miércoles, 14 de febrero de 2018

Miércoles 21 marzo 2018, Miércoles de la V semana de Cuaresma, feria.

SOBRE LITURGIA

Concilio Vaticano II
DECRETO "PRESBYTERORUM ORDINIS" (7-diciembre-1967)

SOBRE EL MINISTERIO Y LA VIDA DE LOS PRESBÍTEROS

Los presbíteros, rectores del pueblo de Dios

6. Los presbíteros, ejerciendo según su parte de autoridad el oficio de Cristo Cabeza y Pastor, reúnen, en nombre del obispo, a la familia de Dios, como una fraternidad unánime, y la conducen a Dios Padre por medio de Cristo en el Espíritu [43]. Mas para el ejercicio de este ministerio, lo mismo que para las otras funciones del presbítero, se confiere la potestad espiritual, que, ciertamente, se da para la edificación [44]. En la edificación de la Iglesia los presbíteros deben vivir con todos con exquisita delicadeza, a ejemplo del Señor. Deben comportarse con ellos, no según el beneplácito de los hombres [45], sino conforme a las exigencias de la doctrina y de la vida cristiana, enseñándoles y amonestándoles como a hijos amadísimos [46], a tenor de las palabras del apóstol: "Insiste a tiempo y destiempo, arguye, enseña, exhorta con toda longanimidad y doctrina" (2 Tim., 4, 2) [47].

Por lo cual, atañe a los sacerdotes, en cuanto educadores en la fe, el procurar personalmente, o por medio de otros, que cada uno de los fieles sea conducido en el Espíritu Santo a cultivar su propia vocación según el Evangelio, a la caridad sincera y diligente y a la libertad con que Cristo nos liberó [48]. De poco servirán las ceremonias, por hermosas que sean, o las asociaciones, aunque florecientes, si no se ordenan a formar a los hombres para que consigan la madurez cristiana [49]. En su consecución les ayudarán los presbíteros para poder averiguar qué hay que hacer o cuál sea la voluntad de Dios en los mismos acontecimientos grandes o pequeños. Enséñese también a los cristianos a no vivir sólo para sí, sino que, según las exigencias de la nueva ley de la caridad, ponga cada uno al servicio del otro el don que recibió [50] y cumplan así todos cristianamente su deber en la comunidad humana.

Aunque se deban a todos, los presbíteros tienen encomendados a sí de una manera especial a los pobres y a los más débiles, a quienes el Señor se presenta asociado [51], y cuya evangelización se da como prueba de la obra mesiánica [52]. También se atenderá con diligencia especial a los jóvenes y a los cónyuges y padres de familia. Es de desear que éstos se reúnan en grupos amistosos para ayudarse mutuamente a vivir con más facilidad y plenitud su vida cristiana, penosa en muchas ocasiones. No olviden los presbíteros que todos los religiosos, hombres y mujeres, por ser la porción selecta en la casa del Señor, merecen un cuidado especial para su progreso espiritual en bien de toda la Iglesia. Atiendan, por fin, con toda solicitud a los enfermos y agonizantes, visitándolos y confortándolos en el Señor [53].

Pero el deber del pastor no se limita al cuidado particular de los fieles, sino que se extiende propiamente también a la formación de la auténtica comunidad cristiana. Mas, para atender debidamente al espíritu de comunidad, debe abarcar, no sólo la Iglesia local, sino la Iglesia universal. La comunidad local no debe atender solamente a sus fieles, sino que, imbuida también por el celo misionero, debe preparar a todos los hombres el camino hacia Cristo. Siente, con todo, una obligación especial para con los catecúmenos y neófitos que hay que formar gradualmente en el conocimiento y práctica de la vida cristiana.

No se edifica ninguna comunidad cristiana si no tiene como raíz y quicio la celebración de la Sagrada Eucaristía [54]: por ella, pues, hay que empezar toda la formación para el espíritu de comunidad. Esta celebración, para que sea sincera y cabal, debe conducir lo mismo a las obras da caridad y de mutua ayuda de unos para con otros, que a la acción misional y a las varias formas del testimonio cristiano.

Además, la comunidad eclesial ejerce por la caridad, por la oración, por el ejemplo y por las obras de penitencia una verdadera maternidad respecto a las almas que debe llevar a Cristo. Porque ella es un instrumento eficaz que indica o allana el camino hacia Cristo y su Iglesia a los que todavía no creen, que anima también a los fieles, los alimenta y fortalece para la lucha espiritual.

En la estructuración de la comunidad cristiana, los presbíteros no favorecen a ninguna ideología ni partido humano, sino que, como mensajeros del Evangelio y pastores de la Iglesia, empeñan toda su labor en conseguir el incremento espiritual del Cuerpo de Cristo.

[43] Cf. Conc. Vat. II, Const. dogm. De Ecclesia, n. 28: AAS 57 (1965), pp. 33-36.
[44] Cf. 2 Cor., 10, 8; 13, 10.
[45] Cf. Gal., 1, 10.
[46] Cf. 1 Cor., 4, 14.
[47] Cf. Didascalia, II, 34, 2-3; II, 46, 6; II, 47, 1; Constitutiones Apostolorum, II, 47, 1 (ed. F. X. Funk, Didascalia et Constitutiones, I, pp. 116, 142 y 143).
[48] Cf. Gal., 4, 3; 5, 1 y 13.
[49] Cf. S. Jerónimo, Epist., 58, 7: PL 22, 584: "¿Qué utilidad hay en que las paredes estén revestidas de piedras preciosas y que Cristo muera en la pobreza?".
[50] Cf. 1 Pedr., 4, 105.
[51] Cf. Mt., 25, 34-45.
[52] Cf. Lc., 4, 18.
[53] Pueden nombrarse otras categorías; por ejemplo, los emigrantes, los nómadas, etc. De ellos se trata en el decreto Christus Dominus, sobre la función pastoral de los obispos en la Iglesia; cf. Didascalia, II, 59, 1-3: "En tu enseñanza manda y exhorta que el pueblo se reúna en la iglesia y que nunca falten de ella, sino que vivan siempre y no aminoren la Iglesia cuando se retiran, ni le disminuyan los miembros del Cuerpo de Cristo... Siendo vosotros miembros de Cristo, no os disperséis de la iglesia, como hacéis cuando no os reunís; teniendo, pues, a Cristo presente y comunicando con vosotros como Cabeza, según lo prometió, no os despreciéis a vosotros mismos, ni alejéis a Cristo de sus miembros, ni rasguéis, ni desparraméis su cuerpo...".
[54] Cf. Pablo VI, Alloc. a los clérigos italianos que asistieron a la XIII Asamblea en Urbieto, sobre "la actualización pastoral", del 6 de setiembre de 1963: AAS 55 (1963), p. 750 s.


CALENDARIO

21 MIÉRCOLES DE LA V SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa
de feria (morado).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. I de la Pasión del Señor.
LECC.: vol. II.
La Cuaresma: La fidelidad libera.
- Dan 3, 14-20. 91-92. 95. Envió un ángel a salvar a sus siervos.
- Salmo: Dan 3, 52-56. R. ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!
- Jn 8, 31-42. Si el Hijo os hace libres, sois realmente libres.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 22 de marzo, pág. 217.
CALENDARIOS: Benedictinos y O. Cist.: Tránsito de san Benito, abad (F). OCSO: (conm.).
Barcelona: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Sebastián Taltavull Anglada, obispo auxiliar (2009).

TEXTOS MISA

Miércoles de la V Semana de Cuaresma. Feria quarta. Hebdómada V Quadragésimae.
Antífona de entrada Cf. Sal 17, 49
Señor, me librarás de mis enemigos, me levantarás sobre los que resisten y me salvarás del hombre cruel.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 17, 48-49
Liberátor meus de géntibus iracúndis. Ab insurgéntibus in me exaltábis me, a viro iníquo erípies me, Dómine.
Oración colecta
Ilumina, Dios misericordioso, el corazón de tus hijos, santificado por la penitencia, y, al infundirles el piadoso deseo de servirte, escucha compasivo a los que te suplican. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Sanctificáta per paeniténtiam tuórum corda filiórum, Deus miserátor, illústra, et, quibus praestas devotiónis afféctum, praebe supplicántibus pium benígnus audítum. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Miércoles de la V semana de Cuaresma (Lec. II).

PRIMERA LECTURA Dan 3, 14-20. 91-92. 95
Envió un ángel a salvar a sus siervos
Lectura de la profecía de Daniel

En aquellos días, el rey Nabucodonosor dijo:
«¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no teméis a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he erigido? Mirad: si al oír tocar la trompa, la flauta, la cítara, el laúd, el arpa, la vihuela y todos los demás instrumentos, estáis dispuestos a postraros adorando la estatua que he hecho, hacedlo; pero, si no la adoráis, seréis arrojados inmediatamente al horno encendido, y ¿qué dios os librará de mis manos?».
Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor:
«A eso no tenemos por qué responderte. Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos. Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido».
Entonces Nabucodonosor, furioso contra Sidrac, Misac y Abdénago, y con el rostro desencajado por la rabia, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre, y ordenó a sus soldados más robustos que atasen a Sidrac, Misac y Abdénago y los echasen en el horno encendido.
Entonces el rey Nabucodonosor se alarmó, se levantó y preguntó, estupefacto, a sus consejeros:
«¿No eran tres los hombres que atamos y echamos al horno?». Le respondieron:
«Así es, majestad».
Preguntó:
«Entonces, ¿cómo es que veo cuatro hombres, sin atar, paseando por el fuego sin sufrir daño alguno? Y el cuarto parece un ser divino».
Nabucodonosor, entonces, dijo:
«Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y entregaron sus cuerpos antes que venerar y adorar a otros dioses fuera del suyo».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Dn 3, 52a y c. 53a. 54a. 55a. 56A (R.: 52b)
R.
¡A ti gloria y alabanza por los siglos! Et laudábile et superexaltátum in ómnibus saeculis.

V. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre santo y glorioso. R.
¡A ti gloria y alabanza por los siglos! Et laudábile et superexaltátum in ómnibus saeculis.

V. Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R.
¡A ti gloria y alabanza por los siglos! Et laudábile et superexaltátum in ómnibus saeculis.

V. Bendito eres sobre el trono de tu reino. R.
¡A ti gloria y alabanza por los siglos! Et laudábile et superexaltátum in ómnibus saeculis.

V. Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos. R.
¡A ti gloria y alabanza por los siglos! Et laudábile et superexaltátum in ómnibus saeculis.

V. Bendito eres en la bóveda del cielo. R.
¡A ti gloria y alabanza por los siglos! Et laudábile et superexaltátum in ómnibus saeculis.

Versículo antes del Evangelio Cf. Lc 8, 15
Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia. Beáti qui in corde bono et óptimo verbum rétinent, et fructum áfferunt in patiéntia.

EVANGELIO Jn 8, 31-42
Si el Hijo os hace libres, sois realmente libres
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él:
«Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».
Le replicaron:
«Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?».
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».
Ellos replicaron:
«Nuestro padre es Abrahán».
Jesús les dijo:
«Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios; y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre».
Le replicaron:
«Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».
Jesús les contestó:
«Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 27 y 35.
La libertad adquiere su auténtico sentido cuando se ejercita en servicio de la verdad que rescata, cuando se gasta en buscar el Amor infinito de Dios, que nos desata de todas las servidumbres. ¡Cada día aumentan mis ansias de anunciar a grandes voces esta insondable riqueza del cristiano: la libertad de la gloria de los hijos de Dios! (Rm 8, 21) (...). ¿De dónde nos viene esta libertad? De Cristo, Señor Nuestro. Esta es la libertad con la que Él nos ha redimido (cfr Ga 4, 31). Por eso enseña: Sí el Hijo os alcanza la libertad, seréis verdaderamente libres (Jn 8, 36). Los cristianos no tenemos que pedir prestado a nadie el verdadero sentido de este don, porque la única libertad que salva al hombre es cristiana.

Oración de los fieles
127. A Dios Padre bondadoso elevamos nuestra súplica, como el hijo convertido y necesitado de perdón y amor.
- Por toda la Iglesia: para que anuncie a los pueblos la reconciliación, cuando se prepara a celebrar las próximas fiestas de Pascua. Roguemos al Señor.
- Por los que ostentan el poder sobre la tierra: para que el perdón y la misericordia se impongan al espíritu de egoísmo y venganza. Roguemos al Señor.
- Por aquellos que han perdido la esperanza: para que puedan descubrir los brazos abiertos del Padre. Roguemos al Señor.
- Por todos los cristianos: para que en estos días de Cuaresma expresemos nuestra sincera conversión en el sacramento de la penitencia. Roguemos al Señor.
- Por los fieles difuntos, por los más allegados a nosotros y por los que no tienen a nadie que se acuerde de ellos: para que puedan alcanzar la casa del Padre para siempre. Roguemos al Señor.
Que tu copiosa bendición, oh Dios, descienda sobre tus fieles; para que cuantos con corazón contrito y humillado buscan tu perdón, obtengan con abundancia los bienes de tu misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Señor, te consagramos las ofrendas
que nos has concedido presentar en honor de tu nombre, para que se conviertan en remedio de nuestra debilidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Tibi, Dómine, sacrifícia dicáta reddántur, quae sic ad honórem nóminis tui deferénda tribuísti, ut éadem remédia fíeri nostra praestáres. Per Christum.
PREFACIO I DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
La fuerza de la Cruz
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque en la pasión salvadora de tu Hijo el universo aprende a proclamar tu grandeza y, por la fuerza inefable de la cruz, se hace patente el juicio del mundo y el poder del Crucificado.
Por eso, Señor, nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y con todos los santos, diciendo:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO I DE PASSIONE DOMINI
De virtute Crucis
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Quia per Fílii tui salutíferam passiónem sensum confiténdae tuae maiestátis totus mundus accépit, dum ineffábili crucis poténtia iudícium mundi et potéstas émicat Crucifíxi.
Unde et nos, Dómine, cum Angelis et Sanctis univérsis, tibi confitémur, in exsultatióne dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARÍSTICA III.
Antífona de comunión Cf. Col 1, 13-14
Dios nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.
Antiphona ad communionem Col 1, 13-14
Tránstulit nos Deus in regnum Fílii dilectiónis suae, in quo habémus redemptiónem per sánguinem eius, remissiónem peccatórum.
Oración después de la comunión
Señor, el sacramento que acabamos de recibir sea medicina del cielo, para que elimine las culpas de nuestros corazones y nos asegure tu constante protección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Caeléstem nobis, Dómine, praebeant sumpta mystéria medicínam, ut et vítia nostri cordis expúrgent, et sempitérna nos protectióne confírment. Per Christum.
Oración sobre el pueblo
Se puede añadir ad libitum
Atiende, Dios todopoderoso, las súplicas de tu pueblo, y concede, compasivo, tu inagotable misericordia a quienes esperan confiadamente en tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oratio super populum (ad libitum adhibenda)
Adésto supplicátionibus pópuli tui, omnípotens Deus, et, quibus fidúciam sperándae pietátis indúlges, consuétae misericórdiae tríbue benígnus efféctum. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 22 de marzo

1. Conmemoración de san Epafrodito, al que el apóstol san Pablo llama hermano, cooperador y compañero de los combates (s. I).
2. En Narbona, al sur de la Galia, en la vía Domitia, fuera de la ciudad, sepultura de san Pablo, obispo y mártir (s. III).
3. En Galacia, santos Calinico y Basilisa, mártires (s. inc.).
4. En Ancira, también en Galacia, san Basilio, presbítero y mártir, que, al ser designado emperador Constancio, resistió enérgicamente a los arrianos, y bajo el emperador Juliano rogó a Dios para que ningún cristiano se apartase de la fe, por lo cual, apresado y entregado al prefecto de la provincia, hubo de padecer mucho hasta consumar su martirio (362).
5. Conmemoración de santa Lea, viuda romana, cuyas virtudes y tránsito a Dios alabó san Jerónimo (c. 383).
6. En Osimo, del Piceno, en Italia, san Bienvenido Scotivoli, obispo, que, elegido por el papa Urbano IV para esta sede, trabajó por la paz entre los ciudadanos y, según el espíritu de los Hermanos Menores, quiso morir sobre tierra desnuda (1282).
7. En Londres, en Inglaterra, san Nicolás Owen, religioso de la Compañía de Jesús y mártir, que durante muchos años estableció escondites para reparo de sacerdotes, por lo cual, bajo el rey Jacobo I, fue encarcelado y cruelmente torturado en el potro hasta exhalar el espíritu, habiendo confesado gloriosamente a Cristo Señor (1606).
8*. En Anjou, en Francia, beato Francisco Chartier, presbítero y mártir, que durante la Revolución Francesa fue decapitado por ser sacerdote (1794).
9*. En el campo de concentración de Stutthof, cerca de Gdansk, en Polonia, beatos Mariano Górecki y Bronislao Komorowski, presbíteros y mártires, que, durante la ocupación militar por los seguidores de doctrinas hostiles a la religión, fueron fusilados en desprecio a la fe (1940).