domingo, 8 de octubre de 2017

Domingo 12 noviembre 2017, XXXII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A.

SOBRE LITURGIA

Congregación para el Culto Divino
INSTRUCCIÓN "LITURGIAM AUTHENTICAM" (28 de marzo de 2001).

80. La praxis de pedir la "recognitio" de la Sede Apostólica, para todas las traducciones de los textos litúrgicos, ofrece la necesaria seguridad de que la traducción es auténtica y conforme con los textos originales; y expresa y realiza el verdadero vínculo de comunión entre el Sucesor de San Pedro y sus hermanos en el Episcopado. Así pues, esta "recognitio" no es simplemente una formalidad, sino un acto de potestad de régimen, absolutamente necesario (sin el cual un acto de la Conferencia de Obispos carece de fuerza legal) y mediante el que se pueden introducir modificaciones, incluso sustanciales. Por esto no se pueden imprimir textos litúrgicos traducidos o de nueva composición, para uso de los celebrantes o del pueblo en general, si falta la "recognitio". Puesto que es preciso que la "lex orandi" sea conforme con la "lex credendi", y manifieste y corrobore la fe del pueblo cristiano, las traducciones litúrgicas no pueden ser dignas de Dios si no traducen fielmente a la lengua vernácula la abundancia de doctrina católica del texto original, de tal modo que el lenguaje sagrado sea conforme a su contenido dogmático. Hay que observar, además, el principio según el cual cada una de las Iglesias particulares debe estar de acuerdo con la Iglesia universal, no sólo en la doctrina de la fe y en los signos sacramentales, sino también en los usos recibidos de forma universal y continua, desde la tradición apostólica; por lo tanto, la "recognitio" de la Sede Apostólica se dirige a vigilar que las traducciones, así como las variaciones legítimas introducidas en ellas, no dañen la unidad del pueblo de Dios, sino que sean siempre una ayuda para la misma.

81. La "recognitio" concedida por la Sede Apostólica se debe indicar en la edición impresa, junto con la frase "concuerda con el original", suscrita por el Presidente de la Comisión litúrgica de la Conferencia de Obispos, así como el "imprimatur", firmado por el Presidente de la misma Conferencia. Además, se deben enviar dos ejemplares de toda edición impresa a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

CALENDARIO

12 + XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Misa
del Domingo (verde).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. dominical.
LECC.: vol. I (A).
- Sab 6, 12-16. Quienes buscan la sabiduría la encuentran.
- Sal 62. R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
- 1 Tes 4, 13-18. Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.
- Mt 25, 1-13. ¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!

Estamos terminando las semanas año litúrgico y las lecturas nos van orientando hacia el final de la historia del mundo y la vuelta gloriosa del Resucitado. El libro de la Sabiduría nos invita a buscar, encontrar y a poseer la auténtica sabiduría (1 lect.). Hoy, con la parábola de las doncellas, se nos invita a prepararnos para entrar en el banquete eterno. Jesús saca la lección: «velad, porque no sabéis el día ni la hora» (Ev.). Pablo presenta una catequesis sobre la suerte de los difuntos y los acontecimientos del fin del mundo (2. lect.).

* Hoy no se permiten las Misas de difuntos, excepto la exequial.

Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 13 de noviembre, pág. 663.
CALENDARIOS: Familia de Misioneras del Divino Maestro y Cooperadores Seglares del Divino Maestro: Jesucristo, Divino Maestro (S).
Hijas de Santa María de la Providencia: María, Madre de la Divina Providencia (S).
Misioneros Oblatos de María Inmaculada: Dedicación de la propia Iglesia (S).

TEXTOS MISA

XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO DOMINICA XXXII PER ANNUM
Antífona de entrada Sal 87, 3
Llegue hasta ti mi súplica, inclina tu oído a mi clamor, Señor.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 87, 3
Intret orátio mea in conspéctu tuo; inclína aurem tuam ad precem meam, Dómine.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excelsis.
Oración colecta
Dios de poder y misericordia, aparta, propicio, de nosotros toda adversidad, para que, bien dispuestos cuerpo y espíritu, podamos aspirar libremente a lo que te pertenece. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Omnípotens et miséricors Deus, univérsa nobis adversántia propitiátus exclúde, ut, mente et córpore páriter expedíti, quae tua sunt líberis méntibus exsequámur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del XXXII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A.

PRIMERA LECTURA Sab 6, 12-16
Quienes buscan la sabiduría la encuentran
Lectura del libro de la Sabiduría.

Radiante e inmarcesible es la sabiduría,
la ven con facilidad los que la aman
y quienes la buscan la encuentran.
Se adelanta en manifestarse a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa,
pues la encuentra sentada a su puerta.
Meditar sobre ella es prudencia consumada
y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones.
Pues ella misma va de un lado a otro
buscando a los que son dignos de ella;
los aborda benigna por los caminos
y les sale al encuentro en cada pensamiento.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 62, 2abc. 2d-4. 5-6. 7-8 (R.: 2b)
R.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
Sitívit in te ánima mea, Dómine, Deus meus.

V. Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
Sitívit in te ánima mea, Dómine, Deus meus.

V. ¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
Sitívit in te ánima mea, Dómine, Deus meus.

V. Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
Sitívit in te ánima mea, Dómine, Deus meus.

V. En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
Sitívit in te ánima mea, Dómine, Deus meus.

SEGUNDA LECTURA (forma larga) 1 Tes 4, 13-18
Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses.

No queremos que ignoréis, hermanos, la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza.
Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.
Esto es lo que os decimos apoyados en la palabra del Señor:
nosotros, los que quedemos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que hayan muerto; pues el mismo Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar; después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos entre nubes al encuentro del Señor, por los aires.
Y así estaremos siempre con el Señor.
Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

SEGUNDA LECTURA (forma breve) 1 Tes 4, 13-14
Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses.

No queremos que ignoréis, hermanos, la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza.
Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Mt 24, 42a. 44
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Estad en vela y preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. R.
Vigiláte et estóte paráti, quia qua nescítis hora Fílius hóminis ventúrus est.

EVANGELIO Mt 25, 1-13
¡Que llega el esposo, salida su encuentro!
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
“¡Qué llega el esposo, salid a su encuentro!”. 
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes:
“Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. 
Pero las prudentes contestaron:
“Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo:
Señor, señor, ábrenos.
Pero él respondió:
“En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Homilía en santa Marta, 7 de junio de 2016
Pero, se preguntó el Papa, «¿cómo hacemos para evitar que la luz y la sal pierdan sus características?», es decir, «¿cómo se hace para evitar que el cristiano deje de ser tal, sea débil, se debilite precisamente su vocación?». Una respuesta se puede encontrar en otra parábola, la «de las diez vírgenes (Mt 25, 2): cinco necias y cinco prudentes». La prudencia y la necedad, explicó Francisco, viene del hecho «que algunas habían llevado consigo el aceite, para que no faltase» mientras que las otras, «jugueteando con la luz», se «olvidaron» y su luz acabó apagándose. Por lo demás, añadió el Papa con un ejemplo más actual, «también la lámpara, cuando comienza a debilitarse, nos dice que tenemos que recargar la batería».
La conclusión es, por lo tanto, la misma: «¿Cuál es el aceite del cristiano? ¿Cuál es la batería del cristiano para producir la luz? Sencillamente la oración». Al respecto, el Pontífice quiso profundizar: «Tú puedes hacer muchas cosas, muchas obras, incluso obras de misericordia, puedes hacer muchas cosas grandes por la Iglesia -una universidad católica, un colegio, un hospital…-, e incluso te harán un monumento de bienhechor de la Iglesia», pero «si no rezas» todo esto no aportará luz. «Cuántas obras -dijo- se convierten en algo oscuro, por falta de luz, por falta de oración». Y por oración, explicó el Papa, se entiende «la oración de adoración al Padre, de alabanza a la Trinidad, la oración de acción de gracias, también la oración con la que se piden cosas al Señor», pero siempre una «oración del corazón». Es precisamente ese «el aceite, esa es la batería, que da vida a la luz».
Audiencia General, 24 de abril de 2013
Existe este "tiempo inmediato" entre la primera venida de Cristo y la última, que es precisamente el tiempo que estamos viviendo. En este contexto del "tiempo inmediato" se sitúa la parábola de las diez vírgenes (cf. Mt 25, 1-13). Se trata de diez jóvenes que esperan la llegada del Esposo, pero él tarda y ellas se duermen. Ante el anuncio improviso de que el Esposo está llegando todas se preparan a recibirle, pero mientras cinco de ellas, prudentes, tienen aceite para alimentar sus lámparas; las otras, necias, se quedan con las lámparas apagadas porque no tienen aceite; y mientras lo buscan, llega el Esposo y las vírgenes necias encuentran cerrada la puerta que introduce en la fiesta nupcial. Llaman con insistencia, pero ya es demasiado tarde; el Esposo responde: no os conozco. El Esposo es el Señor y el tiempo de espera de su llegada es el tiempo que Él nos da, a todos nosotros, con misericordia y paciencia, antes de su venida final; es un tiempo de vigilancia; tiempo en el que debemos tener encendidas las lámparas de la fe, de la esperanza y de la caridad; tiempo de tener abierto el corazón al bien, a la belleza y a la verdad; tiempo para vivir según Dios, pues no sabemos ni el día ni la hora del retorno de Cristo. Lo que se nos pide es que estemos preparados al encuentro –preparados para un encuentro, un encuentro bello, el encuentro con Jesús–, que significa saber ver los signos de su presencia, tener viva nuestra fe, con la oración, con los Sacramentos, estar vigilantes para no adormecernos, para no olvidarnos de Dios. La vida de los cristianos dormidos es una vida triste, no es una vida feliz. El cristiano debe ser feliz, la alegría de Jesús. ¡No nos durmamos!

Del Papa Benedicto XVI
Ángelus 6 de noviembre de 2011

Queridos hermanos y hermanas:
Las lecturas bíblicas de la liturgia de este domingo nos invitan a prolongar la reflexión sobre la vida eterna, iniciada con ocasión de la Conmemoración de todos los fieles difuntos. Sobre este punto es neta la diferencia entre quien cree y quien no cree, o —se podría igualmente decir— entre quien espera y quien no espera. San Pablo escribe a los Tesalonicenses: «No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza» (1 Ts 4, 13). La fe en la muerte y resurrección de Jesucristo marca, también en este campo, un momento decisivo. Asimismo, san Pablo recuerda a los cristianos de Éfeso que, antes de acoger la Buena Nueva, estaban «sin esperanza y sin Dios en el mundo» (Ef 2, 12). De hecho, la religión de los griegos, los cultos y los mitos paganos no podían iluminar el misterio de la muerte, hasta el punto de que una antigua inscripción decía: «In nihil ab nihilo quam cito recidimus», que significa: «¡Qué pronto volvemos a caer de la nada a la nada!». Si quitamos a Dios, si quitamos a Cristo, el mundo vuelve a caer en el vacío y en la oscuridad. Y esto se puede constatar también en las expresiones del nihilismo contemporáneo, un nihilismo a menudo inconsciente que lamentablemente contagia a muchos jóvenes.
El Evangelio de hoy es una célebre parábola, que habla de diez muchachas invitadas a una fiesta de bodas, símbolo del reino de los cielos, de la vida eterna (cf. Mt 25, 1-13). Es una imagen feliz, con la que sin embargo Jesús enseña una verdad que nos hace reflexionar; de hecho, de aquellas diez muchachas, cinco entran en la fiesta, porque, a la llegada del esposo, tienen aceite para encender sus lámparas; mientras que las otras cinco se quedan fuera, porque, necias, no han llevado aceite. ¿Qué representa este «aceite», indispensable para ser admitidos al banquete nupcial? San Agustín (cf. Discursos 93, 4) y otros autores antiguos leen en él un símbolo del amor, que no se puede comprar, sino que se recibe como don, se conserva en lo más íntimo y se practica en las obras. Aprovechar la vida mortal para realizar obras de misericordia es verdadera sabiduría, porque, después de la muerte, eso ya no será posible. Cuando nos despierten para el juicio final, este se realizará según el amor practicado en la vida terrena (cf. Mt 25, 31-46). Y este amor es don de Cristo, derramado en nosotros por el Espíritu Santo. Quien cree en Dios-Amor lleva en sí una esperanza invencible, como una lámpara para atravesar la noche más allá de la muerte, y llegar a la gran fiesta de la vida.
A María, Sedes Sapientiae, pidamos que nos enseñe la verdadera sabiduría, la que se hizo carne en Jesús. Él es el camino que conduce de esta vida a Dios, al Eterno. Él nos ha dado a conocer el rostro del Padre, y así nos ha donado una esperanza llena de amor. Por esto, la Iglesia se dirige a la Madre del Señor con estas palabras: «Vita, dulcedo, et spes nostra». Aprendamos de ella a vivir y morir en la esperanza que no defrauda.


DIRECTORIO HOMILÉTICO
Ap. I. La homilía y el Catecismo de la Iglesia Católica
Ciclo A. Trigésimo segundo domingo del Tiempo Ordinario.
Estamos esperando que todo le sea sometido
671 El Reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado "con gran poder y gloria" (Lc 21, 27; cf. Mt 25, 31) con el advenimiento del Rey a la tierra. Este Reino aún es objeto de los ataques de los poderes del mal (cf. 2Ts 2, 7) a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por la Pascua de Cristo. Hasta que todo le haya sido sometido (cf. 1Co 15, 28), y "mientras no haya nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios" (LG 48). Por esta razón los cristianos piden, sobre todo en la Eucaristía (cf. 1Co 11, 26), que se apresure el retorno de Cristo (cf. 2P 3, 11-12) cuando suplican: "Ven, Señor Jesús" (cf. 1Co 16, 22; Ap 22, 17-20).
672 Cristo afirmó antes de su Ascensión que aún no era la hora del establecimiento glorioso del Reino mesiánico esperado por Israel (cf. Hch 1, 6-7) que, según los profetas (cf. Is 11, 1-9), debía traer a todos los hombres el orden definitivo de la justicia, del amor y de la paz. El tiempo presente, según el Señor, es el tiempo del Espíritu y del testimonio (cf Hch 1, 8), pero es también un tiempo marcado todavía por la "tristeza" (1Co 7, 26) y la prueba del mal (cf. Ef 5, 16) que afecta también a la Iglesia(cf. 1P 4, 17) e inaugura los combates de los últimos días (1Jn 2, 18; 1Jn 4, 3; 1Tm 4, 1). Es un tiempo de espera y de vigilia (cf. Mt 25, 1-13; Mc 13, 33-37).
Los justos vivirán para siempre con Cristo resucitado
988 El Credo cristiano -profesión de nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en su acción creadora, salvadora y santificadora- culmina en la proclamación de la resurrección de los muertos al fin de los tiempos, y en la vida eterna.
989 Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que El los resucitará en el último día (cf. Jn 6, 39-40). Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad:
"Si el Espíritu de Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros" (Rm 8, 11; cf. 1Ts 4, 14; 1Co 6, 14; 2Co 4, 14; Flp 3, 10-11).
990 El término "carne" designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad (cf. Gn 6, 3; Sal 56, 5; Is 40, 6). La "resurrección de la carne" significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros "cuerpos mortales" (Rm 8, 11) volverán a tener vida.
991 Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. "La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella" (Tertuliano, res. 1. 1):
"¿Cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe… ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron" (1Co 15, 12-14. 20).
Velamos habitualmente para el retorno del Señor
1036 Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran" (Mt 7, 13-14) :
"Como no sabemos ni el día ni la hora, es necesario, según el consejo del Señor, estar continuamente en vela. Así, terminada la única carrera que es nuestra vida en la tierra, mereceremos entrar con él en la boda y ser contados entre los santos y no nos mandarán ir, como siervos malos y perezosos, al fuego eterno, a las tinieblas exteriores, donde 'habrá llanto y rechinar de dientes'" (LG 48).
2612 En Jesús "el Reino de Dios está próximo", llama a la conversión y a la fe pero también a la vigilancia. En la oración, el discípulo espera atento a aquél que "es y que viene", en el recuerdo de su primera venida en la humildad de la carne, y en la esperanza de su segundo advenimiento en la gloria (cf Mc 13; Lc 21, 34-36). En comunión con su Maestro, la oración de los discípulos es un combate, y velando en la oración es como no se cae en la tentación (cf Lc 22, 40. 46).

San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios 40-41.
40 Abramos el Evangelio de San Mateo, en el capítulo veinticinco: el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo y a la esposa. De estas vírgenes, cinco eran necias y cinco prudentes (Mt 25, 1-2). El evangelista cuenta que las prudentes han aprovechado el tiempo. Discretamente se aprovisionan del aceite necesario, y están listas, cuando les avisan: ¡eh, que es la hora!, mirad que viene el esposo, salidle al encuentro (Mt 25, 6): avivan sus lámparas y acuden con gozo a recibirlo.
Llegará aquel día, que será el último y que no nos causa miedo: confiando firmemente en la gracia de Dios, estamos dispuestos desde este momento, con generosidad, con reciedumbre, con amor en los detalles, a acudir a esa cita con el Señor llevando las lámparas encendidas. Porque nos espera la gran fiesta del Cielo. Somos nosotros, hermanos queridísimos, los que intervenimos en las bodas del Verbo. Nosotros, que tenemos ya fe en la Iglesia, que nos alimentamos con la Sagrada Escritura, que gozamos porque la Iglesia está unida a Dios. Pensad ahora, os ruego, si habéis venido a estas bodas con el traje nupcial: examinad atentamente vuestros pensamientos (S. Gregorio Magno, Homiliae in Evangelia, 38, 11 (PL 76, 1289). Yo os aseguro a vosotros -y me aseguro a mí mismo- que ese traje de bodas estará tejido con el amor de Dios, que habremos sabido recoger hasta en las más pequeñas tareas. Porque es de enamorados cuidar los detalles, incluso en las acciones aparentemente sin importancia.
41 Pero sigamos el hilo de la parábola. Y las fatuas, ¿qué hacen? A partir de entonces, ya dedican su empeño a disponerse a esperar al Esposo: van a comprar el aceite. Pero se han decidido tarde y, mientras iban, vino el esposo y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta. Al cabo llegaron también las otras vírgenes, clamando: ¡Señor, Señor, ábrenos! (Mt 25, 10-11). No es que hayan permanecido inactivas: han intentado algo... Pero escucharon la voz que les responde con dureza: no os conozco (Mt 25, 12). No supieron o no quisieron prepararse con la solicitud debida, y se olvidaron de tomar la razonable precaución de adquirir a su hora el aceite. Les faltó generosidad para cumplir acabadamente lo poco que tenían encomendado. Quedaban en efecto muchas horas, pero las desaprovecharon.
Pensemos valientemente en nuestra vida. ¿Por qué no encontramos a veces esos minutos, para terminar amorosamente el trabajo que nos atañe y que es el medio de nuestra santificación? ¿Por qué descuidamos las obligaciones familiares? ¿Por qué se mete la precipitación en el momento de rezar, de asistir al Santo Sacrificio de la Misa? ¿Por qué nos faltan la serenidad y la calma, para cumplir los deberes del propio estado, y nos entretenemos sin ninguna prisa en ir detrás de los caprichos personales? Me podéis responder: son pequeñeces. Sí, verdaderamente: pero esas pequeñeces son el aceite, nuestro aceite, que mantiene viva la llama y encendida la luz.

Se dice Credo. Dicitur Credo.
Oración de los fieles
236. Oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre, y pidámosle que infunda su Espíritu en nosotros al presentarle nuestra oración.
- Para que conceda a los sacerdotes la santidad, a los pueblos la paz y a los magistrados la justicia. Roguemos al Señor.
- Para que santifique a su pueblo, reafirme los propósitos de las vírgenes y fortalezca la fidelidad de los esposos. Roguemos al Señor.
- Para que los niños lleguen a la madurez de la fe, los convertidos perseveren, los catecúmenos se hagan dignos del bautismo y los no creyentes busquen y encuentren la verdad. Roguemos al Señor.
- Para que venga en ayuda de cuantos padecen injusticia, conceda el éxito a nuestros trabajos, buen tiempo a las cosechas y gobierne el mundo con su misericordia. Roguemos al Señor.
Escucha, Dios de misericordia, las oraciones de tu familia, y ayúdala, pues te reconoce como Creador y como Padre. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
Mira con bondad, Señor, los sacrificios que te presentamos, para que alcancemos con piadoso afecto lo que actualizamos sacramentalmente de la pasión de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Super oblata
Sacrifíciis praeséntibus, Dómine, quaesumus, inténde placátus, ut, quod passiónis Fílii tui mystério gérimus, pio consequámur afféctu. Per Christum.
PREFACIO II DOMINICAL DEL TIEMPO ORDINARIO
El plan divino de la salvación
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual, compadecido del extravío de los hombres, quiso nacer de la Virgen; sufriendo la cruz, nos libró de eterna muerte, y, resucitando de entre los muertos, nos dio vida eterna.
Por eso, con los ángeles y arcángeles, tronos y dominaciones, y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO II DE DOMINICIS PER ANNUM
De mysterio salutis
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Qui, humánis miserátus erróribus, de Vírgine nasci dignátus est. Qui, crucem passus, a perpétua morte nos liberávit et, a mórtuis resúrgens, vitam nobis donávit aetérnam.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARÍSTICA I seu CANON ROMANO.
Antífona de comunión Sal 22, 1-2
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas.
O bien: Cf. Lc 24, 35
Los discípulos reconocieron al Señor Jesús al partir el pan.
Antiphona ad communionem Cf. Ps 22, 1-2
Dóminus regit me, et nihil mihi déerit; in loco páscuae ibi me collocávit, super aquam refectiónis educávit me.
Vel: Lc 24, 35
Cognovérunt discípuli Dóminum Iesum in fractióne panis.
Oración después de la comunión
Alimentados con este don sagrado, te damos gracias, Señor, invocando tu misericordia, para que, mediante la acción de tu Espíritu, permanezca la gracia de la verdad en quienes penetró la fuerza del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Grátias tibi, Dómine, reférimus sacro múnere vegetáti, tuam cleméntiam implorántes, ut, per infusiónem Spíritus tui, in quibus caeléstis virtus introívit, sinceritátis grátia persevéret. Per Christum.

MARTIROLOGIO


Elogios del día 13 de noviembre

1. En Cesarea de Palestina, pasión de los santos mártires Antonino, Nicéforo, Zebinas y Germán, y Manate, virgen. Ésta última, en tiempo del emperador Galerio Máximo, después de ser azotada, fue quemada viva, y los primeros fueron decapitados por haber reprochado valientemente a voz en grito la impiedad del prefecto Firmiliano, que ofrecía sacrificios a los dioses (297).
2.En Aix-en-Provence, de la Galia Narbonense, san Mitrio, a quien, aunque siervo de condición, la santidad le hizo libre (s. IV).
3. En Tours, de la Galia Lugdunense, san Bricio, obispo, discípulo de san Martín, que sucedió a su maestro y durante cuarenta y siete años padeció muchas adversidades (444).
4. En África, conmemoración de los santos mártires hispanos Arcadio, Pascasio, Probo y Eutiquiano, que, por no querer adherirse de ningún modo a la herejía de Arrio, fueron primeramente proscritos por Genserico, rey de los vándalos, luego exiliados y atormentados con atroces suplicios hasta sufrir la muerte de distintos modos. Fue entonces cuando el niño Paulillo, hermano de Pascasio y Eutiquiano, brilló por su constancia, ya que, al no poder arrancarlo de su fe católica, fue largamente azotado y condenado a la más vil esclavitud (437).
5*. En Vienne, de la Galia Lugdunense, san Leoniano, abad, que llevado a esta ciudad cautivo desde Panonia por gente enemiga, rigió muy santamente a monjes y monjas durante más de cuarenta años, primero en Autún y después en Vienne (c. 518).
6. En Auvernia, de Aquitania, san Quinciano, obispo, que primero ocupó la sede de Rodez, pero después, exiliado por los godos, fue nombrado obispo de los auvernios (527).
7*. En Cittá di Castello, en la Umbría, conmemoración de santos Florencio, obispo, de cuya doctrina fiel y vida santa fue testigo el papa san Gregorio I Magno, y de san Amantio, su presbítero, rebosante de caridad para con los enfermos y adornado de todas las demás virtudes (s. VI).
8*. En Rodez, de Aquitania, san Dalmacio, obispo, de cuya caridad para con los pobres se hace lenguas san Gregorio de Tours (580).
9*. En el valle de Susingen, entre los helvecios (hoy Suiza), san Himerio, eremita, que predicó el Evangelio en aquella región (c. 612).
10. En Toledo, de Hispania, san Eugenio, obispo, que trabajó en la ordenación de la sagrada liturgia (657).
11. En la región de Cambrai, en la Galia, santa Maxelendis, virgen y mártir, que, según la tradición, al elegir a Cristo como su esposo y rechazar al individuo a quien sus padres la habían prometido, éste la mató con su espada (670).
12. En la basílica de San Pedro, de Roma, san Nicolás I, papa, que sobresalió por su energía apostólica al reafirmar la autoridad del Romano Pontífice en toda la Iglesia (867).
13*. En el monasterio de Regla, en la Vasconia francesa, tránsito de san Abón, abad de Fleury, que admirablemente preparado en las Sagradas Escrituras y en las letras humanas, murió asesinado de una lanzada por defender la disciplina monástica y fomentar denodadamente la paz (1004).
14*. En Ivrea, del Piamonte, conmemoración del beato Varmundo, obispo, esclarecido por la viveza de su fe, su piedad y su humildad, que defendió de las insidias de los poderosos la libertad de la Iglesia, construyó la catedral, fomentó el monacato y promovió la escuela episcopal (1010/1014).
15. En Cremona, de la Lombardía, san Homobono, comerciante, que se hizo famoso por su caridad hacia los pobres, por acoger y educar a niños abandonados y por poner paz en las familias (1197).
16. En Roma, santa Agustina (Livia) Pietrantoni, virgen de la Congregación de hermanas de la Caridad, dedicada cristianamente al cuidado de los tuberculosos en el hospital del Santo Espíritu, donde murió acuchillada por un enfermo en un ataque de furor homicida (1894).
17*. En Simat de Valldigna, de la región de Valencia, en España, beato Juan Gonga Martínez, mártir, que dio su vida por Cristo en la cruel persecución contra la fe (1936).
18*. En Portichol de Tavernes, cerca de Carcaixent, en la misma región de España, beata María del Patrocinio de San Juan Giner Gomis, virgen del Instituto de María Inmaculada de las Misioneras Claretianas y mártir, que en la persecución antes aludida alcanzó la vida eterna luchando por la fe (1936).
19*. En Sofía, ciudad de Bulgaria, beatos Pedro Vicev, Pablo (José) Dzidzov y Josafat (Roberto) Mateo Siskov, presbíteros de la Congregación de los Agustininos de la Asunción, que bajo un régimen hostil a Dios, acusados falsamente y encarcelados por ser cristianos, merecieron recibir por su muerte el premio prometido a los discípulos de Cristo (1952).