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Domingo 30 abril 2017, III Domingo de Pascua, ciclo A.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Jueves 2 febrero 2017, Presentación del Señor, fiesta.

SOBRE LITURGIA

DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

La fiesta de la Presentación del Señor


120. Hasta el 1969 la antigua fiesta del 2 de Febrero, de origen oriental, recibía en Occidente el título de "Purificación de Santa María Virgen", y concluía, cuarenta días después de Navidad, el ciclo de navidad.

Esta fiesta siempre ha tenido un marcado carácter popular. Los fieles, de hecho:
- asisten con gusto a la procesión conmemorativa de la entrada de Jesús en el Templo y de su encuentro, ante todo con Dios Padre, en cuya morada entra por primera vez, después con Simeón y Ana. Esta procesión, que en Occidente había sustituido a los cortejos paganos licenciosos y que era de tipo penitencial, posteriormente se caracterizó por la bendición de las candelas, que se llevaban encendidas durante la procesión, en honor de Cristo "luz para alumbrar a las naciones" (Lc 2,32);
- son sensibles al gesto realizado por la Virgen María, que presenta a su Hijo en el Templo y se somete, según el rito de la Ley de Moisés (cfr. Lv 12,1-8), al rito de la purificación; en la piedad popular el episodio de la purificación se ha visto como una muestra de la humildad de la Virgen, por lo cual, la fiesta del 2 de Febrero es considerada con frecuencia la fiesta de los que realizan los servicios más humildes en la Iglesia.

121. La piedad popular es sensible al acontecimiento, providencial y misterioso, de la concepción y del nacimiento de una vida nueva. En particular las madres cristianas advierten la relación que existe, a pesar de las notables diferencias – la concepción y el parto de María son hechos únicos – entre la maternidad de la Virgen, la purísima, madre de la Cabeza del Cuerpo Místico, y su maternidad: ellas también son madres según el plan de Dios, pues han generado los futuros miembros del mismo Cuerpo Místico. En esta intuición, y como imitando el rito realizado por María (cfr. Lc 2,22-24), tenía origen el rito de la purificación de la que había dado a luz, algunos de cuyos elementos reflejaban una visión negativa de lo relacionado con el parto

En el actual Rituale Romanum está prevista una bendición para la madre, tanto antes del parto como después del parto, esta última sólo en el caso de que la madre no haya podido participar en el bautismo del hijo.

Sin embargo, es muy oportuno que la madre y sus parientes, al pedir esta bendición, se adapten a las características de la oración de la Iglesia: comunión de fe y de caridad en la oración, para que llegue a su feliz cumplimiento el tiempo de espera (bendición antes del parto) y para dar gracias a Dios por el don recibido (bendición después del parto).

122. En algunas Iglesias locales se valoran de modo especial algunos elementos del relato evangélico de la fiesta de la Presentación del Señor (Lc 2,22-40), como la obediencia de José y María a la Ley del Señor, la pobreza de los santos esposos, la condición virginal de la Madre de Jesús, lo que ha aconsejado convertir, también, el 2 de Febrero en la fiesta de los que se dedican al servicio del Señor y de los hermanos, en las diversas formas de vida consagrada.

123. La fiesta del 2 de Febrero conserva un carácter popular. Sin embargo es necesario que responda verdaderamente al sentido auténtico de la fiesta. No resultaría adecuado que la piedad popular, al celebrar la Presentación del Señor, se olvidase el contenido cristológico, que es el fundamental, para quedarse casi exclusivamente en los aspectos mariológicos; el hecho de que deba "ser considerada ...como memoria simultánea del Hijo y de la Madre" no autoriza semejante cambio de la perspectiva; las velas, conservadas en los hogares, deben ser para los fieles un signo de Cristo "luz del mundo" y por lo tanto, un motivo para expresar la fe.

CALENDARIO

2 JUEVES. PRESENTACIÓN DEL SEÑOR, fiesta


Fiesta de la Presentación del Señor, llamada Hypapante por los griegos: cuarenta días después de Navidad, Jesús fue llevado al Templo por María y José, y lo que pudo aparecer como cumplimiento de la ley mosaica se convirtió, en realidad, en su encuentro con el pueblo creyente y gozoso. Se manifestó, así, como luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo, Israel (elog. del Martirologio Romano).

Misa de la fiesta (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Pf. prop. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. IV.
- Mal 3, 1-4. Llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando.
o bien: Heb 2, 14-18. Tenía que parecerse en todo a sus hermanos.
- Sal 23. R. El Señor, Dios del universo, él es el Rey de la gloria.
- Lc 2, 22-40. Mis ojos “han visto a tu Salvador”.
* Las candelas pueden ser bendecidas con procesión o entrada solemne.
* Al entrar en la iglesia o en el presbiterio se canta el introito de la Misa, sigue el Gloria y la oración colecta.
* Se encienden las candelas desde el principio, mientras se canta la antífona «El Señor llega con poder».
* En la procesión el sacerdote puede usar capa pluvial o casulla.
* Hoy no se permiten las Misas de difuntos, excepto la exequial.
* JORNADA DE LA VIDA CONSAGRADA, en la clausura del año de la Vida Consagrada (mundial y pontificia): Liturgia del día, alusión en la mon. de entrada y en la hom., intención en la orac. univ.

Liturgia de las Horas: oficio de la fiesta. Te Deum. II Visp. de la fiesta.

Martirologio: elogs. del 3 de febrero, pág. 144.
CALENDARIOS: Orden Premonstratense: (S).
Palencia-ciudad: Nuestra Señora de la Calle (S).
Tenerife: Nuestra Señora de Candelaria (S). HH. de Belén: (F).

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Fiesta de la Presentación del Señor, llamada Hypapante por los griegos: cuarenta días después de Navidad, Jesús fue llevado al Templo por María y José, y lo que pudo aparecer como cumplimiento de la ley mosaica se convirtió, en realidad, en su encuentro con el pueblo creyente y gozoso. Se manifestó, así, como luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo, Israel.

2 de febrero
LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
Fiesta
Die 2 februarii
IN PRAESENTATIONE DOMINI
Festum
Bendición y procesión de las candelas
Primera forma: Procesión
1. En la hora más oportuna se reúnen todos en una iglesia o en otro lugar conveniente, fuera de la iglesia hacia la que va a encaminarse la procesión. Los fieles tienen en sus manos las candelas, apagadas.
2. Llega el sacerdote con sus ministros, revestido con vestiduras blancas como para la misa; no obstante, el sacerdote puede usar, en lugar de la casulla, la capa pluvial, que se quita terminada la procesión.
3.Mientras se encienden las candelas se canta la antífona: Nuestro Señor llega con poder, para iluminar los ojos de sus siervos. Aleluya.
U otro cántico apropiado.
De benedictione et processione candelarum
Forma prior: Processio
1. Hora competenti fit Collecta in ecclesia minore vel in alio loco apto extra ecclesiam, ad quam processio tendit. Fideles tenent in manibus candelas non accensas.
2. Accedit sacerdos cum ministris, indutus paramentis albis sicut ad Missam; sed pro casula sacerdos sumere potest pluviale, quod deponit, expleta processione.
3. Dum accenduntur candelae, cantatur antiphona vel alius cantus aptus.


4. El sacerdote, terminado el canto, vuelto hacia el pueblo dice: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Después saluda, como de costumbre, al pueblo y luego hace una monición introductoria para invitar a los fieles a celebrar esta fiesta de manera activa y consciente, con estas o parecidas palabras:
Queridos hermanos:
Hace hoy cuarenta días celebrábamos, llenos de gozo, la fiesta del Nacimiento del Señor. Hoy es aquel día santo en el cual Jesús es presentado en el templo por María y José para cumplir públicamente con la ley, pero en realidad para encontrarse con el pueblo creyente.
Los santos ancianos Simeón y Ana, impulsados por el Espíritu Santo, habían acudid, al templo y reconocieron al Señor, iluminados por el mismo Espíritu, y lo proclamaron con alegría.
Del mismo modo, congregados también nosotros por el Espíritu Santo, vayamos hacia la casa de Dios al encuentro de Cristo. Lo encontraremos y lo reconoceremos en la fracción del pan, hasta que vuelva revestido de gloria.
4. Sacerdos, cantu absoluto, ad populum conversus dicit: In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Postea populum de more salutat, ac deinde introductoriam monitionem profert, qua fideles ad celebrandum ritum huius festi actuose et conscie invitantur, his vel similibus verbis:
Fratres caríssimi:
Ante dies quadragínta celebrávimus cum gáudio Festum Nativitátis Dómini. Hódie vero occúrrit dies ille beátus, quo Iesus a María et Ioseph praesentátus est in templo, extérius quidem legem implens, rerum veritáte autem occúrrens pópulo suo credénti.
Spíritu Sancto impúlsi, in templum venérunt beáti illi senes et cognovérunt Dóminum eódem Spíritu illumináti, et conféssi sunt eum in exsultatióne.
Ita et nos, congregáti in unum per Spíritum Sanctum, procedámus ad domum Dei óbviam Christo. Inveniémus eum et cognoscémus in fractióne panis, donec véniat maniféstus in glória.
5. Después de la monición, el sacerdote bendice las candelas diciendo con las manos juntas:
Oremos.
Oh, Dios, fuente y origen de toda luz, que manifestaste hoy al justo Simeón la Luz para alumbrar a las naciones, te rogamos suplicantes que santifiques estos cirios con tu + bendición; acepta los deseos de tu pueblo que se ha reunido para cantar la alabanza de tu nombre, llevándolos en sus manos, y así merezca llegar, por la senda de las virtudes, a la luz eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
O bien:
Oremos.
Oh, Dios, luz verdadera, autor y dador de la luz eterna, infunde en el corazón de los fieles el resplandor de la luz que no se extingue, para que, cuantos son iluminados en tu templo santo por el brillo de estos cirios, puedan llegar felizmente a la luz de tu gloria.Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Asperja las candelas con agua bendita, sin decir nada, y pone el incienso para la procesión.
5. Post monitionem sacerdos benedicit candelas, dicens, extensis manibus:
Orémus.
Deus, omnis lúminis fons et orígo, qui iusto Simeóni Lumen ad revelatiónem géntium hódie demonstrásti, te súpplices deprecámur, ut hos céreos sanctificáre tua + benedictióne dignéris, tuae plebis vota suscípiens, quae ad tui nóminis laudem eos gestatúra concúrrit, quátenus per virtútum sémitam ad lucem indeficiéntem perveníre mereátur. Per Christum Dóminum nostrum.
R. Amen.
Vel:
Deus, lumen verum, aetérnae lucis propagátor et auctor, córdibus infúnde fidélium perpétui lúminis claritátem, ut, quicúmque in templo sancto tuo splendóre praeséntium lúminum adornántur, ad lumen glóriae tuae felíciter váleant perveníre. Per Christum Dóminum nostrum.
R. Amen.
Et aspergit candelas aqua benedicta, nihil dicens, incensum imponit ad processionem.
6. El sacerdote recibe, del diácono o de otro ministro, su propia candela encendida y comienza la procesión, después de decir el diácono (o en su defecto el propio sacerdote):Vayamos en paz al encuentro del Señor.
O bien:
Vayamos en paz.
En cuyo caso, todos responden:

En el nombre de Cristo. Amén.
6. Tunc sacerdos accipit a diacono vel ministro candelam accensam sibi praeparatam et incipit processio, clamante diacono (vel, eo deficiente, ipso sacerdote):
Procedámus in pace ad occurréndum Dómino.
Vel:
Procedámus in pace.
7.Durante la procesión, llevando todos las candelas encendidas, se canta alguna de las siguientes antífonas: la antífona Luz para alumbrar... con el cántico indicado (Lc 2,29-32), O la antífona Adorna... u otro canto apropiado:
I
Ant. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Ant. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador.
Ant. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
A quien has presentado ante todos los pueblos.
Ant. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
7. Omnes, candelas accensas gestant. Progrediente processione cantatur una alterave ex antiphonis quae sequuntur, scilicet antiphona Lumen ad revelatiónem cum cantico (Lc 2, 29-32), vel antiphona Adórna vel alius cantus aptus:
I
Ant. Lumen ad revelatiónem géntium, et glóriam plebis tuae Israel. Nunc dimíttis servum tuum, Dómine, secúndum verbum tuum in pace.
Ant. Lumen ad revelatiónem géntium... Quia vidérunt óculi mei salutáre tuum.
Ant. Lumen ad revelatiónem géntium... Quod parásti ante fáciem ómnium populórum.
Ant. Lumen ad revelatiónem géntium...
II
Ant. Adorna tu tálamo, Sion, y recibe a Cristo Rey: abraza a María, puerta del cielo,
pues ella conduce al Rey de la gloria, luz nueva. Permanece Virgen llevando en sus manos al Hijo engendrado antes del lucero del alba, al que Simeón tomó en sus brazos
y proclamó ante las naciones:
Señor de la vida y de la muerte
y Salvador del mundo.
II
Ant. Adórna thálamum tuum, Sion, et súscipe Regem Christum: ampléctere Maríam, quae est caeléstis porta: ipsa enim portat Regem glóriae novi lúminis: subsístit Virgo, addúcens mánibus Fílium ante lucíferum génitum: quem accípiens Símeon in ulnas suas, praedicávit pópulis, Dóminum eum esse vitae et mortis, et Salvatórem mundi.
8. Al entrar la procesión en la iglesia se canta la antífona de entrada de la misa. Llegado el sacerdote al altar, lo venera y, si parece oportuno, lo inciensa. Va a la sede, se quita la capa pluvial, si es que la ha usado en la procesión, y se pone la casulla; después del cántico del Gloria, dice la colecta. Y la misa prosigue como de costumbre. 8. Ingrediente processione in ecclesiam, cantatur introitus Missae. Sacerdos, cum ad altare pervenerit, illud veneratur et, pro opportunitate, incensat. Deinde pergit ad sedem, ubi, deposito pluviali, si illud adhibuit in processione, et assumpta casula, post cantatum hymnum Glória in excélsis, dicit de more Collectam. Missa prosequitur modo consueto.
Segunda forma: Entrada solemne
9. Cuando no se pueda hacer la procesión, los fieles, con las candelas en sus manos, se reúnen en la iglesia. El sacerdote, con vestiduras blancas como para la misa, acompañado de los ministros y algunos fieles, va a un lugar adecuado, bien delante de la puerta, bien dentro de la misma iglesia, con tal de que la mayor parte de los fieles puedan participar cómodamente en el rito.
10. Una vez llegados al lugar elegido para la bendición, se encienden ¡as candelas mientras se canta la antífona: Nuestro Señor llega (n. 3) o algún otro cántico apropiado.
11. Tras el saludo y la monición, el sacerdote bendice las candelas, tal como se indica más arriba en los nn. 4-5; y se hace la procesión hacia el altar, con cánticos (nn. 6-7). Para la misa se observa lo ya indicado en el n. 8.
Forma altera: Introitus sollemnis
9. Sicubi processio fieri nequit, fideles congregantur in ecclesia, candelas in manibus tenentes. Sacerdos, indutus sacris vestibus pro Missa coloris albi, cum ministris et aliqua deputatione fidelium accedit ad locum aptum, vel ante portam vel in ipsa ecclesia, ubi saltem magna pars fidelium ritum commode participare possit.
10. Cum sacerdos ad locum pro benedictione candelarum statutum pervenerit, accenduntur candelae, dum canitur antiphona Ecce Dóminus (n. 3), vel alius cantus aptus.
11. Deinde sacerdos, post salutationem et monitionem, benedicit candelas, ut supra nn. 4-5; et fit processio ad altare, cum cantu (nn. 6-7). Ad Missam ea servantur quae supra n. 8 indicantur.
Antífona de entrada Sal 47, 10-11
Oh, Dios, meditamos tu misericordia en medio de tu templo: como tu
Nombre, oh, Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra. Tu diestra está
llena de justicia.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 47,10-11
Suscépimus, Deus, misericórdiam tuam in médio templi tui. Secúndum nomen tuum, Deus, ita et laus tua in fines terrae; iustítia plena est déxtera tua.
Se dice Gloria. Dicitur Gloria in excélsis.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, rogamos humildemente a tu majestad que, así como tu Hijo Unigénito ha sido presentado hoy en el templo en la realidad de nuestra carne, nos concedas, de igual modo, ser presentados ante ti con el alma limpia. Por nuestro Señor Jesucristo.
Collecta
Omnípotens sempitérne Deus, maiestátem tuam súpplices exorámus, ut, sicut Unigénitus Fílius tuus hodiérna die cum nostrae carnis substántia in templo est praesentátus, ita nos fácias purificátis tibi méntibus praesentári. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas de la fiesta de la Presentación del Señor (Lec. ant. V)
Cuando esta fiesta no cae en domingo, antes del evangelio se escoge una sola de las lecturas siguientes.

PRIMERA LECTURA Mal 3, 1-4
Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis

Lectura de la profecía de Malaquías

Así dice el Señor:
«Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí.
De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis.
Miradlo entrar - dice el Señor de los ejércitos -.
¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca?
Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido.
Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.»

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

O bien:
PRIMERA LECTURA Heb 2, 14-18
Tenía que parecerse en todo a sus hermanos

Lectura de la carta a los Hebreos.

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos.
Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 23, 7. 8. 9. 10 (R.: 10)
R.
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria. Dóminus virtútum ipse est rex glóriæ

V. ¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria. Dóminus virtútum ipse est rex glóriæ

V. -¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra. R.
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria. Dóminus virtútum ipse est rex glóriæ

V. ¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria. Dóminus virtútum ipse est rex glóriæ

V. -¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria. R.
El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria. Dóminus virtútum ipse est rex glóriæ

Aleluya Lc 2, 32
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel. R.
Lumen ad revelatiónem gentium, et glóriam plebis tuæ Israel.

EVANGELIO Lc 2, 22-40
Mis ojos han visto a tu Salvador
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
-«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
[Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:
–«Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.]

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Del Catecismo de la Iglesia Católica
529
 La Presentación de Jesús en el templo (cf. Lc 2, 22-39) lo muestra como el Primogénito que pertenece al Señor (cf. Ex 13, 2. 12-13). Con Simeón y Ana toda la expectación de Israel es la que viene al Encuentro de su Salvador (la tradición bizantina llama así a este acontecimiento). Jesús es reconocido como el Mesías tan esperado, "luz de las naciones" y "gloria de Israel", pero también "signo de contradicción". La espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado "ante todos los pueblos".

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Basílica Vaticana, Martes 2 de febrero de 2016
Durante la homilía de la misa celebrada el 2 de febrero en la basílica vaticana con la cual se concluía el año de la vida consagrada. el Papa dijo que este tiempo «vivido con mucho entusiasmo» era un río que «confluye ahora en el mar de la misericordia, en este inmenso misterio de amor que estamos experimentando con el Jubileo extraordinario».
Hoy ante nuestra mirada se presenta un hecho sencillo, humilde y grande: Jesús es llevado por María y José al templo de Jerusalén. Es un niño como muchos, como todos, pero es único: es el Unigénito venido para todos. Este Niño nos ha traído la misericordia y la ternura de Dios: Jesús es el rostro de la Misericordia del Padre. Es éste el ícono que el Evangelio nos ofrece al final del Año de la vida consagrada, un año vivido con mucho entusiasmo. Este, como un río, confluye ahora en el mar de la misericordia, en este inmenso misterio de amor que estamos experimentando con el Jubileo extraordinario.
A la fiesta de hoy, sobre todo en Oriente, se la llama fiesta del encuentro. En efecto, en el Evangelio que ha sido proclamado, vemos diversos encuentros (cf. Lc 2, 22-40). En el templo Jesús viene a nuestro encuentro y nosotros vamos a su encuentro. Contemplamos el encuentro con el viejo Simeón, que representa la espera fiel de Israel y el júbilo del corazón por el cumplimiento de las antiguas promesas. Admiramos también el encuentro con la anciana profetisa Ana, que, al ver al Niño, exulta de alegría y alaba a Dios. Simeón y Ana son la espera y la profecía, Jesús es la novedad y el cumplimiento: Él se nos presenta como la perenne sorpresa de Dios; en este Niño nacido para todos se encuentran el pasado, hecho de memoria y de promesa, y el futuro, lleno de esperanza.
En esto podemos ver el inicio de la vida consagrada. Los consagrados y las consagradas están llamados sobre todo a ser hombres y mujeres del encuentro. De hecho, la vocación no está motivada por un proyecto nuestro pensado «con cálculo», sino por una gracia del Señor que nos alcanza, a través de un encuentro que cambia la vida. Quien encuentra verdaderamente a Jesús no puede quedarse igual que antes. Él es la novedad que hace nuevas todas las cosas. Quien vive este encuentro se convierte en testigo y hace posible el encuentro para los demás; y también se hace promotor de la cultura del encuentro, evitando la autorreferencialidad que nos hace permanecer encerrados en nosotros mismos.
El pasaje de la Carta a los Hebreos, que hemos escuchado, nos recuerda que el mismo Jesús, para salir a nuestro encuentro, no dudó en compartir nuestra condición humana: «Lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre» (v. 14). Jesús no nos ha salvado «desde el exterior», no se ha quedado fuera de nuestro drama, sino que ha querido compartir nuestra vida. Los consagrados y las consagradas están llamados a ser signo concreto y profético de esta cercanía de Dios, de este compartir la condición de fragilidad, de pecado y de heridas del hombre de nuestro tiempo. Todas las formas de vida consagrada, cada una según sus características, están llamadas a estar en permanente estado de misión, compartiendo «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren» (Gaudium et spes, 1).
El Evangelio nos dice también que «Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño» (v. 33). José y María custodian el estupor por este encuentro lleno de luz y de esperanza para todos los pueblos. Y también nosotros, como cristianos y como personas consagradas, somos custodios del estupor. Un estupor que pide ser renovado siempre; cuidado con la costumbre en la vida espiritual; cuidado con cristalizar nuestros carismas en una doctrina abstracta: los carismas de los fundadores —como he dicho otras veces— no son para sellar en una botella, no son piezas de museo. Nuestros fundadores han sido movidos por el Espíritu y no han tenido miedo de ensuciarse las manos con la vida cotidiana, con los problemas de la gente, recorriendo con coraje las periferias geográficas y existenciales. No se detuvieron ante los obstáculos y las incomprensiones de los demás, porque mantuvieron en el corazón el estupor por el encuentro con Cristo. No han domesticado la gracia del Evangelio; han tenido siempre en el corazón una sana inquietud por el Señor, un deseo vehemente de llevarlo a los demás, como han hecho María y José en el templo. También hoy nosotros estamos llamados a realizar elecciones proféticas y valientes.
Finalmente, de la fiesta de hoy aprendemos a vivir la gratitud por el encuentro con Jesús y por el don de la vocación a la vida consagrada. Agradecer, acción de gracias: Eucaristía. Qué hermoso es encontrarse el rostro feliz de personas consagradas, quizás ya de avanzada edad como Simeón o Ana, felices y llenas de gratitud por la propia vocación. Esta es una palabra que puede sintetizar todo lo que hemos vivido en este Año de la vida consagrada: gratitud por el don del Espíritu Santo, que siempre anima a la Iglesia a través de los diversos carismas.
El Evangelio concluye con esta expresión: «El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él» (v. 40). Que el Señor Jesús pueda, por la maternal intercesión de María, crecer en nosotros, y aumentar en cada uno el deseo del encuentro, la custodia del estupor y la alegría de la gratitud. Entonces los demás serán atraídos por su luz, y podrán encontrar la misericordia del Padre.

Oración de los fieles
312. Que nuestra oración, hermanos, se eleve a Dios Padre todopoderoso, que por el bien de toda la humanidad a la que Cristo ha venido a iluminar con su presencia y salvar por medio de la Iglesia.
- Por la santa Iglesia de Dios: para que por la vida de sus fieles y el ministerio de sus sacerdotes, haga brillar ante los hombres la luz de Cristo, salvador de las naciones. Roguemos al Señor.
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Si se celebra la Jornada de la vida consagrada:
- Por todos los religiosos, los miembros de institutos seculares y de nuevas formas de vida consagrada, por el orden de las vírgenes, por cuantos han recibido el don de la llamada a la consagración: para que sigan a Cristo, renuncien al poder del mundo y sirvan a Dios y a los hermanos con espíritu de pobreza y humildad de corazón. Roguemos al Señor.
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- Por los que rigen los destinos de los pueblos:para que su labor sea siempre de servicio, de justicia y de paz. Roguemos al Señor.
- Por los que están al fin de sus días: para que alcancen un tránsito feliz en la paz y en los brazos de Dios. Roguemos al Señor.
- Por las madres de familia: para que reciban en sus hogares el honor, la ayuda y la gratitud que merecen sus afanes por el bienestar de su familia. Roguemos al Señor.
- Por nosotros mismos y por y por todos los miembros de nuestra comunidad (parroquia): para que la manifestación del Señor en la carne sea causa de edificación y de vida, y no de caída y escándalo. Roguemos al Señor.
Dios todopoderoso y eterno, que recibiste hoy en tu templo a tu Unigénito, que se ofrecía por nosotros: te pedimos humildemente que escuche nuestras oraciones. Por Jesucristo nuestro Señor. 

Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Señor, que te sean gratos los dones presentados por la Iglesia exultante de gozo, pues has querido que tu Hijo Unigénito se ofreciera como Cordero inocente por la salvación del mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Super oblata
Gratum tibi sit, Dómine, quaesumus, exsultántis Ecclésiae munus oblátum, qui Unigénitum Fílium tuum voluísti Agnum immaculátum tibi offérri pro saeculi vita. Qui vivit et regnat in saecula saeculórum.
Prefacio: El misterio de la Presentación del Señor.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque tu Hijo, eterno como tú, es presentado hoy en el templo y es mostrado por el Espíritu como gloria de Israel y luz de las naciones.
Por eso, nosotros, llenos de alegría, salimos al encuentro de tu Salvador, mientras te alabamos con los ángeles y los santos cantando sin cesar:
Santo, Santo, Santo…
Praefatio: De mysterio Praesentationis Domini.
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus:
Quia coaetérnus hódie in templo tuus Fílius praesentátus glória Israel et lumen géntium a Spíritu declarátur.
Unde et nos, Salutári tuo in gáudiis occurréntes, cum Angelis et Sanctis te laudámus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARISTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de comunión Lc 2, 30-31
Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos.
Antiphona ad communionem Lc 2,30-31
Vidérunt óculi mei salutáre tuum, quod parásti ante fáciem ómnium populórum.
Oración después de la comunión
Por estos dones santos que hemos recibido, llénanos de tu gracia, Señor, tú que has colmado plenamente el anhelo expectante de Simeón y, así como él no vio la muerte sin haber merecido acoger antes a Cristo, concédenos alcanzar la vida eterna a quienes caminamos al encuentro del Señor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Post communionem
Per haec sancta quae súmpsimus, Dómine, pérfice in nobis grátiam tuam, qui exspectatiónem Simeónis implésti, ut, sicut ille mortem non vidit nisi prius Christum suscípere mererétur, ita et nos, in occúrsum Dómini procedéntes, vitam obtineámus aetérnam. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 3 de febrero
S
an Blas, obispo y mártir
, que, por ser cristiano, padeció en tiempo del emperador Licinio en la ciudad de Sebaste, en Armenia (c. 320).
San Oscar o Ansgario, obispo de Hamburgo y después también de Brema, en Sajonia, el cual, siendo monje del monasterio de Corbie, fue designado por el papa Gregorio IV como legado para todas las tierras del norte de Europa, anunciando el Evangelio a grandes multitudes de Dinamarca y Suecia y consolidando allí la Iglesia de Cristo. Después de superar con ánimo invicto muchas dificultades, desgastado por sus trabajos murió en Brema (865).
3. En Jerusalén, conmemoración de los santos Simeón, anciano honrado y piadoso, y Ana, viuda y profetisa, que merecieron saludar a Jesús niño como el Mesías y Salvador, esperanza y redención de Israel, en el momento en que, según la ley, fue presentado en el Templo.
4. En Cartago, ciudad de África, san Celerino, lector y mártir, que confesó denodadamente a Cristo en la cárcel, entre azotes, cadenas y otros suplicios, siguiendo las huellas de su abuela Celerina, anteriormente coronada por el martirio, y de sus tíos Lorenzo, paterno, e Ignacio, materno, los cuales, habiendo servido en campamentos militares, llegaron a ser soldados de Dios, obteniendo del Señor palmas y coronas con su gloriosa pasión (s. III).
5* En Poitiers, en Aquitania, san Leonio, presbítero, que fue discípulo de san Hilario (s. IV).
6. En Gap, de la Provenza, en la Galia, santos Teridio y Remedio, obispos (s. IV/V).
7. En Lyon, en la Galia, san Lupicino, obispo, que vivió en la época de la persecución bajo los vándalos (s. V ex.).
8*. En el monasterio de Celle, en Hanonia, san Adelino, presbítero y abad (c. 696).
9*. En Chester, en la región de Mercia, en Inglaterra, santa Wereburga, abadesa de Ely, que fundó varios monasterios (c. 700).
10*. En Meerbeke, en Brabante, santa Berlinda, virgen, que se distinguió en esa ciudad por su vida religiosa de pobreza y caridad (s IX-X).
11*. En el monasterio cisterciense de Froidemont, en la región de Beauvais, en Francia, beato Helinando, monje, el cual, después de haber vivido como trovador itinerante, abrazó la vida humilde y escondida en el claustro (post 1230).
12*. En Londres, en Inglaterra, beato Juan Nelson, presbítero de la Compañía de Jesús y mártir, que por haber negado la suprema potestad de la reina Isabel I en lo referente a la vida del espíritu, fue condenado a muerte y ahorcado en Tyburn (1578).
13. En Lyon, en Francia, santa María de San Ignacio (Claudina) Thévenet, virgen, quien, movida por la caridad y con ánimo esforzado, fundó la Congregación de las Hermanas de Jesús y María, para la formación espiritual de las jóvenes, especialmente las de condición humilde (1837).
14*. En Bourg-Saint-Andéol, en la región de Viviers, en Francia, beata María Ana Rivier, virgen, la cual, durante la Revolución Francesa, que suprimió todas las órdenes y congregaciones religiosas, instituyó la Congregación de las Hermanas de la Presentación de María, para educar en la fe al pueblo cristiano (1838).
15*. En la población de Steyl, en los Países Bajos, beata María Elena Stollenwek, virgen, que colaboró con el beato Arnoldo Janssen en la fundación de la Congregación de las Misioneras Siervas del Espíritu Santo y, habiendo abandonado la función de superiora, se entregó a la adoración (1900).