martes, 19 de septiembre de 2017

Martes 24 octubre 2017, Martes de la XXIX semana del Tiempo Ordinario, feria, o san Antonio María Claret, obispo, memoria libre.

SOBRE LITURGIA

Congregación para el Culto Divino
INSTRUCCIÓN "LITURGIAM AUTHENTICAM" (28 de marzo de 2001).


25. Para que el contenido del texto original pueda ser entendido, incluso por los fieles que carecen de una especial formación intelectual, las traducciones deben emplear términos fácilmente comprensibles, que sin embargo mantengan la dignidad, el decoro y la precisión doctrinal de los textos de este género (25). Al utilizar palabras de alabanza y adoración, que favorecen la reverencia y la gratitud para con la majestad de Dios y su poder, misericordia, y naturaleza trascendente, las traducciones responden al hambre y sed del Dios vivo que tienen los pueblos de nuestro tiempo, y a la vez contribuyen a la dignidad y belleza de la celebración litúrgica. (26)

26. La naturaleza de los textos litúrgicos, en cuanto instrumento poderoso para inculcar los principios de la fe y de las costumbres cristianas en la vida de los fieles (27), se debe mantener con todo cuidado en las traducciones. Así mismo, la traducción de los textos debe ser conforme a la sana doctrina.

27. Aunque haya que evitar términos y locuciones que por su misma naturaleza resultan demasiado poco usados o inadecuados, y que impiden una comprensión fácil, sin embargo, es preciso considerar los textos litúrgicos más como voz de la Iglesia orante que como algo propio de grupos particulares o de individuos, y por lo tanto deben estar libres de un uso demasiado cercano a las expresiones coloquiales. De hecho, aunque a veces en los textos litúrgicos se pueden emplear términos y locuciones que se distinguen del lenguaje usado cotidianamente, precisamente por ello, con frecuencia estos textos se recuerdan con más facilidad y resultan más eficaces para expresar las realidades sobrenaturales. Además, parece que la observancia de los principios expuestos en esta Instrucción, puede ayudar a crear poco a poco, en toda lengua vernácula, un estilo sagrado que sea reconocido como lengua propiamente litúrgica. Por otra parte, podría ser que cierto modo de hablar, considerado "poco actual" en el lenguaje cotidiano, siga siendo útil en el contexto litúrgico. De modo semejante, al traducir los pasajes bíblicos donde hay términos y locuciones que parecen de estilo poco elegante, hay que evitar la tendencia apresurada de corregir unificar el estilo. Estos principios liberarán a la Liturgia de la necesidad de revisiones frecuentes, ya que se trata de modos de expresión que están fuera del uso coloquial.

[25] Cf. Papa Pablo VI, Discurso a los traductores de textos litúrgicos en lenguas vernáculas, 10 de noviembre de 1965: AAS 57 (1965) 968; Congr. para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instr. Varietates legitimae, n. 53: AAS 87 (1995) 308.
[26] Cfr. Papa Juan Pablo II, Discurso a un grupo de obispos de los Estados Unidos de América en su visita Ad Limina, 4 de diciembre de 1993, n. 2: AAS 86 (1994) 755-756.
[27] Cf. Concilio Vaticano II, Const. Sacrosanctum Concilium, n. 33.


CALENDARIO

24 MARTES DE LA XXIX SEMANA DEL T. ORDINARIO, feria o SAN ANTONIO MARÍA CLARET, obispo, memoria libre

Misa
de feria (verde) o de la memoria (blanco).
MISAL: para la feria cualquier formulario permitido (véase pág. 67, n. 5) / para la memoria 1ª orac. prop. y el resto del común de pastores (para misioneros o para un obispo) o de un domingo del T. O.; Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. III-impar.
- Rom 5, 12. 15b. 17-19. 20b-21. Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado, con cuánta más razón reinarán en la vida.
- Sal 39. R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
- Lc 12, 35-38. Bienaventurados los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela.
o bien:
cf. vol. IV.

Liturgia de las Horas: oficio de feria o de la memoria.

Martirologio: elogs. del 25 de octubre, pág. 632.
CALENDARIOS: Canarias y Claretianos: San Antonio María Claret (S).
Córdoba: San Rafael Arcángel (S).
Hijas de Santa María de la Providencia y Siervos de la Caridad: San Luis Guanella, presbítero (F). Familia salesiana y Clérigos Regulares de Somasca: (ML).
Agustinos: San Juan Stone, presbítero y mártir (MO).
Legionarios de Cristo: San Rafael Guizar y Valencia, obispo (ML).

TEXTOS MISA

Misa de la feria: del XXIX Domingo del T. Ordinario (o de otro domingo del T. Ordinario).

Misa de la memoria:
Elogio del martirologio
San Antonio María Claret, obispo, que, ordenado presbítero, durante varios años se dedicó a predicar al pueblo por las comarcas de Cataluña, en España. Fundó la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María y, ordenado obispo de Santiago de Cuba, trabajó de modo admirable por bien de las almas. Habiendo regresado a España, tuvo que soportar muchas pruebas por causa de la Iglesia, y murió desterrado en el monasterio de monjes cistercienses de Fontfroide, cerca de Narbona, en el mediodía de Francia. (1870)

La oración colecta es propia de la memoria. Los demás textos está tomados del Común de Pastores: V. Para misioneros 1.

24 de octubre
San Antonio María Claret, obispo
Memoria
Die 24 octobris
S. Antonii Mariæ Claret, episcopi
Memoria
Antífona de entrada
Estos son los varones santos, amigos de Dios, insignes en la predicación de la verdad divina.
O bien: Sal 17, 50; 21, 23

Te daré gracias entre las naciones, Señor; contaré tu fama a mis hermanos.
Antiphona ad introitum Ps 95, 3-4
Isti sunt viri sancti facti amíci Dei, divínae veritátis praecónio gloriósi.
Vel: Ps 17, 50 Ps 21, 23
Confitébor tibi in pópulis, Dómine, et narrábo nomen tuum frátribus mei.
Oración colecta
Oh, Dios, que fortaleciste al obispo san Antonio María Claret con admirable caridad y paciencia para evangelizar a los pueblos, concédenos por su intercesión que, buscando tu voluntad, trabajemos con empeño por ganar hermanos para Cristo. Él, que vive y reina contigo.
Collecta
Deus, qui in evangelizándis pópulis beátum Antónium Maríam epíscopum mira caritáte et patiéntia roborásti, eius nobis intercessióne concéde, ut, quae tua sunt quaeréntes, eníxe in Christo lucrándis frátribus incumbámus. Qui tecum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Martes de la XXIX semana del Tiempo Ordinario, año impar (Lec. III-impar).

PRIMERA LECTURA Rom 5, 12. 15b. 17-19. 20b-21 Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado, con cuánta más razón reinarán en la vida
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron...
Si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razófl la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.
Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.
En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos. Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.
Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, para que, lo mismo que reinó el pecado a través de la muerte, así también reinara la gracia por la justicia para la vida eterna, por Jesucristo, nuestro Señor.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 39, 7-8a. 8b-9. 10. 17 (R.: cf. 8a y 9a)
R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Ecce venio, Dómine, ut faciam voluntátem tuam.

V. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
entonces yo digo: «Aquí estoy». R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Ecce venio, Dómine, ut faciam voluntátem tuam.

V. «-Como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas». R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Ecce venio, Dómine, ut faciam voluntátem tuam.

V. He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios,
Señor, tú lo sabes. R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Ecce venio, Dómine, ut faciam voluntátem tuam.

V. Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean tu salvación. R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Ecce venio, Dómine, ut faciam voluntátem tuam.

Aleluya Lc 21, 36
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Estad despiertos en todo tiempo, pidiendo manteneros en pie ante el Hijo del hombre. R.
Vigiláte, omni témpore orántes, ut digni habeámini stare ante Fílium hóminis.

EVANGELIO Lc 12, 35-38
Bienaventurados los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan,a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.
Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Ángelus 7-agosto-2016
Con esta parábola, ambientada por la noche, Jesús presenta la vida como una vigilia de espera laboriosa, preludio del día luminoso de la eternidad. Para poder participar se necesita estar preparado, despierto y comprometido con el servicio a los demás, con la tranquilizadora perspectiva de que «desde allí» no seremos nosotros los que sirvamos a Dios, sino que será Él mismo quien nos acoja en su mesa. Pensándolo bien, esto ocurre ya cada vez que encontramos al Señor en la oración, o también sirviendo a los pobres, y sobre todo en la Eucaristía, donde Él prepara un banquete para nutrirnos de su Palabra y de su Cuerpo.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario II
290. Elevemos, hermanos, fervientes oraciones a Dios nuestro Padre.
- Para que proteja y guíe a su Iglesia santa. Roguemos al Señor.
- Para que el Señor llene de su gracia a los obispos, sacerdotes y ministros. Roguemos al Señor.
- Para que conceda a todo el mundo la justicia y la paz. Roguemos al Señor.
- Para que socorra a los que están en algún peligro. Roguemos al Señor.
- Para que a nosotros mismos nos conforte y conserve en su servicio. Roguemos al Señor.
Te pedimos, Dios de bondad, que te muestres favorable a las oraciones de los que te suplican. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
DIOS todopoderoso, mira el sacrificio que te ofrecemos en la fiesta de san N., y concede a cuantos celebramos el misterio de la pasión del Señor imitar lo que realizamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Réspice quas offérimus hóstias, omnípotens Deus, in beáti N. festivitáte, et praesta, ut, qui domínicae passiónis mystéria celebrámus, imitémur quod ágimus. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARÍSTICA II.
Antífona de la comunión Cf. Ez 34, 15
Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar, dice el Señor.
O bien: Cf. Mt 10, 27

Lo que os digo en la oscuridad, decidio a la luz, dice el Señor, ylo que os digo al oído, pregonadio desde la azotea.
Antiphona ad communionem Ez 34, 15
Ego pascam oves meas, et ego eas accubáre fáciam, dicit Dóminus.
Vel: Mt 10, 27
Quod dico vobis in ténebris, dícite in lúmine, dicit Dóminus, et quod in aure audítis, praedicáte super tecta.
Oración después de la comunión
Señor, por la eficacia de este sacramento confirma a tus siervos en la verdadera fe para que la proclamen de palabra y de obra en todas partes, a ejemplo de san N. que, por ella, trabajó y consagró su vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Huius mystérii virtúte, confírma, Dómine, fámulos tuos in fide veritátis, ut eam ubíque ore et ópere confiteántur, pro qua beátus N. laboráre non déstitit et vitam suam impéndit. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 25 de octubre

1. En Roma, en el cementerio Trasonas, de la vía Salaria Nueva, santos Crisanto y Daria, mártires, a los que dedicó sus alabanzas el papa san Dámaso (c. 253).
2. En Soissons, de la Galia Bélgica, santos Crispín y Crispiniano, mártires (c. s. III).
3. En Florencia, ciudad de la Toscana, san Miniato, mártir (c. s. III).
4. En Périgeux, de Aquitania, san Frontón, considerado como el primer anunciador del Evangelio en esta ciudad (c. s. III).
5. En Constantinopla, santos Martirio, subdiácono, y Marciano, cantor, que fueron asesinados por los arrianos, en tiempo del emperador Constancio (c. 351).
6. En Brescia, ciudad de la región de Venecia, san Gaudencio, obispo, que, ordenado por san Ambrosio, se distinguió entre los prelados de la época por su doctrina y sus virtudes, enseñó a su pueblo de palabra y con sus escritos, y construyó una basílica a la que llamó “Concilio de los Santos” (c. 410).
7. En el territorio de Gevaudan, en la Galia, san Hilaro, obispo de Javols (s. VI).
8*. En las cercanías de Segovia, en Hispania, san Frutos, que llevó vida eremítica junto a una escarpada montaña (c. 715).
9*. En la ciudad de Pécs, en Hungría, san Mauro, obispo, que, hombre de sólida formación eclesiástica, fue monje y abad del monasterio de San Martín de Pannonhalma (1070).
10*. En Vic, localidad de Cataluña, en España, san Bernardo Calbó, obispo, que, renunciando a su oficio de juez, fue monje cisterciense y abad de su monasterio, para ser elegido más tarde para la sede de Vic, promoviendo la verdadera doctrina (1243).
11*. En Borgo Sant’Antonio, del Piamonte, muerte del beato Tadeo Machar, obispo de Cork y Cloyne, en Irlanda, que, víctima de las envidias de los poderosos, hubo de salir de su país y, de viaje hacia Roma, descansó en el Señor (1492).
12*. En la localidad de Nules, cerca de Tortosa, en España, beato Recaredo Centelles Abad, presbítero de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos y mártir, que durante la persecución contra la Iglesia, por odio al sacerdocio fue asesinado a las puertas del cementerio (1936).
13*. En Alcira, en la región de Valencia, también en España, beatas María Teresa Ferragud Roig y sus hijas María de Jesús (Vicenta), María Verónica (Joaquina), María Felicidad Masiá Ferragud, vírgenes de la Orden de las Clarisas Capuchinas, y Josefa de la Purificación (Raimunda) Masiá Ferragud, virgen de la Orden de las Agustinas Descalzas, todas ellas mártires, que durante la misma persecución dieron testimonio invicto de su fe en Cristo, mereciendo ser coronadas (1936).

lunes, 18 de septiembre de 2017

Lunes 23 octubre 2017, Lunes de la XXIX semana del Tiempo Ordinario, feria, o san Juan de Capistrano, presbítero, m. libre (o misa por la Evangelización de los pueblos).

SOBRE LITURGIA

Congregación para el Culto Divino
INSTRUCCIÓN "LITURGIAM AUTHENTICAM" (28 de marzo de 2001).


22. Las adaptaciones de textos, conforme a los artículos 37-40 de la Constitución Sacrosanctum Concilium, se han de considerar en cuanto respondan a verdaderas necesidades culturales y pastorales, y no por la mera voluntad de variar o de introducir cambios, tampoco deben tomarse como un modo de enmendar las ediciones típicas o cambiar su contenido teológico; en esta cuestión, por el contrario, se ha de proceder conforme a las normas que se contienen en la citada Instrucción Varietates Legitimae (23). Por lo tanto, las traducciones de libros litúrgicos en lengua vulgar, que se someten a la "recognitio" de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, deben contener, además de la misma traducción con las acomodaciones explícitamente prescritas en las ediciones típicas, sólo aquellas adaptaciones o cambios que ya tienen consentimiento escrito del mismo Dicasterio.

23. En las traducciones de textos de composición eclesiástica, aunque conviene estudiar la fuente en la que se encuentra el texto, y recurrir al auxilio de la historia y otras ciencias afines, sin embargo, siempre se ha de traducir desde el texto de la edición típica latina.

Cada vez que en el texto bíblico o litúrgico se mantienen términos de otras lenguas antiguas (p.ej. "Alleluya, "Amen", términos arameos que se encuentran en el Nuevo Testamento, o las palabras griegas tomadas del "Trisagion", que se proclaman en los Improperios del Viernes Santo, y el "Kyrie eleison" del Ordinario de la Misa, además de muchos nombres propios) hay que considerar si se han de mantener en la nueva traducción a lengua vernácula, al menos como una posibilidad opcional. Más aun, el respeto al texto original requerirá que, en algunas ocasiones, se haga de este modo.

24. Además, de ningún modo es lícito traducir partiendo de traducciones ya realizadas en otras lenguas, dado que es preciso hacerlo desde los textos originales: esto es, del latín para los textos litúrgicos de composición eclesiástica, y del hebreo, arameo, o griego, cuando se de el caso, para los textos de las Sagradas Escrituras (24). También, al preparar las traducciones de los Libros Sagrados para el uso litúrgico, según las normas, se ha de atender al texto de la Neovulgata, promulgada por la Sede Apostólica como una ayuda para mantener la tradición de interpretación propia de la liturgia latina, como se dice en otro lugar de esta misma Instrucción.

[23] ibid.: AAS 87 (1995) 288 - 314; cf. Missale Romanum, editio typica tertia, Institutio Generalis, n. 397.
[24] Cfr. S. Congr. de Ritos, Instr. Inter Oecumenici, n. 40 a: AAS 56 (1964) 885.

CALENDARIO

23 LUNES DE LA XXIX SEMANA DEL T. ORDINARIO, feria o SAN JUAN DE CAPISTRANO, presbítero, memoria libre


Misa
de feria (verde) o de la memoria (blanco).
MISAL: para la feria cualquier formulario permitido (véase pág. 67, n. 5) / para la memoria 1ª orac. prop. y el resto del común de pastores (para misioneros) o de santos (para religiosos), o de un domingo del T. O.; Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. III-impar.
- Rom 4, 20-25. Está escrito por nosotros, a quienes se nos contará: nosotros, los que creemos en él.
- Salmo: Lc 1, 69-75. R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo.
- Lc 12, 13-21. ¿De quién será lo que has preparado?
o bien: cf. vol. IV.

Liturgia de las Horas: oficio de feria o de la memoria.

Martirologio: elogs. del 24 de octubre, pág. 630.
CALENDARIOS: Arzobispado Castrense-Capellanes Castrenses: San Juan Capistrano, presbítero (F). Familia Franciscana: (MO).
Trinitarios: Santísimo Redentor (F).
Urgell: Dedicación de la iglesia-catedral (F).
Brígidas: Beatas Ana y Francisca, mártires (F).
Cádiz y Ceuta, y Mérida-Badajoz: San Servando y san Germán, mártires (MO).
Agustinos: San Guillermo, eremita, y beato Juan Bueno, religioso (ML).
HH. de las Escuelas Cristianas: Beato Arnold Réche, religioso (ML).

TEXTOS MISA

Misa de la feria: del XXIX Domingo del Tiempo Ordinario (o de otro domingo del T. Ordinario).

Misa de la memoria:

Elogio del martirologio
San Juan de Capistrano, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, que luchó en favor de la disciplina regular, estuvo al servicio de la fe y costumbres católicas en casi toda Europa, y con sus exhortaciones y plegarias mantuvo el fervor del pueblo fiel, defendiendo también la libertad de los cristianos. En la localidad de Ujlak, junto al Danubio, en el reino de Hungría, descansó en el Señor. (1456)

Oración colecta propia, el resto está tomado del común de pastores: V. Para misioneros 2.

23 de octubre
San Juan de Capistrano
Die 23 octobris
S. Ioannis de Capestrano, presbyteri
Antífona de entrada Is 52, 7
Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia.
Antiphona ad introitum Cf. Is 52, 7
Quam pulchri super montes pedes annuntiántis et praedicántis pacem, annuntiántis bonum, praedicántis salútem!
Oración colecta
Oh, Dios, que suscitaste a san Juan de Capistrano para confortar a tu pueblo fiel en las adversidades, te pedimos que nos mantengas en la seguridad de tu protección y que custodies a tu Iglesia en una paz duradera. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui, ad pópulum fidélem in angústiis confortándum, beátum Ioánnem suscitásti, praesta, quaesumus, ut nos in tuae protectiónis securitáte constítuas, et Ecclésiam tuam perpétua pace custódias. Per Dóminum.

Misa por la Evangelización de los pueblos:
PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS A
Esta misa se puede emplear, incluso en los domingos del tiempo ordinario, cuando tienen lugar especiales celebraciones por las misiones, fuera de los domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua, y de las solemnidades.
PRO EVANGELIZATIONE POPULORUM A.
Haec Missa adhiberi potest etiam dominicis "per annum", quando peculiares celebrationes pro opere missionum habentur, dummodo non occurrat dominica Adventus, Quadragesimae vel Paschae, aut sollemnitas quaedam.
Antífona de entrada Cf. Sal 66, 2-3
Que Dios tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros Y tenga misericordia; para que conozcamos en la tierra tu camino, todos los pueblos tu salvación.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 66, 2-3
Deus misereátur nostri, et benedícat nobis, illúminet vultum suum super nos et misereátur nostri; ut cognoscámus in terra viam tuam, in ómnibus géntibus salutáre tuum.
Oración colecta
Oh, Dios, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, mira tu inmensa mies y dígnate enviarle trabajadores, para que sea predicado el Evangelio a toda criatura, y tu grey, congregada por la palabra de vida y sostenida por la fuerza de los sacramentos, camine por las sendas de la salvación y del amor. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Oh, Dios, que enviaste al mundo a tu Hijo como luz verdadera, derrama el Espíritu prometido para que siembre continuamente la semilla de la verdad en el corazón de los hombres y suscite en ellos la respuesta de la fe, para que todos, renacidos a una nueva vida por medio del bautismo, lleguen a formar parte de tu único pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui omnes hómines vis salvos fíeri et ad agnitiónem veritátis veníre, réspice messem tuam multam et operários in eam mitte dignánter, ut omni creatúrae Evangélium praedicétur, et plebs tua, verbo vitae congregáta et sacramentórum virtúte suffúlta, in via salútis et caritátis procédat. Per Dóminum.
Vel:
Deus, qui Fílium tuum lumen verum in mundum misísti, effúnde Spíritum promissiónis, qui veritátis sémina in córdibus hóminum iúgiter diffúndat et fídei súscitet obséquium, ut omnes, per baptísmum ad novam vitam generáti, unum pópulum tuum íngredi mereántur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la XXIX semana del Tiempo Ordinario, año impar (Lec. III-impar).

PRIMERA LECTURA Rom 4, 20-25
Está escrito también por nosotros, a quienes nos valdrá si creemos en él

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos:
Abrahán, ante la promesa divina no cedió a la incredulidad, sino que se fortaleció en la fe, dando gloria a Dios, pues estaba persuadido de que Dios es capaz de hacer lo que promete; por lo cual le fue contado como justicia.
Pero que “le fue contado” no está escrito solo por él; también está escrito por nosotros, a quienes se nos contará: nosotros, los que creemos en el que resucitó de entre los muertos a Jesucristo nuestro Señor, el cual fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Lc 1, 69-70. 71-72. 73-75 (R.: cf. 68)
R.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo. Benedíctus Dóminus Deus Israel, quia visitávit plebem suam.

V. Suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas. R.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo. Benedíctus Dóminus Deus Israel, quia visitávit plebem suam.

V. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza. R.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo. Benedíctus Dóminus Deus Israel, quia visitávit plebem suam.

V. Y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos
que, libres de temor, arrancados de la mano
de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días. R.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo. Benedíctus Dóminus Deus Israel, quia visitávit plebem suam.

Aleluya Mt 5, 3
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. R.
Beáti páuperes spíritu, quóniam ipsórum est regnum cælórum.

EVANGELIO Lc 12, 13-21
¿De quién será lo que has preparado?
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:
«Maestro, dije a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Él le dijo:
«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».
Y les dijo:
«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».
Y les propuso una parábola:
«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose:
“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. Y se dijo:
“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
Pero Dios le dijo:
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, homilía en santa Marta, 19-octubre-2015
Pidamos al Señor la gracia de estar libres de esta idolatría, del apego a las riquezas; pidámosle la gracia de mirarlo a Él, rico en amor y rico en generosidad, en misericordia; y también la gracia de ayudar a los demás con la práctica de la limosna, pero como lo hace Él. Alguien podría decir: Pero, padre, Él no se privó de nada.... En realidad, fue su respuesta, Jesucristo, al ser igual a Dios, se privó de esto, se abajó, se anonadó.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario I
289. Imploremos, hermanos, la piedad de Dios Padre todopoderoso, y pidámosle que escuche nuestra oración.
- Para que conceda a la Iglesia el gozo del Espíritu Santo. Roguemos al Señor.
- Para que otorgue a los pueblos la concordia leal y pacífica. Roguemos al Señor.
- Para que dé a los desterrados el gozo del retorno. Roguemos al Señor.
- Para que a nosotros, su pueblo, nos haga crecer en la fe, nos purifique el corazón y nos abra la puerta del reino eterno. Roguemos al Señor.
Muestra, Padre celestial, tu bondad al pueblo que te suplica, para que reciba sin tardanza lo que pide confiadamente, siguiendo tu inspiración. Por Jesucristo nuestro Señor.

En la memoria:
Oración sobre las ofrendas
Escucha con bondad nuestras súplicas, Señor, y líbranos de todas nuestras culpas, para que, limpios por tu gracia, nos transforme el misterio que ahora celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Propitiáre, Dómine, supplicatiónibus nostris, et nos ab omni culpa líberos esse concéde, ut, purificánte grátia tua, iísdem quibus famulámur mystériis emundémur. Per Christum.
PREFACIO DE LOS SANTOS PASTORES
La presencia de los santos Pastores en la Iglesia
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque nos concedes la alegría de celebrar hoy la fiesta de san N., fortaleciendo a tu Iglesia con el ejemplo de su vida santa, instruyéndola con su palabra y protegiéndola con su intercesión.

Por eso, con los ángeles y la multitud de los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO DE SANCTIS PASTORIBUS
De praesentia sanctorum Pastorum in Ecclesia
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Quia sic tríbuis Ecclésiam tuam sancti N. festivitáte gaudére, ut eam exémplo piae conversatiónis corróbores, verbo praedicatiónis erúdias, gratáque tibi supplicatióne tueáris.
Et ídeo, cum Angelórum atque Sanctórum turba, hymnum laudis tibi cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARÍSTICA III.
Antífona de la comunión Cf. Mc 16, 15; Mt 28, 20
Id al mundo entero y proclamad el Evangelio; yo estoy con vosotros todos los días, dice el Señor.
O bien: Cf. Jn 15, 4-5
Permaneced en mí y yo en vosotros, dice el Señor; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante.
Antiphona ad communionem Mc 16, 15; Mt 28, 20
Eúntes in mundum univérsum, praedicáte Evangélium: ego vobíscum sum ómnibus diébus, dicit Dóminus.
Vel: Jn 15, 4-5
Manéte in me, et ego in vobis, dicit Dóminus. Qui manet in me et ego in eo, hic fert fructum multum.
Oración después de la comunión
Señor, Dios nuestro, que los sacramentos que hemos recibido alimenten en nosotros aquella fe que nos enseñó la predicación apostólica y que san N. conservó celosamente. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Sacraménta quae súmpsimus, Dómine Deus noster, illam nobis fidem innútriant, quam et apostólica dócuit praedicátio, et beáti N. sollicitúdo custodívit. Per Christum.

En la misa por la Evangelización de los pueblos:
Oración sobre las ofrendas
Mira, Señor, el rostro de tu Cristo, que se entregó a la muerte para redimirnos a todos, a fin de que, por su mediación, sea glorificado tu nombre en las naciones, desde donde sale el sol hasta el ocaso, y se ofrezca en todo el mundo un sacrificio a tu majestad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Réspice, Dómine, in fáciem Christi tui, qui pro ómnibus redemptiónem trádidit semetípsum, ut per eum ab ortu solis usque ad occásum nomen tuum magnificétur in géntibus, et una ubíque maiestáti tuae exhibeátur oblátio. Per Christum.
Antífona de la comunión Cf. Mt 28, 20
Enseñad a todos los pueblos a guardar todo lo que os he mandado, dice el Señor. Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.
Antiphona ad communionem Cf. Mt 28, 20
Docéte omnes gentes serváre quaecúmque mandávi vobis, dicit Dóminus. Ego vobíscum sum ómnibus diébus, usque ad consummatiónem saeculi.
Oración después de la comunión
Alimentados por estos dones de nuestra redención, te suplicamos, Señor, que, con este auxilio de salvación eterna, progrese siempre la fe verdadera. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Redemptiónis nostrae múnere vegetáti, quaesumus, Dómine, ut, hoc perpétuae salútis auxílio, fides semper vera profíciat. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 24 de octubre
S
an Antonio María Claret
, obispo, que, ordenado presbítero, durante varios años se dedicó a predicar al pueblo por las comarcas de Cataluña, en España. Fundó la Sociedad de Misioneros Hijos del Corazón Inmaculado de la Virgen María y, ordenado obispo de Santiago de Cuba, trabajó de modo admirable por bien de las almas. Habiendo regresado a España, tuvo que soportar muchas pruebas por la Iglesia, muriendo desterrado en el monasterio de monjes cistercienses de Fontfroide, cerca de Narbona, en el mediodía de Francia (1870).
2. En Hierápolis, de Frigia, santos Ciríaco y Claudiano, mártires (s. inc.).
3. En Constantinopla, san Proclo, obispo, que proclamó insistentemente a la Virgen María como Madre de Dios, dispuso el solemne retorno de las restos de san Juan Crisóstomo a esta ciudad y, en el Concilio Ecuménico de Calcedonia, mereció ser llamado “Grande” (446).
4. En la ciudad de Nagrán, en Arabia, martirio de los santos Aretas, príncipe de la ciudad, y trescientos cuarenta compañeros, que, en tiempo del emperador Justino, fueron asesinados por Du Nuwas o Dun’an, rey de los himyaritas (523).
5*. En la región de Tours, en Neustria, san Senoco, presbítero, que construyó un monasterio en unas antiguas ruinas, mostrándose asiduo a las vigilias, a la oración y a la caridad hacia los siervos (576).
6*. En el monasterio de Vertou, en el territorio de Armórica, en la Galia, san Martín, diácono y abad, al que san Félix, obispo de Nantes, envió para convertir a los paganos de la región (s. VI).
7. Cerca de Tongres, en el Brabante, de Austrasia, san Evergislo, obispo de Colonia y mártir, que en el ejercicio de su misión pastoral, mientras se dirigía a Poitiers, fue asesinado por unos malhechores (c. 590).
8. En Bretaña Menor, san Maglorio, que, discípulo de san Iltuto, sucedió a san Sansón como obispo de Dol y después llevó vida solitaria en la isla de Serk, según cuenta la tradición (c. 605).
9*. En Coutances, de Neustria, san Fromundo, obispo, que fundó el monasterio de monjas de Ham y ejerció sus funciones pastorales movido por el amor de Dios (s. VII).
10. En Hué, ciudad de Annam, san José Le Dang Thi, mártir, que, siendo militar, fue encarcelado por ser cristiano y en medio de los tormentos a que le sometieron no cedió en su fe, dando testimonio ante sus compañeros de prisión, por lo que acabó estrangulado en tiempo del emperador Tu Duc (1860).
11*. En la ciudad de Como, en Italia, beato Luis Guanella, presbítero, que fundó la Congregación de los Siervos de la Caridad y también la de las Hijas de Santa María de la Providencia, para atender a las necesidades de los desamparados y afligidos, y procurarles la salvación eterna (1915).
12*. En Ronco all’Adige, en la región de Verona, en Italia, beato José Baldo, presbítero, que, entregado al ministerio pastoral, fundó la Congregación de las Pequeñas Hijas de San José, para atender a los ancianos y a los enfermos, así como para educar a niños y jóvenes (1915).

domingo, 17 de septiembre de 2017

Domingo 22 octubre 2017, XXIX Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A.

SOBRE LITURGIA

Congregación para el Culto Divino
INSTRUCCIÓN "LITURGIAM AUTHENTICAM" (28 de marzo de 2001). 


II. LA TRADUCCIÓN DE TEXTOS LITÚRGICOS EN LENGUAS VERNÁCULAS

1. PRINCIPIOS GENERALES VÁLIDOS PARA TODA TRADUCCIÓN


19. Las palabras de la Sagrada Escritura, así como las otras que se pronuncian en las celebraciones litúrgicas, especialmente en la celebración de los sacramentos, no se dirigen en primer lugar a reflejar las disposiciones internas de los fieles, sino a expresar unas verdades que superan las fronteras del tiempo y del lugar. Mediante estas palabras, Dios habla siempre con la Esposa de su amado Hijo; el Espíritu Santo lleva a los fieles a la verdad plena y hace que la palabra de Cristo habite en ellos de forma abundante; y la Iglesia perpetúa y transmite todo lo que es y lo que cree, mientras eleva las oraciones de todos los fieles a Dios, por Cristo, y con la fuerza del Espíritu Santo. (19)

20. Los textos litúrgicos latinos del Rito Romano, mientras recogen la secular experiencia eclesial de trasmisión de la fe de la Iglesia recibida de los Padres, son, también, fruto de la renovación litúrgica que se ha realizado recientemente. Para conservar un patrimonio tan grande y rico, y para trasmitirlo a los siglos venideros, es necesario que la traducción de los textos litúrgicos de la Liturgia Romana sea, no tanto una labor de creación nueva, sino de traducción fiel y cuidada de los textos originales a las lenguas vernáculas. Aunque se conceda la facultad de componer las palabras y establecer la sintaxis y el estilo, para redactar un texto ágil en lengua vernácula y conforme al ritmo propio de la oración popular, es preciso que el texto original, en cuanto sea posible, sea traducido con total integridad y con la mayor exactitud: sin omisiones ni añadiduras, sin paráfrasis o glosas, en lo que respecta al contenido; las acomodaciones a la idiosincrasia de las diversas lenguas vernáculas es preciso que se realicen de manera sobria y prudente. (20)

21. Especialmente en las traducciones destinadas a pueblos que recientemente han recibido la fe en Cristo, es preciso, en fidelidad y correspondencia con el sentido del texto original, que en algunas ocasiones, los términos que están en el uso popular sean empleados de una manera diversa, que se formen nuevas palabras y locuciones, que los términos de los textos originales sean transliterados y adaptados a la pronunciación de la lengua vernácula (21) o se empleen modos de expresión que manifiesten íntegramente el sentido exacto de las expresiones latinas, aunque se distingan de las mismas por los términos y la sintaxis. Estas decisiones, especialmente cuando se trate de cuestiones de gran importancia, deben someterse a la deliberación de los Obispos interesados, antes de que sean introducidas en el texto definitivo. Además, se deben explicar detalladamente en la relación de la que se habla más abajo, en el n. 79. Se ha de tener suma cautela al introducir términos tomados de religiones paganas. (22)

[19] Cf. S Concilio Vaticano Segundo, Const. Sacrosanctum Concilium, n. 33; Dogm. Const. sobre la Revelación Divina, Dei Verbum, n. 8; cf. Missale Romanum, editio típica tertia: Institutio Generalis, n. 2.
[20] Cfr. el Consilium "para la aplicación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia", Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales, 21 de junio de 1967: Notitiae 3 (1967) 296; Secr. de Estado, Carta al Pro-Prefecto del Congr. para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 1 de febrero de 1997.
[21] Cf. Congr. para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instr., Varietates legitimae, 25 de enero de 1994, n. 53: AAS 87 (1995) 308.
[22] Ibid. n 39: AAS 87 (1995) 303.


CALENDARIO

22 + XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Misa
del Domingo (verde).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. dominical.
LECC.: vol. I (A).
- Is 45, 1. 4-6. Yo he tomado de la mano a Ciro, para doblegar ante él las naciones.
- Sal 95. R. Aclamad la gloria y el poder del Señor.
- 1 Tes 1, 1-5b. Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza.
- Mt 22, 15-21. Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Gracias a Ciro (un pagano) los israelitas pudieron volver a su tierra después de la cautividad de Babilonia (1 lect.). Dios va realizando sus planes de salvación incluso por medio de personas que no lo conocen o creen en Él. Por este motivo los cristianos rezamos por las autoridades y debemos cooperar en todo lo que sea bueno y justo, aunque a veces no sean creyentes. En esa línea Jesús nos dice en el Evangelio que demos al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Elegidos por Dios y movidos por el Espíritu Santo, hemos creído en el Evangelio. Demos gracias a Dios por ello (2 lect.).

* JORNADA MUNDIAL Y COLECTA POR LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS (pontificia: OMP). Liturgia del día (puede usarse el formulario «Por la evangelización de los pueblos», cf. OGMR, 374), alusión en la mon. de entrada y en la hom., intención en la orac. univ., colecta.
* Hoy no se permiten las Misas de difuntos, excepto la exequial.

Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 23 de octubre, pág. 627.
CALENDARIOS: Zaragoza y Dominicos: Dedicación de las iglesias en que se ignora su día (S).
Huesca: Aniversario de la muerte de Mons. Javier Osés Flamerique, obispo, emérito (2001).

TEXTOS MISA

XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO DOMINICA XXIX PER ANNUM
Antífona de entrada Sal 16, 6. 8
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 16, 6. 8
Ego clámavi, quóniam exaudísti me, Deus; inclína aurem tuam, et exáudi verba mea. Custódi me, Dómine, ut pupíllam óculi; sub umbra alárum tuárum prótege me.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excelsis
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, haz que te presentemos una voluntad solícita y estable, y sirvamos a tu grandeza con sincero corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, fac nos tibi semper et devótam gérere voluntátem, et maiestáti tuae sincéro corde servíre. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del XXIX Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A (Lec. I A).

PRIMERA LECTURA Is 41, 1. 4-6
Yo he tomado de la mano a Ciro, para doblegar ante él los naciones
Lectura del libro de Isaías.

Esto dice el Señor a su Ungido, a Ciro:
«Yo lo he tomado de la mano,
para doblegar ante él las naciones
y desarmar a los reyes,
para abrir ante él las puertas,
para que los portales no se cierren.
Por mi siervo Jacob,
por mi escogido Israel,
te llamé por tu nombre,
te di un título de honor,
aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro;
fuera de mí no hay dios.
Te pongo el cinturón,
aunque no me conoces,
para que sepan de Oriente a Occidente
que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor y no hay otro».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8a. 9-10ac (R.: 7b)
R.
Aclamad la gloria y el poder del Señor. Afférte Dómino glóriam et poténtiam.

V. Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R.
Aclamad la gloria y el poder del Señor. Afférte Dómino glóriam et poténtiam.

V. Porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles no son nada,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R.
Aclamad la gloria y el poder del Señor. Afférte Dómino glóriam et poténtiam.

V. Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R.
Aclamad la gloria y el poder del Señor. Afférte Dómino glóriam et poténtiam.

V. Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente». R.
Aclamad la gloria y el poder del Señor. Afférte Dómino glóriam et poténtiam.

SEGUNDA LECTURA 1 Tes 1, 1-5
Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses.

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones, pues sin cesar recordamos ante Dios, nuestro Padre, la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Flp 2, 15d. 16a
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Brilláis como lumbreras del mundo, manteniendo firme la palabra de la vida. R. Lucétis sicut luminária in mundo, verbum vitæ continéntes.

EVANGELIO Mt 22, 15-21
Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios
Lectura del santo evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas:
¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».
Le presentaron un denario.
Él les preguntó:
«De quién son esta imagen y esta inscripción?».
Le respondieron:
«Del César».
Entonces les replicó:
«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco
HOMILÍA, Conclusión del Sínodo. Beatificación de Pablo VI
Domingo 19 de octubre de 2014
Acabamos de escuchar una de las frases más famosas de todo el Evangelio: "Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mt 22, 21).
Jesús responde con esta frase irónica y genial a la provocación de los fariseos que, por decirlo de alguna manera, querían hacerle el examen de religión y ponerlo a prueba. Es una respuesta inmediata que el Señor da a todos aquellos que tienen problemas de conciencia, sobre todo cuando están en juego su conveniencia, sus riquezas, su prestigio, su poder y su fama. Y esto ha sucedido siempre.
Evidentemente, Jesús pone el acento en la segunda parte de la frase: "Y [dar] a Dios lo que es de Dios". Lo cual quiere decir reconocer y creer firmemente -frente a cualquier tipo de poder- que sólo Dios es el Señor del hombre, y no hay ningún otro. Ésta es la novedad perenne que hemos de redescubrir cada día, superando el temor que a menudo nos atenaza ante las sorpresas de Dios.
¡Él no tiene miedo de las novedades! Por eso, continuamente nos sorprende, mostrándonos y llevándonos por caminos imprevistos. Nos renueva, es decir, nos hace siempre "nuevos". Un cristiano que vive el Evangelio es "la novedad de Dios" en la Iglesia y en el mundo. Y a Dios le gusta mucho esta "novedad".
"Dar a Dios lo que es de Dios" significa estar dispuesto a hacer su voluntad y dedicarle nuestra vida y colaborar con su Reino de misericordia, de amor y de paz.
En eso reside nuestra verdadera fuerza, la levadura que fermenta y la sal que da sabor a todo esfuerzo humano contra el pesimismo generalizado que nos ofrece el mundo. En eso reside nuestra esperanza, porque la esperanza en Dios no es una huida de la realidad, no es un alibi: es ponerse manos a la obra para devolver a Dios lo que le pertenece. Por eso, el cristiano mira a la realidad futura, a la realidad de Dios, para vivir plenamente la vida -con los pies bien puestos en la tierra- y responder, con valentía, a los incesantes retos nuevos.
Lo hemos visto en estos días durante el Sínodo extraordinario de los Obispos -"sínodo" quiere decir "caminar juntos"-. Y, de hecho, pastores y laicos de todas las partes del mundo han traído aquí a Roma la voz de sus Iglesias particulares para ayudar a las familias de hoy a seguir el camino del Evangelio, con la mirada fija en Jesús. Ha sido una gran experiencia, en la que hemos vivido la sinodalidad y la colegialidad, y hemos sentido la fuerza del Espíritu Santo que guía y renueva sin cesar a la Iglesia, llamada, con premura, a hacerse cargo de las heridas abiertas y a devolver la esperanza a tantas personas que la han perdido.
Por el don de este Sínodo y por el espíritu constructivo con que todos han colaborado, con el Apóstol Pablo, "damos gracias a Dios por todos ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones" (1Ts 1, 2). Y que el Espíritu Santo que, en estos días intensos, nos ha concedido trabajar generosamente con verdadera libertad y humilde creatividad, acompañe ahora, en las Iglesias de toda la tierra, el camino de preparación del Sínodo Ordinario de los Obispos del próximo mes de octubre de 2015. Hemos sembrado y seguiremos sembrando con paciencia y perseverancia, con la certeza de que es el Señor quien da el crecimiento (cf. 1Co 3, 6).
En este día de la beatificación del Papa Pablo VI, me vienen a la mente las palabras con que instituyó el Sínodo de los Obispos: "Después de haber observado atentamente los signos de los tiempos, nos esforzamos por adaptar los métodos de apostolado a las múltiples necesidades de nuestro tiempo y a las nuevas condiciones de la sociedad" (Carta ap. Motu proprio Apostolica sollicitudo).
Contemplando a este gran Papa, a este cristiano comprometido, a este apóstol incansable, ante Dios hoy no podemos más que decir una palabra tan sencilla como sincera e importante: Gracias. Gracias a nuestro querido y amado Papa Pablo VI. Gracias por tu humilde y profético testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia.
El que fuera gran timonel del Concilio, al día siguiente de su clausura, anotaba en su diario personal: "Quizás el Señor me ha llamado y me ha puesto en este servicio no tanto porque yo tenga algunas aptitudes, o para que gobierne y salve la Iglesia de sus dificultades actuales, sino para que sufra algo por la Iglesia, y quede claro que Él, y no otros, es quien la guía y la salva" (P. Macchi, Paolo VI nella sua parola, Brescia 2001, 120-121). En esta humildad resplandece la grandeza del Beato Pablo VI que, en el momento en que estaba surgiendo una sociedad secularizada y hostil, supo conducir con sabiduría y con visión de futuro -y quizás en solitario- el timón de la barca de Pedro sin perder nunca la alegría y la fe en el Señor.
Pablo VI supo de verdad dar a Dios lo que es de Dios dedicando toda su vida a la "sagrada, solemne y grave tarea de continuar en el tiempo y extender en la tierra la misión de Cristo" (Homilía en el inicio del ministerio petrino, 30 junio 1963: AAS 55 [1963], 620), amando a la Iglesia y guiando a la Iglesia para que sea "al mismo tiempo madre amorosa de todos los hombres y dispensadora de salvación" (Carta enc. Ecclesiam Suam, Prólogo).

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
a los miembros de la Conferencia Episcopal Italiana
(...) deseo compartir con vosotros la solicitud que os anima con respecto al bien de Italia. Como afirmé en la encíclica Deus caritas est (n. 28-29), la Iglesia es muy consciente de que "es propia de  la  estructura fundamental del cristianismo la distinción entre lo que es del César y lo que es de Dios" (cf. Mt 22, 21), es decir, entre el Estado y la Iglesia, o sea, la autonomía de las realidades temporales, como subrayó el concilio Vaticano II en la Gaudium et spes.
La Iglesia no sólo reconoce y respeta esta distinción y autonomía, sino que también se alegra de ella, porque constituyen un gran progreso de la humanidad y una condición fundamental para su misma libertad y el cumplimiento de su misión universal de salvación entre todos los pueblos. Al mismo tiempo, y precisamente en virtud de esa misma misión de salvación, la Iglesia no puede faltar a su deber de purificar la razón mediante la propuesta de su doctrina social, argumentada "a partir de lo que es conforme a la naturaleza de todo ser humano", y de despertar las fuerzas morales y espirituales, abriendo la voluntad a las auténticas exigencias del bien.
Por su parte, una sana laicidad del Estado implica sin duda que las realidades temporales se rijan según sus normas propias, a las cuales, sin embargo, pertenecen también las instancias éticas que encuentran su fundamento en la esencia misma del hombre y, por tanto, remiten en definitiva al Creador. Por consiguiente, en las circunstancias actuales, recordando el valor que tienen para la vida, no sólo privada sino también y sobre todo pública, algunos principios éticos fundamentales, arraigados en la gran herencia cristiana de Europa, y en particular de Italia, no cometemos ninguna violación de la laicidad del Estado, sino que más bien contribuimos a garantizar y promover la dignidad de la persona y el bien común de la sociedad.
Amadísimos obispos italianos, tenemos la obligación de dar un claro testimonio sobre estos valores a todos nuestros hermanos en la humanidad:  con él no les imponemos cargas inútiles, sino que les ayudamos a avanzar por el camino de la vida y de la auténtica libertad. Os aseguro mi oración diaria por vosotros, por vuestras Iglesias y por toda la amada nación italiana, y os imparto con gran afecto la bendición apostólica a cada uno de vosotros, a vuestros sacerdotes y a cada familia italiana, especialmente a quienes más sufren y sienten con mayor fuerza la necesidad de la ayuda de Dios.

DIRECTORIO HOMILÉTICO
Ap. I. La homilía y el Catecismo de la Iglesia Católica
Ciclo A. Vigésimo noveno domingo del Tiempo Ordinario.
La participación en la esfera social
Artículo 2 LA PARTICIPACIÓN EN LA VIDA SOCIAL. I. LA AUTORIDAD
1897 "Una sociedad bien ordenada y fecunda requiere gobernantes, investidos de legítima autoridad, que defiendan las instituciones y consagren, en la medida suficiente, su actividad y sus desvelos al provecho común del país" (PT 46).
Se llama "autoridad" la cualidad en virtud de la cual personas o instituciones dan leyes y órdenes a los hombres y esperan la correspondiente obediencia.
1898 Toda comunidad humana necesita una autoridad que la rija (cf León XIII, enc. "Inmortale Dei"; enc. "Diuturnum illud"). Esta tiene su fundamento en la naturaleza humana. Es necesaria para la unidad de la sociedad. Su misión consiste en asegurar en cuanto sea posible el bien común de la sociedad.
1899 La autoridad exigida por el orden moral emana de Dios: "Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre sí mismos la condenación" (Rm 13, 1-2; cf 1P 2, 13-17).
1900 El deber de obediencia impone a todos la obligación de dar a la autoridad los honores que le son debidos, y de rodear de respeto y, según su mérito, de gratitud y de benevolencia a las personas que la ejercen.
La más antigua oración de la Iglesia por la autoridad política tiene como autor a S. Clemente Romano:
"Concédeles, Señor, la salud, la paz, la concordia, la estabilidad, para que ejerzan sin tropiezo la soberanía que tú les has entregado. Eres tú, Señor, rey celestial de los siglos, quien da a los hijos de los hombres gloria, honor y poder sobre las cosas de la tierra. Dirige, Señor, su consejo según lo que es bueno, según lo que es agradable a tus ojos, para que ejerciendo con piedad, en la paz y la mansedumbre, el poder que les has dado, te encuentren propicio" (S. Clemente Romano, Cor. 61, 1 - 2).
1901 Si la autoridad responde a un orden fijado por Dios, "la determinación del régimen y la designación de los gobernantes han de dejarse a la libre voluntad de los ciudadanos" (GS 74, 3).
La diversidad de los regímenes políticos es moralmente admisible con tal que promuevan el bien legítimo de la comunidad que los adopta. Los regímenes cuya naturaleza es contraria a la ley natural, al orden público y a los derechos fundamentales de las personas, no pueden realizar el bien común de las naciones a las que se han impuesto.
1902 La autoridad no saca de sí misma su legitimidad moral. No debe comportarse de manera despótica, sino actuar para el bien común como una "fuerza moral, que se basa en la libertad y en la conciencia de la tarea y obligaciones que ha recibido" (GS 74, 2).
"La legislación humana sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón; lo cual dice que recibe su vigor de la ley eterna. En la medida en que ella se apartase de la razón, sería preciso declararla injusta, pues no verificaría la noción de ley; sería más bien una forma de violencia" (S. Tomás de Aquino, s. th. 1 - 2, 93, 3 ad 2).
1903 La autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común del grupo considerado y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos. Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia. "En semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa" (PT 51).
1904 "Es preferible que un poder esté equilibrado por otros poderes y otras esferas de competencia que lo mantengan en su justo límite. Es este el principio del `Estado de derecho' en el cual es soberana la ley y no la voluntad arbitraria de los hombres" (CA 44).
II. EL BIEN COMÚN
1905 Conforme a la naturaleza social del hombre, el bien de cada uno está necesariamente relacionado con el bien común. Este sólo puede ser definido con referencia a la persona humana:
"No viváis aislados, cerrados en vosotros mismos, como si estuvieseis ya justificados sino reuníos para buscar juntos lo que constituye el interés común" (Bernabé, ep. 4, 10).
1906 Por bien común, es preciso entender "el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección" (GS 26, 1; cf GS 74, 1). El bien común afecta a la vida de todos. Exige la prudencia por parte de cada uno, y más aún por la de aquellos que ejercen la autoridad. Comporta tres elementos esenciales:
1907 Supone, en primer lugar, el respeto a la persona en cuanto tal. En nombre del bien común, las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. La sociedad debe permitir a cada uno de sus miembros realizar su vocación. En particular, el bien común reside en las condiciones de ejercicio de las libertades naturales que son indispensables para el desarrollo de la vocación humana: "derecho a… actuar de acuerdo con la recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad, también en materia religiosa" (GS 26, 2).
1908 En segundo lugar, el bien común exige el bienestar social y el desarrollo del grupo mismo. El desarrollo es el resumen de todos los deberes sociales. Ciertamente corresponde a la autoridad decidir, en nombre del bien común, entre los diversos intereses particulares; pero debe facilitar a cada uno lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana: alimento, vestido, salud, trabajo, educación y cultura, información adecuada, derecho de fundar una familia, etc. (cf. GS 26, 2).
1909 El bien común implica, finalmente, la paz, es decir, la estabilidad y la seguridad de un orden justo. Supone, por tanto, que la autoridad asegura, por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus miembros, y fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y colectiva.
1910 Si toda comunidad humana posee un bien común que la configura en cuanto tal, la realización más completa de este bien común se verifica en la comunidad política. Corresponde al Estado defender y promover el bien común de la sociedad civil, de los ciudadanos y de las corporaciones intermedias.
1911 Las dependencias humanas se intensifican. Se extienden poco a poco a la tierra entera. La unidad de la familia humana que agrupa a seres que poseen una misma dignidad natural, implica un bien común universal. Este requiere una organización de la comunidad de naciones capaz de "proveer a las diferentes necesidades de los hombres, tanto en los campos de la vida social a los que pertenecen la alimentación, la sanidad, la educación… como no pocas situaciones particulares que pueden surgir en algunas partes, como son… socorrer en sus sufrimientos a los prófugos dispersos por todo el mundo o de ayudar a los emigrantes y a sus familias" (GS 84, 2)
1912 El bien común está siempre orientado hacia el progreso de las personas: "El orden social y su progreso deben subordinarse al bien de las personas… y no al contrario" (GS 26, 3). Este orden tiene por base la verdad, se edifica en la justicia, es vivificado por el amor.
III. RESPONSABILIDAD Y PARTICIPACIÓN
1913 La participación es el compromiso voluntario y generoso de la persona en las tareas sociales. Es necesario que todos participen, cada uno según el lugar que ocupa y el papel que desempeña, en promover el bien común. Este deber es inherente a la dignidad de la persona humana.
1914 La participación se realiza primero en la dedicación a campos cuya responsabilidad personal se asume: por la atención prestada a la educación de su familia, por la conciencia en su trabajo, el hombre participa en el bien de los otros y de la sociedad (cf CA 43).
1915 Los ciudadanos deben cuanto sea posible tomar parte activa en la vida pública. Las modalidades de esta participación pueden variar de un país a otro o de una cultura a otra. "Es de alabar la conducta de las naciones en las que la mayor parte posible de los ciudadanos participa con verdadera libertad en la vida pública" (GS 31, 3).
1916 La participación de todos en la promoción del bien común implica, como todo deber ético, una conversión, renovada sin cesar, de los miembros de la sociedad. El fraude y otros subterfugios mediante los cuales algunos escapan a la obligación de la ley y a las prescripciones del deber social deben ser firmemente condenados por incompatibles con las exigencias de la justicia. Es preciso ocuparse del desarrollo de instituciones que mejoran las condiciones de la vida humana (cf GS 30, 1).
1917 Corresponde a los que ejercen la autoridad reafirmar los valores que engendran confianza en los miembros del grupo y los estimulan a ponerse al servicio de sus semejantes. La participación comienza por la educación y la cultura. "Podemos pensar, con razón, que la suerte futura de la humanidad está en manos de aquellos que sean capaces de transmitir a las generaciones venideras razones para vivir y para esperar" (GS 31, 3).
Los deberes de los ciudadanos
2238 Los que están sometidos a la autoridad deben mirar a sus superiores como representantes de Dios que los ha instituido ministros de sus dones (cf Rm 13, 1 - 2): "Sed sumisos, a causa del Señor, a toda institución humana… Obrad como hombres libres, y no como quienes hacen de la libertad un pretexto para la maldad, sino como siervos de Dios" (1P 2, 13. 16). Su colaboración leal entraña el derecho, a veces el deber, de ejercer una justa reprobación de lo que les parece perjudicial para la dignidad de las personas o el bien de la comunidad.
2239 Deber de los ciudadanos es contribuir con la autoridad civil al bien de la sociedad en un espíritu de verdad, justicia, solidaridad y libertad. El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad. La sumisión a las autoridades legítimas y el servicio del bien común exigen de los ciudadanos que cumplan con su responsabilidad en la vida de la comunidad política.
2240 La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen moralmente el pago de los impuestos, el ejercicio del derecho al voto, la defensa del país:
"Dad a cada cual lo que se le debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor" (Rm 13, 7).
"Los cristianos residen en su propia patria, pero como extranjeros domiciliados. Cumplen todos sus deberes de ciudadanos y soportan todas sus cargas como extranjeros… Obedecen a las leyes establecidas, y su manera de vivir está por encima de las leyes… Tan noble es el puesto que Dios les ha asignado, que no les está permitido desertar" (Epístola a Diogneto, 5, 5. 10; 6, 10).
El apóstol nos exhorta a ofrecer oraciones y acciones de gracias por los reyes y por todos los que ejercen la autoridad, "para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad" (1Tm 2, 2).
2241 Las naciones más prósperas tienen obligación de acoger, en cuanto sea posible, al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no puede encontrar en su país de origen. Los poderes públicos deben velar para que se respete el derecho natural que coloca al huésped bajo la protección de quienes lo reciben.
Las autoridades civiles, atendiendo al bien común de aquellos que tienen a su cargo, pueden subordinar el ejercicio del derecho de inmigración a diversas condiciones jurídicas, especialmente en lo que concierne a los deberes de los emigrantes respecto al país de adopción. El inmigrante está obligado a respetar con gratitud el patrimonio material y espiritual del país que lo acoge, a obedecer sus leyes y contribuir a sus cargas.
2242 El ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando estos preceptos son contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del evangelio. El rechazo de la obediencia a las autoridades civiles, cuando sus exigencias son contrarias a las de la recta conciencia, tiene su justificación en la distinción entre el servicio de Dios y el servicio de la comunidad política. "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mt 22, 21). "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch 5, 29):
"Cuando la autoridad pública, excediéndose en sus competencias, oprime a los ciudadanos, éstos no deben rechazar las exigencias objetivas del bien común; pero les es lícito defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de esta autoridad, guardando los límites que señala la ley natural y evangélica" (GS 74, 5).
2243 La resistencia a la opresión de quienes gobiernan no podrá recurrir legítimamente a las armas sino cuando se reúnan las condiciones siguientes: (1) en caso de violaciones ciertas, graves y prolongadas de los derechos fundamentales; (2) después de haber agotado todos los otros recursos; (3) sin provocar desórdenes peores; (4) que haya esperanza fundada de éxito; (5) si es imposible prever razonablemente soluciones mejores.

San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios
155 La prudencia, virtud necesaria
En el pasaje del Evangelio de San Mateo, que trae la Misa de hoy, leemos: tunc abeuntes pharisaei, consilium inierunt ut caperent eum in sermone (Mt 22, 15); se reunieron los fariseos, con el fin de tratar entre ellos cómo podían sorprender a Jesús en lo que hablase. No olvidéis que ese sistema de los hipócritas es una táctica corriente también en estos tiempos; pienso que la mala hierba de los fariseos no se extinguirá jamás en el mundo: siempre ha tenido una fecundidad prodigiosa. Quizá el Señor tolera que crezca, para hacernos prudentes a nosotros, sus hijos; porque la virtud de la prudencia resulta imprescindible a cualquiera que se halle en situación de dar criterio, de fortalecer, de corregir, de encender, de alentar. Y precisamente así, como apóstol, tomando ocasión de las circunstancias de su quehacer ordinario, ha de actuar un cristiano con los que le rodean.
Alzo en este momento mi corazón a Dios y pido, por mediación de la Virgen Santísima -que está en la Iglesia, pero sobre la Iglesia: entre Cristo y la Iglesia, para proteger, para reinar, para ser Madre de los hombres, como lo es de Jesús Señor Nuestro-; pido que nos conceda esa prudencia a todos, y especialmente a los que, metidos en el torrente circulatorio de la sociedad, deseamos trabajar por Dios: verdaderamente nos conviene aprender a ser prudentes.
156 Continúa la escena evangélica: y enviaron discípulos suyos -de los fariseos- con algunos herodianos que le dijeron: Maestro (Mt 22, 16). Mirad con qué retorcimiento le llaman Maestro; se fingen admiradores y amigos, le dispensan un tratamiento que se reserva a la autoridad de la que se espera recibir una enseñanza. Magister, scimus quia verax es (Ibidem), sabemos que eres veraz..., ¡qué astucia tan infame! ¿Habéis visto doblez mayor? Andad por este mundo con cuidado. No seáis cautelosos, desconfiados; sin embargo, debéis sentir sobre vuestros hombros -recordando aquella imagen del Buen Pastor que aparece en las catacumbas- el peso de esa oveja, que no es un alma sola, sino la Iglesia entera, la humanidad entera.
Al aceptar con garbo esta responsabilidad, seréis audaces y seréis prudentes para defender y proclamar los derechos de Dios. Y entonces, por la entereza de vuestro comportamiento, muchos os considerarán y os llamarán maestros, sin pretenderlo vosotros: que no buscamos la gloria terrena. Pero no os extrañéis si, entre tantos que se os acerquen, se insinúan esos que únicamente pretenden adularos. Grabad en vuestras almas lo que me habéis oído repetidas veces: ni las calumnias, ni las murmuraciones, ni los respetos humanos, ni el qué dirán, y mucho menos las alabanzas hipócritas, han de impedirnos jamás cumplir nuestro deber.
157 ¿Os acordáis de la parábola del buen samaritano? Ha quedado aquel hombre tumbado en el camino, malherido por los ladrones que le han robado hasta el último céntimo. Cruzan por ese lugar un sacerdote de la Antigua Ley y, poco después, un levita; los dos siguen su marcha sin preocuparse. Pasó a continuación un viajero, de nación samaritana, se acercó y, viendo lo que sucedía, se movió a compasión. Arrimándose, vendó las heridas después de haberlas limpiado con aceite y vino, puso al enfermo sobre su cabalgadura, le condujo al mesón y cuidó de él en todo (Lc 10, 33-34). Fijaos en que no es éste un ejemplo que el Señor expone sólo para pocas almas selectas, porque enseguida añadió, contestando al que le había preguntado -a cada uno de nosotros-: anda, y haz tú lo mismo (Lc 10, 37).
Por lo tanto, cuando en nuestra vida personal o en la de los otros advirtamos algo que no va, algo que necesita del auxilio espiritual y humano que podemos y debemos prestar los hijos de Dios, una manifestación clara de prudencia consistirá en poner el remedio oportuno, a fondo, con caridad y con fortaleza, con sinceridad. No caben las inhibiciones. Es equivocado pensar que con omisiones o con retrasos se resuelven los problemas.
La prudencia exige que, siempre que la situación lo requiera, se emplee la medicina, totalmente y sin paliativos, después de dejar al descubierto la llaga. Al notar los menores síntomas del mal, sed sencillos, veraces, tanto si habéis de curar como si habéis de recibir esa asistencia. En esos casos se ha de permitir, al que se encuentra en condiciones de sanar en nombre de Dios, que apriete desde lejos, y a continuación más cerca, y más cerca, hasta que salga todo el pus, de modo que el foco de infección acabe bien limpio. En primer lugar hemos de proceder así con nosotros mismos, y con quienes, por motivos de justicia o de caridad, tenemos obligación de ayudar: encomiendo especialmente a los padres, y a los que se dedican a tareas de formación y de enseñanza.
158 Los respetos humanos
Que no os detenga ninguna razón hipócrita: aplicad la medicina neta. Pero obrad con mano maternal, con la delicadeza infinita de nuestras madres, mientras nos curaban las heridas grandes o pequeñas de nuestros juegos y tropezones infantiles. Cuando es preciso esperar unas horas, se espera; nunca más tiempo del imprescindible, ya que otra actitud entrañaría comodidad, cobardía, cosa bien distinta de la prudencia. Rechazad todos, y principalmente los que os encargáis de formar a otros, el miedo a desinfectar la herida.
Es posible que alguno susurre arteramente al oído de aquellos que deben curar, y no se deciden o no quieren enfrentarse con su misión: Maestro, sabemos que eres veraz... (Mt 22, 16). No toleréis el irónico elogio: los que no se esfuerzan en llevar a cabo con diligencia su tarea, ni son maestros, porque no enseñan el camino auténtico; ni son verdaderos, pues con su falsa prudencia toman como exageración o desprecian las normas claras, mil veces probadas por la recta conducta, por la edad, por la ciencia del buen gobierno, por el conocimiento de la flaqueza humana y por el amor a cada oveja, que empujan a hablar, a intervenir, a demostrar interés.
A los falsos maestros les domina el miedo de apurar la verdad; les desasosiega la sola idea -la obligación- de recurrir al antídoto doloroso en determinadas circunstancias. En una actitud semejante -convenceos- no hay prudencia, ni piedad, ni cordura; esa postura refleja apocamiento, falta de responsabilidad, insensatez, necedad. Son los mismos que después, presas del pánico por el desastre, pretenden atajar el mal cuando ya es tarde. No se acuerdan de que la virtud de la prudencia exige recoger y transmitir a tiempo el consejo reposado de la madurez, de la experiencia antigua, de la vista limpia, de la lengua sin ataduras.
159 Sigamos el relato de San Mateo: sabemos que eres veraz, y enseñas el camino de Dios conforme a la pura verdad (Ibidem). Nunca acabo de sorprenderme ante este cinismo. Se mueven con la intención de retorcer las palabras de Jesús Señor Nuestro, de cogerle en algún descuido y, en lugar de exponer llanamente lo que ellos consideraban como un nudo insoluble, intentan aturdir al Maestro con alabanzas que sólo deberían salir de labios adictos, de corazones rectos. Me paro de intento en estos matices, para que aprendamos a no ser recelosos, pero sí prudentes; para que no aceptemos el fraude del fingimiento, aunque aparezca revestido de frases o de gestos que en sí mismos responden a la realidad, como sucede en el pasaje que estamos contemplando: Tú no haces distinción, le dicen; Tú has venido para todos los hombres; a Ti, nada te detiene para proclamar la verdad y enseñar el bien (Cfr. Mt 22, 16).
Repito: prudentes, sí; cautelosos, no. Conceded la más absoluta confianza a todos, sed muy nobles. Para mí, vale más la palabra de un cristiano, de un hombre leal -me fío enteramente de cada uno-, que la firma auténtica de cien notarios unánimes, aunque quizá en alguna ocasión me hayan engañado por seguir este criterio. Prefiero exponerme a que un desaprensivo abuse de esa confianza, antes de despojar a nadie del crédito que merece como persona y como hijo de Dios. Os aseguro que nunca me han defraudado los resultados de este modo de proceder.
160 Actuar con rectitud
Si en cada momento no sacamos del Evangelio consecuencias para la vida actual, es que no lo meditamos suficientemente. Sois jóvenes muchos; otros habéis entrado ya en la madurez. Todos queréis, queremos -si no, no estaríamos aquí-, producir buenos frutos. Intentamos poner, en la conducta nuestra, el espíritu de sacrificio, el afán de negociar con el talento que el Señor nos ha confiado, porque sentimos el celo divino por las almas. Pero no sería la primera vez que, a pesar de tanta buena voluntad, alguno cayera en la trampa de esa mezcla -ex pharisaeis et herodianis (Mc 12, 13)- compuesta quizá por los que, de un modo o de otro, por ser cristianos deberían defender los derechos de Dios y, en cambio, aliados y confundidos con los intereses de las fuerzas del mal, cercan insidiosamente a otros hermanos en la fe, a otros servidores del mismo Redentor.
Sed prudentes y obrad siempre con sencillez, virtud tan propia del buen hijo de Dios. Mostraos naturales en vuestro lenguaje y en vuestra actuación. Llegad al fondo de los problemas; no os quedéis en la superficie. Mirad que hay que contar por anticipado con el disgusto ajeno y con el propio, si deseamos de veras cumplir santamente y con hombría de bien nuestras obligaciones de cristianos.
161 No os oculto que, cuando he de corregir o de adoptar una decisión que causará pena, padezco antes, mientras y después: y no soy un sentimental. Me consuela pensar que sólo las bestias no lloran: lloramos los hombres, los hijos de Dios. Entiendo que en determinados momentos también vosotros tendréis que pasarlo mal, si os esforzáis en llevar a cabo fielmente vuestro deber. No me olvidéis que resulta más cómodo -pero es un descamino- evitar a toda costa el sufrimiento, con la excusa de no disgustar al prójimo: frecuentemente, en esa inhibición se esconde una vergonzosa huida del propio dolor, ya que de ordinario no es agradable hacer una advertencia seria. Hijos míos, acordaos de que el infierno está lleno de bocas cerradas.
Me escuchan ahora varios médicos. Perdonad mi atrevimiento si vuelvo a tomar un ejemplo de la medicina; quizá se me escape algún disparate, pero la comparación ascética va. Para curar una herida, primero se limpia bien, también alrededor, desde bastante distancia. De sobra sabe el cirujano que duele; pero, si omite esa operación, más dolerá después. Además, se pone enseguida el desinfectante: escuece -pica, decimos en mi tierra-, mortifica, y no cabe otro remedio que usarlo, para que la llaga no se infecte.
Si para la salud corporal es obvio que se han de adoptar estas medidas, aunque se trate de escoriaciones de poca categoría, en las cosas grandes de la salud del alma -en los puntos neurálgicos de la vida de un hombre-, ¡fijaos si habrá que lavar, si habrá que sajar, si habrá que pulir, si habrá que desinfectar, si habrá que sufrir! La prudencia nos exige intervenir de este modo y no rehuir el deber, porque soslayarlo demostraría una falta de consideración, e incluso un atentado grave contra la justicia y contra la fortaleza.
Persuadíos de que un cristiano, si de veras pretende actuar rectamente, cara a Dios y cara a los hombres, necesita de todas las virtudes, por lo menos en potencia. Padre, me preguntaréis: ¿y de mis flaquezas, qué? Os responderé: ¿acaso no cura un médico que esté enfermo, aun cuando el trastorno que le aqueja sea crónico?; ¿le impedirá su enfermedad prescribir a otros enfermos la receta adecuada? Claro que no: para curar, le basta poseer la ciencia oportuna y ponerla en práctica, con el mismo interés con el que combate su propia dolencia.
162 El colirio de la propia debilidad
Vosotros, como yo, os encontraréis a diario cargados con muchos errores, si os examináis con valentía en la presencia de Dios. Cuando se lucha por quitarlos, con la ayuda divina, carecen de decisiva importancia y se superan, aunque parezca que nunca se consigue desarraigarlos del todo. Además, por encima de esas debilidades, tú contribuirás a remediar las grandes deficiencias de otros, siempre que te empeñes en corresponder a la gracia de Dios. Al reconocerte tan flaco como ellos -capaz de todos los errores y de todos los horrores-, serás más comprensivo, más delicado y, al mismo tiempo, más exigente para que todos nos decidamos a amar a Dios con el corazón entero.
Los cristianos, los hijos de Dios, hemos de asistir a los demás llevando a la práctica con honradez lo que aquellos hipócritas musitaban aviesamente al Maestro: no miras a la calidad de las personas (Mt 22, 16). Es decir, rechazaremos por completo la acepción de personas -¡nos interesan todas las almas!-, aunque, lógicamente, hayamos de comenzar por ocuparnos de las que por una circunstancia o por otra -también por motivos sólo humanos, en apariencia- Dios ha colocado a nuestro lado.
163 Et viam Dei in veritate doces (Ibidem); enseñar, enseñar, enseñar: mostrar los caminos de Dios conforme a la pura verdad. No ha de asustarte que vean tus defectos personales, los tuyos y los míos; yo tengo el prurito de publicarlos, contando mi lucha personal, mi afán de rectificar en este o en aquel punto de mi pelea para ser leal al Señor. El esfuerzo para desterrar y vencer esas miserias será ya un modo de indicar los senderos divinos: primero, y a pesar de nuestros errores visibles, con el testimonio de la vida nuestra; luego, con la doctrina, como Nuestro Señor, que coepit facere et docere (Hch 1, 1), comenzó por las obras, y más tarde se dedicó a predicar.
Después de confirmaros que este sacerdote os quiere mucho y que el Padre del Cielo os quiere más, porque es infinitamente bueno, infinitamente Padre; después de manifestaros que nada os puedo echar en cara, sí considero que he de ayudaros a amar a Jesucristo y a la Iglesia, su rebaño, porque en esto pienso que no me ganáis: me emuláis, pero no me ganáis. Cuando señalo algún error en mi predicación o en las charlas personales con cada uno, no es por hacer sufrir; me mueve exclusivamente el afán de que amemos más al Señor. Y, al insistiros en la necesidad de practicar las virtudes, no pierdo de vista que a mí esa necesidad me urge también.
164 En cierta ocasión, oí comentar a un desaprensivo que la experiencia de los tropiezos sirve para volver a caer, en el mismo error, cien veces. Yo os digo, en cambio, que una persona prudente aprovecha esos reveses para escarmentar, para aprender a obrar el bien, para renovarse en la decisión de ser más santo. De la experiencia de vuestros fracasos y triunfos en el servicio de Dios, sacad siempre, con el crecimiento del amor, una ilusión más firme de proseguir en el cumplimiento de vuestros deberes y derechos de ciudadanos cristianos, cueste lo que cueste: sin cobardías, sin rehuir ni el honor ni la responsabilidad, sin asustarnos ante las reacciones que se alcen a nuestro alrededor -quizá provenientes de falsos hermanos-, cuando noble y lealmente tratamos de buscar la gloria de Dios y el bien de los demás.
Luego hemos de ser prudentes. ¿Para qué? Para ser justos, para vivir la caridad, para servir eficazmente a Dios y a todas las almas. Con gran razón a la prudencia se le ha llamado genitrix virtutum (S. Tomás de Aquino, In III Sententiarum, dist. 33, q. 2, a. 5), madre de las virtudes, y también auriga virtutum (S. Bernardo, Sermones in Cantica Canticorum, 49, 5 (PL 183, 1018), conductora de todos los hábitos buenos.
165 A cada uno lo suyo
Leed con atención la escena evangélica, para aprovechar esas estupendas lecciones de las virtudes que han de iluminar nuestro modo de proceder. Acabado el preámbulo hipócrita y adulador, los fariseos y herodianos plantean su problema: qué te parece esto: ¿es lícito o no pagar tributo al César? (Mt 22, 17). Notad ahora -escribe San Juan Crisóstomo- su astucia; porque no le dicen: explícanos qué es lo bueno, lo conveniente, lo lícito, sino dinos qué te parece. Estaban obsesionados en traicionarle y hacerle odioso al poder político (S. Juan Crisóstomo, In Matthaeum homiliae, 70, 1 (PG 58, 656). Pero Jesús, conociendo su malicia, respondió: ¿por qué me tentáis, hipócritas? Enseñadme la moneda con que se paga el tributo. Y ellos le mostraron un denario. Jesús les preguntó: ¿de quién es esta imagen y esta inscripción? Le respondieron: de César. Entonces les replicó: pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios (Mt 22, 18-21).
Ya veis que el dilema es antiguo, como clara e inequívoca es la respuesta del Maestro. No hay -no existe- una contraposición entre el servicio a Dios y el servicio a los hombres; entre el ejercicio de nuestros deberes y derechos cívicos, y los religiosos; entre el empeño por construir y mejorar la ciudad temporal, y el convencimiento de que pasamos por este mundo como camino que nos lleva a la patria celeste.
También aquí se manifiesta esa unidad de vida que -no me cansaré de repetirlo- es una condición esencial, para los que intentan santificarse en medio de las circunstancias ordinarias de su trabajo, de sus relaciones familiares y sociales. Jesús no admite esa división: ninguno puede servir a dos señores, porque o tendrá aversión al uno y amor al otro, o si se sujeta al primero, mirará con desdén al segundo (Mt 6, 24). La elección exclusiva que de Dios hace un cristiano, cuando responde con plenitud a su llamada, le empuja a dirigir todo al Señor y, al mismo tiempo, a dar también al prójimo todo lo que en justicia le corresponde.
166 No cabe escudarse en razones aparentemente piadosas, para expoliar a los otros de aquello que les pertenece: si alguno dice: sí, yo amo a Dios, al paso que aborrece a su hermano, es un mentiroso (1Jn 4, 20). Pero también se engaña el que regatea al Señor el amor y la reverencia -la adoración- que le son debidos como Creador y Padre Nuestro; y el que se niega a obedecer a sus mandamientos, con la falsa excusa de que alguno resulta incompatible con el servicio a los hombres, pues claramente advierte San Juan que en esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, si amamos a Dios y guardamos sus mandamientos. Porque el amor de Dios consiste en que observemos sus mandatos; y sus mandatos no son pesados (1Jn 5, 2-3).
Quizá oiréis a muchos -¡en nombre de la funcionalidad, cuando no de la caridad!- que peroran y se inventan teorías, con el fin de recortar las muestras de respeto y de homenaje a Dios. Todo lo que sea para honrar al Señor les parece excesivo. No les hagáis caso: vosotros continuad vuestro camino. Esas elucubraciones se limitan a controversias que a nada conducen, como no sea a escandalizar a las almas y a impedir que se cumpla el precepto de Jesucristo, de entregar a cada uno lo suyo, de practicar con delicada entereza la virtud santa de la justicia.

Se dice Credo. Dicitur Credo.
Oración de los fieles
233. Confiados en Dios, que cuida con solicitud de todo lo que ha creado, presentémosle nuestras necesidades.
- Por la Iglesia, por los que la odian y persiguen: para que anuncie sin cesar que el amor es más fuerte que el odio y testimonie la misericordia que ella experimenta de Dios Padre. Roguemos al Señor.
- Por todos los pueblos de la tierra: para que se afiancen sentimientos de mutuo acercamiento, aceptación y sincera colaboración. Roguemos al Señor.
- Por los perseguidos, los privados de libertad, los enfermos, moribundos, tristes, abatidos, por todos los que padecen algún mal. Roguemos al Señor.
- Por nosotros mismos: para que el amor crezca sin cesar y cada vez más desterremos de nuestras vidas la enemistad, las rencillas el rencor. Roguemos al Señor.
Padre, que nos perdonas sin cesar; concédenos crecer en el amor para poder ser en verdad hijos tuyos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Concédenos, Señor, estar al servicio de tus dones con un corazón libre, para que, con la purificación de tu gracia, nos sintamos limpios por los mismos misterios que celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Tríbue nos, Dómine, quaesumus, donis tuis líbera mente servíre, ut, tua purificánte nos grátia, iísdem quibus famulámur mystériis emundémur. Per Christum.
PREFACIO III DOMINICAL DEL TIEMPO ORDINARIO
El hombre salvado por un hombre
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque reconocemos como obra de tu poder admirable no sólo socorrer a los mortales con tu divinidad, sino haber previsto el remedio en nuestra misma condición humana, y de lo que era nuestra ruina haber hecho nuestra salvación, por Cristo, Señor nuestro.
Por él, los coros de los ángeles adoran tu gloria eternamente, gozosos en tu presencia. Permítenos asociarnos a sus voces cantando con ellos tu alabanza:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO III DE DOMINICIS PER ANNUM
De salvatione hominis per hominem
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Ad cuius imménsam glóriam pertinére cognóscimus ut mortálibus tua deitáte succúrreres; sed et nobis providéres de ipsa mortalitáte nostra remédium, et pérditos quosque unde períerant, inde salváres, per Christum Dóminum nostrum.
Per quem maiestátem tuam adórat exércitus Angelórum, ante conspéctum tuum in aeternitáte laetántium. Cum quibus et nostras voces ut admítti iúbeas, deprecámur, sócia exsultatióne dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARÍSTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de la comunión Sal 32, 18-19
Los ojos del Señor están puestos quien lo teme, en los que esperan su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
O bien: Mc 10, 45
El Hijo del hombre ha venido para dar su vida en rescate por muchos.
Antiphona ad communionem Cf. Ps 32, 18-19
Ecce óculi Dómini super timéntes eum, et in eis qui sperant super misericórdia eius; ut éruat a morte ánimas eórum, et alat eos in fame.
Vel: Mc 10, 45
Fílius hóminis venit, ut daret ánimam suam redemptiónem pro multis.
Oración después de la comunión
Señor, haz que nos sea provechosa la celebración de las realidades del cielo, para que nos auxilien los bienes temporales y seamos instruidos por los eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Fac nos, quaesumus, Dómine, caeléstium rerum frequentatióne profícere, ut et temporálibus benefíciis adiuvémur, et erudiámur aetérnis. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 23 de octubre
S
an Juan de Capistrano
, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, que luchó en favor de la disciplina regular, estuvo al servicio de la fe y costumbres católicas en casi toda Europa, y con sus exhortaciones y plegarias sustentó el fervor del pueblo fiel, defendiendo también la libertad de los cristianos. En la localidad de Ujlak, junto al Danubio, en el reino de Hungría, descansó en el Señor (1456).
2. Cerca de Gades (hoy Cádiz), en la provincia hispánica de Bética, santos Servando y Germán, mártires en la persecución bajo el emperador Diocleciano (s. IV).
3. En Antioquía, de Siria, san Teodoreto, presbítero y mártir, que, según narra la tradición, fue apresado por Julián el Apóstata, regente de Oriente y, por persistir en la confesión de la fe cristiana, fue martirizado (c. 362).
4. En la ciudad de Colonia, en Germania, conmemoración de san Severino, obispo, digno de alabanza por sus virtudes (c. 400).
5*. En Pavía, de la provincia de Liguria, conmemoración de san Severino Boecio, mártir, insigne por su ciencia y sus escritos, que estando encarcelado compuso un tratado sobre la consolación de la filosofía y sirvió a Dios con fidelidad hasta la muerte que le infligió el rey Teodorico (524).
6*. En Siracusa, ciudad de Sicilia, san Juan, obispo, de quien el papa san Gregorio I Magno alabó las costumbres, la justicia, la sabiduría, el modo de aconsejar y el cuidado de los bienes de la Iglesia (c. 609).
7. En Rouen, de Neustria, san Román, obispo, que abatió los símbolos de los paganos que eran aún venerados en su ciudad, convenció a los buenos a mejorar y a los malos a abandonar su modo de actuar (c. 644).
8. En la región de Herbauge, cerca de Poitiers, en Aquitania, de la Galia, san Benito, presbítero (ante s. IX).
9. En Constantinopla, san Ignacio, obispo, que, por haber reprendido al césar Bardas por el repudio de su legítima esposa, fue objeto de injurias y desterrado. Restituido a su sede por intervención del papa san Nicolás I, descansó en la paz del Señor (877).
10*. En Rumsey, en Inglaterra, santa Etelfleda, que, aún adolescente, se consagró al Señor en el monasterio fundado por su padre Etelwodo y, elegida abadesa, lo gobernó durante largos años hasta su muerte (s. X).
11*. En Campugliano, de la Toscana, san Alucio, pacífico hacedor de bien hacia los pobres y peregrinos y liberador de cautivos (1134).
12*. En Mantua, ciudad de la Lombardía, beato Juan Bono, eremita, que, siendo joven, abandonó a su madre y vagó por diversas partes de Italia, haciendo de malabarista y comediante. A los cuarenta años, con motivo de una enfermedad, prometió a Dios abandonar el mundo para darse a Cristo y a la Iglesia en el amor y la penitencia, fundando una congregación a la que dio la Regla de san Agustín (1249).
13*. En Milán, también de la Lombardía, beato Juan Ángel Porro, presbítero de la Orden de los Siervos de María, que, siendo prior del convento, todos los días festivos estaba en la puerta de la iglesia o recorría las calles, para reunir a los niños y enseñarles la doctrina cristiana (1505).
14*. En York, en Inglaterra, beato Tomás Thwing, presbítero y mártir, que, acusado falsamente de conspiración, por orden del rey Carlos II fue ahorcado y descuartizado, alcanzando así la palma del martirio (1680).
15*. En Valenciennes, en Francia, beatas María Clotilde Ángela de San Francisco de Borgia (Clotilde Josefa) Paillot y sus cinco compañeras (Sus nombres son: Beatas María Escolástica Josefa de San Jacobo (María Margarita Josefa) Leroux y María Córdula Josefa de Santo Domingo (Juana Ludovica) Barré, de la Orden de las Ursulinas; Josefina (Ana Josefa) Leroux, de la Orden de las Clarisas; María Francisca (María Lievina) Lacroix y Ana María (María Augustina) Erraux, de la Orden de Santa Brígida), vírgenes y mártires, que durante la Revolución Francesa, por estar consagradas a Dios fueron condenadas a muerte y, en presencia del pueblo subieron al patíbulo serenamente (1794).
16. En la ciudad de Tho-Duc, en Annam, san Pablo Tong Viet Buong, mártir, que, siendo soldado, sufrió la muerte por Cristo en tiempo del emperador Minh Mang (1833).
17*. En Reims, en Francia, beato Arnoldo (Julián Nicolás) Rèche, hermano del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que, dócil a la acción del Espíritu Santo, se entregó por completo a la formación de los jóvenes en su condición de maestro, mostrándose asiduo a la oración (1890).
18*. En Ciudad Real, en España, beatos mártires Ildefonso García y Justiniano Cuesta, presbíteros, y Eufrasio de Celis, Honorino Carracedo, Tomás Cuartero y José María Cuartero, religiosos, de la Congregación de la Pasión, que, por Cristo y por la Iglesia, fueron fusilados durante la persecución religiosa (1936).
19*. En la localidad de El Saler, cerca de Valencia, también en España, beato Leonardo Olivera Buera, presbítero y mártir, que durante la misma persecución religiosa imitó la pasión de Cristo, mereciendo alcanzar el premio eterno (1936).
20*. En la aldea de Benimaclet, también en la región valenciana, en España, beatos Ambrosio León (Pedro) Lorente Vicente, Florencio Martín (Álvaro) Ibáñez Lázaro y Honorato (Andrés) Zorraquino Herrero, religiosos del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y mártires, que durante la misma persecución derramaron su sangre por Cristo (1936).