viernes, 2 de diciembre de 2016

Viernes 6 enero 2017, La Epifanía del Señor, solemnidad.

SOBRE LITURGIA

DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

La solemnidad de la Epifanía del Señor


118. En torno a la solemnidad de la Epifanía, que tiene un origen muy antiguo y un contenido muy rico, han nacido y se han desarrollado muchas tradiciones y expresiones genuinas de piedad popular. Entre estas se pueden recordar:
- el solemne anuncio de la Pascua y de las fiestas principales del año; la recuperación de este anuncio, que se está realizando en diversos lugares, se debe favorecer, pues ayuda a los fieles a descubrir la relación entre la Epifanía y la Pascua, y la orientación de todas las fiestas hacia la mayor de las solemnidades cristianas;
- el intercambio de "regalos de Reyes"; esta costumbre tiene sus raíces en el episodio evangélico de los dones ofrecidos por los Magos al niño Jesús (cfr. Mt 2,11), y en un sentido más radical, en el don que Dios Padre ha concedido a la humanidad con el nacimiento entre nosotros del Enmanuel (cfr. Is 7,14; 9,6; Mt 1,23). Es deseable que el intercambio de regalos con ocasión de la Epifanía mantenga un carácter religioso, muestre que su motivación última se encuentra en la narración evangélica: esto ayudará a convertir el regalo en una expresión de piedad cristiana y a sacarlo de los condicionamientos de lujo, ostentación y despilfarro, que son ajenos a sus orígenes;
- la bendición de las casas, sobre cuyas puertas se traza la cruz del Señor, el número del año comenzado, las letras iniciales de los nombres tradicionales de los santos Magos (C+M+B) [en algunas lenguas], explicadas también como siglas de "Christus mansinem benedicat", escritas con una tiza bendecida; estos gestos, realizados por grupos de niños acompañados de adultos, expresan la invocación de la bendición de Cristo por intercesión de los santos Magos y a la vez son una ocasión para recoger ofrendas que se dedican a fines misioneros y de caridad;
- las iniciativas de solidaridad a favor de hombres y mujeres que, como los Magos, vienen de regiones lejanas; respecto a ellos, sean o no cristianos, la piedad popular adopta una actitud de comprensión acogedora y de solidaridad efectiva;
- la ayuda a la evangelización de los pueblos; el fuerte carácter misionero de la Epifanía ha sido percibido por la piedad popular, por lo cual, en este día tienen lugar iniciativas a favor de las misiones, especialmente las vinculadas a la "Obra misionera de la Santa Infancia", instituida por la Sede Apostólica;
- la designación de Santos Patronos; en no pocas comunidades religiosas y cofradías existe la costumbre de asignar a cada uno de los miembros un Santo bajo cuyo patrocinio se pone el año recién comenzado.

CALENDARIO

6 + VIERNES. EPIFANÍA DEL SEÑOR, solemnidad

Solemnidad de la Epifanía del Señor, en la que se recuerdan tres manifestaciones del gran Dios y Señor nuestro Jesucristo: en Belén, Jesús niño, al ser adorado por los magos; en el Jordán, bautizado por Juan, al ser ungido por el Espíritu Santo y llamado Hijo por Dios Padre; y en Caná de Galilea, donde manifestó su gloria transformando el agua en vino en unas bodas (elog. del Martirologio Romano).

Misa de la solemnidad (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. prop., embolismos propios en las PP.EE. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. I (A) .
- Is 60, 1-6. La gloria del Señor amanece sobre ti.
- Sal 71. R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.
- Ef 3, 2-3a. 5-6. Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos de la promesa.
- Mt 2, 1-12. Venimos a adorar al Rey.

Jesucristo es Salvador para todo el mundo. Así se expresa en el relato evangélico que nos presenta a unos gentiles —los magos de Oriente— que guiados por la luz de la fe representada por la estrella, adoraron al niño que estaba con María, su madre. Y le ofrecieron oro, como rey; incienso como Dios; y mirra como hombre que habría de sufrir para salvarnos. En la segunda lectura el apóstol san Pablo afirma claramente que «también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio». Contemplemos con la luz de la fe el misterio de Cristo y vivámoslo con amor, y llevémoslo a todos, comenzando por los más alejados.

* Después del Evangelio se anuncian las fiestas movibles del año en curso (véase pág. 397).
* Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la Misa exequial.
* COLECTA DEL CATEQUISTA NATIVO (pontificia: OMP) y COLECTA DEL IEME (de la CEE, optativa): Liturgia del día, mon. justificativa de la colecta y colecta.

Liturgia de las Horas: oficio de la solemnidad. Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 7 de enero, pág. 97.
CALENDARIOS: Pamplona y Tudela: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Francisco Pérez González, arzobispo (1996).
Prelatura de la Santa Cruz y del Opus Dei: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Javier Echevarría Rodríguez, prelado (1995).

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Solemnidad de la Epifanía del Señor, en la que se recuerdan tres manifestaciones del gran Dios y Señor nuestro Jesucristo: en Belén, Jesús niño, al ser adorado por los magos; en el Jordán, bautizado por Juan, al ser ungido por el Espíritu Santo y llamado Hijo por Dios Padre; y en Caná de Galilea, donde manifestó su gloria transformando el agua en vino en unas bodas.

6 de enero
LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
Solemnidad
Misa del día
Die 6 ianuarii
IN EPIPHANIA DOMINI
Sollemnitas
Ad Missam in die
Antífona de entrada Cf. Mal 3, 1; 1 Cro 19, 12
Mirad que llega el Señor que domina; en su mano está el reino y el poder y la fuerza.
Antiphona ad introitum Cf. Ml 3, 1; 1Ch 29, 12
Ecce advénit Dominátor Dóminus; et regnum in manu eius et potéstas et impérium.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Oh, Dios, que revelaste en este día tu Unigénito a los pueblos gentiles por medio de una estrella, concédenos con bondad, a los que ya te conocemos por la fe, poder contemplar la hermosura infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Deus, qui hodiérna die Unigénitum tuum géntibus stella duce revelásti, concéde propítius, ut, qui iam te ex fide cognóvimus, usque ad contemplándam spéciem tuae celsitúdinis perducámur. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas de la solemnidad de la Epifanía del Señor (Lecc. I ABC).

PRIMERA LECTURA Is 60, 1-6
La Gloria del Señor amanece sobre ti

Lectura del libro de Isaías.

¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!
Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria se verá sobre ti.
Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen hacia ti; llegan tus hijos desde lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Entonces lo verás, y estarás radiante; tu corazón se asombrará, se ensanchará, porque la opulencia del mar se vuelca sobre ti, y a ti llegan las riquezas de los pueblos.
Te cubrirá una multitud de camellos, dromedarios de Madián y de Efá.
Todos los de Saba llegan trayendo oro e incienso, y proclaman las alabanzas del Señor.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 71, 1bc-2. 7-8. 10-11. 12-13 /R.: cf. 11)
R.
Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos dé la tierra. Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terræ.

V. Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R.
Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos dé la tierra. Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terræ.

V. En sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R.
Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos dé la tierra. Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terræ.

V. Los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
postrense ante él todos los reyes,
y sirvanle todos los pueblos. R.
Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos dé la tierra. Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terræ.

V. Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenla protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R.
Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos dé la tierra. Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terræ.

SEGUNDA LECTURA Ef 3, 2-3a. 5-6
Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos de la promesa

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios.

Hermanos:
Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor de vosotros, los gentiles.
Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y partícipes de la misma promesa en Jesucristo, por el Evangelio.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Aleluya Cf. Mt 2, 2
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Hemos visto salir su estrella y venimos a adorar al Señor.
Vídimus stellam eius in oriénte, et vénimus adoráre Dóminum.
R.

EVANGELIO Mt 2, 1-12
Venimos a adorar al Rey
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judá,
no eres ni mucho menos la última
de las poblaciones de Judá,
pues de ti saldrá un jefe
que pastoreará a mi pueblo Israel”».
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
«ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Donde sea costumbre o se considere oportuno, después del Evangelio se pueden anunciar las fiestas móviles del año.

ANUNCIO DE LAS CELEBRACIONES MOVIBLES
6 de enero de 2017

Finalizada la proclamación del Evangelio, y desde el ambón, el diácono (o el sacerdote) dice:
Queridos hermanos:
La gloria del Señor se ha manifestado y se continuará manifestando entre nosotros, hasta el día de su retorno glorioso. En la sucesión de las diversas fiestas y solemnidades del tiempo, recordamos y vivimos los misterios de la salvación. Centro de todo el año litúrgico es el Triduo Pascual del Señor crucificado, sepultado y resucitado, que este año culminará en la Noche Santa de Pascua que, con gozo, celebraremos el día 16 de abril. Cada domingo, Pascua semanal, la santa Iglesia hará presente este mismo acontecimiento, en el cual Cristo ha vencido al pecado y la muerte.
De la Pascua fluyen, como de su manantial, todos los demás días santos: el Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma, que celebraremos el día 1 de marzo. La Ascensión del Señor, que este año será el 28 de mayo. El Domingo de Pentecostés, que este año coincidirá con el día 4 de junio. El primer Domingo de Adviento, que celebraremos el día 3 de diciembre. También en las fiestas de la Virgen María, Madre de Dios, de los apóstoles, de los santos y en la conmemoración de todos los fieles difuntos, la Iglesia, peregrina en la tierra, proclama la Pascua de su Señor. 
A él, el Cristo glorioso, el que era, el que es y el que viene, al que es Señor del tiempo y de la historia, el honor y la gloria por los siglos de los siglos.

SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Basílica Vaticana, Miércoles 6 de enero de 2016

Las palabras que el profeta Isaías dirige a la ciudad santa de Jerusalén nos invitan a levantarnos, a salir; a salir de nuestras clausuras, a salir de nosotros mismos, y a reconocer el esplendor de la luz que ilumina nuestras vidas: «¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (60,1). «Tu luz» es la gloria del Señor. La Iglesia no puede pretender brillar con luz propia, no puede. San Ambrosio nos lo recuerda con una hermosa expresión, aplicando a la Iglesia la imagen de la luna: «La Iglesia es verdaderamente como la luna: […] no brilla con luz propia, sino con la luz de Cristo. Recibe su esplendor del Sol de justicia, para poder decir luego: “Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí”» (Hexameron, IV, 8, 32). Cristo es la luz verdadera que brilla; y, en la medida en que la Iglesia está unida a él, en la medida en que se deja iluminar por él, ilumina también la vida de las personas y de los pueblos. Por eso, los santos Padres veían a la Iglesia como el «mysterium lunae».
Necesitamos de esta luz que viene de lo alto para responder con coherencia a la vocación que hemos recibido. Anunciar el Evangelio de Cristo no es una opción más entre otras posibles, ni tampoco una profesión. Para la Iglesia, ser misionera no significa hacer proselitismo; para la Iglesia, ser misionera equivale a manifestar su propia naturaleza: dejarse iluminar por Dios y reflejar su luz. Este es su servicio. No hay otro camino. La misión es su vocación: hacer resplandecer la luz de Cristo es su servicio. Muchas personas esperan de nosotros este compromiso misionero, porque necesitan a Cristo, necesitan conocer el rostro del Padre.
Los Magos, que aparecen en el Evangelio de Mateo, son una prueba viva de que las semillas de verdad están presentes en todas partes, porque son un don del Creador que llama a todos para que lo reconozcan como Padre bueno y fiel. Los Magos representan a los hombres de cualquier parte del mundo que son acogidos en la casa de Dios. Delante de Jesús ya no hay distinción de raza, lengua y cultura: en ese Niño, toda la humanidad encuentra su unidad. Y la Iglesia tiene la tarea de que se reconozca y venga a la luz con más claridad el deseo de Dios que anida en cada uno. Este es el servicio de la Iglesia, con la luz que ella refleja: hacer emerger el deseo de Dios que cada uno lleva en sí. Como los Magos, también hoy muchas personas viven con el «corazón inquieto», haciéndose preguntas que no encuentran respuestas seguras, es la inquietud del Espíritu Santo que se mueve en los corazones. También ellos están en busca de la estrella que muestre el camino hacia Belén.
¡Cuántas estrellas hay en el cielo! Y, sin embargo, los Magos han seguido una distinta, nueva, mucho más brillante para ellos. Durante mucho tiempo, habían escrutado el gran libro del cielo buscando una respuesta a sus preguntas –tenían el corazón inquieto– y, al final, la luz apareció. Aquella estrella los cambió. Les hizo olvidar los intereses cotidianos, y se pusieron de prisa en camino. Prestaron atención a la voz que dentro de ellos los empujaba a seguir aquella luz –y la voz del Espíritu Santo, que obra en todas las personas–; y ella los guió hasta que en una pobre casa de Belén encontraron al Rey de los Judíos.
Todo esto encierra una enseñanza para nosotros. Hoy será bueno que nos repitamos la pregunta de los Magos: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2,2). Nos sentimos urgidos, sobre todo en un momento como el actual, a escrutar los signos que Dios nos ofrece, sabiendo que debemos esforzarnos para descifrarlos y comprender así su voluntad. Estamos llamados a ir a Belén para encontrar al Niño y a su Madre. Sigamos la luz que Dios nos da –pequeñita…; el himno del breviario poéticamente nos dice que los Magos «lumen requirunt lumine»: aquella pequeña luz–, la luz que proviene del rostro de Cristo, lleno de misericordia y fidelidad. Y, una vez que estemos ante él, adorémoslo con todo el corazón, y ofrezcámosle nuestros dones: nuestra libertad, nuestra inteligencia, nuestro amor. La verdadera sabiduría se esconde en el rostro de este Niño. Y es aquí, en la sencillez de Belén, donde encuentra su síntesis la vida de la Iglesia. Aquí está la fuente de esa luz que atrae a sí a todas las personas en el mundo y guía a los pueblos por el camino de la paz.

DIRECTORIO HOMILÉTICO
Solemnidad de la Epifanía
124. La triple dimensión de la Epifanía (la visita de los Magos, el Bautismo de Cristo y el milagro de Caná) es particularmente evidente en la Liturgia de las Horas de la Epifanía, así como en los días próximos a la misma. En la tradición latina, además, la Liturgia Eucarística se concentra en el evangelio de los Magos. En la semana posterior, la fiesta del Bautismo del Señor enfoca esta dimensión de la Epifanía del Señor. En el Año C, el domingo siguiente al del Bautismo presenta como evangelio la Narración de las Bodas de Caná.
125. Las tres lecturas de la Misa de la Epifanía representan otros tres géneros diversos de lecturas bíblicas. La primera lectura, tomada del profeta Isaías, es una poesía de gozo. La segunda, de la carta de san Pablo a los Efesios, es una precisa afirmación teológica pronunciada en el lenguaje más que técnico de Pablo. El Evangelio es una dramática narración de los acontecimientos, en los que cada detalle está lleno de significado simbólico. Todos juntos desvelan la Fiesta y la definen como Epifanía. Al escuchar su proclamación y, con la ayuda del Espíritu, su más profunda comprensión dan lugar a la celebración de la Epifanía. La Palabra de Dios revela al mundo entero el significado fundamental del Nacimiento de Jesucristo. La Navidad, iniciada el 25 de diciembre, alcanza ahora su ápice en el día de la Epifanía: Cristo es revelado a todas las gentes.
126. El homileta podría comenzar con el pasaje de san Pablo, bastante breve pero de extrema intensidad, que ofrece una precisa declaración de qué es la Epifanía. Pablo nos narra su singular encuentro con Jesús resucitado camino de Damasco, de donde proviene todo. Explica todo lo que le ha sucedido como una «revelación», es decir, una comprensión de los acontecimientos, nueva e inesperada, transmitida con la autoridad divina en el encuentro con el Señor Jesús, y no, por tanto, una simple opinión personal. San Pablo llama también a esta revelación «gracia» y «misión», un tesoro que le ha sido confiado para el bien de los demás. Además, define lo que le ha sido comunicado como "el Misterio". Este "Misterio" es algo desconocido en el pasado, velado a nuestra comprensión, de alguna manera escondido en los acontecimientos, pero ahora - ¡y es este, justamente, el anuncio de Pablo! -viene ahora revelado, ahora se da a conocer. ¿En qué consiste el significado escondido a las generaciones pasadas y ahora revelado? Es esta, pues, la afirmación de la Epifanía: «que también los gentiles son coherederos [con los judíos] miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Espíritu». Esto es un enorme cambio en el mundo del pensamiento del celoso fariseo Saulo, un tiempo convencido que la escrupulosa observancia de la Ley judía era el único camino de Salvación. Pero ahora Pablo anuncia el «Evangelio», inesperada Buena Noticia en Cristo Jesús. Sí, Jesús es el cumplimiento de todas las promesas de Dios al pueblo judío; sin esto no se le puede comprender. Ahora, por el contrario, «también los gentiles son coherederos [con los judíos] miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Espíritu».
127. De hecho, los acontecimientos referidos en la narración de Mateo, que ha sido elegida para la Epifanía, son la realización de lo que Pablo ha dicho en su carta. Guiados por una estrella llegan a Jerusalén los Magos, sabios religiosos gentiles, estudiosos de notables tradiciones sapienciales en las que la humanidad entera busca, con un gran deseo, al desconocido Creador y Señor de todas las cosas. Representan todas las naciones y no han encontrado su camino hacia Jerusalén siguiendo las escrituras judías sino un signo maravilloso en el cielo que les ha señalado un acontecimiento de dimensiones cósmicas. Su sabiduría no-judía ha permitido a los Magos comprender tantas cosas. «Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarle». En la última fase de su viaje, para llegar a la conclusión precisa de sus investigaciones, necesitan de las escrituras judías, y la identificación profética de Belén como el lugar del Nacimiento del Mesías. Una vez que han tomado esto de las escrituras judías, el signo cósmico les indica de nuevo el camino. «De pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el Niño». En los Magos llega hasta Belén el deseo de Dios de toda la humanidad, encontrando allí «al Niño con María, su madre».
128. En este punto de la narración de Mateo cuando puede ser introducida, a modo de comentario, la poesía de Isaías. Los tonos de gozo ayudan a entender la maravilla de este momento. «¡Levántate, brilla, Jerusalén!» exhorta el profeta, «que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti». La redacción originaria de este texto se coloca en una circunstancia histórica bien precisa: el pueblo de Israel tiene necesidad de levantarse de un oscuro capítulo de su historia. Pero ahora, aplicado a los Magos delante de Jesús, alcanza un cumplimiento mucho más allá de lo imaginable. La luz, la gloria y el esplendor: la estrella que guía a los Magos. O, más bien, el mismo Jesús es «la luz de todos los hombres y la gloria de su pueblo Israel». «Levántate, Jerusalén» dice el profeta. Sí, pero ahora sabemos, por medio de la revelación de san Pablo, que si la exhortación está dirigida a Jerusalén (principio que se puede aplicar a cualquier parte de las Escrituras), la referencia no se puede aplicar simplemente a la ciudad histórica y terrenal. «Que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa [con los judíos] en Jesucristo, por el Evangelio». Y de este modo, bajo el título «Jerusalén» la exhortación va dirigida a todas las gentes. La Iglesia, reunida de todas las naciones es llamada, «Jerusalén». Todas las almas bautizadas, en su interior, son llamadas, «Jerusalén». Se cumple, de este modo, lo que ha sido profetizado en los Salmos: «¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!» y «todas mis fuentes están en ti» (Sal 87, 3, 7).
129. Y así en Epifanía las tocantes palabras del profeta se dirigen a todas las asambleas de cristianos creyentes. «¡Que llega tu luz, Jerusalén!». Cada uno de los fieles, con la ayuda del homileta, ¡deberá escuchar estas palabras en lo profundo de su corazón! "Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti". El homileta tiene la función de exhortar a los fieles para dejar atrás los modos indolentes y las visiones poco abiertas a la esperanza. «Levanta la vista entorno, mira: todos esos se han reunido, vienen a ti». Es decir, a los cristianos se les ha dado todo lo que el mundo entero busca. Una gran multitud de gentes llegará a la gracia en la que nosotros ya nos encontramos. Justamente proclamamos en el salmo responsorial: «Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra».
130. Nuestra reflexión podría ir de la poesía de Isaías a la narración de Mateo. Los Magos nos sirven de ejemplo en el modo de acercarnos al Niño. "Vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron". Hemos entrado en la Sagrada Liturgia para hacer lo mismo. El homileta haría bien recordando a los fieles que, al acercarse a la comunión en el día de la Epifanía, tendrían que pensar que ellos mismos han llegado al lugar, y que están delante de la persona hacia la que la estrella y las Escrituras les han conducido. Y por tanto, que ofrezcan a Jesús el oro de su amor, el uno por el otro, el incienso de su fe, con el que lo reconocen como el Dios-con- nosotros, y la mirra, que expresa su voluntad de morir al pecado y ser sepultados con Él para resucitar a la vida eterna. E incluso, como los Magos, sentirnos exhortados a volver a casa siguiendo otro camino. Que puedan olvidarse de Herodes, malvado impostor, y de todo lo que les ha pedido que hicieran. ¡En esta Fiesta han visto al Señor! "¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!". El homileta podría aún animarlos, como hizo san León hace tantos siglos, a que imiten la función de la estrella. Como la estrella, gracias a su fulgor, llevó a los gentiles a Cristo, del mismo modo, esta asamblea, con el esplendor de la fe, de la alabanza y de las buenas obras, debe resplandecer en este mundo de tinieblas como un astro luminoso. «Las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor».
Ap. I. La homilía y el Catecismo de la Iglesia Católica.
Ciclo C. Solemnidad de la Epifanía del Señor.
La Epifanía del Señor
528 La Epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo. Con el bautismo de Jesús en el Jordán y las bodas de Caná (cf. LH Antífona del Magnificat de las segundas vísperas de Epifanía), la Epifanía celebra la adoración de Jesús por unos "magos" venidos de Oriente (Mt 2, 1) En estos "magos", representantes de religiones paganas de pueblos vecinos, el Evangelio ve las primicias de las naciones que acogen, por la Encarnación, la Buena Nueva de la salvación. La llegada de los magos a Jerusalén para "rendir homenaje al rey de los Judíos" (Mt 2, 2) muestra que buscan en Israel, a la luz mesiánica de la estrella de David (cf. Nm 24, 17; Ap 22, 16) al que será el rey de las naciones (cf. Nm 24, 17-19). Su venida significa que los gentiles no pueden descubrir a Jesús y adorarle como Hijo de Dios y Salvador del mundo sino volviéndose hacia los judíos (cf. Jn 4, 22) y recibiendo de ellos su promesa mesiánica tal como está contenida en el Antiguo Testamento (cf. Mt 2, 4-6). La Epifanía manifiesta que "la multitud de los gentiles entra en la familia de los patriarcas"(S. León Magno, serm. 23) y adquiere la "israelitica dignitas" (MR, Vigilia pascual 26: oración después de la tercera lectura).
724 En María, el Espíritu Santo manifiesta al Hijo del Padre hecho Hijo de la Virgen. Ella es la zarza ardiente de la teofanía definitiva: llena del Espíritu Santo, presenta al Verbo en la humildad de su carne dándolo a conocer a los pobres (cf. Lc 2, 15-19) y a las primicias de las naciones (cf. Mt 2, 11).
Cristo, luz de las naciones
280 La creación es el fundamento de "todos los designios salvíficos de Dios", "el comienzo de la historia de la salvación" (DCG 51), que culmina en Cristo. Inversamente, el Misterio de Cristo es la luz decisiva sobre el Misterio de la creación; revela el fin en vista del cual, "al principio, Dios creó el cielo y la tierra" (Gn 1, 1): desde el principio Dios preveía la gloria de la nueva creación en Cristo (cf. Rm 8, 18-23).
529 La Presentación de Jesús en el templo (cf. Lc 2, 22-39) lo muestra como el Primogénito que pertenece al Señor (cf. Ex 13, 2. 12-13). Con Simeón y Ana toda la expectación de Israel es la que viene al Encuentro de su Salvador (la tradición bizantina llama así a este acontecimiento). Jesús es reconocido como el Mesías tan esperado, "luz de las naciones" y "gloria de Israel", pero también "signo de contradicción". La espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado "ante todos los pueblos".
748 "Cristo es la luz de los pueblos. Por eso, este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea vehementemente iluminar a todos los hombres con la luz de Cristo, que resplandece sobre el rostro de la Iglesia, anunciando el evangelio a todas las criaturas". Con estas palabras comienza la "Constitución dogmática sobre la Iglesia" del Concilio Vaticano II. Así, el Concilio muestra que el artículo de la fe sobre la Iglesia depende enteramente de los artículos que se refieren a Cristo Jesús. La Iglesia no tiene otra luz que la de Cristo; ella es, según una imagen predilecta de los Padres de la Iglesia, comparable a la luna cuya luz es reflejo del sol.
1165 Cuando la Iglesia celebra el Misterio de Cristo, hay una palabra que jalona su oración: ¡Hoy!, como eco de la oración que le enseñó su Señor (Mt 6, 11) y de la llamada del Espíritu Santo (Hb 3, 7-Hb 4, 11; Sal 95, 7). Este "hoy" del Dios vivo al que el hombre está llamado a entrar, es la "Hora" de la Pascua de Jesús que es eje de toda la historia humana y la guía:
"La vida se ha extendido sobre todos los seres y todos están llenos de una amplia luz: el Oriente de los orientes invade el universo, y el que existía "antes del lucero de la mañana" y antes de todos los astros, inmortal e inmenso, el gran Cristo brilla sobre todos los seres más que el sol. Por eso, para nosotros que creemos en él, se instaura un día de luz, largo, eterno, que no se extingue: la Pascua mística" (S. Hipólito, pasc. 1 – 2).
2466 En Jesucristo la verdad de Dios se manifestó toda entera. "Lleno de gracia y de verdad" (Jn 1, 14), él es la "luz del mundo" (Jn 8, 12), la Verdad (cf Jn 14, 6). El que cree en él, no permanece en las tinieblas (cf Jn 12, 46). El discípulo de Jesús, "permanece en su palabra", para conocer "la verdad que hace libre" (cf Jn 8, 31-32) y que santifica (cf Jn 17, 17). Seguir a Jesús es vivir del "Espíritu de verdad" (Jn 14, 17) que el Padre envía en su nombre (cf Jn 14, 26) y que conduce "a la verdad completa" (Jn 16, 13). Jesús enseña a sus discípulos el amor incondicional de la Verdad: "Sea vuestro lenguaje: `sí, sí'; `no, no'" (Mt 5, 37).
2715 La contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. "Yo le miro y él me mira", decía, en tiempos de su santo cura, un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario. Esta atención a El es renuncia a "mí". Su mirada purifica el corazón. La luz de la mirada de Jesús ilumina los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los hombres. La contemplación dirige también su mirada a los misterios de la vida de Cristo. Aprende así el "conocimiento interno del Señor" para más amarle y seguirle (cf San Ignacio de Loyola, ex. sp. 104).
La Iglesia, el sacramento de la unidad del género humano
60 El pueblo nacido de Abraham será el depositario de la promesa hecha a los patriarcas, el pueblo de la elección (cf. Rm 11, 28), llamado a preparar la reunión un día de todos los hijos de Dios en la unidad de loa Iglesia (cf. Jn 11, 52; Jn 10, 16); ese pueblo será la raíz en la que serán injertados los paganos hechos creyentes (cf. Rm 11, 17-18. 24).
442 No ocurre así con Pedro cuando confiesa a Jesús como "el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16) porque este le responde con solemnidad "no te ha revelado esto ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos" (Mt 16, 17). Paralelamente Pablo dirá a propósito de su conversión en el camino de Damasco: "Cuando Aquél que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo para que le anunciase entre los gentiles… " (Ga 1, 15-16). "Y en seguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas: que él era el Hijo de Dios" (Hch 9, 20). Este será, desde el principio (cf. 1Ts 1, 10), el centro de la fe apostólica (cf. Jn 20, 31) profesada en primer lugar por Pedro como cimiento de la Iglesia (cf. Mt 16, 18).
674 La Venida del Mesías glorioso, en un momento determinado de la historia se vincula al reconocimiento del Mesías por "todo Israel" (Rm 11, 26; Mt 23, 39) del que "una parte está endurecida" (Rm 11, 25) en "la incredulidad" respecto a Jesús (Rm 11, 20). San Pedro dice a los judíos de Jerusalén después de Pentecostés: "Arrepentíos, pues, y convertíos para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que del Señor venga el tiempo de la consolación y envíe al Cristo que os había sido destinado, a Jesús, a quien debe retener el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de que Dios habló por boca de sus profetas" (Hch 3, 19-21). Y San Pablo le hace eco: "si su reprobación ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de entre los muertos?" (Rm 11, 5). La entrada de "la plenitud de los judíos" (Rm 11, 12) en la salvación mesiánica, a continuación de "la plenitud de los gentiles (Rm 11, 25; cf. Lc 21, 24), hará al Pueblo de Dios "llegar a la plenitud de Cristo" (Ef 4, 13) en la cual "Dios será todo en nosotros" (1Co 15, 28).
755 "La Iglesia es labranza o campo de Dios (1Co 3, 9). En este campo crece el antiguo olivo cuya raíz santa fueron los patriarcas y en el que tuvo y tendrá lugar la reconciliación de los judíos y de los gentiles (Rm 11, 13-26). El labrador del cielo la plantó como viña selecta (Mt 21, 33-43 par. ; cf. Is 5, 1-7). La verdadera vid es Cristo, que da vida y fecundidad a a los sarmientos, es decir, a nosotros, que permanecemos en él por medio de la Iglesia y que sin él no podemos hacer nada (Jn 15, 1-5)".
767 "Cuando el Hijo terminó la obra que el Padre le encargó realizar en la tierra, fue enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés para que santificara continuamente a la Iglesia" (LG 4). Es entonces cuando "la Iglesia se manifestó públicamente ante la multitud; se inició la difusión del evangelio entre los pueblos mediante la predicación" (AG 4). Como ella es "convocatoria" de salvación para todos los hombres, la Iglesia, por su misma naturaleza, misionera enviada por Cristo a todas las naciones para hacer de ellas discípulos suyos (cf. Mt 28, 19-20; AG 2, 5–6).
774 La palabra griega "mysterion" ha sido traducida en latín por dos términos: "mysterium" y "sacramentum". En la interpretación posterior, el término "sacramentum" expresa mejor el signo visible de la realidad oculta de la salvación, indicada por el término "mysterium". En este sentido, Cristo es El mismo el Misterio de la salvación: "Non est enim aliud Dei mysterium, nisi Christus" ("No hay otro misterio de Dios fuera de Cristo") (San Agustín, ep. 187, 34). La obra salvífica de su humanidad santa y santificante es el sacramento de la salvación que se manifiesta y actúa en los sacramentos de la Iglesia (que las Iglesias de Oriente llaman también "los santos Misterios"). Los siete sacramentos son los signos y los instrumentos mediante los cuales el Espíritu Santo distribuye la gracia de Cristo, que es la Cabeza, en la Iglesia que es su Cuerpo. La Iglesia contiene por tanto y comunica la gracia invisible que ella significa. En este sentido analógico ella es llamada "sacramento".
775 "La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano "(LG 1): Ser el sacramento de la unión íntima de los hombres con Dios es el primer fin de la Iglesia. Como la comunión de los hombres radica en la unión con Dios, la Iglesia es también el sacramento de la unidad del género humano. Esta unidad ya está comenzada en ella porque reúne hombres "de toda nación, raza, pueblo y lengua" (Ap 7, 9); al mismo tiempo, la Iglesia es "signo e instrumento" de la plena realización de esta unidad que aún está por venir.
776 Como sacramento, la Iglesia es instrumento de Cristo. Ella es asumida por Cristo "como instrumento de redención universal" (LG 9), "sacramento universal de salvación" (LG 48), por medio del cual Cristo "manifiesta y realiza al mismo tiempo el misterio del amor de Dios al hombre" (GS 45, 1). Ella "es el proyecto visible del amor de Dios hacia la humanidad" (Pablo VI, discurso 22 junio 1973) que quiere "que todo el género humano forme un único Pueblo de Dios, se una en un único Cuerpo de Cristo, se coedifique en un único templo del Espíritu Santo" (AG 7; cf. LG 17).
781 En todo tiempo y lugar ha sido grato a Dios el que le teme y practica la justicia. Sin embargo, quiso santificar y salvar a los hombres no individualmente y aislados, sin conexión entre sí, sino hacer de ellos un pueblo para que le conociera de verdad y le sirviera con una vida santa. Eligió, pues, a Israel para pueblo suyo, hizo una alianza con él y lo fue educando poco a poco. Le fue revelando su persona y su plan a lo largo de su historia y lo fue santificando. Todo esto, sin embargo, sucedió como preparación y figura de su alianza nueva y perfecta que iba a realizar en Cristo… , es decir, el Nuevo Testamento en su sangre convocando a las gentes de entre los judíos y los gentiles para que se unieran, no según la carne, sino en el Espíritu" (LG 9).
831 Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano (cf Mt 28, 19):
Todos los hombres están invitados al Pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos, para que así se cumpla el designio de Dios, que en el principio creó una única naturaleza humana y decidió reunir a sus hijos dispersos… Este carácter de universalidad, que distingue al pueblo de Dios, es un don del mismo Señor. Gracias a este carácter, la Iglesia Católica tiende siempre y eficazmente a reunir a la humanidad entera con todos sus valores bajo Cristo como Cabeza, en la unidad de su Espíritu (LG 13).

Se dice Credo. Dicitur Credo.
Oración de los fieles
63. En este día, en que recordamos la manifestación de Cristo como luz y salvador de las gentes, pidamos que derrame su gracia sobre todos los hombres.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que sea siempre y en todos sus miembros camino y luz para todos los pueblos. Roguemos al Señor.
- Por los gobernantes: para que en sus decisiones busquen lo que conduce a la paz y a la justicia. Roguemos al Señor.
- Por los hombres de todas las razas, religiones y culturas: para que movidos por la luz de Dios, caminen hacia Cristo, plenitud de la verdad. Roguemos al Señor.
- Por los enfermos y por cuantos luchan y sufren sin esperanza: para que se les manifieste el amor de Cristo que les conforte en la prueba. Roguemos al Señor.
- Por cuantos trabajan por la extensión del reino de Dios en países de misión: para que la fuerza y la luz del Espíritu les haga fieles discípulos que den verdadero testimonio del Evangelio. Roguemos al Señor.
. Por todos nosotros: para que la luz de Cristo invada cada momento nuestras vidas y caminemos seguros hacia la meta de la perfección cristiana. Roguemos al Señor.
Señor y Padre nuestro, que en este día te dignaste revelar a tu Hijo a los gentiles;concede a los que ya te conocemos por la fe, un aumento de amor a ti y a todos los hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
Mira propicio, Señor, los dones de tu Iglesia que no son oro, incienso y mirra, sino Jesucristo que, en estas ofrendas, se manifiesta, se inmola y se da en alimento. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Super oblata
Ecclésiae tuae, quaesumus, Dómine, dona propítius intuére, quibus non iam aurum, thus et myrrha profértur, sed quod eísdem munéribus declarátur, immolátur et súmitur, Iesus Christus. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
PREFACIO DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
Cristo, luz de los pueblos
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque hoy has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el verdadero misterio de nuestra salvación; pues al manifestarse Cristo en nuestra carne mortal nos hiciste partícipes de la gloria de su inmortalidad.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO DE EPIPHANIA DOMINI
De Christo lumine gentium
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Quia ipsum in Christo salútis nostrae mystérium hódie ad lumen géntium revelásti, et, cum in substántia nostrae mortalitátis appáruit, nova nos immortalitátis eius glória reparásti.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. Se dice Reunidos en comunión propio. PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANUS. Dicitur Communicántes proprium.
Antífona de comunión Cf. Mt 2, 2
Hemos visto salir su estrella en Oriente y venimos con regalos a adorar al Señor.
Antiphona ad communionem Cf. Mt 2, 2
Vídimus stellam eius in Oriénte, et vénimus cum munéribus adoráre Dóminum.
Oración después de la comunión
QUE tu luz, Señor, nos prepare siempre y en todo lugar, para que contemplemos con mirada limpia y recibamos con amor sincero el misterio del que has querido hacernos partícipes. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Caelésti lúmine, quaesumus, Dómine, semper et ubíque nos praeveni, ut mystérium, cuius nos partícipes esse voluísti, et puro cernámus intúitu, et digno percipiámus afféctu. Per Christum.
Se puede usar la Bendición solemne:
EPIFANÍA
El Dios que os llamó de las tinieblas a su luz admirable derrame abundantemente sus bendiciones sobre vosotros y afiance vuestros corazones en la fe, la esperanza y la caridad.
R. Amén.
Y él a todos vosotros, fieles seguidores de Cristo, manifestado hoy al mundo como luz en la tiniebla, os haga testigos de la verdad ante los hermanos.
R. Amén.
Y así, cuando termine vuestra peregrinación por este mundo, lleguéis a encontraros con Cristo, luz de luz, a quien los Magos guiados por la estrella, contemplaron con inmensa alegría.
R. Amén.
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.
R. Amén.
Adhiberi potest formula benedictionis sollemnis.
In Epiphania Domini
Deus, qui vos de ténebris vocávit in admirábile lumen suum, suam vobis benedictiónem benígnus infúndat, et corda vestra fide, spe et caritáte stabíliat.
R. Amen.
Et quia Christum sequímini confidénter, qui hódie mundo appáruit lux relúcens in ténebris, fáciat et vos lucem esse frátribus vestris.
R. Amen.
Quátenus, peregrinatióne perácta, perveniátis ad eum, quem magi stella praevia quaesiérunt, et gáudio magno, lucem de luce, Christum Dóminum invenérunt.
R. Amen.
Et benedíctio Dei omnipoténtis, Patris, et Fílii, + et Spíritus Sancti, descéndat super vos et máneat semper.
R. Amen.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 7 de enero
S
an Raimundo de Peñafort
, presbítero de la Orden de Predicadores, eximio maestro en derecho canónico, que escribió de modo muy acertado sobre el sacramento de la penitencia. Elegido maestro general de la Orden, preparó la redacción de las nuevas Constituciones y, llegado a edad muy avanzada, se durmió en el Señor en la ciudad de Barcelona, en España.
2. En Melitene, ciudad de Armenia, san Polieuto, mártir, que, siendo soldado, a raíz del decreto del emperador Decio que obligaba a sacrificar a los dioses, rompió los ídolos, por lo cual fue cruelmente martirizado hasta ser degollado, recibiendo así el bautismo con su propia sangre (c. 250).
3. En la ciudad de Nicomedia, en Bitinia (hoy Turquía), pasión de san Luciano, presbítero de la Iglesia de Antioquía y mártir, el cual, ilustre por su doctrina y elocuencia, al ser llevado ante el tribunal, en medio de continuos interrogatorios acompañados de tormentos se mantuvo intrépido en confesarse cristiano (312).
4*. En Passau, en la antigua provincia romana de Nórico (hoy Alemania), san Valentín, obispo de la Retia (c. 450).
5. En Pavía, ciudad de la Liguria (hoy Italia), san Crispino, obispo (467).
6*. En la ciudad de Coira, en la región de los helvecios (hoy Suiza), san Valentiniano, obispo, que con gran generosidad repartió limosnas entre los pobres, redimió a los cautivos y vistió a los desnudos (548).
7*. En el monasterio de Solignac, en la región de Limoges, en Aquitania (hoy Francia), san Tilón, discípulo de san Eligio, que fue orfebre y monje (c. 702).
8*. En Constantinopla (hoy Estambul, en Turquía), san Ciro, obispo, el cual, siendo monje en Paflagonia, fue elegido para ocupar la sede constantinopolitana, pero, depuesto luego de la misma, murió finalmente en el destierro (714).
9*. En la ciudad de Cenomanum (hoy Le Mans), en el reino de los francos (hoy Francia), san Alderico, obispo, que se esforzó en promover el culto a Dios y a los santos (856).
10. En los bosques cercanos a Ringsted, en Dinamarca, san Canuto, apellidado Lavard, mártir, quien, hecho duque de Schleswig, ejerció el poder de modo justo y prudente, y favoreció la piedad de su pueblo. Murió asesinado por enemigos que rechazaban su autoridad (1131).
11*. En Palermo, ciudad de Sicilia (hoy Italia), tránsito del beato Mateo Guimerá, obispo de Agrigento, de la Orden de los Hermanos Menores, propagador devoto del Santísimo Nombre de Jesús (1351).
12*. En Suzute, ciudad del Japón, beato Ambrosio Fernández, mártir, que se dirigió a tierras de Oriente con fines de lucro, pero, convertido, ingresó en la Compañía de Jesús y, después de muchas privaciones, murió por Cristo en la cárcel (1620).
13. En la aldea An Bai, en Tonquín (hoy Vietnam del Norte), san José Tuân, mártir, el cual, padre de familia y agricultor, por arrodillarse y orar ante una cruz, negándose a pisotearla, fue degollado en tiempo del emperador Tu Duc (1862).
14*. En la ciudad de Lieja, en Bélgica, beata María Teresa (Juana) Haze, virgen, fundadora de la Congregación de la Hijas de la Cruz, para atender a personas débiles y pobres (1876).