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Domingo 17 diciembre 2017, III Domingo de Adviento, ciclo B.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Jueves 15 diciembre 2016, Jueves de la III semana de Adviento, feria.

CALENDARIO

15 JUEVES DE LA III SEMANA DE ADVIENTO, feria

Misa
de feria (morado).
MISAL: ants. y oracs. props., Pf. I o III Adv.
LECC.: vol. II.
- Is 54, 1-10. Como a mujer abandonada te llama el Señor.
- Sal 29. R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
- Lc 7, 24-30. Juan es el mensajero que prepara el camino del Señor.

Liturgia de las Horas: oficio de feria.

Martirologio: elogs. del 16 de diciembre, pág. 722.
CALENDARIOS: Huesca: San Úrbez, presbítero (MO). Barbastro-Monzón: (ML).
León: Traslación de las reliquias de san Isidoro (ML).
Servitas: Beato Buenaventura de Pistoia, presbítero (ML).
Terrassa: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. José Ángel Saiz Meneses, obispo (2001).

TEXTOS MISA

Jueves de la III semana de Adviento Feria quinta. Hebdomada III Adventus
Antífona de entrada Cf. Sal 118, 151-152
Tú, Señor, estás cerca y todos tus mandatos son estables; hace tiempo comprendí tus preceptos, porque tú existes desde siempre.
Antiphona ad introitum Cf. Ps 118, 151-152
Prope es tu, Dómine, et omnes viae tuae véritas; inítio cognóvi de testimóniis tuis, quia in aetérnum tu es.
Oración colecta
Somos siervos indignos de ti, Señor, y estamos afligidos por nuestros pecados; haznos encontrar la alegría en la venida salvadora de tu Hijo, Él, que vive y reina contigo.
Collecta
Indígnos, quaesumus, Dómine, nos fámulos tuos, quos actiónis própriae culpa contrístat, Unigéniti tui advéntu salutári laetífica. Qui tecum.

LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas del Jueves de la III semana de Adviento, feria (Lec. II).

PRIMERA LECTURA Is 54, 1-10
Como a mujer abandonada te llama el Señor
Lectura del libro de Isaías.

Exulta, estéril, que no dabas a luz;
rompe a cantar, alégrate,
tú que no tenías dolores de parto:
porque la abandonada
tendrá más hijos que la casada
dice el Señor—.
Ensancha el espacio de tu tienda,
despliega los toldos de tu morada,
no los restrinjas,
alarga tus cuerdas,
afianza tus estacas,
porque te extenderás de derecha a izquierda.
Tu estirpe heredará las naciones
y poblará ciudades desiertas.
No temas, no tendrás que avergonzarte,
no te sientas ultrajada,
porque no deberás sonrojarte.
Olvidarás la vergüenza de tu soltería,
no recordarás la afrenta de tu viudez.
Quien te desposa es tu Hacedor:
su nombre es Señor todopoderoso.
Tu libertador es el Santo de Israel:
se llama «Dios de toda la fierra».
Como a mujer abandonada y abatida
te llama el Señor;
como a esposa de juventud, repudiada
—dice tu Dios—.
Por un instante te abandoné,
pero con gran cariño te reuniré.
En un arrebato de ira,
por un instante te escondí mi rostro,
pero con amor eterno te quiero
—dice el Señor, tu libertador—.
Me sucede como en los días de Noé:
juré que las aguas de Noé
no volverían a cubrir la tierra;
así juro no irritarme contra ti
ni amenazarte.
Aunque los montes cambiasen
y vacilaran las colinas,
no cambiaría mi amor,
ni vacilaría mi alianza de paz
—dice el Señor que te quiere—.

Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b (R.: 2a)
R.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Exaltábo te, Dómine, quóniam extraxísti me.

V. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Exaltábo te, Dómine, quóniam extraxísti me.

V. Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante; su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.
R.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Exaltábo te, Dómine, quóniam extraxísti me.

V. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
R.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Exaltábo te, Dómine, quóniam extraxísti me.

Aleluya Lc 3, 4cd.6
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V.
Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos. Toda carne verá la salvación de Dios.
Paráte viam Dómini, rectas fácite sémitas eius; vidébit omnis caro salutáre Dei.
R.

EVANGELIO Lc 7, 24-30
Juan es el mensajero que prepara el camino del Señor
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
R. Gloria a ti, Señor.

Cuando se marcharon los mensajeros de Juan, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan:
«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Pues ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Mirad, los que se visten fastuosamente y viven entre placeres están en los palacios reales. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito:
“Yo envío mi mensajero delante de ti,
el cual preparará tu camino ante ti”.
Porque os digo, entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor que Juan. Aunque el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él».
Al oír a Juan, todo el pueblo, incluso los publicanos, recibiendo el bautismo de Juan, proclamaron que Dios es justo. Pero los fariseos y los maestros de la ley, que no habían aceptado su bautismo, frustraron el designio de Dios para con ellos.


Palabra del Señor.
R. Gloria a ti, Señor Jesús.

Crisóstomo in Mat. hom. 38
Es muy suficiente la palabra del Señor dando testimonio de la supremacía de San Juan entre todos los demás hombres. No obstante, si alguno quiere ver realizado ese oráculo, lo hallará considerando los alimentos que tomaba, la vida que observaba y la excelencia de su alma. Vivía en la tierra como si hubiese bajado del cielo. Casi no tenía cuidado alguno de su cuerpo. Su mente siempre estaba elevada en la contemplación de la otra vida. Unicamente estaba unido con Dios, y separado de todo cuidado de la tierra. Su conversación era severa y agradable, pues cuando hablaba con el pueblo de los judíos, lo hacía varonil y fervorosamente; cuando hablaba con el rey, lo hacía de una manera atrevida; y a sus discípulos hablaba con sencillez. No hacía nada en vano ni inútilmente, sino que todo lo hacía con la mayor prudencia.

Oración de los fieles
25. Acudamos, hermanos, con confianza a Dios nuestro Padre, para pedirle por nosotros y por todos los hombres.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
- Por la Iglesia: para que aguarde con una vida evangélica la manifestación gloriosa de Jesucristo. Oremos. R.
- Por los gobernantes de las naciones: para que trabajen en bien de los hombres, especialmente de los más indefensos y necesitados. Oremos. R.
- Por los pobres, por los enfermos y por cuantos sufren en el alma y en el cuerpo: para que en la venida de Cristo Jesús y en nuestra solidaridad hallen el consuelo y la fortaleza que necesitan. Oremos. R.
- Por los que estamos aquí reunidos: para que, por la vigilancia, la oración y el amor fraterno, nos preparemos a celebrar dignamente el misterio de la venida de Cristo. Oremos. R.
¡Dios Padre, que nos llenas de esperanza con tu promesa salvadora! Ayúdanos a acoger la Buena Noticia del Evangelio y convierte a ti nuestro corazón rebelde; que la llegada de tu Hijo nos llene de alegría. Te lo pedimos, Padre, por el mismo Cristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, este pan y este vino, escogidos de entre los bienes que hemos recibido de ti, y concédenos que esta eucaristía, que nos permites celebrar ahora en nuestra vida mortal, sea para nosotros prenda de salvación eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.
Super oblata
Súscipe, quaesumus, Dómine, múnera, quae de tuis offérimus colláta benefíciis, et, quod nostrae devotióni concédis éffici temporáli, tuae nobis fiat praemium redemptiónis aetérnae. Per Christum.
PREFACIO I DE ADVIENTO
Las dos venidas de Cristo
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...
PRAEFATIO I DE ADVENTU
De duobus adventibus Christi
Vere dignum et iustum est, aequum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens aetérne Deus: per Christum Dóminum nostrum.
Qui, primo advéntu in humilitáte carnis assúmptae, dispositiónis antíquae munus implévit, nobísque salútis perpétuae trámitem reserávit: ut, cum secúndo vénerit in suae glória maiestátis, manifésto demum múnere capiámus, quod vigilántes nunc audémus exspectáre promíssum.
Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus...
PLEGARIA EUCARÍSTICA II. PREX EUCHARISTICA II.
Antífona de la comunión Tt 2, 12-13
Llevemos ya desde ahora una vida honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios.
Antiphona ad communionem Tt 2, 12-13
Iuste et pie vivámus in hoc saeculo, exspectántes beátam spem et advéntum glóriae magni Dei.
Oración después de la comunión
Señor, que fructifique en nosotros la celebración de estos sacramentos, con los que tú nos enseñas, ya en nuestra vida mortal, a descubrir el valor de los bienes eternos y a poner en ellos nuestro corazón. Por Jesucristo nuestro Señor.
Post communionem
Prosint nobis, quaesumus, Dómine, frequentáta mystéria, quibus nos, inter praetereúntia ambulántes, iam nunc instítuis amáre caeléstia et inhaerére mansúris. Per Christum.