jueves, 29 de junio de 2017

Jueves 3 agosto 2017, Jueves de la XVII semana del Tiempo Ordinario (o misa para pedir caridad).

SOBRE LITURGIA

CARTA APOSTÓLICA VICESIMUS QUINTUS ANNUS (4-DICIEMBRE-1988)
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II

III. ORIENTACIONES PARA DIRIGIR LA RENOVACIÓN DE LA VIDA LITÚRGICA


10. De estos principios se derivan algunas normas y orientaciones que deben regular la renovación de la vida litúrgica. Pues si la reforma de la Liturgia querida por el Concilio Vaticano II puede considerarse ya realizada, en cambio, la pastoral litúrgica constituye un objetivo permanente para sacar cada vez más abundantemente de la riqueza de la liturgia aquella fuerza vital que de Cristo se difunde a los miembros de su Cuerpo que es la Iglesia.

Puesto que la Liturgia es el ejercicio del sacerdocio de Cristo, es necesario mantener constantemente viva la afirmación del discípulo ante la presencia misteriosa de Cristo: «Es el Señor» (Jn 21, 7). Nada de lo que hacemos en la Liturgia puede aparecer como más importante de lo que invisible, pero realmente, Cristo hace por obra de su Espíritu. La fe vivificada por la caridad, la adoración, la alabanza al Padre y el silencio de la contemplación, serán siempre los primeros objetivos a alcanzar para una pastoral litúrgica y sacramental.

Ya que la Liturgia está enteramente impregnada por la Palabra de Dios, conviene que cualquier otra palabra esté en armonía con ella, ante todo la homilía, pero también los cantos y las moniciones; ninguna otra lectura podrá ocupar el lugar que corresponde a la lectura bíblica; las palabras de los hombres han de estar al servicio de la Palabra de Dios, sin oscurecerla.

Teniendo en cuenta que «las acciones litúrgicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la Iglesia, que es "sacramento de unidad"»,[45] su reglamentación depende únicamente de la autoridad jerárquica de la Iglesia [46]. La Liturgia pertenece a todo el cuerpo de la Iglesia [47]. Por esto no está permitido a nadie, ni siquiera al sacerdote, ni a grupo alguno, añadir, quitar o cambiar algo, llevado de su propio arbitrio [48]. La fidelidad a los ritos y a los textos auténticos de la Liturgia es una exigencia de la «lex orandi», que debe estar siempre en armonía con la «lex credendi». La falta de fidelidad en este punto puede afectar incluso a la validez misma de los sacramentos.

[45] Const. Sacrosanctum Concilium, 26.
[46] Const. Sacrosanctum Concilium, 22 y 26.
[47] Const. Sacrosanctum Concilium, 26.
[48] Const. Sacrosanctum Concilium, 22.


CALENDARIO

3 JUEVES DE LA XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria


Misa
de feria (verde).
MISAL: cualquier formulario permitido (véase pág. 67, n. 5), Pf. común.
LECC.: vol. III-impar.
- Éx 40, 16-21. 34-38. La nube cubrió la Tienda del Encuentro y la gloria del Señor la llenó.
- Sal 83. R. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo!
- Mt 13, 47-53. Reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 4 de agosto, pág. 466.
CALENDARIOS: Segorbe-Castellón: Santa Teresa Benedicta de la Cruz, virgen y mártir (F-trasladada).
San Sebastián: Santa Cándida María de Jesús Cipitria y Barriola, virgen (MO).
Cuenca: San Sixto II, papa, y compañeros, mártires (ML-trasladada), o san Cayetano, presbítero (ML-trasladada).
Hermanas de la Cruz: San Eusebio de Vercelli, obispo, o san Pedro Julián Eymard, presbítero (ML-trasladada).
Osma-Soria: Beata Juana de Aza, viuda (ML).
Palencia: San Pedro de Osma, obispo (ML).
Canónigos Regulares de Letrán: San Pedro ad Víncula (ML).
Dominicos: Beato Agustín Kazotiz, obispo (ML).

TEXTOS MISA

Misa de la feria: del XVII domingo del Tiempo Ordinario (o de otro domingo del Tiempo Ordinario).

Misa por diversas circunstancias:
PARA PEDIR CARIDAD AD POSTULANDAM CARITATEM
Antífona de entrada Cf. Ez 36, 26-28
Dice el Señor: «Arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne y os infundiré mi espíritu. Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios».
Antiphona ad introitum Ez 36, 26-28
Dicit Dóminus: Auferam cor lapídeum de carne vestra, et dabo vobis cor cárneum, et spíritum meum ponam in médio vestri: et éritis mihi in pópulum, et ego ero vobis in Deum.
Oración colecta
Te rogamos, Señor, que inflames nuestros corazones con el Espíritu de tu amor, para que busquemos siempre lo digno y agradable a tu majestad y podamos amarte sinceramente en los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Corda nostra, quaesumus, Dómine, tuae Spíritu caritátis inflámma, ut tuae digna semper ac plácita maiestáti cogitáre et te in frátribus sincére dilígere valeámus. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la XVII semana del Tiempo Ordinario, año impar (Lec. III-impar).

PRIMERA LECTURA Éx 40, 16-21. 34-38
La nube cubrió la Tienda del Encuentro, y la gloria del Señor la llenó

Lectura del libro del Éxodo.

En aquellos días, Moisés hizo todo conforme a lo que el Señor le había mandado.
El día uno del mes primero del segundo año fue erigida la Morada. Moisés erigió la Morada, colocó las basas, puso los tablones con sus travesaños y plantó las columnas; montó la tienda sobre la Morada y puso la cubierta sobre la tienda; como el Señor se lo había mandado a Moisés.
Luego colocó el Testimonio en el Arca, sujetó los varales al Arca y puso el propiciatorio encima del Arca. Después trasladó el Arca a la Morada, puso el velo de separación para cubrir el Arca del Testimonio; como el Señor había mandado a Moisés.
Entonces la nube cubrió la Tienda del Encuentro y la gloria del Señor llenó la Morada.
Moisés no pudo entrar en la Tienda del Encuentro, porque la nube moraba sobre ella y la gloria del Señor llenaba la Morada.
Cuando la nube se alzaba de la Morada, los hijos de Israel levantaban el campamento, en todas las etapas. Pero cuando la nube no se alzaba, ellos esperaban hasta que se alzase.
De día la nube del Señor se posaba sobre la Morada, y de noche el fuego, en todas sus etapas, a la vista de toda la casa de Israel.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 83, 3. 4. 5-6a y 8a. 11 (R.: 2)
R.
¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo! Quam dilécta tabernácula tua, Dómine virtútum!

V. Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
retozan por el Dios vivo. R.
¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo! Quam dilécta tabernácula tua, Dómine virtútum!

V. Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor del universo,
Rey mío y Dios mío. R.
¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo! Quam dilécta tabernácula tua, Dómine virtútum!

V. Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados. R.
¡Qué deseables son tus moradas, Señor del universo! Quam dilécta tabernácula tua, Dómine virtútum!

Aleluya Cf. Hch 16, 14b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Abre, Señor, nuestro corazón, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. R. Aperi, Dómine, cor nostrum, ut intendámus verbis Fílii tui.

EVANGELIO Mt 13, 47-53
Reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Habéis entendido todo esto?».
Ellos le responden:
«Sí».
Él les dijo:
«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Gregorio, homiliae in Evangelia, 11, 4
Se compara la Iglesia Santa a una red porque ha sido entregada a unos pescadores, y todos mediante ella son arrastrados de las olas de la vida presente al reino eterno, a fin de que no perezcan sumergidos en el abismo de la muerte eterna. Esta Iglesia reúne toda clase de peces, porque llama para perdonarlos a todos los hombres, a los sabios y a los insensatos, a los libres y a los esclavos, a los ricos y a los pobres, a los fuertes y a los débiles. Estará completamente llena la red, esto es, la Iglesia, cuando al fin de los tiempos esté terminado el destino del género humano. Por eso sigue: "La cual cuando está llena", etc., porque así como el mar representa al mundo, así también la ribera del mar figura el fin del mundo, y es en este momento cuando son escogidos y guardados en vasijas los buenos, y los malos son arrojados fuera. Es decir, los elegidos serán recibidos en los tabernáculos eternos, y los malos, después de haber perdido la luz que iluminaba el interior del reino, serán llevados a las tinieblas exteriores, porque ahora contiene la red de la fe igualmente, como a mezclados peces, a todos los malos y buenos. Pero luego en la ribera se verá los que estaban dentro de la red de la Iglesia.

Oración de los fieles
Ferias del Tiempo Ordinario IV.
292. Al celebrar estos sagrados misterios, pidamos al Dios de la salvación que escuche misericordiosamente nuestras plegarias.
- Para que conceda a la Iglesia la libertad y la paz. Roguemos al Señor.
- Para que se digne establecer y conservar la justicia en todas las naciones. Roguemos al Señor.
- Para que descubra a los poderosos que mandar es servir. Roguemos al Señor.
- Para que dé a los súbditos una obediencia sin servilismo. Roguemos al Señor.
- Para que perdone a los pecadores, proteja a los justos, consuele a los que sufren y dé la salud a los enfermos. Roguemos al Señor.
- Para que despierte en nosotros el amor a los pobres y el deseo del cielo. Roguemos al Señor.
Oh Dios, que derramas sobre los corazones de tus fieles el don de la caridad; concede a tus siervos la salud del alma y del cuerpo para que vivan en tu amor, cumpliendo tus mandatos. Por Jesucristo nuestro Señor. 

Oración sobre las ofrendas
Santifica por tu bondad, Señor, nuestros dones y, al aceptar la ofrenda del sacrificio espiritual, concédenos llevar tu amor a todos los hombres. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Propítius, Dómine, quaesumus, haec dona sanctífica, et, hóstiae spiritális oblatióne suscépta, concéde, ut caritátem tuam ad omnes possímus exténdere. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA DE LA RECONCILIACIÓN I. PREX EUCHARISTICA DE RECONCILIATIONE I.
Antífona de la comunión 1 Cor 13, 13
Quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor.
Antiphona ad communionem 1Co 13, 13
Nunc autem manent fides, spes, cáritas, tria haec: maior autem horum est cáritas.
Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor, que llenes con la gracia del Espíritu Santo a cuantos has saciado con el único pan del cielo, y los fortalezcas generosamente con la dulzura de una caridad perfecta. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Quos uno pane caelésti satiásti, quaesumus, Dómine, ut Sancti Spíritus grátia perfúndas, et abundánter refícias perféctae dulcédine caritátis. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 4 de agosto
M
emoria de san Juan María Vianney, presbítero, que durante más de cuarenta años se entregó de una manera admirable al servicio de la parroquia que le fue encomendada en la aldea de Ars, cerca de Belley, en Francia, con una intensa predicación, oración y ejemplos de penitencia. Diariamente catequizaba a niños y adultos, reconciliaba a los arrepentidos y con su ardiente caridad, alimentada en la fuente de la Eucaristía, brilló de tal modo, que difundió sus consejos a lo largo y a lo ancho de toda Europa y con su sabiduría llevó a Dios a muchísimas almas (1859).
2. Conmemoración de san Aristarco de Tesalónica, que fue discípulo de san Pablo, fiel compañero en sus viajes y prisionero con él en Roma (s. I).
3. En Roma, en la vía Tiburtina, santos Justino y Crescencio, mártires (258).
4. Asimismo en Roma, en la vía Labicana, san Jacinto, mártir (s. III/IV).
5. En Tarsia, de Bitinia, san Eleuterio, mártir (s. IV).
6. En Persia, santa Ia, mártir durante el reinado de Sapor II (c. 632).
7. En Tours, de Neustria, conmemoración de san Eufronio, obispo, que participó en varios concilios, reparó muchas iglesias en la ciudad, erigió parroquias en las aldeas y promovió con gran cuidado la veneración de la Santa Cruz (573).
8*. En los bosques de Panaia, cerca de Catanzaro, en la Calabria, san Onofre, eremita, insigne por sus ayunos y por la austeridad de vida (995).
9*. En Split (Spalato), en Dalmacia, san Rainero, obispo y mártir. Fue primeramente monje y después sobrellevó grandes sufrimientos por defender los derechos de la Iglesia en la sede episcopal de Cagli, y posteriormente murió apedreado en la de Split (1180).
10*. En Bolonia, en la Emilia, beata Cecilia, virgen, que recibió el hábito de religiosa de manos de santo Domingo, de cuya vida y espíritu fue testigo fidelísima (1290).
11*. En Londres, en Inglaterra, beato Guillermo Horne, mártir. Fue monje en la Cartuja de esta ciudad, sin apartarse nunca del cumplimiento de la Regla. Debilitado por una larga permanencia en la cárcel durante el reinado de Enrique VIII y sometido finalmente al suplicio en el patíbulo de Tyburn, emigró a la derecha de Cristo (1540).
12*. En Montreal, en la provincia de Quebec, en Canadá, beato Federico Janssoone, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que, para el fomento de la fe, promovió las peregrinaciones a Tierra Santa (1916).
13*. En Madrid, capital de España, beato Gonzalo Gonzalo, religioso de la Orden de San Juan de Dios y mártir, que, en el furor de la persecución contra la fe, confirmó con su sangre su testimonio de Cristo (1936).
14*. En Barcelona, también de España, beatos mártires José Batalla Parramón, presbítero, José Rabasa Bentanachs y Egidio Gil Rodicio, religiosos de la Sociedad Salesiana, que, durante la misma persecución, alcanzaron la vida eterna con la defensa de su fe (1936).
15*. En el campo de concentración de Dachau, cerca de Munich, de Baviera, en Alemania, beato Enrique Krzysztofik, presbítero y mártir. Deportado durante la guerra desde Polonia a una cárcel extranjera por su fe cristiana, acabó entre suplicios su martirio (1942).