miércoles, 14 de marzo de 2018

Miércoles 18 abril 2018, Miércoles de la III semana de Pascua, feria.

SOBRE LITURGIA

CARTA APOSTÓLICA "SUMMI DEI VERBUM" (4-noviembre-1963)
DE SU SANTIDAD EL PAPA PABLO VI


Otra prueba de la gran confianza puesta por la Jerarquía en los seminarios para dar lozanía a la Iglesia y hacer florecer la vida sacerdotal en el clero, la ofreció el intrépido celo con que, apenas clausurado el Concilio, se trató de llevar a cabo las prescripciones de tan providencial decreto, en medio de todo género de dificultades. El mismo Pontífice Pío IV fue de los primeros en dar ejemplo, abriendo su seminario el 1 de febrero de 1565; lo había precedido su sobrino San Carlos Borromeo, en Milán, en 1564, y en forma más modesta, los obispos de Rieti, Larino, Camerino y Montepulciano. Siguió poco después la erección de otros seminarios por parte de los obispos preocupados en la restauración de sus propias diócesis, al paso que una selecta escuadra de hombres celosos del bien de la Iglesia acudía en su ayuda. Entre ellos nos place recordar, en Francia, al cardenal Pedro de Berulle, a Andrés Bourdoise, a San Vicente de Paúl con sus sacerdotes de la misión, a San Juan Eudes, a Olier, con la compañía de San Sulpicio. En Italia se destacó, sobre todo, San Gregorio Barbarigo, prodigando incansables cuidados en la organización de los seminarios de Bérgamo y Padua, según las normas del Concilio de Trento y el ejemplo de San Carlos, teniendo también presente las exigencias espirituales y culturales de su tiempo. El ejemplo que este celoso Pastor dio a los demás obispos de las diócesis italianas conserva hoy día todo su valor, por haber sabido conjuntar la fidelidad a las normas tradicionales con sabias iniciativas, entre las cuales es de recordar el estudio de las lenguas orientales para mejor conocimiento de los padres y escritores eclesiásticos del Oriente cristiano, con miras al acercamiento religioso entre la Iglesia católica y las Iglesias separadas. A esta obra insigne del gran obispo de Padua se refirió nuestro predecesor Juan XXIII de venerable memoria, en su homilía con motivo de la inscripción de Barbarigo en el catálogo de los Santos [5].

A la buena, semilla lanzada por el Concilio de Trento en el campo fértil, de la Iglesia, por medio del citado decreto, se debe también el florecimiento de los seminarios o colegios con fines especiales, como el de Propaganda Fide en Roma, el de Misiones Extranjeras de París, y los colegios de las diversas naciones surgidos en Roma, en España, los Países Bajos y todo el complejo de providenciales centros de formación eclesiástica, que hoy, existen en la Iglesia, pueden compararse con el árbol de la parábola evangélica, que, nacido de una minúscula semilla, crece y se extiende con gigantescas proporciones, hasta llegar a albergar entre sus ramas a innumerables pajarillos del cielo (Cfr. Mt 13, 31-32).

Por tanto debemos estar inmensamente agradecidos al Señor, de que la institución de los seminarios, decidida por los padres del Concilio de Trento, lejos de debilitarse en los siglos siguientes, ganados en muchas naciones por ideologías y praxis contrarias a la doctrina y a la misión salvífica de la Iglesia, se moviera siempre en un continuo desarrollo, llegando pronto a superar los confines de Europa y seguir los progresos del catolicismo en América y en los países de misiones. Por su parte, la Iglesia se ha preocupado de dictar normas para los seminarios de acuerdo con las necesidades espirituales y culturales del clero, según las circunstancias de tiempo y lugar. En este campo, que es sin duda uno de los más delicados que el Espíritu Santo, inspirador de todas las sabias decisiones conciliares (Cfr. Hch 15, 28), ha confiado en primer lugar al Supremo Pastor de la Iglesia, es deber nuestro recordar los siguientes méritos de nuestros predecesores, entre los que brillan los nombres de Gregorio XIII, Sixto V, Clemente VIII Urbano VIII, Inocencio Xl, Inocencio XIII, Benedicto XIII, Benedicto XIV, Clemente XIII, Pío VI, Gregorio XVI, Pío IX, León XIII, San Pío X, Benedicto XV, Pío XI, Pío XII y Juan XXIII.

No es, por tanto, de extrañar que los seminarios, objeto de solícitos cuidados de la Sede Apostólica y de muchos celosos pastores esparcidos por el mundo católico, hayan prosperado para decoro y beneficio no sólo de la Iglesia, sino de la misma sociedad civil. Esta es la página gloriosa, de la historia de los seminarios, que nuestro predecesor Pío IX quiso recordar en su carta apostólica Cum Romani Pontífices del 28 de junio de 1853, por la que fundaba el Seminario Pío. En ella llamaba la atención de los gobiernos y de todas las personas preocupadas por el verdadero bien de la sociedad humana, por ser “de gran importancia la exquisita y cuidada formación del clero para conseguir la prosperidad e incolumidad de la religión y de la sociedad humana, y para defender la verdadera y sana doctrina” [6].

[5] Cfr. AAS 62 (1960), pp. 458-459.
[6] Pii IX, Pont. M., Acta, vol. I (1846-1854), p. 473.

CALENDARIO

18 MIÉRCOLES DE LA III SEMANA DE PASCUA, feria

Misa
de feria (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. Pasc.
LECC.: vol. II.
- Hch 8, 1b-8. Iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra.
- Sal 65. R. Aclamad al Señor, tierra entera.
- Jn 6, 35-40. Esta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 19 de abril, pág. 264.
CALENDARIOS: Albacete y Cartagena: Beato Andrés Hibernón, religioso (ML).
Córdoba: San Perfecto, presbítero y mártir (ML).
Lleida: Aniversario de la muerte de Mons. Ramón Malla Call, obispo, emérito (2014).
Sant Feliu de Llobregat: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Agustín Cortés Soriano, obispo (1998).
Tui-Vigo: Aniversario de la muerte de Mons. José Cerviño Cerviño, obispo, emérito (2012).

TEXTOS MISA

Miércoles de la III Semana de Pascua. Feria quarta. Hebdómada III Paschae.
Antífona de entrada Cf. Sal 70, 8. 23
Llena estaba mi boca de tu alabanza para poder cantar. Te aclamarán mis labios, Señor. Aleluya.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 70, 8. 23
Repleátur os meum laude tua, ut possim cantáre; gaudébunt lábia mea, dum cantávero tibi, allelúia.
Oración colecta
Atiende, Señor, a tu familia y ayúdala como conviene, y concede participar en la resurrección de tu Unigénito a quienes has dado la gracia de la fe. Él, que vive y reina contigo.
Collecta
Adésto, quaesumus, Dómine, famíliae tuae, et dignánter impénde, ut, quibus fídei grátiam contulísti, in resurrectióne Unigéniti tui portiónem largiáris aetérnam. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Miércoles de la III semana de Pascua (Lec. II).

PRIMERA LECTURA Hch 8, 1b-8
Iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaría.
Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.
Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia, penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.
Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo:
de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 65, 1b-3a. 4-5. 6-7a (R.: 1b)
R.
Aclamad al Señor, tierra entera. Iubiláte Deo, omnis terra.
O bien: Aleluya.

V. Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R.
Aclamad al Señor, tierra entera. Iubiláte Deo, omnis terra.

V. «Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre».
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R.
Aclamad al Señor, tierra entera. Iubiláte Deo, omnis terra.

V. Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él,
que con su poder gobierna enteramente. R.
Aclamad al Señor, tierra entera. Iubiláte Deo, omnis terra.

Aleluya Cf. Jn 6, 40
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Todo el que cree en el Hijo tiene vida eterna –dice el Señor–; y yo lo resucitaré en el último día. R. Omnis qui credit in Fílium habet vitam ætérnam; et ego resuscitábo eum in novíssimo die, dicit Dóminus.

EVANGELIO Jn 6, 35-40
Ésta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Agustín, In Ioann. Evang., 25, 15 y 16.
¡Qué misterio hay aquí tan grande! (...). Yo he venido humilde, Yo he venido a enseñar la humildad; Yo soy el maestro de la humildad. El que viene a Mí, se incorpora a Mi; el que viene a Mí se hace humilde, y el que se adhiere a Mi será humilde, porque no hace su voluntad, sino la de Dios.

Oración de los fieles.
179. Al Rey de la gloria, que, muriendo, destruyó nuestra muerte, y, resucitando, restauró la vida, pidámosle, hermanos, que escuche la oración de su Iglesia.
- Para que el Salvador del mundo libre de todo mal a la Iglesia, redimida con su cruz y su resurrección. Roguemos al Señor.
- Para que la paz de Cristo se extienda a todas las naciones y todos los hombres participen de ella. Roguemos al Señor.
- Para que el Señor Jesucristo se acuerde en su reino de los pobres y de los afligidos, de los enfermos y de los moribundos, y de los que sufren por cualquier causa. Roguemos al Señor.
- Para que el Salvador del mundo nos libre de todo mal, pues nos redimió por su pasión y resurrección. Roguemos al Señor.
Oh Señor Jesucristo, que nos alegras con la solemnidad de la resurrección, escucha las oraciones de tu pueblo y concede a cuantos te imploran alcanzar lo que santamente desean. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
Concédenos, Señor, alegrarnos siempre por estos misterios pascuales, y que la actualización continua de tu obra redentora sea para nosotros fuente de gozo incesante. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Concéde, quaesumus, Dómine, semper nos per haec mystéria paschália gratulári, ut contínua nostrae reparatiónis operátio perpétuae nobis fiat causa laetítiae. Per Christum.
PREFACIO PASCUAL III
Cristo vivo e intercesor perpetuo en favor nuestro
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca exaltarte en este tiempo glorioso en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él no cesa de ofrecerse por nosotros, intercediendo continuamente ante ti; inmolado, ya no vuelve a morir; sacrificado, vive para siempre.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan el himno de tu gloria diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO PASCHALIS III
De Christo vivente et semper interpellante pro nobis
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre: Te quidem, Dómine, omni témpore confitéri, sed in hoc potíssimum gloriósius praedicáre, cum Pascha nostrum immolátus est Christus.
Qui se pro nobis offérre non désinit, nosque apud te perénni advocatióne deféndit; qui immolátus iam non móritur, sed semper vivit occísus.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis, totus in orbe terrárum mundus exsúltat. Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARÍSTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de comunión
Ha resucitado el Señor e ilumina a los que hemos sido redimidos con su sangre. Aleluya.
Antiphona ad communionem
Surréxit Dóminus et illúxit nobis, quos redémit sánguine suo, allelúia.
Oración después de la comunión
Escucha, Señor, nuestras oraciones para que el santo intercambio de nuestra redención nos sostenga durante la vida presente y nos dé las alegrías eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Exáudi, Dómine, preces nostras, ut redemptiónis nostrae sacrosáncta commércia et vitae nobis cónferant praeséntis auxílium et gáudia sempitérna concílient. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 19 de abril

1. En Melitene, en Armenia, santos Hermógenes y Elpidio, mártires (s. inc.).
2. En Persia, san Pusicio, mártir, prefecto de los artesanos del rey Sapor II, que por haber confortado al vacilante presbítero Ananías fue herido en el cuello y murió el Sábado Santo, ocupando así un lugar insigne en el grupo de mártires sacrificados después de san Simeón (341).
3. En Fano, del Piceno, en Italia, san Eusebio, obispo, que acompañó al papa san Juan I en el viaje a Constantinopla impuesto por el rey Teodorico, y al regreso le siguió también en la prisión (c. 526).
4*. En Leighlin, en Irlanda, san Laisren o Molasio, abad, que extendió pacíficamente en la isla la celebración de la Pascua, según la costumbre romana (638).
5. En el cenobio de Lobbes, en Hainaut, san Ursmaro, obispo y abad, que propagó la Regla de san Benito y atrajo al pueblo a la fe cristiana (713).
6. En Constantinopla, santa Antusa, virgen, que, siendo hija del emperador Constantino Coprónimo, se dedicó a ayudar a los pobres, a redimir a siervos, a reparar iglesias y a edificar monasterios, recibiendo el hábito monástico de manos del obispo san Tarasio (s. VIII ex.).
7. En la isla Egina, santa Atanasia, viuda, que vivió como solitaria y fue también hegúmena, ilustre por sus virtudes y observancia monástica (s. IX).
8. En la misma isla, san Juan Isauro, monje, discípulo de san Gregorio Decapolita, que en tiempo del emperador León el Armenio luchó denodadamente defendiendo las santas imágenes (después de 842).
9. En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, san Perfecto, presbítero y mártir, que fue encarcelado y después degollado por los sarracenos, por haber combatido la doctrina de Mahoma y confesado con firmeza su fe en Cristo (850).
10*. En Brujas, en Flandes, beato Idesbaldo, abad, el cual, después de perder a su esposa, sirvió durante treinta años en la corte de los condes de Flandes y, ya maduro, ingresó en el monasterio de Dune, del que fue tercer abad durante doce años (1167).
11. En Milán, de Lombardía, san Galdino, obispo, que trabajó en la restauración de la ciudad destruida por la guerra y entregó a Dios su alma después de un sermón contra los herejes (1176).
12*. En Montereale, en el Abruzo, beato Andrés, presbítero de la Orden de los Ermitaños de San Agustín, que se dedicó a predicar por Italia y Francia (1479).
13*. En la ciudad de Gandía, de la región de Valencia, en España, beato Andrés Hibernón, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que, siendo joven, fue expoliado por los ladrones, y después cultivó con empeño la pobreza (1602).
14*. En Pontoise, cerca de París, beata María de la Encarnación (Bárbara) Avrillot, la cual, madre de familia ejemplar y mujer sumamente devota, introdujo el Carmelo en Francia, fundando cinco monasterios, y, muerto su esposo, abrazó la vida religiosa (1618).
15*. En Anjou, en Francia, beato José Moreau, presbítero y mártir, que durante la Revolución Francesa fue degollado un Viernes Santo en odio a la fe cristiana (1794).
16*. En Siena, de la Toscana, beata Sabina Petrilli, virgen, que fundó la Congregación de Hermanas de Santa Catalina de Siena, para la ayuda de jóvenes desamparadas y pobres (1923).
17*. En el lugar de Majdanek, cerca de Lublín, en Polonia, beato Román Archutowski, presbítero y mártir, el cual, encarcelado por ser cristiano, fue torturado por los soldados y, consumido por el hambre y la enfermedad, pasó a la gloria eterna (1943).