domingo, 20 de mayo de 2018

Domingo 24 junio 2018, Natividad de san Juan Bautista, solemnidad.

SOBRE LITURGIA

PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles, 16 de mayo de 2018


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy concluimos el ciclo de catequesis sobre el bautismo. Los efectos espirituales de este sacramento, invisibles a los ojos pero operativos en el corazón de quien se ha convertido en una nueva criatura, se hacen explícitos mediante la entrega del vestido blanco y de la vela encendida. Después del lavacro de regeneración, capaz de recrear al hombre según Dios en la verdadera santidad (cf. Efesios 4, 24) ha parecido natural, desde los primeros siglos revestir a los neobautizados con una vestimenta nueva, cándida, similar al esplendor de la vida conseguida en Cristo y en el Espíritu Santo.

La vestimenta blanca, mientras expresa simbólicamente lo que ha sucedido en el sacramento, anuncia la condición de los transfigurados en la gloria divina. Lo que significa revestirse de Cristo lo recuerda san Pablo explicando cuáles son las virtudes que los bautizados deben cultivar: «Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos, mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó. Y por encima de todo esto, revestíos del amor que es el vínculo de la perfección» (Colosenses 3, 12-14).

También la entrega ritual de la llama extraída del cirio pascual, recuerda el efecto del bautismo: «Recibe la luz de Cristo», dice el sacerdote. Estas palabras recuerdan que no somos nosotros la luz sino que la luz es Jesucristo (Juan 1, 9; 12, 46), el cual, resucitado de entre los muertos, venció a las tinieblas del mal. Nosotros estamos llamados a recibir su esplendor. Como la llama del cirio pascual da luz a cada vela, así la caridad del Señor Resucitado inflama los corazones de los bautizados, colmándolos de luz y calor. Y por eso, desde los primeros siglos, el bautismo se llamaba también «iluminación» y a quien era bautizado se le llamaba «el iluminado». Esta es, de hecho, la vocación cristiana: «caminar siempre como hijos de la luz, perseverando en la fe» (cf. Rito de iniciación cristiana de los adultos, n. 226; Juan 12, 36). Si se trata de niños, es tarea de los padres, junto a padrinos y madrinas, hacerse cargo de alimentar la llama de la gracia bautismal en sus pequeños, ayudándoles a perseverar en la fe (cf. Rito del Bautismo de los niños, n. 73). «La educación cristiana es un derecho de los niños; esta tiende a guiarles gradualmente a conocer el diseño de Dios en Cristo: así podrán ratificar personalmente la fe en la cual han sido bautizados» (ibíd., Introducción, 3).

La presencia viva de Cristo, para custodiar, defender y dilatar en nosotros, es lámpara que ilumina nuestros pasos, luz que orienta nuestras elecciones, llama que calienta los corazones en el ir al encuentro al Señor, haciéndonos capaces de ayudar a quien hace el camino con nosotros, hasta la comunión inseparable con Él. Ese día, dice el Apocalipsis, «ya no habrá noche, y ya no necesitaremos la luz de lámpara ni la luz del sol, porque el Señor Dios nos iluminará. Y reinaremos por los siglos de los siglos» (cf. 22, 5). La celebración del bautismo se concluye con la oración del Padre Nuestro, propia de la comunidad de los hijos de Dios. De hecho, los niños renacidos en el bautismo recibirán la plenitud del don del Espíritu en la confirmación y participarán en la eucaristía, aprendiendo qué significa dirigirse a Dios llamándole «Padre».

Al finalizar estas catequesis sobre el bautismo, repito a cada uno de vosotros la invitación que expresé así en la exhortación apostólica Gaudete et exsultate: «Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida (cf. Gálatas 5, 22-23)» (n. 15).

DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

San Juan Bautista


224. En la frontera entre el Antiguo y el Nuevo Testamento descuella la figura de Juan, hijo de Zacarías y de Isabel, ambos "justos ante Dios" (Lc 1,6), uno de los más grandes personajes de la historia de la salvación. Todavía en el vientre de su madre, Juan reconoció al Salvador, también escondido en el vientre de la Virgen María (cfr. Lc 1,39-45); su nacimiento estuvo marcado por grandes prodigios (cfr. Lc 1,57-66); creció en el desierto, llevando una vida austera y penitente (cfr. Lc 1,80; Mt 3,4); "profeta del Altísimo" (Lc 1,76) descendió sobre él la palabra de Dios (cfr. Lc 3,2); "recorrió toda la región del Jordán, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados" (Lc 3,3); como nuevo Elías, humilde y fuerte, preparó al Señor un pueblo bien dispuesto (cfr. Lc 1,17); según el plan de Dios, bautizó, en las aguas del Jordán, al mismo Salvador del mundo (cfr. Mt 3,13-16); a sus discípulos les señaló que Jesús era el "Cordero de Dios" (Jn 1,29), el "Hijo de Dios" (Jn 1,34), el Esposo de la nueva comunidad mesiánica (cfr. Jn 3,28-30); por su heroico testimonio de la verdad (cfr. Jn 5,33) fue encarcelado por Herodes, que le hizo decapitar (cfr. Mc 6,14-29), convirtiéndose así en precursor del Señor en la muerte violenta, como lo había sido en su nacimiento prodigioso y en la predicación profética. Jesús hizo un grandioso elogio de él, proclamando que "entre los nacidos de mujer no hay uno más grande que Juan" (Lc 7,28).

225. Desde la antigüedad, el culto a san Juan ha estado presente en el mundo cristiano, donde pronto adquirió también connotaciones populares. Además de las celebraciones del día de su muerte (29 de Agosto), como sucede normalmente para todos los santos, sólo de san Juan Bautista, como de Cristo y de la Virgen María, se celebra solemnemente su nacimiento (24 de Junio).
Por la parte que tuvo en el bautismo de Jesús, se le han dedicado muchos baptisterios y su figura de bautista está junto a muchas fuentes bautismales; a causa de su dura prisión y de su muerte violenta, es patrono de los que padecen en las cárceles, condenados a muerte o a duros castigos, debido a la fe.
Con toda probabilidad, la fecha del nacimiento de san Juan (24 de Junio) fue establecida dependiendo de la concepción de Cristo (25 de Marzo) y de su nacimiento (25 de Diciembre): según el signo que dio el Ángel Gabriel, cuando María concibió al Salvador, la madre del Precursor estaba ya en el sexto mes del embarazo (cfr. Lc 1,26.30). En cualquier caso, la solemnidad del 24 de Junio está ligada al ciclo solar, en el hemisferio norte. Se celebra cuando el sol, dirigiéndose hacia el sur del zodiaco, comienza a descender: hecho que resulta un símbolo de la figura de Juan, que refiriéndose a Cristo, había declarado: "Él debe crecer y yo en cambio tengo que disminuir" (Jn 3,30).
La misión de Juan, venido para dar testimonio de la luz (cfr. Jn 1,7), ha dado origen o un sentido cristiano a las hogueras que se encienden la noche del 23 de Junio: la Iglesia las bendice, implorando que los fieles, superadas las tinieblas del mundo, alcancen a Dios, "luz indefectible".

CALENDARIO

24 + DOMINGO. NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA, solemnidad


Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista, Precursor del Señor, que, estando aún en el seno materno, al quedar lleno del Espíritu Santo exultó de gozo por la próxima llegada de la salvación del género humano. Su nacimiento profetizó la Natividad de Cristo el Señor, y su existencia brilló con tal esplendor de gracia, que el mismo Jesucristo dijo no haber entre los nacidos de mujer nadie tan grande como Juan el Bautista (elog. del Martirologio Romano).

Misa del día de la solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. prop., conveniente PE I. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. IV.
- Is 49, 1-6. Te hago luz de las naciones.
- Sal 138. R. Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.
- Hch 13, 22-26. Juan predicó antes de que llegara Cristo.
- Lc 1, 57-66. 80. Juan es su nombre.

Cuando el hijo de Zacarías e Isabel fue circuncidado no recibió el nombre de su padre, sino “Juan”, que significa “fiel a Dios”. Con ello se significó la especial vocación de aquel niño de ser profeta del Altísimo, porque fue delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación. Él fue escogido por Dios, ya desde el vientre de su madre (1 lect.) Fue escogido para mostrar a las gentes el Cordero que quita el pecado del mundo. Él bautizó en el Jordán al Autor del bautismo, y el agua viva tiene desde entonces poder de salvación para los hombres. Y él dio por fin su Sangre como supremo testimonio por el nombre de Cristo (Pf.).

* Hoy no se permiten otras celebraciones, excepto la misa exequial.

Liturgia de las Horas: oficio de la solemnidad. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 25 de junio, pág. 379.
CALENDARIOS: Plasencia: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. José Luis Retana Gozalo, obispo (2017).

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista, Precursor del Señor, que, estando aún en el seno materno, al quedar lleno del Espíritu Santo, exultó de gozo por la próxima llegada de la salvación del género humano. Su nacimiento profetizó la Natividad de Cristo el Señor, y su existencia brilló con tal esplendor de gracia que el mismo Jesucristo dijo no haber entre los nacidos de mujer nadie tan grande como Juan el Bautista.

24 de junio
NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA
Solemnidad
Misa del día
Die 24 iunii
IN NATIVITATE S. IOANNIS BAPTISTAE
Sollemnitas
Ad Missam in die
Antífona de entrada Jn 1, 6-7; Lc 1, 17
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.
Antiphona ad introitum Jn 1, 6-7; Lc 1, 17
Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Ioánnes. Hic venit, ut testimónium perhibéret de lúmine, paráre Dómino plebem perféctam.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Oh, Dios, que suscitaste a san Juan Bautista para que preparase a Cristo el Señor una muchedumbre bien dispuesta, concede a tu pueblo el don de la alegría espiritual y dirige los corazones de todos los fieles por el camino de la salvación y de la paz. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui beátum Ioánnem Baptístam suscitásti, ut perféctam plebem Christo Dómino praeparáret, da pópulis tuis spiritálium grátiam gaudiórum, et ómnium fidélium mentes dírige in viam salútis et pacis. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas propias de la solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista (Lec. IV).

PRIMERA LECTURA Is 49, 1-6
Te hago luz de las naciones.
Lectura del libro del profeta Isaías.

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:
Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo:
«Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso».
Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios.
Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel, -tanto me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza-:
«Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 138, 1-3. 13-14. 15 (R.: 14a)
R.
Te doy gracias porque me has escogido portentosamente. Confitébor tibi, quia mirabíliter plasmátus sum.

V. Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R.
Te doy gracias porque me has escogido portentosamente. Confitébor tibi, quia mirabíliter plasmátus sum.

V. Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma. R.
Te doy gracias porque me has escogido portentosamente. Confitébor tibi, quia mirabíliter plasmátus sum.

V. No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R.
Te doy gracias porque me has escogido portentosamente. Confitébor tibi, quia mirabíliter plasmátus sum.

SEGUNDA LECTURA Hch 13, 22-26
Antes de que llegara Cristo, Juan predicó
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, dijo Pablo:
«Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: “Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.” Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias.” Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Lc 1, 76
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos. R.
Tu, puer, prophéta Altíssimi vocabéris: praeíbis ante Dóminum paráre vias eius.

EVANGELIO Lc 1, 57-66. 80
El nacimiento de Juan Bautista. Juan es su nombre.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.
A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo:
«¡No! Se va a llamar Juan».
Le replicaron:
«Ninguno de tus parientes se llama así».
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo:
«¿Qué va a ser este niño?»
Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco
Fecundidad, signo de Dios
Martes 19 de diciembre de 2017
Las lecturas de hoy presentan el anuncio de San Juan Bautista (Lc 1, 5-25) hecho por el ángel a dos mujeres estériles o demasiado avanzadas en años, como en el caso de Isabel. Una vergüenza, la esterilidad en aquellos tiempos; una gracia y un don de Dios el nacimiento de un hijo. En la Biblia hay muchas mujeres estériles, que desean ardientemente un hijo, o madres que lloran la pérdida del hijo porque se han quedado sin descendencia: Sara, Noemí, Ana, Isabel, etc.
"¡Llenad la tierra, sed fecundos!", fue el primer mandamiento que Dios dio a nuestros padres. Donde está Dios, hay fecundidad. Me vienen a la mente, así de paso, algunos países que han elegido la vía de la esterilidad y padecen esa enfermedad tan fea que es el invierno demográfico. Los conocemos… No tienen hijos. "Es que el bienestar, es que esto, es que lo otro…". Países vacíos de niños, y eso no es una bendición. Pero eso es algo de paso. La fecundidad siempre es una bendición de Dios, la fecundidad material y espiritual. Dar vida. Una persona puede incluso no casarse, como los sacerdotes y los consagrados, pero debe vivir dando vida a los demás. ¡Ay de nosotros, si no somos fecundos con las buenas obras!
La fecundidad es un signo de Dios. Los profetas escogen símbolos bellísimos, como el desierto. Qué hay más estéril que un desierto; sin embargo, dicen que hasta el desierto florecerá, la aridez se llenará de agua. Es precisamente la promesa de Dios. Dio es fecundo. Es verdad, el diablo quiere la esterilidad, quiere que cada uno de nosotros no viva para dar vida, ni física ni espiritual, a los demás; que viva para sí mismo: el egoísmo, la soberbia, la vanidad. Engrasar el alma sin vivir para los demás. El diablo es el que hace crecer la cizaña del egoísmo y no nos hace fecundos.
Es una gracia tener hijos que nos cierren los ojos en nuestra muerte. Un anciano misionero de la Patagonia, con noventa años, decía que su vida se le había pasado en un soplo, pero tenía muchos hijos espirituales junto a sí en su última enfermedad.
Aquí hay una cuna vacía, la podemos ver. Puede ser símbolo de esperanza porque vendrá el Niño, o puede ser un objeto de museo, vacía toda la vida. Nuestro corazón es una cuna. ¿Cómo es mi corazón? ¿Está vacío, siempre vacío, o está abierto para recibir continuamente vida y dar vida? ¿Para recibir y ser fecundo? ¿O será un corazón conservado como un objeto de museo que nunca estuvo abierto a la vida ni a dar la vida?
Os sugiero mirar esta cuna vacía y decir: "Ven Señor, llena la cuna, llena mi corazón y empújame a dar vida, a ser fecundo".

Del Papa Benedicto XVI
La Infancia de Jesús
Anuncio del nacimiento de Juan
Después de estas reflexiones de fondo, ha llegado ahora el momento de escuchar los textos mismos. Tenemos ante todo dos grupos narrativos con sus diferencias propias, pero con gran afinidad entre ellos: el anuncio del nacimiento y la infancia de Juan el Bautista y el anuncio del nacimiento de Jesús de María en cuanto Mesías.
La historia de Juan está enraizada de modo particularmente profundo en el Antiguo Testamento. Zacarías es un sacerdote de la clase de Abías. También su esposa Isabel tiene igualmente una proveniencia sacerdotal: es una descendiente de Aarón (cf. Lc 1, 5). Según el derecho veterotestamentario, el ministerio de los sacerdotes está vinculado a la pertenencia a la tribu de los hijos de Aarón y de Leví. Por tanto, Juan el Bautista era un sacerdote. En él, el sacerdocio de la Antigua Alianza va hacia Jesús; se convierte en una referencia a Jesús, en anuncio de su misión.
Me parece importante que en Juan todo el sacerdocio de la Antigua Alianza se convierta en una profecía de Jesús, y así –con su gran cúspide teológica y espiritual, el Sal 119– remita a él y entre a formar parte de lo que es propio de él. Si se acentúa el contraste de modo unilateral entre el culto sacrificial del Antiguo Testamento y el culto espiritual de la Nueva Alianza (cf. Rm 12, 1), se pierde de vista esta línea, así como la dinámica intrínseca del sacerdocio veterotestamentario que, no sólo en Juan, sino ya en el desarrollo de la espiritualidad sacerdotal, delineada en el Sal 118, es camino hacia Jesucristo.
En la misma dirección de la unidad interior de los dos Testamentos se orienta la caracterización de Zacarías e Isabel en el versículo siguiente del Evangelio de Lucas. Se dice que «los dos eran justos ante Dios y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor» (Lc 1, 6). Cuando nos encontremos con la figura de san José consideraremos más de cerca el calificativo de «justo», en el que se compendia toda la espiritualidad de la Antigua Alianza. Los «justos» son quienes viven las indicaciones de la Ley precisamente desde dentro, aquellos que, con su ser justos según la voluntad de Dios revelada, van adelante por su camino y crean espacio para la nueva intervención del Señor. En ellos, la Antigua y la Nueva Alianza se compenetran mutuamente, se unen para formar una sola historia de Dios con los hombres.
Zacarías entra en el templo, en el ámbito sagrado, mientras el pueblo permanece fuera y reza. Es la hora del sacrificio vespertino, en el que él pone el incienso en los carbones encendidos. La fragancia del incienso que sube hacia lo alto es un símbolo de la oración: «Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde», dice el Sal 141, 2. El Apocalipsis describe así la liturgia del cielo: Los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos «tenían cítaras y copas de oro llenas de perfume, que son las oraciones de los santos» (Ap 5, 8). En esta hora en la que se unen la liturgia celeste y la de la tierra, se aparece al sacerdote Zacarías un «ángel del Señor», cuyo nombre de momento no se menciona. Estaba de pie «a la derecha del altar del incienso» (Lc 1, 11). Erik Peterson describe la escena del modo siguiente: «Era el lado sur del altar. El ángel está entre el altar y el candelabro de siete brazos. En el lado izquierdo del altar, que da al norte, había una mesa con los panes de la proposición» (Lukasevangelium, p. 22).
El lugar y la hora son sagrados: el nuevo paso en la historia de la salvación está totalmente insertado en las leyes de la alianza divina del Sinaí. En el templo mismo, en su liturgia, comienza la novedad: se manifiesta de la manera más fuerte la continuidad interior de la historia de Dios con los hombres. Esto se corresponde con el final del Evangelio de Lucas, donde el Señor, en el momento de su ascensión al cielo, mandó a sus discípulos volver a Jerusalén para recibir allí el don del Espíritu Santo y, desde allí, llevar el evangelio al mundo (cf. Lc 24, 49-53).
Pero debemos ver al mismo tiempo la diferencia entre el anuncio del nacimiento del Bautista a Zacarías y el anuncio del nacimiento de Jesús a María. Zacarías, padre del Bautista, es sacerdote y recibe el mensaje en el templo durante su liturgia. No se menciona la proveniencia de María. A ella se le envía el ángel Gabriel, mandado por Dios. Entra en su casa de Nazaret, una ciudad desconocida para las Sagradas Escrituras; en una casa que seguramente hemos de imaginar muy humilde y muy sencilla. El contraste entre los dos escenarios no podría ser más grande: por un lado, el sacerdote –el templo–, la liturgia; por otro, una joven mujer desconocida, una aldea olvidada, una casa particular anónima. El signo de la Nueva Alianza es la humildad, lo escondido: el signo del grano de mostaza. El Hijo de Dios viene en la humildad. Ambas cosas van juntas: la profunda continuidad del obrar de Dios en la historia y la novedad del grano de mostaza oculto.
Volvamos a Zacarías y al anuncio del mensaje del nacimiento del Bautista. La promesa tiene lugar en el contexto de la Antigua Alianza, y no sólo en cuanto al ambiente. Todo lo que aquí se dice y acontece está impregnado de palabras de la Sagrada Escritura, como hemos señalado poco antes. Sólo mediante los nuevos acontecimientos las palabras adquieren su pleno sentido y, viceversa, los acontecimientos tienen un significado permanente porque nacen de la Palabra, son Palabra cumplida. Aquí se combinan dos grupos de textos veterotestamentarios en una nueva unidad.
En primer lugar encontramos las historias similares de la promesa de un niño engendrado por padres estériles, que justo por eso aparece como alguien que ha sido donado por Dios mismo. Pensemos sobre todo en el anuncio del nacimiento de Isaac, el heredero de aquella promesa que Dios había hecho a Abraham como don: «“Cuando vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara, habrá tenido un hijo”… Abraham y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus períodos. Sara se rió por lo bajo… Pero el Señor dijo a Abraham: “¿Por qué se ha reído Sara?… ¿Hay algo difícil para Dios?”» (Gn 18, 10-14). Muy similar es también la historia del nacimiento de Samuel. Ana, su madre, era estéril. Después de su oración apasionada, el sacerdote Elí le prometió que Dios respondería a su petición. Quedó encinta y consagró su hijo Samuel al Señor (cf. 1S 1). Juan está por tanto en la gran estela de los que han nacido de padres estériles gracias a una intervención prodigiosa de ese Dios, para quien nada es imposible. Puesto que proviene de Dios de un modo particular, pertenece totalmente a Dios y, por otro lado, precisamente por eso está enteramente a disposición de los hombres para conducirlos a Dios.
Al decir que Juan «no beberá vino ni licor» (Lc 1, 15), se le introduce también en la tradición sacerdotal. «A los sacerdotes consagrados a Dios se aplica la norma: “Cuando hayáis de entrar en la Tienda del Encuentro, no bebáis vino ni bebida que pueda embriagar, ni tú ni tus hijos, no sea que muráis. Es ley perpetua para todas vuestras generaciones” (Lv 10, 9)» (Stöger, p. 31). Juan, que «se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno» (Lc 1, 15), vive siempre, por decirlo así, «en la Tienda del Encuentro», es sacerdote no sólo en determinados momentos, sino con su existencia entera, anunciando así el nuevo sacerdocio que aparecerá con Jesús.
Junto a este conjunto de textos tornados de los libros históricos del Antiguo Testamento, ejercen su influencia en el coloquio del ángel con Zacarías también algunos textos proféticos de los libros de Malaquías y Daniel.
Escuchemos primero a Malaquías: «Mirad, os envío al profeta Elías, antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible. Convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres» (Ml 3, 23 s). «Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar, dice el Señor de los ejércitos» (Ml 3, 1). La misión de Juan es interpretada sobre la base de la figura de Elías: él no es Elías, pero viene con el espíritu y la pujanza del gran profeta. En este sentido, cumple en su misión también la expectativa de que Elías volvería y purificaría y aliviaría al pueblo de Dios; lo prepararía para la venida del Señor. Con esto se incluye por un lado a Juan en la categoría de los profetas, aunque, por otro, se le ensalza al mismo tiempo por encima de ella porque el Elías que está por volver es el precursor de la llegada de Dios mismo. Así, en estos textos se pone tácitamente la figura de Jesús, su llegada, en el mismo plano que la llegada de Dios mismo. En Jesús viene el mismo Señor, marcándole a la historia su dirección definitiva.
El profeta Daniel es la segunda voz profética que hace de trasfondo a nuestra narración. Únicamente en el Libro de Daniel se menciona el nombre de Gabriel. Este gran mensajero de Dios se presenta ante el profeta «a la hora de la ofrenda vespertina» (Dn 9, 21) para traer noticias sobre el destino futuro del pueblo elegido. Frente a las dudas de Zacarías, el mensajero de Dios se revela como «Gabriel, que sirvo en presencia de Dios» (Lc 1, 19).
En el Libro de Daniel, las revelaciones transmitidas por Gabriel incluyen misteriosas indicaciones de números sobre las grandes dificultades que se aproximan y sobre el momento de la salvación definitiva, cuyo anuncio en medio de la angustia es el verdadero cometido del Arcángel. El pensamiento tanto judío como cristiano se ha interesado muchas veces por estos números en clave. Una atención particular ha suscitado la predicción de las setenta semanas «decretadas sobre tu pueblo y tu ciudad santa;… para establecer una justicia eterna» (Dn 9, 24). René Laurentin ha tratado de demostrar que el relato de la infancia en Lucas habría seguido una precisa cronología, según la cual desde el anuncio a Zacarías hasta la presentación de Jesús en el templo habrían transcurrido 449 días, es decir, setenta semanas de siete días (cf. Structure et Théologie…, p. 49 s). Que Lucas haya construido conscientemente una cronología como ésta es algo que debe quedar abierto.
Pero en la narración de la aparición del arcángel Gabriel en la hora de la ofrenda de la tarde se puede ver ciertamente una referencia a Daniel, a la promesa de la justicia eterna que entra en el tiempo. De este modo, por tanto, nos habría dicho: el tiempo se ha cumplido. El evento oculto que tuvo lugar durante la ofrenda vespertina de Zacarías, y que no fue percibido por el vasto público del mundo, indica en realidad la hora escatológica, la hora de la salvación.
Pero es su cercanía lo que hace saltar a Juan en el seno materno y llena a Isabel del Espíritu Santo (cf. Lc 1, 41). Así, en la narración de san Lucas sobre el anuncio y el nacimiento aparece ya de modo objetivo lo que el Bautista dirá en el Evangelio de Juan: «Éste es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”» (Jn 1, 30).

Del Catecismo de la Iglesia Católica
523 San Juan Bautista es el precursor (cf. Hch 13, 24) inmediato del Señor, enviado para prepararle el camino (cf. Mt 3, 3). "Profeta del Altísimo" (Lc 1, 76), sobrepasa a todos los profetas (cf. Lc 7, 26), de los que es el último (cf. Mt 11, 13), e inaugura el Evangelio (cf. Hch 1, 22; Lc 16, 16); desde el seno de su madre ( cf. Lc 1, 41) saluda la venida de Cristo y encuentra su alegría en ser "el amigo del esposo" (Jn 3, 29) a quien señala como "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn 1, 29). Precediendo a Jesús "con el espíritu y el poder de Elías" (Lc 1, 17), da testimonio de él mediante su predicación, su bautismo de conversión y finalmente con su martirio (cf. Mc 6, 17-29).
Juan, Precursor, Profeta y Bautista
717 "Hubo un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan. (Jn 1, 6). Juan fue "lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre" (Lc 1, 15. 41) por obra del mismo Cristo que la Virgen María acababa de concebir del Espíritu Santo. La "visitación" de María a Isabel se convirtió así en "visita de Dios a su pueblo" (Lc 1, 68).
718 Juan es "Elías que debe venir" (Mt 17, 10-13): El fuego del Espíritu lo habita y le hace correr delante [como "precursor"] del Señor que viene. En Juan el Precursor, el Espíritu Santo culmina la obra de "preparar al Señor un pueblo bien dispuesto" (Lc 1, 17).
719 Juan es "más que un profeta" (Lc 7, 26). En él, el Espíritu Santo consuma el "hablar por los profetas". Juan termina el ciclo de los profetas inaugurado por Elías (cf. Mt 11, 13-14). Anuncia la inminencia de la consolación de Israel, es la "voz" del Consolador que llega (Jn 1, 23; cf. Is 40, 1-3). Como lo hará el Espíritu de Verdad, "vino como testigo para dar testimonio de la luz" (Jn 1, 7; cf. Jn 15, 26; Jn 5, 33). Con respecto a Juan, el Espíritu colma así las "indagaciones de los profetas" y la ansiedad de los ángeles (1P 1, 10-12): "Aquél sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo … Y yo lo he visto y doy testimonio de que este es el Hijo de Dios … He ahí el Cordero de Dios" (Jn 1, 33-36).
720 En fin, con Juan Bautista, el Espíritu Santo, inaugura, prefigurándolo, lo que realizará con y en Cristo: volver a dar al hombre la "semejanza" divina. El bautismo de Juan era para el arrepentimiento, el del agua y del Espíritu será un nuevo nacimiento (cf. Jn 3, 5).

Se dice Credo. Dicitur Credo.
Oración de los fieles
332. Imploremos, hermanos, al Dios de misericordia, por las necesidades de todos los hombres.
- Por el pueblo de Israel: para que, escuchando la voz de Juan el Bautista y de todos los profetas, reconozcan en Cristo al salvador del mundo y entre en la plenitud de la Iglesia. Roguemos al Señor.
- Por los ciudadanos de nuestra patria y de todas las naciones: para que cumplan sus deberes con justicia y respeten los derechos ajenos. Roguemos al Señor.
- Por los pobres y los perseguidos: para que el Señor los socorra y les muestre el camino de la libertad y de la paz. Roguemos al Señor.
- Por cuantos estamos aquí reunidos, por nuestras familias y por todos los miembros de nuestra comunidad (parroquia): para que seamos un pueblo en marcha hacia la perfección. Roguemos al Señor.
Bendice, Dios Padre de misericordia, a tu pueblo, y pues pone su confianza en la intercesión de san Juan Bautista, concédele cuanto te ha pedido con fe. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
Colmamos de dones tu altar, Señor, para celebrar con el honor debido la natividad de quien proclamó que el Salvador del mundo ya estaba próximo y lo mostró presente entre los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Tua, Dómine, munéribus altária cumulámus, illíus nativitátem honóre débito celebrántes, qui Salvatórem mundi et cécinit affutúrum, et adésse monstrávit. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
Prefacio: La misión del Precursor
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
En san Juan, su precursor, a quien consagraste como el mayor entre los nacidos de mujer, proclamamos tu grandeza.
Porque su nacimiento fue motivo de gran alegría, y ya antes de nacer saltó de gozo por la llegada de la salvación humana, solo él, entre todos los profetas, mostró al Cordero de la redención.
Él, bautizó al mismo autor del bautismo, para santificar el agua viva, y mereció darle el supremo testimonio derramando su sangre.
Por eso, con las virtudes del cielo te aclamamos continuamente en la tierra alabando tu gloria sin cesar:
Santo, Santo, Santo…
Praefatio: De missione Praecursoris.
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum. In cuius Praecursóre beáto Ioánne tuam magnificéntiam collaudámus, quem inter natos mulíerum honóre praecípuo consecrásti.
Qui cum nascéndo multa gáudia praestitísset, et nondum éditus exsultásset ad humánae salútis advéntum, ipse solus ómnium prophetárum Agnum redemptiónis osténdit. Sed et sanctificándis étiam aquae fluéntis ipsum baptísmatis lavit auctórem, et méruit fuso sánguine suprémum illi testimónium exhibére.
Et ídeo, cum caelórum virtútibus, in terris te iúgiter praedicámus, maiestáti tuae sine fine clamántes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de la comunión Lc 1, 78
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el Sol que nace de lo alto.
Antiphona ad communionem Cf. Lc 1, 78
Per víscera misericórdiae Dei nostri, visitávit nos Oriens ex alto.
Oración después de la comunión
Alimentados con el convite del Cordero celestial, te pedimos, Señor, que tu Iglesia, llena de gozo por el nacimiento de san Juan Bautista, reconozca al autor de su nueva vida en aquel cuya venida inminente anunció. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Caeléstis Agni convívio refécti, quaesumus, Dómine, ut Ecclésia tua, sumens de beáti Ioánnis Baptístae generatióne laetítiam, quem ille praenuntiávit ventúrum, suae regeneratiónis cognóscat auctórem. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 25 de junio

1. En Turín, en la provincia de Liguria, san Máximo, primer obispo de esta sede, que llamó al pueblo pagano a la fe de Cristo con su paterna palabra, y con sólida doctrina lo condujo al premio de la salvación eterna (c. 408-423).
2. Conmemoración de san Próspero de Aquitania, quien, instruido en filosofía y en letras, llevó con su esposa una vida íntegra y modesta. Habiendo abrazado la vida monástica en Marsella, defendió enérgicamente contra los pelagianos la doctrina de san Agustín sobre la gracia divina y el don de la
perseverancia, y en Roma fue escribano del papa san León I Magno (c. 463).
3. En Reggio, de la región de Emilia, san Próspero, obispo (s. V/VI)
4*. En Maurienne, en Saboya, santa Tigris, virgen, que se dedicó a propagar allí el culto a san Juan, el Precursor (s. VI).
5*. En Roosmarkei, en Escocia, san Moloc o Luano, obispo (c. 592).
6*. En Jaca, en la Hispania Tarraconense, santa Eurosia, virgen y mártir (c. 714).
7. En Egmon, de Frisia, san Adalberto, diácono y abad, que ayudó a san Willibrordo con evangélica fidelidad (s. VIII in.).
8*. En Bretaña Menor, san Salomón, mártir, que mientras fue rey instituyó sedes episcopales, amplió los monasterios y conservó la justicia, pero al renunciar a su cargo fue cegado y muerto por sus enemigos en la Iglesia (874).
9. En Goleto, cerca de Nusco, en la Campania, san Guillermo, abad, el cual, nacido en Vercelli, se hizo peregrino y pobre por amor de Cristo y, aconsejado por san Juan de Matera, fundó el monasterio de Montevergine, en el que reunió a unos monjes a los que impartió una profunda doctrina espiritual. Después fundó también otros varios monasterios masculinos y femeninos, en la Italia meridional (1142).
10*. En la Cartuja de Le Reposoir, en Saboya, beato Juan, apellidado «Hispano» , monje, que escribió las Instituciones para las monjas de la Orden cartujana (1160).
11*. En la ciudad de Marienwerder (hoy Kwidzyn), en la Prusia polaca, beata Dorotea de Montau, que al quedar viuda se hizo construir una celda junto a la catedral para ocuparla como reclusa, viviendo entregada a la oración y a la penitencia (1394).
12. En la ciudad de Nam Dinh, en Tonquín, santos Domingo Henares, obispo de la Orden de Predicadores, y Francisco Do Minh Chieu, mártires, el primero de los cuales propagó la fe cristiana durante cuarenta y nueve años, y el segundo trabajó con él como catequista, siendo ambos degollados por su fe en Cristo, en tiempo del emperador Minh Mang (1838).