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Domingo 4 diciembre 2016, II Domingo de Adviento, ciclo A.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Rito continuo de la penitencia, Unción y Viático.

Ritual de la Unción y de la pastoral de enfermos (6ª ed. española 1996)

CAPÍTULO IV. ORDEN QUE SE HA DE SEGUIR PARA DAR LOS SACRAMENTOS AL ENFERMO QUE SE HALLA EN INMEDIATO PELIGRO DE MUERTE

RITO CONTINUO DE LA PENITENCIA, UNCIÓN Y VIÁTICO

201. Si el enfermo quisiera confesarse (para lo que el sacer­dote debe estar siempre solícito) hágalo, a ser posible, antes de recibir la Unción y el Viático. Si se confiesa dentro de la misma celebración, lo hará al comienzo del rito antes de la Unción. De lo contrario, y también en el caso de que haya otros enfermos que quieran comulgar, hágase oportunamente el acto penitencial.

202. Cuando urge el peligro de muerte, hágase pronto una sola Unción sobre el enfermo y désele a continuación el Viático. Si el peligro de muerte es inminente, se administrará inmediata­mente el Viático, tal como se establece en el n. 30, de forma que el enfermo, fortalecido con el Cuerpo de Cristo en su tránsito de esta vida, se vea protegido por la prenda de la resurrección. Los fieles que se hallan en peligro de muerte tienen la obligación de recibir la Sagrada Comunión.

203. En cuanto sea posible, no se deben dar en un rito conti­nuo la Confirmación en peligro de muerte y la Unción de los en­fermos, pues al haber en ambas una unción pueden confundirse dos sacramentos que son diferentes. Pero, en caso de necesidad, se conferirá la Confirmación inmediatamente antes de la bendición del óleo de los enfermos, omitiendo la imposición de ma­nos que pertenece al rito de la Unción.

Ritos iniciales

204. El sacerdote, vestido cual conviene al sagrado ministe­rio que va a realizar, llega al enfermo y, con sencillas y afectuo­sas palabras, saluda al enfermo y a cuantos están con él. Puede decir, si le parece, este saludo:

La paz del Señor a esta casa y a todos los aquí pre­sentes.
O bien:
La paz del Señor sea con vosotros (contigo).
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Otras fórmulas de saludo:

205. V. La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
R. Y con tu espíritu.

206. O bien:

V. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.
R. Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo.
O bien:
R. Y con tu espíritu.
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Una vez colocado el Sacramento sobre la mesa, lo adora junto con los presentes.

207. Luego, si es oportuno, rocía con agua bendita (si hay que bendecir el agua, se hace con la oración propuesta en el n. 259) al enfermo y a la habitación, diciendo esta fórmula:

Que esta agua nos recuerde nuestro Bautismo en Cristo, que nos redimió con su muerte y resurrección.

208. Si parece conveniente, el sacerdote trate de preparar, con palabras fraternales, al enfermo a la celebración de los sa­cramentos, leyendo, según las circunstancias, un texto breve del Evangelio que invite a la penitencia y al amor de Dios.

Puede servirse de las siguientes monición o de otra más apro­piada a la situación del enfermo:

Queridos hermanos, nuestros Señor Jesucristo está siempre entre nosotros, ayudándonos con la gracia de sus sacramentos. El es quien, por el ministerio de los sacerdotes, perdona los pecados a los penitentes, for­talece con la Unción santa a los enfermos y, por medio del Viático de su Cuerpo, sostiene en la esperanza de la vida eterna a cuantos esperan su retorno. Dispongámonos, pues, a ayudar con nuestra oración a este hermano nuestro, que ha pedido recibir estos sacramen­tos.

Penitencia

209. Si fuera necesario, el sacerdote acoge la confesión sa­cramental del enfermo, la cual puede hacerse de modo genérico si no se puede hacer de otro modo.

210. Si el enfermo no hace confesión sacramental o hay otros que quieren comulgar, el sacerdote invita a todos al acto penitencial:

Primera fórmula

211. El sacerdote invita a los fieles a la penitencia:

Hermanos: para participar con fruto en esta cele­bración, comencemos por reconocer nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos juntos, hacen la confesión.

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Dándose golpes de pecho añade:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Y a continuación:
Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que inter­cedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

El sacerdote concluye:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
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212. Segunda fórmula

El sacerdote invita a los fieles a la penitencia:

Hermanos: para participar con fruto en esta cele­bración, comencemos por reconocer nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio.

Después, el sacerdote dice:

V.  Señor, ten misericordia de nosotros.
R. Porque hemos pecado contra ti.

V.  Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.

El sacerdote concluye:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

213. Tercera fórmula

El sacerdote invita a los fíeles a la penitencia:

Hermanos: para participar con fruto en esta celebración, comencemos por reconocer nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio.

Después, el sacerdote, o uno de los presentes, hace las si­guientes u otras invocaciones con el Señor, ten piedad.

V. Tú que por el misterio pascual nos has obtenido la salvación: Señor, ten piedad.
R.  Señor, ten piedad.

V. Tú que no cesas de actualizar entre nosotros las maravillas de tu pasión: Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.

V. Tú que por la comunión de tu cuerpo nos haces participar del sacrificio pascual: Señor, ten pie­dad.
R. Señor, ten piedad.

El sacerdote concluye:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.
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214. El Sacramento de la Penitencia o el acto penitencial pueden concluirse con la indulgencia plenaria en peligro de muerte, que otorgará el sacerdote de esta manera:

En nombre de nuestro santo Padre el Papa N., te concedo indulgencia plenaria y el perdón de todos los pecados.
En el nombre del Padre y del Hijo + y del Espíritu Santo.

R. Amén.
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215. O bien:

Que Dios todopoderoso, por la muerte y resurrec­ción de Cristo, te perdone todas las penas de esta vida y de la otra, te abra las puertas del paraíso y te lleve a los gozos eternos.

R. Amén.

216. Luego, si las condiciones del enfermo lo permiten, se hace la profesión de fe bautismal (n. 188) y una breve letanía, respondiendo el enfermo, si puede, y todos los presentes:

Las fórmulas que siguen pueden adaptarse de forma que ayu­den a expresar mejor la oración del enfermo y de los presentes.

Oremos por nuestro hermano N., e invoquemos al Señor que ahora lo va a reconfortar con sus sacramen­tos.

Para que Dios reconozca en nuestro hermano el rostro dolorido de su Hijo, roguemos al Señor.
R. Te rogamos, óyenos.

Para que lo sostenga y conserve en su amor, ro­guemos al Señor.
R. Te rogamos, óyenos.

Para que le conceda su fuerza y su paz, rogue­mos al Señor.
R. Te rogamos, óyenos.

217. Si hay que conferir el sacramento de la Confirmación dentro del rito continuo, el sacerdote procede como se indica más abajo en los nn. 231-233. Luego, omitida la imposición de manos de la que se habla en el n. 218, bendice el óleo, si es nece­sario, y hace la Unción, tal como se describe en los nn. 219-221.

Santa Unción

218. El sacerdote impone en silencio las manos sobre la ca­beza del enfermo.

219. Si hay que bendecir el óleo (n. 21), lo hace ahora.

Bendice, Señor, este óleo y también al enfermo que con él será ungido.

Otras fórmulas en los nn. 140-141.

220. Pero si el óleo ya está bendecido, puede decir la ora­ción de gracias sobre dicho óleo:

Bendito seas, Dios, Padre todopoderoso, que por nosotros y por nuestra salvación enviaste tu Hijo al mundo.
R. Bendito seas por siempre, Señor.

Bendito seas, Dios, Hijo unigénito, que te has rebajado haciéndote hombre como nosotros, para curar nuestras enfermedades.
R. Bendito seas por siempre, Señor.

Bendito seas, Dios, Espíritu Santo Defensor, que con tu poder fortaleces la debilidad de nuestro cuerpo.
R. Bendito seas por siempre, Señor.

Mitiga, Señor, los dolores de este hijo tuyo, a quien ahora, llenos de fe, vamos a ungir con el óleo santo; haz que se sienta confortado en su enfermedad y aliviado en sus sufrimientos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

221. El sacerdote toma el santo óleo y unge al enfermo en la frente y en las manos, diciendo una sola vez:

Por esta santa Unción y por su bondadosa miseri­cordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo.

R. Amén.

Para que, libre de tus pecados, te conceda la salva­ción y te conforte en tu enfermedad.

R. Amén.

222. El sacerdote introduce la oración dominical con estas o parecidas palabras:

Y ahora, todos juntos, invoquemos a Dios con la oración que el mismo Cristo nos enseñó:

Y todos juntos dicen:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Viático

223. El sacerdote muestra el Santísimo Sacramento, di­ciendo:

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

El enfermo, si puede, y los que van a comulgar dicen una sola vez:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

224. El sacerdote se acerca al enfermo y, mostrándole el Sa­cramento, dice:

El Cuerpo de Cristo (o la Sangre de Cristo).

El enfermo responde:

Amén.

Y ahora o después de dar la comunión, añade el sacerdote:

El mismo te guarde y te lleve a la vida eterna.

El enfermo responde:

Amén.

Los presentes que deseen comulgar reciben el Sacramento en la forma acostumbrada.

225. Una vez distribuida la comunión, el ministro purifica los vasos sagrados. Pueden seguir unos momentos de silencio.

Conclusión del rito

226. El sacerdote dice la oración final.

Oremos.
Dios todopoderoso, cuyo Hijo es para nosotros el camino, la verdad y la vida, mira con piedad a tu siervo N., y concédele que, confiando en tus promesas y fortalecido con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, lle­gue en paz a tu reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Otras oraciones en los nn. 195-196.

227. Y bendice al enfermo y a los presentes.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R. Amén.

Otras fórmulas de bendición en los nn. 197-199.

Finalmente, tanto el sacerdote como los presentes pueden dar la paz al enfermo.