domingo, 19 de agosto de 2018

Domingo 23 septiembre 2018, XXV Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B.

SOBRE LITURGIA

SANTA MISA "IN CENA DOMINI"
HOMILÍA DE SU SANTIDAD PABLO VI
Basílica de San Juan de Letrán, Jueves Santo 26 de marzo de 1964

También con este sentimiento de caridad en el corazón saludamos desde esta Basílica, cabeza y madre de todas las Iglesias, a todos los hermanos cristianos, por desgracia aún separados de nosotros, pero pretendiendo buscar la unidad querida por Cristo para su única Iglesia. Enviamos nuestro saludo pascual, el primero quizás en ocasión tan sagrada como ésta, a las Iglesias orientales ahora separadas de Nos, pero a Nos muy ligadas en la fe; salud y paz pascual para el patriarca ecuménico Atenágoras, por Nos abrazado en Jerusalén en la fiesta latina de la Epifanía; paz y salud a los demás patriarcas saludados por Nos, en la misma ocasión; paz y salud a los demás jerarcas de aquellas antiguas y venerables Iglesias, que han mandado sus representantes al Concilio Ecuménico Vaticano; paz y salud también a todos cuantos esperamos encontrar confiados un día en el abrazo de Cristo.

Salud y paz a toda la Iglesia anglicana, mientras que con sincera caridad y con la misma esperanza deseamos poder un día verla unida honrosamente en el único y universal redil de Cristo.

Salud y paz a todas las demás comunidades cristianas procedentes de la reforma del siglo XVI, que las separó de nosotros. Que la virtud de la Pascua de Cristo indique el justo y quizás largo camino para renovarnos en la perfecta comunión, mientras que ya buscamos con mutua estima y respeto cómo abreviar las distancias y cómo practicar la caridad, que esperamos un día verdaderamente victoriosa.

Mandamos también un saludo cordial, de reconocimiento, a los creyentes en Dios de una y otra confesión religiosa no cristiana, que acogieron con festiva reverencia nuestra peregrinación a los Santos Lugares.

También pensamos en estos momentos en toda la humanidad, estimulados por la caridad de Aquél que amó de tal forma al mundo que por él dio su vida. Nuestro corazón adquiere las dimensiones del mundo; ojalá adquiriera las infinitas del corazón de Cristo. Y vosotros, hermanos e hijos y fieles, estáis aquí presentes, ciertamente para celebrar con Nos el Jueves Santo, el día de la caridad consumada y perpetuada de Cristo por nuestra salvación.

CALENDARIO

23 + XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Misa
del Domingo (verde).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. dominical.
LECC.: vol. I (B).
- Sab 2, 12. 17-20. Lo condenaremos a muerte ignominiosa.
- Sal 53. R. El Señor sostiene mi vida.
- Sant 3, 16 — 4, 3. El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz.
- Mc 9, 30-37. El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos.

La 1 lect. de hoy, del libro de la Sabiduría, fue escrita siglos antes de Cristo y, sin embargo, da la impresión de que describe lo que vivió Jesucristo en su pasión: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, al tercer día resucitará». Sus discípulos no entendían aquello, tanto que discutían entre sí quién sería el más importante. Él les dijo que «quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Ev.). Un aviso muy importante para la comunidad cristiana, pues tantas veces caemos en el pecado de las envidias y peleas, queriendo averiguar quién manda más (cf. 2 lect.).

* Hoy no se permiten las misas de difuntos, excepto la exequial.

Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 24 de septiembre, pág. 572.
CALENDARIOS: Tarragona-ciudad: Santa Tecla, virgen y mártir (S).
Arzobispado Castrense: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Juan del Río Martín, arzobispo (2000).

TEXTOS MISA

XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO DOMINICA XXV PER ANNUM.
Antífona de entrada
Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor. Cuando me invoquen en la tribulación, los escucharé y seré para siempre su Señor.
Antiphona ad introitum
Salus pópuli ego sum, dicit Dóminus. De quacúmque tribulatióne clamáverint ad me, exáudiam eos, et ero illórum Dóminus in perpétuum.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excelsis
Oración colecta
Oh, Dios, que has puesto la plenitud de la ley divina en el amor a ti y al prójimo, concédenos cumplir tus mandamientos, para que merezcamos llegar a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui sacrae legis ómnia constitúta in tua et próximi dilectióne posuísti, da nobis, ut, tua praecépta servántes, ad vitam mereámur perveníre perpétuam. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del XXV Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B (Lec. I B).

PRIMERA LECTURA Sab 2, 12. 17-20
Lo condenaremos a muerte ignominiosa
Lectura del libro de la Sabiduría.

Se decían los impíos:
«Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso:
se opone a nuestro modo de actuar,
nos reprocha Las faltas contra la ley
y nos reprende contra la educación recibida.
Veamos si es verdad lo que dice,
comprobando cómo es su muerte.
Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará
y lo librará de las manos de sus enemigos.
Lo someteremos a ultrajes y torturas,
para conocer su temple y comprobar su resistencia.
Lo condenaremos a muerte ignominiosa,
pues, según dice, Dios lo salvará».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 53, 3-4. 5. 6 y 8 (R.: 6b)
R.
El Señor sostiene mi vida. Dóminus suscéptor est ánimæ meæ.

V. Oh, Dios, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
Oh, Dios, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R.
El Señor sostiene mi vida. Dóminus suscéptor est ánimæ meæ.

V. Porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte,
sin tener presente a Dios. R.
El Señor sostiene mi vida. Dóminus suscéptor est ánimæ meæ.

V. Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario,
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R.
El Señor sostiene mi vida. Dóminus suscéptor est ánimæ meæ.

SEGUNDA LECTURA Sant 3, 16-4, 3
El fruto de la justicia se siembro en la paz para quienes trabajan por la paz
Lectura de la carta del apóstol Santiago.

Queridos hermanos:
Donde hay envidia y rivalidad, hay turbulencia y todo tipo de malas acciones.
En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, intachable, y además es apacible, comprensiva, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sincera. El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz.
¿De dónde proceden los conflictos y las luchas que se dan entre vosotros? ¿No es precisamente de esos deseos de placer que pugnan dentro de vosotros? Ambicionáis y no tenéis, asesináis y envidiáis y no podéis conseguir nada, lucháis y os hacéis la guerra, y no obtenéis porque no pedís.
Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Cf. 2Tes 2, 14
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Dios nos llamó por medio del Evangelio, para que sea nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo. R. Deus vocábit nos per Evangélium, in acquisitiónem gloriæ Dómini nostri Iesu Christi.

EVANGELIO Mc 9, 30-37
El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.
Les decía:
«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará».
Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó:
«¿De qué discutíais por el camino?».
Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».
Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

PAPA FRANCISCO
HOMILÍA, La Habana, Domingo 20 de septiembre de 2015
Jesús les hace a sus discípulos una pregunta aparentemente indiscreta: «¿De qué discutían por el camino?». Una pregunta que también puede hacernos hoy: ¿De qué hablan cotidianamente? ¿Cuáles son sus aspiraciones? «Ellos –dice el Evangelio– no contestaron, porque por el camino habían discutido sobre quién era el más importante». Les daba vergüenza decirle a Jesús de lo que hablaban. Como a los discípulos de ayer, también hoy a nosotros, nos puede acompañar la misma discusión: ¿Quién es el más importante?
Jesús no insiste con la pregunta, no los obliga a responderle de qué hablaban por el camino, pero la pregunta permanece no solo en la mente, sino también en el corazón de los discípulos.
¿Quién es el más importante? Una pregunta que nos acompañará toda la vida y en las distintas etapas seremos desafiados a responderla. No podemos escapar a esta pregunta, está grabada en el corazón. Recuerdo más de una vez en reuniones familiares preguntar a los hijos: ¿A quién querés más, a papá o a mamá? Es como preguntarle: ¿Quién es más importante para vos? ¿Es tan solo un simple juego de niños esta pregunta? La historia de la humanidad ha estado marcada por el modo de responder a esta pregunta.
Jesús no le teme a las preguntas de los hombres; no le teme a la humanidad ni a las distintas búsquedas que ésta realiza. Al contrario, Él conoce los «recovecos» del corazón humano, y como buen pedagogo está dispuesto a acompañarnos siempre. Fiel a su estilo, asume nuestras búsquedas, nuestras aspiraciones y les da un nuevo horizonte. Fiel a su estilo, logra dar una respuesta capaz de plantear un nuevo desafío, descolocando «las respuestas esperadas» o lo aparentemente establecido. Fiel a su estilo, Jesús siempre plantea la lógica del amor. Una lógica capaz de ser vivida por todos, porque es para todos.
Lejos de todo tipo de elitismo, el horizonte de Jesús no es para unos pocos privilegiados capaces de llegar al «conocimiento deseado» o a distintos niveles de espiritualidad. El horizonte de Jesús, siempre es una oferta para la vida cotidiana también aquí en «nuestra isla»; una oferta que siempre hace que el día a día tenga cierto sabor a eternidad.
¿Quién es el más importante? Jesús es simple en su respuesta: «Quien quiera ser el primero - o sea el más importante - que sea el último de todos y el servidor de todos». Quien quiera ser grande, que sirva a los demás, no que se sirva de los demás.
Y esta es la gran paradoja de Jesús. Los discípulos discutían quién ocuparía el lugar más importante, quién sería seleccionado como el privilegiado –¡eran los discípulos, los más cercanos a Jesús, y discutían sobre eso!-, quién estaría exceptuado de la ley común, de la norma general, para destacarse en un afán de superioridad sobre los demás. Quién escalaría más pronto para ocupar los cargos que darían ciertas ventajas.
Y Jesús les trastoca su lógica diciéndoles sencillamente que la vida auténtica se vive en el compromiso concreto con el prójimo. Es decir, sirviendo.
La invitación al servicio posee una peculiaridad a la que debemos estar atentos. Servir significa, en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo. Son los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados a los que Jesús propone mirar e invita concretamente a amar. Amor que se plasma en acciones y decisiones. Amor que se manifiesta en las distintas tareas que como ciudadanos estamos invitados a desarrollar. Son personas de carne y hueso, con su vida, su historia y especialmente con su fragilidad, las que Jesús nos invita a defender, a cuidar y a servir. Porque ser cristiano entraña servir la dignidad de sus hermanos, luchar por la dignidad de sus hermanos y vivir para la dignidad de sus hermanos. Por eso, el cristiano es invitado siempre a dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles.
Hay un «servicio» que sirve a los otros; pero tenemos que cuidarnos del otro servicio, de la tentación del «servicio» que «se» sirve de los otros. Hay una forma de ejercer el servicio que tiene como interés el beneficiar a los «míos», en nombre de lo «nuestro». Ese servicio siempre deja a los «tuyos» por fuera, generando una dinámica de exclusión.
Todos estamos llamados por vocación cristiana al servicio que sirve y a ayudarnos mutuamente a no caer en las tentaciones del «servicio que se sirve». Todos estamos invitados, estimulados por Jesús a hacernos cargo los unos de los otros por amor. Y esto sin mirar de costado para ver lo que el vecino hace o ha dejado de hacer. Jesús dice: «Quien quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos». Ese va a ser el primero. No dice, si tu vecino quiere ser el primero que sirva. Debemos cuidarnos de la mirada enjuiciadora y animarnos a creer en la mirada transformadora a la que nos invita Jesús.
Este hacernos cargo por amor no apunta a una actitud de servilismo, por el contrario, pone en el centro la cuestión del hermano: el servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la «padece» y busca la promoción del hermano. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas.
El santo Pueblo fiel de Dios que camina en Cuba, es un pueblo que tiene gusto por la fiesta, por la amistad, por las cosas bellas. Es un pueblo que camina, que canta y alaba. Es un pueblo que tiene heridas, como todo pueblo, pero que sabe estar con los brazos abiertos, que marcha con esperanza, porque su vocación es de grandeza. Así la sembraron sus próceres. Hoy los invito a que cuiden esa vocación, a que cuiden estos dones que Dios les ha regalado, pero especialmente quiero invitarlos a que cuiden y sirvan, de modo especial, la fragilidad de sus hermanos. No los descuiden por proyectos que puedan resultar seductores, pero que se desentienden del rostro del que está a su lado. Nosotros conocemos, somos testigos de la «fuerza imparable» de la resurrección, que «provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo» (cf. Evangelii gaudium, 276.278).
No nos olvidemos de la Buena Nueva de hoy: la importancia de un pueblo, de una nación; la importancia de una persona siempre se basa en cómo sirve la fragilidad de sus hermanos. Y en esto encontramos uno de los frutos de una verdadera humanidad.
Porque, queridos hermanos y hermanas, «quien no vive para servir, no sirve para vivir».
ÁNGELUS, La Habana, Domingo 20 de septiembre de 2015
Agradezco al Cardenal Jaime Ortega y Alamino, Arzobispo de La Habana, sus fraternales palabras, así como a mis hermanos Obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos. Saludo también al Señor Presidente y a todas las autoridades presentes.
Hemos oído en el evangelio cómo los discípulos tenían miedo de preguntar a Jesús cuando les habla de su pasión y su muerte. Les asustaba, no podían comprender, la idea de ver a Jesús sufriendo en la Cruz. También nosotros tenemos la tentación de huir de las cruces propias y de las cruces de los demás, de alejarnos del que sufre. Al concluir la santa Misa, en la que Jesús se nos ha entregado de nuevo con su cuerpo y su sangre, dirijamos ahora nuestros ojos a la Virgen, Nuestra Madre. Y le pedimos que nos enseñe a estar junto a la cruz del hermano que sufre. Que aprendamos a ver a Jesús en cada hombre postrado en el camino de la vida; en cada hermano que tiene hambre o sed, que está desnudo o en la cárcel o enfermo. Junto a la Madre, en la Cruz, podemos comprender quién es verdaderamente «el más importante», y qué significa estar junto al Señor y participar de su gloria.
Aprendamos de María a tener el corazón despierto y atento a las necesidades de los demás. Como nos enseñó en las Bodas de Caná, seamos solícitos en los pequeños detalles de la vida, y no cejemos en la oración los unos por los otros, para que a nadie falte el vino del amor nuevo, de la alegría que Jesús nos trae.
En este momento me siento en el deber de dirigir mi pensamiento a la querida tierra de Colombia, «consciente de la importancia crucial del momento presente, en el que, con esfuerzo renovado y movidos por la esperanza, sus hijos están buscando construir una sociedad en paz». Que la sangre vertida por miles de inocentes durante tantas décadas de conflicto armado, unida a aquella del Señor Jesucristo en la Cruz, sostenga todos los esfuerzos que se están haciendo, incluso aquí, en esta bella Isla, para una definitiva reconciliación. Y así la larga noche de dolor y de violencia, con la voluntad de todos los colombianos, se pueda transformar en un día sin ocaso de concordia, justicia, fraternidad y amor en el respeto de la institucionalidad y del derecho nacional e internacional, para que la paz sea duradera. Por favor, no tenemos derecho a permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación. Gracias a Usted, Señor Presidente, por todo lo que hace en este trabajo de reconciliación.
Les pido ahora que nos unamos en la plegaria a María, para poner todas nuestras preocupaciones y aspiraciones cerca del Corazón de Cristo. Y de modo especial, le pedimos por los que han perdido la esperanza, y no encuentran motivos para seguir luchando; por los que sufren la injusticia, el abandono, la soledad; pedimos por los ancianos, los enfermos, los niños y los jóvenes, por todas las familias en dificultad, para que María les enjugue sus lágrimas, les consuele con su amor de Madre, les devuelva la esperanza y la alegría. Madre santa, te encomiendo a estos hijos tuyos de Cuba: ¡No los abandones nunca!

Del Papa Benedicto XVI
ÁNGELUS, Castelgandolfo. Domingo 23 de septiembre de 2012
Queridos hermanos y hermanas:
En nuestro camino con el Evangelio de san Marcos, el domingo pasado entramos en la segunda parte, esto es, el último viaje hacia Jerusalén y hacia el culmen de la misión de Jesús. Después de que Pedro, en nombre de los discípulos, profesara la fe en Él reconociéndolo como el Mesías (cf. Mc 8, 29), Jesús empieza a hablar abiertamente de lo que le sucederá al final. El evangelista refiere tres predicciones sucesivas de la muerte y resurrección, en los capítulos 8, 9 y 10: en ellas Jesús anuncia de manera cada vez más clara el destino que le espera y su intrínseca necesidad. El pasaje de este domingo contiene el segundo de estos anuncios. Jesús dice: "El Hijo del hombre –expresión con la que se designa a sí mismo– va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará" (Mc 9, 31). Pero los discípulos "no entendían lo que decía y les daba miedo preguntarle" (v. 32). En efecto, leyendo esta parte del relato de Marcos se evidencia que entre Jesús y los discípulos existía una profunda distancia interior; se encuentran, por así decirlo, en dos longitudes de onda distintas, de forma que los discursos del Maestro no se comprenden o sólo es así superficialmente. El apóstol Pedro, inmediatamente después de haber manifestado su fe en Jesús, se permite reprocharle porqué ha predicho que tendrá que ser rechazado y matado. Tras el segundo anuncio de la pasión, los discípulos se ponen a discutir sobre quién de ellos será el más grande (cf. Mc 9, 34); y después del tercero, Santiago y Juan piden a Jesús poderse sentar a su derecha y a su izquierda, cuando esté en la gloria (cf. Mc 10, 34-35). Existen más señales de esta distancia: por ejemplo, los discípulos no consiguen curar a un muchacho epiléptico, a quien después Jesús sana con la fuerza de la oración (cf. Mc 9, 14-29); o cuando se le presentan niños a Jesús, los discípulos les regañan y Jesús en cambio, indignado, hace que se queden y afirma que sólo quien es como ellos puede entrar en el Reino de Dios (cf. Mc 10, 13-16).
¿Qué nos dice todo esto? Nos recuerda que la lógica de Dios es siempre "otra" respecto a la nuestra, como reveló Dios mismo por boca del profeta Isaías: "Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos" (Is 55, 8). Por esto seguir al Señor requiere siempre al hombre una profunda con-versión –de todos nosotros–, un cambio en el modo de pensar y de vivir; requiere abrir el corazón a la escucha para dejarse iluminar y transformar interiormente. Un punto clave en el que Dios y el hombre se diferencian es el orgullo: en Dios no hay orgullo porque Él es toda la plenitud y tiende todo a amar y donar vida; en nosotros los hombres, en cambio, el orgullo está enraizado en lo íntimo y requiere constante vigilancia y purificación. Nosotros, que somos pequeños, aspiramos a parecer grandes, a ser los primeros; mientras que Dios, que es realmente grande, no teme abajarse y hacerse el último. Y la Virgen María está perfectamente "sintonizada" con Dios. Invoquémosla con confianza para que nos enseñe a seguir fielmente a Jesús en el camino del amor y de la humildad.
ÁNGELUS, Domingo 24 de septiembre de 2006
Queridos hermanos y hermanas: 
En el evangelio de este domingo, Jesús anuncia por segunda vez a los discípulos su pasión, muerte y resurrección (cf. Mc 9, 30-31). El evangelista san Marcos pone de relieve el fuerte contraste entre su mentalidad y la de los doce Apóstoles, que no sólo no comprenden las palabras del Maestro y rechazan claramente la idea de que vaya al encuentro de la muerte (cf. Mc 8, 32), sino que discuten sobre quién de ellos se debe considerar "el más importante" (cf. Mc 9, 34). Jesús les explica con paciencia su lógica, la lógica del amor que se hace servicio hasta la entrega de sí: "Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos" (Mc 9, 35). 
Esta es la lógica del cristianismo, que responde a la verdad del hombre creado a imagen de Dios, pero, al mismo tiempo, contrasta con su egoísmo, consecuencia del pecado original. Toda persona humana es atraída por el amor -que en último término es Dios mismo-, pero a menudo se equivoca en los modos concretos de amar, y así, de una tendencia positiva en su origen pero contaminada por el pecado, pueden derivarse intenciones y acciones malas. Lo recuerda, en la liturgia de hoy, también la carta de Santiago: "Donde existen envidias y espíritu de contienda, hay desconcierto y toda clase de maldad. En cambio la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía". Y el Apóstol concluye: "Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz" (St 3, 16-18). 
Estas palabras nos hacen pensar en el testimonio de tantos cristianos que, con humildad y en silencio, entregan su vida al servicio de los demás a causa del Señor Jesús, trabajando concretamente como servidores del amor y, por eso, como "artífices" de paz. A algunos se les pide a veces el testimonio supremo de la sangre, como sucedió hace pocos días también a la religiosa italiana sor Leonella Sgorbati, que cayó víctima de la violencia. Esta religiosa, que desde hacía muchos años servía a los pobres y a los pequeños en Somalia, murió pronunciando la palabra "perdón": he aquí el testimonio cristiano más auténtico, signo pacífico de contradicción que demuestra la victoria del amor sobre el odio y sobre el mal. 
No cabe duda de que seguir a Cristo es difícil, pero -como él dice- sólo quien pierde la vida por causa suya y del Evangelio, la salvará (cf. Mc 8, 35), dando pleno sentido a su existencia. No existe otro camino para ser discípulos suyos; no hay otro camino para testimoniar su amor y tender a la perfección evangélica. 
Que María, a quien hoy invocamos como Nuestra Señora de la Merced, nos ayude a abrir cada vez más nuestro corazón al amor de Dios, misterio de alegría y de santidad.

DIRECTORIO HOMILÉTICO
Ap. I. La homilía y el Catecismo de la Iglesia Católica
Ciclo B. Vigésimo quinto domingo del Tiempo Ordinario
Cristo, el Siervo de Dios obediente
539 Los evangelistas indican el sentido salvífico de este acontecimiento misterioso. Jesús es el nuevo Adán que permaneció fiel allí donde el primero sucumbió a la tentación. Jesús cumplió perfectamente la vocación de Israel: al contrario de los que anteriormente provocaron a Dios durante cuarenta años por el desierto (cf. Sal 95, 10), Cristo se revela como el Siervo de Dios totalmente obediente a la voluntad divina. En esto Jesús es vencedor del diablo; él ha "atado al hombre fuerte" para despojarle de lo que se había apropiado (Mc 3, 27). La victoria de Jesús en el desierto sobre el Tentador es un anticipo de la victoria de la Pasión, suprema obediencia de su amor filial al Padre.
565 Desde el comienzo de su vida pública, en su bautismo, Jesús es el "Siervo" enteramente consagrado a la obra redentora que llevará a cabo en el "bautismo" de su pasión.
600 Para Dios todos los momentos del tiempo están presentes en su actualidad. Por tanto establece su designio eterno de "predestinación" incluyendo en él la respuesta libre de cada hombre a su gracia: "Sí, verdaderamente, se han reunido en esta ciudad contra tu santo siervo Jesús, que tú has ungido, Herodes y Poncio Pilato con las naciones gentiles y los pueblos de Israel (cf. Sal 2, 1-2), de tal suerte que ellos han cumplido todo lo que, en tu poder y tu sabiduría, habías predestinado" (Hch 4, 27-28). Dios ha permitido los actos nacidos de su ceguera (cf. Mt 26, 54; Jn 18, 36; Jn 19, 11) para realizar su designio de salvación (cf. Hch 3, 17–18).
"Muerto por nuestros pecados según las Escrituras"
601 Este designio divino de salvación a través de la muerte del "Siervo, el Justo" (Is 53, 11;cf. Hch 3, 14) había sido anunciado antes en la Escritura como un misterio de redención universal, es decir, de rescate que libera a los hombres de la esclavitud del pecado (cf. Is 53, 11-12; Jn 8, 34-36). S. Pablo profesa en una confesión de fe que dice haber "recibido" (1Co 15, 3) que "Cristo ha muerto por nuestros pecados según las Escrituras" (ibidem: cf. también Hch 3, 18; Hch 7, 52; Hch 13, 29; Hch 26, 22-23). La muerte redentora de Jesús cumple, en particular, la profecía del Siervo doliente (cf. Is 53, 7-8 y Hch 8, 32-35). Jesús mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente (cf. Mt 20, 28). Después de su Resurrección dio esta interpretación de las Escrituras a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 25-27), luego a los propios apóstoles (cf. Lc 24, 44–45).
"Dios le hizo pecado por nosotros"
602 En consecuencia, S. Pedro pudo formular así la fe apostólica en el designio divino de salvación: "Habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o plata, sino con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo, predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos a causa de vosotros" (1P 1, 18 - 20). Los pecados de los hombres, consecuencia del pecado original, están sancionados con la muerte (cf. Rm 5, 12; 1Co 15, 56). Al enviar a su propio Hijo en la condición de esclavo (cf. Flp 2, 7), la de una humanidad caída y destinada a la muerte a causa del pecado (cf. Rm 8, 3), Dios "a quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él" (2Co 5, 21).
603 Jesús no conoció la reprobación como si él mismo hubiese pecado (cf. Jn 8, 46). Pero, en el amor redentor que le unía siempre al Padre (cf. Jn 8, 29), nos asumió desde el alejamiento con relación a Dios por nuestro pecado hasta el punto de poder decir en nuestro nombre en la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mc 15, 34; Sal 22, 2). Al haberle hecho así solidario con nosotros, pecadores, "Dios no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros" (Rm 8, 32) para que fuéramos "reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo" (Rm 5, 10).
604 Dios tiene la iniciativa del amor redentor universal
Al entregar a su Hijo por nuestros pecados, Dios manifiesta que su designio sobre nosotros es un designio de amor benevolente que precede a todo mérito por nuestra parte: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados" (1Jn 4, 10; cf. 1Jn 4, 19). "La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros" (Rm 5, 8).
605 Jesús ha recordado al final de la parábola de la oveja perdida que este amor es sin excepción: "De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños" (Mt 18, 14). Afirma "dar su vida en rescate por muchos" (Mt 20, 28); este último término no es restrictivo: opone el conjunto de la humanidad a la única persona del Redentor que se entrega para salvarla (cf. Rm 5, 18 - 19). La Iglesia, siguiendo a los Apóstoles (cf. 2Co 5, 15; 1Jn 2, 2), enseña que Cristo ha muerto por todos los hombres sin excepción: "no hay, ni hubo ni habrá hombre alguno por quien no haya padecido Cristo" (Cc Quiercy en el año 853: DS 624).
713 Los rasgos del Mesías se revelan sobre todo en los Cantos del Siervo (cf. Is 42, 1-9; cf. Mt 12, 18-21; Jn 1, 32-34; después Is 49, 1-6; cf. Mt 3, 17; Lc 2, 32, y en fin Is 50, 4-10 y Is 52, 13-Is 53, 12). Estos cantos anuncian el sentido de la Pasión de Jesús, e indican así cómo enviará el Espíritu Santo para vivificar a la multitud: no desde fuera, sino desposándose con nuestra "condición de esclavos" (Flp 2, 7). Tomando sobre sí nuestra muerte, puede comunicarnos su propio Espíritu de vida.
Servir” en Cristo es “reinar”
786 El Pueblo de Dios participa, por último, en la función regia de Cristo". Cristo ejerce su realeza atrayendo a sí a todos los hombres por su muerte y su resurrección (cf. Jn 12, 32). Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo "venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos" (Mt 20, 28). Para el cristiano, "servir es reinar" (LG 36), particularmente "en los pobres y en los que sufren" donde descubre "la imagen de su Fundador pobre y sufriente" (LG 8). El pueblo de Dios realiza su "dignidad regia" viviendo conforme a esta vocación de servir con Cristo.
"De todos los que han nacido de nuevo en Cristo, el signo de la cruz hace reyes, la unción del Espíritu Santo los consagra como sacerdotes, a fin de que, puesto aparte el servicio particular de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y que usan de su razón se reconozcan miembros de esta raza de reyes y participantes de la función sacerdotal. ¿Qué hay, en efecto, más regio para un alma que gobernar su cuerpo en la sumisión a Dios? Y ¿qué hay más sacerdotal que consagrar a Dios una conciencia pura y ofrecer en el altar de su corazón las víctimas sin mancha de la piedad?" (San León Magno, serm. 4, 1).
El sacerdocio ministerial es servicio
1547 El sacerdocio ministerial o jerárquico de los obispos y de los presbíteros, y el sacerdocio común de todos los fieles, "aunque su diferencia es esencial y no sólo en grado, están ordenados el uno al otro; ambos, en efecto, participan, cada uno a su manera, del único sacerdocio de Cristo" (LG 10). ¿En qué sentido? Mientras el sacerdocio común de los fieles se realiza en el desarrollo de la gracia bautismal (vida de fe, de esperanza y de caridad, vida según el Espíritu), el sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio común, en orden al desarrollo de la gracia bautismal de todos los cristianos. Es uno de los medios por los cuales Cristo no cesa de construir y de conducir a su Iglesia. Por esto es transmitido mediante un sacramento propio, el sacramento del Orden.
1551 Este sacerdocio es ministerial. "Esta Función, que el Señor confió a los pastores de su pueblo, es un verdadero servicio" (LG 24). Está enteramente referido a Cristo y a los hombres. Depende totalmente de Cristo y de su sacerdocio único, y fue instituido en favor de los hombres y de la comunidad de la Iglesia. El sacramento del Orden comunica "un poder sagrado", que no es otro que el de Cristo. El ejercicio de esta autoridad debe, por tanto, medirse según el modelo de Cristo, que por amor se hizo el último y el servidor de todos (cf. Mc 10, 43-45; 1P 5, 3). "El Señor dijo claramente que la atención prestada a su rebaño era prueba de amor a él" (S. Juan Crisóstomo, sac. 2, 4; cf. Jn 21, 15-17)
El pecado de envidia
2538 El décimo mandamiento exige que se destierre del corazón humano la envidia. Cuando el profeta Natán quiso estimular el arrepentimiento del rey David, le contó la historia del pobre que sólo poseía una oveja, a la que trataba como una hija, y del rico, a pesar de sus numerosos rebaños, envidiaba al primero y acabó por robarle la cordera (cf 2S 12, 1-4). La envidia puede conducir a las peores fechorías (cf Gn 4, 3-7; 1R 21, 1-29). La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo (cf Sb 2, 24).
"Luchamos entre nosotros, y es la envidia la que nos arma unos contra otros… Si todos se afanan así por perturbar el Cuerpo de Cristo, ¿a dónde llegaremos? Estamos debilitando el Cuerpo de Cristo… Nos declaramos miembros de un mismo organismo y nos devoramos como lo harían las fieras" (S. Juan Crisóstomo, hom. in 2Co, 28, 3-4).
2539 La envidia es un pecado capital. Designa la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea indebidamente. Cuando desea al prójimo un mal grave es un pecado mortal:
San Agustín veía en la envidia el "pecado diabólico por excelencia" (ctech. 4, 8). "De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad" (s. Gregorio Magno, mor. 31, 45).
2540 La envidia representa una de las formas de la tristeza y, por tanto, un rechazo de la caridad; el bautizado debe luchar contra ella mediante la benevolencia. La envidia procede con frecuencia del orgullo; el bautizado ha de esforzarse por vivir en la humildad:
"¿Querríais ver a Dios glorificado por vosotros? Pues bien, alegraos del progreso de vuestro hermano y con ello Dios será glorificado por vosotros. Dios será alabado - se dirá - porque su siervo ha sabido vencer la envidia poniendo su alegría en los méritos de otros" (S. Juan Crisóstomo, hom. in Rom. 7, 3).
La defensa de la paz
2302 La paz
Recordando el precepto: "no matarás" (Mt 5, 21), nuestro Señor exige la paz del corazón y denuncia la inmoralidad de la cólera homicida y del odio:
La cólera es un deseo de venganza. "Desear la venganza para el mal de aquel a quien es preciso castigar, es ilícito"; pero es loable imponer una reparación "para la corrección de los vicios y el mantenimiento de la justicia" (S. Tomás de Aquino, s. th. 2 - 2, 158, 1 ad 3). Si la cólera llega hasta el desear deliberado de matar al prójimo o de herirlo gravemente, constituye una falta grave contra la caridad; es pecado mortal. El Señor dice: "Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal" (Mt 5, 22).
2303 El odio voluntario es contrario a la caridad. El odio al prójimo es pecado cuando el hombre le desea deliberadamente un mal. El odio al prójimo es un pecado grave cuando se le desea deliberadamente un daño grave. "Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial… " (Mt 5, 44-45).
2304 El respeto y el crecimiento de la vida humana exigen la paz. La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguarda de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad. Es "tranquilidad del orden" (S. Agustín, civ. 19, 13). Es obra de la justicia (cf Is 32, 17) y efecto de la caridad (cf GS 78, 1-2).
2305 La paz terrena es imagen y fruto de la paz de Cristo, el "Príncipe de la paz" mesiánica (Is 9, 5). Por la sangre de su cruz, "dio muerte al odio en su carne" (Ef 2, 16; cf. Col 1, 20-22), reconcilió con Dios a los hombres e hizo de su Iglesia el sacramento de la unidad del género humano y de su unión con Dios. "El es nuestra paz" (Ef 2, 14). Declara "bienaventurados a los que obran la paz" (Mt 5, 9).
2306 Los que renuncian a la acción violenta y sangrienta y recurren para la defensa de los derechos del hombre a medios que están al alcance de los más débiles, dan testimonio de caridad evangélica, siempre que esto se haga sin lesionar los derechos y obligaciones de los otros hombres y de las sociedades. Atestiguan legítimamente la gravedad de los riesgos físicos y morales del recurso a la violencia con sus ruinas y sus muertes (cf GS 78, 5).

Se dice Credo. Dicitur Credo.
Oración de los fieles
229. Reunidos en el nombre de Jesús y confiando en su promesa, pidamos por las necesidades de todos los hombres.
- Por el Papa, los obispos y sacerdotes, por todo el pueblo santo de Dios: para que anunciemos sin cesar la buena nueva del Evangelio. Roguemos al Señor.
- Por todas las naciones y sus gobernantes, por todos los que de distintos modos trabajan por la justicia, la libertad y la paz. Roguemos al Señor.
- Por los pobres, los enfermos, los moribundos, por todos los que necesitan nuestra ayuda y nuestro amor. Roguemos al Señor.
- Por los religiosos y religiosas. Para que sean ante el mundo signo vivo de los bienes eternos. Roguemos al Señor.
- Por los que celebramos esta Eucaristía: para que aumenten los lazos de unión y nos sintamos responsables los unos de la suerte de los otros. Roguemos al Señor.
Escucha, Padre, la oración que te hemos presentado, y haz que caminemos unidos los que profesamos una misma fe y un mismo amor. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, en tu bondad las ofrendas de tu pueblo, para que cuanto creemos por la fe lo alcancemos por el sacramento celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Múnera, quaesumus, Dómine, tuae plebis propitiátus assúme, ut, quae fídei pietáte profiténtur, sacraméntis caeléstibus apprehéndant. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV. PREX EUCHARISTICA IV.
Antífona de la comunión Sal 118, 4-5
Tú, Señor, promulgas tus decretos para que se observen exactamente; ojalá esté firme mi camino para cumplir tus consignas.
O bien: Jn 10, 14
Yo soy el Buen Pastor, dice el Señor, que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen.
Antiphona ad communionem Ps 118, 4-5
Tu mandásti mandáta tua custodíri nimis; útinam dirigántur viae meae ad custodiéndas iustificatiónes tuas.
Vel: Jn 10, 14
Ego sum pastor bonus, dicit Dóminus; et cognósco oves meas, et cognóscunt me meae.
Oración después de la comunión
Señor, apoya bondadoso con tu ayuda continua a los que alimentas con tus sacramentos, para que consigamos el fruto de la salvación en los sacramentos y en la vida diaria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Quos tuis, Dómine, réficis sacraméntis, contínuis attólle benígnus auxíliis, ut redemptiónis efféctum et mystériis capiámus et móribus. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 24 de septiembre
1. En Milán, en la Galia Transpadana (margen izquierda del Po), san Anatolio, considerado primer obispo de esta ciudad (s. II).
2. En Seaulieu, en la región de Autún, en la Galia, santos Andoquio, Tirso y Félix, mártires (s. inc.).
3. En Auvernia, de Aquitania (hoy Francia), san Rústico, obispo, que, siendo presbítero en la misma ciudad, asumió el obispado con gran aplauso del pueblo (s. V).
4. En Lyon, en la Galia, san Lupo, obispo, que antes había vivido como anacoreta (post 528).
5*. En Marsella, en la Provenza (hoy Francia), san Isarno, abad, renovador de la vida regular en el monasterio de San Víctor, siendo austero consigo y comprensivo y pacífico con los demás (1043).
6. En Panonia (hoy Hungría), san Gerardo Sagredo, obispo de la sede de Morisena (hoy Csanad) y mártir, que fue preceptor de san Emerico, príncipe adolescente hijo del rey san Esteban, y en una sedición de húngaros paganos murió apedreado cerca del río Danubio (1046).
7*. En Girona, de Cataluña, en España, beato Dalmacio Moner, presbítero de la Orden de Predicadores, conocido por su amor a la soledad y al silencio (1341).
8*. En York, en Inglaterra, beatos mártires Guillermo Spenser, presbítero, y Roberto Hardesty, condenados a la pena capital y ahorcados, reinando Isabel I, el primero, por ser sacerdote, y el segundo, por haberle dado hospitalidad (1589).
9. En Nagasaki, ciudad del Japón, pasión de san Antonio González, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir, que, enviado a la nación nipona con otros cinco compañeros, fue encarcelado poco después y martirizado con el tormento del agua, hasta que, enfebrecido, precedió en la muerte a los demás, imperando Tokugawa Yemitsu (1637).
10. En Sanseverino Marche, del Piceno, en Italia, san Pacífico de San Severino, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, preclaro por sus penitencias, amor a la soledad y oración ante el Santísimo Sacramento (1721).
11*. En Maribor, de Eslovenia, beato Antonio Martín Slomsek, obispo, que tuvo gran dedicación al cultivo de la vida cristiana de las familias y de la institución del clero y a la defensa de la unidad de la Iglesia (1862).
12*. En Roma, beata Columba (Juana) Gabriel, abadesa del monasterio de Lviv, en Ucrania, que, injustamente calumniada, viajó a Roma, donde, viviendo pobre y alegre, fundó la Congregación de Hermanas Benedictinas de la Caridad, además de la obra social llamada Casa de la Familia, para jóvenes operarias pobres o alejadas de su familia (1926).
13*. En Abalat de la Ribera, de la provincia de Valencia, en España, beato José Raimundo Pascual Ferrer Botella, presbítero y mártir de la fe en días de persecución religiosa durante la contienda española (1936).
14*. En Rotglà y Corbera, también de Valencia, beato José María Ferrándiz Hernández, presbítero y mártir, que coronó el combate de la fe en la misma persecución religiosa (1936).
15*. En Ollería, de nuevo en Valencia, beata Encarnación Gil Valls, virgen y mártir, que, portando la lámpara encendida, caminó vencedora hacia Cristo Esposo (1936).
16*. En Alcira, en la misma provincia española, beato José Raimundo Ferragud Girbés, padre de familia y mártir, víctima por Cristo en la persecución contra la fe cristiana (1936).

sábado, 18 de agosto de 2018

Sábado 22 septiembre 2018, Sábado de la XXIV semana del Tiempo Ordinario o Santa María en sábado, memoria libre.

SOBRE LITURGIA

SANTA MISA "IN CENA DOMINI"
HOMILÍA DE SU SANTIDAD PABLO VI

Basílica de San Juan de Letrán, Jueves Santo 26 de marzo de 1964

Leíamos, estos días, unas tristes palabras de un escrito contemporáneo, profeta del mundo sin amor y del egoísmo proclamado libertador: “Yo no quiero comunión de almas...”. El cristianismo no es así, está en los antípodas. Nos quisiéramos construir, bajo los auspicios de Cristo, una comunión de almas, la comunión más grande posible.

Digamos, por tanto a nuestros sacerdotes, ante todo, las palabras sacrosantas del Jueves Santo: “"Amémonos los unos a los otros como Cristo nos ha amado”. ¿Puede haber un programa más grande, más sencillo, más innovador de nuestra vida eclesiástica?

Digamos a vosotros, fieles, que formáis un coro en torno a este altar, y a todos vosotros distribuidos en el inmenso círculo de la santa Iglesia de Dios, otras palabras igualmente pronunciadas por Cristo el Jueves Santo; recordad que éste ha de ser el signo distintivo a los ojos del mundo de vuestra cualidad de discípulos de Cristo, el amor mutuo. “En esto todos conocerán...”.

Diremos a cuantos pueda llegar el eco de nuestra celebración de la cena pascual, en la fe de Cristo y en su caridad, las palabras del Apóstol Pedro: “Complaceos en ser hermanos” (1 P 2, 17). Por este motivo confirmamos aquí también nuestro propósito al Señor, de conducir a buen término el Concilio Ecuménico, como un gran acontecimiento de caridad en la Iglesia, dando a la colegialidad episcopal el significado y el valor que Cristo pretendió conferir a sus apóstoles en la comunión y en el obsequio al primero de ellos, Pedro, promoviendo todos los propósitos encaminados a aumentar en la Iglesia de Dios la caridad, la colaboración, la confianza.

CALENDARIO

22 SÁBADO. Hasta la hora nona:
SÁBADO DE LA XXIV SEMANA DEL T. ORDINARIO o SANTA MARÍA EN SÁBADO, memoria libre

Misa
de sábado (verde) o de la memoria (blanco).
MISAL: para el sábado cualquier formulario permitido (véase pág. 65, n. 5) / para la memoria del común de la bienaventurada Virgen María o de las «Misas de la Virgen María», Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. III-par.
- 1 Cor 15, 35-37. 42-49. Se siembra un cuerpo corruptible, resucita incorruptible.
- Sal 55. R. Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida.
- Lc 8, 4-15. Lo de la tierra buena son los que guardan la palabra y dan fruto con perseverancia.
o bien:
cf. vol. IV, o bien cf. Leccionario de las «Misas de la Virgen María».

Liturgia de las Horas: oficio de sábado o de la memoria.

Martirologio: elogs. del 23 de septiembre, pág. 570.
CALENDARIOS: Girona: San Mateo, apóstol y evangelista (F-trasladada).
Vitoria: Beatas Antonia Goséns Sáez de Ibarra y Daría Campillo Paniagua, religiosas y mártires (MO).
Escolapios: Beatos Dionisio Pamplona, presbítero, y compañeros, mártires (MO).
Familia salesiana: Beatos José Calasanz Marqués y Enrique Sáiz Aparricio, presbíteros, y compañeros, mártires (MO).
Reparadores: Beato Juan María de la Cruz García Méndez, presbítero y mártir (MO).
Servitas: Dedicación de la Basílica de Monte Senario (MO).
Barbastro-Monzón: Beatos José Calasanz, presbítero, y compañeros, mártires, o beatos Dionisio Pamplona, presbítero, y compañeros, mártires (ML).
Burgos: Santa Tecla, virgen y mártir (ML trasladada).
Huesca: Beatos José Otín Aquilué, Zacarías Abadía Buesa, presbíteros, y compañeros, mártires, o beatos Florentino Felipe Naya, religioso, y compañeros, mártires (ML).
Jaca: Beatos Francisco Bandrés, Alfonso López y compañeros, mártires (ML).
Menorca: Beato José María Castell Camps, presbítero y mártir (ML).
Urgell: Beatos José Batalla, presbítero, y compañeros, mártires (ML).
Valencia: Beatos José Aparicio Sanz y compañeros, mártires (ML).
Zaragoza: Beatos Manuel Segura y compañeros, mártires (ML).
Almería: Beata Josefa Ruano García, religiosa y mártir (ML).
Dominicos: Beatos Francisco de Posadas, presbítero, y Marcos de Motena, presbítero, o beatos Jacinto Serrano y compañeros, mártires (ML).
Familia Franciscana: San Ignacio de Santhiá, presbítero (ML).
Hermanitas de los Ancianos Desamparados: Beatas Josefa Ruano y Dolores Puig, mártires (ML).
HH. de las Escuelas Cristianas: Beatos Honorato Andrés, Florencio Martín, Ambrosio León, Bertrán Francisco, Elías Julián, religiosos, y Servando Olivera, presbítero, mártires (ML).
Barcelona: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Juan José Omella Omella, arzobispo (1996).
Girona: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Carlos Soler Perdigó, obispo, emérito (1991).

22 SÁBADO. Después de la hora nona:
VIGESIMOQUINTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
Primera semana del salterio
Misa
vespertina del XXV Domingo del tiempo ordinario (verde).
Liturgia de las Horas: I Vísp. del oficio dominical. Comp. Dom. I.

TEXTOS MISA


Misa del sábado: del XXIV Domingo del T. Ordinario (o de otro Domingo del T. Ordinario).

Misa de Santa María:

COMÚN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA I. Tiempo ordinario 2. COMMUNE BEATAE MARIAE VIRGINIS I. Tempore Per Annum 2.
Antífona de entrada
Bienaventurada eres, Virgen María, que llevaste en tu seno al autor del universo, engendraste al que te creó y permaneces Virgen para siempre.
Antiphona ad introitum
Beáta es, Virgo María, quae ómnium portásti creatórem; genuísti qui te fecit, et in aetérnum pérmanes Virgo.
Oración colecta
Dios de misericordia, concédenos, a cuantos recordamos a la santa Madre de Dios, fortaleza en nuestra debilidad, para que, con el auxilio de su intercesión, nos levantemos de nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Concéde, miséricors Deus, fragilitáti nostrae praesídium, ut, qui sanctae Dei Genetrícis memóriam ágimus, intercessiónis eius auxílio a nostris iniquitátibus resurgámus. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado de la XXIV semana del Tiempo Ordinario, año par (Lec. III-par).

PRIMERA LECTURA 1 Cor 15, 35-37. 42-49
Se siembra un cuerpo corruptible, resucita incorruptible
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:
Alguno preguntará: «¿Y cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?». Insensato, lo que tú siembras no recibe vida si (antes) no muere. Y al sembrar, no siembras el cuerpo que llegará a ser, sino un simple grano, de trigo, por ejemplo, o de cualquier otra planta.
Lo mismo es la resurrección de los muertos: se siembra un cuerpo corruptible, resucita incorruptible; se siembra un cuerpo sin gloria, resucita glorioso; se siembra un cuerpo débil, resucita lleno de fortaleza; se siembra un cuerpo animal, resucita espiritual. Si hay un cuerpo animal, lo hay también espiritual.
Efectivamente, así está escrito: el primer hombre, Adán, se convirtió en ser viviente. El último Adán, en espíritu vivificante. Pero no fue primero lo espiritual, sino primero lo material y después lo espiritual. El primer hombre, que proviene de la tierra, es terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como el hombre terrenal, así son los de la tierra; como el celestial, así son los del cielo, Y lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 55, 10. 11-12. 13-14 (R.: cf. 14cd)
R.
Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida. Ambulábo coram Deo in lúmine vivéntium.

V. Que retrocedan mis enemigos
cuando te invoco,
y así sabré que eres mi Dios. R.
Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida. Ambulábo coram Deo in lúmine vivéntium.

V. En Dios, cuya promesa alabo,
en el Señor, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo;
¿qué podrá hacerme un hombre? R.
Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida. Ambulábo coram Deo in lúmine vivéntium.

V. Te debo, Dios mío, los votos que hice,
los cumpliré con acción de gracias;
porque libraste mi alma de la muerte,
mis pies de la caída;
para que camine en presencia de Dios
a la luz de la vida. R.
Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida. Ambulábo coram Deo in lúmine vivéntium.

Aleluya Cf. Lc 8, 15
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia. R. Beáti qui in cordo bono et óptimo verbum Dei rétinent, et fructum áfferunt in patiéntia.

EVANGELIO Lc 8, 4-15
Los de la tierra buena son los que guardan la palabra y dan fruto con perseverancia
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo Jesús en parábola:
«Salió el sembrador a sembrar su semilla.
Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron.
Otra parte cayó en terreno pedregoso, y, después de brotar, se secó por falta de humedad.
Otra parte cayó entre abrojos, y los abrojos, creciendo al mismo tiempo, la ahogaron.
Y otra parte cayó en tierra buena, y, después de brotar, dio fruto al ciento por uno».
Dicho esto, exclamó:
«El que tenga oídos para oír, que oiga».
Entonces le preguntaron los discípulos qué significaba esa parábola.
Él dijo:
«A vosotros se os ha otorgado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los demás, en parábolas, “para que viendo no vean y oyendo no entiendan”.
El sentido de la parábola es este: la semilla es la palabra de Dios.
Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los del terreno pedregoso son los que, al oír, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan.
Lo que cayó entre abrojos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes, riquezas y placeres de la vida, se quedan sofocados y no llegan a dar fruto maduro.
Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Audiencia general 14-mayo-2014
Como Jesús mismo explica a sus discípulos, este sembrador representa al Padre, que esparce abundantemente la semilla de su Palabra. La semilla, sin embargo, se encuentra a menudo con la aridez de nuestro corazón, e incluso cuando es acogida corre el riesgo de permanecer estéril. Con el don de fortaleza, en cambio, el Espíritu Santo libera el terreno de nuestro corazón, lo libera de la tibieza, de las incertidumbres y de todos los temores que pueden frenarlo, de modo que la Palabra del Señor se ponga en práctica, de manera auténtica y gozosa. Es una gran ayuda este don de fortaleza, nos da fuerza y nos libera también de muchos impedimentos.

Oración de los fieles
372. Dirijamos confiados nuestra oración a Dios Padre, que ha prometido habitar en los corazones de aquellos que, como María, guardan su Palabra.
R. Danos, Padre, tu Espíritu Santo.
- Por los pastores de la Iglesia: para que, formados en la escuela de María, Reina de los Apóstoles, sean fieles mensajeros de la Palabra de Dios y dispensadores incansables de su misericordia. Roguemos al Señor. R.
- Por los pueblos afligidos a causa de la guerra y de las adversidades: para que todo hombre se convenza de que la paz tiene su raíz en la conversión del corazón, que hace pasar del egoísmo a la generosidad y de la violencia al respeto del prójimo. Roguemos al Señor. R.
- Por todos los cristianos: para que, encontrando en la Virgen la fuente de la alegría, vivan con autenticidad su propia vocación, dando testimonio de fidelidad radical al mandato del amor. Roguemos al Señor. R.
- Por los enfermos: para que hallen en María ayuda y consuelo, y en los hermanos solidaridad generosa que aliente su esperanza. Roguemos al Señor. R.
- Por nosotros, aquí reunidos: para que, guardando la Palabra que hemos escuchado, seamos servidores fieles y testigos del Reino entre los hombres. Roguemos al Señor. R.
Oh Dios, fortalece en nosotros el deseo del bien, refuerza nuestra esperanza, confírmanos en la caridad, por intercesión de María, que nos precede en la peregrinación de la fe. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Al venerar la memoria de la Madre de tu Hijo, te rogamos, Señor, que la ofrenda de este sacrificio nos transforme, por la abundancia de tu gracia, en oblación permanente. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Genetrícis Fílii tui memóriam venerántes, quaesumus, Dómine, ut sacrifícii huius oblátio nosmetípsos, grátia tua largiénte, tibi perfíciat munus aetérnum. Per Christum.
PREFACIO II DE SANTA MARÍA VIRGEN
La Iglesia alaba a Dios inspirándose en las palabras de María
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Señor, y proclamar tus maravillas en la perfección de tus santos; y, al conmemorar a la bienaventurada Virgen María, exaltar especialmente tu generosidad inspirándonos en su mismo cántico de alabanza.
En verdad hiciste obras grandes en favor de todos los pueblos, y has mantenido tu misericordia de generación en generación, cuando, al mirar la humildad de tu esclava, por ella nos diste al autor de la salvación humana, Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro.
Por él, los coros de los ángeles adoran tu gloria eternamente, gozosos en tu presencia. Permítenos asociarnos a sus voces cantando con ellos tu alabanza:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO II DE BEATA MARIA VIRGINE
Ecclesia, verbis Mariae, laudes Deo persolvit
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, in ómnium Sanctórum provéctu te mirábilem confitéri, et potíssimum, beátae Vírginis Maríae memóriam recoléntes, cleméntiam tuam ipsíus grato magnificáre praecónio.
Vere namque in omnes terrae fines magna fecísti, ac tuam in saecula prorogásti misericórdiae largitátem, cum, ancíllae tuae humilitátem aspíciens, per eam dedísti humánae salútis auctórem, Fílium tuum, Iesum Christum, Dóminum nostrum.
Per quem maiestátem tuam adórat exércitus Angelórum, ante conspéctum tuum in aeternitáte laetántium. Cum quibus et nostras voces ut admítti iúbeas, deprecámur, sócia exsultatióne dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARÍSTICA III.
Antífona de la comunión Lc 1, 49
El Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo.
Antiphona ad communionem Lc 1, 49
Fecit mihi magna, qui potens est, et sanctum nomen eius.
Oración después de la comunión
Como partícipes de la redención eterna, quienes hacemos memoria de la Madre de tu Hijo te pedimos, Señor, que nos gloriemos en la plenitud de tu gracia y sintamos el aumento continuo de la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Redemptiónis aetérnae partícipes effécti, quaesumus, Dómine, ut, qui Genetrícis Fílii tui memóriam ágimus, et de grátiae tuae plenitúdine gloriémur, et salvatiónis contínuum sentiámus augméntum. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 23 de septiembre

1. San Pío de Pietralcina (Francisco) Forgione, presbítero de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, que en el convento de San Giovanni Rotondo, en Apulia, se dedicó a la dirección espiritual de los fieles y a la reconciliación de los penitentes, mostrando una atención particular hacia los pobres y necesitados, terminando en este día su peregrinación terrena y configurándose con Cristo crucificado (1968).
2. Conmemoración de los santos Zacarías e Isabel, padres de san Juan Bautista, Precursor del Señor. Isabel, al recibir a su pariente María en su casa, llena de Espíritu Santo saludó a la Madre del Señor como bendita entre todas las mujeres, y Zacarías, sacerdote lleno de espíritu profético, ante el hijo nacido alabó a Dios redentor y predicó la próxima aparición de Cristo, Sol de Oriente, que procede de lo Alto.
3. En Roma, conmemoración de san Lino, papa, a quien, según testimonio de san Ireneo, los santos apóstoles le encomendaron el episcopado de la Iglesia fundada en la Urbe. Pablo apóstol lo recuerda como compañero (s. I).
4. En Misena de Campania, en Italia, san Sosso (antes Sosio), diácono y mártir, quien, al decir del papa san Símaco, deseando proteger de la muerte a su obispo, consiguió también él el martirio con igual precio y gloria (c. 305).
5. En Ancona, del Piceno, en Italia, conmemoración de san Constancio, mansionario de la iglesia, conspicuo más por la humildad que por el don de milagros (s. V).
6*. En el monasterio de Hy, en la isla de Iona, en Escocia, san Adamnano, presbítero y abad, varón muy docto en conocimientos bíblicos y amantísimo de la unidad y de la paz, que, tanto en Escocia como en Irlanda, con su predicación persuadió a muchos para celebrar la Pascua según la tradición romana (704).
7. En Africa, santos Andrés, Juan, Pedro y Antonio, mártires, los cuales, cautivos en Siracusa, fueron deportados y sacrificados por los sarracenos (post 881).
8*. En Venecia, beato Pedro Acotanto, monje, que recusó humildemente el cargo de abad, prefiriendo vivir recluso en el monasterio (c. 1187).
9*. En Bolonia, en la región de la Emilia, en Italia, beata Elena Duglioli Dall’Olio, que después de un matrimonio llevado en admirable concordia con su cónyuge, al enviudar vivió una vida ejemplar (1520).
10*. En Tlaxcala, ciudad de México, beatos Cristóbal, Antonio y Juan, mártires, que alegres dieron su asentimiento a la fe cristiana en tiempo de la primera evangelización de América, por lo cual fueron martirizados por sus antiguos correligionarios (1527-1529).
11*. En Kingston, a orillas del Támesis, en Inglaterra, beato Guillermo Way, presbítero y mártir, condenado a la pena capital y colgado en el patíbulo, reinando Isabel I, por haber entrado en Inglaterra en calidad de sacerdote (1588).
12*. En Montreal, en la provincia de Quebec, en Canadá, beata María Emilia Tavernier, religiosa, que, al perder el marido y los hijos, se entregó a cuidar a los necesitados, fundando la Congregación de las Hermanas de la Providencia, en favor de los huérfanos, ancianos y débiles mentales (1851).
13*. En Benissa, de la provincia de Valencia, en España, beato Vicente Ballester Far, presbítero y mártir, que en los días de persecución religiosa libró un buen combate por Cristo (1936).
14*. En Benicalap, también en la provincia española de Valencia, beatas Sofía Ximénez Ximénez, madre de familia, María de la Purificación de San José Ximénez y María Josefa del Río Mesa, vírgenes del Instituto de Carmelitas de la Caridad, mártires, que llegaron todas ellas al triunfo de la gloria sufriendo el combate del martirio (1936).
15*. En Cracovia, en Polonia, beata Bernardina Jablonska, virgen, fundadora de la Congregación de Hermanas Servidoras de los Pobres, siempre solícita para con los necesitados y enfermos (1940).
16*. En Varsovia, también en Polonia, beato José Stanek, presbítero de la Sociedad del Apostolado Católico y mártir, el cual, en tiempo de guerra, sufrió el martirio al ser ahorcado por los perseguidores de la fe (1944).
17. En Seleucia, de Cilicia, santa Tecla, virgen y mártir, originaria de Iconio, en Licaonia (s. inc.).

viernes, 17 de agosto de 2018

Viernes 21 septiembre 2018, San Mateo, apóstol y evangelista, fiesta.

SOBRE LITURGIA

SANTA MISA "IN CENA DOMINI"
HOMILÍA DE SU SANTIDAD PABLO VI

Basílica de San Juan de Letrán, Jueves Santo 26 de marzo de 1964

El segundo motivo, que si hace referencia, como decíamos, a todo sacerdote, a todo obispo, respecta principalmente a Nos, a nuestra persona y a nuestra misión que Cristo quiere poner en el corazón de la unidad de toda la Iglesia católica, y ennoblecerla con un título, impuesto por un Padre, desde los albores de la historia eclesiástica, de “presidente de la caridad”. Creemos nos incumbe el grande y grave oficio de recapitular aquí la historia humana anudada como a su luz y salvación, al sacrificio de Cristo, sacrificio que aquí se refleja y de modo incruento se renueva; nos toca atender una mesa a la que están invitados místicamente todos los obispos, todos los sacerdotes, todos los fieles de la tierra; aquí se celebra la hermandad de todos los hijos de la Iglesia católica; aquí está la fuente de la socialidad cristiana, convocada a sus principios constitutivos trascendentes y socorridas por energías alimentadas, no por intereses terrenos, que son siempre de funcionamiento ambiguo, ni por cálculos políticos, siempre de efímera consistencia, no por ambiciones imperialistas o dictámenes coercitivos, ni siquiera por el sueño noble e ideal de la concordia universal, que puede, a lo más, intentar el hombre, pero que no sabe realizar ni conservar; por energías, decimos, potenciadas por una corriente superior, divina, por la corriente, por la urgencia de la caridad, que Cristo nos ha conseguido de Dios y hace circular en nosotros, para ayudarnos a “ser una sola cosa” como lo es El con el Padre.

Hermanos e hijos míos; ni las palabras ni el tiempo son suficientes para decirnos a nosotros mismos la plenitud de este momento; esta es la celebración de uno y de muchos, la escuela del amor superior de los unos para con los otros, la profesión de la estima mutua, la alianza de la colaboración recíproca, el empeño del servicio gratuito, la razón de la sabia tolerancia, el precepto del perdón mutuo, la fuente del gozo por la fortuna de los demás, y del dolor por la desventura ajena, el estímulo para preferir el dar dones a recibirlos, la fuente de la verdadera amistad, el arte de gobernar sirviendo y de obedecer queriendo, la formación en las relaciones corteses y sinceras con los hombres, la defensa del respeto y veneración a la personalidad, la armonía de los espíritus libres y dóciles, la comunión de las almas, la caridad.

CALENDARIO

21 VIERNES. SAN MATEO, apóstol y evangelista, fiesta


Fiesta de san Mateo, apóstol y evangelista, llamado antes Leví, que, al ser invitado por Jesús para seguirle, dejó su oficio de publicano o recaudador de impuestos y, elegido entre los apóstoles, escribió un evangelio en que se proclama principalmente que Jesucristo es hijo de David, hijo de Abrahán, con lo que, de este modo, se da plenitud al Antiguo Testamento (elog. del Martirologio Romano).

Misa de la fiesta (rojo).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Pf. de los apóstoles, conveniente PE I. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. IV.
- Ef 4, 1-7. 11-13. Él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, evangelistas.
- Sal 18. R. A toda la tierra alcanza su pregón.
- Mt 9, 9-13. Sígueme. Él se levantó y lo siguió.

* Hoy no se permiten las misas de difuntos, excepto la exequial.

Liturgia de las Horas: oficio de la fiesta. Te Deum.

Martirologio: elogs. del 22 de septiembre, pág. 568.
CALENDARIOS: Girona: Dedicación de la iglesia-catedral (F).
Getafe: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. José Rico Paves, obispo auxiliar (2012).

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Fiesta de san Mateo, apóstol y evangelista, llamado antes Leví, que, al ser invitado por Jesús para seguirle, dejó su oficio de publicano o recaudador de impuestos y, elegido entre los apóstoles, escribió un evangelio en que se proclama principalmente que Jesucristo es hijo de David, hijo de Abrahán, con lo que, de este modo, se da plenitud al Antiguo Testamento.

21 de septiembre
SAN MATEO, APÓSTOL Y EVANGELISTA
Fiesta
Die 21 septembris
S. MATTHAEI, APOSTOLI ET EVANGELISTAE
Festum
Antífona de entrada Cf. Mt 28, 19-20
Id, enseñad a todos los pueblos, bautizándolos, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado, dice el Señor.
Antiphona ad introitum Mt 28,19-20
Eúntes, docéte omnes gentes, baptizántes eos, et docéntes eos serváre ómnia quaecúmque mandávi vobis, dicit Dóminus.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Oh, Dios, que te dignaste elegir a san Mateo con inefable misericordia, para convertirlo de publicano en apóstol, concédenos que, fortalecidos con su ejemplo e intercesión, te sigamos y permanezcamos firmemente unidos a ti. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui ineffábili misericórdia beátum Matthaeum ex publicáno Apóstolum es dignátus elígere, da nobis, eius exémplo et intercessióne suffúltis, ut, te sequéntes, tibi fírmiter adhaerére mereámur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas de la fiesta de San Mateo, apóstol y evangelista (Lec. IV).

PRIMERA LECTURA Ef 4, 1-7. 11-13
Él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, evangelistas
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos:
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.
Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos.
A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo.
Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 18, 2-3. 4-5 (R.: 5a)
R.
A toda la tierra alcanza su pregón. In omnem terram exívit sonus eórum.

V. El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R.
A toda la tierra alcanza su pregón. In omnem terram exívit sonus eórum.

V. Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los limites del orbe su lenguaje. R.
A toda la tierra alcanza su pregón. In omnem terram exívit sonus eórum.

Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos; a ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles. R.
Te Deum laudámus, te Dóminum confitémur; te gloriósus Apostolórum chorus laudat, Dómine.

EVANGELIO Mt 9, 9-13
Sígueme. Él se levantó y lo siguió
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él se levantó y lo siguió.
Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y dijo:
«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Beda el Venerable, Homilía 21
La conversión de un solo publicano fue una muestra de penitencia y de perdón para muchos otros publicanos y pecadores. Ello fue un hermoso y verdadero presagio, ya que Mateo, que estaba destinado a ser apóstol y maestro de los gentiles, en su primer trato con el Señor arrastró en pos de sí por el camino de la salvación a un considerable grupo de pecadores. De este modo, ya en los inicios de su fe, comienza su ministerio de evangelizador que luego, llegado a la madurez en la virtud, había de desempeñar. Pero, si deseamos penetrar más profundamente el significado de estos hechos debemos observar que Mateo no sólo ofreció al Señor un banquete corporal en su casa terrena, sino que le preparó; por su fe y por su amor, otro banquete mucho más grato en la casa de su interior, según aquellas palabras del Apocalipsis: Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos.

Oración de los fieles
350. En esta festividad del apóstol san Mateo, presentemos nuestras oraciones a Dios Padre.
- Para que el evangelio sea la norma de vida de todos los miembros dela Iglesia. Oremos al Señor.
- Para que reinen en el mundo la paz, la concordia y el mutuo respeto y amor. Oremos al Señor.
- Para que los que pasan hambre o cualquier otro tipo de privación sean aliviados con la ayuda generosa de los hermanos. Oremos al Señor.
- Para que todos nosotros vivamos un estilo de vida conforme a las bienaventuranzas evangélicas. Oremos al Señor.
Escucha, Padre, las súplicas que te presentamos, apoyados en la intercesión del apóstol y evangelista san Mateo. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Al celebrar la memoria de san Mateo, te presentamos, Señor, nuestras oraciones y ofrendas, pidiéndote que mires con amor a tu Iglesia, cuya fe alimentaste con la predicación de los apóstoles. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Memóriam beáti Matthaei recenséntes, preces et hóstias tibi, Dómine, deférimus, supplíciter exorántes, ut Ecclésiam tuam benígnus aspícias, cuius fidem Apostolórum praedicatiónibus nutrivísti. Per Christum.
PREFACIO II DE LOS APÓSTOLES
Los Apóstoles, fundamento de la Iglesia y testimonio para el mundo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque has querido que tu Iglesia tenga por fundamento a los apóstoles, para que permanezca en la tierra como signo perpetuo de tu santidad y ofrezca a todos los hombres las enseñanzas del cielo.
Por eso, Señor, con toda la multitud de los ángeles, te aclamamos ahora y por siempre diciendo con humilde fe:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO II DE APOSTOLIS
De apostolico fundamento et testimonio
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Quóniam Ecclésiam tuam in apostólicis tribuísti consístere fundaméntis, ut signum sanctitátis tuae in terris manéret ipsa perpétuum, et caeléstia praebéret cunctis homínibus documénta.
Quaprópter nunc et usque in saeculum cum omni milítia Angelórum devóta tibi mente concínimus, clamántes atque dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de comunión Cf. Mt 9, 13
No he venido a llamar a justos sino a pecadores, dice el Señor.
Antiphona ad communionem Mt 9, 13
Non veni vocáre iustos, sed peccatóres, dicit Dóminus.
Oración después de la comunión
Hemos participado, Señor, en la alegría de la salvación que experimentó, gozoso, san Mateo al tener como invitado en su casa al Salvador, Concédenos alimentamos siempre con la comida de aquel que no ha venido a llamar a la salvación a los justos sino a los pecadores. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Salutáris gáudii partícipes, Dómine, quo laetus Salvatórem in domo sua convívam beátus Matthaeus excépit, da, ut cibo semper reficiámur illíus, qui non iustos sed peccatóres vocáre venit ad salútem. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
Se puede decir la fórmula de la bendición solemne de los Apóstoles
Dios que os ha edificado sobre el cimiento de los apóstoles, por la intercesión gloriosa de san N., apóstol, os llene de sus bendiciones.
R. Amén.
Quien os ha enriquecido con la palabra y el ejemplo de los apóstoles os conceda su ayuda para que seáis testigos de la verdad ante el mundo.
R. Amén.
Para que así obtengáis la heredad del reino eterno, por la intercesión de los apóstoles, por cuya palabra os mantenéis firmes en la fe.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
R. Amén.
Adhiberi potest formula benedictionis sollemnis. De Apostolis
Deus, qui vos in apostólicis tríbuit consístere fundaméntis, benedícere vobis dignétur beáti Apóstoli N. méritis intercedéntibus gloriósis.
R. Amen.
Et apostólicis praesídiis vos pro cunctis fáciat testes veritátis, qui vos eórum munerári documéntis vóluit et exémplis.
R. Amen.
Ut eórum intercessióne ad aetérnae pátriae hereditátem perveníre possítis, per quorum doctrínam fídei firmitátem possidétis.
R. Amen.
Et benedíctio Dei omnipoténtis, Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti, descéndat super vos et máneat semper.
R. Amen.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 22 de septiembre

1. En Roma, en el cementerio de Commodila de la vía Ostiense, conmemoración de santa Emérita, mártir (s. inc.).
2. En Agauno (hoy Saint Maurice d ́Agaune), en la región de Valais, en el país de los helvecios, santos mártires Mauricio, Exuperio, Cándido, que siendo soldados, al decir de san Euquerio de Lyon, fueron sacrificados por su fe en Cristo, en tiempo del emperador Maximiano, juntamente con sus compañeros de la misma legión Tebea y el veterano Víctor, ilustrando así a la Iglesia con su gloriosa pasión (c. 302).
3. En Roma, en la vía Salaria Antigua, sepultura de santa Basila, mártir, bajo Diocleciano y Maximiano (304).
4. En Levroux, en el territorio de Bourges, en Aquitania, san Silvano, eremita (c. s. V).
5. En el monte Glonna, a orillas del Loira, en la región de Poitiers, en la Galia, san Florencio, presbítero (c. s. VI).
6. En la Galia, en el territorio de Coutances, san Lautón o Laudo, obispo (post 549).
7. En Laon, de Neustria (hoy Francia), santa Salaberga, abadesa, de quien se dice que san Columbano le curó su ceguera y la encauzó al servicio de Dios (c. 664).
8. En Ratisbona (hoy Regensburg), en Baviera, san Emeramo, obispo, martirizado por su fe en Cristo (c. 690).
9*. En el monasterio cisterciense de Morimond, de la Galia, tránsito del beato Otón, obispo de Freising, en Baviera, muerto con el hábito monacal, que nunca abandonó en todo el tiempo de su episcopado (1158).
10*. En Turín, en la región del Piamonte, beato Ignacio de Sandone (Lorenzo Mauricio) Belvisotti, presbítero de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos, asiduo en atender a penitentes y en ayudar a enfermos (1770).
11*. Frente a Rochefort, en la costa norte de Francia, beato José Marchandon, presbítero y mártir, que, en días de la Revolución Francesa, fue embarcado en sórdida nave por razón de su condición sacerdotal, muriendo consumido de hambre y enfermedad para volar al Padre (1794).
12. En Seúl, de Corea, pasión de los santos Pablo Chong Ha-sang y Agustín Yu Chin-gil, mártires. Pablo coordinó la primera comunidad de cristianos durante veinte años de persecución y el segundo escribió una carta al papa Gregorio XVI pidiéndole presbíteros para Corea. Ambos catequistas fueron degollados a causa de su fe, después de crueles suplicios (1839).
13*. En la localidad denominada Montserrat, en la región de Valencia, en España, beato Carlos Navarro, presbítero de la Orden de Clérigos Regulares de Escuelas Pías, y mártir glorioso durante la dura persecución religiosa (1936).
14*. En la misma población de Monserrat, beato Germán Gozalvo Andreu, presbítero, y mártir por el testimonio de Cristo en la misma persecución religiosa (1936).
15*. En Alcira, también en la provincia de Valencia, en España, beatos mártires Vicente Pelufo Corts, presbítero, y Josefa Moscardó Montalvá, virgen, que merecieron portar la palma de la victoria ante Dios omnipotente durante la referida persecución (1936).
16*. En Bolbaite, en la misma provincia de Valencia, beato Vicente Sicluna Hernández, presbítero, y mártir en la citada persecución (1936).
17*. En Corbera, cerca de la ciudad de Valencia, de nuevo en España, beata María de la Purificación Vidal Pastor, virgen, y mártir durante la misma persecución, mereciendo entrar con Cristo Esposo a las bodas eternas (1936).