jueves, 4 de mayo de 2017

Matrimonio: Evangelios.

Ritual del Matrimonio (2ª edición)

Capítulo V. LECTURAS PARA LA CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO

ELENCO COMPLETO DE LAS LECTURAS

En la Misa «por los esposos» y en los Matrimonios que se celebran sin Misa, pueden emplearse las lecturas que vienen a continuación. Se elegirá siempre por lo menos una lectura que hable explícitamente del Matrimonio. Estas lecturas están señaladas con un asterisco (*) y van precedidas por una monición. Se han elegido porque expresan de modo más claro la dignidad del Matrimonio y su peculiar significado en el Misterio de la Salvación.

410. Mt 5, 1-12a:

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
«Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»

Palabra del Señor.


411. Mt 5, 13-16:

Vosotros sois la luz del mundo
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Palabra del Señor.


411a. Mt 6, 25-34:

No os agobiéis por el mañana
Lectura del santo evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? Non andéis agobiaos, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.
Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

Palabra del Señor.


412. Mt 7, 21. 24 29 (larga); o bien: 21. 24-25 (breve):

Edificó su casa sobre roca
Lectura del santo evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»
Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

Palabra del Señor.

O bien, más breve:
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.»

Palabra del Señor.


* 413. Mt 19, 3-6:

Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre
El matrimonio tiene un carácter de indisolubilidad, puesto por Dios en la naturaleza (vv. 4-5).
Ante las ideas (v. 3) e incluso legislación (19, 7) sobre el divorcio, Jesús toma una postura de intransigencia, basada en el designio de Dios que queda hecho realidad en la unión que comporta la consumación del matrimonio (v. 6).
Esta intransigencia provocará la frase de los discípulos sobre lo desventajoso y duro del matrimonio (19, 10), que Jesús soluciona a continuación (19, 11 ss): Sólo con la fe, que nos ha sido dada por Dios, somos capaces de comprender (19, 11) y llevar adelante (19, 12) esta fidelidad.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba:
«¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?»
Él les respondió:
«¿No habéis leído que el Creador, en el principio, "los creó hombre y mujer", y dijo: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne"? De modo que ya no son dos, sino una sola carne.
Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»

Palabra del Señor.


414. Mt 22, 35-40:

Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él
Lectura del santo evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, uno de los fariseos, que era experto en la Ley, le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo:
«"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser."
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra del Señor.


* 415. Mc 10, 6-9:

No son dos, sino una sola carne
La cita, en boca de Jesús, de los dos textos sobre la unión del hombre y la mujer, que figuran en los dos relatos de la creación (Gn 1, 27 del Sacerdotal y Gn 2, 24 del Jahvista), es casi perfectamente paralela con la de Mt 19, 4-6. La única variante es que Marcos parece insistir más en la disposición de la naturaleza, si bien en la frase conclusiva, idéntica en los dos, se acentúe categóricamente la voluntad de Dios (cf. 1Co 7, 10) que ha unido esos seres, contra la cual no deberá atentar, en consecuencia, ningún hombre ni institución humana.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos.

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne". De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»

Palabra del Señor.


* 416. Jn 2, 1-11:

En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos 
Un banquete de bodas (v. 1) ofrece a Jesús la ocasión de realizar el primer signo o manifestación de su persona, como gracia y plenitud que se nos ofrece (cf. Jn 1, 16), haciendo crecer así la fe de sus discípulos en él.
La realidad de gracia y de plenitud que nos viene con Cristo está señalada por el cambio del agua de las purificaciones rituales (v. 6), símbolo de la realidad de la antigua alianza, en vino, que a lo largo del Antiguo Testamento es uno de los más claros signos de la plenitud mesiánica (cf. Gn 49, 10-11; Am 9, 13-14; 1s 25, 6; JI 2, 24; 4, 18; Eclo 24, 23; Pr 9, 1-5; Ct 5, 1).

+ Lectura del santo evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo:
«No les queda vino.»
Jesús le contestó:
«Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.»
Su madre dijo a los sirvientes:
«Haced lo que él diga.»
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo:
«Llenad las tinajas de agua.»
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó:
«Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.»
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora.»
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

Palabra del Señor.


417. Jn 15, 9-12:

Permaneced en mi amor
+ Lectura del santo evangelio según san Juan.

Dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.»

Palabra del Señor.


418. Jn 15, 12-16:

Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros
Lectura del santo evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.»

Palabra del Señor.


419. Jn 17, 20-26 (larga); o bien: 20-23 (breve):

Que sean completamente uno
Lectura del santo evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:
«Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Palabra del Señor.

O bien más breve:
+ Lectura del santo evangelio según san Juan.

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos del cielo, oró, diciendo:
«Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.»

Palabra del Señor.