lunes, 4 de junio de 2018

Lunes 9 julio 2018, Lunes de la XIV semana del Tiempo Ordinario, feria o san Agustín Zhao Rong, presbítero, y compañeros, mártires, memoria libre.

SOBRE LITURGIA

LUIS F. LADARIA, S.I.
PREFECTO DE LA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

A PROPÓSITO DE ALGUNAS DUDAS ACERCA DEL CARÁCTER DEFINITIVO DE LA DOCTRINA DE "ORDINATIO SACERDOTALIS"

«Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí» (Jn 15,4). Si la Iglesia puede ofrecer vida y salvación a todo el mundo, es porque tiene sus raíces en Jesucristo, su Fundador. Este enraizamiento tiene lugar ante todo a través de los sacramentos, con la Eucaristía en el centro. Instituidos por Cristo, ellos son columnas fundantes de la Iglesia, que continuamente la generan como Su cuerpo y esposa. Íntimamente vinculado a la Eucaristía se encuentra el sacramento del Orden, en el que Cristo se hace presente en la Iglesia como la fuente de su vida y su obrar. Los sacerdotes están configurados «con Cristo Sacerdote, de tal forma, que pueden obrar en nombre de Cristo Cabeza» (Presbyterorum ordinis, n. 2).

Cristo quiso conferir este sacramento a los doce apóstoles, todos varones, los cuales, a su vez, lo comunicaron a otros varones. La Iglesia siempre se ha reconocido vinculada por esta decisión del Señor, que excluye que el sacerdocio ministerial pueda ser conferido válidamente a las mujeres. Juan Pablo II, en la Carta Apostólica Ordinatio sacerdotalis, del 22 de mayo de 1994, enseñó, «con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia» y «en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos» (cf. Lc 22,32),«que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia» (n. 4). La Congregación para la Doctrina de la Fe, en respuesta a una duda sobre la enseñanza de la Ordinatio sacerdotalis, ha confirmado que se trata de una verdad que pertenece al depósito de la fe.

En este sentido, es motivo de gran preocupación ver que surgen en algunos países voces que cuestionan el carácter definitivo de esta doctrina. Para sostener que esta doctrina no es definitiva, se argumenta que no se definió ex cathedra y que, por tanto, una decisión posterior de un futuro Papa o Concilio podría revocarla. Al sembrar estas dudas se crea una seria confusión entre los fieles, no solo sobre el sacramento del Orden como parte de la constitución divina de la Iglesia, sino también sobre el Magisterio ordinario, que puede enseñar de manera infalible la doctrina católica.

En primer lugar, en lo que se refiere al sacerdocio ministerial, la Iglesia reconoce que la imposibilidad de ordenar a las mujeres pertenece a la «sustancia del sacramento» del Orden (cf. DH 1728). La Iglesia no tiene la capacidad para cambiar esta sustancia, porque es precisamente a partir de los sacramentos, instituidos por Cristo, que se genera como Iglesia. No es solo un elemento disciplinar, sino doctrinal, en cuanto concierne a la estructura de los sacramentos, que son el lugar originario del encuentro con Cristo y de la transmisión de la fe. Por lo tanto, no estamos ante un límite que impediría a la Iglesia ser más eficaz en su actividad en el mundo. Si la Iglesia no puede intervenir, es porque en ese punto interviene el amor originario de Dios. Él actúa en la ordenación de los presbíteros, de modo que la Iglesia contenga siempre, en cada situación de su historia, la presencia visible y eficaz de Jesucristo «como fuente capital de la gracia» (Francisco, Evangelii gaudium, n. 104).

Consciente de no poder modificar, por obediencia al Señor, esta tradición, la Iglesia se esfuerza también por profundizar su significado, ya que la voluntad de Jesucristo, que es el Logos, nunca es carente de significado. El sacerdote, de hecho, actúa en la persona de Cristo, Esposo de la Iglesia, y su ser hombre es un elemento indispensable de esta representación sacramental (cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Inter insigniores, n. 5). Ciertamente, la diferencia de funciones entre el hombre y la mujer no implica ninguna subordinación, sino un enriquecimiento mutuo. Se recuerde que la figura completa de la Iglesia es María, la Madre del Señor, la cual no ha recibió el ministerio apostólico. Así se ve que lo masculino y lo femenino, lenguaje originario que el Creador ha inscrito en el cuerpo humano, se asumen en la obra de nuestra redención. Precisamente la fidelidad al diseño de Cristo sobre el sacerdocio ministerial permite, por consiguiente, profundizar y promover cada vez más el papel específico de las mujeres en la Iglesia, ya que, «en el Señor, ni mujer sin varón, ni varón sin mujer» (1 Cor 11,11). Además, se aportar así una luz sobre nuestra cultura, a la que le cuesta comprender el significado y la bondad de la diferencia entre el hombre y la mujer, lo que también afecta su misión complementaria en la sociedad.

En segundo lugar, las dudas planteadas sobre el carácter definitivo de la Ordinatio sacerdotalis tienen graves consecuencias también sobre el modo de entender el Magisterio de la Iglesia. Es importante reiterar que la infalibilidad no se expresa sólo en los pronunciamientos solemnes de un Concilio o del Sumo Pontífice cuando habla ex cathedra, sino también en la enseñanza ordinaria y universal de los obispos de todo el mundo, cuando proponen, en comunión entre ellos y con el Papa, la doctrina católica que se ha de sostener definitivamente. Juan Pablo II en la Ordinatio sacerdotalis se refirió a esta infalibilidad. Así, él no declaró un nuevo dogma, sino, por la autoridad que ha recibido como sucesor de Pedro, confirmó formalmente y de modo explícito, con el fin de disipar cualquier duda, lo que el magisterio ordinario y universal ha considerado a lo largo de la historia de la Iglesia como perteneciente al depósito de la fe. Precisamente esta manera de pronunciar refleja un estilo de comunión eclesial, ya que el Papa no ha querido actuar solo, sino como testigo que escucha una tradición ininterrumpida y vivida. Por otra parte, nadie puede negar que el Magisterio puede hablar de manera infalible acerca de verdades que están necesariamente conectadas con el dato formalmente revelado, porque sólo de esta forma puede ejercer su función de custodiar santamente y explicar fielmente el depósito de la fe.

Otra prueba de la seriedad con la cual Juan Pablo II examinó el tema es la consulta previa que quiso hacer en Roma con los Presidentes de las Conferencias Episcopales que estaban seriamente interesados en esta problemática. Todos, sin excepción, declararon, con plena convicción, por obediencia de la Iglesia al Señor, que ella no tiene la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal.

Benedicto XVI ha insistido también en esta enseñanza, al recordar, en la Misa Crismal del 5 de abril de 2012, que Juan Pablo II, «en la cuestión sobre la ordenación de las mujeres… ha declarado de manera irrevocable» que la Iglesia «no ha recibido del Señor ninguna autoridad sobre esto». Benedicto XVI se ha preguntado más tarde acerca de algunos que no aceptan esta doctrina: «Pero la desobediencia, ¿es verdaderamente un camino? ¿Se puede ver en esto algo de la configuración con Cristo, que es el presupuesto de toda renovación, o no es más bien sólo un afán desesperado de hacer algo, de trasformar la Iglesia según nuestros deseos y nuestras ideas?». El Papa Francisco ha tratado también el tema. En su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, ha reafirmado que no pone en tela de juicio «el sacerdocio reservado a los varones, como signo de Cristo Esposo que se entrega en la Eucaristía», e ha instado a no interpretar esta doctrina como una expresión de poder, sino de servicio, para que se perciba mejor la dignidad igual de hombres y mujeres en el único Cuerpo de Cristo (n. 104). En la conferencia de prensa, durante el vuelo de regreso del viaje apostólico a Suecia, el 1 de noviembre de 2016, el Papa Francisco ha reiterado: «Sobre la ordenación de mujeres en la Iglesia Católica, la última palabra clara fue pronunciada por san Juan Pablo II, y esta permanece».

En este tiempo, en el que la Iglesia está llamada a responder a los muchos desafíos de nuestra cultura, es esencial que permanezca en Jesús, como los sarmientos en la vid. He aquí porque el Maestro nos invita a hacer que sus palabras permanezcan en nosotros: «si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor» (Jn 15,10). Solo la fidelidad a sus palabras, que no pasarán, asegura nuestro enraizamiento en Cristo y en su amor. Solo la aceptación de su sabio designio, que toma forma en los sacramentos, revitaliza las raíces de la Iglesia, para que pueda dar frutos de la vida eterna.

CALENDARIO

9 LUNES DE LA XIV SEMANA DEL T. ORDINARIO, feria o SANTOS AGUSTÍN ZHAO RONG, presbítero, y compañeros, mártires, memoria libre


Misa
de feria (verde) o de la memoria (rojo).
MISAL: para la feria cualquier formulario permitido (véase pág. 65, n. 5) / para la memoria 1ª orac. prop. y el resto del común de mártires (para vv. mártires) o de un domingo del T.O., Pf. común o de la memoria.
LECC.: vol. III-par.
- Os 2, 16. 17b-18. 21-22. Me desposaré contigo para siempre.
- Sal 144. R. El Señor es clemente y misericordioso.
- Mt 9, 18-26. Mi hija acaba de morir, pero ven tú y vivirá.
o bien:
cf. vol. IV.

Liturgia de las Horas: oficio de feria o de la memoria.

Martirologio: elogs. del 10 de julio, pág. 409.
CALENDARIOS: Congregación de los Sagrados Corazones: Nuestra Señora de la Paz (F).
Mercedarios: Santísimo Redentor (F).
Canónigos Regulares de Letrán: San Juan Ostenwijk, presbítero y mártir (MO).
Dominicos: Santos Juan de Colonia, presbítero, y compañeros, mártires (MO).
Jesuitas: Santos León Ignacio Mangin, presbítero, María Zhu Wu y compañeros, mártires (MO).
OFM Cap.: Santos Nicolás Pick, Willaldo y compañeros, mártires (MO).
Orden Premonstratense: San Adrián y Santiago, presbíteros (MO).
Paúles e Hijas de la Caridad: Santos Francisco Regis Clet, Aguntín Zhao Rong, presbíteros, y compañeros, mártires (MO).
Carmelitas: Beata Juana Scopelli, virgen (ML).
Pasionistas: Nuestra Señora Madre de la Santa Esperanza (ML).

TEXTOS MISA

Misa de la feria: del XIV Domingo del T. Ordinario (o de otro Domingo del T. Ordinario)

Misa de la memoria:
Elogio del martirologio
Santos Agustín Zhao Rong, presbítero, Pedro Sans i Jordá, obispo, y compañeros, mártires, que en distintos lugares de China, y en distintos tiempos fueron testigos del Evangelio de Cristo con sus palabras y sus obras, y caídos víctimas de persecución por haber predicado y confesado la fe, merecieron pasar al banquete eterno de la gloria. (ss. XVII/XVIII)

Oración colecta propia de la memoria, el resto del común de mártires: I. Fuera del tiempo pascual. A. Para varios mártires 3.

9 de julio
San Agustín Zhao Rong, presbítero, y compañeros, mártires
Mártires en China
Die 9 iulii
Ss. Augustini Zhao Rong, presbyteri, et sociorum, martyrum
Martyres in Sinis
Antífona de entrada Sal 36, 39
El Señor es quien salva a los justos, él es su alcázar en el peligro.
O bien: Cf. Sab 3, 6-7. 9
El Señor probó a los elegidos como oro en crisol, y los aceptó como sacrificio de holocausto, en el día del juicio resplandecerán, porque la gracia y la misericordia son para los elegidos de Dios.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 36, 39
Salus iustórum a Dómino, et protéctor eórum est in témpore tribulatiónis.
Vel: Cf. Sg 3, 6-7. 9
Tamquam aurum in fornáce probávit eléctos Dóminus, et quasi holocáusti hóstiam accépit illos; et in témpore erit respéctus illórum: quóniam donum et pax erit eléctis Dei.
Oración colecta
Oh, Dios, que, mediante el testimonio de los santos mártires Agustín y compañeros fortaleciste a tu Iglesia con admirable largueza, concede a tu pueblo que se mantenga fiel a la misión que le encomendaste, obtenga los beneficios de la libertad y testifique la verdad en medio del mundo. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui per sanctórum mártyrum Augustini et sociorum confessiónem Ecclésiam tuam mirábili dispensatióne roborásti, concede, ut populus tuus, missióni sibi créditae fidélis, et increménta libertátis accípiat et veritátem coram mundo testificétur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la XIV semana de Tiempo Ordinario, año par (Lec. III-par).

PRIMERA LECTURA Os 2, 16. 17b-18. 21-22
Me desposaré contigo para siempre
Lectura de la profecía de Oseas.

Esto dice el Señor:
«Yo la persuado,
la llevo al desierto, le hablo al corazón.
Allí responderá como en los días de su juventud,
como el día de su salida de Egipto.
Aquel día —oráculo del Señor—
me llamarás «esposo mío”,
y ya no me llamarás «mi amo”.
Me desposaré contigo para siempre,
me desposaré contigo
en justicia y en derecho,
en misericordia y en ternura,
me desposaré contigo en fidelidad
y conocerás al Señor».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 144, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 8a)
R.
El Señor es clemente y misericordioso. Miserátor et miséricors Dóminus.

V. Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R.
El Señor es clemente y misericordioso. Miserátor et miséricors Dóminus.

V. Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas. R.
El Señor es clemente y misericordioso. Miserátor et miséricors Dóminus.

V. Encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias. R.
El Señor es clemente y misericordioso. Miserátor et miséricors Dóminus.

V. El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.
El Señor es clemente y misericordioso. Miserátor et miséricors Dóminus.

Aleluya Cf. 2 Tm 1, 10
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte, e hizo brillar la vida por medio del Evangelio. R.
Salvátor noster Iesus Christus destrúxit mortem, et illuminávit vitam per Evangélium.

EVANGELIO Mt 9, 18-26
Mi hija acaba de morir, pero ven tú y vivirá
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo:
«Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá».
Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría.
Jesús se volvió y al verla le dijo:
«¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado».
Y en aquel momento quedó curada la mujer.
Jesús Llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:
«¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida». Se reían de él.
Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano y ella se levantó.
La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Audiencia general 31-agosto-2016
En la parte central de la narración, el término salvación se repite tres veces. «Con sólo tocar su manto, me salvaré. Jesús se volvió, y al verla le dijo: "¡Ánimo!, hija tu fe te ha salvado". Y se salvó la mujer desde aquel momento» (vv. 21-22). Este «¡ánimo!, hija» expresa toda la misericordia de Dios por aquella persona. Y por toda persona descartada. Cuántas veces nos sentimos interiormente descartados por nuestros pecados, hemos cometido tantos, hemos cometido tantos… y el Señor nos dice: «¡Ánimo!, ¡ven! Para mí tú no eres un descartado, una descartada. Ánimo hija. Tú eres un hijo, una hija». Y este es el momento de la gracia, es el momento del perdón, es el momento de la inclusión en la vida de Jesús, en la vida de la Iglesia. Es el momento de la misericordia. Hoy, a todos nosotros, pecadores, que somos grandes pecadores o pequeños pecadores, pero todos lo somos, a todos nosotros el Señor nos dice: «¡Ánimo, ven! ya no eres descartado, ya no eres descartada: yo te perdono, yo te abrazo». Así es la misericordia de Dios. Debemos tener valor e ir hacia Él, pedir perdón por nuestros pecados y seguir adelante. Con valor, como hizo esta mujer. 


Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario VI
294. Pidamos, hermanos, a Dios nuestro Padre, e cuyas manos están los destinos del universo, que escuche las oraciones de su pueblo.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que sea fiel a la voluntad de Cristo y se purifique de sus faltas y debilidades. Roguemos al Señor.
- Por los que gobiernan las naciones: para que trabajen por la paz del mundo, a fin de que todos los pueblos puedan vivir y progresar en justicia, en paz y en libertad. Roguemos al Señor.
- Por los pobres y los afligidos, por los enfermos y los moribundos, y por todos los que sufren: para que encuentren el consuelo y la salud. Roguemos al Señor.
- Por todos los que estamos aquí reunidos: para que perseveremos en la verdadera fe y crezcamos siempre en la caridad. Roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y eterno, que por tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo nos has dado el conocimiento de tu verdad: mira con bondad al pueblo que te suplica, líbralo de toda ignorancia y de todo pecado para que llegue a la gloria del reino eterno. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Recibe Señor, los dones de tu pueblo ofrecidos en honor de la pasión de tus santos mártires, ylo que dio fortaleza en la persecución a los santos N. y N., nos dé también a nosotros constancia en las adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, quaesumus, Dómine, múnera pópuli tui pro mártyrum tuórum passiónibus dicáta sanctórum, et, quae beátis N. et N. in persecutióne fortitúdinem ministrárunt, nobis quoque praebeant inter advérsa constántiam. Per Christum.
PREFACIO II DE LOS SANTOS MÁRTIRES
Las maravillas de Dios en la victoria de los mártires
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque tú eres ensalzado en la alabanza de tus santos y, cuanto pertenece a su pasión, es obra admirable de tu poder: tú, bondadosamente, otorgas el ardor de su fe, das firmeza en la perseverancia y concedes la victoria en el combate, por Cristo, Señor nuestro.
Por eso, Señor, tus criaturas del cielo y de la tierra te adoran, cantando un cántico nuevo, y también nosotros, con todo el ejército de los ángeles, te aclamamos por siempre diciendo:
Santo, Santo, Santo....
PRAEFATIO II DE SANCTIS MARTYRIBUS
De mirabilibus Dei in martyrum victoria
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Quóniam tu magnificáris in tuórum laude Sanctórum, et quidquid ad eórum pértinet passiónem, tuae sunt ópera miránda poténtiae: qui huius fídei tríbuis cleménter ardórem, qui súggeris perseverántiae firmitátem, qui largíris in agóne victóriam, per Christum Dóminum nostrum.
Propter quod caeléstia tibi atque terréstria cánticum novum cóncinunt adorándo, et nos cum omni exércitu Angelórum proclamámus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de comunión Cf. Mc 8, 35
El que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará, dice el Señor.
O bien: Sab 3, 4
La gente pensaba que cumplían una pena, su esperanza estaba llena de inmortalidad.
Antiphona ad communionem Cf. Mc 8, 35
Qui perdíderit ánimam suam propter me et Evangélium, salvam fáciet eam, dicit Dóminus.
Vel: Cf. Sg 3, 4
Si coram homínibus torménta passi sunt, spes electórum est immórtalis in aetérnum.
Oración después de la comunión
Señor, conserva en nosotros tu gracia, y el don que hemos recibido de ti en la fiesta de los santos mártires N. y N., nos conceda la salvación y la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Consérva in nobis, Dómine, munus tuum, et quod, te donánte, pro festivitáte beatórum mártyrum N. et N. percépimus, et salútem nobis praestet et pacem. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 10 de julio

1. En Roma, santos mártires Félix y Felipe, enterrados en el cementerio de Priscila; Vital, Marcial y Alejandro, en el de los Jordanos; Silano, en el de Máximo; y Jenaro, en el de Pretextato, a todos los cuales recuerda hoy con alegría la Iglesia Romana, que se siente honrada con tantos triunfos y protegida por la intercesión de tantos y tan ejemplares santos (s. inc.).
2. En la vía Cornelia, a nueve miliarios de la ciudad de Roma, santas Rufina y Segunda, mártires (s. inc.).
3. En Sabina, santas Anatolia y Victoria, mártires (s. inc.).
4. En África, santos Jenaro y Marino, mártires (s. inc.).
5. En Iconio, de Licaonia, san Apolonio de Sardes, mártir, del que se dice que sufrió el martirio crucificado (s. inc.).
6. En Nicópolis, de Armenia, santos mártires Leoncio, Mauricio, Daniel, Antonio, Aniceto, Sisinio y otros, que, siendo emperador Licinio y prefecto Lisias, fueron martirizados de diversos modos (s. IV).
7. En Pisidia, santos Bianor y Silvano, mártires (s. IV).
8*. En Nantes, en la Bretaña Menor, san Pascario, obispo, que acogió a san Hermelando y a doce monjes pedidos a la comunidad de Fontenelle, con quienes fundó un monasterio en la isla de Antros (s. VII).
9. En Tamise, en Flandes, santa Amalberga, a quien san Wilibrordo impuso el velo de las vírgenes consagradas (s. VIII).
10*. En Perugia, de la Umbría, san Pedro Vincioli, presbítero y abad, que reedificó una antigua iglesia dedicada a san Pedro que amenazaba ruina, y a ella unió un monasterio en el que, venciendo gran oposición y con gran paciencia, introdujo los usos y costumbres cluniacenses (1007).
11. En Odense, ciudad de Dinamarca, san Canuto, mártir, rey de ardiente celo, que dio gran esplendor al culto en su reino, promovió el estado clerical y asentó sólidamente las iglesias de Lund y Odense, siendo finalmente asesinado por unos sediciosos (1086).
12*. En Orange, ciudad de la Provenza, en Francia, beatas María Gertrudis de Santa Sofía de Ripert d´Alauzin e Inés de Jesús (Silvia) de Romillon, vírgenes de la Orden de Santa Úrsula, mártires durante la Revolución Francesa (1794).
13. En la ciudad de Dong Hoi, en Annam, santos Antonio Nguyen Huu (Nam) Quynh y Pedro Nguyen Khac Tu, mártires y catequistas, que en tiempo del emperador Minh Mang fueron estrangulados por ser cristianos (1840).
14*. En Damasco, en Siria, muerte de los mártires beatos Manuel Ruiz, presbítero, y compañeros (Cuyos nombres son: beatos Carmelo Volta, Pedro Soler, Nicolás Alberga, Engelberto Kolland, Ascanio Nicanor, presbíteros; Francisco Pinazo y Juan Santiago Fernández, religiosos de la Orden de los Hermanos Menores; Francisco, Moocio y Rafael Massabki, hermanos carnales), de los cuales siete eran de la Orden de los Hermanos Menores y los otros tres, que eran hermanos carnales, pertenecían a la Iglesia maronita. Entregados fraudulentamente por un traidor, sufrieron toda clase de vejaciones a causa de su fe, consiguiendo la palma del martirio con una muerte gloriosa (1860).