martes, 8 de noviembre de 2016

Martes 13 diciembre 2013, Santa Lucía, virgen y mártir, memoria obligatoria.

SOBRE LITURGIA

S. C. Doctrina de la Fe, Instrucción sobre el Bautismo de los niños (20-octubre-1980)

14. El hecho de que los niños no puedan aún profesar personalmente su fe no impide que la Iglesia les confiera este sacramento, porque en realidad, los bautiza en su propia fe. Este punto doctrinal fue ya claramente fijado por San Agustín, el cual escribía: «Los niños son presentados para recibir la gracia espiritual, no tanto por quienes los llevan en sus brazos (aunque también por ésos, si son buenos fieles), cuanto por la sociedad universal de los santos y de los fieles ... Es la Madre Iglesia entera la que actúa en sus santos: porque toda ella los engendra a todos y a cada uno» [24]. Santo Tomás de Aquino, y después de él todos los teólogos, siguen la misma enseñanza: el niño que es bautizado no cree por sí mismo, por un acto personal, sino por medio de otros, «por la fe de la Iglesia que se le comunica» [25]. Esta misma doctrina está expresada en el nuevo Ritual del bautismo, cuando el celebrante pide a los padres, padrinos y madrinas, que profesen la fe de la Iglesia «en la que son bautizados los niños» [26].

15. Sin embargo, la Iglesia, aunque consciente de la eficacia de su fe que actúa en el bautismo de los niños y de la validez del sacramento que ella les confiere, reconoce límites a su praxis, ya que, exceptuado el caso de peligro de muerte, ella no acepta dar el sacramento sin el consentimiento de los padres y la garantía seria de que el niño bautizado recibirá la educación católica [27]; la Iglesia en efecto se preocupa tanto de los derechos naturales de los padres como de la exigencia del desarrollo de la fe en el niño.

[24] Epist. 98, 5, PL 33, 362; cf. Sermo 176, II, 2, PL 38, 950.
[25] Summa Theologica, IIIa, q. 69, a. 6, ad 3; cf. q. 68, a. 9, ad 3.
[26] Ordo baptismi parvulorum, Praenotanda, n. 2; cf. n. 56.
[27] Existe una antigua tradición a la que se refiere Santo Tomás de Aquino (Summa Theologica, IIa-IIae, q. 10, a. 12, in c.) y el Papa Benedicto XIV (Instrucción Postremo mense del 28 de febrero de 1747 nn. 4-5; Denz-Sch. nn. 2552-2553), según la cual no se ha de bautizar un niño de familia infiel o judía, excepto en el caso de peligro de muerte (C.I.C. can. 750, § 2), contra la voluntad de su familia, es decir, si la misma no lo pide y ofrece garantías.


CALENDARIO

13 MARTES. SANTA LUCÍA, virgen y mártir, m. obligatoria

Misa
de la memoria (rojo).
MISAL: 1ª orac. prop. y el resto de la feria o del común de mártires (para una virgen mártir) o de vírgenes, Pf. I o III Adv. o de la memoria. Conveniente PE I.
LECC.: vol. II.
- Sof 3, 1-2. 9-13. La salvación mesiánica será enviada a todos los pobres.
- Sal 33. R. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.
- Mt 21, 28-32. Vino Juan, y los pecadores le creyeron.
o bien: cf. vol. IV.

Liturgia de las Horas: oficio de la memoria.

Martirologio: elogs. del 14 de diciembre, pág. 718.

TEXTOS MISA

Elogio del martirologio
Memoria de santa Lucía, virgen y mártir, la cual, mientras vivió, conservó encendida la lámpara esperando al Esposo, y llevada al martirio en Siracusa, ciudad de Sicilia, en Italia, mereció entrar con él a las bodas y poseer la luz indefectible. (303/304)

La oración colecta es propia de la memoria. El resto del formulario es de la feria de Adviento.

13 de diciembre
Santa Lucía, virgen y mártir
Memoria.
Die 13 decembris
S. Luciæ, virginis et martyris
Memoria.
Antífona de entrada Cfr Za 14, 5.7
Vendrá el Señor y con él todos sus santos; aquel día brillará una gran luz.
Antiphona ad introitum Cf. Za 14, 5. 7
Ecce Dóminus véniet, et omnes sancti eius cum eo; et erit in die illa lux magna.
Oración colecta
Que la poderosa intercesión de santa Lucía, virgen y mártir, sea nuestro apoyo, Señor, para que en la tierra celebremos su triunfo y en el cielo participemos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo
Collecta
Intercéssio nos, quaesumus, Dómine, sanctae Lúciae vírginis et mártyris gloriósa confóveat, ut eius natalícia et temporáliter frequentémus, et conspiciámus aetérna. Per Dóminum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Martes de la III semana de Adviento, feria (Lecc. II).

PRIMERA LECTURA Sof 3, 1-2. 9-13
La salvación mesiánica será enviada a todos los pobres

Lectura de la profecía de Sofonías.

Esto dice el Señor: «¡Ay de la ciudad rebelde, impura, tiránica!
No ha escuchado la llamada, no ha aceptado la lección, no ha confiado en el Señor, no ha recurrido a su Dios.
Entonces purificaré labios de los pueblos para que invoquen todos ellos el nombre del Señor y todos lo sirvan a una.
Desde las orillas de los ríos de Cus, mis adoradores los deportados, traerán mi ofrenda.
Aquel día, ya no te avergonzarás de las acciones con que me ofendiste, pues te arrancaré tu orgullosa arrogancia, y dejarás de engreírte en mi santa montaña.
Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor.
El resto de Israel no hará más el mal, ni mentirá, ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y descansarán, y no habrá quien los inquiete».

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 33, 2-3. 6-7. 17-18. 19 y 23 (R.: 7ab)
R.
El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó. Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.

V. Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó. Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.

V. Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.
El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó. Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.

V. El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R.
El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó. Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.

V. El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R.
El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó. Pauper clamávit, et Dóminus exaudívit eum.

Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Ven, Señor, y no tardes, perdona los pecados de tu pueblo.
Veni, Dómine, et noli tardáre; reláxa facínora plebis tuæ.
R.

EVANGELIO Mt 21, 28-32
Vino Juan, y los pecadores le creyeron

Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
R. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. El le contestó: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

San Josemaría, Amigos de Dios 57
Hemos de convencernos, por lo tanto, de que el trabajo es una estupenda realidad, que se nos impone como una ley inexorable a la que todos, de una manera o de otra, estamos sometidos, aunque algunos pretendan eximirse. Aprendedlo bien: esta obligación no ha surgido como una secuela del pecado original, ni se reduce a un hallazgo de los tiempos modernos. Se trata de un medio necesario que Dios nos confía aquí en la tierra, dilatando nuestros días y haciéndonos partícipes de su poder creador, para que nos ganemos el sustento y simultáneamente recojamos frutos para la vida eterna (Jn 4, 36): el hombre nace para trabajar, como las aves para volar (Jb 5, 7).
Me diréis que han pasado muchos siglos y muy pocos piensan de este modo; que la mayoría, si acaso, se afana por motivos bien diversos: unos, por dinero; otros, por mantener una familia; otros, por conseguir una cierta posición social, por desarrollar sus capacidades, por satisfacer sus desordenadas pasiones, por contribuir al progreso social. Y, en general, se enfrentan con sus ocupaciones como con una necesidad de la que no pueden evadirse.
Frente a esa visión chata, egoísta, rastrera, tú y yo hemos de recordarnos y de recordar a los demás que somos hijos de Dios, a los que, como a aquellos personajes de la parábola evangélica, nuestro Padre nos ha dirigido idéntica invitación: hijo, ve a trabajar a mi viña (Mt 21, 28). Os aseguro que, si nos empeñamos diariamente en considerar así nuestras obligaciones personales, como un requerimiento divino, aprenderemos a terminar la tarea con la mayor perfección humana y sobrenatural de que seamos capaces. Quizá en alguna ocasión nos rebelemos -como el hijo mayor que respondió: no quiero (Mt 21, 29)-, pero sabremos reaccionar, arrepentidos, y nos dedicaremos con mayor esfuerzo al cumplimiento del deber.


Oración de los fieles
23. Dios no abandona a su pueblo; en su Hijo Jesucristo hará brillar sobre nosotros el resplandor de su rostro. Oremos confiados.
- Por la Iglesia universal: para que, viviendo la palabra de Dios y los sacramentos, se prepare a recibir dignamente la salvación. Roguemos al Señor.
- Por los pastores de la Iglesia: para que Dios guíe sus pasos y les dé un corazón generoso y servicial. Roguemos al Señor.
- Por los pecadores y cuantos están alejados de Dios: para que en la venida de Cristo, alcancen la luz y el perdón que necesitan. Roguemos al Señor.
- Por los que sufren en el alma o en el cuerpo: para que la esperanza en el retorno del Señor les mantenga confiados y responsables. Roguemos al Señor.
- Por todos cuantos celebramos esta Eucaristía: para que, con la ayuda divina, seamos fieles en la tarea de la conversión y nos dispongamos convenientemente a la venida de Jesucristo. Roguemos al Señor.
Recibe, Padre de bondad, las oraciones de tus hijos, que se preparan a recibir a tu enviado Jesucristo; que, por la gracia y la luz de tu Espíritu, se vean libres de toda culpa para acercarse más dignamente al misterio de su nacimiento. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Que los ruegos y ofrendas de nuestra pobreza te conmuevan, Señor, y, al vernos desvalidos y sin méritos propios, acude, compasivo, en nuestra ayuda. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Placáre, Dómine, quaesumus, nostrae précibus humilitátis et hóstiis, et, ubi nulla súppetunt suffrágia meritórum, tuae nobis indulgéntiae succúrre praesídiis. Per Christum.
PREFACIO III DE ADVIENTO
Cristo, Señor y Juez de la Historia
En verdad es justo darte gracias, es nuestro deber cantar en tu honor himnos de bendición y de alabanza, Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado.
Tú nos has ocultado el día y la hora en que Cristo, tu Hijo, Señor y Juez de la historia, aparecerá revestido de poder y de gloria, sobre las nubes del cielo. En aquel día terrible y glorioso pasará la figura de este mundo y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva. El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la esperanza dichosa de su reino.
Por eso, mientras aguardamos su última venida, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO I DE ADVENTU
De duobus adventibus Christi
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Qui, primo advéntu in humilitáte carnis assúmptae, dispositiónis antíquae munus implévit, nobísque salútis perpétuae trámitem reserávit: ut, cum secúndo vénerit in suae glória maiestátis, manifésto demum múnere capiámus, quod vigilántes nunc audémus exspectáre promíssum.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I o CANON ROMANO. PREX EUCHARÍSTICA I seu CANON ROMANUS.
Antífona de la comunión 2Tm 4, 8
El Juez justo premiará con la corona merecida a todos los que tienen amor a su venida.
Antiphona ad communionem Cf. 2Tm 4, 8
Corónam iustítiae reddet iustus iudex iis qui díligunt advéntum eius.
Oración después de la comunión
Alimentados con esta eucaristía, te pedimos, Señor, que, por la comunión de tu sacramento, nos des sabiduría para sopesar los bienes de la tierra amando intensamente los del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Repléti cibo spiritális alimóniae, súpplices te, Dómine, deprecámur, ut, huius participatióne mystérii, dóceas nos terréna sapiénter perpéndere, et caeléstibus inhaerére. Per Christum.

MARTIROLOGIO

Elogios del día 14 de diciembre
M
emoria de san Juan de la Cruz, presbítero de la Orden de los Carmelitas y doctor de la Iglesia, el cual, por consejo de santa Teresa, fue el primero de los hermanos que emprendió la reforma de la Orden, empeño que sostuvo con muchos trabajos, obras y ásperas tribulaciones, y, como demuestran sus escritos, buscando una vida escondida en Cristo y quemado por la llama de su amor, subió al monte de Dios por la noche oscura, descansando finalmente en el Señor, en Úbeda, de la provincia de Jaén (1591).
2. En Alejandría, en Egipto, conmemoración de los santos Herón, Ateo e Isidoro, y el niño de doce años Dióscoro, mártires durante la persecución bajo Decio. Cuando el juez vio a los tres primeros fuertes en la fe y destrozados por los varios tormentos, los mandó quemar, pero a san Dióscoro, flagelado, le diferió la muerte (250).
3. En Apolonia, de Bitinia, santos Tirso, Leucio, Calínico y compañeros, mártires, los cuales, según se dice, en tiempo del emperador Decio sufrieron el sacrificio (c. 250).
4. En Antioquía, en Siria, santa Dróside, mártir, que, como afirma san Juan Crisóstomo, fue quemada viva (s. III/IV).
5. En Ascalón, en Palestina, santos Ares, Promo y Elías, mártires, los cuales, al querer marchar de Egipto a Cilicia para visitar y ayudar a los confesores de Cristo en la persecución desencadenada por el emperador Maximino, fueron apresados en Cesarea, les destrozaron los ojos y los pies, y fueron llevados a Ascalón por mandato del prefecto Firmiliano, donde Ares fue quemado vivo y los otros degollados, consumando así su martirio (308/309).
6. En Pavía, de la Liguria, san Pompeyo, obispo, el cual, por pocos pero pacíficos años, sucedió a san Ciro, y descansó en el Señor (s. IV).
7. En Reims, de la Galia Bélgica, pasión de san Nicasio, obispo, que, ante la puerta de la basílica que había edificado, fue asesinado junto con su hermana Eutropia, virgen consagrada a Cristo, Florencio, diácono, y Jocundo, por unos paganos que irrumpieron violentamente (407).
8. En Nápoles, de la Campania, san Agnelo, abad del monasterio de san Gaudioso (c. 596).
9*. En Poitiers, de Aquitania, san Venancio Fortunato, obispo, que escribió las gestas de muchos santos y con elegantes himnos honró la santa Cruz (610).
10*. En la región de Morinos, en la Galia septentrional, san Folcuino, obispo de Thérouanne (855).
11*. En Orvieto, de la Toscana, beato Buenaventura Bonaccorsi, presbítero de la Orden de los Siervos de María, el cual, conmovido por la predicación de san Felipe Benizi, le ayudó a pacificar las facciones en las ciudades de Italia (c. 1315).
12*. En el lugar llamado Klifane, en el Líbano, beato Nimatulacio al-Hardini (José Kassab), presbítero de la Orden Libanesa Maronita, dedicado a los estudios teológicos y a la pastoral entre los jóvenes, siendo eminente por su espíritu de oración y penitencia (1858).
13*. En Aquisgrán, en Alemania, beata Francisca Schervier, virgen, que fue solícita en el cuidado de los indigentes, enfermos y afligidos en la ciudad, y fundó la Congregación de Hermanas de los Pobres de San Francisco, para subvenir a las necesidades de los menesterosos (1876).
14*. En Barcelona, en España, beato Protasio (Antonio) Cubells Minguell, religioso de la Orden de San Juan de Dios y mártir, que, cuando arreciaba la persecución contra la Iglesia, fue muerto por odio a la fe (1936).