martes, 13 de marzo de 2018

Martes 17 abril 2018, Martes de la III semana de Pascua, feria.

SOBRE LITURGIA

CARTA APOSTÓLICA "SUMMI DEI VERBUM" (4-noviembre-1963)
DE SU SANTIDAD EL PAPA PABLO VI

La institución de los seminarios por el Concilio de Trento


En Roma, en el siglo XV, trataron de acudir a tan urgente y fundamental necesidad de la Iglesia, los cardenales Domingo Capránica y Esteban Nardini, con la fundación de los Colegios que llevan sus nombres; en el siglo siguiente San Ignacio de Loyola, al fundar en Roma los dos célebres Colegios Romano y Germánico, uno para profesores y el otro para los alumnos. Por la misma época el cardenal Reinaldo Pote, arzobispo de Canterbury, después de haber exhortado a los obispos de Cambray y de Tournay a imitar el ejemplo de San Ignacio, estudió para Inglaterra su famoso decreto sobre los seminarios, que, aprobado por el Sínodo de Londres de 1556 y publicado el 10 de febrero del mismo año, sirvió de modelo a la ley dictada, pocos años después, por el Concilio de Trento para la Iglesia universal, por el capítulo 18 del decreto “De Reformatione”, aprobado el 15 de julio de 1563 [3].

Por ello este año se conmemora el IV centenario de un acontecimiento tan importante para la historia de la Iglesia católica. Centenario aún más digno de ser dignamente conmemorado por coincidir con la celebración del Concilio Ecuménico Vaticano II, en el que la Iglesia, preocupada en dictar oportunos decretos para promover la renovación de las costumbres del pueblo cristiano, habrá de dedicar particulares atenciones a un sector de vital interés para todo el Cuerpo Místico de Cristo, como es el formado por los jóvenes que se dedican en los seminarios a su preparación al sacerdocio.

Importancia del Seminario en la historia de la Iglesia y de la sociedad

No pretendemos evocar la serie de trabajos que precedieron a la aprobación del canon sobre la Institución de los seminarios, ni detenernos en cada una de las prescripciones en él contenidas. Pues creemos más de acuerdo con el objeto de una fructuosa celebración del IV centenario de este decreto, exponer con vivo relieve los beneficios espirituales que con él consiguió la Iglesia y la sociedad civil, para luego llamar la atención sobre algunos aspectos de la formación ascética, intelectual y pastoral del joven seminarista o sacerdote, que requieren hoy una más profunda consideración.

Los mismos padres del Concilio de Trento, al votar por unanimidad dicho canon, en la sesión XXIII, previeron que la institución de los seminarios proporcionaría un gran beneficio espiritual a cada una de las diócesis de la Santa Iglesia.

A este propósito el cardenal Sforza Pallavicino escribe: “Ante todo fue aprobada la institución de los seminarios, llegando muchos a decir que, aunque no se hubiera sacado más beneficio que éste del Concilio, él sólo recompensaba todas las fatigas y trastornos, por ser el único instrumento eficaz para restablecer la disciplina, pues es sentencia cierta que en cualquier estado los ciudadanos serán como sean sus educadores” [4].

[3] Cfr. Rocaberti, Bibliotheca maxima Pontificia, XVIII, p. 362; L. von Pastor, Historia de los Papas, Roma 1944, vol. VI, p. 569 y vol. VII, p. 329.
[4] P. Sforza Pallavicino, Istoria del Concilio di Trento, ed. de A. M. Zaccaria, Tom. IV, Roma 1833, p. 344.


CALENDARIO

17 MARTES DE LA III SEMANA DE PASCUA, feria

Misa
de feria (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. Pasc.
LECC.: vol. II.
- Hch 7, 51 — 8, 1a. Señor Jesús, recibe mi espíritu.
- Sal 30. R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
- Jn 6, 30-35. No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 18 de abril, pág. 262.
CALENDARIOS: Mercedarios: Beata María Ana de Jesús, virgen (MO). Madrid: (ML).
Oviedo: San Pedro Poveda, presbítero y mártir (ML).

TEXTOS MISA

Martes de la III Semana de Pascua Feria tertia. Hebdómada III Paschae.
Antífona de entrada Cf. Ap 19, 5; 12, 10
Alabad a nuestro Dios todos los que lo teméis, pequeños y grandes, porque ha establecido la salvación y el poder y la potestad de su Cristo. Aleluya.
Antiphona ad introitum Ap 19, 5; 12, 10
Laudem dícite Deo nostro, omnes qui timétis Deum, pusílli et magni, quia facta est salus, et virtus, et potéstas Christi eius, allelúia.
Oración colecta
Oh, Dios, que abres la puerta de tu reino a los que han renacido del agua y del Espíritu, acrecienta en tus siervos la gracia que les has dado, para que, limpios de sus pecados, no se vean, por tu bondad, privados de tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui renátis ex aqua et Spíritu Sancto caeléstis regni pandis intróitum, auge super fámulos tuos grátiam quam dedísti, ut, qui ab ómnibus sunt purgáti peccátis, nullis privéntur tua pietáte promíssis. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Martes de la III semana de Pascua (Lec. II).

PRIMERA LECTURA Hch 7, 51-8, 1a
Señor Jesús, recibe mi espíritu
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la ley por mediación de ángeles y no la habéis observado». Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:
«Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:
«Señor Jesús, recibe mi espíritu».
Luego, cayendo de rodillas y clamando con voz potente, dijo:
«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
Y, con estas palabras, murió.
Saulo aprobaba su ejecución.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 30. 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17 y 21ab (R.: 6a)
R.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. In manus tuas, Dómine, comméndo spíritum meum.
O bien: Aleluya.

V. Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. In manus tuas, Dómine, comméndo spíritum meum.

V. A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. In manus tuas, Dómine, comméndo spíritum meum.

V. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas. R.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. In manus tuas, Dómine, comméndo spíritum meum.

Aleluya Jn 6, 35ab
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Yo soy el pan de vida –dice el Señor–; el que viene a mí no tendrá hambre. R. Ego sum panis vitæ, dicit Dóminus; qui venit ad me non esúriet.

EVANGELIO Jn 6, 30-35
No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús:
«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».
Jesús les replicó:
«En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
Entonces le dijeron:
«Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Ángelus 2-agosto-2015
Con estas palabras nos quiere hacer entender que más allá del hambre físico el hombre lleva consigo otra hambre –todos tenemos esta hambre– un hambre más importante que no puede ser saciada con un alimento ordinario. Se trata de hambre de vida, hambre de eternidad que solamente Él puede saciar porque es «el pan de vida» (Jn 6, 35). Jesús no elimina la preocupación y la búsqueda del alimento cotidiano, no, no elimina la preocupación por lo que te puede mejorar la vida. Pero Jesús nos recuerda que el verdadero significado de nuestra existencia terrena está al final, en la eternidad, está en el encuentro con Él, que es don y donador, y nos recuerda también que la historia humana con sus sufrimientos y sus alegrías tiene que ser vista en un horizonte de eternidad, es decir, en aquel horizonte del encuentro definitivo con Él. Y este encuentro ilumina todos los días de nuestra vida. Si pensamos en este encuentro, en este gran don, los pequeños dones de la vida, también los sufrimientos, las preocupaciones serán iluminadas por la esperanza de este encuentro. «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás» (Jn 6, 35). Esta es la referencia a la Eucaristía, el don más grande que sacia el alma y el cuerpo. Encontrar y acoger en nosotros a Jesús, «pan de vida», da significado y esperanza al camino a menudo tortuoso de la vida. Pero este «pan de vida» nos ha sido dado con un cometido, esto es, para que podamos a su vez saciar el hambre espiritual y material de nuestros hermanos, anunciando el Evangelio por todas partes. Con el testimonio de nuestra actitud fraterna y solidaria hacia el prójimo, hagamos presente a Cristo y su amor en medio de los hombres.

Oración de los fieles
178. Oremos, hermanos, al Padre, que con su poder nos creó y con su bondad nos ha salvado de la muerte, por la resurrección de su Hijo Jesucristo.
- Por la Iglesia: para que se mantenga siempre fiel y libre de todo error. Roguemos al Señor.
- Por los que gobiernan las naciones: para que se afanen por establecer los fundamentos de una paz estable y justa. Roguemos al Señor.
- Por los incrédulos, por los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, por los que temen la soledad o la muerte: para que hallen fuerza en Cristo resucitado. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros: para que, a ejemplo de la primitiva comunidad de cristianos, sintamos la urgencia de vivir como hermanos y tendamos hacia una comunidad viva de fe, esperanza y caridad. Roguemos al Señor.
Padre, sabemos que siempre nos escuchas, porque rogamos en nombre de tu Hijo Jesucristo, que murió y resucitó por nosotros; concédenos lo que con fe hemos pedido. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante, y a quien diste motivo de tanto gozo concédele disfrutar de la alegría eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe múnera, Dómine, quaesumus, exsultántis Ecclésiae, et, cui causam tanti gáudii praestitísti, perpétuae fructum concéde laetítiae. Per Christum.
PREFACIO PASCUAL III
Cristo vivo e intercesor perpetuo en favor nuestro
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca exaltarte en este tiempo glorioso en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él no cesa de ofrecerse por nosotros, intercediendo continuamente ante ti; inmolado, ya no vuelve a morir; sacrificado, vive para siempre.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan el himno de tu gloria diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO PASCHALIS III
De Christo vivente et semper interpellante pro nobis
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre: Te quidem, Dómine, omni témpore confitéri, sed in hoc potíssimum gloriósius praedicáre, cum Pascha nostrum immolátus est Christus.
Qui se pro nobis offérre non désinit, nosque apud te perénni advocatióne deféndit; qui immolátus iam non móritur, sed semper vivit occísus.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis, totus in orbe terrárum mundus exsúltat. Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARÍSTICA III.
Antífona de comunión Rom 6, 8
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Aleluya.
Antiphona ad communionem Rm 6, 8
Si mórtui sumus cum Christo, crédimus quia simul étiam vivémus cum Christo, allelúia.
Oración después de la comunión
Mira, Señor, con bondad a tu pueblo y, ya que has querido renovarlo con estos sacramentos de vida eterna, concédele llegar a la incorruptible resurrección de la carne que habrá de ser glorificada. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Pópulum tuum, quaesumus, Dómine, intuére benígnus, et, quem aetérnis dignátus es renováre mystériis, ad incorruptíbilem glorificándae carnis resurrectiónem perveníre concéde. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 18 de abril

1. En Melitene, en Armenia, santos Hermógenes y Elpidio, mártires (s. inc.).
2. En Persia, san Pusicio, mártir, prefecto de los artesanos del rey Sapor II, que por haber confortado al vacilante presbítero Ananías fue herido en el cuello y murió el Sábado Santo, ocupando así un lugar insigne en el grupo de mártires sacrificados después de san Simeón (341).
3. En Fano, del Piceno, en Italia, san Eusebio, obispo, que acompañó al papa san Juan I en el viaje a Constantinopla impuesto por el rey Teodorico, y al regreso le siguió también en la prisión (c. 526).
4*. En Leighlin, en Irlanda, san Laisren o Molasio, abad, que extendió pacíficamente en la isla la celebración de la Pascua, según la costumbre romana (638).
5. En el cenobio de Lobbes, en Hainaut, san Ursmaro, obispo y abad, que propagó la Regla de san Benito y atrajo al pueblo a la fe cristiana (713).
6. En Constantinopla, santa Antusa, virgen, que, siendo hija del emperador Constantino Coprónimo, se dedicó a ayudar a los pobres, a redimir a siervos, a reparar iglesias y a edificar monasterios, recibiendo el hábito monástico de manos del obispo san Tarasio (s. VIII ex.).
7. En la isla Egina, santa Atanasia, viuda, que vivió como solitaria y fue también hegúmena, ilustre por sus virtudes y observancia monástica (s. IX).
8. En la misma isla, san Juan Isauro, monje, discípulo de san Gregorio Decapolita, que en tiempo del emperador León el Armenio luchó denodadamente defendiendo las santas imágenes (después de 842).
9. En Córdoba, en la región hispánica de Andalucía, san Perfecto, presbítero y mártir, que fue encarcelado y después degollado por los sarracenos, por haber combatido la doctrina de Mahoma y confesado con firmeza su fe en Cristo (850).
10*. En Brujas, en Flandes, beato Idesbaldo, abad, el cual, después de perder a su esposa, sirvió durante treinta años en la corte de los condes de Flandes y, ya maduro, ingresó en el monasterio de Dune, del que fue tercer abad durante doce años (1167).
11. En Milán, de Lombardía, san Galdino, obispo, que trabajó en la restauración de la ciudad destruida por la guerra y entregó a Dios su alma después de un sermón contra los herejes (1176).
12*. En Montereale, en el Abruzo, beato Andrés, presbítero de la Orden de los Ermitaños de San Agustín, que se dedicó a predicar por Italia y Francia (1479).
13*. En la ciudad de Gandía, de la región de Valencia, en España, beato Andrés Hibernón, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que, siendo joven, fue expoliado por los ladrones, y después cultivó con empeño la pobreza (1602).
14*. En Pontoise, cerca de París, beata María de la Encarnación (Bárbara) Avrillot, la cual, madre de familia ejemplar y mujer sumamente devota, introdujo el Carmelo en Francia, fundando cinco monasterios, y, muerto su esposo, abrazó la vida religiosa (1618).
15*. En Anjou, en Francia, beato José Moreau, presbítero y mártir, que durante la Revolución Francesa fue degollado un Viernes Santo en odio a la fe cristiana (1794).
16*. En Siena, de la Toscana, beata Sabina Petrilli, virgen, que fundó la Congregación de Hermanas de Santa Catalina de Siena, para la ayuda de jóvenes desamparadas y pobres (1923).
17*. En el lugar de Majdanek, cerca de Lublín, en Polonia, beato Román Archutowski, presbítero y mártir, el cual, encarcelado por ser cristiano, fue torturado por los soldados y, consumido por el hambre y la enfermedad, pasó a la gloria eterna (1943).