domingo, 18 de febrero de 2018

Domingo 25 marzo 2018, Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, ciclo B.

SOBRE LITURGIA

DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

La Semana Santa

138. "Durante la Semana Santa la Iglesia celebra los misterios de la salvación actuados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por su entrada mesiánica en Jerusalén".

Es muy intensa la participación del pueblo en los ritos de la Semana Santa. Algunos muestran todavía señales de su origen en el ámbito de la piedad popular. Sin embargo ha sucedido que, a lo largo de los siglos, se ha producido en los ritos de la Semana Santa una especie de paralelismo celebrativo, por lo cual se dan prácticamente dos ciclos con planteamiento diverso: uno rigurosamente litúrgico, otro caracterizado por ejercicios de piedad específicos, sobre todo las procesiones.

Esta diferencia se debería reconducir a una correcta armonización entre las celebraciones litúrgicas y los ejercicios de piedad. En relación con la Semana Santa, el amor y el cuidado de las manifestaciones de piedad tradicionalmente estimadas por el pueblo debe llevar necesariamente a valorar las acciones litúrgicas, sostenidas ciertamente por los actos de piedad popular.

Domingo de Ramos

Las palmas y los ramos de olivo o de otros árboles

139. "La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos "de la Pasión del Señor", que comprende a la vez el triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión".

La procesión que conmemora la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén tiene un carácter festivo y popular. A los fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión.

Sin embargo es preciso instruir a los fieles sobre el significado de la celebración, para que entiendan su sentido. Será oportuno, por ejemplo, insistir en que lo verdaderamente importante es participar en la procesión y no simplemente procurarse una palma o ramo de olivo; que estos no se conserven como si fueran amuletos, con un fin curativo o para mantener alejados a los malos espíritus y evitar así, en las casas y los campos, los daños que causan, lo cual podría ser una forma de superstición.

La palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual.

CALENDARIO

25 + DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR


Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, cuando nuestro Señor Jesucristo, como indica la profecía de Zacarías, entró en Jerusalén sentado sobre un pollino de borrica, y a su encuentro salió la multitud con ramos de olivos (elog. del Martirologio Romano).

Misa del Domingo (rojo).
MISAL: ants. y oracs. props., sin Gl., Cr., Pf. prop. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. I (B).
Procesión:
- Mt 21, 1-10. Bendito el que viene en nombre del Señor.
o bien: Jn 12, 12-16. Bendito el que viene en nombre del Señor.
Misa:
- Is 50, 4-7. No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado (tercer cántico del Siervo del Señor).
- Sal 21. R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
- Flp 2, 6-11. Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo.
- Mc 14, 1 — 15, 47. Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

Conmemoramos hoy la sagrada entrada de Jesús en Jerusalén, montado sobre un borrico. Con este acto de humildad, nos muestra así el camino de su rebajamiento que le llevará hasta la muerte, una muerte en la cruz (2 lect.). Así mostró al género humano el ejemplo de una vida sumisa a la voluntad de Dios (cf. 1.a orac). Se lee hoy la Pasión según san Marcos, cuyo tema central es el de Jesús como Hijo de Dios, el Siervo de Dios mártir, vaticinado por Isaías (cf. 1 lect.), que muere en la cruz. Este sacrificio se actualiza en la eucaristía, en la que hoy pedimos la misericordia que no merecen nuestros pecados.

* En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para consumar su Misterio pascual. Por esta razón, en todas las misas se hace memoria de la entrada del Señor en la ciudad santa; esta memoria se hace o bien por la procesión o entrada solemne antes de la misa principal, o bien por la entrada simple antes de las restantes misas. La entrada solemne, no así la procesión, puede repetirse antes de aquellas misas que se celebran con gran asistencia de fieles. Cuando no se pueda hacer ni la procesión ni la entrada solemne, es conveniente que se haga una celebración de la palabra de Dios con relación a la entrada mesiánica y a la pasión del Señor, ya sea el sábado al atardecer, ya sea el domingo a la hora más oportuna.
* Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.
* La solemnidad de la Anunciación del Señor se traslada al día 9 de abril, lunes después del II domingo de Pascua (cf. NUALC nn. 5 y 56).

Liturgia de las Horas: oficio dominical. No se dice Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 26 de marzo, pág. 224.

Celebración penitencial: Es muy conveniente que el tiempo de la Cuaresma termine, tanto para cada uno de los fieles como para toda la comunidad cristiana, con alguna celebración penitencial que prepare a una más plena participación en el Misterio pascual (Carta circular sobre las fiestas pascuales, n. 37).

CALENDARIOS: Cádiz y Ceuta: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Antonio Ceballos Atienza, obispo, emérito (1988).
Segorbe-Castellón: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Casimiro López Llorente, obispo (2001).

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, cuando nuestro Señor Jesucristo, como indica la profecía de Zacarías, entró en Jerusalén sentado sobre un pollino de borrica, y a su encuentro salió la multitud con ramos de olivos.

SEMANA SANTA. DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR HEBDOMADA SANCTA. DOMINICA IN PALMIS DE PASSIONE DOMINI
1. En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo, el Señor, en Jerusalén para consumar su Misterio pascual. Por esta razón, en todas las misas se hace memoria de la entrada del Señor en la ciudad santa; esta memoria se hace o bien por la procesión o entrada solemne antes de la misa principal, o bien por la entrada simple antes de las restantes misas. La entrada solemne, no así la procesión, puede repetirse antes de aquellas misas que se celebran con gran asistencia de fieles.
Cuando no se pueda hacer ni la procesión ni la entrada solemne, es conveniente que se haga una celebración de la palabra de Dios con relación a la entrada mesiánica y a la pasión del Señor, ya sea el sábado al atardecer, ya sea el domingo a la hora más oportuna.
1. Hac die Ecclesia recolit ingressum Christi Domini in Ierusalem ad consummandum suum paschale mysterium. Quare in omnibus Missis memoria fit huiusmodi ingressus Domini, et quidem per processionem vel introitum sollemnem ante Missam principalem, per introitum simplicem ante alias Missas. Introitus tamen sollemnis, non vero processio, iterari potest ante unam alteramve Missam, quae cum magno populi concursu celebrari solet.
Expedit ut, ubi nec processio nec introitus sollemnis fieri potest, habeatur sacra verbi Dei celebratio de ingressu messianico et de Passione Domini vel sabbato horis vespertinis vel die dominica, hora opportuniore.

Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén.
Forma primera: Procesión
Commemoratio ingressus Domini in Ierusalem
Forma prima: Processio
2. A la hora señalada se reúnen todos en una iglesia menor o en otro lugar apto fuera de la iglesia a la que se va a ir en procesión. Los fieles tienen en sus manos los ramos. 2. Hora competenti fit collecta in ecclesia minore vel alio loco apto extra ecclesiam, ad quam processio tendit. Fideles ramos in manibus tenent.
3. El sacerdote y el diácono, revestidos con las vestiduras rojas que se requieren para la celebración de la misa, se dirigen al lugar donde se ha congregado el pueblo. El sacerdote, en lugar de casulla, puede llevar capa pluvial, que se quitará una vez acabada la procesión. 3. Sacerdos et diaconus, induti sacris vestibus coloris rubri pro Missa requisitis, comitantibus aliis ministris accedunt ad locum, ubi populus est congregatus. Sacerdos, loco casulae, induere potest pluviale, quod deponit expleta processione casulam assumens.
4. Mientras los ministros llegan al lugar de la reunión, se canta la siguiente antífona u otro canto apropiado:
Antífona Cf. Mt 21, 9
Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. Hosanna en el cielo.
4. Interim cantatur sequens antiphona vel alius cantus congruus. Ant. Mt 21, 9
5. El sacerdote y el pueblo se signan, mientras el sacerdote dice: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Después saluda al pueblo como de costumbre, y hace una breve monición, en la que invita a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de este día, con estas palabras u otras semejantes:
Queridos hermanos: Ya desde el principio de la Cuaresma nos venimos preparando con obras de penitencia y caridad. Hoy nos disponemos a inaugurar, en comunión con toda la Iglesia, la celebración anual del Misterio pascual de la pasión y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo quien, para llevarlo a cabo, hizo la entrada en la ciudad santa de Jerusalén.
Por este motivo, recordando con fe y devoción esta entrada salvadora, acompañemos al Señor para que, participando de su cruz por la gracia, merezcamos un día tener parte en su resurrección y vida.
5. Tunc sacerdos et fideles signant se, dum sacerdos dicit: In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Postea populum de more salutat; ac fit brevis monitio, qua fideles ad celebrationem huius diei actuose et conscie participandam invitantur, his vel similibus verbis:
Fratres caríssimi, postquam iam ab inítio Quadragésimae corda nostra paeniténtia et opéribus caritátis praeparávimus, hodiérna die congregámur, ut cum tota Ecclésia praeludámus paschále Dómini nostri mystérium, eius nempe passiónem atque resurrectiónem, ad quod impléndum ipse ingréssus est civitátem suam Ierúsalem. Quare cum omni fide et devotióne memóriam agéntes huius salutíferi ingréssus, sequámur Dóminum, ut, per grátiam consórtes effécti crucis, partem habeámus resurrectiónis et vitae.
6. Después de la monición, el sacerdote dice una de las siguientes oraciones, con las manos juntas:
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, santifica con tu + bendición estos ramos, y, a cuantos vamos a acompañar a Cristo Rey aclamándolo con cantos, concédenos, por medio de él, entrar en la Jerusalén del cielo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
O bien:
Aumenta, oh Dios, la fe de los que esperan en ti y escucha las plegarias de los que te invocan, para que, al levantar hoy los ramos en honor de Cristo vencedor, seamos portadores, apoyados en él, del fruto de las buenas obras. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
A continuación asperja con agua bendita los ramos sin decir nada.
6. Post monitionem, sacerdos dicit unam ex sequentibus orationibus, manibus extensis.
Orémus.
Omnípotens sempitérne Deus, hos pálmites tua benedictióne + sanctífica, ut nos, qui Christum Regem exsultándo proséquimur, per ipsum valeámus ad aetérnam Ierúsalem perveníre. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
R. Amen.
Vel:
Auge fidem in te sperántium, Deus, et súpplicum preces cleménter exáudi, ut, qui hódie Christo triumphánti pálmites exhibémus, in ipso fructus tibi bonórum óperum afferámus. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
R. Amen
Et aspergit ramos aqua benedicta, nihil dicens.
7. Seguidamente, el diácono, o en su defecto, el sacerdote proclama, en la forma habitual, el evangelio de la entrada del Señor, según uno de los cuatro Evangelios. puede utilizarse incienso, si se juzga oportuno.

Año B:
EVANGELIO (opción 1) Mc 11, 1-10
Bendito el que viene en nombre del Señor
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
R. Gloria a ti, Señor.

Cuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles:
«Id a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: “El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto”».
Fueron y encontraron el pollino en la calle atado a una puerta;
y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron:
«¿Qué hacéis desatando el pollino?».
Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron.
Llevaron el pollino, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás, gritaban:
«¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!».


Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

EVANGELIO (opción 2) Jn 12, 12-16
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, la gran multitud de gente que había venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramos de palmeras y salieron a su encuentro gritando:
«Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel!».
Encontrando Jesús un pollino montó sobre él, como está escrito:
«No temas, hija de Sion; he aquí que viene tu Rey, sentado
sobre un pollino de asna».
Estas cosas no las comprendieron sus discípulos al principio, pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que esto estaba escrito acerca de él y que así lo habían hecho para con él.


Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.
7. Tunc diaconus, vel, ipso deficiente, sacerdos proclamat, more consueto, Evangelium de ingressu Domini secundum unum ex quattuor Evangeliis. Pro opportunitate incensum adhiberi potest.
"Benedictus qui venit in nomine Domini"

Anno B:
Benedictus qui venit in nomine Domini
+ Lectio sancti Evangélii secúndum Marcum 11, 1-10
R. Gloria tibi, Domine.

Cum appropinquárent Hierosólymæ, Béthphage et Bethániæ ad montem Olivárum, mittit Iesus duos ex discípulis suis et ait illis: «Ite in castéllum, quod est contra vos, et statim introeúntes illud inveniétis pullum ligátum, super quem nemo adhuc hóminum sedit; sólvite illum et addúcite. Et si quis vobis díxerit: «Quid fácitis hoc?», dícite: «Dómino necessárius est», et contínuo illum remíttit íterum huc».
Et abeúntes invenérunt pullum ligátum ante iánuam foris in bívio et solvunt eum. Et quidam de illic stántibus dicébant illis: «Quid fácitis solvéntes pullum?». Qui dixérunt eis, sicut díxerat Iesus; et dimisérunt eis.
Et ducunt pullum ad Iesum et impónunt illi vestiménta sua; et sedit super eum. Et multi vestiménta sua stravérunt in via, álii autem frondes, quas excíderant in agris. Et qui præíbant et qui sequebántur, clamábant: «Hosánna! Benedíctus, qui venit in nómine Dómini! Benedíctum, quod venit regnum patris nostri David! Hosánna in excélsis!».

Verbum Dómini.
R. Laus tibi, Christe.

Vel:
+ Léctio sancti Evangélii secúndum Ioánnem 12, 12-16
R. Gloria tibi, Domine.

In illo témpore:
Turba multa, quae vénerat ad diem festum, cum audíssent quia venit Iesus Hierosólymam, accepérunt ramos palmárum et processérunt óbviam ei et clamábant:
"Hosánna!
Benedíctus, qui venit in nómine Dómini, et rex Israel!".
Invénit autem Iesus aséllum et sedit super eum, sicut scriptum est: "Noli timére, fília Sion. Ecce rex tuus venit sedens super pullum ásinae".
Haec non cognovérunt discípuli eius primum, sed quando glorificátus est Iesus, tunc recordáti sunt quia haec erant scripta de eo, et haec fecérunt ei.

Verbum Dómini.
R. Laus tibi, Christe.
8. Después del evangelio, se puede hacer una breve homilía. Antes de comenzar la procesión, el sacerdote, el diácono o un ministro laico, dice con estas u otras palabras:
Queridos hermanos, imitemos a la muchedumbre que aclamaba a Jesús, y vayamos en paz.

O bien:
Vayamos en paz.
En este caso todos responden:
En el nombre de Cristo. Amén.
8. Post Evangelium, haberi potest brevis homilia. Ad inchoandam autem processionem, fieri potest a sacerdote vel a diacono vel a ministro laico monitio, his vel similibus verbis expressa:
Imitémur, fratres caríssimi, turbas acclamántes Iesum, et procedámus in pace.
9. Y comienza la procesión hacia la iglesia donde se va a celebrar la misa. Si se emplea el incienso, va delante el turiferario con el incensario humeante, seguidamente el acólito u otro ministro que porta la cruz adornada con ramos o palmas según las costumbres del lugar, en medio de dos ministros con velas encendidas. A continuación, el diácono llevando el libro de los Evangelios, el sacerdote con los ministros y, detrás de ellos, los fieles, que llevan los ramos en las manos.
Durante la procesión, los cantores, junto con el pueblo, cantan los siguientes cantos u otros apropiados en honor de Cristo Rey:
Antífona 1
Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor, aclamando: Hosanna en el cielo.
Esta antífona se puede repetir entre los versículos de este salmo.
Salmo 23
Del Señor es la tierra y cuanto la llena, / el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares, / él la afianzó sobre los ríos. [R]
¿Quién puede subir al monte del Señor? / ¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes /
y puro corazón, que no confía en los ídolos / ni jura contra el prójimo en falso. [R]
Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación.
Ésta es la generación que busca al Señor, que busca tu rostro, Dios de Jacob. [R]
¡Portones!, alzad los dinteles, /
que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria. / ¿Quién ese Rey de la gloria? El Señor, héroe valeroso, / el Señor valeroso en la batalla. [R]
¡Portones!, alzad los dinteles, / que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios del universo:
él es el Rey de la gloria. [R]
Antífona 2
Los niños hebreos extendían mantos por el camino y aclamaban: Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor.
Esta antífona se puede repetir entre los versículos de este salmo.
Salmo 46
Pueblos todos, batid palmas, /
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible, / emperador de toda la tierra. [R]
Él nos somete los pueblos / y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya: / gloria de Jacob, su amado.
Dios asciende entre aclamaciones; / el Señor, al son de trompetas: [R]
tocad para Dios, tocad, / tocad para nuestro Rey, tocad.
Porque Dios es el rey del mundo: / tocad con maestría. [R]
Dios reina sobre las naciones, / Dios se sienta en su trono sagrado.
Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abrahán; porque de Dios son los grandes de la tierra, / y él es excelso. [R]
Himno a Cristo Rey
Pueblo:
¡Gloria, alabanza y honor!
¡Gritad Hosanna,
y haceos como los niños hebreos
al paso del Redentor!
¡Gloria y honor al que viene en el nombre del Señor!
Cantores:
1. Como Jerusalén con su traje festivo, vestida de palmeras, coronada de olivos, viene la cristiandad en son de romería
a inaugurar tu Pascua con himnos de alegría. R.
2. Ibas como va el sol a un ocaso de gloria; cantaban ya tu muerte al cantar tu victoria; Pero tú eres el Rey, el Señor, el Dios Fuerte,
la Vida que renace del fondo de la Muerte. R.
3. Tú, que amas a Israel y bendices sus cantos, complácete en nosotros, el pueblo de los santos;
Dios de toda bondad que acoges en tu seno cuanto hay entre los hombres sencillamente bueno. R.
9. Et incipit, more solito, processio ad ecclesiam, ubi celebrabitur Missa. Praecedit, si thus adhibetur, thuriferarius cum thuribulo fumigante, deinde acolythus vel alius minister deferens crucem, ramis palmarum ornatam iuxta locorum consuetudines, medius inter duos ministros cum candelis accensis. Sequuntur diaconus, librum Evangeliorum deferens, sacerdos cum ministris, et, post eos, fideles omnes, ramos gestantes. Progrediente processione, cantantur a schola et populo cantus sequentes, vel alii cantus apti in honorem Christi Regis.
Antiphona 1
Púeri Hebraeórum, portántes ramos olivárum, obviavérunt Dómino, clamántes et dicéntes: Hosánna in excélsis.
Quae pro opportunitate repetitur inter strophas huius psalmi.
Psalmus 23
Dómini est terra et plenitúdo eius, * orbis terrárum et qui hábitant in eo.
Quia ipse super mária fundávit eum * et super flúmina firmávit eum.
(Repetitur antiphona)
Quis ascéndet in montem Dómini, * aut quis stabit in loco sancto eius?
Innocens mánibus et mundo corde, qui non levávit ad vana ánimam suam, * nec iurávit in dolum.
(Repetitur antiphona)
Hic accípiet benedictiónem a Dómino * et iustificatiónem a Deo salutári suo.
Haec est generátio quaeréntium eum, * quaeréntium fáciem Dei Iacob.
(Repetitur antiphona)
Attóllite, portae, cápita vestra, et elevámini, portae aeternáles, * et introíbit rex glóriae.
Quis est iste rex glóriae? * Dóminus fortis et potens, Dóminus potens in proelio.
(Repetitur antiphona)
Attóllite, portae, cápita vestra, et elevámini, portae aeternáles, * et introíbit rex glóriae.
Quis est iste rex glóriae? * Dóminus virtútum ipse est rex glóriae.
(Repetitur antiphona)
Antiphona 2
Púeri Hebraeórum vestiménta prosternébant in via, et clamábant dicéntes: Hosánna fílio David; benedíctus, qui venit in nómine Dómini.
Quae pro opportunitate repetitur inter strophas huius psalmi.
Psalmus 46
Omnes gentes, pláudite mánibus, * iubiláte Deo in voce exsultatiónis,
quóniam Dóminus Altíssimus, terríbilis, * rex magnus super omnem terram.
(Repetitur antiphona)
Subiécit pópulos nobis, * et gentes sub pédibus nostris.
Elégit nobis hereditátem nostram, * glóriam Iacob, quem diléxit.
Ascéndit Deus in iúbilo, * et Dóminus in voce tubae.
(Repetitur antiphona)
Psállite Deo, psállite; * psállite regi nostro, psállite.
Quóniam rex omnis terrae Deus, * psállite sapiénter.
(Repetitur antiphona)
Regnávit Deus super gentes, * Deus sedet super sedem sanctam suam.
Príncipes populórum congregáti sunt cum pópulo Dei Abraham, quóniam Dei sunt scuta terrae: * veheménter elevátus est.
(Repetitur antiphona)
Hymnus ad Christum Regem
Chorus:
Glória, laus et honor tibi sit, rex Christe redémptor, cui pueríle decus prompsit Hosánna pium.
Omnes repetunt:
Glória, laus et honor tibi sit, rex Christe redémptor, cui pueríle decus prompsit Hosánna pium.
Chorus:
Israel es tu rex, Dávidis et ínclita proles, nómine qui in Dómini, rex benedícte, venis.
Omnes repetunt:
Glória, laus et honor tibi sit, rex Christe redémptor, cui pueríle decus prompsit Hosánna pium.
Chorus:
Cotus in excélsis te laudat caelicus omnis, et mortális homo, et cuncta creáta simul.
Omnes repetunt:
Glória, laus et honor tibi sit, rex Christe redémptor, cui pueríle decus prompsit Hosánna pium.
Chorus:
Plebs Hebraea tibi cum palmis óbvia venit; cum prece, voto, hymnis, ádsumus ecce tibi.
Omnes repetunt:
Glória, laus et honor tibi sit, rex Christe redémptor, cui pueríle decus prompsit Hosánna pium.
Chorus:
Hi tibi passúro solvébant múnia laudis; nos tibi regnánti pángimus ecce melos.
Omnes repetunt:
Glória, laus et honor tibi sit, rex Christe redémptor, cui pueríle decus prompsit Hosánna pium.
Chorus:
Hi placuére tibi, pláceat devótio nostra: rex bone, rex clemens, cui bona cuncta placent.
Omnes repetunt:
Glória, laus et honor tibi sit, rex Christe redémptor, cui pueríle decus prompsit Hosánna pium.
10. Al entrar la procesión en la iglesia se canta el siguiente responsorio u otro canto que haga alusión a la entrada del Señor:
V. Al entrar el Señor en la ciudad santa, los niños hebreos profetizaban la resurrección de Cristo, proclamando, con ramos de palmas: «Hosanna en el cielo».
R. Hosanna en el cielo.
V. Como el pueblo oyese que Jesús llegaba a Jerusalén, salió a su encuentro, proclamando con ramos de palmas: «Hosanna en el cielo».
R. Hosanna en el cielo.
10. Intrante processione in ecclesiam, cantatur sequens responsorium, vel alius cantus, qui loquatur de ingressu Domini.
R. Ingrediénte Dómino in sanctam civitátem, Hebraeórum púeri, resurrectiónem vitae pronuntiántes, * Cum ramis palmárum: Hosánna, clamábant, in excélsis.
V. Cum audísset pópulus, quod Iesus veníret Hierosólymam, exiérunt óbviam ei. * Cum ramis.
11. El sacerdote, al llegar al altar, lo venera y, silo juzga oportuno, lo inciensa. Después va a la sede, se quita la capa pluvial si la ha usado, y se pone la casulla y, omitidos los demás ritos iniciales de la misa y, según la oportunidad, el Señor ten piedad, dice la oración colecta de la misa y continúa como de costumbre. 11. Sacerdos, cum ad altare pervenerit, illud veneratur et, pro opportunitate, incensat. Deinde pergit ad sedem ubi dimittit pluviale, si illud adhibuit, et assumit casulam. Omissis aliis ritibus initialibus Missae, et, pro opportunitate, Kyrie, dicit collectam Missae, quae deinde prosequitur more solito.

Forma segunda: Entrada solemneForma secunda: Introitus sollemnis
12. Cuando no es posible hacer la procesión fuera de la iglesia, la entrada del Señor se celebra dentro de la iglesia, por medio de una entrada solemne antes de la misa principal.12. Ubi processio extra ecclesiam fieri nequit, ingressus Domini celebratur intra ecclesiam per introitum sollemnem ante Missam principalem.
13. Los fieles se reúnen o en la puerta de la iglesia o en la misma iglesia, teniendo los ramos en las manos. El sacerdote, los ministros y una representación de fieles se dirigen a un lugar apto de la iglesia, fuera del presbiterio, donde por la mayor parte de los fieles pueda ver el rito.13. Fideles congregantur vel ante portam ecclesiae vel in ipsa ecclesia, ramos in manibus tenentes. Sacerdos et ministri et aliqua deputatio fidelium accedunt ad locum aptum ecclesiae, extra presbyterium, ubi saltem maior pars fidelium ritum conspicere possit.
14. Mientras el sacerdote se dirige al lugar indicado, se canta la antífona: Hosanna u otro canto adecuado. En este lugar se bendicen los ramos y se proclama el evangelio de la entrada del Señor en Jerusalén, como se ha indicado más arriba (nn. 5-7). Después del evangelio, el sacerdote con los ministros y algunos fieles se dirigen al presbiterio por la iglesia; mientras tanto se canta el responsorio: Al entrar el Señor (n. 10), u otro canto apto.14. Dum sacerdos ad locum dictum accedit, cantatur antiphona Hosánna vel alius cantus idoneus. Fit deinde benedictio ramorum et proclamatio Evangelii ingressus Domini in Ierusalem, ut supra (nn. 5- 7). Post Evangelium sacerdos procedit sollemniter cum ministris et deputatione fidelium per ecclesiam ad presbyterium, dum cantatur responsorium Ingrediénte Dómino (n. 10) vel alius cantus aptus.
15. Cuando ha llegado al altar, el sacerdote lo venera, después va a la sede, y, omitiendo los ritos iniciales de la misa y, según la oportunidad, el Señor ten piedad, dice la oración colecta. Después la misa continúa como de costumbre.15. Cum autem ad altare pervenerit, sacerdos illud veneratur. Deinde pergit ad sedem et, omissis ritibus initialibus Missae, et, pro opportunitate, Kyrie, dicit collectam Missae, quae deinde prosequitur more solito.

Forma tercera: Entrada simple Forma tertia: Introitus simplex
16. En las restantes misas de este domingo en las que no se hace la entrada solemne, se hace memoria de la entrada del Señor en Jerusalén como entrada simple. 16. In omnibus aliis Missis huius dominicae in quibus non habetur introitus sollemnis, fit memoria ingressus Domini in Ierusalem per introitum simplicem.
17. Mientras el sacerdote se dirige al altar, se canta la antífona de entrada con el salmo (n. 18), u otro canto que haga alusión a la entrada del Señor. El sacerdote, llegado al altar, lo venera y se dirige a la sede. Después de hacer la señal de la cruz, saluda al pueblo y la misa prosigue como de costumbre.
En otras misas, en las que no es posible cantar una antífona de entrada, el sacerdote, inmediatamente después de llegar al altar y venerarlo, saluda al pueblo, lee la antífona de entrada y prosigue la misa como de costumbre.
17. Dum sacerdos pergit ad altare, cantatur antiphona ad introitum cum psalmo (n. 18) vel alius cantus de eodem argumento. Sacerdos, postquam ad altare pervenerit, illud veneratur et pergit ad sedem. Post crucis signum salutat popu um; deinde Missam pro sequitur more solito. In aliis Missis, in quibus fieri non potest cantus ad introitum, sacerdos, statim ac ad altare pervenerit et illud est veneratus, salutat populum, legit antiphonam ad introitum et Missam prosequitur more solito.
18. Antífona de entrada Cf. Jn 12, 1. 12, 12-13; Sal 23, 9-10
Seis días antes de la solemnidad de la Pascua, cuando Jesús iba a la ciudad de Jerusalén, salieron a su encuentro los niños: en las manos tomaron ramos y aclamaban gritando:
Hosanna en las alturas:
Bendito tú que viniste
con abundante misericordia.
Portones, alzad los dinteles,
que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios del universo,
él es el Rey de la gloria.
Hosanna en las alturas:
Bendito tú que viniste
con abundante misericordia.
18. Antiphona ad introitum Cf. Jn 12, 1. 12, 12-13; Ps 23, 9-10
Ante sex dies sollémnis Paschae, quando venit Dóminus in civitátem Ierúsalem, occurrérunt ei púeri: et in mánibus portábant ramos palmárum et clamábant voce magna, dicéntes: * Hosánna in excélsis:
Benedíctus, qui venísti in multitúdine misericórdiae tuae. Attóllite, portae, cápita vestra, et elevámini, portae aeternáles, et introíbit rex glóriae. Quis est iste rex glóriae? Dóminus virtútum ipse est rex glóriae. * Hosánna in excélsis: Benedíctus, qui venísti in multitúdine misericórdiae tuae.

MISA AD MISSAM
19. Después de la procesión o de la entrada solemne, el sacerdote comienza la misa con la oración colecta. 19. Post processionem vel introitum sollemnem sacerdos Missam incipit a collecta.
20. Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que hiciste que nuestro Salvador se encamase y soportara la cruz para que imitemos su ejemplo de humildad, concédenos, propicio, aprender las enseñanzas de la pasión y participar de la resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo.
20. Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, qui humáno géneri, ad imitándum humilitátis exémplum, Salvatórem nostrum carnem súmere, et crucem subíre fecísti, concéde propítius, ut et patiéntiae ipsíus habére documénta et resurrectiónis consórtia mereámur. Qui tecum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Domingo de Ramos, ciclo B (Lec. I B).
La Misa de este domingo tiene tres lecturas, y es muy recomendable que se lean las tres, a no ser que algún motivo pastoral aconseje lo contrario.
Dada la importancia de la lectura de la historia de la Pasión del Señor, el sacerdote, si es necesario por la índole de la asamblea, podrá decidir que se lea una sola de las dos lecturas que preceden al Evangelio, o inclusive que se ea únicamente la historia de la Pasión, incluso en su forma breve.
Estas normas solo pueden aplicarse en las Misas celebradas con participación del pueblo.

PRIMERA LECTURA Is 50, 4-7
No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado
(Tercer cántico del Siervo del Señor)
Lectura del libro de Isaías

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo;
para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los discípulos.
El Señor Dios me abrió el oído;
yo no resistí ni me eché atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba;
no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.
El Señor Dios me ayuda,
por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 (R.: 2ab)
R.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Deus, Deus meus, quare me dereliquísti?

V. Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere». R.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Deus, Deus meus, quare me dereliquísti?

V. Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Deus, Deus meus, quare me dereliquísti?

V. Se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Deus, Deus meus, quare me dereliquísti?

V. Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que teméis al Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel. R.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Deus, Deus meus, quare me dereliquísti?

SEGUNDA LECTURA Flp 2, 6-11
Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses

Cristo Jesús, siendo de condición divina,
no retuvo ávidamente el ser igual a Dios;
al contrario, se despojó de sí mismo
tomando la condición de esclavo,
hecho semejante a los hombres.
Y así, reconocido como hombre por su presencia,
se humilló a sí mismo,
hecho obediente hasta la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todo
y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor,
para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
21. Para la lectura de la Pasión del Señor no se llevan ni cirios ni incienso, no se hace al principio el saludo habitual, ni se signa el libro. La lee el diácono o, en su defecto, el mismo celebrante. Puede también ser leída por lectores, reservando, si es posible, al sacerdote la parte correspondiente a Cristo.
Si son diáconos, antes de la lectura de la Pasión, piden la bendición al sacerdote, como en otras ocasiones antes del Evangelio.
21. Historia Passionis Domini legitur absque luminaribus et absque incenso, sine salutatione et signatione libri. Legitur autem a diacono vel, ipso deficiente, a sacerdote. Legi potest etiam a lectoribus, parte Christi, si fieri potest, sacerdoti reservata. Diaconi, non autem alii, ante cantum Passionis, petunt benedictionem sacerdotis, ut alias ante Evangelium.

Versículo antes del Evangelio Flp 2, 8-9
Cristo se ha hecho por nosotros obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre.
Christus factus est pro nobis oboédiens usque ad mortem, mortem autem crucis. Propter quod et Deus exaltávit illum et dedit illi nomen, quod est super omne nomen.

EVANGELIO (forma larga) Mc 14, 1 — 15,47
Pasión de nuestro Señor Jesucristo
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Andaban buscando cómo prender a Jesús a traición y darle muerte
Cronista
Faltaban dos días para la Pascua y los Ácimos. Los sumos sacerdotes y los escribas andaban buscando cómo prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:
S. «No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo».
Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura
C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y se lo derramó sobre la cabeza. Algunos comentaban indignados:
S. «La qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres».
C. Y reprendían a la mujer. Pero Jesús replicó:
+ «Dejadla, ¿por qué la molestáis? Una obra buena ha hecho conmigo. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. En verdad os digo que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se hablará de lo que esta ha hecho, para memoria suya».
Prometieron a Judas Iscariote darle dinero
C. Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a los sumos sacerdotes para entregárselo. Al oírlo, se alegraron y le prometieron darle dinero. Él andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
¿Cuál es la habitación donde voy o comer la Pascua con mis discípulos?
C. El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
S. «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».
C. Él envió a dos discípulos diciéndoles:
+ «Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa adonde entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?”.
Os enseñará una habitación grande en el piso de arriba, acondicionada y dispuesta. Preparádnosla allí».
C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua.
Uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo
C. Al atardecer fue él con los Doce. Mientras estaban a la mesa comiendo dijo Jesús:
+ «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar:
uno que está comiendo conmigo».
C. Ellos comenzaron a entristecerse y a preguntarle uno tras otro:
S. «¿Seré yo?».
C. Respondió:
+ «Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre será entregado!; ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».
Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre de la alianza
C. Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo:+ «Tomad, esto es mi cuerpo».C. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron.Y les dijo:+ «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».
Antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres
C. Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos. Jesús les dijo:
+ «Todos os escandalizaréis, como está escrito: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”.
Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea».
C. Pedro le replicó:
S. «Aunque todos caigan, yo no».
C. Jesús le dice:
+ «En verdad te digo que hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres».
C. Pero él insistía:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».
C. Y los demás decían lo mismo.
Empezó a sentir espanto y angustia
C. Llegan a un huerto, que llaman Getsemaní, y dice a sus discípulos:
+ «Sentaos aquí mientras voy a orar».
C. Se lleva consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir espanto y angustia, y les dice:
+ «Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad».
C. Y, adelantándose un poco, cayó en tierra y rogaba que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y decía:
+ «Abba!, Padre: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz.
Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres».
C. Vuelve y, al encontrarlos dormidos, dice a Pedro:
+ «Simón ¿duermes?, ¿no has podido velar una hora? Velad y orad, para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió y los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se les cerraban. Y no sabían qué contestarle. Vuelve por tercera vez y les dice:
+ «Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».
Prendedlo y conducidlo bien sujeto
C Todavía estaba hablando, cuando se presenta Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:S. «Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto».C. Y en cuanto llegó, acercándosele le dice:S. «¡Rabbí!».C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le que cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo: + «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como si fuera un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras».
C.
Y todos lo abandonaron y huyeron.
Lo iba siguiendo un muchacho envuelto solo en una sábana; y le echaron mano, pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.
¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?
C. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los escribas y los ancianos.
Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del
sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse.
Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban.
Y algunos, poniéndose de pie, daban falso testimonio contra él diciendo:
S. «Nosotros le hemos oído decir: “Yo destruiré este templo,
edificado por manos humanas, y en tres días construiré otro
no edificado por manos humanas”».
C. Pero ni siquiera en esto concordaban los testimonios.
El sumo sacerdote, levantándose y poniéndose en el centro,
preguntó a Jesús:
S. «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos presentan contra ti?».
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. De nuevo le preguntó el sumo sacerdote:
S. «¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?».
C. Jesús contestó:
+ «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las nubes del cielo».
C. El sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras, dice:
S. «Qué necesidad tenemos ya de testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?».
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
S. «Profetiza».
C. Y los criados le daban bofetadas.
No conozco a ese hombre del que habláis
C. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llega una criada del sumo sacerdote, ve a Pedro calentándose, lo mira fijamente y dice:
S. «También tú estabas con el Nazareno, con Jesús».
C. Él lo negó diciendo:
S. «Ni sé ni entiendo lo que dices».
C. Salió fuera al zaguán y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S. «Este es uno de ellos».
C. Pero él de nuevo lo negaba. Al poco rato, también los presentes decían a Pedro:
S. «Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo».
C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
S. «No conozco a ese hombre del que habláis».
C. Y enseguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús:
«Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.
¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
C.
Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato.
Pilato le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Él respondió:
+ «Tú lo dices».
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:
S. «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan».
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado. Por la fiesta solía soltarles un preso, el que le pidieran.
Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta. La muchedumbre que se había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre.
Pilato les preguntó:
S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. «Crucifícalo».
C. Pilato les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho?».
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. «Crucifícalo».
C. Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Le ponen una corona de espinas, que habían trenzado
C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio— y convocaron a toda la compañía. Lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacan para crucificarlo.
Conducen a Jesús al Gólgota
C. Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo; y lo obligan a llevar la cruz.
Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»),
«Fue contado entre los enemigos»
C. y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucifican y se reparten sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.
Era la hora tercia cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.
A otros ha salvado ya sí mismo no se puede salvar
C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz».
C. De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose:
S. «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos».
C. También los otros crucificados lo insultaban.
Jesús, dando un fuerte grito, expiró
C. Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente:
+ «Eloí Eloí, lemá sabaqtaní?».
C. (Que significa:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. «Mira, llama a Elías».
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».
C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas María la Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de Joset, y Salomé, las cuales, cuando estaba en Galilea, lo seguían y servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
José rodó una piedra a la entrada del sepulcro
C. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro noble del Sanedrín, que también aguardaba el reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto.
Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó
una piedra a la entrada del sepulcro.
María Magdalena y María, la madre de Joset, observaban dónde lo ponían.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

EVANGELIO (forma breve) Mc 15, 1-39
Pasión de nuestro Señor Jesucristo
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?
Cronista:
Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato.
Pilato le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Él respondió:
+ «Tú lo dices».
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:
S. «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan».
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado. Por la fiesta solía soltarles un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta. La muchedumbre que se había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre.
Pilato les preguntó:
S. «Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. «Crucifícalo».
C. Pilato les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho?».
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. «Crucifícalo».
C. Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Le ponen una corona de espinas, que habían trenzado
C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio— y convocaron a toda la compañía. Lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas, que habían trenzado, y
comenzaron a hacerle el saludo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacan para crucificarlo.
Conducen a Jesús al Gólgota
C. Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo; y lo obligan a llevar la cruz.
Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»),
«Fue contado entre los enemigos»
C. y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucifican y se reparten sus ropas, echándolas a suerte, para,ver lo que se llevaba cada uno.
Era la hora tercia cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.
A otros ha salvado ya sí mismo no se puede salvar
C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz».
C. De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose:
S. «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos».
C. También los otros crucificados lo insultaban.
Jesús, dando un fuerte grito, expiró
C. Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente:
+ «Eloí Eloí, lemá sabaqtaní?».
C. (Que significa:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. «Mira, llama a Elías».
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».

Palabra de Dios.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

CELEBRACIÓN DEL DOMINGO DE RAMOS Y DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Plaza de San Pedro, XXX Jornada Mundial de la Juventud
Domingo 29 de marzo de 2015
En el centro de esta celebración, que se presenta tan festiva, está la palabra que hemos escuchado en el himno de la Carta a los Filipenses: «Se humilló a sí mismo» (2,8). La humillación de Jesús.
Esta palabra nos desvela el estilo de Dios y, en consecuencia, aquel que debe ser el del cristiano: la humildad. Un estilo que nunca dejará de sorprendernos y ponernos en crisis: nunca nos acostumbraremos a un Dios humilde.
Humillarse es ante todo el estilo de Dios: Dios se humilla para caminar con su pueblo, para soportar sus infidelidades. Esto se aprecia bien leyendo la historia del Éxodo: ¡Qué humillación para el Señor oír todas aquellas murmuraciones, aquellas quejas! Estaban dirigidas contra Moisés, pero, en el fondo, iban contra él, contra su Padre, que los había sacado de la esclavitud y los guiaba en el camino por el desierto hasta la tierra de la libertad.
En esta semana, la Semana Santa, que nos conduce a la Pascua, seguiremos este camino de la humillación de Jesús. Y sólo así será «santa» también para nosotros.
Veremos el desprecio de los jefes del pueblo y sus engaños para acabar con él. Asistiremos a la traición de Judas, uno de los Doce, que lo venderá por treinta monedas. Veremos al Señor apresado y tratado como un malhechor; abandonado por sus discípulos; llevado ante el Sanedrín, condenado a muerte, azotado y ultrajado. Escucharemos cómo Pedro, la «roca» de los discípulos, lo negará tres veces. Oiremos los gritos de la muchedumbre, soliviantada por los jefes, pidiendo que Barrabás quede libre y que a él lo crucifiquen. Veremos cómo los soldados se burlarán de él, vestido con un manto color púrpura y coronado de espinas. Y después, a lo largo de la vía dolorosa y a los pies de la cruz, sentiremos los insultos de la gente y de los jefes, que se ríen de su condición de Rey e Hijo de Dios.
Esta es la vía de Dios, el camino de la humildad. Es el camino de Jesús, no hay otro. Y no hay humildad sin humillación.
Al recorrer hasta el final este camino, el Hijo de Dios tomó la «condición de siervo» (Flp 2,7). En efecto, la humildad quiere decir también servicio, significa dejar espacio a Dios negándose a uno mismo, «despojándose», como dice la Escritura (v. 7). Este «despojarse» es la humillación más grande.
Hay otra vía, contraria al camino de Cristo: la mundanidad. La mundanidad nos ofrece el camino de la vanidad, del orgullo, del éxito... Es la otra vía. El maligno se la propuso también a Jesús durante cuarenta días en el desierto. Pero Jesús la rechazó sin dudarlo. Y, con él, solamente con su gracia y con su ayuda, también nosotros podemos vencer esta tentación de la vanidad, de la mundanidad, no sólo en las grandes ocasiones, sino también en las circunstancias ordinarias de la vida.
En esto, nos ayuda y nos conforta el ejemplo de muchos hombres y mujeres que, en silencio y sin hacerse ver, renuncian cada día a sí mismos para servir a los demás: un familiar enfermo, un anciano solo, una persona con discapacidad, una persona sin techo...
Pensemos también en la humillación de los que, por mantenerse fieles al Evangelio, son discriminados y sufren las consecuencias en su propia carne. Y pensemos en nuestros hermanos y hermanas perseguidos por ser cristianos, los mártires de hoy —que son muchos—: no reniegan de Jesús y soportan con dignidad insultos y ultrajes. Lo siguen por su camino. Podemos hablar, verdaderamente, de “una nube de testigos”: los mártires de hoy (cf. Hb 12,1).
Durante esta semana, emprendamos también nosotros con decisión este camino de la humildad, movidos por el amor a nuestro Señor y Salvador. El amor nos guiará y nos dará fuerza. Y, donde está él, estaremos también nosotros (cf. Jn 12,26).

DIRECTORIO HOMILÉTICO
D. Domingo de Ramos en la Pasión del Señor
77. «El domingo de Ramos en la Pasión del Señor: para la procesión, se han escogido los textos que se refieren a la entrada solemne del Señor en Jerusalén, tomados de los tres Evangelios sinópticos; en la Misa, se lee el relato de la pasión del Señor» (OLM 97). Dos antiguas tradiciones conforman esta Celebración Litúrgica, única en su género: el uso de una procesión en Jerusalén y la lectura de la Pasión en Roma. La exuberancia que rodea la entrada real de Cristo, pronto da paso a uno de los cantos del Siervo doliente y a la solemne proclamación de la Pasión del Señor. Y esta liturgia tiene lugar en domingo, día desde los comienzos asociado a la Resurrección de Cristo. ¿Cómo puede el celebrante unir los múltiples elementos teológicos y emotivos de este día, sobre todo por el hecho de que las consideraciones pastorales aconsejan una homilía bastante breve? La clave se encuentra en la segunda lectura, el hermosísimo himno de la carta de san Pablo a los Filipenses, que resume de manera admirable todo el Misterio Pascual. El homileta podría destacar brevemente que, en el momento en el que la Iglesia entre en la Semana Santa, experimentaremos ese Misterio, de manera que podamos hablarle a nuestros corazones. Diversos usos y tradiciones locales conducen a los fieles a considerar los acontecimientos de los últimos días de Jesús, pero el gran deseo de la Iglesia en esta Semana no es, únicamente, el de remover nuestras emociones, sino el de hacer más profunda nuestra fe. En las celebraciones litúrgicas de la Semana que se inicia no nos limitamos a la mera conmemoración de lo que Jesús realizó; estamos inmersos en el mismo Misterio Pascual, para morir y resucitar con Cristo.
Ap. I. La homilía y el Catecismo de la Iglesia Católica
Ciclo B. Domingo de Ramos y de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo
La entrada de Jesús en Jerusalén
557 "Como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén" (Lc 9, 51; cf. Jn 13, 1). Por esta decisión, manifestaba que subía a Jerusalén dispuesto a morir. En tres ocasiones había repetido el anuncio de su Pasión y de su Resurrección (cf. Mc 8, 31-33; Mc 9, 31-32; Mc 10, 32- 4). Al dirigirse a Jerusalén dice: "No cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén" (Lc 13, 33).
558 Jesús recuerda el martirio de los profetas que habían sido muertos en Jerusalén (cf. Mt 23, 37a). Sin embargo, persiste en llamar a Jerusalén a reunirse en torno a él: "¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas y no habéis querido!" (Mt 23, 37b). Cuando está a la vista de Jerusalén, llora sobre ella y expresa una vez más el deseo de su corazón:" ¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! pero ahora está oculto a tus ojos" (Lc 19, 41-42).
559 ¿Cómo va a acoger Jerusalén a su Mesías? Jesús rehuyó siempre las tentativas populares de hacerle rey (cf. Jn 6, 15), pero elige el momento y prepara los detalles de su entrada mesiánica en la ciudad de "David, su Padre" (Lc 1, 32; cf. Mt 21, 1-11). Es aclamado como hijo de David, el que trae la salvación ("Hosanna" quiere decir "¡sálvanos!", "Danos la salvación!"). Pues bien, el "Rey de la Gloria" (Sal 24, 7-10) entra en su ciudad "montado en un asno" (Za 9, 9): no conquista a la hija de Sión, figura de su Iglesia, ni por la astucia ni por la violencia, sino por la humildad que da testimonio de la Verdad (cf. Jn 18, 37). Por eso los súbditos de su Reino, aquel día fueron los niños (cf. Mt 21, 15-16; Sal 8, 3) y los "pobres de Dios", que le aclamaban como los ángeles lo anunciaron a los pastores (cf. Lc 19, 38; Lc 2, 14). Su aclamación "Bendito el que viene en el nombre del Señor" (Sal 118, 26), ha sido recogida por la Iglesia en el "Sanctus" de la liturgia eucarística para introducir al memorial de la Pascua del Señor.
560 La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta la venida del Reino que el Rey-Mesías llevará a cabo mediante la Pascua de su Muerte y de su Resurrección. Con su celebración, el domingo de Ramos, la liturgia de la Iglesia abre la Semana Santa.
La Pasión de Cristo
"Dios le hizo pecado por nosotros"
602
En consecuencia, S. Pedro pudo formular así la fe apostólica en el designio divino de salvación: "Habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o plata, sino con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo, predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos a causa de vosotros" (1P 1, 18-20). Los pecados de los hombres, consecuencia del pecado original, están sancionados con la muerte (cf. Rm 5, 12; 1Co 15, 56). Al enviar a su propio Hijo en la condición de esclavo (cf. Flp 2, 7), la de una humanidad caída y destinada a la muerte a causa del pecado (cf. Rm 8, 3), Dios "a quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él" (2Co 5, 21).
603 Jesús no conoció la reprobación como si él mismo hubiese pecado (cf. Jn 8, 46). Pero, en el amor redentor que le unía siempre al Padre (cf. Jn 8, 29), nos asumió desde el alejamiento con relación a Dios por nuestro pecado hasta el punto de poder decir en nuestro nombre en la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mc 15, 34; Sal 22, 2). Al haberle hecho así solidario con nosotros, pecadores, "Dios no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros" (Rm 8, 32) para que fuéramos "reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo" (Rm 5, 10).
Dios tiene la iniciativa del amor redentor universal
604
Al entregar a su Hijo por nuestros pecados, Dios manifiesta que su designio sobre nosotros es un designio de amor benevolente que precede a todo mérito por nuestra parte: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados" (1Jn 4, 10; cf. 1Jn 4, 19). "La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros" (Rm 5, 8).
605 Jesús ha recordado al final de la parábola de la oveja perdida que este amor es sin excepción: "De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños" (Mt 18, 14). Afirma "dar su vida en rescate por muchos" (Mt 20, 28); este último término no es restrictivo: opone el conjunto de la humanidad a la única persona del Redentor que se entrega para salvarla (cf. Rm 5, 18-19). La Iglesia, siguiendo a los Apóstoles (cf. 2Co 5, 15; 1Jn 2, 2), enseña que Cristo ha muerto por todos los hombres sin excepción: "no hay, ni hubo ni habrá hombre alguno por quien no haya padecido Cristo" (Cc Quiercy en el año 853: DS 624).
CRISTO SE OFRECIO A SU PADRE POR NUESTROS PECADOS
Toda la vida de Cristo es ofrenda al Padre
606
El Hijo de Dios "bajado del cielo no para hacer su voluntad sino la del Padre que le ha enviado" (Jn 6, 38), "al entrar en este mundo, dice: … He aquí que vengo … para hacer, oh Dios, tu voluntad … En virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo" (Hb 10, 5-10). Desde el primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el designio divino de salvación en su misión redentora: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra" (Jn 4, 34). El sacrificio de Jesús "por los pecados del mundo entero" (1Jn 2, 2), es la expresión de su comunión de amor con el Padre: "El Padre me ama porque doy mi vida" (Jn 10, 17). "El mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado" (Jn 14, 31).
607 Este deseo de aceptar el designio de amor redentor de su Padre anima toda la vida de Jesús (cf. Lc 12, 50; Lc 22, 15; Mt 16, 21-23) porque su Pasión redentora es la razón de ser de su Encarnación: "¡Padre líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!" (Jn 12, 27). "El cáliz que me ha dado el Padre ¿no lo voy a beber?" (Jn 18, 11). Y todavía en la cruz antes de que "todo esté cumplido" (Jn 19, 30), dice: "Tengo sed" (Jn 19, 28).
"El cordero que quita el pecado del mundo"
608
Juan Bautista, después de haber aceptado bautizarle en compañía de los pecadores (cf. Lc 3, 21; Mt 3, 14-15), vio y señaló a Jesús como el "Cordero de Dios que quita los pecados del mundo" (Jn 1, 29; cf. Jn 1, 36). Manifestó así que Jesús es a la vez el Siervo doliente que se deja llevar en silencio al matadero (Is 53, 7; cf. Jr 11, 19) y carga con el pecado de las multitudes (cf. Is 53, 12) y el cordero pascual símbolo de la Redención de Israel cuando celebró la primera Pascua (Ex 12, 3-14;cf. Jn 19, 36; 1Co 5, 7). Toda la vida de Cristo expresa su misión: "Servir y dar su vida en rescate por muchos" (Mc 10, 45).
Jesús acepta libremente el amor redentor del Padre
609
Jesús, al aceptar en su corazón humano el amor del Padre hacia los hombres, "los amó hasta el extremo" (Jn 13, 1) porque "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos" (Jn 15, 13). Tanto en el sufrimiento como en la muerte, su humanidad se hizo el instrumento libre y perfecto de su amor divino que quiere la salvación de los hombres (cf. Hb 2, 10. 17-18; Hb 4, 15; Hb 5, 7-9). En efecto, aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar: "Nadie me quita la vida; yo la doy voluntariamente" (Jn 10, 18). De aquí la soberana libertad del Hijo de Dios cuando él mismo se encamina hacia la muerte (cf. Jn 18, 4 - 6; Mt 26, 53).
Jesús anticipó en la cena la ofrenda libre de su vida
610 Jesús expresó de forma suprema la ofrenda libre de sí mismo en la cena tomada con los Doce Apóstoles (cf Mt 26, 20), en "la noche en que fue entregado"(1Co 11, 23). En la víspera de su Pasión, estando todavía libre, Jesús hizo de esta última Cena con sus apóstoles el memorial de su ofrenda voluntaria al Padre (cf. 1Co 5, 7), por la salvación de los hombres: "Este es mi Cuerpo que va a ser entregado por vosotros" (Lc 22, 19). "Esta es mi sangre de la Alianza que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados" (Mt 26, 28).
611 La Eucaristía que instituyó en este momento será el "memorial" (1Co 11, 25) de su sacrificio. Jesús incluye a los apóstoles en su propia ofrenda y les manda perpetuarla (cf. Lc 22, 19). Así Jesús instituye a sus apóstoles sacerdotes de la Nueva Alianza: "Por ellos me consagro a mí mismo para que ellos sean también consagrados en la verdad" (Jn 17, 19; cf. Cc Trento: DS 1752, 1764).
La agonía de Getsemaní
612
El cáliz de la Nueva Alianza que Jesús anticipó en la Cena al ofrecerse a sí mismo (cf. Lc 22, 20), lo acepta a continuación de manos del Padre en su agonía de Getsemaní (cf. Mt 26, 42) haciéndose "obediente hasta la muerte" (Flp 2, 8; cf. Hb 5, 7-8). Jesús ora: "Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz . . " (Mt 26, 39). Expresa así el horror que representa la muerte para su naturaleza humana. Esta, en efecto, como la nuestra, está destinada a la vida eterna; además, a diferencia de la nuestra, está perfectamente exenta de pecado (cf. Hb 4, 15) que es la causa de la muerte (cf. Rm 5, 12); pero sobre todo está asumida por la persona divina del "Príncipe de la Vida" (Hch 3, 15), de "el que vive" (Ap 1, 18; cf. Jn 1, 4; Jn 5, 26). Al aceptar en su voluntad humana que se haga la voluntad del Padre (cf. Mt 26, 42), acepta su muerte como redentora para "llevar nuestras faltas en su cuerpo sobre el madero" (1P 2, 24).
La muerte de Cristo es el sacrificio único y definitivo
613
La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres (cf. 1Co 5, 7; Jn 8, 34-36) por medio del "cordero que quita el pecado del mundo" (Jn 1, 29; cf. 1P 1, 19) y el sacrificio de la Nueva Alianza (cf. 1Co 11, 25) que devuelve al hombre a la comunión con Dios (cf. Ex 24, 8) reconciliándole con El por "la sangre derramada por muchos para remisión de los pecados" (Mt 26, 28;cf. Lv 16, 15-16).
614 Este sacrificio de Cristo es único, da plenitud y sobrepasa a todos los sacrificios (cf. Hb 10, 10). Ante todo es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo para reconciliarnos con él (cf. Jn 4, 10). Al mismo tiempo es ofrenda del Hijo de Dios hecho hombre que, libremente y por amor (cf. Jn 15, 13), ofrece su vida (cf. Jn 10, 17-18) a su Padre por medio del Espíritu Santo (cf. Hb 9, 14), para reparar nuestra desobediencia.
Jesús reemplaza nuestra desobediencia por su obediencia
615
"Como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos" (Rm 5, 19). Por su obediencia hasta la muerte, Jesús llevó a cabo la sustitución del Siervo doliente que "se dio a sí mismo en expiación", "cuando llevó el pecado de muchos", a quienes "justificará y cuyas culpas soportará" (Is 53, 10-12). Jesús repara por nuestras faltas y satisface al Padre por nuestros pecados (cf. Cc de Trento: DS 1529).
En la cruz, Jesús consuma su sacrificio
616
El "amor hasta el extremo"(Jn 13, 1) es el que confiere su valor de redención y de reparación, de expiación y de satisfacción al sacrificio de Cristo. Nos ha conocido y amado a todos en la ofrenda de su vida (cf. Ga 2, 20; Ef 5, 2. 25). "El amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron" (2Co 5, 14). Ningún hombre aunque fuese el más santo estaba en condiciones de tomar sobre sí los pecados de todos los hombres y ofrecerse en sacrificio por todos. La existencia en Cristo de la persona divina del Hijo, que al mismo tiempo sobrepasa y abraza a todas las personas humanas, y que le constituye Cabeza de toda la humanidad, hace posible su sacrificio redentor por todos.
617 "Sua sanctissima passione in ligno crucis nobis justificationem meruit" ("Por su sacratísima pasión en el madero de la cruz nos mereció la justificación")enseña el Concilio de Trento (DS 1529) subrayando el carácter único del sacrificio de Cristo como "causa de salvación eterna" (Hb 5, 9). Y la Iglesia venera la Cruz cantando: "O crux, ave, spes unica" ("Salve, oh cruz, única esperanza", himno "Vexilla Regis").
Nuestra participación en el sacrificio de Cristo
618
La Cruz es el único sacrificio de Cristo "único mediador entre Dios y los hombres" (1Tm 2, 5). Pero, porque en su Persona divina encarnada, "se ha unido en cierto modo con todo hombre" (GS 22, 2), él "ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de Dios sólo conocida, se asocien a este misterio pascual" (GS 22, 5). El llama a sus discípulos a "tomar su cruz y a seguirle" (Mt 16, 24) porque él "sufrió por nosotros dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas" (1P 2, 21). El quiere en efecto asociar a su sacrificio redentor a aquéllos mismos que son sus primeros beneficiarios(cf. Mc 10, 39; Jn 21, 18-19; Col 1, 24). Eso lo realiza en forma excelsa en su Madre, asociada más íntimamente que nadie al misterio de su sufrimiento redentor (cf. Lc 2, 35):
"Fuera de la Cruz no hay otra escala por donde subir al cielo" (Sta. Rosa de Lima, vida).
El señorío de Cristo proviene de su Muerte y Resurrección
2816
En el Nuevo Testamento, la palabra "basileia" se puede traducir por realeza (nombre abstracto), reino (nombre concreto) o reinado (de reinar, nombre de acción). El Reino de Dios está ante nosotros. Se aproxima en el Verbo encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio, llega en la muerte y la Resurrección de Cristo. El Reino de Dios adviene en la Ultima Cena y por la Eucaristía está entre nosotros. El Reino de Dios llegará en la gloria cuando Jesucristo lo devuelva a su Padre:
"Incluso puede ser que el Reino de Dios signifique Cristo en persona, al cual llamamos con nuestras voces todos los días y de quien queremos apresurar su advenimiento por nuestra espera. Como es nuestra Resurrección porque resucitamos en él, puede ser también el Reino de Dios porque en él reinaremos" (San Cipriano, Dom. orat. 13).
El Misterio Pascual y la Liturgia
654
Hay un doble aspecto en el misterio Pascual: por su muerte nos libera del pecado, por su Resurrección nos abre el acceso a una nueva vida. Esta es, en primer lugar, la justificación que nos devuelve a la gracia de Dios (cf. Rm 4, 25) "a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos… así también nosotros vivamos una nueva vida" (Rm 6, 4). Consiste en la victoria sobre la muerte y el pecado y en la nueva participación en la gracia (cf. Ef 2, 4-5; 1P 1, 3). Realiza la adopción filial porque los hombres se convierten en hermanos de Cristo, como Jesús mismo llama a sus discípulos después de su Resurrección: "Id, avisad a mis hermanos" (Mt 28, 10; Jn 20, 17). Hermanos no por naturaleza, sino por don de la gracia, porque esta filiación adoptiva confiere una participación real en la vida del Hijo único, la que ha revelado plenamente en su Resurrección.
1067 "Cristo el Señor realizó esta obra de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada por las maravillas que Dios hizo en el pueblo de la Antigua Alianza, principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasión, de su resurrección de entre los muertos y de su gloriosa ascensión. Por este misterio, `con su muerte destruyó nuestra muerte y con su resurrección restauró nuestra vida'. Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de toda la Iglesia" (SC 5). Por eso, en la liturgia, la Iglesia celebra principalmente el Misterio pascual por el que Cristo realizó la obra de nuestra salvación.
1068 Es el Misterio de Cristo lo que la Iglesia anuncia y celebra en su liturgia a fin de que los fieles vivan de él y den testimonio del mismo en el mundo:
"En efecto, la liturgia, por medio de la cual "se ejerce la obra de nuestra redención", sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía, contribuye mucho a que los fieles, en su vida, expresen y manifiesten a los demás el misterio de Cristo y la naturaleza genuina de la verdadera Iglesia" (SC 2).
1085 En la Liturgia de la Iglesia, Cristo significa y realiza principalmente su misterio pascual. Durante su vida terrestre Jesús anunciaba con su enseñanza y anticipaba con sus actos el misterio pascual. Cuando llegó su Hora (cf Jn 13, 1; Jn 17, 1), vivió el único acontecimiento de la historia que no pasa: Jesús muere, es sepultado, resucita de entre los muertos y se sienta a la derecha del Padre "una vez por todas" (Rm 6, 10; Hb 7, 27; Hb 9, 12). Es un acontecimiento real, sucedido en nuestra historia, pero absolutamente singular: todos los demás acontecimientos suceden una vez, y luego pasan y son absorbidos por el pasado. El misterio pascual de Cristo, por el contrario, no puede permanecer solamente en el pasado, pues por su muerte destruyó a la muerte, y todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos y en ellos se mantiene permanentemente presente. El acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección permanece y atrae todo hacia la Vida.
1362 La Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, la actualización y la ofrenda sacramental de su único sacrificio, en la liturgia de la Iglesia que es su Cuerpo. En todas las plegarias eucarísticas encontramos, tras las palabras de la institución, una oración llamada anámnesis o memorial.


22. Después de la lectura de la historia de la Pasión téngase, oportunamente, una breve homilía. También puede observarse algún espacio de silencio.
Se dice el Credo y se hace la oración universal.
22. Post historiam Passionis habeatur, pro opportunitate, brevis homilia. Etiam spatium aliquod silentii servari potest.
Dicitur Credo et fit oratio universalis.

Oración de los fieles
133. Imploremos, hermanos, a quien tiene todo el poder en el cielo y en la tierra, y pidámosle que escuche benignamente nuestras preces.
- Para que perdone y tenga piedad de la Iglesia el que en la cruz excusó a los ignorantes. Roguemos al Señor.
- Para que se apiade de todo el género humano el que murió en la cruz por todos los hombres. Roguemos al Señor.
- Para que se apiade de los enfermos, atribulados, presos y esclavizados el que conoció las amarguras de sentirse abandonado y triste. Roguemos al Señor.
- Para que nos admita en su reino el que recibió al ladrón arrepentido. Roguemos al Señor.
Protégenos, Señor, Salvador nuestro, y concédenos misericordiosamente tus auxilios temporales y eternos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

23. Oración sobre las ofrendas
Señor, que por la pasión de tu Unigénito se extienda sobre nosotros tu misericordia y, aunque no la merecen nuestras obras, que con la ayuda de tu compasión podamos recibirla en este sacrificio único. Por Jesucristo, nuestro Señor.
23. Super oblata
Per Unigéniti tui passiónem placátio tua nobis, Dómine, sit propínqua, quam, etsi nostris opéribus non merémur, interveniénte sacrifício singulári, tua percipiámus miseratióne praevénti. Per Christum.
24. Prefacio de la Pasión del Señor
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual, siendo inocente, se dignó padecer por los impíos, y ser condenado injustamente en lugar de los malhechores. De esta forma, al morir, borró nuestros delitos, y, al resucitar, logró nuestra salvación.
Por eso, te alabamos con todos los ángeles, aclamándote llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo...
24. Praefatio: De dominica Passione.
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Qui pati pro ímpiis dignátus est ínnocens, et pro scelerátis indébite condemnári. Cuius mors delícta nostra detérsit, et iustificatiónem nobis resurréctio comparávit.
Unde et nos cum ómnibus Angelis te laudámus, iucúnda celebratióne clamántes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANUS.
26. Antífona de comunión Mt 26, 42
Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
25. Antiphona ad communionem Mt 26, 42
Pater, si non potest hic calix transíre, nisi bibam illum, fiat volúntas tua.
26. Oración después de la comunión
Saciados con los dones santos, te pedimos, Señor, que, así como nos has hecho esperar lo que creemos por la muerte de tu Hijo, podamos alcanzar, por su resurrección, la plena posesión de lo que anhelamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
26. Post communionem
Sacro múnere satiáti, súpplices te, Dómine, deprecámur, ut, qui fecísti nos morte Fílii tui speráre quod crédimus, fácias nos, eódem resurgénte, perveníre quo téndimus. Per Christum.
27. Oración sobre el pueblo
Dirige tu mirada, Señor, sobre esta familia tuya por la que nuestro Señor Jesucristo no dudó en entregarse a los verdugos y padecer el tormento de la cruz. Por Jesucristo, nuestro Señor.
27. Oratio super populum
Réspice, quaesumus, Dómine, super hanc famíliam tuam, pro qua Dóminus noster Iesus Christus non dubitávit mánibus tradi nocéntium, et crucis subíre torméntum. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 26 de marzo

1. En Roma, en la vía Labicana, san Cástulo, mártir (s. inc.).
2. En Anatolia, santos Manuel, Sabino, Codrato y Teodosio, mártires (s. inc.).
3. En Sirmio, en Panonia, santos mártires Montano, presbítero, y Máxima, su esposa, que habiendo confesado a Cristo Señor, fueron arrojados a las aguas por los infieles (c. 304).
4. Conmemoración de la pasión de san Eutiquio, subdiácono alejandrino, que en tiempo del emperador Constancio, y bajo el obispo arriano Jorge, murió por la fe católica (356).
5. En Sebaste, en Armenia, san Pedro, obispo, que fue el hermano más joven de san Basilio Magno y eximio defensor de la fe ortodoxa ante los arrianos (c. 391).
6. En Montier-en-Der, en la actual región de la Champaña, en Francia, san Bercario, primer abad de Hautvillers y luego de Der, que fue herido con un punzón el día de Jueves Santo por un monje al que había castigado, y el día de la Resurrección pasó al cielo (685).
7. En el Monte Albano, en la Toscana, santos Baroncio y Desiderio, ermitaños (s. VII).
8. En el monasterio de Werden, en Sajonia, tránsito de san Liudgero, obispo, que fue discípulo de Alcuino y predicó el Evangelio en Frisia, Dinamarca y Sajonia, estableciendo la sede de Münster y fundando varios monasterios, convertidos en centros para la propagación de la fe (809).
9*. En Catania, de Sicilia, en Italia, beata Magdalena Catalina Morano, virgen del Instituto de Hijas de María Auxiliadora, que se consagró a impartir catequesis, recorriendo sin cesar toda esta región (1908).