sábado, 28 de enero de 2017

Sábado 4 marzo 2017, Cuaresma. Sábado después de Ceniza, feria.

SOBRE LITURGIA

DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

En el tiempo de Cuaresma

El "Vía Matris"


136. Así como en el plan salvífico de Dios (cfr. Lc 2,34-35) están asociados Cristo crucificado y la Virgen dolorosa, también los están en la Liturgia y en la piedad popular.

Como Cristo es el "hombre de dolores" (Is 53,3), por medio del cual se ha complacido Dios en "reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz" (Col 1,20), así María es la "mujer del dolor", que Dios ha querido asociar a su Hijo, como madre y partícipe de su Pasión (socia Passionis).

Desde los días de la infancia de Cristo, toda la vida de la Virgen, participando del rechazo de que era objeto su Hijo, transcurrió bajo el signo de la espada (cfr. Lc 2,35). Sin embargo, la piedad del pueblo cristiano ha señalado siete episodios principales en la vida dolorosa de la Madre y los ha considerado como los "siete dolores" de Santa María Virgen.

Así, según el modelo del Vía Crucis, ha nacido el ejercicio de piedad del Vía Matris dolorosae, o simplemente Vía Matris, aprobado también por la Sede Apostólica. Desde el siglo XVI hay ya formas incipientes del Vía Matris, pero en su forma actual no es anterior al siglo XIX. La intuición fundamental es considerar toda la vida de la Virgen, desde el anuncio profético de Simeón (cfr. Lc 2,34-35) hasta la muerte y sepultura del Hijo, como un camino de fe y de dolor: camino articulado en siete "estaciones", que corresponden a los "siete dolores" de la Madre del Señor.

137. El ejercicio de piedad del Vía Matris se armoniza bien con algunos temas propios del itinerario cuaresmal. Como el dolor de la Virgen tiene su causa en el rechazo que Cristo ha sufrido por parte de los hombres, el Vía Matris remite constante y necesariamente al misterio de Cristo, siervo sufriente del Señor (cfr. Is 52,13-53,12), rechazado por su propio pueblo (cfr. Jn 1,11; Lc 2,1-7; 2,34-35; 4,28-29; Mt 26,47-56; Hech 12,1-5). Y remite también al misterio de la Iglesia: las estaciones del Vía Matris son etapas del camino de fe y dolor en el que la Virgen ha precedido a la Iglesia y que esta deberá recorrer hasta el final de los tiempos.

El Vía Matris tiene como máxima expresión la "Piedad", tema inagotable del arte cristiano desde la Edad Media.

CALENDARIO

4 SÁBADO. Hasta la hora nona:
SÁBADO DESPUÉS DE CENIZA o SAN CASIMIRO, conmemoración


Misa
de sábado (morado).
MISAL: ants. y oracs. props. [para la conm.: 1ª orac. prop. y el resto del sábado], Pf. de Cuaresma.
LECC.: vol. II.
La Cuaresma: Cambiar de vida.
- Is 58, 9b-14. Cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo, brillará tu luz en las tinieblas.
- Sal 85. R. Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad.
- Lc 5, 27-32. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.

Liturgia de las Horas: oficio de sábado. Se puede hacer conmemoración del santo.

Martirologio: elog. prop. del Domingo I de Cuaresma, pág. 43 y elogs. del 5 de marzo, pág. 192.
CALENDARIOS: Lugo: San Capitón, obispo (conm.).
OFM Conv.: Beata Ángela Salawa (conm.).

4 SÁBADO. Después de la hora nona:
PRIMERA SEMANA DE CUARESMA
Primera semana del salterio
Misa vespertina del I Domingo de Cuaresma (morado).
Liturgia de las Horas: I Vísp. del oficio dominical. Comp. Dom. I.

TEXTOS MISA

Sábado después de Ceniza Sabbato post Cineres
Antífona de entrada Cf. Sal 68, 17
Respóndenos, Señor, con la bondad de tu gracia; por tu gran compasión vuélvete hacia nosotros, Señor.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 68, 17
Exáudi nos, Dómine, quóniam benígna est misericórdia tua; secúndum multitúdinem miseratiónum tuárum réspice nos, Dómine.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, mira compasivo nuestra debilidad y, para protegernos, extiende sobre nosotros tu mano poderosa. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, infirmitátem nostram propítius réspice, atque ad protegéndum nos déxteram tuae maiestátis exténde. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Sábado después de Ceniza (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA Is 58, 9b-14
Cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo, brillará tu luz en las tinieblas

Lectura del libro de Isaías.

Esto dice el Señor:
«Cuando alejes de ti la opresión,
el dedo acusador y la calumnia,
cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo
y sacies al alma afligida,
brillará tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad como el mediodía.
El Señor te guiará siempre,
hartará tu alma en tierra abrasada,
dará vigor a tus huesos.
Serás un huerto bien regado,
un manantial de aguas que no engañan.
Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas,
volverás a levantar los cimientos de otros tiempos;
te llamarán “reparador de brechas”,
“restaurador de senderos”,
para hacer habitable el país.
Si detienes tus pasos el sábado,
para no hacer negocios en mi día santo,
y llamas al sábado “mi delicia”
y lo consagras a la gloria del Señor;
si lo honras, evitando viajes,
dejando de hacer tus negocios y de discutir tus asuntos,
entonces encontrarás tu delicia en el Señor.
Te conduciré sobre las alturas del país
y gozarás del patrimonio de Jacob, tu padre.
Ha hablado la boca del Señor».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 85, 1b-2. 3-4. 5-6 (R.: 11ab)
R.
Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad. Doce me, Dómine, viam tuam, et ingrédiar in veritáte tua.

V. Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti. R.
Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad. Doce me, Dómine, viam tuam, et ingrédiar in veritáte tua.

V. Piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti, Señor. R.
Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad. Doce me, Dómine, viam tuam, et ingrédiar in veritáte tua.

V. Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica. R.
Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad. Doce me, Dómine, viam tuam, et ingrédiar in veritáte tua.

Versículo antes del Evangelio Ez 33, 11
No me complazco en la muerte del malvado –dice el Señor–, sino en que se convierta y viva. Nolo mortem ímpii, dicit Dóminus, set ut revertátur a via sua et vivat.

EVANGELIO Lc 5, 27-32
No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
«Sígueme».
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús:
«¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?». Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Papa Francisco, Homilía 15-febrero-2015
El camino de la Iglesia, desde el concilio de Jerusalén en adelante, es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración. Esto no quiere decir menospreciar los peligros o hacer entrar los lobos en el rebaño, sino acoger al hijo pródigo arrepentido; sanar con determinación y valor las heridas del pecado; actuar decididamente y no quedarse mirando de forma pasiva el sufrimiento del mundo. El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero; el camino de la Iglesia es precisamente el de salir del propio recinto para ir a buscar a los lejanos en las "periferias" esenciales de la existencia; es el de adoptar integralmente la lógica de Dios; el de seguir al Maestro que dice: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores" (Lc 5, 31-32).

Oración de los fieles
77. Invoquemos a Dios Padre, que nos ofrece un signo de su ternura hacia los pecadores en el corazón materno de María.
R. Danos, Señor, un corazón nuevo.
- Haz, Señor, que tu Iglesia, como María, fije su mirada misericordiosa en todos tus hijos y te los presente a ti, para que sean salvados por tu amor. Oremos al Señor. R.
- Tú que has enviado a tu Hijo para curar toda enfermedad, crea en nosotros un corazón nuevo capaz de ver y socorrer a nuestro hermano que sufre y gime al borde del camino. Oremos al Señor. R.
- Tú que cada día esperas el retorno de tus hijos y preparas para ellos una gran fiesta, enciende en todo hombre herido por el pecado la nostalgia de tu casa. Oremos al Señor. R.
- Tú que revelas tu poder sobre todo usando misericordia, haz que, reconciliados contigo, seamos, como María, dispensadores de perdón y de paz. Oremos al Señor. R.
Oh Dios de todo consuelo, tú no gazas por la muerte del pecador, sino que quieres que se convierta y viva; acoge la oración que la madre de tu Hijo y madre nuestra te dirige, para que no falte en el banquete feliz de la Pascua eterna ninguno de tus hijos. Te lo pedimos, Padre, por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, este sacrificio de reconciliación y de alabanza; y haz que, purificados por su eficacia, podamos ofrecerte el afecto de nuestro corazón como ofrenda agradable a tus ojos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, quaesumus, Dómine, sacrifícium placatiónis et laudis, et praesta, ut, huius operatióne mundáti, beneplácitum tibi nostrae mentis offerámus afféctum. Per Christum.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV. PREX EUCHARISTICA IV.
Antífona de comunión Cf. Mt 9, 13
Misericordia quiero y no sacrificios, dice el Señor; que no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
Antiphona ad communionem Mt 9, 13
Misericórdiam volo et non sacrifícium, dicit Dóminus; non enim veni vocáre iustos, sed peccatóres.
Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor, que, alimentados con el don de la vida celestial, lo que para nosotros es un sacramento en la vida presente se convierta en auxilio de eternidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Caeléstis vitae múnere vegetáti, quaesumus, Dómine, ut, quod est nobis in praesénti vita mystérium, fiat aeternitátis auxílium. Per Christum.
Oración sobre el pueblo
Se puede añadir
ad libitum
Señor, hazte presente bondadosamente a tu pueblo que ha participado en los santos misterios, para que no se vean amenazados por peligro alguno quienes confían en tu protección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oratio super populum ad libitum adhibenda
Adésto, Dómine, benígnus pópulo tuo, qui sacra mystéria contígerit, ut nullis perículis affligátur, qui in te protectórem confídit. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogio propio del Domingo I de Cuaresma
P
rimer domingo de Cuaresma, en el que, desde el ejemplo ofrecido por Nuestro Señor Jesucristo, comienza el venerable sacramento de la anual observancia cuaresmal.
Elogio propio del 5 de marzo
1. Conmemoración de san Teófilo, obispo de Cesarea, en Palestina, que en tiempo del emperador Septimio Severo brilló por su sabiduría e integridad de vida (195).
2. En Pamfilia, san Conón, mártir, hortelano de profesión, que bajo el emperador Decio fue obligado a correr ante un carro con los pies atravesados por clavos y, cayendo de rodillas, entregó el espíritu mientras oraba (c. 250).
3. En Roma, en la vía Apia, en el cementerio de Calisto, sepultura de san Lucio, papa, sucesor de Cornelio, que sufrió el exilio por la fe de Cristo y fue, en tiempos angustiosos, eximio confesor de la fe, actuando con moderación y prudencia (254).
4. En Sinope, en el Ponto, san Foca, mártir, labrador de oficio, que sufrió muchas injurias por el nombre del Redentor (c. s. IV).
5. En Cesarea de Palestina, san Adriano, mártir, que en la persecución bajo el emperador Diocleciano, en el día en que solían celebrarse los festejos de la Fortuna de los Cesarienses, por mandato del procurador y por su fe de Cristo fue arrojado ante un león y después degollado a espada (309).
6. En Palestina, en la ribera del Jordán, san Gerásimo, anacoreta, que en tiempo del emperador Zenón, convertido a la fe ortodoxa por obra de san Eutimio, se entregó a grandes penitencias, ofreciendo a todos los que bajo su dirección se ejercitaban en la vida monástica, la norma de una integérrima disciplina y el modo de sustentarse (475).
7*. En Sahigir, en la región de Ossory, en Hibernia (hoy Irlanda), san Kierano, obispo y abad (530).
8*. En Arlés, en la Provenza, san Virgilio, obispo, que recibió como huéspedes a san Agustín y a sus monjes, cuando viajaban hacia Inglaterra por encargo del papa san Gregorio I Magno (c. 618).
9*. En Vigevano, en Lombardía, beato Cristóbal Macassoli, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, insigne por su predicación y su caridad para con los pobres (1485).
10*. En Nápoles, de la Campania, beato Jeremías de Valaquia (Juan) Kostistik, el cual, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, con caridad y alegría asistió incesantemente a los enfermos durante cuarenta años (1625).
11. También en Nápoles, san Juan José de la Cruz (Carlos) Gaetano, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que, siguiendo las huellas de san Pedro de Alcántara, restableció la disciplina de la Regla en muchos conventos de la provincia de Nápoles.