viernes, 14 de abril de 2017

Viernes 19 mayo 2017, Viernes de la V semana de Pascua, feria.

SOBRE LITURGIA

SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE
DECLARACIÓN SOBRE LA CUESTIÓN DE LA ADMISIÓN DE LAS MUJERES AL SACERDOCIO MINISTERIAL (15 de octubre de 1976)


Además de estas objeciones sacadas de la historia de los tiempos apostólicos, los sostenedores de la legitimidad de una evolución en este terreno sacan argumentos de la práctica de la Iglesia en la disciplina de los sacramentos. Se ha podido observar, sobre todo en nuestra época, cómo la Iglesia tiene conciencia de poseer respecto de los sacramentos, aunque instituidos por Cristo, cierto poder de intervención. Ella lo ha usado a lo largo de los siglos para precisar el signo y las condiciones de administración: las recientes decisiones de los Papas Pío XII y Pablo VI son una prueba [12]. No obstante, hay que subrayar que ese poder es real pero limitado. Como lo recordaba Pío XII: «En la Iglesia ha existido siempre este poder, es decir, que en la administración de los Sacramentos, salvaguardada la substancia de los mismos, ella pueda establecer o modificar todo lo que cree ser más conveniente o útil para aquellos que los reciben o para el respeto hacia los mismos Sacramentos, según las diversas circunstancias de tiempos y lugares» [13]. Esta era ya la enseñanza del Concilio de Trento que declaraba: «La Iglesia ha tenido siempre el poder, en la administración de los sacramentos, de prescribir o modificar todo aquello que conviene más, según las diversas épocas o países, para la utilidad de los fieles o el respeto debido a los sacramentos, con tal que sea salvaguardada la substancia de los mismos» [14].

Por otra parte, no hay que olvidar que los signos sacramentales no son convencionales; y aunque es cierto que son, en ciertos aspectos, signos naturales dado que responden al simbolismo profundo de los gestos y de las cosas, ellos son más que eso: están destinados principalmente a introducir al hombre de cada época en el Acontecimiento por excelencia de la historia de la salvación y a hacerle comprender, mediante la gran riqueza de la pedagogía y del simbolismo de la Biblia, cuál es la gracia que ellos significan y producen. Así por ejemplo el sacramento de la Eucaristía no es solamente una comida fraterna, sino también un memorial que hace presente y actualiza el sacrificio de Cristo y su ofrenda por la Iglesia; el sacerdocio ministerial no es un simple servicio pastoral, sino que asegura la continuidad de las funciones confiadas por Cristo a los Doce y de los respectivos poderes. La adaptación a las civilizaciones y a las épocas no puede pues abolir, en los puntos esenciales, la referencia sacramental a los acontecimientos fundacionales del cristianismo y al mismo Cristo.

En último análisis es la Iglesia la que, a través de la voz de su Magisterio, asegura en campos tan variados el discernimiento acerca de lo que puede cambiar y de lo que debe quedar inmutable. Cuando ella cree no poder aceptar ciertos cambios, es porque se siente vinculada por la conducta de Cristo; su actitud, a pesar de las apariencias, no es la del arcaísmo, sino la de la fidelidad: ella no puede comprenderse verdaderamente más que bajo esta luz. La Iglesia se pronuncia, en virtud de la promesa del Señor y de la presencia del Espíritu Santo, con miras a proclamar mejor el misterio de Cristo, de salvaguardarlo y de manifestar íntegramente la riqueza del mismo.

Esta práctica de la Iglesia reviste, pues, un carácter normativo: en el hecho de no conferir más que a hombres la ordenación sacerdotal hay una tradición constante en el tiempo, universal en Oriente y en Occidente, vigilante en reprimir inmediatamente los abusos; esta norma, que se apoya en el ejemplo de Cristo, es seguida porque se la considera conforme con el plan de Dios para su Iglesia.

[12] Pío PP. XII, Const. Apost. Sacramentum Ordinis, 30 de noviembre de 1947, AAS 40 (1948), pp. 5-7; Pablo PP. VI. Const. Apost. Divinae consortium naturae, 15 de agosto de 1971, AAS 63 (1971), pp. 657-664; Const. Apost. Sacram Unctionem, 30 de noviembre de 1972, AAS 65 (1973), pp. 5-9.
[13] Pío PP. XII, Const. Apost. Sacramentum Ordinisl.c., p. 5.
[14] Sesión 21, cap. 2: Denzinger-Schönmetzer, Enchiridion Symbolorum ..., n. 1728.

CALENDARIO

19 VIERNES DE LA V SEMANA DE PASCUA, feria


Misa
de feria (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. Pasc.
LECC.: vol. II.
- Hch 15, 22-31. Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables.
- Sal 56. R. Te daré gracias ante los pueblos, Señor.
- Jn 15, 12-17. Esto os mando: que os améis unos a otros.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 20 de mayo, pág. 318.
CALENDARIOS: Dominicas de la Anunciata: San Francisco Coll y Guitart, presbítero (F). Vic y Dominicos: (MO).
Agustinos: Beatos Clemente de Ósimo y Agustín de Tarano, presbíteros (MO).
Tarazona: Beato Juan Lorenzo, mártir (MO).
Vitoria: Santa Josefa del Corazón de Jesús Sancho Guerra (MO).
OFM Cap.: San Crispín de Viterbo, religioso (MO).
Bilbao: San Juan I, papa y mártir (ML-trasladada).
Córdoba: Santa Rafaela María del Sagrado Corazón, virgen (ML).
Valencia: Beatos Juan de Cetina y Pedro de Dueñas, mártires (ML).
Benedictinos: San Celestino V, papa (ML).
HH. de las Escuelas Cristianas: Beato Rafael Luis Rafiringa, religioso (ML).

TEXTOS MISA

Viernes de la V Semana de Pascua. Feria sexta. Hebdomada VI Paschae.
Antífona de entrada Ap 5, 12
Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. Aleluya.
Antiphona ad introitum Ap 5, 12
Dignus est Agnus, qui occísus est, accípere virtútem et divinitátem et sapiéntiam et fortitúdinem et honórem, allelúia.
Oración colecta
Danos, Señor, una plena vivencia de los misterios pascuales, para que, celebrándolos con alegría, nos protejan continuamente y nos salven. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Tríbue nobis, quaesumus, Dómine, mystériis paschálibus conveniénter aptári, ut quae laetánter exséquimur perpétua virtúte nos tueántur et salvent. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Viernes de la V semana de Pascua (Lec. II).

PRIMERA LECTURA Hch 15, 22-31
Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

En aquellos días, los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir a algunos de ellos para mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y enviaron por medio de ellos esta carta:
«Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia provenientes de la gentilidad. Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alborotado con sus palabras, desconcertando vuestros ánimos, hemos decidido, por unanimidad, elegir a algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, hombres que han entregado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Os mandamos, pues, a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas. Haréis bien en apartaros de todo esto. Saludos».
Los despidieron, y ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la comunidad y entregaron la carta. Al leerla, se alegraron mucho por aquellas palabras alentadoras.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 56, 8-9. 10-12 (R.: 10a)
R.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor. Confitébor tibi in pópulis, Dómine

V. Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora. R.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor. Confitébor tibi in pópulis, Dómine

V. Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria. R.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor. Confitébor tibi in pópulis, Dómine

Aleluya Jn 15, 15b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. A vosotros os llamo amigos –dice el Señor– porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. R. Vos dixi amícos, dicit Dóminus, quia ómnia quæcúmque audívi a Patre meo, nota feci vobis.

EVANGELIO Jn 15, 12-17
Esto os mando: que os améis unos a otros
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, Presentación de A. del Portillo, pp. 25-26.
Filiación y amistad son dos realidades inseparables para los que aman a Dios. A Él acudimos como hijos, en un confiado diálogo que ha de llenar toda nuestra vida; y como amigos (...). Del mismo modo, la filiación divina empuja a que la abundancia de vida interior se traduzca en hechos de apostolado, como la amistad con Dios lleva a ponerse 'al servicio de todos: utilizar esos dones de Dios como instrumentos para ayudar a descubrir a Cristo' (n. 258).

Oración de los fieles
191. Oremos, hermanos, al Padre, que con su poder nos creó y con su bondad nos ha salvado de la muerte, por la resurrección de su Hijo Jesucristo.
- Por la Iglesia: para que apoyada en la resurrección de Jesucristo, mantenga la esperanza en medio del mundo. Roguemos al Señor.
- Por los gobernantes y políticos de todos los países: para que trabajen eficazmente por conseguir una convivencia en justicia y libertad. Roguemos al Señor.
- Por los desesperados, los que sufren soledad, los moribundos, los sometidos a prueba, por todos los que se encuentran ante algún peligro. Roguemos al Señor.
- Por los niños que en estos días participaran por vez primera en la Eucaristía: para que su fe crezca incesantemente. Roguemos al Señor.
- Por todos nosotros: para que seamos testigos de la resurrección de Jesucristo ante los hombres de nuestro tiempo. Roguemos al Señor.
Te pedimos, Señor, que, como los discípulos de Emaús, te sepamos reconocer en tu Palabra y en tu Eucaristía, para que podamos caminar con amor y esperanza. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Señor, que, en tu bondad, santifiques estos dones, aceptes la ofrenda de este sacrificio espiritual y nos transformes en oblación perenne. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Propítius, Dómine, quaesumus, haec dona sanctífica, et, hóstiae spiritális oblatióne suscépta, nosmetípsos tibi pérfice munus aetérnum. Per Christum.
PREFACIO PASCUAL V
Cristo, sacerdote y víctima
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca exaltarte en este tiempo glorioso en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él, con la inmolación de su cuerpo en la cruz, dio pleno cumplimiento a lo que anunciaban los antiguos sacrificios y, ofreciéndose a sí mismo por nuestra salvación, se manifestó, a la vez, como sacerdote, altar y víctima.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan el himno de tu gloria diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO PASCHALIS V
De Christo sacerdote et victima
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre: Te quidem, Dómine, omni témpore confitéri, sed in hoc potíssimum gloriósius praedicáre, cum Pascha nostrum immolátus est Christus.
Qui, oblatióne córporis sui, antíqua sacrifícia in crucis veritáte perfécit, et, seípsum tibi pro nostra salúte comméndans, idem sacérdos, altáre et agnus exhíbuit.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis, totus in orbe terrárum mundus exsúltat. Sed et supérnae virtútes atque angélicae potestátes hymnum glóriae tuae cóncinunt, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA III. PREX EUCHARISTICA III.
Antífona de comunión
El Crucificado resucitó de entre los muertos y nos redimió. Aleluya.
Antiphona ad communionem
Crucifíxus surréxit a mórtuis, et redémit nos, allelúia.
Oración después de la comunión
Señor, después de recibir el don sagrado del sacramento, te pedimos humildemente
que nos haga crecer en el amor lo que tu Hijo nos mandó realizar en memoria suya. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Post communionem
Súmpsimus, Dómine, sacri dona mystérii, humíliter deprecántes, ut, quae in sui commemoratiónem nos Fílius tuus fácere praecépit, in nostrae profíciant caritátis augméntum. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 20 de mayo
S
an Bernardino de Siena
, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, quien, con la palabra y el ejemplo, fue evangelizando por pueblos y ciudades a las gentes de Italia y difundió la devoción al santísimo Nombre de Jesús, perseverando infatigablemente en el oficio de la predicación, con gran fruto para las almas, hasta el día de su muerte, que ocurrió en L’Aquila, del Abruzo, en Italia (1444).
2. Conmemoración de santa Lidia de Tiatira, vendedora de púrpura, que fue la primera que creyó en el Evangelio en Filipos, en Macedonia, cuando lo predicó el apóstol san Pablo (s. I).
3. En Ostia Tiberina, santa Áurea, mártir (s. in.).
4. En Nimes, en la Galia Narbonense, san Baudilio, mártir (s. in.).
5. En Egea, de Cilicia, san Talaleo, mártir (s. III).
6*. En Cagliari, en la isla de Cerdeña, san Lucífero, obispo, el cual, valiente defensor de la fe nicena, sufrió muchas persecuciones por parte del emperador Constancio, siendo enviado al exilio, y al volver a su sede murió como confesor de Cristo (370).
7*. En Toulouse, en la Galia Narbonense, san Hilario, obispo, que levantó una pequeña basílica de madera sobre el sepulcro de san Saturnino, su predecesor (c. 400).
8. En Bourges, en Aquitania, san Austregisilo, obispo, quien se entregó como ministro de caridad, sobre todo entre los pobres, los huérfanos, los enfermos y los condenados a muerte (c. 624).
9. En Brescia, en Lombardía, san Anastasio, obispo (s. VII).
10. En Pavía, también en Lombardía, san Teodoro, obispo, que padeció el exilio durante la terrible guerra entre francos y longobardos (c. 785).
11*. En Castagneto, en la Toscana, beato Guido de Gherardesca, ermitaño (c. 1134).
12*. En Perugia, de la Umbría, beata Columba (Ángela), virgen de la Penitencia de Santo Domingo, que trabajó por la pacificación de la ciudad, la cual estaba dividida en bandos (1501).
13*. En Seúl, en Corea, san Protasio Chong Kuk-bo, mártir, que volvió de nuevo a la fe cristiana que había abandonado anteriormente y la profesó hasta la muerte en la cárcel, que le causaron en medio de crueles torturas (1839).
14*. En el pueblo de Botticino Sera, cerca de Brescia, en Italia, beato Arcángel Tadini, presbítero, quien se dedicó a trabajar con empeño por los derechos y la dignidad de los obreros y fundó la Congregación de las Hermanas Obreras de la santa Casa de Nazaret, dedicada principalmente a la justicia social (1912).