierra los hijos de tu promesa con la gracia de la adopción y, por el Misterio pascual, hiciste de tu siervo Abrahán el padre de todas las naciones, como lo habías prometido, concede a tu pueblo responder dignamente a la gracia de tu llamada. Por Jesucristo, nuestro Señor.
25. Post secundam lectionem (De sacrificio Abrahae: Gn 22, 1-2. 9-13. 15-18) et psalmum (Ps 15, 1).
Orémus.
Deus, Pater summe fidélium, qui promissiónis tuae fílios diffúsa adoptiónis grátia in toto terrárum orbe multíplicas, et per paschále sacraméntum Abraham púerum tuum universárum, sicut iurásti, géntium éfficis patrem, da pópulis tuis digne ad grátiam tuae vocatiónis intráre. Per Christum Dóminum nostrum.

TERCERA LECTURA Éx 14, 15-15, 1a
Los hijos de Israel entraron en medio del mar, por lo seco
Lectura del libro del Éxodo.

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés:
«¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los hijos de Israel que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los hijos de Israel pasen por medio del mar, por lo seco. Yo haré que los egipcios se obstinen y entren detrás de vosotros, y me cubriré de gloria a costa del faraón y de todo su ejército, de sus carros y de sus jinetes. Así sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del faraón, de sus carros y de sus jinetes».
Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube, que iba delante de ellos, se desplazó y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel. La nube era tenebrosa y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudieran aproximarse el uno al otro. Moisés extendió su mano sobre el mar y el Señor hizo retirarse el mar con un fuerte viento del este que sopló toda la noche; el mar se secó y se dividieron las aguas. Los hijos de Israel entraron en medio del mar, en lo seco, y las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron y entraron tras ellos, en medio del mar: todos los caballos del faraón, sus carros y sus jinetes.
Era ya la vigilia matutina cuando el Señor miró desde la columna de fuego y humo hacia el ejército de los egipcios y sembró el pánico en el ejército egipcio. Trabó las ruedas de sus carros, haciéndolos avanzar pesadamente.
Los egipcios dijeron:
«Huyamos ante Israel, porque el Señor lucha por él contra
Egipto».
Luego dijo el Señor a Moisés:
«Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes».
Moisés extendió su mano sobre el mar; y al despuntar el día el mar recobró su estado natural, de modo que los egipcios, en su huida, toparon con las aguas. Así precipitó el Señor a los egipcios en medio del mar.
Las aguas volvieron y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del faraón, que había entrado en el mar. Ni uno solo se salvó.
Mas los hijos de Israel pasaron en seco por medio del mar, mientras las aguas hacían de muralla a derecha e izquierda.
Aquel día salvó el Señor a Israel del poder de Egipto, e Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Vio, pues, Israel la mano potente que el Señor había desplegado contra los egipcios, y temió el pueblo al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.
Entonces Moisés y los hijos de Israel entonaron este canto al
Señor:

No se dice Palabra de Dios.

Salmo responsorial a la tercera lectura
Ex 15, 1b-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R.: 1b)
R.
Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria. Cantémus Dómino: glorióse enim magnificátus est

V. Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
El fue mi salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
R.
Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria. Cantémus Dómino: glorióse enim magnificátus est

V. El Señor es un guerrero,
su nombre es “El Señor”.
Los carros del faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.
R.
Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria. Cantémus Dómino: glorióse enim magnificátus est

V. Las olas los cubrieron,
bajaron hasta el fondo como piedras.
Tu diestra, Señor, es magnífica en poder,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo.
R.
Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria. Cantémus Dómino: glorióse enim magnificátus est

V. Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.
R.
Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria. Cantémus Dómino: glorióse enim magnificátus est

26. Después de la tercera lectura (El paso del mar Rojo: Ex 14, 15-15, 1) y su cántico (Éx 15).
Oremos.
También ahora, Señor, vemos brillar tus antiguas maravillas, y lo mismo que en otro tiempo manifestabas tu poder al librar a un solo pueblo de la persecución del Faraón, hoy aseguras la salvación de todas las naciones, haciéndolas renacer por las aguas del bautismo; te pedimos que los hombres del mundo entero lleguen a ser hijos de Abrahán y miembros del nuevo Israel. Por Jesucristo, nuestro Señor.
O bien:
Oremos.
Oh, Dios, que has iluminado los prodigios de los tiempos antiguos con la luz del nuevo Testamento, el mar Rojo fue imagen de la fuente bautismal, y el pueblo, liberado de la esclavitud, imagen de la familia cristiana; concede a todas las gentes, elevadas por su fe a la dignidad de pueblo elegido, regenerarse por la participación de tu Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.
26. Post tertiam lectionem (De transitu Maris Rubri: Ex 14, 15) et eius canticum (Ex 15, 1).
Orémus.
Deus, cuius antíqua mirácula étiam nostris tempóribus coruscáre sentímus, dum, quod uni pópulo a persecutióne Pharaónis liberándo déxterae tuae poténtia contulísti, id in salútem géntium per aquam regeneratiónis operáris, praesta, ut in Abrahae fílios et in Israelíticam dignitátem totíus mundi tránseat plenitúdo. Per Christum Dóminum nostrum. Vel:
Deus, qui primis tempóribus impléta mirácula novi testaménti luce reserásti, ut et Mare Rubrum forma sacri fontis exsísteret, et plebs a servitúte liberáta christiáni pópuli sacraménta praeférret, da, ut omnes gentes, Israélis privilégium mérito fídei consecútae, Spíritus tui participatióne regeneréntur. Per Christum Dóminum nostrum.

CUARTA LECTURA Is 54, 5-14
Con amor eterno te quiere el Señor, tu libertador.
Lectura del libro de Isaías.

Quien te desposa es tu Hacedor:
su nombre es Señor todopoderoso.
Tu libertador es el Santo de Israel:
se llama «Dios de toda la tierra».
Como a mujer abandonada y abatida
te llama el Señor;
como a esposa de juventud, repudiada
—dice tu Dios—.
Por un instante te abandoné,
pero con gran cariño te reuniré.
En un arrebato de ira,
por un instante te escondí mi rostro,
pero con amor eterno te quiero
—dice el Señor, tu libertador—.
Me sucede como en los días de Noé:
juré que las aguas de Noé
no volverían a cubrir la tierra;
así juro no irritarme contra ti
ni amenazarte.
Aunque los montes cambiasen
y vacilaran las colinas,
no cambiaría mi amor,
ni vacilaría mi alianza de paz
—dice el Señor que te quiere—.
¡Ciudad afligida, azotada por el viento,
a quien nadie consuela!
Mira, yo mismo asiento tus piedras sobre azabaches, tus cimientos sobre zafiros;
haré tus almenas de rubí,
tus puertas de esmeralda,
y de piedras preciosas tus bastiones.
Tus hijos serán discípulos del Señor,
gozarán de gran prosperidad tus constructores.
Tendrás tu fundamento en la justicia:
lejos de la opresión, no tendrás que temer;
lejos del terror, que no se acercará.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial a la cuarta lectura
Sal Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R.: 2a)
R.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Exaltabo te, Dómine, quoniam extraxisti me.

V. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
y me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Exaltabo te, Dómine, quoniam extraxisti me.

V. Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Exaltabo te, Dómine, quoniam extraxisti me.

V. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor Dios mío, te daré gracias por siempre. R.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Exaltabo te, Dómine, quoniam extraxisti me.

27. Después de la cuarta lectura (La nueva Jerusalén: Is 54, 5-14) y el salmo (29).
Oremos.
Dios todopoderoso y eterno, multiplica, fiel a tu palabra, la descendencia que aseguraste a la fe de nuestros padres, y aumenta con tu adopción los hijos de la promesa, para que tu Iglesia vea en qué medida se ha cumplido ya, en gran medida, cuanto creyeron y esperaron los patriarcas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
U otra de las oraciones que siguen a las lecturas omitidas.
27. Post quartam lectionem (De nova Ierusalem: Is 54, 5-14) et psalmum (Ps 29, 1).
Orémus.
Omnípotens sempitérne Deus, multíplica in honórem nóminis tui quod patrum fídei spopondísti, et promissiónis fílios sacra adoptióne diláta, ut, quod prióres sancti non dubitavérunt futúrum, Ecclésia tam magna ex parte iam cognóscat implétum. Per Christum Dóminum nostrum.
Vel alia ex orationibus, quae sequuntur lectiones forte omissas.

QUINTA LECTURA Is 55, 1-11
Venid a mí, y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua
Lectura del libro de Isaías.

Esto dice el Señor:
«Sedientos todos, acudid por agua;
venid, también los que no tenéis dinero:
comprad trigo y comed, venid y comprad,
sin dinero y de balde, vino y leche.
¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta
y el salario en lo que no da hartura?
Escuchadme atentos y comeréis bien,
saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad vuestro oído, venid a mí:
escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros una alianza perpetua,
las misericordias firmes hechas a David:
lo hice mi testigo para los pueblos,
guía y soberano de naciones.
Tú llamarás a un pueblo desconocido,
un pueblo que no te conocía correrá hacia ti;
porque el Señor tu Dios,
el Santo de Israel te glorifica.
Buscad al Señor mientras se deja encontrar,
invocadlo mientras está cerca.
Que el malvado abandone su camino,
y el malhechor sus planes;
que se convierta al Señor, y él tendrá piedad,
a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Porque mis planes no son vuestros planes,
vuestros caminos no son mis caminos
—oráculo del Señor—.
Cuanto dista el cielo de la tierra,
así distan mis caminos de los vuestros,
y mis planes de vuestros planes.
Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo,
y no vuelven allá sino después de empapar ¡a tierra, de fecundarla y hacerla germinar,
para que dé semilla al sembrador
y pan al que come,
así será mi palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí vacía,
sino que cumplirá mi deseo
y llevará a cabo mi encargo».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial a la quinta lectura
Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R.: 3)
R.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris.

V. «Él es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación».
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris.

V. «Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso». R.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris.

V. Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión,
porque es grande es en medio de ti el Santo de Israel. R.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris.

28. Después de la quinta lectura (La salvación que se ofrece gratuitamente a todos: Is 55, 1-11) y el cántico (Is 12).
Oremos.
Dios todopoderoso y eterno, esperanza única del mundo que anunciaste por la voz de tus profetas los misterios de los tiempos presentes, atiende los deseos de tu pueblo, porque ninguno de tus fieles puede progresar en la virtud sin la inspiración de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
28. Post quintam lectionem (De salute omnibus gratuito oblata: Is 55, 1-11) et canticum (Is 12, 1).
Orémus.
Omnípotens sempitérne Deus, spes única mundi, qui prophetárum tuórum praecónio praeséntium témporum declarásti mystéria, auge pópuli tui vota placátus, quia in nullo fidélium nisi ex tua inspiratióne provéniunt quarúmlibet increménta virtútum. Per Christum Dóminum nostrum.

SEXTA LECTURA Bar 3, 9-15. 32-4, 4
Camina al resplandor del Señor.
Lectura del libro de Baruc.

Escucha, Israel, mandatos de vida;
presta oído y aprende prudencia.
¿Cuál es la razón, Israel,
de que sigas en país enemigo,
envejeciendo en tierra extranjera;
de que te crean un ser contaminado,
un muerto habitante del Abismo?
¡Abandonaste la fuente de la sabiduría!
Si hubieras seguido el camino de Dios,
habitarías en paz para siempre.
Aprende dónde está la prudencia,
dónde el valor y la inteligencia,
dónde una larga vida,
la luz de los ojos y la paz.
¿Quién encontró su lugar
o tuvo acceso a sus tesoros?
El que todo lo sabe la conoce,
la ha examinado y la penetra;
el que creó la tierra para siempre
y la llenó de animales cuadrúpedos;
el que envía la luz y le obedece,
la llama y acude temblorosa;
a los astros que velan gozosos
arriba en sus puestos de guardia,
los llama, y responden: «Presentes»,
y brillan gozosos para su Creador.
Este es nuestro Dios,
y no hay quien se le pueda comparar;
rastreó el camino de la inteligencia
y se lo enseñó a su hijo, Jacob,
se lo mostró a su amado, Israel.
Después apareció en el mundo
y vivió en medio de los hombres.
Es el libro de los mandatos de Dios,
la ley de validez eterna:
los que la guarden vivirán;
los que la abandonen morirán.
Vuélvete, Jacob, a recibirla,
camina al resplandor de su luz;
no entregues a otros tu gloria,
ni tu dignidad a un pueblo extranjero.
¡Dichosos nosotros, Israel,
que conocemos lo que agrada al Señor!

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial a la sexta lectura
Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R.: Jn 6, 68c)
R.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna. Domine, verba vitae aeternae habes.

V. La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna. Domine, verba vitae aeternae habes.

V. Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna. Domine, verba vitae aeternae habes.

V. El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y eternamente justos. R.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna. Domine, verba vitae aeternae habes.

V. Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulce que la miel
de un panal que destila. R.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna. Domine, verba vitae aeternae habes.

29. Después de la sexta lectura (La fuente de la sabiduría: Bar 3, 9-15. 31-4, 4).
Oremos.
Oh, Dios, que sin cesar haces crecer a tu Iglesia con la convocatoria de todas las gentes, defiende con tu constante protección a cuantos purificas en el agua del bautismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
29. Post sextam lectionem (De fonte sapientiae: Ba 3, 9-15. 3, 31-4, 4) et psalmum (Ps 18, 1).
Orémus.
Deus, qui Ecclésiam tuam semper géntium vocatióne multíplicas, concéde propítius, ut, quos aqua baptísmatis ábluis, contínua protectióne tueáris. Per Christum Dóminum nostrum.

SÉPTIMA LECTURA Ez 36, 16-17a. 18-28
Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo.
Lectura de la profecía de Ezequiel.

Me vino esta palabra del Señor:
«Hijo de hombre, la casa de Israel profanó
con su conducta y sus acciones
la tierra en que habitaba.
Me enfurecí contra ellos,
por la sangre que habían derramado en el país,
y por haberlo profanado con sus ídolos.
Los dispersé por las naciones,
y anduvieron dispersos por diversos países.
Los he juzgado según su conducta y sus acciones.
Al llegar a las diversas naciones,
profanaron mi santo nombre,
ya que de ellos se decía:
“Estos son el pueblo del Señor
y han debido abandonar su tierra”.
Así que tuve que defender mi santo nombre,
profanado por la casa de Israel
entre las naciones adonde había ido.
Por eso, di a la casa de Israel:
“Esto dice el Señor Dios:
No hago esto por vosotros, casa de Israel,
sino por mi santo nombre, profanado por vosotros
en las naciones a las que fuisteis.
Manifestaré la santidad de mi gran nombre,
profanado entre los gentiles,
porque vosotros lo habéis profanado en medio de ellos. Reconocerán las naciones que yo soy el Señor
—oráculo del Señor Dios—,
cuando por medio de vosotros les haga ver mi santidad.
Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los países
y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;
y os daré un corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo,
y yo seré vuestro Dios”».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Si se celebra el Bautismo se utiliza como salmo responsorial el texto de Isaías 12, o bien el salmo 50.

Salmo responsorial a la séptima lectura (cuando no se celebra el Bautismo)
Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4 (R.: 41, 2)
R.
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Quemádmodum desíderat cervus ad fontes aquárum, ita desíderat ánima mea ad te, Deus.

V. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R.
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Quemádmodum desíderat cervus ad fontes aquárum, ita desíderat ánima mea ad te, Deus.

V. Cómo entraba en el recinto santo,
cómo avanzaba hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta. R.
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Quemádmodum desíderat cervus ad fontes aquárum, ita desíderat ánima mea ad te, Deus.

V. Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R.
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Quemádmodum desíderat cervus ad fontes aquárum, ita desíderat ánima mea ad te, Deus.

V. Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R.
Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Quemádmodum desíderat cervus ad fontes aquárum, ita desíderat ánima mea ad te, Deus.

Salmo responsorial a la séptima lectura (cuando se celebra el Bautismo, opción 1)
Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R.: 3)
R.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris.

V. «Él es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación».
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.
R.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris.

V. «Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso».
R.
Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris.

V. Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sion,
porque es grande en medio de ti el Santo de Israel.
R.

Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación. Haurietis aguas in gaudio de fóntibus Salvatoris.

Salmo responsorial a la séptima lectura (cuando se celebra el Bautismo, opción 2)
Sal 50, 12-13. 14-15. 18-19 (R.: 12a)
R.
Oh, Dios, crea en mí un corazón puro. Cor mundum crea in me, Deus.

V. Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.
Oh, Dios, crea en mí un corazón puro. Cor mundum crea in me, Deus.

V. Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso;
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Cor mundum crea in me, Deus.

V. Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
El sacrificio agradable a Dios
es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Cor mundum crea in me, Deus.

30. Después de la séptima lectura (El corazón nuevo y el espíritu nuevo: Ez 36, 16-28) y el salmo (41-42).
Oremos.
Oh, Dios, poder inmutable y luz sin ocaso, mira con bondad el sacramento admirable de la Iglesia entera y, en cumplimiento de tus eternos designios, lleva a feliz término la obra de la salvación humana; y que todo el mundo experimente y vea cómo lo abatido se levanta, lo viejo se renueva y todo vuelve a su integridad original, por el mismo Jesucristo, de quien todo procede. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
O bien:
Oremos.
Oh, Dios, que para celebrar el Misterio pascual nos instruyes con las páginas de ambos Testamentos, danos a conocer tu misericordia, para que, al percibir los bienes presentes, se afiance la esperanza de los futuros. Por Jesucristo, nuestro Señor.
30. Post septimam lectionem (De corde novo et spiritu novo: Ez 36, 16-28) et psalmum (Ps 41-42).
Orémus.
Deus, incommutábilis virtus et lumen aetérnum, réspice propítius ad totíus Ecclésiae sacraméntum, et opus salútis humánae perpétuae dispositiónis efféctu tranquíllius operáre; totúsque mundus experiátur et vídeat deiécta érigi, inveteráta renovári et per ipsum Christum redíre ómnia in íntegrum, a quo sumpsére princípium. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
Vel:
Orémus.
Deus, qui nos ad celebrándum paschále sacraméntum utriúsque Testaménti páginis ínstruis, da nobis intellégere misericórdiam tuam, ut ex perceptióne praeséntium múnerum firma sit exspectátio futurórum. Per Christum Dóminum nostrum.

31. Después de de la última lectura del Antiguo Testamento, con su salmo responsorial y oración, se encienden los cirios del altar, y el sacerdote entona el himno Gloria a Dios, que todos prosiguen mientras se hacen sonar las campanas, según las costumbres de cada lugar. 31. Post ultimam lectionem e Vetere Testamento cum suo psalmo responsorio et sua oratione, accenduntur cerei altaris, et sacerdos intonat hymnum Glória in excélsis Deo, quem omnes prosequuntur, dum pulsantur campanae, iuxta locorum consuetudines.
32. Acabado el himno, el sacerdote dice la oración colecta, como de costumbre.
Oremos.
Oh, Dios, que has iluminado esta noche santísima con la gloria de la resurrección del Señor, aviva en tu Iglesia el espíritu de la adopción filial, para que, renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo.
32. Expleto hymno, sacerdos dicit Collectam, more solito.
Orémus.
Deus, qui hanc sacratíssimam noctem glória domínicae resurrectiónis illústras, éxcita in Ecclésia tua adoptiónis spíritum, ut, córpore et mente renováti, puram tibi exhibeámus servitútem. Per Dóminum.
33. Seguidamente un lector proclama la lectura del Apóstol. 33. Deinde lector profert lectionem de Apostolo.

EPÍSTOLA Rom 6, 3-11
Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos:
Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Pues si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo, para que fuera destruido el cuerpo de pecado, y, de este modo, nosotros dejáramos de servir al pecado; porque quien muere ha quedado libre del pecado.
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.
Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

34. Acabada la epístola, todos se levantan, y el sacerdote entona solemnemente por tres veces, elevando gradualmente el tono de la voz, el Aleluya, que repiten todos. Si fuese necesario, el salmista entona el Aleluya.
Después el salmista o cantor proclama el salmo 117, y el pueblo intercala Aleluya en cada una de sus estrofas.
34. Lecta Epistola, omnibus surgentibus, sacerdos ter sollemniter intonat, vocem gradatim elevando Allelúia, quod omnes repetunt. Si necesse est, psalmista Allelúia intonat.
Deinde psalmista vel cantor profert psalmum 117, populo respondente Allelúia.

Salmo responsorial a la epístola
Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23
R.
Aleluya, aleluya. aleluya. Alleluia, alleluia, alleluia.

V. Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R.
Aleluya, aleluya. aleluya. Alleluia, alleluia, alleluia.

V. «La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R.
Aleluya, aleluya. aleluya. Alleluia, alleluia, alleluia.

V. La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R.
Aleluya, aleluya. aleluya. Alleluia, alleluia, alleluia.

35. El sacerdote, según el modo acostumbrado, pone el incienso y bendice al diácono. Para el Evangelio no se llevan cirios, sino solamente incienso. 35. Sacerdos, more solito, imponit incensum et diacono benedicit. Ad Evangelium non portantur luminaria, sed tantum incensum.

Año B:
EVANGELIO Mc 16, 1-7
Jesús el Nazareno, el crucificado, ha resucitado
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
R. Gloria a ti, Señor.

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras:
«¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?»
Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande.
Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas.
Él les dijo:
«No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde lo pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro: “Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo”».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

36. Después del Evangelio no se omita la homilía, aunque sea breve. 36. Post Evangelium homilia, etsi brevis, ne omittatur.

VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Basílica Vaticana, Sábado Santo 4 de abril de 2015

Esta noche es noche de vigilia.
El Señor no duerme, vela el guardián de su pueblo (cf. Sal 121,4), para sacarlo de la esclavitud y para abrirle el camino de la libertad.
El Señor vela y, con la fuerza de su amor, hace pasar al pueblo a través del Mar Rojo; y hace pasar a Jesús a través del abismo de la muerte y de los infiernos.
Esta fue una noche de vela para los discípulos y las discípulas de Jesús. Noche de dolor y de temor. Los hombres permanecieron cerrados en el Cenáculo. Las mujeres, sin embargo, al alba del día siguiente al sábado, fueron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús. Sus corazones estaban llenos de emoción y se preguntaban: «¿Cómo haremos para entrar?, ¿quién nos removerá la piedra de la tumba?...». Pero he aquí el primer signo del Acontecimiento: la gran piedra ya había sido removida, y la tumba estaba abierta.
«Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco» (Mc 16,5). Las mujeres fueron las primeras que vieron este gran signo: el sepulcro vacío; y fueron las primeras en entrar.
«Entraron en el sepulcro». En esta noche de vigilia, nos viene bien detenernos a reflexionar sobre la experiencia de las discípulas de Jesús, que también nos interpela a nosotros. Efectivamente, para eso estamos aquí: para entrar, para entrar en el misterio que Dios ha realizado con su vigilia de amor.
No se puede vivir la Pascua sin entrar en el misterio. No es un hecho intelectual, no es sólo conocer, leer... Es más, es mucho más.
«Entrar en el misterio» significa capacidad de asombro, de contemplación; capacidad de escuchar el silencio y sentir el susurro de ese hilo de silencio sonoro en el que Dios nos habla (cf. 1 Re 19,12).
Entrar en el misterio nos exige no tener miedo de la realidad: no cerrarse en sí mismos, no huir ante lo que no entendemos, no cerrar los ojos frente a los problemas, no negarlos, no eliminar los interrogantes...
Entrar en el misterio significa ir más allá de las cómodas certezas, más allá de la pereza y la indiferencia que nos frenan, y ponerse en busca de la verdad, la belleza y el amor, buscar un sentido no ya descontado, una respuesta no trivial a las cuestiones que ponen en crisis nuestra fe, nuestra fidelidad y nuestra razón.
Para entrar en el misterio se necesita humildad, la humildad de abajarse, de apearse del pedestal de nuestro yo, tan orgulloso, de nuestra presunción; la humildad para redimensionar la propia estima, reconociendo lo que realmente somos: criaturas con virtudes y defectos, pecadores necesitados de perdón. Para entrar en el misterio hace falta este abajamiento, que es impotencia, vaciamiento de las propias idolatrías... adoración. Sin adorar no se puede entrar en el misterio.
Todo esto nos enseñan las mujeres discípulas de Jesús. Velaron aquella noche, junto a la Madre. Y ella, la Virgen Madre, les ayudó a no perder la fe y la esperanza. Así, no permanecieron prisioneras del miedo y del dolor, sino que salieron con las primeras luces del alba, llevando en las manos sus ungüentos y con el corazón ungido de amor. Salieron y encontraron la tumba abierta. Y entraron. Velaron, salieron y entraron en el misterio. Aprendamos de ellas a velar con Dios y con María, nuestra Madre, para entrar en el misterio que nos hace pasar de la muerte a la vida.


Tercera parte:
LITURGIA BAUTISMAL
Pars tertia:
LITURGIA BAPTISMALIS
37. Después de la homilía se procede a la liturgia bautismal. El sacerdote, con los ministros, se dirige a la fuente bautismal, si esta se encuentra situada a la vista de los fieles. Si no es así, se coloca un recipiente con agua en el presbiterio. 37. Post homiliam proceditur ad liturgiam baptismalem. Sacerdos cum ministris vadit ad fontem baptismalem, si hic est in conspectu fidelium. Secus ponitur vas cum aqua in presbyterio.
38. Si hay catecúmenos, se los llama y sus padrinos los presentan; pero si los catecúmenos son niños, son sus padres y padrinos quienes los llevan y presentan a toda la asamblea congregada. 38. Vocantur, si adsunt, catechumeni, qui praesentantur a patrinis, vel, si sunt parvuli, portantur a parentibus et patrinis, in faciem ecclesiae congregatae.
39. Si hay procesión al baptisterio o a la fuente, se organiza inmediatamente. Abre la procesión un ministro con el cirio pascual, siguen los bautismos con los padrinos, luego los demás ministros, el diácono y el sacerdote. Durante la procesión se cantan las letanías (n. 43). Terminadas estas, el sacerdote hace la monición (n. 40).
39. Tunc, si processio ad baptisterium vel ad fontem habenda sit, ea statim ordinatur. Praecedit minister cum cereo paschali, eumque sequuntur baptizandi cum patrinis, deinde ministri, diaconus et sacerdos. Durante processione, canuntur litaniae (n. 43). Expletis litaniis, sacerdos facit monitionem (n. 40).
40. Si la liturgia bautismal se desarrolla en el presbiterio, el sacerdote hace inmediatamente la monición introductoria con estas palabras u otras parecidas.
A. Si hay bautismos:
Queridos hermanos: acompañemos unánimes con nuestra oración la esperanza de nuestros hermanos que van a la fuente de la regeneración, para que el Padre omnipotente les otorgue todo el auxilio de su misericordia.
B. Si se bendice la fuente, pero no hay bautismos:
Invoquemos, queridos hermanos, a Dios todopoderoso para que su gracia descienda sobre esta fuente, y cuantos en ella renazcan, sean incorporados a Cristo como hijos de adopción.
40. Si autem liturgia baptismalis in presbyterio peragitur, sacerdos statim monitionem introductoriam facit, his vel similibus verbis:
Si adsunt baptizandi:
Précibus nostris, caríssimi, fratrum nostrórum beátam spem unánimes adiuvémus, ut Pater omnípotens ad fontem regeneratiónis eúntes omni misericórdiae suae auxílio prosequátur.
Si benedicendus est fons, sed non adsunt baptizandi:
Dei Patris omnipoténtis grátiam, caríssimi, super hunc fontem súpplices invocémus, ut qui ex eo renascéntur adoptiónis fíliis in Christo aggregéntur.
41. Dos cantores entonan las letanías a las que todos responden estando en pie (por razón del tiempo pascual). Si la procesión hasta el baptisterio es larga, las letanías se cantan durante dicha procesión; entonces, se llama a los que se van a bautizar antes de empezar la procesión. Se abre la procesión con el cirio pascual, luego siguen los catecúmenos con sus padrinos, después los ministros, el diácono y el sacerdote. En este caso, la monición precedente se hace antes de la bendición del agua. 41. Et canuntur litaniae a duobus cantoribus, omnibus stantibus (propter tempus paschale) et respondentibus. Si autem habenda sit longior processio ad baptisterium, litaniae cantantur durante processione; quo in casu baptizandi vocantur ante processionem, et fit processio praecedente cereo paschali, quem sequuntur catechumeni cum patrinis, deinde ministri, diaconus et sacerdos. Monitio autem fiat ante benedictionem aquae.
42. Si no hay bautismos ni se ha de bendecir la fuente, omitidas las letanías, se procede inmediatamente a la bendición del agua (n. 52). 42. Si non adsunt baptizandi, neque benedicendus est fons, omissis litaniis, statim proceditur ad benedictionem aquae (n. 54).
43. En las letanías se pueden añadir algunos nombres de santos, especialmente el del titular de la iglesia, el de los patronos del lugar y el de los que van a ser bautizados.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Santa María, Madre de Dios. Ruega por nosotros.
San Miguel. Ruega por nosotros.
Santos Ángeles de Dios. Rogad por nosotros.
San Juan Bautista. Ruega por nosotros.
San José. Ruega por nosotros.
Santos Pedro y Pablo. Rogad por nosotros.
San Andrés. Ruega por nosotros.
San Juan. Ruega por nosotros.
Santa María Magdalena. Ruega por nosotros.
San Esteban. Ruega por nosotros.
San Ignacio de Antioquía. Ruega por nosotros.
San Lorenzo. Ruega por nosotros.
Santas Perpetua y Felicidad. Rogad por nosotros.
Santa Inés. Ruega por nosotros.
San Gregorio. Ruega por nosotros.
San Agustín. Ruega por nosotros.
San Atanasio. Ruega por nosotros.
San Basilio. Ruega por nosotros.
San Martín. Ruega por nosotros.
San Benito. Ruega por nosotros.
Santos Francisco y Domingo. Rogad por nosotros.
San Francisco Javier. Ruega por nosotros.
San Juan María [Vianney]. Ruega por nosotros.
Santa Catalina [de Siena]. Ruega por nosotros.
Santa Teresa de Jesús. Ruega por nosotros.
Santos y Santas de Dios. Rogad por nosotros.
Muéstrate propicio. Líbranos, Señor.
De todo mal. Líbranos, Señor.
De todo pecado. Líbranos, Señor.
De la muerte eterna. Líbranos, Señor.
Por tu encarnación. Líbranos, Señor.
Por tu muerte y resurrección. Líbranos, Señor.
Por el envío del Espíritu Santo. Líbranos, Señor.
Nosotros, que somos pecadores. Te rogamos, óyenos
A. Si hay bautizos:
Para que regeneres a estos elegidos con la gracia del bautismo. Te rogamos, óyenos.
B. Si no hay bautizos:
Para que santifiques esta agua en la que renacerán tus nuevos hijos. Te rogamos, óyenos
Jesús, Hijo de Dios vivo. Te rogamos, óyenos
Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.
Si hay bautismos, el sacerdote dice la siguiente oración con las manos extendidas:
Dios todopoderoso y eterno, manifiesta tu presencia en estos sacramentos, obra de tu amor sin medida, y envía el espíritu de adopción para recrear los nuevos pueblos que alumbrará para ti la fuente bautismal; así tu poder dará eficacia a la humilde acción de nuestro ministerio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
43. In litaniis addi possunt aliqua nomina Sanctorum, praesertim vero Titularis ecclesiae vel Patronorum loci et eorum qui sunt baptizandi.
Kyrie, eléison. Kyrie, eléison.
Christe, eléison. Christe, eléison.
Kyrie, eléison. Kyrie, eléison.
Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis.
Sancte Míchael, ora pro nobis.
Sancti Angeli Dei, oráte pro nobis.
Sancte Ioánnes Baptísta, ora pro nobis.
Sancte Ioseph, ora pro nobis.
Sancti Petre et Paule, oráte pro nobis.
Sancte Andréa, ora pro nobis.
Sancte Ioánnes, ora pro nobis.
Sancta María Magdaléna, ora pro nobis.
Sancte Stéphane, ora pro nobis.
Sancte Ignáti Antiochéne, ora pro nobis.
Sancte Laurénti, ora pro nobis.
Sanctae Perpétua et Felícitas, oráte pro nobis.
Sancta Agnes, ora pro nobis.
Sancte Gregóri, ora pro nobis.
Sancte Augustíne, ora pro nobis.
Sancte Athanási, ora pro nobis.
Sancte Basíli, ora pro nobis.
Sancte Martíne, ora pro nobis.
Sancte Benedícte, ora pro nobis.
Sancti Francísce et Domínice, oráte pro nobis.
Sancte Francísce (Xavier), ora pro nobis.
Sancte Ioánnes María (Vianney), ora pro nobis.
Sancta Catharína (Senénsis), ora pro nobis.
Sancta Terésia a Iesu, ora pro nobis.
Omnes Sancti et Sanctae Dei, oráte pro nobis.
Propítius esto, líbera nos, Dómine.
Ab omni malo, líbera nos, Dómine.
Ab omni peccáto, líbera nos, Dómine.
A morte perpétua, líbera nos, Dómine.
Per incarnatiónem tuam, líbera nos, Dómine.
Per mortem et resurrectiónem tuam, líbera nos, Dómine.
Per effusiónem Spíritus Sancti, líbera nos, Dómine.
Peccatóres, te rogámus, audi nos.
Si adsunt baptizandi
Ut hos eléctos per grátiam Baptísmi regeneráre dignéris, te rogámus, audi nos.
Si non adsunt baptizandi
Ut hunc fontem, regenerándis tibi fíliis, grátia tua sanctificáre dignéris, te rogámus, audi nos.
Iesu, Fili Dei vivi, te rogámus, audi nos.
Christe, audi nos. Christe, audi nos.
Christe, exáudi nos. Christe, exáudi nos.
Si adsunt baptizandi, sacerdos, extensis manibus, dicit hanc orationem:
Omnípotens sempitérne Deus, adésto magnae pietátis tuae sacraméntis, et ad recreándos novos pópulos, quos tibi fons baptísmatis párturit, spíritum adoptiónis emítte, ut, quod nostrae humilitátis gérendum est mystério, virtútis tuae impleátur efféctu. Per Christum Dóminum nostrum.
R. Amen.

Bendición del agua bautismal Benedictio aquae baptismalis
44. El sacerdote bendice el agua bautismal, diciendo la siguiente oración con las manos extendidas:
Oh, Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua para significar la gracia del bautismo.
Oh, Dios, cuyo Espíritu, en los orígenes del mundo, se cernía sobre las aguas, para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar.
Oh, Dios, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste el nuevo nacimiento, de modo que una misma agua, misteriosamente,
pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.
Oh, Dios, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo a los hijos de Abrahán, para que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón fuera imagen de la familia de los bautizados.
Oh, Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado por Juan en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo; colgado en la cruz vertió de su costado agua, junto con la sangre; y después de su resurrección mandó a sus apóstoles: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo», mira el rostro de tu Iglesia y dígnate abrir para ella la fuente del bautismo.

Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen, lavado, por el sacramento del bautismo, de todas las manchas de su vieja condición, renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el Espíritu.
Y, metiendo, si lo cree oportuno, el cirio pascual en el agua una o tres veces, prosigue:
Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo, descienda hasta el fondo de esta fuente,
Y, teniendo el cirio en el agua, prosigue:
para que todos los sepultados con Cristo en su muerte, por el bautismo, resuciten a la vida con él. Que vive y reina contigo.
R. Amén.
44. Deinde sacerdos benedicit aquam baptismalem dicens, extensis manibus, hanc orationem:
Deus, qui invisíbili poténtia per sacramentórum signa mirábilem operáris efféctum, et creatúram aquae multis modis praeparásti, ut baptísmi grátiam demonstráret;
Deus, cuius Spíritus super aquas inter ipsa mundi primórdia ferebátur, ut iam tunc virtútem sanctificándi aquárum natúra concíperet;
Deus, qui regeneratiónis spéciem in ipsa dilúvii effusióne signásti, ut uníus eiusdémque eleménti mystério et finis esset vítiis et orígo virtútum;
Deus, qui Abrahae fílios per Mare Rubrum sicco vestígio transíre fecísti, ut plebs, a Pharaónis servitúte liberáta, pópulum baptizatórum praefiguráret;
Deus, cuius Fílius, in aqua Iordánis a Ioánne baptizátus, Sancto Spíritu est inúnctus, et, in cruce pendens, una cum sánguine aquam de látere suo prodúxit, ac, post resurrectiónem suam, discípulis iussit: "Ite, docéte omnes gentes, baptizántes eos in nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti": réspice in fáciem Ecclésiae tuae, eíque dignáre fontem baptísmatis aperíre.
Sumat haec acqua Unigéniti tui grátiam de Spíritu Sancto, ut homo, ad imáginem tuam cónditus, sacraménto baptísmatis a cunctis squalóribus vetustátis ablútus, in novam infántiam ex aqua et Spíritu Sancto resúrgere meréatur.
Et immittens, pro opportunitate, cereum paschalem in aquam semel vel ter, prosequitur:
Descéndat, quaesumus, Dómine, in hanc plenitúdinem fontis per Fílium tuum virtus Spíritus Sancti,
et tenens cereum in aqua prosequitur:
ut omnes, cum Christo consepúlti per baptísmum in mortem, ad vitam cum ipso resúrgant. Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia saecula saeculórum.
R. Amen.
45. Seguidamente saca el cirio del agua, y el pueblo hace la siguiente aclamación:
Manantiales, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
45. Deinde tollitur cereus de aqua, populo acclamante:
Benedícite, fontes, Dómino, laudáte et superexaltáte eum in saecula.
46. Terminada la bendición del agua bautismal con la consiguiente aclamación del pueblo, el sacerdote, de pie, interroga a los adultos y a los padres o padrinos de los niños, para hacer las renuncias, como se determina en los respectivos rituales.
Si la unción de los adultos con el óleo de los catecúmenos no se ha hecho anteriormente en los ritos preparatorios, se hace en este momento.
46. Aquae baptismalis benedictione expleta et acclamatione populi prolata, sacerdos, stans, interrogat ad abrenuntiationem faciendam adultos atque parentes vel patrinos parvulorum, ut in respectivis Ordinibus Ritualis Romani determinatur. Si unctio cum oleo catechumenorum adultorum facta non sit antea, inter ritus immediate praeparatorios, fit hoc momento.
47. Después, el sacerdote interroga sobre la fe a cada adulto, y si se trata de niños, pide a la vez a los padres y padrinos la triple profesión de fe, como se indica en los respectivos rituales.
Cuando en esta noche son muchos los que han de ser bautizados, se puede ordenar el rito de modo que, inmediatamente después de la respuesta de los bautizandos, padres y padrinos, el celebrante pida y reciba la renovación de las promesas bautismales de todos los presentes.
47. Deinde sacerdos singulos adultos de fide interrogat, atque, si de parvulis agitur, triplicem professionem fidei ab omnibus parentibus et patrinis simul requirit, ut in respectivis Ordinibus indicatur. Ubi hac nocte multi sunt baptizandi, ritum ordinari potest ita ut, statim post responsionem baptizandorum, patrinorum atque parentum, celebrans postulet ac recipiat renovationem promissionum baptismalium omnium adstantium.
48. Terminado el interrogatorio, el sacerdote bautiza a los elegidos adultos y niños.
48. Peractis interrogationibus, sacerdos baptizat electos adultos et parvulos.
49. A continuación del bautismo el sacerdote unge a los niños con el crisma. A todos, adultos y niños, se les entrega la vestidura blanca. Seguidamente, el sacerdote o el diácono toma el cirio pascual de manos de un ministro y de él se encienden las velas de los neófitos. En el bautismo de los niños se omite el rito del Effetá.
49. Post baptismum sacerdos infantes ungit chrismate. Omnibus vero, sive adultis sive parvulis, vestis candida traditur. Deinde sacerdos vel diaconus accipit cereum paschalem de manu ministri atque cerei neophytorum accenduntur. Pro infantibus ritus Effetha omittitur.
50. Después, si no han tenido lugar en el presbiterio la ablución bautismal y los demás ritos explanativos, se regresa al presbiterio, ordenando la procesión como antes, llevando los neófitos, o sus padres y padrinos, las velas encendidas. Durante la procesión se entona el canto bautismal Vi que manaba agua u otro apropiado (n. 54).
50. Postea, nisi ablutio baptismalis aliique ritus explanativi, in presbyterio locum habuerint, fit reditus in presbyterium, processione ordinata uti antea, neophytis vel patrinis seu parentibus cereum accensum gestantibus. Durante processione canitur canticum baptismale Vidi aquam vel alius cantus aptus (n. 56).
51. Si los bautizados son adultos, el obispo o, en su ausencia, el presbítero que confirió el bautismo, les administra inmediatamente el sacramento de la Confirmación en el presbiterio, como se indica en el Pontifical o en el Ritual Romano. 51. Si adulti sunt baptizati, Episcopus vel, eo absente, presbyter qui baptismum contulit statim sacramentum Confirmationis eis ministret in presbyterio, ut in Pontificali aut Rituali Romano indicatur.

Bendición del agua común Benedictio aquae
52. Si no hay bautizos ni se bendice la fuente bautismal, el sacerdote bendice el agua con la siguiente oración:
Invoquemos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para que bendiga esta agua, que va a ser derramada sobre nosotros en memoria de nuestro bautismo, y pidámosle que nos renueve interiormente, para que permanezcamos fieles al Espíritu que hemos recibido.
Después de una breve oración en silencio, prosigue con las manos juntas:
Señor, Dios nuestro, muéstrate propicio a tu pueblo que vela en esta noche santa. Dígnate bendecir esta agua ahora que celebramos la acción admirable de nuestra creación y la maravilla, aún más grande, de nuestra redención. Tú la creaste para hacer fecunda la tierra y para dar alivio y frescor a nuestros cuerpos.
La hiciste también instrumento de tu misericordia al librar a tu pueblo, por medio de ella, de la esclavitud y al apagar su sed en el desierto; por los profetas la revelaste como signo de la nueva alianza que quisiste sellar con los hombres. Y finalmente, también por ella, santificada por Cristo en el Jordán, renovaste nuestra naturaleza pecadora en el baño del nuevo nacimiento.
Que esta agua, Señor, avive en nosotros el recuerdo de nuestro bautismo y nos haga participar en el gozo de nuestros hermanos, bautizados en la Pascua. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.
52. Si vero non adsunt baptizandi, neque fons baptismalis benedicendus est, sacerdos ad aquam benedicendam fideles introducit, dicens:
Dóminum Deum nostrum, fratres caríssimi, supplíciter exorémus, ut hanc creatúram aquae benedícere dignétur, super nos aspergéndam in nostri memóriam baptísmi. Ipse autem nos renováre dignétur, ut Spirítui, quem accépimus, fidéles maneámus.
Et post brevem pausam in silentio hanc orationem profert, extensis manibus:
Dómine Deus noster, pópulo tuo hac nocte sacratíssima vigilánti adésto propítius: et nobis, mirábile nostrae creatiónis opus, sed et redemptiónis nostrae mirabílius, memorántibus, hanc aquam benedícere tu dignáre. Ipsam enim tu fecísti, ut et arva fecunditáte donáret, et levámen corpóribus nostris munditiámque praebéret. Aquam étiam tuae minístram misericórdiae condidísti: nam per ipsam solvísti tui pópuli servitútem illiúsque sitim in desérto sedásti; per ipsam novum fodus nuntiavérunt prophétae, quod eras cum homínibus initúrus; per ipsam dénique, quam Christus in Iordáne sacrávit, corrúptam natúrae nostrae substántiam in regeneratiónis lavácro renovásti.
Sit ígitur haec aqua nobis suscépti baptísmatis memória, et cum frátribus nostris, qui sunt in Páschate baptizáti, gáudia nos tríbuas sociáre. Per Christum Dóminum nostrum.
R. Amen.

Renovación de las promesas del bautismo Renovatio promissionum baptismalium
53. Acabado el rito del bautismo (y de la confirmación), o después de la bendición del agua, si no hubo bautismos, todos de pie y con las velas encendidas en sus manos, renuevan las promesas del bautismo, a no ser que se hubiera hecho junto con los que van a ser bautizados (cf. n. 49).
El sacerdote se dirige a los fieles con estas o semejantes palabras:
Queridos hermanos: Por el Misterio pascual hemos sido sepultados con Cristo en el bautismo, para que vivamos una vida nueva. Por tanto, terminado el ejercicio de la Cuaresma, renovemos las promesas del santo bautismo, con las que en otro tiempo renunciamos a Satanás y a sus obras, y prometimos servir fielmente a Dios en la santa Iglesia católica.
I
Sacerdote: ¿Renunciáis a Satanás?
Todos: Sí, renuncio.
Sacerdote: ¿Y a todas sus obras?
Todos: Sí, renuncio.
Sacerdote: ¿Y a todas sus seducciones?
Todos: Sí, renuncio.*
II
Sacerdote: ¿Renunciáis al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?
Todos: Si, renuncio.
Sacerdote: ¿Renunciáis a todas las seducciones del mal, para que no domine en vosotros el pecado?
Todos: Si, renuncio.
Sacerdote: ¿Renunciáis a Satanás, padre y príncipe del pecado?
Todos: Si, renuncio.*
*Prosigue el sacerdote: ¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?
Todos: Si, creo.
Sacerdote: ¿Creéis en Jesucristo, su Hijo único, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la derecha del Padre?
Todos: Sí, creo.
Sacerdote: ¿Creéis en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna?
Todos: Sí, creo.
Y concluye el sacerdote: Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos regeneró por el agua y el Espíritu Santo y que nos concedió la remisión de los pecados, nos guarde en su gracia, en el mismo Jesucristo nuestro Señor, para la vida eterna.
Todos: Amén.
53. Ritu baptismi (et confirmationis) expleto, vel si hic non habuit locum, post benedictionem aquae, omnes, stantes et candelas accensas in manibus gestantes, promissionem fidei baptismalis, una cum baptizandis, renovant, nisi iam locum habuerit, (cf. n. 48).
Sacerdos fideles alloquitur, his vel similibus verbis:
Per paschále mystérium, fratres caríssimi, in baptísmo consepúlti sumus cum Christo, ut cum eo in novitáte vitae ambulémus. Quaprópter, quadragesimáli observatióne absolúta, sancti baptísmatis promissiónes renovémus, quibus olim Sátanae et opéribus eius abrenuntiávimus, et Deo in sancta Ecclésia cathólica servíre promísimus. Quaprópter:
Sacerdos: Abrenuntiátis Sátanae?
Omnes: Abrenúntio.
Sacerdos: Et ómnibus opéribus eius?
Omnes: Abrenúntio.
Sacerdos: Et ómnibus pompis eius?
Omnes: Abrenúntio.
Vel:
Sacerdos: Abrenuntiátis peccáto, ut in libertáte filiórum Dei vivátis?
Omnes: Abrenúntio.
Sacerdos: Abrenuntiátis seductiónibus iniquitátis, ne peccátum vobis dominétur?
Omnes: Abrenúntio.
Sacerdos: Abrenuntiátis Sátanae, qui est auctor et princeps peccáti?
Omnes: Abrenúntio.
Deinde sacerdos prosequitur:
Sacerdos: Créditis in Deum Patrem omnipoténtem, creatórem caeli et terrae?
Omnes: Credo.
Sacerdos: Créditis in Iesum Christum, Fílium eius únicum, Dóminum nostrum, natum ex María Vírgine, passum et sepúltum, qui a mórtuis resurréxit et sedet ad déxteram Patris?
Omnes: Credo.
Sacerdos: Créditis in Spíritum Sanctum, sanctam Ecclésiam cathólicam, sanctórum communiónem, remissiónem peccatórum, carnis resurrectiónem et vitam aetérnam?
Omnes: Credo.
Et sacerdos concludit: Et Deus omnípotens, Pater Dómini nostri Iesu Christi, qui nos regenerávit ex aqua et Spíritu Sancto, quique nobis dedit remissiónem peccatórum, ipse nos custódiat grátia sua, in Christo Iesu Dómino nostro, in vitam aetérnam.
Omnes: Amen.
Antífona
54. El sacerdote asperja al pueblo con agua bendita, mientras todos cantan:
Vi que manaba agua del lado derecho del templo, aleluya. Y habrá vida dondequiera que llegue la corriente y cantarán: Aleluya, aleluya.
Se puede cantar otro canto de índole bautismal.
54. Sacerdos aspergit populum aqua benedicta, omnibus cantantibus:
Antiphona
Ant. Vidi aquam egrediéntem de templo, a látere dextro, allelúia; et omnes, ad quos pervénit aqua ista, salvi facti sunt et dicent: Allelúia, allelúia.
Cantari potest etiam alius cantus indolem baptismalem prae se ferens.
55. Mientras tanto los neófitos son conducidos a su lugar entre los fieles.
Si la bendición del agua bautismal se hizo en el presbiterio, el diácono y los ministros llevan el recipiente del agua al baptisterio.

Si no hubo bendición del agua bautismal, el agua bendita se deja en lugar conveniente.
55. Interim neophyti deducuntur ad locum suum inter fideles.
Si benedictio aquae baptismalis facta non est in baptisterio, diaconus et ministri reverenter portant vas aquae ad fontem.
Si benedictio fontis locum non habuit, aqua benedicta reponitur loco convenienti.
56. Acabada la aspersión, el sacerdote vuelve a la sede, donde, omitida la profesión de fe, dirige la oración de los fieles, en la que los neófitos participan por primera vez. 56. Aspersione facta, sacerdos redit ad sedem, ubi, omisso symbolo, moderatur orationem universalem, quam neophyti primum participant.

Oración de los fieles
146. Por medio de Jesucristo el Señor, resucitado de la muerte por el poder del Espíritu Santo, dirigimos en esta santa noche nuestra súplicas al Padre.
- Por todos los que, reunidos en asamblea por todo el mundo, renuevan esta noche su adhesión a Cristo Jesús. Roguemos al Señor.
- Por los catecúmenos que, iluminados con la luz de Cristo, se incorporan esta noche a la Iglesia por los sacramentos de la iniciación cristiana. Roguemos al Señor.
- Por el Papa, por nuestro Obispo, por todos los obispos, sacerdotes, diáconos y demás ministros de la Iglesia. Roguemos al Señor.
- Por el Rey, por el gobierno de nuestro país, por los gobernantes de todos los pueblos y naciones. Roguemos al Señor.
- Por toda la humanidad que, rescatada en Cristo de la muerte, todavía sufre en la espera de su plena liberación. Roguemos al Señor.
- Por nosotros que, renacidos del agua y del Espíritu, nos disponemos a participar en el banquete de la Pascua y queremos vivir en plenitud el misterio pascual. Roguemos al Señor.
Señor y Dios nuestro, tú que, por el poder del Espíritu, has resucitado a Jesús del reino de los muertos para tu gloria y para nuestra salvación, escucha la oración que la Iglesia te dirige en esta santa noche, apoyada en la intercesión del mismo Jesucristo tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Cuarta parte:
LITURGIA EUCARÍSTICA
Pars quarta:
LITURGIA EUCHARISTICA
57. El sacerdote va al altar y comienza la liturgia eucarística como de costumbre. 57. Sacerdos accedit ad altare et more solito incipit liturgiam eucharisticam.
58. Conviene que el pan y el vino sean llevados por los neófitos, y si son niños, por sus padres y padrinos. 59. Praestat, ut panis et vinum afferantur a neophytis vel, si sint parvuli, ab eorum parentibus vel patrinis.
59. Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, con estas ofrendas
la oración de tu pueblo, para que los sacramentos pascuales que inauguramos nos hagan llegar, con tu ayuda, a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
59. Super oblata
Súscipe, quaesumus, Dómine, preces pópuli tui cum oblatiónibus hostiárum, ut, paschálibus initiáta mystériis, ad aeternitátis nobis medélam, te operánte, profíciant. Per Christum.
60. Prefacio pascual I: en esta noche.
EL MISTERIO PASCUAL
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca exaltarte en esta noche en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo; muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan el himno de tu gloria diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
62. Praefatio paschalis I: De mysterio paschali (in hac potíssimum nocte).
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre: Te quidem, Dómine, omni témpore confitéri, sed in hac potíssimum nocte gloriósius praedicáre, cum Pascha nostrum immolátus est Christus.
Ipse enim verus est Agnus qui ábstulit peccáta mundi. Qui mortem nostram moriéndo destrúxit, et vitam resurgéndo reparávit.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis, totus in orbe terrárum mundus exsúltat. Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
61. En la plegaria eucarística, se hace memoria de los bautizados y padrinos según las fórmulas que se encuentran en el Misal y en el Ritual Romano para cada una de las plegarias.
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. Cuando se utiliza el Canon romano, se dicen Reunidos en comunión, y Acepta, Señor, en tu bondad propios.
61. In Prece eucharistica, memoria fit baptizatorum et patrinorum, iuxta formulas quae in Missali et Rituali Romano pro singulis Precibus eucharisticis inveniuntur.
PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANUS. Quando adhibetur Canon romanus, dicuntur Communicántes et Hanc ígitur propria.
62. Antes del Cordero de Dios, el sacerdote exhorta brevemente a los neófitos sobre la primera comunión que van a recibir y sobre el valor de tan gran misterio, que es culmen de la iniciación y centro de toda vida cristiana.
62. Ante Ecce Agnus Dei, sacerdos neophytos breviter monere potest de prima Communione recipienda et de pretio tanti mysterii, quod est initiationis culmen et totius vitae christianae centrum.
63. Conviene que los neófitos reciban la sagrada comunión bajo las dos especies, junto con los padrinos, madrinas, padres y cónyuges católicos, así como los catequistas laicos. Conviene también que, con el consentimiento del obispo diocesano, donde las circunstancias lo aconsejen, todos los fieles sean admitidos a la sagrada comunión bajo las dos especies.
63. Expedit ut neophyti sacram Communionem recipiant sub utraque specie, una cum patrinis, matrinis, parentibus et coniugibus catholicis, necnon catechistis laicis. Convenit etiam ut, de consensu Episcopi diocesani, ubi adiuncta hoc suadeant, omnes fideles ad sacram Communionem sub utraque specie admittantur.
64. Antífona de comunión Cf. 1 Cor 5, 7-8
Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así pues, celebremos con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. Aleluya.
Oportunamente se canta el salmo 117.
64. Antiphona ad communionem 1Co 5, 7-8
Pascha nostrum immolátus est Christus; ítaque epulémur in ázymis sinceritátis et veritátis, allelúia.
Opportune cantatur Ps 117.
65. Oración después de la comunión
Derrama, Señor, en nosotros tu Espíritu de caridad, para que hagas vivir concordes en el amor a quienes has saciado con los sacramentos pascuales. Por Jesucristo, nuestro Señor.
65. Post communionem
Spíritum nobis, Dómine, tuae caritátis infúnde, ut, quos sacraméntis paschálibus satiásti, tua fácias pietáte concórdes. Per Christum.
66. Bendición solemne.
Que os bendiga Dios todopoderoso en la solemnidad pascual que hoy celebramos y, compasivo, os defienda de toda asechanza del pecado.
R. Amén.
El que os ha renovado para la vida eterna, en la resurrección de su Unigénito, os colme con el premio de la inmortalidad.
R. Amén.
Y quienes, terminados los días de la pasión del Señor, habéis participado en los gozos de la fiesta de Pascua, podáis llegar, por su gracia, con espíritu exultante a aquellas fiestas que se celebran con alegría eterna.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
Según las circunstancias, se puede emplear también la fórmula de bendición conclusiva del Ritual del Bautismo de adultos y de niños.
66. Benedictio sollemnis
Benedícat vos omnípotens Deus, hodiérna interveniénte sollemnitáte pascháli, et ab omni miserátus deféndat incursióne peccáti.
R. Amen.
Et qui ad aetérnam vitam in Unigéniti sui resurrectióne vos réparat, vos praemiis immortalitátis adímpleat.
R. Amen.
Et qui, explétis passiónis domínicae diébus, paschális festi gáudia celebrátis, ad ea festa, quae laetítiis peragúntur aetérnis, ipso opitulánte, exsultántibus ánimis veniátis.
R. Amen.
Benedícat vos omnípotens Deus, Pater, et Fílius, + et Spíritus Sanctus.
R. Amen.
Adhiberi potest etiam formula benedictionis finalis Ordinis Baptismi adultorum vel parvulorum, iuxta rerum adiuncta.
67. Para despedir al pueblo, el diácono, o el mismo sacerdote, canta:
Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.
R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.
[Si no se canta se dice]
Esto se observa durante toda la Octava de Pascua.
67. Ad populum dimittendum, diaconus vel, eo absente, ipse sacerdos cantat vel dicit:
Ite, missa est, allelúia, allelúia.
Omnes respondent:
Deo grátias, allelúia, allelúia.
Quod servatur per totam octavam Paschae.
68. El cirio pascual se enciende en todas las celebraciones litúrgicas más solemnes de este tiempo.
68. Cereus paschalis accenditur in omnibus celebrationibus liturgicis sollemnioribus huius temporis.