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Domingo 11 diciembre 2016, III Domingo de Adviento, ciclo A.

sábado, 31 de octubre de 2015

EXEQUIAS CON MISA, por un sacerdote difunto.

Difuntos y Exequias

RITO DE LAS EXEQUIAS POR UN PRESBÍTERO DIFUNTO

FORMULARIO COMÚN III


Se pueden presentar dos opciones para la primera estación: 
a) en la capilla ardiente; 
b) en el atrio de la iglesia, oratorio o capilla.

A) 
1. ESTACIÓN EN LA CAPILLA ARDIENTE

1. El que preside la celebración saluda a los presentes, diciendo:
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu

Luego, inicia la celebración con las siguientes palabras u otras parecidas:

Queridos familiares y amigos: En este momento de dolor en que nos ha sumido la muerte de N., sacerdote, con quien hemos convivido largos años y a quien tanto amábamos, la Iglesia nos recibe y quiere reanimar y fortalecer nuestra esperanza. Confiemos en Dios, que él nos ayudará; esperemos en él, y nos allanará el camino.

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1 bis. A continuación, puede recitarse, sin canto, el salmo siguiente:

Ant. Mi alma espera en el Señor.

Salmo 129

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Ant. Mi alma espera en el Señor.
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2. Después de la salutación inicial (o del salmo), se añade la siguiente oración:

Oremos.
Escucha, Señor, con piedad las plegarias que te dirigimos por tu siervo, el presbítero N., a quien encomendaste la misión de apacentar a tus fiele, y haz que quien presentó a tu Hijo en la asamblea de tu pueblo sea ahora reconocido por el Pastor supremo y se alegre eternamente en la asamblea de los santos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

A continuación, se organiza la procesión hacia la iglesia. Durante ella, conviene no omitir munca el canto del salmo 113, en el que se puede ir intercalando la antífona Dichosos los que mueren en el Señor.

Ant. Dichosos los que mueren en el Señor.

Salmo 113, 1-8. 25-26

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedeernal en manantiales de agua.

Los mueros ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Se repite el canto de la antífona: Dichosos los que mueren en el Señor.

Al llegar la procesión a la iglesia, se entona el canto de entrada de la misa u otro canto parecido.

Réquiem* aetérnam dóna éis, Dómine:
et lux perpétua lúceat éis.
Te décet hýmnus, Déus, in Síon,
et tíbi reddétur vótum in Ierúsalem:*
exáudi oratiónem méam,
ad te ómnis cáro véniet.
Réquiem.
Repetitur Réquiem, usque ad Psalmum.

O bien:

Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.
Ya no habrá ni muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor,
porque el primer mundo ha pasado.
1. Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
2. Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

B)
1. RECIBIMIENTO DEL DIFUNTO EN EL ATRIO DE LA IGLESIA.

1. El que preside la celebración, junto a la puerta de la iglesia, saluda a los familiares y amigos del difunto con las siguientes palabras u otras parecidas:

Queridos familiares y amigos: En este momento de dolor en que nos ha sumido la muerte de N., sacerdote, con quien hemos convivido largos años y a quien tanto amábamos, la Iglesia nos recibe y quiere reanimar y fortalecer nuestra esperanza. Confiemos en Dios, que él nos ayudará; esperemos en él, y nos allanará el camino.

2. A continuación se entra el cadáver en la iglesia.
(Mientras se introduce es muy oportuno cantar el salmo 113, en el que la asamblea puede ir intercalando la antífona Dichosos los que mueren en el Señor, o bien se entona otro canto apropiado).

Ant. Dichosos los que mueren en el Señor.

Salmo 113, 1-8. 25-26

Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.

El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.

¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos?

En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedeernal en manantiales de agua.

Los mueros ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Se repite el canto de la antífona: Dichosos los que mueren en el Señor.

2. ESTACIÓN EN LA IGLESIA

3. En la iglesia, el cuerpo del presbítero se coloca de espaldas al altar y de cara al pueblo, cerca del cirio pascual, si es posible.
Situados los sacerdotes concelebrantes en su sede, y los familiares en sus lugares, el que preside la celebración saluda a los presentes, diciendo:
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu

Luego, inicia la celebración con las siguientes palabras u otras parecidas:

Hermanos: Nos hemos reunido en torno al altar para celebrar el misterio pascual de Jesucristo, que se cumple en nuestro hermano sacerdote N., cuyo cuerpo acompañamos con veneración y respeto: un día fue recibido en la familia de los hijos de Dios por el bautismo, quedando para siempre incorporado a Cristo. Otro día, por medio del sacramento del Orden, fue hecho signo e instrumento de Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia. Desde entonces, sus manos, sus labios y su corazón han estado consagrados al ministerio presbiteral.
Nuestra presencia aquí quiere ser expresión de gratitud al Señor por el don de la vida sacerdotal de sus siervo, y súplica confiada de que participará en el banquete celeste el que tantas veces presidió la Eucaristía en la tierra.
[Al comenzar estos sagrados misterios, reconozcamos humildemente que somos pecadores].

4. El que preside enciende en este momento el cirio pascual, diciendo la siguiente fórmula:
Junto al cuerpo, ahora sin vida, de nuestro hermano N., encendemos, oh Cristo Jesús, esta llama, símbolo de tu cuerpo glorioso y resucitado; que el resplandor de esta luz ilumine nuestras tinieblas y alumbre nuestro camino de esperanza, hasta que lleguemos a ti, oh Claridad eterna, que vives y reinas, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
La asamblea puede cantar 
¡Oh luz gozosa de la santa gloria
del Padre celeste inmortal!
¡Santo y feliz Jesucristo!
u otro canto apropiado.

A continuación, pueden colocarse sobre el féretro la casulla, la estola y el evangeliario, mientras el celebrante dice las fórmulas siguientes:

Mientras se coloca la estola y la casulla:
Mira, Señor, con misericordia, a tu siervo N., que, mientras presidía en tu nombre la asamblea de los fieles, llevaba estas vestiduras de fiesta; y concédele que ahora, revestido de gloria en tu presencia, te celebre con tus santos eternamente.

Mientras se coloca el evangeliario:
Que el presbítero N., que tuvo en este mundo la misión de anunciar el Evangelio de Cristo, goce ahora contemplando, cara a cara, aquella misma verdad que, ya cuando vivía en la luz limitada de este mundo, vislumbró en la palabra de Dios y predicó con celo.

MISA EXEQUIAL

A continuación se dice la oración colecta:
Oremos.
Oh Dios, pastor inmortal de los hombres, concede a tu siervo N., presbítero, que pueda gozar eternamente en el cielo de la gracia y el perdón que él administró en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
Oremos.
Te pedimos, Señor, que tu siervo N., sacerdote, a quien encomendaste durante su vida el ministerio    sagrado, llegue a participar eternamente en la gran asamblea de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

La celebración prosigue como habitualmente, con la Liturgia de la palabra (cf. el Leccionario de las misas de difuntos).

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
Yo sé que está vivo mi Redentor
Lectura del libro de Job 19, 1. 23-27a

Respondió Job a sus amigos:
«¡Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá se grabaran en cobre, con cincel de hierro y en plomo se escribieran para siempre en la roca!
Yo se que está vivo mi Redentor, y que al final se alzará sobre el polvo: después que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios; yo mismo lo veré, y no otro, mis propios ojos lo verán.»

Palabra de Dios.

O bien, en Tiempo Pascual:
Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
-«Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los israelitas, anunciando la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con el.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que el había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con el después de su resurrección.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en el reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 22, 1-3. 4. 5. 6 (R.: 1; o bien: 4ab)
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tu vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin termino. R.

SEGUNDA LECTURA (si se ve conveniente)
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 31b-35. 37-39

Hermanos:
Si Dios esta con nosotros, ¿quien estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con el?
¿Quien acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quien condenará?
¿Será acaso Cristo, que murió, más aun, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?
¿Quien podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia? , ¿la persecución? , ¿el hambre? , ¿la desnudez? , ¿el peligro? , ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.

Aleluya o versículo antes del Evangelio
Jn 6, 51
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo —dice el Señor—; el que coma de este pan vivirá para siempre.

EVANGELIO
El que come este pan tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
—«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí:
—«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo:
—«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitare en el ultimo día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra del Señor.

5. Después de la homilía, se hace, como habitualmente la oración universal, con el siguiente formulario u otro parecido:

Celebrante principal:
Hermanos: Oremos a Dios Padre misericordioso, que nos reune para celebrar la muerte y resurrección de su Hijo, para que conceda la felicidad de su reino a nuestro hermano N., a quien en el bautismo llamó a la vida eterna y en el sacramento del orden pñuso al servicio de su pueblo.
1. Por nuestro hermano N., presbítero, elegido para hacer las veces de Cristo en medio de la comunidad cristiana, para que sea contado entre los servidores fieles y reciba el premio de sus trabajos, roguemos al Señor.
2. Por el que fue ordenado para ofrecer sobre el altar el sacrificio de Cristo uniendo a él la oblación de los fieles, para que participe para siempre en el banquete celeste y en la alabanza de los bienaventurados, roguemos al Señor.
3. Por la Iglesia santa de Dios, para que no se vea privada de los ministros necesarios del Evangelio y de los sacramentos, roguemos al Señor.
4. Por esta comunidad de N., (todas las personas) que conocimos la dedicación pastoral de nuestro hermano N., para que guardemos con amor su memoria y perseveremos siempre en la fe, roguemos al Señor.
5. Por todos nosotros, para que a imagen de Cristo, buen Pastor, demos día a día la vida por Dios y nuestros hermanos, roguemos al Señor.

Celebrante principal:
Oh Dios, que quisite dar pastores a tu pueblo, al elevar nuestras oraciones en favor de nuestro hermano N., presbítero, te pedimos que le concedas el premio prometido a tus servidores fieles y solícitos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

La misa prosigue como habitualmente, hasta la oración después de la comunión.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, en tu bondad, este sacrificio que nosotros, tus siervos, te presentamos por nuestro hermano N., sacerdote; y este sacrificio que él te ofreció con amor en sus días de servicio a la Iglesia, te pedimos que ahora le alcance tu misericordia. Por Jesucristo. nuestro Señor.

PREFACIO IV DE DIFUNTOS
La vida terrena y la gloria celeste
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque tu voluntad nos da la vida, tus decretos la dirigen y un mandato tuyo, en castigo del pecado, nos devuelve a la tierra de la que habíamos sido sacados. Y también te damos gracias porque, al redimirnos con la muerte de tu Hijo Jesucristo, por tu voluntad salvadora nos llevas a nueva vida para que tengamos parte en su gloriosa resurrección.
Por eso, como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la tierra te aclamamos diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo...

PLEGARIA EUCARISTICA III.

Antífona de la comunión Flp 3, 20-21
Aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa.

Oración después de la comunión
Alimentados con el pan del cielo, te pedimos, Señor, que, en virtud de este sacrificio, tu siervo N., sacerdote, que consagró su vida al servicio de la Iglesia, viva ahora feliz en tu presencia. Por Jesucristo nuestro Señor.

3. ÚLTIMO ADIÓS AL CUERPO DEL DIFUNTO

6. Dicha la oración después de la comunión y omitida la bendición, se procede al rito del último adiós al cuerpo del difunto. El que preside, colocado cerca del féretro, se dirige a los fieles con las siguientes palabras u otras parecidas:

Antes de entregar a la tierra, de donde fue formado, el cuerpo de nuestro hermano N., presbítero de esta Iglesia N. (diócesis, comunidad religiosa,...) , despidámonos de él con un útlimo gesto de respeto y de veneración.Hecho templo vivo de Dios por el bautismo, participó después en el sacerdocio de Jesucristo por el sacramento del orden. Sus manos fueron entonces ungidas para bendecir y perdonar. Sus labios destinados a predicar el Evangelio, y su corazón a acoger paternalmente a todos los hombres.
Este último adiós está marcado, pues, por la gratitud y el reconocimiento hacia una vida sacerdotal gastada en el servicio a Dios y a la Iglesia.
Que nuestra oración encomiende a N. en las manos del Padre celestial, con la intercesión de María, la Madre del Señor y de los Santos pastores.

7. Todos oran unos momentos en silencio. Luego, el que preside continúa, diciendo:

El agua que vamos a derramar sobre el cuerpo de este hermano nuestro nos recuerda de que en el abutismo fue hecho miembro del cuerpo de Jesucristo, que muerió y fue sepultado, pero que con su gloriosa resurrección venció la muerte.

8. Después, el que preside da la vuelta al féretro aspergiéndolo con agua bendita; mientras tanto se canta la primera parte del responsorio Subvenite u otro canto de despedida del difunto.

Responsorio (1ª parte)
Subveníte, Sáncti Déi,
occúrrite, Ángeli Dómini:
Suscipiéntes ánimam éius:+
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.
V. Suscípiat te Chrístus, qui vocávit te:
et in sínum Ábrahae Ángeli dedúcant te:* 
Suscipiénte ánimam éius:+
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.

O bien:

Canto de despedida (1ª parte)
1. Tú fuiste sepultado por el bautismo en la muerte de Jesús;
que la muerte de Jesús te conduzca hacia el Padre.
R. Y te encontraremos en la casa del Padre.
2. Tú fuiste injertado en la vida de Jesús;
que la vida de Jesús te conduzca hacia el Padre.

Luego el que preside añade:

Ahora vamos a perfumar este cuerpo con incienso; este gesto nos recordará que el cuerpo de nuestro hermano fue templo del Espíritu y que en su iniciación cristiana no sólo fue vinculado a la muerte del Señor, sino que también, al ser ungido con el óleo perfumado de la confirmación y del sacramento del orden, se significó que, como Cristo, era destinado a la resurrección y a recibir del Padre el beso de su amor: En la persona de Cristo, el Padre hizo que nuestro hermano se sentara con él en el cielo.

A continuación, pone incienso en el turíbulo, lo bendice y da una segunda vuelta al féretro con el incienso; mientras tanto se canta la segunda parte del responsorio Subvenite o del canto de despedida del difunto:

Responsorio (2ª parte)
Subveníte, Sáncti Déi,
occúrrite, Ángeli Dómini:
Suscipiéntes ánimam éius:+
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.
V. Réquiem aetérnam dóna éi, Dómine:
et lux perpétua lúceat éi.
Suscipiéntes ánimam éius:+
Offeréntes éam in conspéctu Altíssimi.

O bien:

Canto de despedida (2ª parte)
3. Tú fuiste marcado por el Espíritu de Jesús;
que el Espíritu de Jesús te conduzca hacia el Padre.
R. Y te encontraremos en la casa del Padre.
4. Tú fuiste alimentado con el cuerpo de Jesús;
que el cuerpo de Jesús te conduzca hacia el Padre.

O bien:

Canto de despedida
Te colocamos en los brazos de Dios, nuestro Padre;
confiados en su amor nos despedimos de ti.
V. Que el Señor que te alimentó con su carne, resucite tu cuerpo;
que revestido de gloria, vivas siempre con él.

Si no hay canto, mientras el celebrante hace la incensación, uno de los presentes puede recitar las siguientes invocaciones, a las que el pueblo responde: Señor, ten piedad, o bien: Kýrie, eléison.

Invocaciones
Que el Padre, que te invitó a comer la carne inmaculada de su Hijo, te admita ahora en la mesa de su reino.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)Que Cristo, vid verdadera en quien fuiste injertado por el bautismo, te haga participa ahora de su vida gloriosa.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)
Que el Espiritu de Dios, con cuyo fuego ardiente fuiste madurado, revista tu cuerpo de inmortalidad.
R. Señor, ten piedad. (Kýrie, eléison.)

9. Después, el que preside añade la siguiente oración:

Oremos.
Señor Jesucristo, redentor del género humano, te pedimos que des entrada en tu paraíso a nuestro hermano N., sacerdote, que acaba de cerrar sus ojos a la luz de este mundoy los ha abierto para contemplarte a ti, Luz verdadera; libralo, Señor, de la oscuridad de la muerte y haz que contigo goce en el festín de las bodas eternas; que se alegre en tu reino, su verdadera patria, donde no hay tristeza ni muerte, donde todo es vida y alegría sin fin, y contemple tu rostro glorioso por los siglos de los siglos.
R. Amén.

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9 bis. En este momento, uno de los familiares o amigos puede hacer una breve biografía del difunto y agradecer a los presentes su participación en las exequias.
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10. Después se saca el cuerpo hasta la puerta de la iglesia, mientras se canta la siguiente antífona:

Ant. In paradísum* dedúcant te Ángeli:
in túo advéntu suscípiant te Mártires,
et perdúcant te in civitátem sánctam Ierúsalem.

O bien:

Ant. Al paraíso te lleven los ángeles,
a tu llegada te reciban los mártires

y te introduzcan en la ciudad santa de Jerusalén.

11. Llegados a la puerta de la iglesia, mientras se coloca el cuerpo del difunto en el carro mortuorio, se canta el salmo 117, en el que se puede ir intercalando la antífona Esta es la puerta del Señor.

Ant. Esta es la puerta del Señor: los vencedores entrarán por ella.

Salmo 117, 1-20

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señ-or está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;

me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchas: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
"La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa".

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
- Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.


Si no se canta la antífona y el salmo, se recita el salmo 117, intercalando la antífona Esta es la puerta del Señor, que se recita mientras se saca el cuerpo de la iglesia.

12. Terminado el canto o la recitación del salmo, colocado el cuerpo en el carro mortuorio, el que preside añade:

Que el Señor abra las puertas del triunfo a nuestro hermano, para que terminado el duro combate de su vida mortal, entre como vencedor por las puertas de los justos y en sus tiendas entone cantos de victoria por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Y a todos nosotros nos dé la certeza de que no está muerto, sino que duerme, de que no ha perdido la vida, sino que reposa, porque ha sido llamado a la vida eterna pñor los siglos de los siglos.
R. Amén.

13. El que preside termina la celebración, diciendo:

V. Señor, + dale el descanso eterno.
R. Y brille sobre él la luz eterna.
V. Descanse en paz.
R. Amén.
V. Su alma y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R. Amén.
V. Podéis ir en paz.

R. Demos gracias a Dios.