martes, 2 de mayo de 2017

Matrimonio: Lecturas del Nuevo Testamento.

Ritual del Matrimonio (2ª edición)

Capítulo V. LECTURAS PARA LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO

ELENCO COMPLETO DE LAS LECTURAS

En la Misa «por los esposos» y en los Matrimonios que se celebran sin Misa, pueden emplearse las lecturas que vienen a continuación. Se elegirá siempre por lo menos una lectura que hable explícitamente del Matrimonio. Estas lecturas están señaladas con un asterisco (*) y van precedidas por una monición. Se han elegido porque expresan de modo más claro la dignidad del Matrimonio y su peculiar significado en el Misterio de la Salvación.

LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO

384. Rm 8, 31b-35. 37-39:

¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrán apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.


385. Rm 12, 1-2. 9-18 (larga); o bien: 1-2. 9-13 (breve):

Presentad vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable.
Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno.
Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo.
En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes.
Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.
Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad.
Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis.
Con los que ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad.
Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde.
No mostréis suficiencia. No devolváis a nadie mal por mal. Procurad la buena reputación entre la gente; en cuanto sea posible y por lo que a vosotros toca, estad en paz con todo el mundo.

Palabra de Dios.

O bien más breve:
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable.
Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno.
Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo.
En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes.
Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.
Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad.

Palabra de Dios.


386. Rm 15, lb-3a. 5-7. 13:

Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Nosotros los robustos no debemos buscar lo que nos agrada. Procuramos cada uno dar satisfacción al prójimo en lo bueno, mirando a lo constructivo. Tampoco Cristo buscó su propia satisfacción.
Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, se conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios.
Que el Dios de la esperanza colme vuestra fe de alegría y de paz.

Palabra de Dios.


387. 1 Co 6, 13c-15a. 17-20:

Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:
El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo.
Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros.
¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?
El que se une al Señor es un espíritu con él.
Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Él habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios.
No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros.
Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

Palabra de Dios.


388. 1Co 7, 10-14:

Que la mujer no se separe del marido; y el marido que no se divorcie de su mujer
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:
A los ya casados les mando -bueno, no yo, el Señor- que la mujer no se separe del marido. Y si llegara a separarse, que no vuelva a casarse o que haga las paces con su marido, y el marido que no se divorcie de su mujer.
A los demás les hablo yo, no el Señor: si un cristiano está casado con una no cristiana y ella está de acuerdo en vivir con él, que no se divorcie. Y si una mujer está casada con un no cristiano y él está de acuerdo en vivir con ella, que no se divorcie del marido. Porque el marido no cristiano queda consagrado a Dios por su mujer, y la mujer no cristiana queda consagrada por el marido cristiano. Si no fuera así, vuestros hijos estarían contaminados.

Palabra de Dios.


389. 1Co 12, 31-13, 8a:

Si no tengo amor, de nada me sirve
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios

Hermanos:
Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional.
Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.

Palabra de Dios.


390. Ef 4, 1-6:

Un solo cuerpo y un solo Espíritu, un bautismo
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos:
Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.
Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.

Palabra de Dios.


* 391. Ef 5, 2a. 21-33 (larga); o bien: 2a. 25-32 (breve):

Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia 
Bajo el signo del amor (v. 2a. 25), fundamento último de la entrega de Cristo a la Iglesia (Ga 2, 20), se explica la esencia profunda del matrimonio. La relación de la Iglesia y Cristo (que la ama, la alimenta y se entrega por ella) es para san Pablo el ejemplo e ideal de la unión matrimonial.
Los tres avisos que da Pablo a los casados son expuestos con su fundamento humano y su fundamento eclesiológico, siempre en ese orden:
a) Estad sujetas al varón (vv. 21-22), pues es vuestra cabeza (v. 23a), como Cristo es cabeza de la Iglesia (v. 23b).
b) Amad a vuestras esposas (v. 25a), como Cristo amó a su Iglesia (vv. 25b 27).
c) Amad a vuestras esposas (v. 28a), pues amáis también a vuestros cuerpos que alimentáis (vv. 29b-32), como Cristo alimenta a la Iglesia, su Cuerpo (vv. 29b-32).
La unión matrimonial recibe así del misterio de Cristo y de la Iglesia no sólo el ejemplo, sino la fuerza, que convierte a la familia en una realización concreta de la vida de la Iglesia, en verdadera «célula eclesial» (cf. Lumen gentium, núm. 11).

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos:
Vivid en el amor como Cristo nos amó y se entregó por nosotros a Dios.
Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano.
Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia.
Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el bañó del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son.
Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.
«Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.»
Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
En una palabra, que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido.

Palabra de Dios.

O bien más breve:
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos:
Vivid en el amor como Cristo nos amó y se entregó por nosotros a Dios.
Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia.
Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son.
Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.
«Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.»
Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

Palabra de Dios.


392. Flp 4, 4-9:

Todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Hermanos:
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca.
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.
Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Palabra de Dios.


393. Col 3, 12-17:

Por encima de todo, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses.

Hermanos:
Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.
Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.
Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.
Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Palabra de Dios.


394. Hb 13, 1-4a. 5-6b:

Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre
Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos:
Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad; por ella algunos recibieron sin saberlo la visita de unos ángeles.
Acordaos de los que están presos, como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados, como si estuvierais en su carne.
Que todos respeten el matrimonio, el lecho nupcial que nadie lo mancille.
Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: «Nunca te dejaré ni te abandonaré»; así tendremos valor para decir: «El Señor es mi auxilio: nada temo.
Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe.
Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre.

Palabra de Dios.


* 395. 1P 3, 1-9:

Todos un mismo pensar y un mismo sentir, con afecto fraternal
El matrimonio tiene un fin más allá de sí mismo. Como toda la vocación cristiana, está destinado a heredar una bendición (v. 9) y los dos cónyuges son coherederos de la gracia de la Vida (v. 7).
Esto último hace que sea esencial al matrimonio el espíritu de unidad y de amor (v. 8) y la ausencia de todo egoísmo, que no devuelve mal por mal (v. 9), sino que vence al mal con el bien (Rm 12, 21).
El autor de la carta exhorta más largamente a las mujeres (vv. 1-6) que a los maridos (v. 7), quizás porque las esposas cristianas de maridos paganos contaban con mayores dificultades que los esposos cristianos de mujeres paganas.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos:
Las mujeres sean sumisas a los propios maridos para que, si incluso algunos no creen en la palabra, sean ganados no por palabras, sino por la conducta de sus mujeres, al considerar vuestra conducta casta y respetuosa.
Que vuestro adorno no esté en el exterior: en peinados, joyas y modas, sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un alma dulce y serena: esto es precioso ante Dios. Así se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban a Dios, siendo sumisas a sus maridos; así obedeció Sara a Abrahán, llamándole señor. De ella os hacéis hijas cuando obráis bien, sin tener ningún temor.
De igual manera, vosotros, maridos, en la vida común sed comprensivos con la mujer, que es un ser más frágil, respetándolas, ya que son también coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no encuentren obstáculo.
Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad.
No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.

Palabra de Dios.


396. 1Jn 3, 18-24:

Amemos de verdad y con obras
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.
En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.
Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Palabra de Dios.


397. 1Jn 4, 7-12:

Dios es amor
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.

Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados.
Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

Palabra de Dios.


398. Ap 19, 1. 5-9a:

Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero
Lectura del libro del Apocalipsis.

Yo, Juan, oí en el cielo algo que recordaba el vocerío de una gran muchedumbre; cantaban:
«Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios.»
Y salió una voz del trono que decía:
«Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.»
Y oí algo que recordaba el rumor de una muchedumbre inmensa, el estruendo del océano y el fragor de fuertes truenos. Y decían:
«Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
Llegó la boda del Cordero,
su esposa se ha embellecido,
y se le ha concedido vestirse de lino
deslumbrante de blancura
-el lino son las buenas acciones de los santos-.»
Luego me dice:
«Escribe: "Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero."»

Palabra de Dios.