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viernes, 20 de enero de 2017

Viernes 24 febrero 2017, Lecturas Viernes VII semana del Tiempo Ordinario, año impar.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Viernes de la VII semana del Tiempo Ordinario, año impar (Lec. III-impar).

PRIMERA LECTURA Eclo 6, 5-17
Un amigo fiel no tiene precio

Lectura del libro del Eclesiástico.

Una palabra amable multiplica los amigos
y aleja a los enemigos,
y la lengua afable multiplica los saludos.
Sean muchos los que estén en paz contigo,
pero tus confidentes, solo uno entre mil.
Si haces un amigo, ponlo a prueba,
y no tengas prisa en confiarte a él.
Porque hay amigos de ocasión,
que no resisten en el día de la desgracia.
Hay amigos que se convierten en enemigo,
y te avergüenzan descubriendo tus litigios.
Hay amigos que comparten tu mesa
y no resisten en el día de la desgracia.
Cuando las cosas van bien, es como otro tú,
e incluso habla libremente con tus familiares.
Pero si eres humillado, se pone contra ti
y se esconde de tu presencia.
Apártate de tus enemigos
y sé cauto incluso con tus amigos.
Un amigo fiel es un refugio seguro,
y quien lo encuentra ha encontrado un tesoro.
Un amigo fiel no tiene precio
y su valor es incalculable.
Un amigo fiel es medicina de vida,
y los que temen al Señor lo encontrarán.
El que teme al Señor afianza su amistad,
porque, según sea él, así será su amigo.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 118, 12. 16. 18. 27. 34. 35 (R.: 35a)
R.
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos. Deduc me, Dómine, in sémitam praeceptórum tuórum.

V. Bendito eres, Señor,
enséñame tus decretos. R.
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos. Deduc me, Dómine, in sémitam praeceptórum tuórum.

V. Tus decretos son mi delicia,
no olvidaré tus palabras. R.
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos. Deduc me, Dómine, in sémitam praeceptórum tuórum.

V. Ábreme los ojos, y contemplaré
las maravillas de tu ley. R.
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos. Deduc me, Dómine, in sémitam praeceptórum tuórum.

V. Instrúyeme en el camino de tus mandatos,
y meditaré tus maravillas. R.
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos. Deduc me, Dómine, in sémitam praeceptórum tuórum.

V. Enséñame a cumplir tu ley
y a guardarla de todo corazón. R.
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos. Deduc me, Dómine, in sémitam praeceptórum tuórum.

V. Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo. R.
Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos. Deduc me, Dómine, in sémitam praeceptórum tuórum.

Aleluya Cf. Jn 17, 17b. A
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Tu palabra, Señor, es verdad; santifícanos en la verdad. R. Sermo tuus, Dómine, véritas est; sanctífica nos in veritáte.

EVANGELIO Mc 10, 1-12
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre
Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino y según su costumbre les enseñaba.
Acercándose unos fariseos, le preguntaban para ponerlo a prueba:
«¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?».
Él les replicó:
«¿Qué os ha mandado Moisés?».
Contestaron:
«Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla».
Jesús les dijo:
«Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.
De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo:
«Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera, Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Catecismo de la Iglesia Católica
2365 La fidelidad expresa la constancia en el mantenimiento de la palabra dada. Dios es fiel. El sacramento del matrimonio hace entrar al hombre y la mujer en la fidelidad de Cristo para con su Iglesia. Por la castidad conyugal dan testimonio de este misterio ante el mundo.
S. Juan Crisóstomo sugiere a los jóvenes esposos hacer este razonamiento a sus esposas: "te he tomado en mis brazos, te amo y te prefiero a mi vida. Porque la vida presente no es nada, mi deseo más ardiente es pasarla contigo de tal manera que estemos seguros de no estar separados en la vida que nos está reservada… pongo tu amor por encima de todo, y nada me será más penoso que no tener los mismos pensamientos que tú tienes" (hom. in Eph. 20, 8).