jueves, 12 de abril de 2018

Jueves 17 mayo 2018, Jueves de la VII semana de Pascua, feria o san Pascual Bailón, religioso, memoria libre.

SOBRE LITURGIA

ENCÍCLICA "SACERDOTII NOSTRI PRIMORDIA" (1-agosto-1959)
DE SU SANTIDAD JUAN XXIII

EN EL I CENTENARIO DEL TRÁNSITO DEL SANTO CURA DE ARS

Hasta su santa muerte, San Juan María Vianney fue de ese modo fiel en instruir a su pueblo y a los peregrinos que llenaban su iglesia, denunciando «opportune, importune» [84] el mal bajo todas sus formas y, sobre todo, elevando las almas hacia Dios, porque «prefería mostrar el aspecto atrayente de la virtud más bien que la fealdad del vicio» [85]. Este humilde sacerdote había en realidad comprendido en grado no común la dignidad y la grandeza del ministerio de la palabra de Dios: «Nuestro Señor que es la misma Verdad —decía— no tiene menor cuidado de su palabra que de su Cuerpo».

Bien se comprende, pues, la alegría de Nuestros Predecesores al ofrecer este pastor de almas como modelo a los sacerdotes, porque es de suma importancia que el clero sea, siempre y doquier, fiel a su deber de enseñar. «Importa mucho —decía a propósito San Pío X— asentar bien e insistir en este punto esencial: que para todo sacerdote éste es el deber más grave, más estricto, que le obliga» [86].

Este vibrante llamamiento, constantemente renovado por Nuestros Predecesores, y del que se hace eco el Derecho Canónico [87], también Nos, a Nuestra vez, os lo dirigimos, Venerables Hermanos, en este Centenario del santo catequista y predicador de Ars. Estimulamos los intentos, hechos con prudencia y bajo vuestra vigilancia, en diversos países para mejorar las condiciones de la enseñanza religiosa, así para jóvenes como para adultos, en sus diferentes formas y teniendo cuenta de los diversos ambientes. Mas, por muy útiles que sean tales trabajos, Dios nos recuerda en este Centenario del Cura de Ars el irresistible poder apostólico de un sacerdote que, tanto con su vida como con sus palabras, da testimonio de Cristo crucificado «non in persuasibilibus humanae sapientiae verbis, sed in ostensione spiritus et virtutis» [88].

Nos queda, finalmente, evocar, en la vida de San Juan María Vianney, aquella forma de ministerio pastoral, que le fue como un largo martirio, y es su gloria: la administración del sacramento de la Penitencia donde brilló con particular esplendor y produjo frutos muy copiosos y saludables. «Ordinariamente pasaba él unas quince horas en el confesionario. Este trabajo cotidiano comenzaba a la una o dos de la mañana y no terminaba si no de noche» [89]. Y cuando cayó, agotado ya, cinco días antes de su muerte, los últimos penitentes se apiñaban junto a la cabecera del moribundo. Se calcula que hacia el final de su vida el número anual de los peregrinos alcanzaba la cifra de ochenta mil. [90]

Con dificultad se imaginan las molestias, las incomodidades, los sufrimientos físicos de estas interminables "sentadas" en el confesionario para un hombre ya agotado, por los ayunos, mortificaciones, enfermedades, falta de reposo y de sueño. Pero, sobre todo, él estuvo moralmente como oprimido por el dolor. Escuchad este lamento suyo: «Se ofende tanto al buen Dios, que vendría la tentación de invocar el fin del mundo. Necesario es venir a Ars, para saber lo que es el pecado... No se sabe qué hacer, nada se puede hacer sino llorar y rezar». Se olvidaba el Santo de añadir que también él tomaba sobre sí mismo una parte de la expiación: «Cuanto a mí —confiaba a uno que lo pedía consejo— les señalo una pequeña penitencia, y el resto lo cumplo yo en su lugar» [91].

[84] 2 Tim 4, 2.
[85] Cf. Archivo secreto Vaticano, t. 227, p. 185.
[86] Cf. Encíclica Acerbo nimis; Acta Pii X, 2, 75.
[87] C.I.C. can. 1330-1332.
[88] 1 Cor 2, 4.
[89] Cf. Archivo secreto Vaticano, t. 227, p. 18.
[90] Cf. Ibidem.
[91] Cf. Ibid., t. 227, p. 1018.


CALENDARIO

17 JUEVES DE LA VII SEMANA DE PASCUA, feria o SAN PASCUAL BAILÓN, religioso, memoria libre

Misa
de feria o de la memoria (blanco).
MISAL: para la feria ants. y oracs. props. / para la memoria 1ª orac. prop. y el resto del común de santos (para religiosos) o de la feria, Pf. Pasc., de la Ascensión, después de la Ascensión o de la memoria.
LECC.: vol. II.
- Hch 22, 30; 23, 6-11. Tienes que dar testimonio en Roma.
- Sal 15. R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
- Jn 17, 20-26. ¡Que sean completamente uno!
o bien:
cf. vol. IV.

Liturgia de las Horas: oficio de feria o de la memoria.

Martirologio: elogs. del 18 de mayo, pág. 314.
CALENDARIOS: Segorbe-Castellón, Familia Franciscana: San Pascual Bailón (F).
Tarazona, Orihuela-Alicante, Sigüenza-Guadalajara, Valencia y Franciscanas de los Sagrados Corazones: (MO).
Mérida-Badajoz: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Antonio Montero Moreno, arzobispo, emérito (1969).

TEXTOS MISA

Jueves de la VII Semana de Pascua. Feria quinta. Hebdómada VII Paschae.
Antífona de entrada Heb 4, 16
Comparezcamos confiados ante el trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia para un auxilio oportuno. Aleluya.
Antiphona ad introitum Heb 4, 16
Adeámus cum fidúcia ad thronum grátiae, ut misericórdiam consequámur, et grátiam inveniámus in auxílio opportúno, allelúia.
Oración colecta
Te suplicamos, Señor, que tu Espíritu infunda con tal fuerza sus dones en nosotros, que nos conceda un corazón que te agrade y, propicio, nos haga conformes a tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Spíritus tuus, quaesumus, Dómine, spiritália nobis dona poténter infúndat, ut det nobis mentem, quae tibi sit plácita, et aptet nos tuae propítius voluntáti. Per Dóminum.

En la memoria:
Elogio del martirologio
San Pascual Bailón, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que en Villarreal, lugar de la provincia valenciana de Castellón, en España, mostrándose siempre diligente y benévolo hacia todos, honró constantemente con ardiente amor el misterio de la Santísima Eucaristía. (1592)

Oración colecta propia; el resto de la feria de Pascua.

17 de mayo
San Pascual Bailón, religioso
COMMUNE SANCTORUM ET SANCTARUM. II. PRO MONACHIS ET RELIGIOSIS. D. Pro religiosis 1
Oración colecta
Oh, Dios, que otorgaste a san Pascual Bailón un amor extraordinario a los misterios del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo, concédenos la gracia de alcanzar las riquezas divinas que él recibió en este sagrado banquete que preparas a tus hijos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, cuius múnere beátus N. Christum páuperem et húmilem perseverávit imitári, concéde nobis, ipso intercedénte, ut, in vocatióne nostra fidéliter ambulántes, ad eam perfectiónem, quam nobis in Fílio tuo proposuísti, perveníre valeámus. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la VII semana de Pascua (Lec. II).

PRIMERA LECTURA Hch 22, 30; 23, 6-11
Tienes que dar testimonio en Roma
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, queriendo el tribuno conocer con certeza los motivos por los que los judíos acusaban a Pablo, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno y, bajando a Pablo, lo presentó ante ellos. Pablo sabía que una parte eran fariseos y otra saduceos y gritó en el Sanedrín:
«Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, se me está juzgando por la esperanza en la resurrección de los muertos».
Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los saduceos sostienen que no hay resurrección ni ángeles ni espíritus, mientras que los fariseos admiten ambas cosas). Se armó un gran griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando:
«No encontramos nada malo en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?».
El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.
La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo:
«¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio en Jerusalén de lo que a mí se refiere, tienes que darlo en Roma».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 15, 1b-2a y 5. 7-8. 9-10. 11 (R.: 1b)
R.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te.
O bien: Aleluya.

V. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te.

V. Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te.

V. Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te.

V. Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Consérva me, Deus, quóniam sperávi in te.

Aleluya Jn 17, 21
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Que todos sean uno –dice el Señor–, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, para que el mundo crea que tú me has enviado. R. Ut omnes unum sint, sicut tu Pater, et ego in te, ut credat mundus quia tu me misísti, dicit Dóminus.

EVANGELIO Jn 17, 20-26
Que sean completamente uno
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo:
«No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Benedicto XVI, Jesús de Nazaret 2
Otro tema fundamental de la oración sacerdotal es la revelación del nombre de Dios: «He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo» (Jn 17, 6). «Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos» (Jn 17, 26).
Es obvio que con estas palabras Jesús se presenta como el nuevo Moisés que lleva a término lo que antaño había comenzado junto a la zarza ardiente. Dios había revelado su «nombre» a Moisés. Este «nombre» era más que una palabra. Significaba que Dios se dejaba invocar, que había entrado en comunión con Israel. Así, en el curso de la historia de la fe de Israel, se hacía cada vez más nítido que con la expresión «nombre de Dios» se quería aludir a su «inmanencia»: a su presencia actual en medio de los hombres, una presencia por la cual Él está totalmente aquí y, no obstante, trasciende infinitamente todo lo que es humano y mundano.
«Nombre de Dios» significa: Dios como el que está presente entre los hombres.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo de Pascua después de la Ascensión IV
167. Teniendo por intercesor delante del Padrea Jesús resucitado, y sabiendo que es el Espíritu quien ora en nosotros, pidamos por las necesidades delos hombres.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que sea congregada en la unidad y crezca por la fuerza del Espíritu, anunciando a los hombres la salvación de Jesucristo. Roguemos al Señor.
- Por todos los cristianos que sufren a causa de su fe: para que el Espíritu de Jesucristo resucitado les mantenga fieles a la verdad y al bien por encima de todas las injusticias e incomprensiones. Roguemos al Señor.
- Por los que sufren sin esperanza, por los que buscan sin tener fe, por los que aman a Dios sin saberlo: para que el Espíritu consolador colme sus anhelos de felicidad y salud. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros: para que logremos unas celebraciones de la Eucaristía llenas de fe, plenamente participadas, que expresen y fomenten nuestro amor y hermandad en Cristo. Roguemos al Señor.
Danos, Señor, una plena vivencia del misterio pascual para que la alegría que experimentamos en estas fiestas sea siempre nuestra fuerza y nuestra salvación. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Señor, que, en tu bondad, santifiques estos dones, aceptes la ofrenda de este sacrificio espiritual y nos transformes en oblación perenne. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Propítius, Dómine, quaesumus, haec dona sanctífica, et, hóstiae spiritális oblatióne suscépta, nosmetípsos tibi pérfice munus aetérnum. Per Christum.
PREFACIO I DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
El misterio de la Ascensión
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte, ha ascendido ante el asombro de los ángeles a lo más alto del cielo, como mediador entre Dios y los hombres, como juez de vivos y muertos. No se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su reino.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO I DE ASCENSIONE DOMINI
De mysterio Ascensionis
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Quia Dóminus Iesus, Rex glóriae, peccáti triumphátor et mortis, mirántibus Angelis, ascéndit summa caelórum, Mediátor Dei et hóminum, Iudex mundi Dominúsque virtútum; non ut a nostra humilitáte discéderet, sed ut illuc confiderémus, sua membra, nos súbsequi quo ipse, caput nostrum principiúmque, praecéssit.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis, totus in orbe terrárum mundus exsúltat. Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARISTICA II.
Antífona de comunión Cf. Jn 16, 7
Os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito, dice el Señor. Aleluya.
Antiphona ad communionem Jn 16, 7
Ego veritátem dico vobis, éxpedit vobis ut ego vadam; si enim non abíero, Paráclitus non véniet ad vos, dicit Dóminus, allelúia.
Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor, que el sacramento recibido nos ilumine con su luz y nos transforme con su participación, para que merezcamos alcanzar los dones espirituales. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Percépta mystéria, quaesumus, Dómine, et eruditióne nos ínstruant et participatióne restáurent, ut ad spiritália mereámur múnera perveníre. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 18 de mayo
S
an Juan I, papa y mártir
, quien, habiendo sido enviado por el rey arriano Teodorico en embajada al emperador Justino de Constantinopla, fue el primer pontífice romano que ofreció la Víctima Pascual en aquella Iglesia, pero a su regreso, detenido de manera indigna y arrojado en la cárcel por el mismo Teodorico, pereció como víctima por Cristo Señor en Rávena, en la Flaminia (526).
2. En Salona, de la Dalmacia, san Félix, mártir en la persecución bajo el emperador Diocleciano (299).
3. En Egipto, san Dióscoro, mártir, quien, hijo de un lector, después de muchos y variados tormentos consumó el martirio con la decapitación (c. 303).
4. En Alejandría, también en Egipto, santos Potamón, Ortasio y Serapión, presbíteros, y sus compañeros, mártires (s. IV).
5. En Ancira, en Galacia, santos mártires Teodoto y Tecusa, su tía, y Alejandra, Claudia, Faína, Eufrasia, Matrona y Julita, vírgenes, que, después de haber sido prostituidas por orden del gobernador, fueron luego arrojadas a un lago con piedras atadas al cuello (c. 303).
6*. En la región de Argovia, entre los helvecios (hoy Suiza), beato Burcardo, presbítero, que, siendo párroco del pueblo de Beinwil, cuidó del rebaño a él confiado con asidua diligencia pastoral (s. XII).
7. En Upsala, en Suecia, san Erico IX, rey y mártir, quien durante su reinado gobernó sabiamente al pueblo, veló por los derechos de las mujeres y envió a Finlandia al obispo san Enrique para que propagase la fe de Cristo, pero, finalmente, cayó en un ataque bajo las espadas de sus enemigos daneses mientras asistía a la celebración de la Misa (1161).
8*. En Toulouse, junto al río Garona, beato Guillermo, presbítero de la Orden de Ermitaños de San Agustín (1369).
9*. En Roma, san Félix de Cantalicio, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, el cual, de admirable austeridad y sencillez, ejerció el trabajo de recaudar la limosna en la ciudad eterna durante cuarenta años, sembrando al mismo tiempo a su alrededor paz y caridad (1587).
10*. En Marienau, en Alemania, beata Blandina (María Magdalena) Merten, virgen de la Orden de Santa Úrsula, que unió el cuidado de la formación humana y cristiana de las niñas y adolescentes con la vida contemplativa (1918).
11*. En el campo de concentración de Dachau, cercano a Munich, de Baviera, en Alemania, beato Estanislao Kubski, presbítero y mártir, que durante la guerra entregó su espíritu por Cristo en una cámara de gas (1942).
12*. En el lugar de Hartheim, cerca de Linz, en Austria, beato Martín Oprzadek, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, quien, de nacionalidad polaca, contemporáneamente y del mismo modo alcanzó el reino celestial (1942).