jueves, 1 de febrero de 2018

Jueves 8 marzo 2018, Jueves de la III semana de Cuaresma, feria o san Juan de Dios, religioso, conmemoración.

SOBRE LITURGIA

ENCÍCLICA "SACERDOTALIS CAELIBATUS" (24-junio-1967)
BEATO PABLO VI

El espíritu del ministerio sacerdotal

76. Con la gracia y la paz en el corazón, el sacerdote afrontará con magnanimidad las múltiples obligaciones de su vida y de su ministerio, encontrando en ellas, si las ejercita con fe y con celo, nuevas ocasiones de demostrar su total pertenencia a Cristo y a su Cuerpo místico por la santificación propia y de los demás. La caridad de Cristo que lo impulsa (2Cor 5, 14), le ayudará no a cohibir los mejores sentimientos de su ánimo, sino a volverlos más altos y sublimes en espíritu de consagración, a imitación de Cristo, el sumo Sacerdote que participó íntimamente en la vida de los hombres y los amó y sufrió por ellos (Heb 4, 15); a semejanza del apóstol Pablo, que participaba de las preocupaciones de todos (1Cor 9, 22; 2Cor 11, 29), para irradiar en el mundo la luz y la fuerza del evangelio de la gracia de Dios (Hch 20, 24).

Defensa de los peligros

77. Justamente celoso de la propia e íntegra donación al Señor, sepa el sacerdote defenderse de aquellas inclinaciones del sentimiento que ponen en juego una afectividad no suficientemente iluminada y guiada por el espíritu, y guárdese bien de buscar justificaciones espirituales y apostólicas a las que, en realidad, son peligrosas propensiones del corazón.

Ascética viril

78. La vida sacerdotal exige una intensidad espiritual genuina y segura para vivir del Espíritu y para conformarse al Espíritu (Gál 5, 25); una ascética interior exterior verdaderamente viril en quien, perteneciendo con especial título a Cristo, tiene en él y por él crucificada la carne con sus concupiscencias y apetitos (Gál 5, 24), no dudando por esto de afrontar duras largas pruebas (cf. 1Cor9, 26-27). El ministro de Cristo podrá de este modo manifestar mejor al mundo los frutos del Espíritu, que son: «caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad» (Gál 5, 22-23).

La fraternidad sacerdotal

79. La castidad sacerdotal se incrementa, protege y defiende también con un género de vida, con un ambiente y con una actividad propias de un ministro de Dios; por lo que es necesario fomentar al máximo aquella «íntima fraternidad sacramental» [42], de la que todos los sacerdotes gozan en virtud de la sagrada ordenación. Nuestro Señor Jesucristo enseñó la urgencia del mandamiento nuevo de la caridad y dio un admirable ejemplo de esta virtud cuando instituía el sacramento de la eucaristía y del sacerdocio católico (Jn 13, 15 y 34-35), y rogó al Padre celestial para que el amor con que el Padre lo amó desde siempre estuviese en sus ministros y él en ellos (Jn 17, 26).

[42] Decr. Presbyter. ordinis, n. 8.

CALENDARIO

8 JUEVES DE LA III SEMANA DE CUARESMA, feria o SAN JUAN DE DIOS, religioso, conmemoración

Misa
de feria (morado).
MISAL: ants. y oracs. props. [para la conm.: 1ª orac. prop. y el resto de la feria], Pf. Cuaresma.
LECC.: vol. II.
La Cuaresma: Vigilar para no cerrarse a la salvación.
- Jer 7, 23-28. Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios.
- Sal 94. R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».
- Lc 11, 14-23. El que no está conmigo está contra mí.

Liturgia de las Horas: oficio de feria. Se puede hacer conmemoración del santo.

Martirologio: elogs. del 9 de marzo, pág. 198.
CALENDARIOS: Granada-ciudad y Hospitalarios de San Juan de Dios: San Juan de Dios, religioso (S).
Calasancias: San Faustino Míguez, presbítero (F). Getafe, Asidonia-Jerez y Escolapios: (conm.).
Pamplona y Tudela: San Veremundo de Irache, abad (conm.).
O. Cist.: San Esteban de Obazine, abad cisterciense (conm.).

TEXTOS MISA

Jueves de la III Semana de Cuaresma. Feria quinta. Hebdomada III Quadragesimae.
Antífona de entrada
Yo soy la salvación del pueblo -dice el Señor-. Cuando me llamen desde el peligro, yo les escucharé y seré para siempre su Señor.
Antiphona ad introitum
Salus pópuli ego sum, dicit Dóminus. De quacúmque tribulatióne clamáverint ad me, exáudiam eos, et ero illórum Dóminus in perpétuum.
Oración colecta
Convocamos humildemente, Señor, tu grandeza para que, a medida que se acerca la fiesta de nuestra salvación, vaya creciendo en intensidad nuestra entrega para celebrar dignamente el Misterio pascual. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Maiestátem tuam, Dómine, supplíciter implorámus, ut, quanto magis dies salutíferae festivitátis accédit, tanto devótius ad eius celebrándum proficiámus paschále mystérium. Per Dóminum.

En la conmemoración:
Elogio del martirologio
San Juan de Dios, religioso, nacido en Portugal, que después de una vida llena de peligros en la milicia humana, prestó ayuda con constante caridad a los necesitados y enfermos en un hospital fundado por él, y se asoció compañeros, con los cuales constituyó después la Orden de Hospitalarios de San Juan de Dios. En este día, en la ciudad de Granada, en España, pasó al eterno descanso (1550).

Oración colecta propia. El resto de la feria de Cuaresma.

8 de marzo
San Juan de Dios, religioso
Die 8 martii
S. Ioannis a Deo, religiosi
Oración colecta
Oh, Dios, que colmaste a san Juan de Dios de espíritu de misericordia, te pedimos que, practicando las obras de caridad, merezcamos encontrarnos entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui beátum Ioánnem misericórdiae spíritu perfudísti, da, quaesumus, ut, caritátis ópera exercéntes, inter eléctos in regno tuo inveníri mereámur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la III semana de Cuaresma (Lec. II).

PRIMERA LECTURA Jer 7, 23-28
Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios
Lectura del libro de Jeremías.

Esto dice el Señor:
«Esta fue la orden que di a mi pueblo:
“Escuchad mi voz, Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo os irá bien”.
Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón. Me dieron la espalda y no la cara.
Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso. Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres.
Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
“Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca”».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 94, 1-2. 6-7c. 7d-9 (R.: cf. 7d-8a)
R.
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón». Utinam hódie, vocem Dómini audiátis nolite obdurare corda vestra.

V. Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R.
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón». Utinam hódie, vocem Dómini audiátis nolite obdurare corda vestra.

V. Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R.
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón». Utinam hódie, vocem Dómini audiátis nolite obdurare corda vestra.

V. Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R.
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón». Utinam hódie, vocem Dómini audiátis nolite obdurare corda vestra.

Versículo antes del Evangelio Cf. Jl 2, 12-13
Ahora –dice el Señor–, convertíos a mí de todo corazón, porque soy compasivo y misericordioso.
Nunc ergo, dicit Dóminus, convertímini ad me in toto corde vestro, quia benígnus et miséricors sum.

EVANGELIO Lc 11, 14-23
El que no está conmigo está contra mí
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.
Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.
El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Catecismo de la Iglesia Católica
385 Dios es infinitamente bueno y todas sus obras son buenas. Sin embargo, nadie escapa a la experiencia del sufrimiento, de los males en la naturaleza - que aparecen como ligados a los límites propios de las criaturas - , y sobre todo a la cuestión del mal moral. ¿De dónde viene el mal? "Quaerebam unde malum et non erat exitus" ("Buscaba el origen del mal y no encontraba solución") dice S. Agustín (conf. 7, 7. 11), y su propia búsqueda dolorosa sólo encontrará salida en su conversión al Dios vivo. Porque "el misterio de la iniquidad" (2 Ts 2, 7) sólo se esclarece a la luz del "Misterio de la piedad" (1 Tm 3, 16). La revelación del amor divino en Cristo ha manifestado a la vez la extensión del mal y la sobreabundancia de la gracia (cf. Rm 5, 20). Debemos, por tanto, examinar la cuestión del origen del mal fijando la mirada de nuestra fe en el que es su único Vencedor (cf. Lc 11, 21-22; Jn 16, 11; 1 Jn 3, 8).

Oración de los fieles
106. Oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre, para que, desde el trono de su gloria, escuche las oraciones de su pueblo penitente.
- Por la santa Iglesia de Dios:para que el poder de la cruz salvadora y la fuerza de la resurrección de Jesucristo la purifique de todas sus faltas, le conceda el don de la unidad y el gozo de la renovación pascual. Roguemos al Señor.
- Por la tierra y sus habitantes, por los que trabajan y los que estudian, por nosotros y por todos los hombres: para que Dios nos enriquezca con sus dones. Roguemos al Señor.
- Por los que no han podido venir a a nuestra celebración: para que estén presentes con el espíritu y obtengan también ellos los bienes de Dios. Roguemos al Señor.
- Por cuantos celebramos la Cuaresma con fe y devoción: para que lleguemos a las fiestas pascuales iluminados por el Espíritu Santo y limpios de todo pecado. Roguemos al Señor.
Escucha, Dios eterno, nuestras súplicas y perdona nuestros pecados: para que gocemos siempre de tu perdón y de tu paz. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Señor, preserva de toda maldad a tu pueblo, para que sus ofrendas sean gratas a tus ojos, y no permitas entregarse a los falsos placeres a quien prometes alcanzar los premios de tu verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Ut tibi grata sint, Dómine, múnera pópuli tui, ab omni, quaesumus, eum contágio perversitátis emúnda, nec falsis gáudiis inhaerére patiáris, quem ad veritátis tuae praemia veníre promíttis. Per Christum.
PREFACIO III DE CUARESMA
Los frutos de la abstinencia
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Tú has querido que te diésemos gracias mediante la abstinencia, para que nosotros pecadores, dominásemos con ella nuestro orgullo e imitásemos tu generosidad, dando de comer a los necesitados.
Por eso, con los innumerables ángeles, proclamamos tu grandeza y te alabamos con una sola voz:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO III DE QUADRAGESIMA
De fructibus abstinentiae
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Qui nos per abstinéntiam tibi grátias reférre voluísti, ut ipsa et nos peccatóres ab insoléntia mitigáret, et, egéntium profíciens aliménto, imitatóres tuae benignitátis effíceret.
Et ídeo, cum innúmeris Angelis, una te magnificámus laudis voce dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de comunión Sal 118, 4-5
Tú promulgas tus mandatos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino para cumplir tus decretos.
Antiphona ad communionem Ps 118, 4-5
Tu mandásti mandáta tua custodíri nimis: útinam dirigántur viae meae ad custodiéndas iustificatiónes tuas.
Oración después de la comunión
Presta benigno tu ayuda, Señor, a quienes alimentas con tus sacramentos para que consigamos tu salvación en la celebración de estos misterios y en la vida cotidiana. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Quos réficis, Dómine, sacraméntis, attólle benígnus auxíliis, ut tuae salvatiónis efféctum et mystériis capiámus et móribus. Per Christum.
Oración sobre el pueblo
Se puede añadir ad libitum
Confiados en tu misericordia, imploramos, Señor, tu clemencia, pues, así como hemos recibido de ti lo que somos, por tu gracia, procuremos desear el bien y poner en práctica lo deseado. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oratio super populum (ad libitum adhibenda)
Cleméntiam tuam implorámus, Dómine, in misericórdia tua confidéntes, ut, sicut nos ex te habémus esse quod sumus, sic per grátiam tuam et bene velle sumámus et bonum posse quod vólumus. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 9 de marzo
S
anta Francisca, religiosa
, que casada aún adolescente, vivió cuarenta años en matrimonio, siendo excelente esposa y madre de familia, admirable por su piedad, humildad y paciencia. En tiempos calamitosos distribuyó sus bienes entre los pobres, asistió a los atribulados y, al quedar viuda, se retiró a vivir entre las oblatas que ella había reunido bajo la Regla de san Benito, en Roma (1440).
2. En Sebaste, en Armenia, pasión de los santos cuarenta soldados de Capadocia, que, en tiempo del emperador Licinio, se mostraron compañeros no por razón de sangre, sino por la fe común y la obediencia a la voluntad del Padre celestial. Tras cárceles y crueles tormentos, como pernoctar desnudos al aire libre sobre un estanque helado en el tiempo más frío del invierno, consumaron el martirio con el quebrantamiento de sus piernas (320).
3. En Barcelona, en la Hispania Tarraconense, san Paciano, obispo, que, exponiendo su fe, manifestaba que “cristiano” era su nombre y “católico” su apellido (390).
4*. En el lugar de Rapolla, en la Lucania, san Vital de Castronovo, monje (993).
5. En Moravia oriental, san Bruno, obispo de Querfurt y mártir, el cual, cuando acompañaba a Italia al emperador Otón III, movido por la autoridad de san Romualdo abrazó la disciplina monástica, recibiendo el nombre de Bonifacio. Vuelto a Alemania y creado obispo por el papa Juan X, durante una expedición apostólica fue despedazado, junto con dieciocho compañeros, por unos idólatras (1009).
6. En Bolonia, en la provincia de la Emilia, santa Catalina, virgen de la Orden de Santa Clara, la cual, notable por sus dotes naturales, fue más ilustre por sus virtudes místicas y por la vida de penitencia y humildad, siendo guía de vírgenes consagradas (1463).
7. En Mondonio, en el Piamonte, santo Domingo Savio, que, dulce y jovial desde la infancia, todavía adolescente consumó con paso ligero el camino de la perfección cristiana (1857).
8. En la aldea de Nei-Co-Ri, en Corea, santos Pedro Ch’oe Hyong y Juan Bautista Chon Chang-un, mártires, los cuales, siendo padres de familia, se distinguieron por administrar el bautismo y publicar libros cristianos, razón por la que fueron entregados al suplicio, manteniéndose tan constantes en la fe que causaron la admiración de sus perseguidores (1866).