lunes, 2 de julio de 2018

Lunes 6 agosto 2018, La Transfiguración del Señor, fiesta.

SOBRE LITURGIA

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA "MENTI NOSTRAE" (23-septiembre-1950)
DE SU SANTIDAD PÍO XII

SOBRE LA SANTIDAD DE LA VIDA SACERDOTAL

Si con solicitud tanta, en virtud de Nuestro deber apostólico, hasta aquí Nos hemos ocupado de la eficaz preparación intelectual que al clero ha de darse, no es difícil entender cuánta es Nuestra preocupación porque la formación espiritual y moral de los jóvenes clérigos sea lo más recta posible; pues si de otro modo sucediere, su ciencia, por muy eminente que fuere, a causa de la soberbia y de la arrogancia, que fácilmente se adueñan de los corazones, podría ocasionar las máximas ruinas. Por ello la Santa Madre Iglesia quiere, sobre todo, que en los seminarios se pongan sólidos fundamentos de santidad a aquellos jóvenes; santidad, que el ministro de Dios deberá luego ofrecer y practicar en todo el decurso de su vida.

Como ya hemos dicho de los sacerdotes, así ahora insistimos en que todos los seminaristas deben tener una plena convicción, sincera y muy profunda, de la necesidad de una exquisita vida espiritual, constituida por todas las virtudes, que con todo empeño han de tratar de conservar luego con fortaleza y aun aumentarlas con entusiasmo durante su vida, una vez que antes las hubiesen adquirido.

Cuando en el decurso de cada día, casi siempre a las mismas horas, los jóvenes seminaristas lleven a cabo las diversas prácticas religiosas, puede temerse el que un movimiento interior de su alma no responda plenamente al exterior ejercicio de la piedad; lo cual, en virtud de la costumbre, pudiera resultar habitual y hasta agravarse cuando, ya fuera del seminario, el ministro de Dios se encuentre como arrebatado por la obligada necesidad de acción en el desempeño total de sus ministerios.

Así, pues, póngase el máximo empeño y cuidado para que los jóvenes seminaristas se formen plenamente en una vida interior alimentada por un espíritu sobrenatural y movida por el mismo espíritu sobrenatural que la gobierna. Que ellos lo hagan todo guiados por la luz de la fe y unidos íntimamente con Cristo Jesús, plenamente convencidos de que éste es un grave deber de conciencia que se impone a quienes más tarde habrán de ser consagrados sacerdotes y deberán, por lo tanto, representar a la misma persona del Divino Maestro en la Iglesia. Ha de ser la vida interior, para los seminaristas, el medio más eficaz para que logren adquirir las condignas virtudes sacerdotales, para vencer totalmente toda clase de dificultades, y para llevar a la práctica plenamente los más altos propósitos.

Quienes están consagrados a la formación moral de los seminaristas han de tener siempre muy presente el hacerles conquistar todas aquellas virtudes que la Iglesia exige a sus sacerdotes. Ya hemos tratado de ellas en otra parte de Nuestra Exhortación; por ello no es necesario volvamos a repetir lo dicho. Pero, entre todas las virtudes que han de adornar a los aspirantes al sacerdocio, no podemos menos de incitarles singularmente a que procuren aquellas sobre las cuales, como sobre firmes fundamentos, se apoya toda la santidad sacerdotal.

CALENDARIO

6 LUNES. TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR, fiesta


Fiesta de la Transfiguración del Señor, en la que Jesucristo, el Unigénito, el amado del Eterno Padre, manifestó su gloria ante los santos apóstoles Pedro, Santiago y Juan, con el testimonio de la Ley y los Profetas, para mostrar nuestra admirable transformación por la gracia en la humildad de nuestra naturaleza asumida por Él, dando a conocer la imagen de Dios, conforme a la cual fue creado el hombre, y que, corrompida en Adán, fue renovada por Cristo (elog. del Martirologio Romano).

Misa de la fiesta (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Pf. prop. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. IV.
- Dan 7, 9-10. 13-14. Su vestido era blanco como nieve.
o bien:
2 Pe 1, 16-19. Esta voz del cielo es la que oímos.
- Sal 96. R. El Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra.
- Mc 9, 2-10. Este es mi Hijo, el amado.

* Hoy no se permiten las misas de difuntos, excepto la exequial.

Liturgia de las Horas: oficio de la fiesta. Te Deum.

Martirologio: elogs. del 7 de agosto, pág. 471.
CALENDARIOS: Canónigos Regulares de Letrán y Brígidas: (S).
Alcalá de Henares: Santos Justo y Pastor, mártires (S).

TEXTOS MISA

Elogio del Martirologio
Fiesta de la Transfiguración de Señor, en la que Jesucristo, el Unigénito, el amado del Eterno Padre, manifestó su gloria ante los santos apóstoles Pedro, Santiago y Juan, con el testimonio de la Ley y los Profetas, para mostrar nuestra admirable transformación por la gracia en la humildad de nuestra naturaleza asumida por Él, dando a conocer la imagen de Dios, conforme a la cual fue creado el hombre, y que, corrompida en Adán, fue renovada por Cristo.

6 de agosto
TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR.
Fiesta
Die 6 augusti
IN TRANSFIGURATIONE DOMINI
Festum
Antífona de entrada Cf. Mt 17, 5
Se manifestó el Espíritu Santo en una nube luminosa y se oyó la voz del Padre que dijo: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Antiphona ad introitum Cf. Mt 17,5
In splendénti nube Spíritus Sanctus visus est, patérna vox audíta est: Hic est Fílius meus diléctus, in quo mihi bene complácui: ipsum audíte.
Se dice Gloria . Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Oh, Dios, que en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los que lo precedieron y prefiguraste maravillosamente la perfecta adopción de los hijos, concede a tus siervos que, escuchando la voz de tu Hijo amado, merezcamos ser sus coherederos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui fídei sacraménta in Unigéniti tui gloriósa Transfiguratióne patrum testimónio roborásti, et adoptiónem filiórum perféctam mirabíliter praesignásti, concéde nobis fámulis tuis, ut, ipsíus dilécti Fílii tui vocem audiéntes, eiúsdem coherédes éffici mereámur. Qui tecum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas de la Fiesta de la La Transfiguración del Señor.

PRIMERA LECTURA (opción 1) Dan 7, 9-10. 13-14
Su vestido era blanco como la nieve
Lectura de la profecía de Daniel

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros.
Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él.
Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos Señor.

PRIMERA LECTURA (opción 2) 2 Pe 1, 16-19
Esta voz del cielo es la que oímos
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro

Queridos hermanos:
Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza.
Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto.» Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada.
Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 96, 1-2. 5-6. 9 (R.: cf. 1a. 9b)
R.
El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra Dóminus regnávit, Altíssimus super omnem terram.

V. El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R.
El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra Dóminus regnávit, Altíssimus super omnem terram.

V. Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R.
El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra Dóminus regnávit, Altíssimus super omnem terram.

V. Porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R.
El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra Dóminus regnávit, Altíssimus super omnem terram.

Aleluya Mt 17, 5c
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo. R. Hic est Fílius meus diléctus, in quo mihi bene complácuit: ipsum audíte.

Ciclo B
EVANGELIO Mc 9, 2-10
Éste es mi Hijo, el amado
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
No sabía qué decir, pues estaban asustados.
Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube:
«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Catecismo de la Iglesia Católica
554 Una visión anticipada del Reino: La Transfiguración.
A partir del día en que Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el Maestro "comenzó a mostrar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén, y sufrir … y ser condenado a muerte y resucitar al tercer día" (Mt 16, 21): Pedro rechazó este anuncio (cf. Mt 16, 22 - 23), los otros no lo comprendieron mejor (cf. Mt 17, 23; Lc 9, 45). En este contexto se sitúa el episodio misterioso de la Transfiguración de Jesús (cf. Mt 17, 1 - 8 par. : 2P 1, 16 - 18), sobre una montaña, ante tres testigos elegidos por él: Pedro, Santiago y Juan. El rostro y los vestidos de Jesús se pusieron fulgurantes como la luz, Moisés y Elías aparecieron y le "hablaban de su partida, que estaba para cumplirse en Jerusalén" (Lc 9, 31). Una nube les cubrió y se oyó una voz desde el cielo que decía: "Este es mi Hijo, mi elegido; escuchadle" (Lc 9, 35).
555 Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que para "entrar en su gloria" (Lc 24, 26), es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén. Moisés y Elías habían visto la gloria de Dios en la Montaña; la Ley y los profetas habían anunciado los sufrimientos del Mesías (cf. Lc 24, 27). La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del Padre: el Hijo actúa como siervo de Dios (cf. Is 42, 1). La nube indica la presencia del Espíritu Santo: "Tota Trinitas apparuit: Pater in voce; Filius in homine, Spiritus in nube clara" ("Apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa" (Santo Tomás, s. th. 3, 45, 4, ad 2):
"Tú te has transfigurado en la montaña, y, en la medida en que ellos eran capaces, tus discípulos han contemplado Tu Gloria, oh Cristo Dios, a fin de que cuando te vieran crucificado comprendiesen que Tu Pasión era voluntaria y anunciasen al mundo que Tú eres verdaderamente la irradiación del Padre" (Liturgia bizantina, Kontakion de la Fiesta de la Transfiguración, )
556 En el umbral de la vida pública se sitúa el Bautismo; en el de la Pascua, la Transfiguración. Por el bautismo de Jesús "fue manifestado el misterio de la primera regeneración": nuestro bautismo; la Transfiguración "es el sacramento de la segunda regeneración": nuestra propia resurrección (Santo Tomás, s. th. 3, 45, 4, ad 2). Desde ahora nosotros participamos en la Resurrección del Señor por el Espíritu Santo que actúa en los sacramentos del Cuerpo de Cristo. La Transfiguración nos concede una visión anticipada de la gloriosa venida de Cristo "el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo" (Flp 3, 21). Pero ella nos recuerda también que "es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios" (Hch 14, 22):
"Pedro no había comprendido eso cuando deseaba vivir con Cristo en la montaña (cf. Lc 9, 33). Te ha reservado eso, oh Pedro, para después de la muerte. Pero ahora, él mismo dice: Desciende para penar en la tierra, para servir en la tierra, para ser despreciado y crucificado en la tierra. La Vida desciende para hacerse matar; el Pan desciende para tener hambre; el Camino desciende para fatigarse andando; la Fuente desciende para sentir la sed; y tú, ¿vas a negarte a sufrir?" (S. Agustín, serm. 78, 6).

Oración de los fieles
341. En esta fiesta de la Transfiguración de Jesucristo, que manifiesta su divinidad al mundo, oremos, hermanos, por el bien de todos los hombres.
- Por las santas y venerables Iglesias de oriente y occidente: para que, al celebrar hoy con solemnidad la gloria del Hijo de Dios, encuentren gozo en la participación de su divinidad. Roguemos al Señor.
- Por la paz de todo el mundo: para que se alejen de los pueblos las violencias, el hambre, las calamidades y las guerras. Roguemos al Señor.
- Por los enfermos: para que recobren pronto la salud y vivan alegres en la esperanza del retorno del Señor, que transfigurará nuestro cuerpo de miseria en cuerpo de gloria. Roguemos al Señor.
- Por los ateos, paganos y cuantos desconocen a Jesucristo: para que encuentren el camino que conduce hasta él. Roguemos al Señor-
- Por los que estamos aquí reunidos, por los miembros de nuestras familias y de nuestras comunidades (parroquias): para que Dios nos dé la gracia de servirle en este mundo y nos haga gozar de la gloria en la eternidad. Roguemos al Señor.
Que tu bendición, Dios de bondad, sostenga a tus fieles, y que, fortalecidos por ella, no se aparten nunca de tu voluntad y puedan así gozarse con tus beneficios. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Te rogamos, Señor, que santifiques la ofrenda que te presentamos en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito y que, con los resplandores de su luz, nos limpies de las manchas de los pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Obláta múnera, quaesumus, Dómine, gloriósa Unigéniti tui Transfiguratióne sanctífica, nosque a peccatórum máculis, splendóribus ipsíus illustratiónis, emúnda. Per Christum
Prefacio. El misterio de la Transfiguración
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual manifestó su gloria delante de unos testigos predilectos, y revistió con gran esplendor la figura de su cuerpo semejante al nuestro, para arrancar del corazón de los discípulos el escándalo de la cruz y manifestar que, en el cuerpo de la Iglesia entera, se cumplirá lo que, de modo maravilloso, se realizó en su Cabeza.
Por eso, con las virtudes del cielo te aclamamos continuamente en la tierra alabando tu gloria sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
Praefatio: De mysterio Transfigurationis.
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Qui coram eléctis téstibus suam glóriam revelávit, et commúnem illam cum céteris córporis formam máximo splendóre perfúdit, ut de córdibus discipulórum crucis scándalum tollerétur, et in totíus Ecclésiae córpore declaráret impléndum quod eius mirabíliter praefúlsit in cápite.
Et ídeo cum caelórum virtútibus in terris te iúgiter celebrámus, maiestáti tuae sine fine clamántes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARÍSTICA III.
Antífona de la comunión 1Jn 3, 2
Cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
Antiphona ad communionem Cf. 1Jn 3,2
Cum Christus apparúerit, símiles ei érimus, quóniam vidébimus eum sícuti est.
Oración después de la comunión
Que el alimento celestial que hemos recibido, Señor, nos transforme en imagen de tu Hijo, cuya claridad has querido manifestarnos en su gloriosa Transfiguración. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Caeléstia, quaesumus, Dómine, aliménta quae súmpsimus in eius nos transfórment imáginem, cuius claritátem gloriósa Transfiguratióne manifestáre voluísti. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 7 de agosto
S
antos Sixto II, papa, y compañeros
, mártires. El papa san Sixto, mientras celebraba los divinos misterios y enseñaba a los fieles los mandatos del Señor, al irrumpir los soldados para aplicar el edicto del emperador Valeriano fue detenido e, inmediatamente, decapitado el día seis de agosto. Con él sufrieron el martirio cuatro diáconos, que fueron enterrados con el papa en el cementerio de Calixto, en la vía Apia, y en ese mismo día, también sus diáconos santos Agapito y Felicísimo murieron en el cementerio de Pretextato, en donde fueron sepultados (258).
San Cayetano de Thiene, presbítero, que en Nápoles, en la región de la Campania, se entregó piadosamente a obras de caridad, especialmente a favor de los aquejados de enfermedades incurables, promovió cofradías para formar religiosamente a los laicos e instituyó los Clérigos Regulares, para la reforma de la Iglesia, enseñando a sus discípulos a seguir la primitiva manera de vida apostólica (1547).
3. En Augsburgo, de la Retia, santa Afra, mártir. Siendo pecadora, se convirtió a Cristo y, sin haber sido aún bautizada, según cuenta la tradición, fue quemada viva por confesar a Cristo (304).
4. En Arezzo, de la Toscana, san Donato, segundo obispo de esta sede. La virtud y eficacia de sus oraciones son alabadas por el papa san Gregorio I Magno (s. IV).
5. En Châlons, en la Galia Bélgica, san Donaciano, obispo (s. IV).
6. En Rouen, también en la Galia, san Victricio, obispo. Fue soldado en tiempo del emperador Juliano y, al rechazar las insignias militares por amor a Cristo, padeció diversas torturas por orden del tribuno, que le condenó a muerte, pero, no obstante, habiendo alcanzado la libertad, y tras ser consagrado obispo, llevó también a la fe en Cristo a los feroces pueblos de los morinos y de los nervios, en la Galia del norte (c. 410)
7*. En Besançon, en la Burgundia, san Donato, obispo, que compuso una Regla para vírgenes, siguiendo los preceptos de san Benito, san Columbano y san Cesáreo (d. 658).
8*. En Venecia, beato Jordán Forzaté, abad, fundador de monasterios en Padua. No habiendo podido evitar la ruina de su patria a pesar de todos sus esfuerzos, padeció el destierro, que vivió piadosísimamente. Insigne por su modestia, probidad de costumbres y ciencia, se durmió devotamente en el Señor (c. 1248).
9*. En Mesina, de Sicilia, san Alberto degli Abbati, presbítero de la Orden de los Carmelitas, que convirtió a muchos judíos a la fe en Cristo y proveyó de víveres a su ciudad sitiada (c. 1306/1307)
10*. En Sassoferrato, en el Piceno, de Italia, beato Alberto, monje de la Orden Camaldulense, insigne por la austeridad de vida y la perfecta observancia de su Regla (1350).
11*. En L’Aquila, en la región Vestina (hoy Abbruzo), beato Vicente, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, célebre por su humildad y su espíritu profético (1504).
12*. En la ciudad de Gondar, en Etiopía, beatos Agatángelo de Vincennes (Francisco) Nourry y Casiano de Nantes (Gonzalo) Vaz López Netto, presbíteros de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y mártires, que en Siria, Egipto y Etiopía buscaron reconciliar con la Iglesia católica a los cristianos separados y, por orden del rey de Etiopía, fueron colgados en troncos con su cordón religioso y lapidados hasta la muerte (1638).
13*. En Lancaster, en Inglaterra, beatos Martín de San Félix (Juan) Woodcock, de la Orden de los Hermanos Menores, Eduardo Bamber y Tomás Whitaker, presbíteros y mártires. Por ser sacerdotes y haber entrado en los dominios de rey Carlos I, fueron ahorcados (1646).
14*. En York, también en Inglaterra, beato Nicolás Postgate, presbítero y mártir, que en el reinado de Carlos II, a causa de su ministerio sacerdotal, que había ejercido ocultamente entre los pobres durante casi cincuenta años, fue colgado en el patíbulo (1679).
15*. En la localidad de Gorka Duchovna, cerca de Posnam, en Polonia, beato Edmundo Bojanowski, presbítero, que, conforme a los preceptos del Evangelio, trabajó con sumo ahínco en la formación de los pobres y gente analfabeta, y fundó la Congregación de las Esclavas de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios (1871).
16*. En Colima, de México, san Miguel de la Mora, presbítero y mártir, que, en el furor de la persecución contra la Iglesia, fue coronado con el martirio por el hecho de ser sacerdote (1927).