lunes, 16 de abril de 2018

Lunes 21 mayo 2018, Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, memoria obligatoria.

SOBRE LITURGIA

PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles, 11 de abril de 2018


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Los cincuenta días del tiempo litúrgico pascual son propicios para reflexionar sobre la vida cristiana que, por su naturaleza, es la vida que proviene de Cristo mismo. Somos, de hecho, cristianos en la medida en la que dejamos vivir a Jesús en nosotros. ¿De dónde partir entonces para reavivar esta conciencia si no desde el principio, desde el sacramento que encendió en nosotros la vida cristiana? Eso es el bautismo. La Pascua de Cristo, con su carga de novedad, nos alcanza a través del bautismo para transformarnos a su imagen: los bautizados son de Jesucristo, es Él el Señor de su existencia. El bautismo es «el fundamento de toda la vida cristiana» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1213). Y el primero de los sacramentos, en cuanto a que es la puerta que permite a Cristo Señor establecerse en nuestra persona y a nosotros sumergirnos en su Misterio.

El verbo griego «bautizar» significa «sumergir» (cf. CCC, 1214). El baño con el agua es un rito común a varias creencias para expresar el paso de una condición a otra, señal de purificación para un nuevo inicio. Pero a nosotros cristianos no se nos debe escapar que si es el cuerpo lo que se sumerge en el agua, es el alma lo que se sumerge en Cristo para recibir el perdón del pecado y resplandecer de luz divina (cf. Tertuliano, De resurrectione mortuorum VIII, 3: CCL 2, 931; PL 2, 806). En virtud del Espíritu Santo, el bautismo nos sumerge en la muerte y resurrección del Señor, ahogando en la fuente bautismal al hombre viejo, dominado por el pecado que separa de Dios y haciendo nacer al hombre nuevo, recreado en Jesús. En Él, todos los hijos de Adán están llamados a una vida nueva. El bautismo, es decir, es un renacimiento. Estoy seguro, segurísimo de que todos nosotros recordamos la fecha de nuestro nacimiento: seguro. Pero me pregunto yo, un poco dubitativo, y os pregunto a vosotros: ¿cada uno de vosotros recuerda cuál fue la fecha de su bautismo? Alguno dicen que sí, está bien. Pero es un sí un poco débil porque tal vez muchos no recuerdan esto—. Pero si nosotros festejamos el día del nacimiento, ¿cómo no festejar —al menos recordar— el día del renacimiento? Os daré una tarea para casa, una tarea hoy para hacer en casa. Aquellos de vosotros que no os acordéis de la fecha del bautismo, que pregunten a la madre, a los tíos, a los sobrinos, preguntad: «¿Tú sabes cuál es la fecha de mi bautismo?» y no la olvidéis nunca. Y ese día agradeced al Señor, porque es precisamente el día en el que Jesús entró en mí, el Espíritu Santo entró en mí. ¿Habéis entendido bien la tarea para casa? Todos debemos saber la fecha de nuestro bautismo. Es otro cumpleaños: el cumpleaños del renacimiento. No os olvidéis de hacer esto, por favor.

Recordemos las últimas palabras del Resucitado a los apóstoles, son un mandato preciso: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mateo 28, 19). A través de la pila bautismal, quien cree en Cristo se sumerge en la vida misma de la Trinidad.

No es, de hecho, un agua cualquiera la del bautismo, sino el agua en la que se ha invocado el Espíritu que «da la vida» (Credo). Pensemos en lo que Jesús dijo a Nicodemo para explicarle el nacimiento en la vida divina: «El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es Espíritu» (Juan 3, 5-6). Por eso, el bautismo se llama también «regeneración»: creemos que Dios nos ha salvado «según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo» (Tito 3, 5).

El bautismo es por eso un signo eficaz de renacimiento, para caminar en novedad de vida. Lo recuerda san Pablo a los cristianos de Roma: «¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva» (Romanos 6, 3-4).

Sumergiéndonos en Cristo, el bautismo nos convierte también en miembros de su Cuerpo, que es la Iglesia y partícipes de su misión en el mundo (cf. CCC, 1213). Nosotros bautizados no estamos aislados: somos miembros del Cuerpo de Cristo. La vitalidad que brota de la fuente bautismal está ilustrada por estas palabras de Jesús: «Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto» (cf. Juan 15, 5). Una misma vida, la del Espíritu Santo, corre de Cristo a los bautizados, uniéndolos en un solo Cuerpo (cf. 1 Corintios 12, 13), ungido con la santa unción y alimentado en el banquete eucarístico.

El bautismo permite a Cristo vivir en nosotros y a nosotros vivir unidos a Él, para colaborar en la Iglesia, cada uno según la propia condición, en la transformación del mundo. Recibido una sola vez, el lavado bautismal ilumina toda nuestra vida, guiando nuestros pasos hasta la Jerusalén del Cielo. Hay un antes y un después del bautismo. El sacramento supone un camino de fe, que llamamos catecumenado, evidente cuando es un adulto quien pide el bautismo. Pero también los niños, desde la antigüedad son bautizados en la fe de los padres (cf. Rito del Bautismo de los niños. Introducción, 2). Y sobre esto yo quisiera deciros una cosa. Algunos piensan: ¿Pero por qué bautizar a un niño que no entiende? Esperemos a que crezca, que entienda y sea él mismo quien pida el bautismo. Pero esto significa no tener confianza en el Espíritu Santo, porque cuando nosotros bautizamos a un niño, en ese niño entra el Espíritu Santo y el Espíritu Santo hace crecer en ese niño, desde niño, virtudes cristianas que después florecen. Siempre se debe dar esta oportunidad a todos, a todos los niños, de tener dentro el Espíritu Santo que les guíe durante la vida. ¡No os olvidéis de bautizar a los niños! Nadie merece el bautismo, que es siempre un don para todos, adultos y recién nacidos. Pero como sucede con una semilla llena de vida, este don emana y da fruto en un terreno alimentado por la fe. Las promesas bautismales que cada año renovamos en la Vigilia Pascual deben ser reiniciadas cada día para que el bautismo «cristifique»: no debemos tener miedo de esta palabra; el bautismo nos «cristifica», quien ha recibido el bautismo y va «cristificado». Se asemeja a Cristo, se transforma en Cristo y lo convierte verdaderamente en otro Cristo.

CALENDARIO

SE REANUDA EL TIEMPO ORDINARIO

SÉPTIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Tercera semana del salterio

Se vuelve a utilizar el volumen III de la Liturgia de las Horas
En la misa dominical: el volumen I-B del Leccionario
En la misa ferial: el volumen III-par del Leccionario

21 BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA, memoria obligatoria

Misa
de la memoria (blanco).
MISAL: ants y oracs. props., Pref. prop. (textos de la misa votiva).
LECC.: vol. IV.
- Gén 3, 9-15. 20
o bien: Hch 1, 12-14
- Sal 86 (87) 1-2. 3 y 5. 6-7
- Jn 19, 25-34

Liturgia de las Horas: oficio de feria o de la memoria.

Martirologio: elogs. del 22 de mayo, pág. 321.
CALENDARIOS: Hijas Madre de la Iglesia: María Madre de la Iglesia (S).
Misioneros Oblatos de María Inmaculada: San Eugenio de Mazenod, obispo (S).
Santander-ciudad: Nuestra Señora la Virgen del Mar (MO).
Santiago de Compostela y Zaragoza: Santos Torcuato y compañeros, mártires (MO).
Segorbe-Castellón: Santos obispos de la diócesis (MO).
Canónigos Regulares de Letrán: San Ivo de Chartes, obispo (MO).
Dominicos: Beato Jacinto María Cormier, presbítero (MO).

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, encomendada por Cristo a sus discípulos para que perseverantes en la oración cooperen con el Espíritu Santo en la proclamación del Evangelio.

Lunes después de Pentecostés
Bienaventurada Virgen María Madre de la Iglesia
Memoria
Feria II post Pestecosten
Beatae Mariae Virginis Ecclesiae Matris
Memoria
Antífona de entrada Cf. Hch 1, 14
Los discípulos perseveraban unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.
Ant. ad introitum Cf. Act 1,14
Erant discípuli perseverántes unanímiter in oratióne cum María, matre Iesu.
Oración colecta
Oh, Dios, Padre de misericordia, cuyo Unigénito, clavado en la cruz, proclamó a santa María Virgen, su Madre, como Madre también nuestra, concédenos, por su cooperación amorosa, que tu Iglesia, cada día más fecunda, se llene de gozo por la santidad de sus hijos y atraiga a su seno a todas las familias de los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, misericordiárum Pater, cuius Unigénitus, cruci affíxus, beátam Maríam Vírginem, Genetrícem suam, Matrem quoque nostram constítuit, concéde, quaesumus, ut, eius cooperánte caritáte, Ecclésia tua, in dies fecúndior, prolis sanctitáte exsúltet et in grémium suum cunctas áttrahat famílias populórum. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas propias de la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia (Lec. IV)

PRIMERA LECTURA (opción 1) Gén 3, 9-15. 20
Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer
Lectura del libro del Génesis.

Después de comer Adán del árbol, el Señor Dios lo llamó yle dijo:
«Dónde estás?».
Él contestó:
«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí».
El Señor Dios le replicó:
«¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?».
Adán respondió:
«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí».
El Señor Dios dijo a la mujer:
«¿Qué has hecho?».
La mujer respondió:
«La serpiente me sedujo y comí».
El Señor Dios dijo a la serpiente:
«Por haber hecho eso, maldita tú entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón».
Adán llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

PRIMERA LECTURA (opción 2) Hch 1, 12-14
Perseveraban en la oración junto con María, la madre de Jesús
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Después de que Jesús fue levantado al cielo, los apóstoles volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Cuando llegaron, subieron a la sala superior, donde se alojaban: Pedro y Juan y Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo y Simón el Zelotes y Judas el de Santiago.
Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 86, 1-2. 3 y 5. 6-7 (R.: 3)
R.
¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! Gloriósa dicta sunt de te, cívitas Dei!

V. Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sion
a todas las moradas de Jacob. R.
¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! Gloriósa dicta sunt de te, cívitas Dei!

V. ¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
Se dirá de Sion: «Uno por uno,
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R.
¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! Gloriósa dicta sunt de te, cívitas Dei!

V. El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Este ha nacido allí».
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti». R.
¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! Gloriósa dicta sunt de te, cívitas Dei!

Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. ¡Oh, feliz Virgen que engendraste al Señor! ¡Oh, Bienaventurada Madre de la Iglesia, que infundes en nosotros el Espíritu de tu Hijo Jesucristo! R. O felix Virgo, quæ Dóminum genuísti; o beáta Mater Ecclésiæ, quæ in nobis foves Spíritum Fílii tui Iesu Christi!

EVANGELIO Jn 19, 25-34
Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo:
«Tengo sed».
Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
«Está cumplido».
E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Audiencia general 10-mayo-2017
Ella "estaba". Estaba allí, en el peor momento, en el momento más cruel, y sufría con el hijo. "estaba". María "estaba", simplemente estaba allí. Ahí está de nuevo la joven mujer de Nazareth, ya con los cabellos grises por el pasar de los años, todavía con un Dios que debe ser solo abrazado, y con una vida que ha llegado al umbral de la oscuridad más intensa. María "estaba" en la oscuridad más intensa, pero "estaba". No se fue. María está allí, fielmente presente, cada vez que hay que tener una vela encendida en un lugar de bruma y de nieblas. Ni siquiera Ella conoce el destino de resurrección que su Hijo estaba abriendo para todos nosotros hombres: está allí por fidelidad al plan de Dios del cual se ha proclamado sierva en el primer día de su vocación, pero también a causa de su instinto de madre que simplemente sufre, cada vez que hay un hijo que atraviesa una pasión. Los sufrimientos de las madres: ¡todos nosotros hemos conocido mujeres fuertes, que han afrontado muchos sufrimientos de los hijos!
La volveremos a encontrar en el primer día de la Iglesia, Ella, madre de esperanza, en medio de esa comunidad de discípulos tan frágiles: uno había renegado, muchos habían huído, todos habían tenido miedo (cf. Hch 1, 14). Pero Ella simplemente estaba allí, en el más normal de los modos, como si fuera una cosa completamente normal: en la primera Iglesia envuelta por la luz de la Resurrección, pero también de los temblores de los primeros pasos que debía dar en el mundo.
Por esto todos nosotros la amamos como Madre. No somos huérfanos: tenemos una Madre en el cielo, que es la Santa Madre de Dios. Porque nos enseña la virtud de la espera, incluso cuando todo parece sin sentido: Ella siempre confiada en el misterio de Dios, también cuando Él parece eclipsarse por culpa del mal del mundo. Que en los momentos de dificultad, María, la Madre que Jesús nos ha regalado a todos nosotros, pueda siempre sostener nuestros pasos, pueda siempre decir a nuestro corazón: "¡levántate!, mira adelante, mira el horizonte", porque Ella es Madre de esperanza.

Oración de los fieles
384. Unidos a María, figura e imagen de la Iglesia que un día será glorificada, presentemos nuestras oraciones a Dios Padre en favor de todos los hombres.
- Por la Iglesia, pueblo de los creyentes: para que en todos sus miembros sea llamada dichosa por haber creído que la Palabra de Dios se cumplirá. Roguemos al Señor.
- Por todos los que lo han dejado todo para seguir a Cristo: para que sepan, como María, escoger la mejor parte y entregarse totalmente a lo único necesario. Roguemos al Señor.
- Por los jóvenes y los adolescentes: para que aspiren siempre a realizar en su vida ideales de pureza y caridad, imitando a la siempre Virgen María. Roguemos al Señor.
- Por los que han perdido a los que aman: para que encuentren en María el afecto y la protección de una madre que recibió esta misión de su Hijo en la cruz. Roguemos al Señor.
- Por los matrimonios y las familias cristianas: para que sean escuela de amor y aprecio a la vida frente a quienes, como Herodes, quieren la muerte de los inocentes que todavía no han nacido. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros: para que sepamos conservar todo lo referente a Cristo y al reino de Dios, meditándolo en nuestro corazón. Roguemos al Señor.
Padre de bondad, que estos deseos que te presentamos encuentren eco en tu amor generoso, y que nos ayude la intercesión poderosa de la Madre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, nuestras ofrendas y conviértelas en sacramento de salvación que nos inflame en el amor de la Virgen María, Madre de la Iglesia, y nos asocie más estrechamente a ella en la obra de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, Dómine, oblatiónes nostras et in mystérium salútis convérte, cuius virtúte et caritáte Vírginis Maríae, Ecclésiae Matris, inflammémur et óperi redemptiónis cum ea árctius sociári mereámur. Per Christum.
Prefacio III de la bienaventurada Virgen María
María, modelo y Madre de la Iglesia.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, y alabarte debidamente en esta celebración en honor de la Virgen María.
Ella, al aceptar a tu Verbo con inmaculado corazón, mereció concebirlo en su seno virginal, y, al dar a luz al Creador, preparó el nacimiento de la Iglesia. 
Ella, al recibir junto a la cruz el testamento de tu amor divino, tomó como hijos a todos los hombres, nacidos a la vida sobrenatural por la muerte de Cristo. 
Ella, esperando con los apóstoles la venida del Espíritu, al unir sus oraciones a las de los discípulos, se convirtió en el modelo de la Iglesia suplicante. 
Desde su asunción a los cielos, acompaña con amor materno a la Iglesia peregrina y protege sus pasos hacia la patria celeste, hasta la venida gloriosa del Señor.
Por eso, con los santos y todos los ángeles, te alabamos, proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo…
Praefatio: De Maria, forma et Matre Ecclesiae.
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: Et te in celebratióne beátae Maríae Vírginis débitis magnificáre praecóniis.
Quae Verbum tuum immaculáto corde suscípiens virgíneo méruit sinu concípere atque, páriens Conditórem, Ecclésiae fovit exórdia.
Quae iuxta crucem testaméntum divínae caritátis accípiens, univérsos hómines in fílios assúmpsit, Christi morte ad supérnam vitam generátos.
Quae, cum Apóstoli Promíssum exspectárent tuum, supplicatiónem suam discipulórum précibus iungens, exémplar éxstitit orántis Ecclésiae.
Ad glóriam autem evécta caelórum, Ecclésiam peregrinántem matérno proséquitur amóre eiúsque gressus ad pátriam tuétur benígna, donec dies Dómini gloriósus advéniat.
Et ídeo cum Sanctis et Angelis univérsis te collaudámus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de la comunión Cfr Jn 19, 26-27
Jesús, desde la cruz, dijo al discípulo que tanto amaba: «Ahí tienes a tu madre».
Antiphona ad communionem Cf. Jn 19,26-27
Ex cruce pendens dixit Iesus discípulo, quem diligébat: Ecce mater tua.
Oración después de la comunión
Después de recibir la prenda de la redención y de la vida, te pedimos, Señor, que tu Iglesia, por la intercesión maternal de la Virgen, anuncie a todas las gentes el Evangelio y llene el mundo entero de la efusión del Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Sumpto, Dómine, pígnore redemptiónis et vitae, súpplices adprecámur, ut Ecclésia tua, matérna Vírginis ope, et Evangélii praecónio univérsas gentes erúdiat et Spíritus effusióne orbem terrárum adímpleat. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del 22 de mayo
Santa Rita, religiosa
, que, casada con un hombre violento, toleró pacientemente sus crueldades reconciliándolo con Dios, y al morir su marido y sus hijos ingresó en el monasterio de la Orden de San Agustín en Casia, de la Umbría, en Italia, dando a todos un ejemplo sublime de paciencia y compunción (c. 1457).
2. En África, santos Casto y Emilio, mártires, que, según escribe san Cipriano, vencidos en una primera batalla el Señor los restituyó victoriosos en un segundo combate, para que fuesen más fuertes frente a las llamas, ante las que habían cedido la primera vez, y finalmente consumaron su sacrificio por el fuego (203).
3. En Comana, en el Ponto (hoy Gumenek, en Turquía), san Basilisco, obispo y mártir (s. IV).
4. En la isla de Córcega, conmemoración de santa Julia, virgen y mártir (s. in.).
5*. En la región de Aire, en Aquitania, santa Quiteria, virgen (s. in.).
6. En Angulema, también en Aquitania, san Ausonio, considerado el primer obispo de esta ciudad (s. IV/V).
7*. En Limoges, de nuevo en Aquitania, san Lupo, obispo, que aprobó la carta de fundación del monasterio de Solignac (637).
8*. En Parma, en la Emilia, san Juan, abad, quien, por las recomendaciones de san Máyolo de Cluny, dispuso muchas normas para promover la observancia monástica en su cenobio (s. X).
9. En Pistoya, en la Toscana, san Atón, obispo, que había sido abad en la Orden de Vallumbrosa y luego fue puesto al frente de esta Iglesia (c. 1153).
10*. En Florencia, también en la Toscana, beata Humildad (Rosana), la cual, con el consentimiento de su esposo vivió reclusa durante doce años, y después, con permiso del obispo, edificó un monasterio de la Orden de Vallumbrosa, del que fue abadesa (1310).
11*. En Londres, en Inglaterra, beato Juan Forest, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, que en tiempo del rey Enrique VIII, por defender la unidad católica, consumó el martirio en la plaza de Smithfield, en Londres, siendo quemado vivo junto con imágenes sagradas de madera (1538).
12*. En la ciudad de Kori, en Japón, beatos Pedro de la Asunción, de la Orden de los Hermanos Menores, y Juan Bautista Machado, presbíteros y mártires, que, por cumplir su ministerio de forma oculta, fueron degollados por odio a la fe cristiana (1617).
13*. En Omura, también en Japón, beato Matías de Arima, mártir y catequista, que fue torturado hasta la muerte por no querer delatar a ningún misionero (1620).
14. En Annam, san Miguel Ho Dihn Hy, mártir, que siendo mandarín, alto funcionario del emperador y catequista, al ser delatado como cristiano murió degollado después de atroces tormentos (1857).
15. En la ciudad de An-Xá, en Tonquín, santo Domingo Ngon, mártir, padre de familia y labrador. Al exigirle los soldados que pisotease una cruz, se postró y la adoró, profesando así valientemente ante el juez que era cristiano, mereciendo ser degollado de inmediato (1862).
16*. En Luca, en la Toscana, beata María Dominica Brun Barbantini, religiosa, que fundó la Congregación de las Hermanas Ministras de los Enfermos de San Camilo (1868).