martes, 24 de abril de 2018

Martes 29 mayo 2018, Martes de la VIII semana del Tiempo Ordinario, feria (o misa por todos los difuntos).

SOBRE LITUGIA

SAN PÍO X, EXORTACIÓN APOSTÓLICA "HAERENT ANIMO" (4 de agosto de 1908)
SOBRE LA SANTIDAD DEL CLERO

La meditación diaria.

Es de capital importancia en esto señalar cada día un tiempo determinado a la meditación de las cosas eternas. Ningún sacerdote puede descuidar esto sin cometer una imprudencia grave y sin daño para su alma. Escribiendo a Eugenio III, que había sido su discípulo y que después fue Pontífice Romano, el Santo Abad Bernardo le advertía con gran claridad e insistencia que no dejase un solo día la meditación de las cosas divinas, sin buscar excusa en las ocupaciones tan numerosas y tan graves como lleva consigo el supremo apostolado. Y para hacer ver con cuanta razón le escribía así, enumeraba sabiamente las ventajas de la meditación: "Ante todo purifica la mente que es la fuente de donde procede. Regula los afectos, dirige los actos, corrige los excesos, rectifica las costumbres, hace la vida honesta y ordenada; en fin, confiere tanto la ciencia de las cosas divinas como la de las cosas humanas. La meditación aclara lo que ¡está confuso, reaprieta lo que se ha relajado, concentra lo que está esparcido, escudriña lo que está oculto; investiga la verdad, examina lo que es verosímil y explora las apariencias. Ella es la que planifica lo que debe hacerse y reflexiona sobre lo hecho, y así la mente corrige los errores pasados y previene los errores futuros. Ella es la que en la prosperidad hace presentir lo adverso, y en la adversidad sabe quedar como insensible; dos bienes, esto es propio de la fortaleza, aquello de la prudencia" (37).

Todas estas grandes ventajas que la meditación nos proporciona nos enseban y nos advierten que en todos sentidos es no sólo provechosa, sino absolutamente indispensable. Aunque las diferentes funciones sacerdotales son todas augustas y venerables, ocurre, sin embargo, que quienes las cumplen por rutina, no les prestan la consideración reverente que merecen; poco a poco el fervor va disminuyendo y fácilmente se cae en la negligencia y hasta en el disgusto de las cosas más santas

A esto se debe añadir que el sacerdote está obligado a vivir a diario como en medio de una generación depravada; hasta ¡en el ejercicio de la caridad pastoral puede temer que se escondan las asechanzas de la serpiente infernal. ¿No es fácil que hasta los corazones piadosos se manchen con el polvo del mundo? Por eso es tan grande la necesidad de volver todos los días a la contemplación de las cosas del Cielo, para que, recobrando las fuerzas, la mente y la voluntad reciban nuevo vigor contra las tentaciones. Además, conviene que el sacerdote adquiera una cierta facilidad y hábito para elevarse y tender hacia las cosas celestiales, él, que debe gustar las cosas de Dios, enseñarlas y aconsejarlas, y de tal manera debe ordenar su vida por encima de las cosas humanas, que todo lo que haga en el cumplimiento de su ministerio, esté hecho según Dios, inspirado y guiado por la fe. Que esta actitud de espíritu, esta unión espontánea del alma con Dios, se obtiene principalmente por medio de la meditación diaria, es algo tan evidente para quien lo piense un poco, que no es necesario detenernos más en su explicación.

Daños que provienen del abandono de la meditación.

Aunque tristemente, esta verdad puede confirmarse por la vida de aquellos sacerdotes que abandonan la meditación de las cosas eternas o la miran con fastidio, Por eso se ven hombres en los que se halla totalmente adormecido el importantísimo bien del sentido de Cristo, dados completamente a las cosas de la tierra, pretendiendo alcanzar cosas vanas, parloteadores de cosas frívolas; y tratando las cosas santas fríamente y con negligencia, hasta quizá indignamente. Los mismos que antes, fortalecidos con la gracia de su reciente unción sacerdotal, preparaban su espíritu para rezar el Oficio divino y no hacer como quienes tientan a Dios; buscaban el momento oportuno y el lugar recogido; procuraban penetrar el sentido de la palabra de Dios; cantaban alabanzas, se lamentaban, se alegraban y esponjaban su espíritu con el Salmista y ahora ¡qué diferentes! Ya apenas queda nada en ellos de aquella alegre piedad con que tendían hacia los divinos misterios. ¡Que amados eran para ellos en otros tiempos aquellos tabernáculos! El alma suspiraba por sentarse a la mesa del Señor y llevar a otros muchos a ella. Antes de celebrar la Misa, ¡qué deseos de pureza y qué oración la de aquella alma! Y en el momento de celebrar, ¡cuánta reverencia al observar las ceremonias con toda su hermosura!, ¡qué acción de gracias brotaba del fondo de su corazón! El buen olor de Cristo se extendía sobre el pueblo. Acordáos, hijos amadísimos, acordáos... de los días pasados (38), cuando el alma ardía, encendida con el entusiasmo de la meditación santa.

(37) De considerat. 1, 7.
(38) Hebr. 10, 32.


CALENDARIO

29 MARTES DE LA VIII SEMANA DEL T. ORDINARIO, feria

Misa
de feria (verde).
MISAL: cualquier formulario permitido (véase pág. 65, n. 5), Pf. común.
LECC.: vol. III-par.
- 1 Pe 1, 10-16. Profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros, por eso, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente.
- Sal 97. R. El Señor da a conocer su salvación.
- Mc 10, 28-31. Recibiréis en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 30 de mayo, pág. 337.
CALENDARIOS: Urgell: San Justo, obispo (MO). Solsona: (ML).
Salesianos: Beato José Kowalski, presbítero y mártir (MO). Salesianas: (ML).
Jaca: Santos Voto y Félix, y compañeros eremitas del Valle de Atarés (ML).
Tortosa: San Pedro Mártir Sans, obispo y mártir (ML).
Valladolid: Aniversario de la ordenación episcopal del cardenal Ricardo Blázquez Pérez, arzobispo (1988).

TEXTOS MISA

Misa de la feria: de la VIII semana del T. Ordinario. (o de otro Domingo del T. Ordinario).

Misa de difuntos:
III. EN DIVERSAS CONMEMORACIONES.
B. Por varios o por todos los difuntos 3
III. IN VARIIS COMMEMORATIONIBUS
B. Pro pluribus vel pro omnibus defunctis 3.
Antífona de entrada Ap 14, 13
Bienaventurados los que mueren en el Señor. Que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.
Antiphona ad introitum Cf. Ap 14,13
Beáti mórtui, qui in Dómino moriúntur. Amodo requiéscant a labóribus suis: ópera enim illórum sequúntur illos.
Oración colecta
Oh, Dios, en cuya misericordia descansan la almas de los fieles, concede benigno a tus siervos [N. y N.] y a todos los que murieron en Cristo, el perdón de sus pecados, para que, libres de toda culpa, tengan parte en la resurrección de Cristo. Él, que vive y reina contigo.
Collecta
Deus, cuius miseratióne ánimae fidélium requiéscunt, fámulis tuis (N. et N.) et ómnibus in Christo quiescéntibus da propítius véniam peccatórum, ut, a cunctis reátibus absolúti, Christi tui resurrectióni sociéntur. Qui tecum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Martes de la VIII semana de Tiempo Ordinario, año par (Lec. III-par).

PRIMERA LECTURA 1 Pe 1, 10-16
Profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros, por eso, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos:
Sobre la salvación de las almas estuvieron explorando e indagando los profetas
que profetizaron sobre la gracia destinada a vosotros
tratando de averiguar a quién y a qué momento apuntaba
el Espíritu de Cristo que había en ellos
cuando atestiguaba por anticipado la pasión del Mesías
y su consiguiente glorificación.
Y se les reveló que no era en beneficio propio, sino en el vuestro por lo que administraban estas cosas
que ahora os anuncian quienes os proclaman el Evangelio
con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo.
Son cosas que los mismos ángeles desean contemplar.
Por eso, ceñidos los lomos de vuestra mente y, manteniéndoos sobrios, confiad plenamente en la gracia que se os dará en la revelación de Jesucristo.
Como hijos obedientes, no os amoldéis a las aspiraciones que teníais antes, en los días de vuestra ignorancia.
Al contrario, lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: «Seréis santos, porque yo soy santo».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 97, 1bcde. 2-3ab. 3c-4 (R.: 2a)
R.
El Señor da a conocer su salvación. Notum fecit Dóminus salutáre suum.

V. Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.
El Señor da a conocer su salvación. Notum fecit Dóminus salutáre suum.

V. El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.
El Señor da a conocer su salvación. Notum fecit Dóminus salutáre suum.

V. Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.
El Señor da a conocer su salvación. Notum fecit Dóminus salutáre suum.

Aleluya Cf. Mt 11, 25
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R. Benedíctus es, Pater, Dómine cæli et terræ, quia mystéria regni párvulis revelásti.

EVANGELIO Mc 10, 28-31
Recibiréis en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Jesús dijo:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones— y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Ángelus 11-octubre-2015
Este «cien veces más» está hecho de las cosas primero poseídas y luego dejadas, pero que se reencuentran multiplicadas hasta el infinito. Nos privamos de los bienes y recibimos en cambio el gozo del verdadero bien; nos liberamos de la esclavitud de las cosas y ganamos la libertad del servicio por amor; renunciamos a poseer y conseguimos la alegría de dar. Lo que Jesús decía: «Hay más dicha en dar que en recibir» (cf. Hch 20, 35).

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario XVII
305. Oremos a Dios Padre.
- Por los pastores de la Iglesia. Roguemos al Señor.
- Por los gobernantes de las naciones. Roguemos al Señor.
- Por los que no tienen trabajo. Roguemos al Señor.
- Por nosotros, aquí reunidos. Roguemos al Señor.
- Por todos nuestros hermanos difuntos. Roguemos al Señor.
Socórrenos, Señor, para que podamos alegrarnos con tus beneficios. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Mira, Señor, con bondad los dones que te ofrecemos por el eterno descanso de las almas de tus siervos; concédeles, por estos auxilios salvíficos, ser contados para siempre en el número de tus redimidos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Múnera, Dómine, quaesumus, quae pro ánimarum famulórum tuórum réquie offérimus, placátus inténde, ut, per haec salútis humánae subsídia, tuórum número redemptórum sorte perpétua censeántur. Per Christum.
PREFACIO III DE DIFUNTOS
Cristo, salvación y vida
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque él es la salvación del mundo, la vida de los hombres, la resurrección de los muertos.
Por él, los coros de los ángeles adoran tu gloria eternamente, gozosos en tu presencia. Permítenos asociarnos a sus voces cantando con ellos tu alabanza:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO III DE DEFUNCTIS
Christus, salus et vita
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum:
Qui est salus mundi, vita hóminum, resurréctio mortuórum.
Per quem maiestátem tuam adórat exércitus Angelórum, ante conspéctum tuum in aeternitáte laetántium. Cum quibus et nostras voces ut admítti iúbeas, deprecámur, sócia exsultatióne dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARÍSTICA III.
Antífona de comunión
Concede, Señor, el descanso eterno a aquellos en cuyo recuerdo comulgamos el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Antiphona ad communionem
Pro quorum memória Corpus et Sanguis Christi súmitur, dona eis, Dómine, réquiem sempitérnam.
Oración después de la comunión
Hemos recibido, Señor, los sacramentos de la redención implorando tu clemencia; que, por tu misericordia, nos ayuden a quienes aún vivimos y obtengan el perdón eterno a nuestros difuntos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Súmpsimus, Dómine, redemptiónis sacraménta, tuam cleméntiam obsecrántes, ut, te miseránte, nobis vivéntibus tutélam, et nostris defúnctis véniam sempitérnam obtíneant. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 30 de mayo
En España es recomendable leer en primer lugar, por tener el grado de Memoria en el Calendario español, la conmemoración de san Fernando, que en este día figura en el núm. 6.
1. En Porto Torres, de Cerdeña, san Gabino, mártir (c. s. IV).
2. En Cesarea de Capadocia, santos Basilio y Emelia, los cuales fueron padres de los santos obispos Basilio Magno, Gregorio de Nisa y Pedro de Sebaste, y de santa Macrina, virgen. Estos santos esposos, habiendo sido desterrados de su ciudad en tiempo del emperador Galerio Maximiano, habitaron en las soledades del Ponto y, después de la persecución, dejando a sus hijos por herederos de sus virtudes, descansaron en paz (349 y 372).
3. En Pavía, de Lombardía, san Anastasio, obispo, el cual, habiendo abandonado la herejía arriana, profesó firmemente la fe católica (c. 680).
4. En Geheel, de Brabante, en Austrasia, santa Dimpna, virgen y mártir (s. VII/IX).
5. En Tervueren, también de Brabante, en Austrasia, tránsito de san Huberto, obispo de Tongres y Maastricht, discípulo y sucesor de san Lamberto, que dedicó todas sus fuerzas en difundir el Evangelio por Brabante y las Ardenas, y allí combatió las costumbres paganas (727).
6. En Sevilla, en España, san Fernando III, rey de Castilla y León, que fue prudente en el gobierno del reino, protector de las artes y las ciencias, y diligente en propagar la fe (1252).
7. En Rouen, de Normandía, en Francia, santa Juana de Arco, virgen, que, conocida como la doncella de Orleans, luchó firmemente por su patria, pero al final fue entregada al poder de los enemigos, condenada en un juicio injusto y quemada en la hoguera (1431).
8. En Londres, en Inglaterra, san Lucas Kirby, presbítero y mártir, que en la persecución durante el reinado de Isabel I fue colgado en la triple horca de Tyburn después de muchos tormentos. Con él padecieron el suplicio en el mismo patíbulo los beatos presbíteros y mártires Guillermo Filby y Lorenzo Johnson, así como Tomás Cottam, de la Compañía de Jesús (1582).
9*. En la misma ciudad y treinta años después, reinando Jacobo I, beatos Guillermo Scott, de la Orden de San Benito, y Ricardo Newport, presbíteros y mártires, quienes, por ser sacerdotes, fueron estrangulados, pero el segundo, como aún respiraba, fue muerto a espada y descuartizado (1612).
10. En Kampala, en Uganda, san Matías Kalemba, de sobrenombre Mulumba o el Fuerte, mártir, que habiendo abandonando el culto mahometano, después de su bautismo en Cristo renunció al oficio de juez y propagó la fe cristiana con empeño, por lo cual padeció torturas en tiempo del rey Mwanga y, privado de todo consuelo, entregó finalmente su espíritu a Dios (1886).
11*. En Savona, en Italia, tránsito del beato José Marello, obispo de Acqui, en el Piamonte, que fundó la Congregación de los Oblatos de San José, dedicada a la formación moral y cristiana de los jóvenes (1895).
12*. En el campo de concentración de Buchenwald, de Turingia, en Alemania, pasión del beato Otón Neururer, presbítero y mártir, el cual, por haber convencido a una joven católica para que no simulase la celebración del matrimonio con un partidario del régimen hostil a Dios y a los hombres, y que estaba ya casado, le encerraron en la cárcel, donde, a pesar de todo, continuó ocultamente con su ministerio entre todo tipo de tribulaciones, hasta que consumó el martirio al ser colgado por los pies cabeza abajo (1940).