lunes, 6 de febrero de 2017

Lunes 13 marzo 2017, Lunes de la II semana de Cuaresma, feria.

SOBRE LITURGIA

CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO (25 ENERO 1983)
LIBRO IV


Art. 2. DE LOS REQUISITOS PREVIOS PARA LA ORDENACIÓN

1033 Sólo es ordenado lícitamente quien haya recibido el sacramento de la confirmación.

1034 § 1. Ningún aspirante al diaconado o al presbiterado debe recibir la ordenación de diácono o de presbítero sin haber sido admitido antes como candidato, por la autoridad indicada en los cc. 1016 y 1019, con el rito litúrgico establecido, previa solicitud escrita y firmada de su puño y letra, que ha de ser aceptada también por escrito por la misma autoridad.

§ 2. Este rito de admisión no es obligatorio para quien está incorporado por los votos a un instituto clerical.

1035 § 1. Antes de que alguien sea promovido al diaconado, tanto permanente como transitorio, es necesario que el candidato haya recibido y haya ejercido durante el tiempo conveniente los ministerios de lector y de acólito.

§ 2. Entre el acolitado y el diaconado debe haber un intersticio por lo menos de seis meses.

1036 Para poder recibir la ordenación de diácono o de presbítero, el candidato debe entregar al Obispo propio o al Superior mayor competente una declaración redactada y firmada de su puño y letra, en la que haga constar que va a recibir el orden espontánea y libremente, y que se dedicará de modo perpetuo al ministerio eclesiástico, al mismo tiempo que solicita ser admitido al orden que aspira a recibir.

1037 El candidato al diaconado permanente que no esté casado, y el candidato al presbiterado, no deben ser admitidos al diaconado antes de que hayan asumido públicamente, ante Dios y ante la Iglesia, la obligación del celibato según la ceremonia prescrita, o hayan emitido votos perpetuos en un instituto religioso.

1038 No puede prohibirse el ejercicio del orden recibido a un diácono que rehuse recibir el presbiterado, a no ser que esté afectado por un impedimento canónico o por otra causa grave que debe juzgar el Obispo diocesano o el Superior mayor competente.

1039 Todos los que van a recibir un orden deben hacer ejercicios espirituales, al menos durante cinco días, en el lugar y de la manera que determine el Ordinario; el Obispo, antes de proceder a la ordenación, debe ser informado de que los candidatos han hecho debidamente esos ejercicios.

CALENDARIO

13 LUNES DE LA II SEMANA DE CUARESMA, feria

Misa
de feria (morado).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. Cuaresma.
LECC.: vol. II.
La Cuaresma: Perdonar como Dios perdona para ser perdonados.
- Dan 9, 4b-10. Hemos pecado, hemos cometido crímenes.
- Sal 78. R. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados.
- Lc 6, 36-38. Perdonad, y seréis perdonados.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 14 de marzo, pág. 206.
CALENDARIOS: Córdoba: San Rodrigo, presbítero y mártir (conm.).
Oviedo: Santos cuyas reliquias se custodian en la archidiócesis (conm.).
Santo Padre: Aniversario de la elección del papa Francisco (2013).

TEXTOS MISA

Se puede celebrar la misa por el Papa, en el aniversario de su elección.

Lunes de la II Semana de Cuaresma. Feria secunda. Hebdomada II Quadragesimae.
Antífona de entrada Cf. Sal 25, 11-12
Sálvame, Señor, ten misericordia de mí. Mi pie se mantiene en el camino llano; en la asamblea bendeciré al Señor.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 25, 11-12
Rédime me, Dómine, et miserére mei. Pes enim meus stetit in via recta, in ecclésiis benedícam Dóminum.
Oración colecta
Oh, Dios, que nos mandaste mortificar nuestro cuerpo como remedio espiritual, concédenos abstenemos de todo pecado y que nuestros corazones sean capaces de cumplir los mandamientos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui ob animárum medélam castigáre córpora praecepísti, concéde, ut ab ómnibus possímus abstinére peccátis, et corda nostra pietátis tuae váleant exercére mandáta. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Lunes de la 2ª semana de Cuaresma (Lec. II).

PRIMERA LECTURA Dan 9, 4b-10
Hemos pecado, hemos cometido crímenes

Lectura de la profecía de Daniel.

¡Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos!
Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.
Tú, mi Señor, tienes razón y a nosotros nos abruma la vergüenza, tal como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los de cerca y a los de lejos, en todos los países por donde los dispersaste a causa de los delitos que cometieron contra ti.
Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti.
Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 78, 8. 9. 11 y 13 (R.: cf. Sal 102, 2a)
R.
Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados. Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.

V. No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R.
Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados. Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.

V. Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa e tu nombre. R.
Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados. Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.

V. Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte. R.
Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados. Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.

V. Nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
contaremos tus alabanzas de generación en generación. R.
Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados. Dómine, non secúndum peccáta nostra fac nobis.

Versículo antes del Evangelio Cf. Jn 6, 63c. 68c
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna. Verba tua, Dómine, spíritus et vita sunt; verba vitae aeternae habes.

EVANGELIO Lc 6, 36-38
Perdonad, y seréis perdonados
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Catecismo de la Iglesia Católica
1458 Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia (cf Cc. de Trento: DS 1680; CIC 988, 2). En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu. Cuando se recibe con frecuencia, mediante este sacramento, el don de la misericordia del Padre, el creyente se ve impulsado a ser él también misericordioso (cf Lc 6, 36):
"El que confiesa sus pecados actúa ya con Dios. Dios acusa tus pecados, si tú también te acusas, te unes a Dios. El hombre y el pecador, son por así decirlo, dos realidades: cuando oyes hablar del hombre, es Dios quien lo ha hecho; cuando oyes hablar del pecador, es el hombre mismo quien lo ha hecho. Destruye lo que tú has hecho para que Dios salve lo que él ha hecho… Cuando comienzas a detestar lo que has hecho, entonces tus obras buenas comienzan porque reconoces tus obras malas. El comienzo de las obras buenas es la confesión de las obras malas. Haces la verdad y vienes a la Luz" (S. Agustín, ev. Ioa. 12, 13).

Oración de los fieles
92. Hermanos, pidamos al Padre la sabiduría del Espíritu, para que nos ayude a comprender que nuestra conversión será auténtica si nos tomamos en serio las necesidades morales y materiales de nuestros hermanos.
R. Ilumina a tus hijos, Señor.
- Por toda la Iglesia: para que cada día sea un signo más claro, de reconciliación, de servicio fraterno y de culto en espíritu y verdad. Roguemos al Señor. R.
- Por los pueblos e individuos sometidos a toda clase de violencia: para que cuantos creen en la palabra liberadora de Dios les ayuden a encontrar la dignidad, la justicia y la paz. Roguemos al Señor. R.
- Por los indiferentes, los ateos, los que carecen de esperanza: para que encuentren en nosotros, seguidores de Cristo, el humilde testimonio de una fe que desvela el sentido del hombre y de la vida. Roguemos al Señor. R.
- Por los enfermos en el cuerpo y en el espíritu: para que el Señor Jesús les ilumine y consuele, y les conceda serenidad y confianza. Roguemos al Señor. R.
- Por los que estamos aquí presentes: para que aprovechemos las ocasiones que nos ofrece este tiempo: la Eucaristía diaria, las estaciones cuaresmales, las vigilias, los ayunos y las obras de caridad fraterna. Roguemos al Señor. R.
Dios de sabiduría y misericordia, ayúdanos a hacer brotar esta escuela cuaresmal de los discípulos de Jesús, los gestos y las palabras de una conversión sincera y de una caridad cordial y eficaz. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Acoge, Señor, nuestra oración y libra de las seducciones del mundo a los que concedes servirte con los santos misterios del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Preces nostras, Dómine, propitiátus admítte, et a terrénis éffice illécebris liberátos, quos caeléstibus tríbuis servíre mystériis. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV. PREX EUCHARISTICA IV.
Antífona de comunión Cf. Lc 6, 36
Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso, dice el Señor.
Antiphona ad communionem Lc 6, 36
Estóte misericórdes, sicut et Pater vester miséricors est, dicit Dóminus.
Oración después de la comunión
Señor, que esta comunión nos limpie de pecado y nos haga partícipes de las alegrías del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Haec nos commúnio, Dómine, purget a crímine, et caeléstis gáudii fáciat esse consórtes. Per Christum.
Oración sobre el pueblo
Se puede añadir
ad libitum

Afianza, Señor, el corazón de tus fieles y fortalécelos con el poder de tu gracia, para que se entreguen con fervor a la plegaria y se amen con amor sincero. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oratio super populum ad libitum adhibenda
Confírma, Dómine, quaesumus, tuórum corda fidélium, et grátiae tuae virtúte corróbora, ut et in tua sint supplicatióne devóti, et mútua dilectióne sincéri. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 14 de marzo

1. En Pidna, en Macedonia, san Alejandro, mártir (c. 390).
2. En Milán, de la Liguria, san Lázaro, obispo (s. V).
3. En Chartres, en la Galia, san Leobino, obispo (c. 557).
4. En Quedlinburg, en Sajonia, santa Matilde, esposa fidelísima del rey Enrique I, la cual, conspicua por la humildad y la paciencia, se dedicó a aliviar a los pobres y a fundar hospitales y monasterios (968).
5*. En la región de Fulda, en Alemania, santa Paulina, religiosa (1107).
6*. En Lieja, en la Lorena, beata Eva del Monte Cornelio, reclusa junto al cenobio de San Martín, que, junto con santa Juliana, priora del mismo cenobio, trabajó mucho para que el papa Urbano IV instituyese la fiesta del Cuerpo de Cristo (1265).
7*. En Palermo, de Sicilia, en Italia, beato Jacobo Cusmano, presbítero, que fundó el Instituto de Misioneros Siervos y Siervas de los pobres, y se destacó por su caridad hacia los necesitados y enfermos (1888).
8*. En Roma, junto a San Pablo, en la vía Ostiense, beato Plácido Riccardi, presbítero de la Orden de San Benito, el cual, a pesar de estar afectado por fiebres continuas, enfermedades y parálisis, abrazó incansablemente la observancia de la Regla y la oración (1915).
9. En la ciudad de Zaragoza, en la región de Aragón, beato Agno, obispo, que, siendo canónigo de la catedral, abrazó la vida religiosa en la Orden de los Hermanos Menores y más tarde ejerció el ministerio episcopal en Marruecos, terminando su vida en su ciudad natal (1260).