sábado, 19 de mayo de 2018

Sábado 23 junio 2018, Vigilia de la Natividad de san Juan Bautista, solemnidad.

SOBRE LITURGIA

Del Directorio sobre la Piedad popular y la Liturgia

San Juan Bautista


224. En la frontera entre el Antiguo y el Nuevo Testamento descuella la figura de Juan, hijo de Zacarías y de Isabel, ambos "justos ante Dios" (Lc 1,6), uno de los más grandes personajes de la historia de la salvación. Todavía en el vientre de su madre, Juan reconoció al Salvador, también escondido en el vientre de la Virgen María (cfr. Lc 1,39-45); su nacimiento estuvo marcado por grandes prodigios (cfr. Lc 1,57-66); creció en el desierto, llevando una vida austera y penitente (cfr. Lc 1,80; Mt 3,4); "profeta del Altísimo" (Lc 1,76) descendió sobre él la palabra de Dios (cfr. Lc 3,2); "recorrió toda la región del Jordán, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados" (Lc 3,3); como nuevo Elías, humilde y fuerte, preparó al Señor un pueblo bien dispuesto (cfr. Lc 1,17); según el plan de Dios, bautizó, en las aguas del Jordán, al mismo Salvador del mundo (cfr. Mt 3,13-16); a sus discípulos les señaló que Jesús era el "Cordero de Dios" (Jn 1,29), el "Hijo de Dios" (Jn 1,34), el Esposo de la nueva comunidad mesiánica (cfr. Jn 3,28-30); por su heroico testimonio de la verdad (cfr. Jn 5,33) fue encarcelado por Herodes, que le hizo decapitar (cfr. Mc 6,14-29), convirtiéndose así en precursor del Señor en la muerte violenta, como lo había sido en su nacimiento prodigioso y en la predicación profética. Jesús hizo un grandioso elogio de él, proclamando que "entre los nacidos de mujer no hay uno más grande que Juan" (Lc 7,28).

225. Desde la antigüedad, el culto a san Juan ha estado presente en el mundo cristiano, donde pronto adquirió también connotaciones populares. Además de las celebraciones del día de su muerte (29 de Agosto), como sucede normalmente para todos los santos, sólo de san Juan Bautista, como de Cristo y de la Virgen María, se celebra solemnemente su nacimiento (24 de Junio).
Por la parte que tuvo en el bautismo de Jesús, se le han dedicado muchos baptisterios y su figura de bautista está junto a muchas fuentes bautismales; a causa de su dura prisión y de su muerte violenta, es patrono de los que padecen en las cárceles, condenados a muerte o a duros castigos, debido a la fe.
Con toda probabilidad, la fecha del nacimiento de san Juan (24 de Junio) fue establecida dependiendo de la concepción de Cristo (25 de Marzo) y de su nacimiento (25 de Diciembre): según el signo que dio el Ángel Gabriel, cuando María concibió al Salvador, la madre del Precursor estaba ya en el sexto mes del embarazo (cfr. Lc 1,26.30). En cualquier caso, la solemnidad del 24 de Junio está ligada al ciclo solar, en el hemisferio norte. Se celebra cuando el sol, dirigiéndose hacia el sur del zodiaco, comienza a descender: hecho que resulta un símbolo de la figura de Juan, que refiriéndose a Cristo, había declarado: "Él debe crecer y yo en cambio tengo que disminuir" (Jn 3,30).
La misión de Juan, venido para dar testimonio de la luz (cfr. Jn 1,7), ha dado origen o un sentido cristiano a las hogueras que se encienden la noche del 23 de Junio: la Iglesia las bendice, implorando que los fieles, superadas las tinieblas del mundo, alcancen a Dios, "luz indefectible".

CALENDARIO

23 SÁBADO. Después de la hora nona:
DUODÉCIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
Cuarta semana del salterio

Misa
de la vigilia de la solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. prop. como en la misa del día, conveniente PE I. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. IV.
- Jer 1, 4-10. Antes de formarte en el vientre, te elegí.
- Sal 70. R. En el seno materno tú me sostenías.
- 1 Pe 1, 8-12. Sobre esta salvación estuvieron explorando e indagando los profetas.
- Lc 1, 5-17. Te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan.

Liturgia de las Horas: I Vísp. del oficio de la solemnidad. Comp. Dom. I.

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista, Precursor del Señor, que, estando aún en el seno materno, al quedar lleno del Espíritu Santo, exultó de gozo por la próxima llegada de la salvación del género humano. Su nacimiento profetizó la Natividad de Cristo el Señor, y su existencia brilló con tal esplendor de gracia que el mismo Jesucristo dijo no haber entre los nacidos de mujer nadie tan grande como Juan el Bautista.

24 de junio
NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA
Solemnidad
Misa de la vigilia
Esta misa se utiliza en la tarde del día 23 de junio, antes o después de las primeras Vísperas de la solemnidad.
Die 24 iunii
IN NATIVITATE S. IOANNIS BAPTISTAE
Sollemnitas
Ad Missam in Vigilia
Haec Missa adhibetur vespere diei 23 iunii sive ante sive post I Vesperas sollemnitatis.
Antífona de entrada Cf. Lc 1, 15. 14
Este será grande a los ojos del Señor, y estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno, y muchos se alegrarán de su nacimiento.
Antiphona ad introitum Lc 1, 15, 14
Hic erit magnus coram Dómino, et Spíritu Sancto replébitur adhuc ex útero matris suae, et multi in nativitáte eius gaudébunt.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Dios todopoderoso, concede a tu familia caminar por la senda de la salvación y, siguiendo las exhortaciones de san Juan, el Precursor, llegar con seguridad hasta nuestro Señor Jesucristo, a quien él anunció. Él, que vive y reina contigo.
Collecta
Praesta, quaesumus, omnípotens Deus, ut família tua per viam salútis incédat, et, beáti Ioánnis Praecursóris hortaménta sectándo, ad eum quem praedíxit, secúra pervéniat, Dóminum nostrum Iesum Christum. Qui tecum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas de la Misa de la Vigilia de la solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista (Lec. IV).

PRIMERA LECTURA Jer 1, 4-10
Antes de formarte en el vientre, te elegí
Lectura del Profeta Jeremías.

En los días de Josías, el Señor me dirigió la palabra:
«Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones».
Yo repuse:
«Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que solo soy un niño».
El Señor me contestó:
«No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte» —oráculo del Señor—.
El Señor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo:
«Voy a poner mis palabras en tu boca. Desde hoy te doy poder sobre pueblos y reinos para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para reedificar y plantar».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17 (R.: 6b)
R.
En el seno materno tú me sostenías. De ventris matris meae tu es suscéptor meus.

V. A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre.
Tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído y sálvame. R.
En el seno materno tú me sostenías. De ventris matris meae tu es suscéptor meus.

V. Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R.
En el seno materno tú me sostenías. De ventris matris meae tu es suscéptor meus.

V. Porque, tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías. R.
En el seno materno tú me sostenías. De ventris matris meae tu es suscéptor meus.

V. Mi boca contará tu justicia,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R.
En el seno materno tú me sostenías. De ventris matris meae tu es suscéptor meus.

SEGUNDA LECTURA 1 Pe 1, 8-12
Sobre esta salvación estuvieron explorando e indagando los profetas
Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro.

Queridos hermanos:
Sin haber visto a Jesucristo lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe: la salvación de vuestras almas. Sobre esta salvación estuvieron explorando e indagando los profetas que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros tratando de averiguar a quién y a qué momento apuntaba el Espíritu de Cristo que había en ellos cuando atestiguaba por anticipado la pasión del Mesías y su consiguiente glorificación.
Y se les reveló que no era en beneficio propio, sino en el vuestro por lo que administraban estas cosas que ahora os anuncian quienes os proclaman el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo. Son cosas que los mismos ángeles desean contemplar.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Jn 1, 7; Lc 1, 17
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Éste venía para dar testimonio de la luz, para preparar a Dios un pueblo bien dispuesto. R.
Hic venit ut testimónium perhibéret de lúmine, ut paráret Deo plebem perféctam.

EVANGELIO Lc 1, 5-17
Te dará un hijo y le pondrás por nombre Juan
Lectura del santo Evangelio según San Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel.
Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.
Una vez que Zacarías oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso.
Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor.
Pero el ángel le dijo:
«No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, “para convertir los corazones de los padres hacia los hijos”, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco
Fecundidad, signo de Dios
Martes 19 de diciembre de 2017
Las lecturas de hoy presentan el anuncio de San Juan Bautista (Lc 1, 5-25) hecho por el ángel a dos mujeres estériles o demasiado avanzadas en años, como en el caso de Isabel. Una vergüenza, la esterilidad en aquellos tiempos; una gracia y un don de Dios el nacimiento de un hijo. En la Biblia hay muchas mujeres estériles, que desean ardientemente un hijo, o madres que lloran la pérdida del hijo porque se han quedado sin descendencia: Sara, Noemí, Ana, Isabel, etc.
"¡Llenad la tierra, sed fecundos!", fue el primer mandamiento que Dios dio a nuestros padres. Donde está Dios, hay fecundidad. Me vienen a la mente, así de paso, algunos países que han elegido la vía de la esterilidad y padecen esa enfermedad tan fea que es el invierno demográfico. Los conocemos… No tienen hijos. "Es que el bienestar, es que esto, es que lo otro…". Países vacíos de niños, y eso no es una bendición. Pero eso es algo de paso. La fecundidad siempre es una bendición de Dios, la fecundidad material y espiritual. Dar vida. Una persona puede incluso no casarse, como los sacerdotes y los consagrados, pero debe vivir dando vida a los demás. ¡Ay de nosotros, si no somos fecundos con las buenas obras!
La fecundidad es un signo de Dios. Los profetas escogen símbolos bellísimos, como el desierto. Qué hay más estéril que un desierto; sin embargo, dicen que hasta el desierto florecerá, la aridez se llenará de agua. Es precisamente la promesa de Dios. Dio es fecundo. Es verdad, el diablo quiere la esterilidad, quiere que cada uno de nosotros no viva para dar vida, ni física ni espiritual, a los demás; que viva para sí mismo: el egoísmo, la soberbia, la vanidad. Engrasar el alma sin vivir para los demás. El diablo es el que hace crecer la cizaña del egoísmo y no nos hace fecundos.
Es una gracia tener hijos que nos cierren los ojos en nuestra muerte. Un anciano misionero de la Patagonia, con noventa años, decía que su vida se le había pasado en un soplo, pero tenía muchos hijos espirituales junto a sí en su última enfermedad.
Aquí hay una cuna vacía, la podemos ver. Puede ser símbolo de esperanza porque vendrá el Niño, o puede ser un objeto de museo, vacía toda la vida. Nuestro corazón es una cuna. ¿Cómo es mi corazón? ¿Está vacío, siempre vacío, o está abierto para recibir continuamente vida y dar vida? ¿Para recibir y ser fecundo? ¿O será un corazón conservado como un objeto de museo que nunca estuvo abierto a la vida ni a dar la vida?
Os sugiero mirar esta cuna vacía y decir: "Ven Señor, llena la cuna, llena mi corazón y empújame a dar vida, a ser fecundo".

Del Papa Benedicto XVI
La Infancia de Jesús
Anuncio del nacimiento de Juan
Después de estas reflexiones de fondo, ha llegado ahora el momento de escuchar los textos mismos. Tenemos ante todo dos grupos narrativos con sus diferencias propias, pero con gran afinidad entre ellos: el anuncio del nacimiento y la infancia de Juan el Bautista y el anuncio del nacimiento de Jesús de María en cuanto Mesías.
La historia de Juan está enraizada de modo particularmente profundo en el Antiguo Testamento. Zacarías es un sacerdote de la clase de Abías. También su esposa Isabel tiene igualmente una proveniencia sacerdotal: es una descendiente de Aarón (cf. Lc 1, 5). Según el derecho veterotestamentario, el ministerio de los sacerdotes está vinculado a la pertenencia a la tribu de los hijos de Aarón y de Leví. Por tanto, Juan el Bautista era un sacerdote. En él, el sacerdocio de la Antigua Alianza va hacia Jesús; se convierte en una referencia a Jesús, en anuncio de su misión.
Me parece importante que en Juan todo el sacerdocio de la Antigua Alianza se convierta en una profecía de Jesús, y así –con su gran cúspide teológica y espiritual, el Sal 119– remita a él y entre a formar parte de lo que es propio de él. Si se acentúa el contraste de modo unilateral entre el culto sacrificial del Antiguo Testamento y el culto espiritual de la Nueva Alianza (cf. Rm 12, 1), se pierde de vista esta línea, así como la dinámica intrínseca del sacerdocio veterotestamentario que, no sólo en Juan, sino ya en el desarrollo de la espiritualidad sacerdotal, delineada en el Sal 118, es camino hacia Jesucristo.
En la misma dirección de la unidad interior de los dos Testamentos se orienta la caracterización de Zacarías e Isabel en el versículo siguiente del Evangelio de Lucas. Se dice que «los dos eran justos ante Dios y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor» (Lc 1, 6). Cuando nos encontremos con la figura de san José consideraremos más de cerca el calificativo de «justo», en el que se compendia toda la espiritualidad de la Antigua Alianza. Los «justos» son quienes viven las indicaciones de la Ley precisamente desde dentro, aquellos que, con su ser justos según la voluntad de Dios revelada, van adelante por su camino y crean espacio para la nueva intervención del Señor. En ellos, la Antigua y la Nueva Alianza se compenetran mutuamente, se unen para formar una sola historia de Dios con los hombres.
Zacarías entra en el templo, en el ámbito sagrado, mientras el pueblo permanece fuera y reza. Es la hora del sacrificio vespertino, en el que él pone el incienso en los carbones encendidos. La fragancia del incienso que sube hacia lo alto es un símbolo de la oración: «Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde», dice el Sal 141, 2. El Apocalipsis describe así la liturgia del cielo: Los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos «tenían cítaras y copas de oro llenas de perfume, que son las oraciones de los santos» (Ap 5, 8). En esta hora en la que se unen la liturgia celeste y la de la tierra, se aparece al sacerdote Zacarías un «ángel del Señor», cuyo nombre de momento no se menciona. Estaba de pie «a la derecha del altar del incienso» (Lc 1, 11). Erik Peterson describe la escena del modo siguiente: «Era el lado sur del altar. El ángel está entre el altar y el candelabro de siete brazos. En el lado izquierdo del altar, que da al norte, había una mesa con los panes de la proposición» (Lukasevangelium, p. 22).
El lugar y la hora son sagrados: el nuevo paso en la historia de la salvación está totalmente insertado en las leyes de la alianza divina del Sinaí. En el templo mismo, en su liturgia, comienza la novedad: se manifiesta de la manera más fuerte la continuidad interior de la historia de Dios con los hombres. Esto se corresponde con el final del Evangelio de Lucas, donde el Señor, en el momento de su ascensión al cielo, mandó a sus discípulos volver a Jerusalén para recibir allí el don del Espíritu Santo y, desde allí, llevar el evangelio al mundo (cf. Lc 24, 49-53).
Pero debemos ver al mismo tiempo la diferencia entre el anuncio del nacimiento del Bautista a Zacarías y el anuncio del nacimiento de Jesús a María. Zacarías, padre del Bautista, es sacerdote y recibe el mensaje en el templo durante su liturgia. No se menciona la proveniencia de María. A ella se le envía el ángel Gabriel, mandado por Dios. Entra en su casa de Nazaret, una ciudad desconocida para las Sagradas Escrituras; en una casa que seguramente hemos de imaginar muy humilde y muy sencilla. El contraste entre los dos escenarios no podría ser más grande: por un lado, el sacerdote –el templo–, la liturgia; por otro, una joven mujer desconocida, una aldea olvidada, una casa particular anónima. El signo de la Nueva Alianza es la humildad, lo escondido: el signo del grano de mostaza. El Hijo de Dios viene en la humildad. Ambas cosas van juntas: la profunda continuidad del obrar de Dios en la historia y la novedad del grano de mostaza oculto.
Volvamos a Zacarías y al anuncio del mensaje del nacimiento del Bautista. La promesa tiene lugar en el contexto de la Antigua Alianza, y no sólo en cuanto al ambiente. Todo lo que aquí se dice y acontece está impregnado de palabras de la Sagrada Escritura, como hemos señalado poco antes. Sólo mediante los nuevos acontecimientos las palabras adquieren su pleno sentido y, viceversa, los acontecimientos tienen un significado permanente porque nacen de la Palabra, son Palabra cumplida. Aquí se combinan dos grupos de textos veterotestamentarios en una nueva unidad.
En primer lugar encontramos las historias similares de la promesa de un niño engendrado por padres estériles, que justo por eso aparece como alguien que ha sido donado por Dios mismo. Pensemos sobre todo en el anuncio del nacimiento de Isaac, el heredero de aquella promesa que Dios había hecho a Abraham como don: «“Cuando vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara, habrá tenido un hijo”… Abraham y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus períodos. Sara se rió por lo bajo… Pero el Señor dijo a Abraham: “¿Por qué se ha reído Sara?… ¿Hay algo difícil para Dios?”» (Gn 18, 10-14). Muy similar es también la historia del nacimiento de Samuel. Ana, su madre, era estéril. Después de su oración apasionada, el sacerdote Elí le prometió que Dios respondería a su petición. Quedó encinta y consagró su hijo Samuel al Señor (cf. 1S 1). Juan está por tanto en la gran estela de los que han nacido de padres estériles gracias a una intervención prodigiosa de ese Dios, para quien nada es imposible. Puesto que proviene de Dios de un modo particular, pertenece totalmente a Dios y, por otro lado, precisamente por eso está enteramente a disposición de los hombres para conducirlos a Dios.
Al decir que Juan «no beberá vino ni licor» (Lc 1, 15), se le introduce también en la tradición sacerdotal. «A los sacerdotes consagrados a Dios se aplica la norma: “Cuando hayáis de entrar en la Tienda del Encuentro, no bebáis vino ni bebida que pueda embriagar, ni tú ni tus hijos, no sea que muráis. Es ley perpetua para todas vuestras generaciones” (Lv 10, 9)» (Stöger, p. 31). Juan, que «se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno» (Lc 1, 15), vive siempre, por decirlo así, «en la Tienda del Encuentro», es sacerdote no sólo en determinados momentos, sino con su existencia entera, anunciando así el nuevo sacerdocio que aparecerá con Jesús.
Junto a este conjunto de textos tornados de los libros históricos del Antiguo Testamento, ejercen su influencia en el coloquio del ángel con Zacarías también algunos textos proféticos de los libros de Malaquías y Daniel.
Escuchemos primero a Malaquías: «Mirad, os envío al profeta Elías, antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible. Convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres» (Ml 3, 23 s). «Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar, dice el Señor de los ejércitos» (Ml 3, 1). La misión de Juan es interpretada sobre la base de la figura de Elías: él no es Elías, pero viene con el espíritu y la pujanza del gran profeta. En este sentido, cumple en su misión también la expectativa de que Elías volvería y purificaría y aliviaría al pueblo de Dios; lo prepararía para la venida del Señor. Con esto se incluye por un lado a Juan en la categoría de los profetas, aunque, por otro, se le ensalza al mismo tiempo por encima de ella porque el Elías que está por volver es el precursor de la llegada de Dios mismo. Así, en estos textos se pone tácitamente la figura de Jesús, su llegada, en el mismo plano que la llegada de Dios mismo. En Jesús viene el mismo Señor, marcándole a la historia su dirección definitiva.
El profeta Daniel es la segunda voz profética que hace de trasfondo a nuestra narración. Únicamente en el Libro de Daniel se menciona el nombre de Gabriel. Este gran mensajero de Dios se presenta ante el profeta «a la hora de la ofrenda vespertina» (Dn 9, 21) para traer noticias sobre el destino futuro del pueblo elegido. Frente a las dudas de Zacarías, el mensajero de Dios se revela como «Gabriel, que sirvo en presencia de Dios» (Lc 1, 19).
En el Libro de Daniel, las revelaciones transmitidas por Gabriel incluyen misteriosas indicaciones de números sobre las grandes dificultades que se aproximan y sobre el momento de la salvación definitiva, cuyo anuncio en medio de la angustia es el verdadero cometido del Arcángel. El pensamiento tanto judío como cristiano se ha interesado muchas veces por estos números en clave. Una atención particular ha suscitado la predicción de las setenta semanas «decretadas sobre tu pueblo y tu ciudad santa;… para establecer una justicia eterna» (Dn 9, 24). René Laurentin ha tratado de demostrar que el relato de la infancia en Lucas habría seguido una precisa cronología, según la cual desde el anuncio a Zacarías hasta la presentación de Jesús en el templo habrían transcurrido 449 días, es decir, setenta semanas de siete días (cf. Structure et Théologie…, p. 49 s). Que Lucas haya construido conscientemente una cronología como ésta es algo que debe quedar abierto.
Pero en la narración de la aparición del arcángel Gabriel en la hora de la ofrenda de la tarde se puede ver ciertamente una referencia a Daniel, a la promesa de la justicia eterna que entra en el tiempo. De este modo, por tanto, nos habría dicho: el tiempo se ha cumplido. El evento oculto que tuvo lugar durante la ofrenda vespertina de Zacarías, y que no fue percibido por el vasto público del mundo, indica en realidad la hora escatológica, la hora de la salvación.
Pero es su cercanía lo que hace saltar a Juan en el seno materno y llena a Isabel del Espíritu Santo (cf. Lc 1, 41). Así, en la narración de san Lucas sobre el anuncio y el nacimiento aparece ya de modo objetivo lo que el Bautista dirá en el Evangelio de Juan: «Éste es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”» (Jn 1, 30).

Del Catecismo de la Iglesia Católica
523 San Juan Bautista es el precursor (cf. Hch 13, 24) inmediato del Señor, enviado para prepararle el camino (cf. Mt 3, 3). "Profeta del Altísimo" (Lc 1, 76), sobrepasa a todos los profetas (cf. Lc 7, 26), de los que es el último (cf. Mt 11, 13), e inaugura el Evangelio (cf. Hch 1, 22; Lc 16, 16); desde el seno de su madre ( cf. Lc 1, 41) saluda la venida de Cristo y encuentra su alegría en ser "el amigo del esposo" (Jn 3, 29) a quien señala como "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1, 29). Precediendo a Jesús "con el espíritu y el poder de Elías" (Lc 1, 17), da testimonio de él mediante su predicación, su bautismo de conversión y finalmente con su martirio (cf. Mc 6, 17-29).
Juan, Precursor, Profeta y Bautista
717 "Hubo un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan. (Jn 1, 6). Juan fue "lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre" (Lc 1, 15. 41) por obra del mismo Cristo que la Virgen María acababa de concebir del Espíritu Santo. La "visitación" de María a Isabel se convirtió así en "visita de Dios a su pueblo" (Lc 1, 68).
718 Juan es "Elías que debe venir" (Mt 17, 10-13): El fuego del Espíritu lo habita y le hace correr delante [como "precursor"] del Señor que viene. En Juan el Precursor, el Espíritu Santo culmina la obra de "preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Lc 1, 17).
719 Juan es "más que un profeta" (Lc 7, 26). En él, el Espíritu Santo consuma el "hablar por los profetas". Juan termina el ciclo de los profetas inaugurado por Elías (cf. Mt 11, 13-14). Anuncia la inminencia de la consolación de Israel, es la "voz" del Consolador que llega (Jn 1, 23; cf. Is 40, 1-3). Como lo hará el Espíritu de Verdad, "vino como testigo para dar testimonio de la luz" (Jn 1, 7; cf. Jn 15, 26; Jn 5, 33). Con respecto a Juan, el Espíritu colma así las "indagaciones de los profetas" y la ansiedad de los ángeles (1P 1, 10-12): "Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo … Y yo lo he visto y doy testimonio de que este es el Hijo de Dios … He ahí el Cordero de Dios" (Jn 1, 33-36).
720 En fin, con Juan Bautista, el Espíritu Santo, inaugura, prefigurándolo, lo que realizará con y en Cristo: volver a dar al hombre la "semejanza" divina. El bautismo de Juan era para el arrepentimiento, el del agua y del Espíritu será un nuevo nacimiento (cf. Jn 3, 5).

Se dice Credo. Dicitur Credo
Oración de los fieles
332. Imploremos, hermanos, al Dios de misericordia, por las necesidades de todos los hombres.
- Por el pueblo de Israel: para que, escuchando la voz de Juan el Bautista y de todos los profetas, reconozcan en Cristo al salvador del mundo y entre en la plenitud de la Iglesia. Roguemos al Señor.
- Por los ciudadanos de nuestra patria y de todas las naciones: para que cumplan sus deberes con justicia y respeten los derechos ajenos. Roguemos al Señor.
- Por los pobres y los perseguidos: para que el Señor los socorra y les muestre el camino de la libertad y de la paz. Roguemos al Señor.
- Por cuantos estamos aquí reunidos, por nuestras familias y por todos los miembros de nuestra comunidad (parroquia): para que seamos un pueblo en marcha hacia la perfección. Roguemos al Señor.
Bendice, Dios Padre de misericordia, a tu pueblo, y pues pone su confianza en la intercesión de san Juan Bautista, concédele cuanto te ha pedido con fe. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
Mira con bondad, Señor, los dones que tu pueblo te presenta en la solemnidad de san Juan Bautista, y concédenos que cuanto celebramos sacramentalmente lo realicemos en una vida de servicio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Múnera pópuli tui, Dómine, propítius inténde, in beáti Ioánnis Baptístae sollemnitáte deláta, et praesta, ut, quae mystério gérimus, débitae servitútis actióne sectémur. Per Christum.
Prefacio: La misión del Precursor
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
En san Juan, su precursor, a quien consagraste como el mayor entre los nacidos de mujer, proclamamos tu grandeza. Porque su nacimiento fue motivo de gran alegría, y ya antes de nacer saltó de gozo por la llegada de la salvación humana, solo él, entre todos los profetas, mostró al Cordero de la redención. Él, bautizó al mismo autor del bautismo, para santificar el agua viva, y mereció darle el supremo testimonio derramando su sangre.
Por eso, con las virtudes del cielo te aclamamos continuamente en la tierra alabando tu gloria sin cesar:
Santo, Santo, Santo…
Praefatio: De missione Praecursoris.
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum. In cuius Praecursóre beáto Ioánne tuam magnificéntiam collaudámus, quem inter natos mulíerum honóre praecípuo consecrásti.
Qui cum nascéndo multa gáudia praestitísset, et nondum éditus exsultásset ad humánae salútis advéntum, ipse solus ómnium prophetárum Agnum redemptiónis osténdit. Sed et sanctificándis étiam aquae fluéntis ipsum baptísmatis lavit auctórem, et méruit fuso sánguine suprémum illi testimónium exhibére.
Et ídeo, cum caelórum virtútibus, in terris te iúgiter praedicámus, maiestáti tuae sine fine clamántes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de comunión Lc 1, 68
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.
Antiphona ad communionem Lc 1, 68
Benedíctus Dóminus Deus Israel, quia visitávit et fecit redemptiónem plebis suae.
Oración después de la comunión
Señor, que la valiosa oración de san Juan Bautista acompañe siempre a los que has saciado con el alimento santo, y el que anunció al Cordero que había de quitar nuestros pecados pida a tu mismo Hijo que se apiade de nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Sacris dápibus satiátos, beáti Ioánnis Baptístae nos, Dómine, praeclára comitétur orátio, et, quem Agnum nostra ablatúrum crímina nuntiávit, ipsum Fílium tuum poscat nobis fore placátum. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.