lunes, 22 de julio de 2019

Lunes 26 agosto 2019, Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, memoria obligatoria.

SOBRE LITURGIA

MISA VESPERTINA «IN CENA DOMINI»
HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Basílica de San Juan de Letrán, Jueves Santo 3 de abril de 1980

1. Venerados y queridos participantes en la liturgia del Jueves Santo:

Esta tarde toda la Iglesia se reúne en el Cenáculo: vuelve al Cenáculo para confesar y dar testimonio de que quiere permanecer allí constantemente, sin abandonarlo jamás.

El Cenáculo está en Jerusalén, pero, al mismo tiempo, en muchos lugares del orbe terrestre. Sin embargo, particularmente en esta tarde es cuando todos estos lugares quieren ser un Cenáculo: el lugar de la Ultima Cena. Y todos los que se reúnen en estos lugares van con el recuerdo y el corazón a ese único Cenáculo, que fue el lugar histórico de la Cena del Señor. Al Cenáculo de la Eucaristía de Cristo:

Vayamos allá, pues, también nosotros, reunidos en este templo que, desde hace siglos, es la catedral del Obispo de Roma. Vayamos allá con amor y con humildad. Dejémonos captar por la grandeza de estos momentos únicos en la historia de la salvación del mundo. Sometamos nuestros pensamientos y nuestros corazones al acontecimiento y al misterio, del que vive incesantemente la Iglesia. Escuchemos con el recogimiento más profundo las palabras del Señor y de sus Apóstoles. Observemos cada uno de sus movimientos, cada uno de sus gestos. Leamos en lo profundo de su corazón el mensaje pascual de la salvación. Recibamos, finalmente, el sacramento de la Nueva y de la Antigua Alianza, y vivamos de este amor que tiene aquí su fuente inagotable para la vida eterna.

2. He aquí que Jesús se inclina a los pies de los Apóstoles, para lavarlos. En este gesto quiere expresar la necesidad de la pureza especial que debe reinar en los corazones de quienes se acercan a la Ultima Cena. Es la pureza que sólo El puede traer a los corazones. Y, por esto, fueron vanas las protestas de Simón Pedro, para que el Señor no le lavase los pies; vanas las palabras de sus explicaciones. El Señor, y sólo el Señor, puede realizar en ti, Pedro, esa pureza con la que debe resplandecer tu corazón en su banquete. El Señor, y sólo el Señor, puede lavar los pies y purificar las conciencias humanas, por que para esto es necesaria la fuerza de la redención, esto es, la fuerza del sacrificio que transforma al hombre desde dentro. Para esto es necesario el sello del Cordero cíe Dios, grabado en el corazón del hombre como un beso misterioso del amor.

Inútilmente, pues, te opones, Pedro, y en vano presentas tus razones al Maestro. El Señor responde a tu corazón impulsivo: "Lo que yo hago, tú no lo sabes ahora; lo sabrás después" (Jn 13, 7): Y cuando sigues protestando, Pedro, el Señor te dice: "Si no té lavare, no tendrás parte conmigo" (Jn 13, 8).

La purificación es condición para la comunión con el Señor.

Es la condición de esta comunión y de esa humildad y disponibilidad para servir a los demás, de las que nos da ejemplo el Señor mismo,.cuando se inclina a los pies de sus discípulos, para lavarlos como un siervo.

Es necesario, pues, que la Iglesia —dondequiera se reúna, en cualquier cenáculo del mundo— recuerde constantemente y haga recordar que las condiciones para la comunión con el Señor son éstas: la pureza interior, la humildad de corazón, disponible para servir al prójimo y, en el prójimo, a Dios. Que nadie se acerque a esta Cena con un corazón falso, con la conciencia pecaminosa, pensando en sí con soberbia, sin disponibilidad para servir.

"Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado" (Jn 13, 34).

3. El Cáliz de la Alianza es la Sangre del Redentor.

He aquí que se acerca el momento en que el Señor tomará este cáliz en sus manos.

Primero "tomando el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros" (Lc 22, 19; cf. pasajes paralelos). Y ahora toma el cáliz, para establecer, mediante él, la Alianza con el Padre por medio de su Sangre. He aquí "mi sangre de la Alianza, ¿que será derramada por muchos" (Mc 14, 24; cf. pasajes paralelos).

Antes ya había revelado Dios al Pueblo de la Antigua Alianza la Pascua mediante la Sangre del Cordero. Esto sucedió cuando el Señor decidió hacer salir a este Pueblo de la condición de esclavitud que tenía en Egipto. Precisamente entonces Dios le ordenó inmolar un cordero, elegido entre las ovejas o entre las cabras, nacido dentro del año, y signar con su sangre los postes y el dintel de las casas en las que habitaban. Ordenó también que se asociasen en familias y comieran la carne asada al fuego, con las caderas ceñidas, calzados los pies, el bastón en la mano, porque ésa era la tarde de la Pascua, esto es, del Paso del Señor y el comienzo de la liberación de su Pueblo de la esclavitud que tenía en Egipto (cf. Ex 12).

En el Cenáculo la generación de Israel de entonces —aquella en la que se había cumplido definitivamente el anuncio del Mesías— realizó el rito de la Pascua de la Antigua Alianza. Y este rito lo presidió, en la familia de sus Apóstoles, Jesús mismo, el Cordero al que Juan había ya señalado en la orilla del Jordán, el Cordero de Dios, la Pascua de la Nueva Alianza.

4. Así, pues, El toma en sus manos el pan pascual, ácimo. Levanta el cáliz lleno de vino, y luego lo ofrece y distribuye a los Apóstoles. He aquí que pronuncia las palabras que revelan el misterio del Cordero, señalado allá junto al Jordán, del Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Su Cuerpo será entregado por nosotros. Su Sangre será derramada en remisión de los pecados.

Los Apóstoles escuchan las palabras, que en aquel momento no comprenden plenamente, pero las comprenderán más tarde. Quizá ya mañana, cuando el Señor sea flagelado hasta derramar sangre y clavado en la cruz; o quizá todavía más tarde, cuando El resucite, y se encuentre de nuevo con ellos, en el mismo Cenáculo del Jueves Santo. Comprenderán esas palabras de manera particular, cuándo, también dentro del Cenáculo, descienda sobre ellos el Espíritu Santo, esto es, el Espíritu del Señor, que Él mismo prometió junto con el sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre, también en la Ultima Cena: junto con la Eucaristía del Cenáculo.

Los Apóstoles escuchan estas palabras y participan en el acontecimiento; y aun cuando solamente lo comprenderán más tarde, sin embargo, ya en ese momento, en el Cenáculo del Jueves Santo se realizó lo que elles debían comprender y que desde entonces debían hacer en memoria de El.

Y todo esto también nosotros lo hemos recibido de ellos y de sus sucesores.

Por esto nuestros corazones están colmados del santo estremecimiento de la veneración y del amor, ahora que de nuevo ha llegado para nosotros el Jueves Santo: efectivamente, nos hemos reunido aquí para participar en la liturgia de la Ultima Cena.

"¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?" (Sal 115 [116], 3).

CALENDARIO

26 LUNES. SANTA TERESA DE JESÚS JORNET E IBARS, virgen, memoria obligatoria

Misa
de la memoria (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. III-impar.
- 1 Tes 1, 1-5. 8b-10.
Os convertisteis a Dios, abandonando los ídolos, aguardando la vuelta de su Hijo, a quien ha resucitado.
- Sal 149. R. El Señor ama a su pueblo.
- Mt 23, 13-22. ¡Ay de vosotros, guías ciegos!
o bien:
cf. vol. IV.

Liturgia de las Horas: oficio de la memoria.

Martirologio: elogs. del 27 de agosto, pág. 515.
CALENDARIOS: Hermanitas de los Ancianos Desamparados: (S).
Hijas de la Cruz: Santa Juana Isabel Bichier des Ages, religiosa (S).
Albarracín: Santos Clemente y compañeros, mártires (MO).
Mallorca: San Junípero Serra, presbítero (MO). Menorca y Capuchinos (ML).
Sevilla: San Geroncio de Itálica, obispo y mártir (MO).
Betharramitas: Santa Juana Isabel Bichier, virgen (MO).
Carmelitas Descalzos: Transverberación del corazón de Santa Teresa de Jesús (MO).
Pasionistas: Beato Domingo de la Madre de Dios Barberi, presbítero (MO).
Huesca: San Orencio, obispo y mártir (ML).
Agustinos: Santos Liberato, Bonifacio y compañeros, mártires (ML).
Carmelitas: Beato Jaime Retouret, presbítero y mártir (ML).
Dominicos: Beato Santiago de Bevagna, presbítero (ML).
Familia salesiana: Beato Ceferino Namuncurá, laico (ML).

TEXTOS MISA

26 de agosto
Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, virgen, patrona de la ancianidad
Memoria.

Antífona de Entrada
Ven, esposa de Cristo, recibe la corona que el Señor te ha preparado desde la eternidad.
Veni, sponsa Christi, áccipe corónam, quam tibi Dóminus praeparávit in aetérnum.

Monición de entrada
Conmemoramos en esta celebración a santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, nacida en Aitona (Lérida) en 1843, fundadora de la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados para el cuidado de los ancianos enfermos y abandonados. Murió en Liria (Valencia) en 1897.

Oración Colecta
Oh, Dios, que has guiado a la virgen santa Teresa de Jesús Jornet a la perfecta caridad en el cuidado de los ancianos, concédenos, a ejemplo suyo, servir a Cristo en el prójimo para ser testigos de su amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la XXI semana del Tiempo Ordinario, año impar (Lec. III-impar).

PRIMERA LECTURA 1 Tes 1, 1-5. 8b-10
Os convertisteis a Dios, abandonando los ídolos, aguardando la vuelta de su Hijo, a quien ha resucitado
Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses.

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones.
Ante Dios, nuestro Padre, recordarnos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.
Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien.
Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 149, 1-2. 3-4. 5-6a y 9b
R. El Señor ama a su pueblo.
Beneplácitum est Dómino in pópulo suo.
O bien: Aleluya.

V. Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
R. El Señor ama a su pueblo.
Beneplácitum est Dómino in pópulo suo.

V. Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
R. El Señor ama a su pueblo.
Beneplácitum est Dómino in pópulo suo.

V. Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca.
Es un honor para todos sus fieles.
R. El Señor ama a su pueblo.
Beneplácitum est Dómino in pópulo suo.

Aleluya Jn 10, 27
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-, y yo las conozco, y ellas me siguen. R.
Oves meæ vocem meam áudiunt, dicit Dóminus; et ego cognósco eas, et sequúntur me.

EVANGELIO Mt 23, 13-22
¡Ay de vosotros, guías ciegos!
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo:
«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno de la “gehenna” el doble que vosotros!
¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: “Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga”! Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro?
O también: “Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga”. ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar, jura por él y por cuanto hay sobre él; quien jura por el templo, jura por él y por quien habita en él; y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Agustín, de consensu evangelistarum, 1, 34
También entendemos por el templo y el altar al mismo Jesucristo, por oro y ofrenda las alabanzas, sacrificios y súplicas que en él y por medio de él, le ofrecemos; y no es, por lo tanto El quien se santifica por medio de estas cosas, sino ellas que son santificadas por El. 

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario I
Hermanos, dirijamos nuestra oración a Dios, Padre todopoderoso, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
- Por la santa Iglesia de Dios, para que la custodie y la haga crecer. Roguemos al Señor.
R. Te rogamos, óyenos. (O bien: Señor, escucha y ten piedad.)
- Por todos los pueblos de la tierra, para que les conceda vivir en concordia. Roguemos al Señor.
R. Te rogamos, óyenos. (O bien: Señor, escucha y ten piedad.)
- Por los que viven angustiados por distintas necesidades, para que encuentren ayuda en Dios. Roguemos al Señor.
R. Te rogamos, óyenos. (O bien: Señor, escucha y ten piedad.)
- Por nosotros mismos y por nuestra comunidad, para que el Señor nos acepte como ofrenda agradable. Roguemos al Señor
R. Te rogamos, óyenos. (O bien: Señor, escucha y ten piedad.)
OH. Dios, refugio y fortaleza nuestra, escucha las oraciones de tu Iglesia y concédenos, por tu bondad, lo que pedimos con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Oración sobre las Ofrendas
Recibe, Señor, los dones de tu pueblo y concédenos que, al recordar las maravillas que el amor de tu Hijo realizó en nosotros, nos reafirmemos, a ejemplo de los santos, en el amor a ti y al prójimo. Por Jesucristo.

PREFACIO COMÚN IV
Nuestra misma acción de gracias es un don de Dios
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues aunque no necesitas nuestra alabanza, ni nuestras bendiciones te enriquecen, tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias, para que nos sirva de salvación, por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, unidos a los coros angélicos, te alabamos proclamando llenos de alegría:
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Quia, cum nostra laude non égeas, tuum tamen est donum quod tibi grates rependámus, nam te non augent nostra praecónia, sed nobis profíciunt ad salútem, per Christum Dóminum nostrum.
Et ídeo, choris angélicis sociáti, te laudámus in gáudio confiténtes:
R. Santo, Santo, Santo...


Antífona de la comunión Mt. 25, 6
Que llega el esposo, salid a recibir a Cristo, el Señor.

Oración después de la comunión
Alimentados con el sacramento de salvación, te rogamos, Dios de misericordia, que, imitando la caridad de santa Teresa de Jesús Jornet, seamos un día partícipes de su gloria. Por Jesucristo nuestro Señor.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 27 de agosto
M
emoria de santa Mónica, que, muy joven todavía, fue dada en matrimonio a Patricio, del que tuvo hijos, entre los cuales se cuenta a Agustín, por cuya conversión derramó abundantes lágrimas y oró mucho a Dios. Al tiempo de partir para África, ardiendo en deseos de la vida celestial, murió en la ciudad de Ostia del Tíber (387).
2. En Capua, de la Campania, san Rufo, mártir (s. III/IV).
3. En Tomis, de la Escitia, santos mártires Marcelino, tribuno, su esposa Mannea, Juan, hijo de ambos, y Serapio, clérigo, y Pedro, soldado (c. s. IV).
4. En Bérgamo, en la provincia de Liguria, san Narno, que es considerado primer obispo de la ciudad (s. IV).
5. En la Tebaida, en Egipto, san Poemeno, abad, tenido en suma consideración entre los anacoretas y del que se refieren muchas máximas llenas de sabiduría (s. IV/V).
6. En Couserans, de la Aquitania, san Licerio, obispo, que, oriundo de Hispania, fue discípulo de san Fausto de Riez y con sus oraciones libró a la ciudad de ser destruida por los visigodos (c. 540).
7. En Arlés, de la Provenza, san Cesáreo, obispo, que, después de haber llevado vida monástica en la isla de Lérins, recibió ese episcopado en contra de sus deseos. Preparó y reunió sermones apropiados para las festividades que los presbíteros debían leer con objeto de instruir al pueblo y escribió también reglas de vida, tanto para hombres como para religiosas, para dirigir la vida monástica (542).
8. En Pavía, de la Lombardía, san Juan, obispo (c. 825).
9*. En el monasterio de Peterhausen, que él había fundado, en Suabia, sepultura de san Gebhardo, obispo de Constancia (995).
10*. En el monasterio de Aulps, en Saboya, muerte de san Guarino, obispo de Sión, que, siendo monje de Molesmes en tiempos de san Roberto, fundó este cenobio, que dirigió santamente y agregó a la Orden del Císter (1150).
11*. En Lausana, entre los helvecios (hoy Suiza), san Amadeo, obispo. Siendo monje de Claraval, fue designado abad del cenobio de Hautecombe y elegido, más tarde, para la sede episcopal, desde donde educó con destreza a los jóvenes, formó un clero piadoso y casto y cantó las alabanzas en su predicación de la bienaventurada Virgen María (1159).
12*. En Foligno, de la Umbría, beato Ángel Conti, presbítero de la Orden de Eremitas de San Agustín, insigne por sus penitencias y humildad, y de suma paciencia al recibir ofensas (1312).
13*. En Leominster, en Inglaterra, beato Rogerio Cadwalador, presbítero y mártir. Había sido ordenado en Valladolid, en España, e, insigne por su ciencia, ejerció su ministerio clandestinamente durante dieciséis años en su patria y, finalmente, condenado por el hecho de ser sacerdote, en tiempo del rey Jacobo I fue ajusticiado después de crueles torturas (1610).
14*. En Nagasaki, en Japón, beatos Francisco de Santa María, presbítero de la orden de los Hermanos Menores, y sus catorce compañeros (Sus nombres: Beatos Bartolomé Laurel y Antonio de San Francisco, religiosos de la Orden de los Hermanos Menores; Gaspar Vaz y María, esposos; Magdalena Kiyota, viuda; Cayo Jiyemon, Francisca, Francisco Kurobioye, Luis Matsuo Soyemon, Martín Gómez, Tomás Wo Jinyemon, Lucas Kiyemon y Miguel Kizayemon), mártires, que por orden del gobernador de la ciudad sufrieron el martirio en odio al nombre cristiano (1627).
15. En la ciudad de Usk, en Gales, san David Lewis, presbítero de la Compañía de Jesús y mártir, que, ordenado sacerdote en Roma, celebró ocultamente los sacramentos en su patria durante más de treinta años y prestó ayuda a los pobres, hasta que en el reinado de Carlos II fue ahorcado por ser sacerdote (1679).
16*. En el mar frente a Rochefort, en Francia, en una vieja nave, beatos mártires Juan Bautista de Souzy, presbítero, y Udalrico (Juan Bautista) Guillaume, hermano de las Escuelas Cristianas, mártires, que, en el furor de la persecución contra la Iglesia, fueron detenidos de manera inhumana y por Cristo murieron de hambre y aquejados de grave enfermedad (1794).
17*. En Reading, en Inglaterra, beato Domingo de la Madre de Dios Barberi, presbítero de la Congregación de la Pasión, que, buscando con empeño restablecer la unidad de los cristianos, llevó a muchos al seno de la Iglesia católica (1849).
18*. En la localidad de Picasent, en la región de Valencia, en España, beato Fernando González Añón, presbítero y mártir, que, en tiempo de persecución, mereció pasar a la bienaventuranza eterna (1936).
19*. En el camino entre las aldeas de Godella y Bétera, en el mismo territorio en España, beato Raimundo Martí Soriano, presbítero y mártir, que, en el furor de la misma persecución contra la fe, derramó su sangre por Cristo (1936).
20*. En San Sebastián, en España, beata María del Pilar Izquierdo Albero, virgen, que muy probada por la pobreza y por graves enfermedades, sirvió a Dios mostrado una caridad singular en favor de los pobres y afligidos, para cuyo servicio fundó la Obra Misionera de Jesús y María (1945).

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